NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK Y SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS SIN GANAR UN CENTAVO POR ELLAS.

¡Hola! No pueden decir que soy mala, ya les dejo el primer capítulo de la nueva historia en menos de dos días. No creo que me tarde mucho en terminarla, no serán más de diez episodios (a menos que se me ocurra algo loco) Apenas voy a empezar el capitulo dos, así que probablemente demore un poco en actualizar, pero no se apuren que empeñaré mi esfuerzo en no dejarlos con tanto suspenso en TODAS mis historias de Avatar (¿porque será que no las he podido terminar?)

Bueno, sin más, el chapter:


¡Ayuda! La intervención de Kumiko.

By

Nefertari Queen.

Capitulo 1.

Sentir su cuerpo sobre la dura roca fue quizá lo que le hizo despertar. Eso, o el calambre que le recorrió toda la pierna debido a que estuvo doblada sobre una puntiaguda piedra por más de tres horas. Fuera lo que fuera, Sokka despertó adolorido, entumido, con hambre, sed, desorientado y con moretones por todo el cuerpo.

"¿Dónde estoy?" se preguntó. Miró alrededor suyo. Estaba en una costa, pero en vez de arena había un arrecife con el cual de seguro golpearon antes de caer a las afiladas rocas de lo que era un mini-acantilado.

Detrás de él estaba un espeso bosque. Las aguas eran turbulentas y sus ropas saladas demostraban que de seguro la corriente lo había estado arrastrando durante algún tiempo. Sentía la garganta seca y rasgada, como cuando uno se está ahogando, y su estómago removerse sin cesar. Quizá había naufragado pero ¿Por qué?

Su último recuero fue cuando la tormenta regresó y un rayo de extraño color verdoso cayó encima de él y Katara….

—¡Katara!—gritó espantado, echándose a correr para buscar a su hermana.

La encontró como a unos diez metros de distancia. Tumbada sobre las rocas, su cabello enredado y húmedo sobre la cara, completamente desmayada y con un fuerte golpe en su mejilla derecha; seguro se había pegado con el arrecife o la piedra. Se inclinó para cargarla, pero sus propios músculos estaban adoloridos por los golpes con olas y piedras. Encontró heridas que antes no había sentido: músculos lesionados, tendones estirados y miles de moretes.

"No creo poder cargarla" pensaba, así que simplemente la agarró firme de los brazos y pretendió arrastrarla. No tardó en percatarse de que era una mala idea, pues las rocas eran tan inestables y afiladas que de seguro la matarían. "¡Demonios! ¿Qué hago?" miró el rededor. Al final, se inclinó para cargar a Katara con la espalda y a duras penas llegó al bosque. Cayó derrumbado y dejando caer a su hermana, quien respingó por el golpe sin despertar.

Sokka acomodó a Katara en una posición más cómoda y cortó hojas de árboles para improvisar una almohada. Con el golpe que se dio en la cara de seguro dormiría un buen tiempo. El vestido de Katara estaba desgarrado y eso lo tenía preocupado, más cuando notó una mancha roja cerca del costado.

Jadeó horrorizado al notar una profunda cortada que el agua salada ya había empezado a cicatrizar. Tocó a Katara, y estaba caliente de la frente "¡No, maldición, se ha infectado! ¿Cuándo llevaremos aquí varados?" miró alrededor sin encontrar pista alguna de una aldea cercana.

—Vas a resistir, Katara ¿Me oyes? ¡Lo vas a hacer!

No contestó. Seguía inconsciente.

Arriesgándose, se inclinó sobre el mar y consiguió llenar unas cantimploras. Usó el agua salada que estaba helada para mojar la cara y cuello de Katara, bajándole la fiebre. Temía limpiarle la herida con agua de mar, no era tan recomendable. Hizo un torniquete para que no sangrara tanto después y la acomodó aún mejor.

—No te apures, sólo daré una vuelta. Vuelvo en seguida—le dijo.

Entre quedarse ahí sin recursos y ver morir lentamente a su hermana a emprender un viaje aunque peligroso por buscar ayuda, Sokka prefería la segunda. Hizo un fuego cerca de Katara que rodeo con rocas para evitar incendios. Además, de seis antorchas que logró convertir en improvisadas lámparas que colgaban de los árboles cercanos. "Ningún animal se acercara".

—U…U-sa..gui…—murmuró su hermana. La voz sonó ronca y muy débil. Sokka la miró un poco. Se inclinó y le quitó el relicario del cuello para depositarlo en sus manos. Su frente volvió a arder y pronto Katara convirtió su mano en puño, apretando su tesoro.

"Delira" pensaba. Mientras Katara seguía susurrando los nombres de su hija y esposo. Apretaba más el relicario y se movió algo inquieta, antes de quedarse completamente en silencio. Respingaba a veces. "O me voy o empeorará"

Se paró y la miró antes de seguir el rumbo de la playa. Era más fácil encontrar un pueblo costero que uno en el medio del bosque. Por la posición del sol no pensaba que fuera más de medio día y bendijo dejar a Katara en la sombra. Caminó lo más rápido que sus adoloridas piernas le permitieron y corrió los pocos minutos que pudo. Estaba demasiado extenuado como para exigirle tanto a su cuerpo pero ¿Qué más hacer? De eso dependía Katara.

El viento soplaba muy fuerte ese día y parecía disputarse sus prendas. El sol caía como plomo debilitándolo y él sin ni una gota de agua. El sudor recorría su cuerpo entero y la energía flaqueaba minuto tras minutos. Solo, sin nada ni rumbo fijo, intentó recordar. Pero no podía recrear lo que había pasado el día anterior.

Se había despedido de Aang y Gyatso en el Templo Aire del Sur ¿Y después? Se fueron, la tormenta se había calmado. Entonces Katara gritó y pudo ver un rayo verde golpear al pobre bisonte volador. Éste también emitió un sonido de dolor y la energía de la corriente los atrapó. Fue increíblemente doloroso. Como si una descarga eléctrica los recorriera sin cesar una y otra y otra y otra vez ¡Que parase!

Y así como sintió el rayo, de repente se encontró en medio del océano nadando y luchando contra la tormenta y sus altísimas olas para sobrevivir. El agua lo golpeaba sin miramientos y se sintió hundirse hasta lo más profundo del océano, entrando el precioso líquido a sus pulmones y quemándose el sistema respiratorio hasta matarlo.

Pero estaba ahí, vivo, con Katara al lado. Entonces las olas los arrastraron. ¡Ahora se explicaba el dolor que sentía demasiado fuerte para ser de una simple ola! Los arrecifes eran bellos pero peligrosos. Seguía sin comprenderlo todo enteramente, pero buscar una respuesta dejó de ser importante cuando divisó a lo lejos una pequeña aldea. Y un hombre caminando cerca de él, a como quince metros.

Lleno de esperanza alzó su mano y la ondeó varias veces.

—¡Ayuda!—gritó—¡Ayuda!

El hombre lo escuchó hasta el quinto grito y corrió para auxiliarlo. Sokka se dejó caer y el hombre con voz angustiada lo sostuvo.

—¿Qué le ha pasado?

—Mi hermana...

—¿Su que?

—¡Mi hermana, está a dos kilómetros siguiendo la costa, herida!

—¿Necesita un médico?

—Sí.

—¿Dos kilómetros hacia el este, verdad?

—¡Si, sí!

—Los ayudaremos.

—Gracias.

Sokka vio bondad en los ojos del hombre, que era joven, y al saber que ayudaría a Katara sintió que su deber había sido cumplido. Cerró los ojos y se rindió al cansancio.

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—Despierte Avatar, es necesario—habló una voz imponente. Aang abrió los ojos y se encontró en el Mundo de los Espíritus, parado frente al Templo cuadrado del espíritu Gio-Ra.

—¿Qué pasa?—se preguntó Aang, sin comprender nada.

En el interior del Templo apareció repentinamente la figura de un hombre con cabeza de ave. Era el mismísimo espíritu del tiempo, Gio-Ra, que lo miraba con una seriedad que le heló la sangre. Tragó duro antes de ponerse tan imponente como lo debe ser un Avatar de su rango.

—¿Me hablas, espíritu Gio-Ra?—habló, su voz sonaba segura y autoritaria.

—He cumplido mi promesa.

—¿Cómo?

—Traje a vuestra esposa y amigo del pasado.

Sus ojos se llenaron de ilusión y miró con una gratitud impresionante al espíritu. Pero Gio-Ra sabía mejor que nadie la situación de los dos hermanos sureños y por eso habló franco al Avatar.

—Accedí a traerlos al presente con la condición de que si alteraban el pasado, entones no ayudaría a restaurar el futuro como se le conoce.

—Recuerdo…-Dijo Aang, sin entender por dónde iba esa conversación.

—Han cambiado muchísimo el futuro y por eso lamento decirte que las cosas ya no serán iguales.

—¿A que se refiere?

—El mundo que conoces y en el que vives, por sus acciones, ya no existe. Y no puedo dejar que tu memoria se mantenga, como todos, deberás vivir acorde a las acciones de ellos dos.

—No te entiendo.

Gio-Ra resopló.

—El mundo ha sido cambiado y también las personas, por lo tanto deberás ser cambiado.

Retrocedió asustado. Miró suplicante al espíritu.

—¿Qué tan cambiado?

—Demasiado.

—Pero…

—¡Sin peros! Esa fue la condición.

—Creí que no harían daño—pensaba en voz alta—Que serían prudentes.

—No lo fueron lo suficiente. Y ahora se pagarán las consecuencias.

Alzó su mano y le lanzó una esfera de luz verde. Aang cayó al suelo perdiéndose en una oscuridad que lo arrastraba como brazos infernales al abismo del sufrimiento. No lo dejaba en paz por más que luchara y eso lo desesperaba. La oscuridad penetró su ser y entones ocurrió algo que jamás pensó.

Olvidó todo.

Su memoria fue quebrada.

Y nuevos sucesos llenaron su mente de manera rápida.

Mundo Físico:

—¡Ah!—gritó Aang, sentándose abruptamente sobre su cama por el sueño y el dolor que sintió en él ¿Cómo había hablado con el espíritu Gio-Ra? Aang no recordaba haberle pedido un favor.

Una mujer se sentó a su lado.

—¿Amor, que te pasa?—le preguntó, sobándose con ternura la espalda.

—Nada cariño, tuve un sueño raro—le respondió aún acomodando sus ideas.

—¿Cuál, corazón?

—Ni me acuerdo…

La mujer besó con ternura su mejilla y lo recostó encima de su pecho. Aang estaba cómodo ahí, entre los brazos de su mujer, y aspirando su aroma. Sentía que la quería por sobre todas las cosas, pero aún así, algo no andaba bien…

—Descansa amor, no pienses ya en esas cosas.

—Tienes razón.

—Buenas noches Aang.

—Buenas noches Kumiko.


Chan-chan-chan-chaaan! ¿Qué les pareció? Más o menos ese va a ser el rumbo de la historia. Dejaré a vuestra imaginación lo que ocurrió, pero claro, lo explicaré más adelante en otros capitulos ¿Vale?

¡Los comentarios se agradecen!

chao!