NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO LOS USO COMO MANERA DE DIVERSIÓN AL ESCRIBIR ESTAS HISTORIAS.

¡Hola! ¡México esta de fiesta! acá es el día de la Santa Virgen María de Guadalupe ¡Este capítulo se lo dedico a nuestra Tonantzin! :)

Espero les termine de gustar la manera en que acabé esta Trilogía de Ayudas. Agradezco especialmente a:

Mafalda Black, SammyKataangTwilight, Nikolas Sur, mariifabii44, Vale, leslimanya97, VvalexX, isabella, Daari, Ani Teen Lyoko, Lizmi, FanKataang100, Valeee y Liliana.

Gracias por todo su apoyo, la manera en que siempre estuvieron atentos al fic, los comentarios, los ánimos, la paciencia por como me tardaba en actualizar ¡Con nada se los repongo!

Virgen de Guadalupe, gracias por darme vida hasta este día, seguidores tan atentos y fieles, insipiración e imaginación. Gracias Dios mío por todo.


Epílogo.

Aang estaba flotando, se sentía extraño, como si no hubiera nada en el rededor. Apena abrió los ojos lo comprobó. La nada, la oscuridad, le rodeaba. Trató de moverse sin conseguir nada con ello, confundido, trataba también de recordar qué había pasado y porqué estaba ahí.

Como dándole respuestas, el espíritu Hio-Ra apareció de repente. Tan imponente como siempre, sostenía entre sus manos un cetro con la forma del sol y la luna en su punta, adornando un reloj de arena. Lo miró fijo sin expresión, y después semi-sonrió.

-Bienvenido Avatar a la Tierra de la nada—fue su saludo.

Aang se encontró con la garganta más ronca que nunca, tuvo que aclararla varias veces para que la voz le saliera fluida.

-Gracias… creo… ¿Qué hago aquí?

-Estás aquí para ver esto—señaló entonces en su dirección derecha.

Apenas apuntó con el dedo la espesa neblina se disipó y entonces algo de luz se posó sobre unos cuerpos inconscientes que flotaban sin resistencia en el lugar. inmediatamente reconoció a Zuko, Toph, Sokka, Katara y Usagui.

-¡Katara!—la llamó a gritos—¡Usagui!

Ninguna de las dos respondía. Con sus ojos cerrados, parecían estar dormidas, sin intenciones seguras de despertar.

Quiso ir hacia ellas, pero batalló demasiado. Tras extraños movimientos, aleteos de piernas y brazos, se acerco lo suficiente. En sus brazos cargó el cuerpo de Katara. Vio a su morena esposa, con el cabello flotando aún enmarcando su rostro, y anheló ver sus ojos azules.

-¿Está…?—fue incapaz de terminar la pregunta. Un sollozo ahogado le había bloqueado la garganta.

-No—respondió el espíritu—Solo duerme, como tu hace unos momentos. Pero ella no podrá despertar.

-¿Por qué?

En menos de un segundo el espíritu estaba a su lado. Sacó del cuello de Katara el medallón sagrado y dijo:

-Aunque ella tiene privilegios entre los humanos, no son suficientes. Tú eres el Avatar, al mitad de tu ser es espíritu. Ella es humana, y siempre lo será. A estas tierras solamente deben entrar personas de gran poder.

-Y…¿Por qué estamos aquí?

El espíritu sonrió como si hubiese esperado esa pregunta todo ese tiempo.

-Sé que hice una promesa, la de no ayudarte si tu esposa y su hermano alteraban el pasado—empezó—pero como espíritu también hice la promesa junto con los demás de mantener el equilibrio en el mundo junto contigo, el día en que el Avatar nació.

-¿Me ayudaste porque solo así podría el mundo re-establecerse?

-Te ayudé porque solo de esa manera el Mundo Terrenal estará en paz—dijo solemnemente—Y esa es la misión nuestra.

Hio-Ra enfrente de Aang volteó para extender sus manos. La neblina desapareció rápidamente y entonces todos los humanos ahí presentes flotaron de pie enfrente de ellos. Kumiko estaba ahí, niña de nuevo, pero sus encadenadas manos la mantenían dentro de una jaula negra.

Aang la vio y recordó toda la infancia que tuvieron. Esa Kumiko con la tantas veces jugó y a la que siempre consideró una fiel amiga.

-¿Hay manera de salvarla?—preguntó.

-Su destino siempre fue morir en el holocausto de los maestros aire. Me temo eso le pasará.

Asintió con pesar.

-¿Y qué será de nosotros?

Hio-Ra tocó la frente de Aang con uno solo de sus dedos, que expandió resplandor.

-Sólo tú has sido bendecido con el don de recordar. ¡Todo volverá a la normalidad!

Aplaudió una sola vez, de sus manos se expandió un gran resplandor dorado que lo cubrió todo. Aquella energía le golpeó fuertemente y se aturdió.

La oscuridad regresó.

o-o

o-o

Aang abrió los ojos, estaba acostado en una cama muy grande y cómoda. Las sábanas lo cubrían hasta el pecho, y se removió un poco para ver bien el lugar donde estaba.

Las paredes estaban decoradas con pinturas del Polo Sur y de los Templos Aire. Sobre el buró encontró retratos enmarcados de él, de Katara, de Usagui y sus amigos. Quitándose las sábanas, se paró vistiendo solo unos pantalones holgados y recordó perfectamente la habitación suya y de Katara, en la pequeña casa sobre la colina en el pueblo del Reino Tierra.

La cama estaba ahora vacía. Aang se vio tentado a salir de la alcoba pero la puerta se abrió apenas caminaba hacia ella. Katara, sonriendo, le habló.

-¡Buenos días dormilón!—y le besó la mejilla—¿Has dormido bien?

-¿Eh?... sí.

El medallón sagrado colgaba del cuello de su esposa, así como su collar de compromiso. Katara tenía ese brillo de felicidad en sus ojos y lo abrazaba con ternura.

-Venía a despertarte, recuerda que hoy me iré con Sokka a ver a Gran-Gran al Polo Norte.

Parpadeó confundido ¿Qué acababa de decir? ¡Eso había pasado meses, muchos meses atrás! notando la confusión de su esposo, Katara puso una de sus manos sobre su mejilla y le habló quedo.

-¿Qué pasa Aang?

Le respondió con otra pregunta.

-¿Qué día es hoy?

Ella le respondió como si fuera obvio.

-décimo primer día del solsticio de primavera.

Se golpeó mentalmente la cabeza.

Sólo tú has sido bendecido con el don de recordar. ¡Todo volverá a la normalidad!

Katara se sorprendió cuando Aang la abrazó con muchísima fuerza y la besó como si el mundo se le fuera en ello. Sintió los labios de su esposo sobre los suyos moviéndose con fluidez y acariciando su boca como la más exquisita de todas las reliquias. Se dejó querer y acaricio sutilmente los fuertes brazos del Avatar hasta que el tiempo y el aire les pidieron separarse.

-Te amo—le dijo con la voz cargada de afecto y unos grises ojos impregnados de cariño. Katara sintió que su corazón latía fuerte y sus mejillas de sonrojaran.

-Me has hecho sentir como una chiquilla—confesó.

-Te quiero.

Y la abrazó.

-¡Papá, mamá, ya es hora de irnos!—gritó Usagui desde su alcoba.

-¡Ya vamos princesa!—fue la respuesta de Aang.

Pero la niña ya había entrado corriendo a la alcoba y aferrado a sus dos papás. Había en el ambiente una extraña sensación de plenitud, de alegría, de alivio, pero sobre todo, de amor.

Aang sabía que las cosas ya no volverían a repetirse. Que finalmente estaban en paz. Lo peor de todo ya había pasado.

Era tiempo de la felicidad.

FIN.


¡Y ya acabó!

Nuevamente, les agradezco TODA la paciencia y ojalá la espera les haya valido la pena. Sé que puede ser algo brusco, pero desarrollar más desenlace hubiera arruinado por completo la trama. Y es que, todo vuelve al inicio. Si tienen dudas, pueden ver los capítulos del 1 al 3 de "¡Ayuda! un Giro en el Tiempo!" para comprender el momento en que volvieron al pasado.

Básicamente es como si nada hubiese ocurrido y solo Aang lo recuerda ¿Por qué? simple y sencillamente porque el equilibrio del cosmos estaba siendo destruido gracias a Kumiko. Cualquier otra duda yo la aclaro. Y no creo que haya otro fic que le haga continuidad a este. De cualquier manera, me divertí mucho haciéndolo y más leyendo sus reseñas.

¡Tengo un nuevo proyecto! llevo escrito de ése dos capítulos. Lo titularé "La Princesa del Sur" y mi plan es publicarlo cuando termine mi laaargo fic "Avatar, libro IV..." Espero vernos ahí pronto.

¡Hasta la próxima!

chao!