Declaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto. La historia sí es mía.


N/A: He decidido publicar mi primer SasuHina de varios capítulos después de un largo tiempo de no escribir una historia larga. El primer capítulo nació a partir de la pérdida de un ser querido de manera inesperada. Realmente espero que la historia sea de su agrado.


Summary: Tras la repentina muerte de su padre, Hinata Hyuga debe decidir entre tomar el mando de la Corporación Hyuga o vender la empresa que con tanto esfuerzo sacó adelante su padre. Sasuke Uchiha, compañero de instituto y ahora representante de la Corporación Uchiha, tiene una interesante propuesta para la Heredera. Sin embargo, ésta puede poner en peligro algo más que las finanzas, pues ambos están dispuestos a apostar todo con tal de cumplir sus objetivos. SasuHina.


El Arte de la Ventaja

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Capítulo I. Último Adiós


Una mano se posó en mi hombro y lo apretó ligeramente.

Una sonrisa triste se formó en mis labios y una lágrima rodó por mi mejilla.

« Se ha ido ».

Fueron las tres palabras que pronunció aquel hombre, mientras ocultaba sus manos dentro de las bolsas de su bata blanca.

Le observé alejarse en silencio. Y después rompí en un silencioso llanto.

Mi padre estaba muerto.

— ஐ —

-Hinata.-

Un par de brazos me envolvieron en un cálido abrazo. Los ojos azules de mi mejor amiga, Ino Yamanaka, estaban húmedos. Susurró varias veces mi nombre y después ambas rompimos en un llanto descontrolado. Ambas nos conocíamos desde los cinco años, habíamos crecido juntas. Mi papá había sido un segundo padre para ella, así como el suyo lo era para mí.

-Mi papá está muerto.- sollocé. –Muerto, Ino.- las lágrimas se deslizaban por sus pálidas mejillas. -¿Qué voy a hacer ahora?-

-Debes ser fuerte, Hinata.- dijo ella, acariciando mis cabellos. –A él no le gustaba verte llorar.-

-N-No puedo r-reír si n-no está c-conmigo.- mi voz sonaba rota, vacía. La desesperación impregnada en cada palabra. –D-Dime q-que e-es una p-pesadilla.-

Ella me abrazó aún más fuerte.

-Señorita Hyuga.-

Me separé de Ino lentamente. Un hombre de traje me observaba con una sonrisa amable. –Necesito que elija el cajón.- susurró, algo atormentado.

-Y-Yo…- las palabras se negaban a salir de mis labios. No quería hacerlo. No deseaba darme cuenta de que aquello era real.

-Y-Yo lo h-haré.- soltó Ino, apretando mi mano con delicadeza. Me negué a soltarla. –H-Hagámoslo.- me sonrió de manera apenas perceptible.

Esos fueron los veinte minutos más largos de mi vida. No quería elegir el lugar donde reposaría mi padre, deseaba escoger el restaurante al que iríamos a comer juntos… Pero eso ya no era posible. Hiashi Hyuga, mi padre, estaba muerto. Y yo, su única hija, seguía viva. De repente esa idea se me antojó una estupidez. Sin mi padre haciéndome compañía, yo ya no tenía nada.

— ஐ —

-¿D-Dónde está Sai?- pregunté una vez me calmé. La mirada de Ino se iluminó un poco ante la mención de su novio, pero volvió a inundarse en lágrimas de un instante a otro. -¿H-Ha pasado algo malo?- ella negó y yo suspiré.

-L-Llegará en un rato más.- murmuró, secando sus mejillas. –Con los demás…-

Era cierto. Aún faltaba una hora para que el cuerpo de mi padre estuviera en la capilla. Mi corazón dio un vuelco de sólo imaginarlo bajo ese frío cristal. Sequé las nuevas lágrimas que mojaban mi rostro y me prometí ser fuerte. Por él, por mí, por el mañana. Sin embargo, el dolor era insoportable.

Uno a uno mis amigos fueron llegando. El verlos acercarse hasta mí era suficiente para que nuevamente el llanto se hiciera presente y se formara un nudo en mi garganta. Odiaba todos esos recuerdos con mi padre al mirarlos. Quizás en un futuro me harían sonreír, pero ahora sólo aumentaban mi pena. La puerta que me separaba de mi padre fue abierta y el mundo se vino abajo. No quería verlo ahí. No podía. No tenía la fuerza suficiente.

Neji, el primo al que no veía desde hacía tres años, se encontraba a mi lado en ese momento. Sostenía mi mano firmemente, guiándome hacia la fría sala donde mi padre esperaba por mí. Cuando entré a la capilla me sentí sofocada. Me solté del agarre de Neji y trastabillé hasta el cajón.

-P-Papá, despierta.- murmuré con las lágrimas empapando mi rostro. -¡L-Levántate, papá!- sollocé. –N-No me dejes ahora, p-papi. N-No puedo hacerlo s-sola.- la gente comenzó a rodearme, alguien me abrazó por los hombros. –N-No quería verte así.- murmuré, acariciando el frío cristal. –Q-Quería que t-tú me enterraras a mí.- Ino lloró fuertemente, abrazándose de Sai. Él acariciaba sus cabellos con dulzura. –P-Papá.- le llamé de nuevo. No obtuve respuesta, por supuesto. Sin embargo, su rostro parecía mostrar esa sonrisa tan sincera que sólo compartía conmigo. –T-Te q-quiero.- sollocé de nuevo.

"Y yo te quiero a ti, cariño."

En mi mente se repitió su respuesta tan acostumbrada, más pude notar que sus pálidos labios jamás se separaron. Él ya no hablaría conmigo; no diría cuánto me quería, los sueños que aún tenía, su deseo por verme casada y conocer a su primer nieto. Él ya no estaría ahí cuando yo regresara a la enorme mansión ahora desierta. Ese sólo pensamiento bastó para que todo perdiera sentido.

Trastabillé fuera de ese lugar, escuchando a la gente murmurar sobre lo bueno que había sido mi padre y su muerte tan repentina. Choqué con alguien cerca de la puerta que conducía al privado, ese lugar donde los familiares directos podían descansar un poco cuando la presión era demasiada. Unos fuertes brazos impidieron mi caída. Me aferré con desesperación al pecho de esa persona, su loción me indicó que se trataba de un hombre. No pude ver su rostro, pues la oscuridad me envolvió completamente.

— ஐ —

Abrí los ojos lentamente. Me dolía la cabeza. ¿Dónde estaba? Me encontraba recostada en un cómodo sillón en una pequeña habitación que no pude reconocer. Entonces, la verdad me golpeó de frente. Mi papá. Cuando estaba por levantarme, la puerta se abrió. Mis ojos se abrieron por la impresión.

-Te traje un café.-

No encontraba mi voz. Deseaba preguntarle muchas cosas, gritarle un poco tal vez; pero nada.

-¿O acaso preferías un té?-

Sonrió de esa manera torcida que tanto le caracterizaba. Tomé el vaso que me ofrecía y di un pequeño trago. El calor se extendió por mi cuerpo y suspiré un poco más tranquila. Sus ojos negros me miraban con una pequeña nota de diversión, a pesar de que la ocasión no era la adecuada.

-C-Café está bien.- hablé por fin. Él enarcó una perfecta ceja negra. –Gracias…-

-Sasuke.- me interrumpió. –Estoy harto de las formalidades.- dijo soltando un poco el nudo de su corbata.

Me permití observarlo de manera detenida. Llevaba un traje completamente negro, con una camisa azul clara y una corbata oscura. Su cabello negro lucía tan desordenado como en los tiempos de la secundaria, cuando nos habíamos conocido. A pesar de ello, yo solía referirme a él como "Sr. Uchiha" por dos razones: la primera, jamás fuimos amigos o tuvimos una relación cercana como para llamarnos por nuestros nombres de pila; y en segundo lugar, porque Sasuke Uchiha era el dueño de la Compañía rival de los Hyuga, la cual era dirigida por mi padre.

-¿Q-Qué haces aquí?- pregunté torpemente. Mis mejillas se tiñeron de carmín por la vergüenza.

-¿Desde cuándo está prohibido asistir a un funeral?- preguntó tontamente, sonriendo.

-E-Estás aquí porque se trata de un H-Hyuga.- murmuré.

-Precisamente.- respondió. –Es el funeral de tu padre.- habló de nuevo. Lo miré con lágrimas en los ojos. ¿Por qué se burlaba de mí en un momento como ese? –Sería un idiota si no estuviera aquí, apoyándote.- mis ojos se abrieron por la sorpresa y las palabras se negaron a salir de nuevo. -Puedo ser una persona egoísta, manipuladora y demás cosas…- sonrió levemente. –Pero realmente me importa lo que te ocurre.-

Dio un par de pasos más cerca de mí y tomó mi mano libre entre las suyas. Le miré, confundida, avergonzada, incrédula.

-Volvamos con el resto.- me ayudó a ponerme de pie y rodeó mi cintura con un brazo.

Varios de los presentes se sorprendieron al verme entrar de nueva cuenta a la capilla con el gran Sasuke Uchiha abrazándome. Algunos murmuraron cosas que en ese momento no quise comprender, otros se preguntaban la razón de su aparición en ese lugar. Me detuve en seco a unos metros del cajón. No podía hacerlo de nuevo. No podía volver a ver a mi padre ahí.

-Sé fuerte, Hinata.- murmuró, con voz dulce, en mi oído. Asentí.

Todo el mundo se apartó en el momento en que Sasuke y yo llegamos ante mi padre. Nuevas lágrimas se deslizaron por mis mejillas, pero ahora tenía un hombro en el cual llorar: el de Sasuke Uchiha.

— ஐ —

Me dejé caer pesadamente en una de las sillas de la pequeña cafetería dentro de la funeraria. Sasuke me había dejado sola porque debía atender una llamada urgente de la empresa. Aún no lograba entender la razón por la que se encontraba conmigo, brindándome un apoyo que jamás esperé de alguien como él.

-¿Hinata Hyuga?- preguntó una voz que no pude reconocer. Asentí débilmente. –Mi nombre es Danzo Shimura.- se presentó seriamente. –Soy un accionista mayoritario de la Corporación Hyuga.- mi semblante cambió completamente. Eso no podía estar pasando. –He decidido hacerle una oferta por la empresa.-

-Sr. Shimura, yo…- comencé, pero él me interrumpió.

-Seré generoso, señorita Hyuga.- señaló. –Lo único que debe hacer es firmar aquí…- dijo mostrándome los papeles. –Y le entregaré el dinero.- los dos hombres que le acompañaban asintieron y me mostraron el interior del portafolio de cuero negro. –Es una suma significativa.- aclaró el hombre.

-No creo que sea el lugar para discutir algo así.- mi tono denotaba mi molestia. –Además, no estoy interesada en vender la empresa de mi padre.-

-¿Realmente crees que alguien como tú podría hacerse cargo de la Compañía?- dijo mirándome de arriba abajo. – fruncí el ceño. –No me hagas reír, niña.-

-Sr. Shimura, no es por ser descortés, pero este no es el lugar ni el momento para hablar de negocios.- repetí, esta vez con más firmeza. –Así que le voy a pedir que haga una cita con la señorita Haruno, recepcionista de la Corporación, para tratar este asunto en mi oficina.- él sonrió con autosuficiencia.

-Estoy seguro que todos los accionistas estarán de acuerdo conmigo.- mencionó antes de marcharse. –No estás capacitada para manejar la Empresa.- sonreí forzadamente. –Al final todos votarán para que sea vendida y, cuando eso pase, te quedarán sin un centavo.- su risa captó la atención de muchos de los presentes. –Espero estés preparada para ello.-

Cuando su figura desapareció tras la puerta principal, me permití soltar un par de maldiciones en voz baja. ¿Quién demonios se creía ese estúpido hombre para venir y faltarnos el respeto a mi padre y a mí en su funeral? Me preparé otro café y retomé mi lugar, a lo lejos divisé la silueta de Sasuke caminar en mi dirección.

— ஐ —

-No quiero irme en la carroza.- gemí. Había acompañado a mi padre al hospital en la ambulancia y llegado a la funeraria en un taxi, pero no podía subirme a ese oscuro vehículo junto al ataúd. Un escalofrío recorrió mi columna cuando la mano de Sasuke se posó en la parte baja de mi espalda y me guió hacia su coche. –Pero…-

-El idiota de Naruto lo hará.- murmuró. Naruto Uzumaki, mi amor platónico de secundaria y mejor amigo del Uchiha, llegó a mitad del funeral envuelto en llanto. Conocía a mi padre desde antes que Ino, pues su padre y el mío eran amigos de infancia. Me había abrazado y consolado ante el torrente de memorias ante la sola mención de la familia del rubio. –Considéralo un favor especial.- desvié la mirada cuando su sonrisa torcida apareció.

La despedida en el cementerio fue tortuosa. Por turnos, uno a uno, los presentes fueron acercándose para dar un último adiós a mi padre: Hiashi Hyuga. Mis manos temblaron cuando rocé por última vez el cristal que me separaba de su suave rostro. –S-Sé que al principio n-nuestra r-relación fue m-mala.- murmuré. –P-Pero después e-eso cambió.- una pequeña sonrisa adornó mis labios. –T-Tú me o-odiabas por a-arrebatarte a m-mamá.- Sasuke, a mi lado, me miró desconcertado. –S-Siempre d-dijiste que era una i-inútil.- seguí. –P-Por eso e-estudié lo que t-tú q-querías… Y f-finalmente, p-pude h-hacerte f-feliz…- algunas lágrimas se deslizaron por mis mejillas. –T-Te q-quiero m-mucho, p-papá.- sollocé amargamente. –Y s-sé q-que t-tú t-también m-me q-quieres.- la sonrisa en el rostro de mi padre no desapareció. Incluso cuando el cajón fue cerrado y conducido al que sería su lugar de descanso, ésta siguió siendo visible para mí.

Neji había llegado hasta mi lado y me abrazaba por los hombros. Sin embargo, Sasuke se había negado a soltar mi mano. Los tenía a ambos cuidando de mí. Y eso me hizo sonreír aunque sólo fuera un poco. Ino se refugió en mis brazos cuando todo acabó. Su rostro estaba enrojecido por tanto llanto y sus ojos azules carecían de ese brillo tan peculiar. Sai también me abrazó, algo poco común en él. Los despedí con mi mejor sonrisa y me arrodillé frente a la tumba de papá, justo al lado de la de mamá.

Al final todos se fueron. Únicamente quedaba yo, en la misma postura de horas atrás. Claro está que no contaba con que Sasuke seguía ahí. Cuando me puse de pie, sus ojos negros se clavaron en mis orbes perla y una pequeña sonrisa bailó en sus labios.

-Te llevaré a casa.- susurró, antes de darse la vuelta y comenzar a caminar.

— ஐ —

El coche se detuvo frente a la entrada de la enorme mansión de nuestra familia. Ahora yo sería la única habitante de esa casa. Suspiré y me dispuse a bajar del auto, pero la mano de Sasuke me detuvo.

-Sé que Danzo te hizo una oferta.- habló con voz calma. Le miré sin entender. –Cuando mis padres murieron quiso comprar la Corporación Uchiha.- se encogió de hombros. –Aún busca la oportunidad de robármela.-

-Es un idiota.- arrugué mi nariz con desprecio y él sonrió dulcemente. Me sonrojé y aparté la mirada.

-Vaya, no sabía que podías insultar a la gente.- se burló. –Pensé que la heredera de los Hyuga era más inocente.-

-Sasuke.- le llamé. Él me miró sorprendido por mi tono. –De verdad, gracias.- en sus ojos negros brilló un no sé qué que me causó un escalofrío.

-Hinata.- sus dedos acariciaron mi mejilla con delicadeza. –Sé que no es el mejor momento para decirlo, pero...- murmuró. Por alguna razón mis ojos no podían apartarse de los suyos. –Mi propuesta sigue en pie.- depositó un beso en la comisura de mis labios, y tan rápido como vino se fue. Asentí torpemente y bajé del coche.

Me dedicó una última sonrisa antes de arrancar el motor y desaparecer de mi vista.

Acaso, ¿debía aceptar su propuesta?


Continuará...

¿Qué opinas?

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