Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer;

La historia es nuestra xD

CÁP. 05: Realidad

Los ojos oscuros que tanto amaba me miraban fijamente desde el otro lado de mi cama. Estaba sentado en el suelo con la espalda recostada contra el cobertor. Su cabeza inclinada, sus ojos rojos, sus brazos alrededor de sus piernas. Parecía devastado. Pero, apenas era capaz de notarlo. Estaba demasiado ocupada tratando de pasar a través de la cortina de dolor, desdicha y desesperación que se había instalado ante mis ojos. Ya no solo me dolía el corazón, ahora me sentía mareada, me dolía el estomago y las manos. Me sentía como si me hubiese electrocutado. Todo mi cuerpo latía desagradablemente, ardía y picaba. Sentía deseos de abrazarme a mí misma y dejarme caer contra la cama; quedarme allí, sin moverme, sin hablar, sin oír nada… deseaba quedarme quieta y desaparecer… huir hasta que el dolor se hubiese ido… hasta que la desesperación haya menguado…

Pero estaba atrapada en esa habitación y en ese momento por él, por Hans debía quedarme y afrontar toda esta tristeza. La persona que más amaba ahora se había convertido en mi carcelero y mi verdugo. Sin embargo, él me necesitaba y yo no podía fallarle…

─ ¿Qué debería hacer?

Aunque me desgarre el alma en el proceso…

─ ¿Crees que ella me aceptará?

Debía quedarme y ayudarlo.

─ Creo que debes intentarlo ─ respondí más segura esta vez ─. Al menos así saldrás de dudas.

─ ¿Y si me rechaza?

─ Qué te diga que no ahora no significa que siempre será un no. Si de verdad la quieres como dices deberías intentar aferrarte a ella hasta el tope de tus fuerzas.

─ Tienes razón… tal vez ─ murmuró ─. Eres buena, Bella. El hombre que ames será muy afortunado.

No soy capáz de describir lo latigazos de dolor que atravesaron mi pecho cuando la puerta se hubo cerrado tras él. Varias veces me pregunté si todo esto sería un sueño pero no lo era. Si lo fuera, no sería tan doloroso. Sentía un vacío horrible en el pecho, como si mi corazón hubiese sido tomado a la fuerza, arrancado de mi cuerpo y ahora solo quedara el lugar que ocupaba, sangrando interminablemente. Me sentía muerta y me pregunté por qué, si estaba muerta, aun seguía doliendo. No era justo.

Me levanté de la cama lo más rápido que pude a pesar de que la pena era demasiado grande para enderezarme, mis pulmones protestaron cuando mi cuerpo se irguió reclamando oxigeno y calma. Estaba desesperada por salir de allí, si me quedaba en cualquier momento Nessie o el mismo Hans tocarían a mi puerta y no podría ocultarme de ellos, me quebraría. Tomé mis llaves y corrí hacia la puerta casi chocando con Charlie en el camino.

─ ¿A dónde vas tan temprano?

─ A casa de los Cullen, tengo tarea.

─ Cuídate e intenta no causar problemas.

─ Lo haré.

Me despedí y salí velozmente hacia mi coche. Una vez dentro no supe que hacer, a esa hora de la mañana no tenía donde ir. De todas formas encendí el motor y partí. Decidí probar suerte y llamé a Edward, necesitaba hablar con alguien y él me parecía la persona más adecuada.

─ ¿Bueno, Bella? ─ respondió al tercer timbrazo con voz asustada ─. ¿Pasó algo?

─ ¿Puedo ir a tu casa? ─ pregunté mordiéndome el labio para apagar los sollozos ─.

─ Claro. Te espero.

Después de colgar, una intensa ola de autocompasión atravesó mi mente. Mis ojos se empañaron dificultándome ver la carretera, las lagrimas corrían por mis mejillas y los sollozos creaban desagradables espasmos es mi pecho. No debía llegar en esas condiciones con Edward por lo que me estacioné junto a la carretera y comencé a llorar. Lloré por todo lo que en ese momento me causaba dolor. Lloré por Hans, por mí, por mis sentimientos no correspondidos, por mi destino madito. Lloré por no haber logrado llegar a su corazón, por haber perdido antes de si quiera comenzar a luchar. Y, de pronto, todo el dolor se convirtió en ira. Estaba tan molesta con él. Me sentía como si me hubiese rechazado mil veces aunque él ni siquiera llegase a enterarse de ello. Estaba enojada con Jessica. En ese momento la odie por tener todo lo que yo deseaba, por tenerlo a él. Y luego todo se volvió mucho más sencillo. Me había rechazado inconcientemente, había dado un paso al lado para seguir su propio camino. Sentí que yo también podía seguir avanzando. Miré mi rostro por el espejo y bajé las ventanas a pesar del frío. Aun quedaba suficiente camino para limpiar mi rostro, para alejar las lágrimas, para consolar mi alma y evitar romperme más. Estaba destrozada a un nivel que no creía posible, pero sentía que podía respirar. Mientras más me acercaba a Edward menos dolor sentía, me pregunte por qué.

Hacía mucho frío. La lluvia que se colaba por las ventanas abiertas de mi coche era mucho más fina y fría que la habitual. Tal vez, allá arriba, estuviese nevando. Me detuve frente a la desviación que llevaba hasta la casa de los Cullen. Era un camino oculto entre la vegetación, un sendero nostálgico y familiar. Avancé al ralentí mientras me llenaba de la energía húmeda que se agolpaba en ese lugar. Esto era lo que más amaba de Forks. Llevé mi mano hacia mi pecho, sobre mi corazón, seguía latiendo. Dolía pero seguí ahí. Con esa seguridad avancé más rápido hasta la gran casa blanca frente al lago. Cuando me detuve Edward estaba ya en la puerta, en pantalones de chándal y zapatillas. Su atuendo me sacó una sonrisa. Al parecer haber ido fue una buena idea.

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Edward POV

─ Edward, ¿Hay un límite para el amor?

Me voltee hacia la ventana de mi cuarto donde había estado Bella desde que llegó hace casi una hora. Después de saludarme en la puerta se había quedado en silencio, me había seguido hasta mi cuarto y se había sentado frente a la ventana en la alfombra mirando hacia fuera. Sus ojos generalmente alegres hoy estaban apagados y tristes, vacíos.

─ No lo sé.

─ Yo creo que debe existir una línea en el alma de las personas, una que diga: hasta aquí, ni un paso más.

─ Tal vez ─ murmure apesadumbrado ─.

¿Qué podría haberle pasado? ¿Por qué había tanta tristeza a su alrededor?

─ Me pregunto ─ murmuró suavemente ─, ¿Cuanto falta para que vea claramente la mía?

─ ¿Qué harás cuando la veas?

─ ¿Qué haré? Debería pensar en ello, verdad. Pero por ahora me quedaré aquí.

─ ¿Te basta con solo quedarte?

─ ¿Por qué me preguntas eso? ¿A caso no estás tú haciendo lo mismo?

─ ¿Eh?

Me miró por primera vez desde que se había sentado. Sus ojos parecían furiosos y escandalizados. Llevó sus manos hacia el suelo mientras se volteaba en mi dirección.

─ ¿A caso no estás amando a alguien ahora mismo? ─ me gritó─. ¿A caso no lo estas callando? Lo veo Edward. Lo sé. Puedo ver tu tristeza y tu melancolía. Puedo verlo todo.

─ ¿Qué has visto qué?

─ Veo toda tu pena. Veo tu ira, tu frustración. Y lo peor de todo es que no entiendo el por qué de esas emociones. ¿A caso ella no te quiere? ¿O no lo sabe? ¿Por qué no me cuentas nada? ¿Por qué no confías en mí?

─ No me pidas que confíe en ti cuando tú no lo haces. ¿O es que yo sé algo sobre esto de lo que me estas hablando? ¿Me has dicho a quién amas? ¿Me has dicho por qué te duele tanto?

─ Edward ─ la voz de Bella tembló mientras se ponía de pie y su anterior furia daba paso a la confusión ─. Yo… no sé…

─ Por supuesto que no ─ exclamé ─. Yo tampoco sé nada, Bella. No sé nada. Lo único que hago es escuchar, esperar, observar… como tu amigo. Intento apoyarte pero no me das las razones, intento protegerte pero no me das las armas. Estas cerca un día y al siguiente te alejas. Te vas tan lejos que me pregunto si no habré imaginado tu anterior presencia. No confías en mí. Me llamas a primera hora de la mañana, tu voz suena desconsolada y alterada y luego te sientas frente a mi ventana sin decir nada por más de una hora ¿Qué se supone que deba hacer? ¿Qué debo hacer?

─ Lo lamento.

─ No lo lamentes. Solo decídete. Confías en mí o no lo haces. Es simple.

─ ¿Qué sucederá si decido no confiar en ti?

─ Es aun más simple. Todo termina aquí. Ya estoy cansado de intentar alcanzarte. Estas jugando conmigo. Me tomas y te alejas según tu conveniencia. Ya no más. Decídete ahora.

─ Confío en ti, Edward ¿Cómo puedo demostrártelo?

─ Dímelo todo. Cuéntame todo, Bella. Déjame ser quién te cuide. Déjame ser la persona más cercana a ti.

─ Aunque me pidas eso hay cosas que no podré decirte.

─ Lo entiendo.

Me miro fijamente con desconfianza y con el ceño fruncido. Caminó de regreso a la ventana pero esta vez se dejo caer sobre el sofá.

─ ¿Por donde empezamos?

Sonrió. Por primera vez esa mañana, incluso tras aquella discusión, ella me sonrió.

─ ¿Qué te parece por desayunar? ─ propuse sonriendo contagiado por ella ─. No he comido nada aún.

─ Yo tampoco así que me parece bien.

La guié hasta la cocina y comencé a deambular entre las estanterías. La verdad era que no me manejaba mucho en ese lugar de la casa. De hecho, era todo un fracaso cocinando pero al menos podía hacer un buen té. A Bella no le gustaba el café lo que era una suerte porque a mí tampoco me gustaba. Al parecer tuvo una mala experiencia relacionada con eso. Esa sería una de las cosas que indudablemente le preguntaría.

Se sentó frente a mí en la mesa de la cocina entusiasmada. Su cara brillaba y parecía estar reteniendo una sonrisa. Se estaba burlando de mí. Cerré los ojos fuertemente y suspire fingiendo fastidio cuando en realidad estaba muy feliz de que ella ya estuviera mejor. El dolor y la desesperación no son emociones que quisiera llenaran su alma. Ella debía ser feliz, merecía ser feliz más que ninguna otra.

─ Libro favorito ─ dije una vez me hube sentado con un té y muchas galletas que Alice y mi madre habían hecho el día anterior ─.

─ "The Mummy or Ramses the Damned" de Anne Rice.

─ ¿En serio?

─Por supuesto. Romance y muerte, todo lo que una persona desea de un buen libro.

─ Eres más extraña de lo que esperaba.

─ ¿Tú crees?

─ Película favorita.

─ Eh… "Course of the Golden Flower"

─ ¿La película de los Crisantemos?

─ Si ¿La has visto?

─ Un par de veces. Aficiones.

─ No quieres oírlo ─ rió ─.

─ Por supuesto que lo quiero. Si no fuera así no te lo preguntaría.

─ Me pregunto si te escandalizaría.

─ ¿Crees que queda algo en este mundo que pueda escandalizarme?

Se rió fuertemente mientras cerraba los ojos y negaba con la cabeza.

─ "Boys Love"

─ ¿Ah?

Me quedé en blanco. Nunca había oído esa clasificación.

─ ¿Qué es eso?

─ ¿No lo sabes? Es el género literario, cinematográfico y demás que habla sobre la homosexualidad. Ya sabes, hombres que aman a otros hombres.

─ ¿Hablas en serio? ─ pregunte asombrado, ella no parecía ese tipo de chica ─.

Su sonrisa se hizo más amplia mientras disfrutaba de mi reacción. Sentía mi cara arder por lo que supuse que estaría completamente sonrojado.

─ Por supuesto. Me parece un género encantador, tan sincero y hermoso.

Me reí de su expresión inevitablemente. Solo faltaban los corazones volando a su alrededor. Sus ojos brillaban mientras sonreía. Se veía hermosa.

─ ¿Encantador? Bueno, cada quién tiene derecho a opinar.

Me mostró la lengua antes de inclinarse sonriendo para beber té. Su mirada juguetona era nueva para mí. Sentí que ese fue el primer momento en que pude verla entera, fue como si al confesarme esa afición me hubiese enseñado su corazón y gran parte de su alma. Me sentí feliz y asustado. Ella parecía estarce tomando todo muy en serio, al parecer se estaba esforzando por demostrarme su confianza.

─ Canción favorita.

─ Depende mi estado de animo. Hay días en que amo a "So what" de Pink y otros en que prefiero a "Believe my voice" de Mamoru Miyano.

─ ¿Hoy?

─ Hace un rato creo que habría sido "I guess I don´t know" de Msignal pero ahora "El regalo más grande" de Tiziano Ferro sería más adecuado.

─ ¿No crees que son cambios un poco dramáticos?

─ También hay días en que amo a Porta o a Withim Temptation.

─ Supongo que Stratovarius, Mago de Oz, Tercer Cielo, FtIsland, Cnblue e incluso Sandro entran en tus diversos gustos, ¿verdad?

─ Si. Pero me gusta más Edith Piaf. Si, es mi favorita.

─ Te gusta la música en resumen, ¿verdad?

─ Si y no. Creo que hay algunos artistas que no entienden lo que es la música en verdad y le faltan el respeto a los grandes intérpretes escribiendo notas a lo loco sin pensarlas antes si quiera. Eso me molesta.

─ La verdad es que es todo un delito ─ ironicé ─.

─ Tú… ─ me miró amenazante ─. No te atrevas a burlarte de mí. O puedo contarle sin querer a Jessica Stanley sobre tu atuendo de esta mañana. Creo que incluso podría sacarle dinero a esa información. ¿Me pregunto cuanto me pagarían?

─ ¡Bella! ─ reí ─. Eso es jugar sucio.

─ En esta relación todo se vale, querido ─ ronroneó ─. No digas después que no te lo advertí.

Me quedé medio en shock al oír su voz profunda y ver sus ojos abiertos pesadamente al otro lado de la mesa. Sus labios entreabiertos cortaron mi respiración mientras mi corazón se saltaba un latido. Desvié la mirada cuando se dibujó una amplia sonrisa en su rostro. Se estaba burlando de mí y debía decir que no me lo esperaba. Hasta mi cuerpo se había alterado. Tenía miedo de hablar y que mi voz sonara rota.

─ ¡Oh, vamos! ¡No era más que una broma! No te enfades.

─ No lo hago.

─ Seguro ─ asintió sin creerme nada.

─ Flor Favorita.

─ Las Orquídeas tropicales.

─ Me parecen demasiado llamativas para ti.

─ ¿Qué insinúas? ─ replicó ofendida ─.

─ Nada, nada ─ me defendí ─. Piedra.

─ El cuarzo ojo de tigre.

─ ¿Por qué? ─ me reí ─. Es tan extraño y oscuro.

─ No es demasiado llamativo así no contrasta conmigo.

Su tono de voz me puso a alerta de inmediato. Había creído que no hablaba en serio anteriormente cuando había parecido ofendida pero, al parecer, me equivoqué. No me lo esperaba. Eso era algo nuevo que añadir a mi lista.

La mañana paso rápidamente mientras charlábamos en mi habitación intentando escapar del acoso de mis hermanos. Cuando mamá nos llamo a comer a mediodía Bella bajo sonriendo junto a mí, sin embargo, a unos cuantos escalones se detuvo en seco. Palideció. Abrió mucho los ojos, parecía que había dejado de respirar. Confundido mire en la misma dirección. Lo único que allí había era mi padre, el doctor Carlisle Cullen, de espaldas quitándose el abrigo y la bufanda. Regresé mis ojos a Bella y ella había desviado la vista, miraba fijamente por el ventanal que da al lago, parecía perdida en su propio mundo, pensando seguramente en las musarañas o, tal vez, en algo mucho más complicado o extraño de lo que yo pudiera imaginar.

Tiré de la manga de su suéter suavemente, solo para poder llamar su atención, ella me sonrió. Caminó tras de mí que había ido hacia papá para saludarlo. Su gesto tímido me sorprendió. Papá la miro fijamente también. El atisbo de reconocimiento que brilló en sus ojos logró preocuparme un poco pero ignoré el sentimiento y me comporte lo mejor que pude.

─ Bella ─ dijo a modo de saludo ─. Que gusto tenerte aquí.

─ El gusto es mío ─ respondió alzando a penas la cabeza ─. Disculpe, no sabía que esta era su casa.

─ No hay problema ─ le sonrió ─. Ven cuando quieras. Edward ─ me saludó y pasó junto a mí tocando mi hombro ─.

─ ¿Conoces a mi padre? ─ pregunté casualmente ─.

─ Sí pero no sabía que era tu padre. Aunque debí haberlo imaginado. Después de todo, ¿Cuántos Cullen pueden haber en un lugar tan pequeño como Forks?

─ Cierto ─ asentí ─.

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Bella pov

Aún ahora, horas después del encuentro de medio día, estaba bastante intranquila. Asustada tal vez fuera más real, pero a fin de cuentas eso no importaba. El doctor Carlisle Cullen era el padre de Edward, no podía ser peor.

Sé que hay cosas que ni siquiera platico conmigo misma, creo que todos hacemos lo mismo cuando los temas son delicados, intentamos no darle vueltas al asunto y esperamos olvidarlo aunque sepamos que de todas formas seguirá ahí la próxima vez que miremos en esa dirección. Este asunto era uno de esos que queremos borrar de nuestro pensamiento.

La primera vez que los Cullen fueron a casa, cuando Nessie obtuvo el diario de Emmett, me sentía mareada, tenía nauseas y migraña. No parecía nada de cuidado pero mi hermana en su, digámosle, preocupación insistió en que fuera a urgencia. Amenazó incluso con decirle a Renee que me sentía mal y eso sería aun peor, por lo que acepté y fuimos juntas al Hospital General de Forks. El médico de turno era efectivamente el padre de Edward. Cuando lo vi me sorprendió mucho el que fuera tan joven, tal vez por ello no vinculé a Edward con él, además de que era bastante guapo incluso para mí que soy mucho menor. Una vez que me examinó en presencia de Nessie, que no quiso dejarme sola con él, dijo algo que aun está grabado fieramente en mi cerebro, en mis oídos y en mi corazón.

─ Esto ─ dijo seriamente ─ debería decírtelo con tus padres presentes, pero haré una excepción porque creo que tienes derecho a saberlo primero y a elegir de que modo afrontarlo. Aunque todo esto es por ahora solo una suposición. Debes hacerte todos los exámenes que te solicitaré.

─ ¿Qué esta pasando? ─ inquirió Nessie algo enfadada ─.

─ Bella, tu constante malestar no se debe a un resfrío sino que a un problema cardiaco.

─ Lo sé ─ respondí apesadumbrada ─.

─ Bella, no creo que sea simplemente Hipertensión, como esta registrado en tu historial, creo que podría ser algo más grave.

─ ¿Cómo qué? ─ pregunté alterada ─.

─ Podrías estar demasiado cerca de una insuficiencia cardiaca. Según tus registros, hubo una época en tu niñez en la que tuviste problemas con la función ventricular del corazón, ¿Verdad?

─ Si, fue a los ocho o nueve años.

─ Bien, este tipo de problema puede derivar en otros más graves, sin embargo, no hay registros sobre algún otro examen o un tratamiento luego de que se regularizara la actividad de tu sistema cardiovascular, ¿por qué, Bella?

─ No lo sé con exactitud.

─ Te realizarás los exámenes que te ordenaré y volverás a penas tengamos los resultados.

─ No creo tener ninguna enfermedad al corazón, doctor ─ le corté ─. A pesar de ser enfermiza también hago mucho deporte. Fui animadora, bailo y practico Karate. Es obvio que mi corazón no es el problema.

─ Has lo que te digo, Bella ─ me ordenó ─. Es por tu bien.

Nessie me obligó a ir al día siguiente a primera hora al laboratorio para hacerme los exámenes que el doctor Cullen me había ordenado. Estaba más alterada que yo, lo que se me hizo adorable. Antes creía que ella me odiaba pero, desde que llegamos a Forks, toda su hostilidad desapareció, su resentimiento hacia mí, el dolor en sus ojos, todo se esfumó. Ahora solo quedaba la Nessie traviesa y juguetona de siempre. Estaba muy feliz por ello. Después de todo, ella era mi ángel, quién me daba luz y alegría.

Los tres días que siguieron a eso fueron bastante tensos. Yo intentaba olvidarlo y Nessie me lo recordaba a cada momento. Al parecer ella estaba realmente asustada. Aunque era una suerte que Renee fuera tan despistada como para no notarlo. No quería que lo supieran, al menos no aun cuando aun no había nada seguro. Además, seguía creyendo que el doctor estaba exagerando.

Cuando llego el día de revisar los exámenes Nessie me acompañó hasta la consulta. Estuvimos varios minutos esperando la conclusión del doctor, viéndolo fruncir el ceño y cambiar de posición en el asiento. Esperaba que todo estuviese bien, porque si tenía que hacérmelos de nuevo me moriría en el proceso. Detestaba las agujas y la sangre. Los médicos de seguro tenían una especie de fijación con ellos, tal vez tenían algo de vampiros.

─ No voy a mentirte, Bella ─ me dijo seriamente ─. Pero preferiría que estuvieran tus padres aquí. Eres una menor.

─ Por favor, doctor.

─ El diagnostico no es alentador. Tus constantes resfríos, como supuse, han generado otros problemas más graves, señorita Swan.

─¿Cómo cuales?

─Como una Inflamación aguda del endocardio.

─¿Uh?

─Tu diagnostico es Endocarditis Infecciosa, por las características de tu historial médico es subaguda. Se pudo haber originado debido a los constantes casos de enfermedades respiratorias.

─¿Pero qué es?

─Es una enfermedad que consiste en la infección de una o varias válvulas del corazón. Puede surgir como consecuencia de defectos congénitos, infecciones, estrechamiento de las arterias coronarias, tensión arterial alta o trastornos del ritmo cardiaco. Los síntomas son bastante inespecíficos y pueden confundirse con otras enfermedades infecciosas. En tu caso, los resfríos y el que seas alérgica a los antibióticos, específicamente a la Penicilina, ha generado una infección importante. Buscaremos la forma de ayudarte, Bella. Pero debes poner de tu parte.

─Doctor, dígame claramente qué es. Por favor, no entiendo en este momento.

─Dos de las válvulas de tu corazón han sido atacadas por esta infección. No puedes usar antibióticos debido a tus características físicas por lo que, simplemente, esta infección ha avanzado sin ningún tipo de obstáculo. Este bichito está destrozando tu corazón.

No estoy muy segura de lo que pasó después. Solo me recuerdo a mí misma pidiéndole al médico que no le dijera a nadie. Luego caminé junto a Nessie hacia el estacionamiento pero ninguna entró al auto. Era uno de esos días raros en que no estaba lloviendo, pero hacía mucho frío por lo que me acurruqué en mi cazadora y mi bufanda. En ese momento Nessie me miró directamente a los ojos y comenzó a llorar. Lo hacia en silencio, simplemente las lágrimas resbalaban por sus mejillas enrojecidas. Su pecho vibraba un poco y el mío dolía mucho. Estaba tan aturdida que ni siquiera podía llorar. No quería pensar en nada. Solo quería alejarme de ese lugar pero no estaba en condiciones de conducir hasta casa. Nessie seguía llorando, su expresión es algo que no he podido borrar de mi mente pero que aun así no he podido definir. Había tanto dolor, tanta ira y tanta desesperación que olvide quién era la enferma y la abracé con todas mis fuerzas.

Desde ese día Nessie había estado insoportable conmigo. Era amable, educada, considerada y responsable. Me estaba volviendo loca. Sentía que me había convertido en toda una inútil porque ella hacía todos mis deberes en casa. No me permitía hacer nada. ─Cuida al gato ─ me decía y me empujaba hasta que estuviese en el sofá de la sala.

Pasaba casi toda la tarde allí leyendo o haciendo mis tareas escolares mientras ella deambulaba a mi alrededor preguntando sí necesitaba algo. Finalmente a "Haru", mi gato de seis meses, parecía gustarle mi nueva rutina ya que antes de que mi hermana me exilie a la sala, él ya estaba instalado en el sofá moviendo la cola de un lado hacia el otro.

Un mes después del fatídico día en que el doctor Cullen me diera la noticia sobre mi enfermedad habíamos encontrado un tratamiento que parecía dar resultado. Ya que yo era alérgica a la penicilina se me había recetado eritromicina que también es un antibiótico bastante eficiente. Por ahora mi cuerpo estaba respondiendo positivamente, aunque yo me notaba igual, ni mejor ni peor.

En esas condiciones estaba cuando supe que el doctor Cullen era el padre de Edward, el mismo día en que Hans, sin intención alguna, rompió mi corazón.

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Edward pov

Al final Bella no me había confesado quién era la persona que amaba aunque tampoco había insistido en saber quién era la persona a la que yo quería sin embargo, desde esa mañana ella y yo nos habíamos vuelto más amigos aún. Yo no podía creer que fuera posible quererla más de lo que ya la quería pero, una vez que la careta de niña bien y los secretos habían caído se había vuelto una persona mucho más abierta y confiada. Al parecer su anterior conducta se debía a que era la hermana mayor en su casa. A veces sentía que sus padres llevaban su vida como militares, en ese caso Bella debía ser una especie de capitán aunque cuando le pregunté ella dijo:

"─ Vamos, Edward. Probablemente no llego ni a soldado raso"

Pienso que ella creía que esa forma de vivir era la única correcta. Me preguntaba como era posible que un adolescente pensara de la forma en la que ella lo hace. Sobretodo porque ni siquiera es una persona religiosa. Si era devota de algo seguramente eso sería su propia guía de valores, deberes y prioridades.

A veces pienso que es la persona más adorable en mi vida. Que es la persona más importante, la persona que más amo…

Sin embargo seguía teniendo una complicación que disminuía mi tiempo con ella. Una complicación con nombre y apellido: Hans Doxis.

Su suspensión se alargaba y alargaba y me preguntaba que clase de delito cometió como para mantenerlo alejado de su escuela por tanto tiempo. Jamás había oído de un castigo tan largo para un "estudiante de honor" como lo llamó Nessie ayer por la tarde cuando, debido a un malentendido provocado por ella misma nos había llevado a Bella, Hans, Nessie y a mí a tocar durante más de una hora para nuestros padres y profesores en mi casa.

Hace dos días mis hermanos y yo fuimos a visitar a las Swan debido a que Bella había tenido un cuadro de gripe durante los primeros días de la semana y se encontraba en cama. O, más bien, encerrada en su casa porque no había manera de obligarla a mantenerse en reposo. Al parecer sus quehaceres se multiplicaban cuando enfermaba. Alice había estado lloriqueando todo el día por Bella, diciendo que no podía permitir que muriera sola y ahogada por la secreción nasal. Finalmente habíamos decido ir a verla por un rato para no acosarla.

Nessie, que había estado usando el auto de Bella sin su consentimiento para ir a la escuela, dirigió la larga fila de vehículos hacia su casa. Sin querer Jasper y Rose también habían llevado sus respectivos coches a clases hoy por lo que la comitiva contaba con cuatro automóviles bastante vistosos.

Al llegar Bella nos saludó con una gran y cansada sonrisa. Parecía haber tenido días malos. Pero, no sé como, lucía tan hermosa como de costumbre. Nos pasó a la sala no sin antes mirar con gesto asesino a Nessie quién le entregó las llaves de su auto sin inmutarse por la mirada amenazante de su hermana. Vi a Bella suspirar y sonreírle suavemente. Su delicada figura cubierta por ropa deportiva y pantuflas daba una imagen adorable a su ya tierna personalidad a la vez que provocaba grititos ahogados a Alice y Rose.

A eso de las ocho una palabrota nos asustó a todos. Habíamos estado mirando películas en silencio cuando Charlie, el padre de Bella y Nessie, entró en la casa con su traje gris cubierto de lodo y grasa de vehiculo. Su protuberante bigote tenía una capa de tierra al igual que sus cejas y su nariz. Maldijo otra vez mientras se sacaba los zapatos y el abrigo.

─Papá ─murmuró Bella sobresaltándolo─. ¿Todo bien?

Él nos observó por primera vez y su rostro enrojeció hasta las raíces del pelo. Balbuceó algo ininteligible y se precipitó a la cocina. Bella lo siguió mientras Nessie se partía de la risa. Minutos después regresó con el ceño fruncido y miró a su hermana directamente a los ojos.

─¿Sabes dónde esta el gato* de papá, Nessie?

─¿Ah? ─preguntó con ojos inocentes─.

─No lo repetiré.

─Ahí ─dijo sin alterarse─.

Todos miramos hacia la dirección que apuntaba. La esquina norte de la sala, el librero, específicamente. Fruncí el ceño mientras lo estudiaba. En la base izquierda estaba el instrumento sosteniéndolo en el aire. Parpadee inconscientemente debido a la confusión. El mueble había perdido una de sus patas.

─¿Se puede saber que pasó? ─chilló Bella corriendo hacia el mueble y sacando un hermoso jarrón azul en volandas.

─Fue un accidente.

─¡¿Qué tipo de accidente?

─Haru y yo estábamos jugando a las escondidas…

─¿Cómo puedes jugar a las escondidas con un gato? ¿Eres una infante a caso? ¿No estas por cumplir 15? ─gritó hasta quedarse sin aire, su rostro se volvió rojo y respiraba agitadamente, se quedó en silencio mientras refregaba sus ojos con la palma de sus manos─. ¿Dónde está Haru? No recuerdo haberlo visto hoy…

─Escondido… no pude hallarlo.

─Jake, ¿Me ayudas a buscarlo?

─Claro.

─¿Cuándo estaban jugando a las escondidas? ─le pregunté a Nessie mientras me reía entre dientes de la inclinación de Jacob, a cuatro patas igual que un perro.

─El sábado, ¿Por qué?

La exclamación de horror que profirió Bella no fue fingida. Caminó hasta donde estaba con Nessie con los puños apretados junto a su cuerpo, alzó la mano con clara intención de abofetear a su hermana pero, aunque el zumbido cortó el aire, no llegó a golpearla. Empuñó más fuerte sus manos hasta que sus nudillos se hicieron más blancos, suspiró y dio media vuelta para seguir buscando. Mis hermanos se habían unido a la búsqueda también, esperaba que Emmett no rompiera nada.

─¿Cómo es que no has visto al gato si has estado todo el día en casa, Bella? ─preguntó Rosalie desde el sillón─.

─He estado enferma, Rose. No es que esté muy conciente en estos momentos tampoco. Que no te sorprenda si no recuerdo mucho de lo que cambiamos de posición en un rato más. El dolor de cabeza me aturde.

─Y a mí, por eso odio los resfriados ─aseguró Jasper cerca de las escaleras─.

Bella le sonrió agradecida y continuo.

─¿Dónde esta Hans? ─preguntó casualmente Alice─.

─Fue a Port Angeles a comprar unos libros y cuerdas para su guitarra, yo creo que simplemente estaba arto de Forks y necesitaba salir a despejarse

─O, tal vez, quería comprar algo para Jessica ─supuso Nessie desde su posición en el sofá junto a Rose─. Ayer dijo algo sobre su cumpleaños, ¿No es la próxima semana?

─Lo es ─asintió Bella mientras abría una pared-trampa tras un florero de cristal azul─.

*Máquina compuesta de un engranaje de piñón y cremallera, con un trinquete de seguridad, que sirve para levantar grandes pesos a poca altura. También se hace con una tuerca y un husillo.