¡Hey! Aquí el Capítulo VIII, finalmente. Me costó más de lo pensado poder escribirlo. No estoy pasando por un buen momento. Aún así, prometo tenerles el siguiente el lunes. Aunque quizás me quede sin Internet ¬¬! Esperemos que eso no pase. Sólo me queda recordarles que: "Me tomé la libertad de crear una comunidad SasuHina en Facebok. Todos los que se encuentren en formar parte de ella, sólo deben acceder a mi profile y después a mi Homepage. ¡Ah! Y otra cosa, para los que necesiten ayuda con la corrección de sus escritos, ahora soy Beta =)" xD


Summary:Tras la muerte de su padre, Hinata Hyuga debe decidir entre tomar el mando de la Corporación Hyuga o vender la empresa. Sasuke Uchiha -su rival- tiene una interesante propuesta para ella. Sin embargo, ésta puede poner en peligro algo más que las finanzas.


El Arte de la Ventaja

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Capítulo VIII. Intocable


-¿Estás segura de eso?- preguntó Ino alarmada. -¿Por qué está el aquí?-

-No lo sé.- me limité a responder. –Debo colgar.- ella quiso decir algo, pero ya había cerrado el móvil.

Ino jamás lograría comprender la desesperación de pasar por una situación similar. Ella está fuera del negocio, tiene un novio que la adora, espera un bebé… Yo no puedo hacer nada en Tokyo sin que la prensa se entere. Debo asumir la responsabilidad de las Empresas Hyuga, casarme con mi rival en las finanzas y estoy obligada a dar un heredero.

No me desagrada la idea de tener un hijo. Es más, siempre quise un par, una parejita. Pero en mi mente sólo veía niños parecidos a Sasuke Uchiha, con el cabello rebelde y los ojos oscuros. ¿Qué tanto espacio había ocupado de mi corazón hasta ahora? Y no, no podía ser así. Yo debía dar herederos a mi Casa, no a la suya.

-Demonios.- susurré a la nada. –Él único que puede dar herederos es el idiota de Neji.- sentí como los ojos se me humedecían. –Y se niega a casarse.-

No podía creer que nuestro apellido muriera así. El legado de mi padre había terminado conmigo.

-Mis hijos jamás serán Hyugas.- admití de mala gana. –Pero no sé si quiera que sean Uchihas.-

Un par de curiosas perlas aguamarina se colaron en mis pensamientos esa noche. Una cabellera rojo fuego vino a mis recuerdos. Una sonrisa sincera se extendía en un rostro de porcelana.

-Sabaku no Gaara.- murmuré. –Quizás él sea mejor opción que Sasuke.-

Mis ojos se cerraron, sumergiéndome en la inconsciencia. Y por un momento, sólo uno, me olvidé de todo.

Viernes. Abrí los ojos pesadamente y miré de manera distraída la hora. Era demasiado temprano aún para ir al trabajo, pero tampoco podría conciliar el sueño de nuevo. Salí de la cama dando un gran suspiro, después de todo seguía cansada. Esa había sido la semana más extraña de mi vida, quizás porque ahora tenía un ex novio insistente, un pretendiente demasiado atractivo y un prometido posesivo y celoso.

Llegué a las Empresas Uchiha con media hora de anticipación. Los socios de mi compañía deberían reunirse conmigo unos veinte minutos después. Subí las escaleras, poco deseosa de encerrarme en un elevador, hasta la oficina de Sasuke. La sonrisa de Karin, la secretaria, se borró al verme llegar hasta ahí.

-¿Q-Qué haces aquí?- enarqué una ceja en su dirección Acaso, ¿se había olvidado de quién era?

-Vengo a ver a mi prometido.- señalé, pasando de ella.

-¡No puedes entrar!- gritó, pero la ignoré.

No pude evitar el cuestionarme aquella necesidad de Karin por cortarme el paso, aunque al final de fue inútil. Mis dudas se fueron cuando entré a la oficina de Sasuke Uchiha y lo encontré besándose con alguna de las chicas de la empresa. Rodeé los ojos e hice un pequeño sonido con mi garganta para indicar que estaba ahí. La rubia me miró con los ojos muy abiertos y sus mejillas se tiñeron de carmín.

-Fuera.- ante mi orden, no le quedó más remedio que marcharse. –Idiota.- murmuré en dirección al Uchiha, quien me miraba con el ceño fruncido.

-No eres la única que va a disfrutar sus días de soltera.- me anunció desvergonzadamente. -¿O ya te olvidaste de Kankuro?-

Bufé. Después de todo, ese era el pan de cada día.

-Te juro, Uchiha, que…-mi celular comenzó a sonar, interrumpiéndome. -¿Un mensaje?- pregunté algo sorprendida. -¿De quién podrá ser?- jamás me habían gustado esas cosas, prefería las llamadas o entablar la conversación personalmente. -¿Cómo consiguió mi número?-

-¿Quién es?- la curiosidad de Sasuke había despertado, aunque sus ojos negros trataran de ocultarla.

-Nadie.- corté, regresando el aparato a mi bolso. Pero sí era alguien y nada más, y nada menos, que Sabaku no Gaara.

-Y por eso, debemos firmar.- sentenció Sasuke, mirando a sus socios. Bufé de nuevo, ¿en qué demonios pensaba Sasuke al proclamar aquel discurso?

-Muy sabio de su parte, Sr. Uchiha.- la voz de Danzo estaba cargada de sarcasmo, pero a mi prometido no pareció importarle.

-Las ganancias serán al 50%.- agregué, mirando el rostro sorprendido de Sasuke.

-O no, Hyuga.- me cortó. –No les daremos la mitad de nuestros beneficios.-

-Por favor, Sasuke.- interrumpí. –Nosotros somos quienes perdemos con esto.- él enarcó una ceja. -¿O has olvidado que vendemos 10% más que ustedes?-

La sala se sumió en una discusión por el reparto de los beneficios entre ambas compañías. Ninguna de las partes deseaba ceder, así que tuve que considerar varias opciones. Los negocios eran mi fuerte, definitivamente.

-En ese caso.- hablé, los murmullos opacaban mi voz. –No hay trato.- un tenso silencio se instaló entre los presentes. –Las Empresas Suna son mejor opción que ustedes, y han aceptado un 40%.-

-No es necesario llegar a tanto, Srita. Hyuga.- la voz de Madara Uchiha captó mi atención. –Aceptamos el 50%.-

-Me niego a…- comenzó Sasuke, pero logré interrumpirlo.

-Trato hecho.- él soltó una maldición entre dientes antes de estrechar mi mano.

Lo que ellos no sabían, es que también sellamos un trato con la empresa de Sabaku no Gaara. Bueno, aún faltaba que firmara el mismísimo dueño, pero ya estábamos seguros de la victoria. Obtendríamos un gran beneficio de esa alianza. Y eso no lo compartiríamos con los Uchiha. Todo el asunto se mantendría en secreto y, en caso de fracasar en la alianza comercial con Sasuke y sus socios, las Empresas Suna no se verían involucradas. Lo que es mejor, cuando los Uchiha y los Hyuga termináramos en la quiebra, Suna nos ayudaría a levantarnos. Después de todo, era parte del contrato.

-Bien, Hyuga.- la voz de Sasuke me regresó al mundo real. –Te ganaste a mis hombres.- una sonrisa torcida comenzaba a formarse en sus labios.

-¿Qué quieres de mí?- cuestioné, enarcando una ceja.

Cuando Sasuke Uchiha sonreía de aquella manera, únicamente para mí, era más que obvio que tramaba algo. Y, lo más probable, es que no me gustara la idea.

-Celebraremos esta noche.- abrí la boca, pero nada salió de ella. –Club nocturno.- se encogió de hombros. –Paso por ti a las ocho. Dile a tu amiga rubia.- y desapareció tras la puerta del elevador.

Permanecí ahí, sorprendida. ¿Por qué quería ir a uno de esos lugares? Mientras bajaba por la escalera de la empresa rival, llamé a Ino y le conté los planes de mi prometido para esa noche. Después de una acalorada discusión con ella, donde casi no me dejó hablar, tuve que resignarme a asistir a ese extraño lugar.

Suspiré aliviada cuando por fin entré a mi oficina y Sakura me dio un café. Definitivamente, ese no era mi día.

Me sentía ridícula. Sí, extremadamente ridícula. Hacía mucho tiempo que no me iba de fiesta, por así decirlo. Ino me había convencido de arreglarme como en los tiempos de universidad, cuando era apenas una chiquilla con aires de grandeza. Y ahora me sentía idiota por hacerle caso.

Aquellos ajustados pantalones negros, junto con la blusa escotada azul y los altos tacones, me recordaban a la Hinata de instituto. Maquillaje discreto y cabello ondulado. Y, para colmo, los nervios a flor de piel. Tenía los últimos veinte minutos caminando por todo el salón, esperando que se llegara la hora para recibir a Sasuke. ¿Ansiosa? Demasiado.

El timbre sonó finalmente. Cuando abrí la puerta, mis mejillas se encendieron ante la penetrante mirada de Sasuke. Sus ojos negros se deslizaban por cada parte de mi cuerpo, evaluándome de forma descarada. Posiblemente ya le hubiese golpeado de ser otra persona, pero al tratarse de él sólo podía quedarme quieta. ¿Por qué…? -Deliciosa.- todos mis pensamientos desaparecieron en el instante en que sus labios apresaron los míos.

Lo que había iniciado con un leve roce de labios, se volvió algo mucho más pasional y desenfrenado. No sabía en qué momento habíamos entrado a mi casa y puesto el seguro de la puerta, pero ahora mi espalda estaba apoyada en ésta, mientras mi cuerpo vibraba ante los labios del menor de los Uchiha. –E-El C-Club…- murmuré a duras penas, recibiendo una sonrisa de su parte y un "Puede esperar" que terminó de acelerar a mi corazón.

Mi celular comenzó a sonar y… La magia se rompió. Me aparté de Sasuke rápidamente, sonrojándome en el acto. No mencioné una sola palabra en todo el recorrido hasta el club nocturno.

-¡Hinata!- los brazos de Ino se envolvieron alrededor de mi cuello. –Te he extrañado tanto.-

-Ino.- la llamé, apartándola un poco. –Te vi hace un par de días y hablé contigo hace veinte minutos.- ella se encogió de hombros y sonrió.

-Ah, Sasuke.- dijo despreocupadamente, mirándolo fijamente. Él se limitó a asentir. –Sai llegará en un rato.-

-Debo felicitarlo.- me recordé a mí misma, sonriendo.

La primera hora de aquella larga noche la pasé conversando con mi amiga, mientras bebía una piña colada que Sasuke me había traído. Algo ligero, sólo para pasar un rato agradable. Sasuke se limitaba a observarnos y golpear, de vez en cuando, mi pierna con su pie. Era en esos momentos cuando nuestras miradas se encontraban y su sonrisa se hacía presente.

-Es como un colegial, ¿eh?- habló Ino cuando el menor de los Uchiha fue por otra bebida. La miré algo confundida, y ella lo notó porque agregó: -Quiero decir, he visto lo que están haciendo.-

-¿Uh?- bebí otro trago de mi bebida. -¿Te refieres al hecho de que me patea?- ella asintió. –Es algo lindo, supongo.- su risa me encendió las mejillas. ¿Acababa de decir que Sasuke Uchiha era lindo?

-Vayamos a bailar.- soltó ella, tomándome de la mano y obligándome a ponerme de pie. –Sasuke odia esto, pero nosotras lo amamos, ¿no?-

-No lo sé, Ino.- murmuré. -¿No sería grosero?-

-Es de mala educación ir a un club y no bailar.- no pude evitar reírme ante su rostro infantil. -¡Vamos!- chilló emocionada. Suspiré y le di la razón. –Pero antes, necesitas un trago.-

-¿Eh?- de verdad que no entendía a Ino. ¿Por qué yo necesitaba "un trago" y ella sólo bebía té helado? Aunque bueno, yo no estaba embarazada.

(Sasuke POV)

Debía admitir, que Hinata se veía realmente bien esa noche. Y verla bailar junto a Ino Yamanaka, su molesta y escandalosa amiga, era una de las cosas más entretenidas que había presenciado. Porque su cuerpo era magnífico y la forma en que sus caderas se frotaban contra las de Ino parecían hipnotizarte. Deliciosa, había dicho al verla. Y la quería para mí… Itachi había acertado al decir que se convertiría en una belleza con los años.

Ella sonreía alegre, como si no estuviera siendo admirada por la mayoría de los presentes, como si su vergüenza se hubiera ido repentinamente. Quizás el alcohol comenzara a nublarle los sentidos. Un chico de cabellos negros se pegó a la espalda de Hinata y comenzó a moverse provocativamente contra ella. Me puse de pie por impulso, dispuesto a apartarlo de mi prometida. Sin embargo, la Hyuga se dio la vuelta y se colgó de su cuello, hablándole al oído. Eso definitivamente no era lo que esperaba que hiciera.

-Me alegra que te unas, Sasuke.- se burló Ino, mirándome divertida.

-Sasuke Uchiha, ¿eh?- murmuró el sujeto, a quien pude reconocer finalmente como el novio de la rubia.

Tomé a Hinata de la mano y la atraje hacia mí. -¿Por qué no me muestras lo mejor que tienes?- sus mejillas se colorearon, pero volvió a sonreír.

Y no me había equivocado. Hinata Hyuga era demasiado provocativa. Quizás por ese aire inocente, esa personalidad dulce y el carácter firme. Su cabello olía a lavanda, no me había dado cuenta antes. Y su cuerpo parecía hecho para el mío, podía sentir cada una de sus curvas amoldarse a mí. Y me gustaba. Hinata Hyuga me gustaba demasiado.

(End)

Regresamos a la mesa algunos minutos después. Ino y Sai permanecieron en la pista, disfrutando de algunos momentos sólo para ellos. A veces me preguntaba si lograría alcanzar esa felicidad que ellos tenían, aunque al recordar que pronto me casaría la idea me parecía lejana. Sasuke podría dármelo todo, aunque realmente trataba de quitarme o que tenía. No era un matrimonio por conveniencia, tampoco por amor. Entonces, ¿qué tan beneficioso sería?

-Iré a buscar un trago.- murmuré.

Él me miró con sus ojos oscuros y me sentí algo tonta, pero necesitaba alejarme de ahí un momento. Finalmente asintió y yo me dispuse a ir hacia la barra, pero una mano me impidió avanzar.

-¿A dónde vas, muñeca?- el sujeto me miraba con diversión. -¿Por qué no bailas para mí como lo hacías en la pista?- su cuerpo se pegó al mío y me arrinconó contra la mesa donde sus amigos reían. –No seas tímida.- sentí su aliento a alcohol en mis labios y me mordí el labio. Estaba a un par de metros de la mesa, pero no podía ver a Sasuke. Una de sus manos se deslizó por mi espalda y llegó hasta un lugar donde no debía tocar. Mi palma impactó en su mejilla como acto reflejo. –Eres una…- y él también alzó la mano, dispuesto a golpearme. Cerré los ojos, pero el golpe no llegó.

-Suéltala.- la voz de Sasuke me causó un escalofrío. Sonaba demasiado fría, ruda, directa. Sasuke me tomó del brazo y me acercó a su pecho. El otro sujeto nos miraba con diversión. –No vuelvas a tocarla.- antes que pudiera entender lo que pasaba, el puño del Uchiha dio de lleno en el rostro de ese chico. Abrí la boca para protestar, pero no tuve tiempo. Fui arrastrada fuera del lugar.

El agarre se hizo más firme y estaba segura que me saldría un moretón. Sasuke me llevó hasta su auto y abrió la puerta para que entrara. –No me iré.- rezongué. -¿Qué pasa con Ino?-

-Métete al auto.- rugió. Sujetándome de nuevo. Negué. –No lo repetiré.- estaba enojado, sus ojos me lo decían. –Te lo advertí.- me empujó hacia el asiento y cerró la puerta antes que pudiera siquiera gritarle. Subió por el otro lado y se aseguró de que no saliera.

-Ino va a preocuparse.- susurré, pero él se mantuvo en silencio. –Está bien, haz lo que quieras.- me crucé de brazos y miré por la ventana. Pude ver una sonrisa formarse en sus labios. Eso hizo que me molestara aún más. El resto del camino fue silencioso. Sin embargo, en ningún momento sospeché que no iríamos a mi casa.