Y te rechaza de nuevo. Y te humilla de nuevo. Hace pedazos una vez más este tonto corazón ya herido de por sí. Te recuerda una vez más que no eres lo suficientemente buena para él. Todo en tu interior es un remolino de sentimientos que hacen que tu corazón se estruje. Duele. Duele demasiado. Quieres llorar, pero no debes. Sólo le demostrarás lo débil que eres.

Tonta. Tonta. Tonta… Piensas, a punto de estallar en lágrimas. Mientras tu pecho punza y punza una y otra vez. Mientras todo por un momento deja de tener sentido total y… pierdes las esperanzas. Mientras miras al centro de tu mundo y te das cuenta de que está tan lejos de ti. Tonta. Tonta… ¿Por qué? ¿Por qué no puedo dejarlo? ¿Por qué no simplemente me rindo?

Eres tan tonta. Tú misma lo sabes. Eres tan extraordinariamente soñadora y obstinada. Todas las pistas están allí y las ignoras totalmente. Él no te quiere. Él no quiere nada de ti. Para él no significas nada y sin embargo sigues girando en torno a él como si tu vida dependiera de ello. Sólo te concentras en ser lo suficientemente buena. Aún así tus esfuerzos parecen no valer nada y sigues adelante.

No puedes rendirte. No puedes dejarlo. No quieres alejarte de él. Tienes la terca esperanza de que algún día llegarás a ser lo suficientemente buena para él. Confías plenamente en ello y quizá por ello eres más tonta todavía.