*se asoma a través de la puerta* Estem...Hola *recibe un chanclazo* Ok, me los merezco ;A; lamento haberme tardado tanto una vez más, en serio lo lamento, pero la inspiración no anda de buen humor conmigo y la escuela no es de mucha ayuda :c

Quiero darles las gracias porque a pesar de que ya había pasado tiempo hace unos días en una semana TODOS LOS DÍAS RECIBÍ REVIEWS. (En total fueron 19 comentarios sobre el capítulo 23 más otros. Varios diciéndome que les había hasta inspirado a hacer una historia de L. Muchas gracias, me matan *A*)Y hasta de dos. Estaba muy muy muy contenta ;A; y justo hoy/ayer recibí el review 164 así que decidí ponerme a escribir.

¡No me maten ;A;!


— ¿Estás completamente seguro de éste plan, Ryuzaki? — preguntó Ayumi por centésima vez, camino al auditorio de la universidad.

— Ya te lo he dicho. Todo lo tengo fríamente calculado — aseguró L una vez más, tratando de no perder la paciencia ante tanta insistencia.

— Pero es muy peligroso ¿Puedes pensarlo una vez más? Tal vez haya otra manera de…

— Es hora — interrumpió Ryuzaki, haciendo casi omiso a sus sugerencias — Aquí nos separamos. Siéntate lo más lejos de mí que puedas.

— ¿Pero cual es el problema que me siente cerca de ti…?

— Por favor, Ayumi, sólo por hoy al menos….

— Pero Ryuzaki…

— Hazlo — ordenó cortante y dándose la vuelta sobre sus talones.

La chica caminó con resignación, entrando al lugar junto con la multitud hasta llegar a un asiento vacío casi hasta el fondo. Podía ver la melena de Ryuzaki a varias sillas de distancia, hasta el frente, con una cabeza castaña a su lado.

La ceremonia comenzó y después de algunas palabras alentadoras de estudiantes y personal llamaron a los promedios más altos del examen de admisión para que dieran el discurso de bienvenida: Yagami Light y Ryuuga Hideki.

Los murmullos no se hicieron esperar e inundaron el lugar después de oír aquel nombre, pero cambiaron su tono de emoción a uno de decepción y confusión al darse cuenta todos que no era aquella celebridad japonesa, sino un joven desaliñado y encorvado.

— Yo me quedaría con el de la izquierda — escuchó Ayumi murmurar a una chica de enfrente, y al instante siendo reprochada por su amiga de a lado por sus malos gustos.

Ayumi rió.

Ryuzaki aparentaba leer, pero en realidad su hoja estaba completamente en blanco. Era un discurso cien por ciento improvisado, pero tan brillante y motivador que pareciera que había trabajado semanas en él. Cuando terminó todos aplaudieron, aun confundidos por ese extraño muchacho, y Ryuzaki curvó ligeramente los labios fingiendo agradecimiento, aunque en realidad era una sonrisa para la castaña de al fondo.

Entre toda esa multitud, ella era la única que sobresalía para sus ojos.

Pero no tenía tiempo de distraerse con esos pensamientos ahora. Tenía que llevar a cabo el plan de confesión con Light antes de que todas esas insistencias por Ayumi fueran a hacer efecto. Echarse para atrás era algo que no podía permitirse.


Las pesadillas se habían vuelto bastante recurrentes las últimas semanas al punto de que L ya estaba acostumbrado. No es que durmiera mucho, claro, pero cuando se daba el lujo de hacerlo no era nada placentero.

Esa noche en especial fue la peor de todas:

Estaban en Inglaterra, en su viejo piso antes de que todo el asunto de Kira comenzara. Ryuzaki se despedía de Hanni con un beso fugaz en la mejilla mientras ésta cocinaba y él se salía a comprar un postre para la tarde. Apenas se había tardado unos minutos en elegir un pastel ideal y regresar a casa. Cuando abría la puerta Ayumi ya no estaba en la cocina, sino en el suelo de la sala, con un hombre flacucho y sucio a un lado.

En cuanto L daba un paso, Light Yagami enterraba sus felinas garras en la espalda de Ayumi y rasgaba, manchando de sangre todo a su alrededor, despellejándole lenta y dolorosamente.

— ¡Basta! — suplicaba a gritos desgarradores y llanto, fusionados con las risas de su atacante — ¡Mátame ya! ¡Mátame!

L no sabía si se estaba desgarrando más la espalda de su amada o su corazón. Trató de avanzar hasta ella, pero por más que corría la distancia seguía siendo la misma, aunque los alaridos de dolor más fuertes, su espalda a carne viva, y la cruel risa de Kira más estruendosa.

— Todo esto es…tu culpa…— soltaba ella como últimas palabras, para que después sus ojos se apagaran por completo y su cuerpo desollado cayera al suelo.

Muerta.

Despertó de golpe, cubierto de sudor frío. Normalmente, sin importar que tal malo fuera el sueño, cualquiera que lo viera despertar no se daría cuenta. Pero esa vez era la excepción: el miedo que acababa de sufrir mentalmente segundos atrás se reflejaba claramente en sus ojos.

Recordó claramente aquellas primeras noches en Wammy's House, cuando él apenas era un niño. Siempre eran las mismas pesadillas sobre una oscuridad fría y espesa devorándolo, dejándolo desorientado y sin poder salir. Despertaba asustado y corría a prender la luz, y por más que deseaba hacerlo, jamás lloró ni recurrió a alguien más para que lo consolara. Simplemente se tragaba su miedo y se metía en la cama de nuevo aunque no fuera a dormir en toda noche.

Prendió la lámpara que reposaba en la mesita de noche y salió de la cama de un salto. ¿Cómo había llegado ahí en primer lugar? Seguro Ayumi lo había movido con ayuda de un agente al quedarse dormido en el sofá de nuevo.

No había ya ni un policía en la sala y todo estaba apagado. Perfecto.

Salió al pasillo y corrió escaleras arriba hasta el 346, abriendo la puerta sin tocar previamente, como malacostumbraba.

L no sabía por qué, pero se sentía obligado a comprobar si ella realmente estaba ahí. Su corazón suspiró de alivio al verla dormidita en su cama, con las cobijas hasta el cuello. A diferencia de él, ella parecía tener un buen sueño.

Un sueño que se vio obligado a interrumpir con un fugaz beso en los labios.

Hanni abrió los ojos poco a poco mientras una sonrisa tierna de dibujaba en su rostro, pero al ver la expresión de Ryuzaki se borró y se incorporó de inmediato en la cama, tomando la cara de él entre sus manos con delicadeza.

— Ryuzaki, ¿qué pasa? — quiso saber, alarmada. Él permaneció en silencio. — ¿Qué sucede, Ryuzaki? — insistió.

— Tuve una pesadilla — confesó.

— ¿Pesadilla? ¿Qué sucedió? — quiso saber, preocupada y extrañada por ese comportamiento.

— No importa, sólo...¿Puedo quedarme esta noche contigo?

Esa pregunta desató unas risitas por parte de Ayumi, quién se hizo a un lado de inmediato para permitirle acostarse y cubrirlo con las sábanas.

— ¿Pero que clase de pregunta estúpida es esa? — volvió a sonreír, acurrucándose a su lado, y él se apresuró a abrazarla. — ¿Ryuzaki?

L no recordaba la última vez que había llorado de verdad. Seguramente había sido por hambre cuando apenas era un bebé de un año o tal vez por un golpe a los dos y medio. El caso es que por primera vez en más de veinte años dejó que las lágrimas saladas recorrieran sus mejillas. Por primera vez en más de veinte años el serio y frío detective L Lawliet comenzó a llorar.

— ¿Ryuzaki, qué sucede? — inquirió alarmada, tratando de verle el rostro.

Pero éste no respondió y escondió las narices en su cuello, sin soltar ni disminuir la fuerza de su abrazo. Quería sentirla cerca, segura a su lado, sin probabilidades de que alguien fuera a quitársela sin que él se diera cuenta lo suficientemente rápido para defenderla. Verla muriendo tan repetidas veces le hacía flaquear, y la última pesadilla había sido la última gota que derramó el vaso.

No permitiría que nadie le arrebatara su tesoro más preciado ni en sueños. No de nuevo.

— Ryuzaki, no pasa nada — le decía ella, con una voz tan serena que le tranquilizó — Yo estoy aquí, contigo. Todo está bien — repetía, acariciando su enmarañado cabello como a un niño pequeño. L seguía siendo infantil en más de un sentido.

Cuando era pequeño, no tenía realmente a quién acudir, y luchó contra sus miedos solo sin permitirse ser mostrarse débil jamás. Pero ahora no tenía que preocuparse. Podía llorar y sacar todas esas molestias sentimentales que repiqueteaban su alma desde hace tanto tiempo. Aunque flaqueara y cayera por el abismo jamás impactaría contra el suelo…

Porque Jeannine ya había llegado, y sus brazos siempre estarían ahí para atraparlo.


¿¡DOS MESES PARA ESTO!? Sí, sí, sí, lo lamento, sé que es corto, suplico que no me reprochen ;A; Es que no quise escribir la otra parte que no tenía nada que ver porque se perderían los sentimientos de el final, o algo así (? en serio perdónenme. Y es que además ya quería subir. No me deja dejarles así sin señales de vida durante tanto tiempo ;A; Espero que aun así les haya gustado, y trataré de trabajar en el próximo capítulo y hacerlo más largo. ¡Prometo tardarme menos!

De todas formas disfruté escribiendo. Espero que hayan podido percibir ese infantil y pequeño Ryuzaki asustado por una pesadilla y se les haya hecho tan adorable como a mi ;A;

Por ahí una lectora nueva (¡Bienvenida!) me puso que quería lemmon, pero lamento que a las personas que hayan estado esperando por un capítulo así se verá decepcionadas: No podré lemmon en el fic.
Para mi el amor que se tienen esos dos es dulce e inocente, casi como si fueran niños, y un capítulo así siento que eliminaría esa esencia, además de que yo soy muy inmadura para esas cosas y me siguen incomodando esa clase de escenas explícitas xD por lo tanto no sería capaz de escribir algo así.

¡NOS LEEMOS PRONTO! De nuevo, mil perdones :( espero que me entiendan. LAS AMO MUCHO ^3^