Quienes nos aman nunca nos abandonan…

*01*

Todo comenzó con una tormenta, una tormenta como no se había visto desde hacía mucho, mucho tiempo en Misselthwaite Manor.

Esa noche las nubes azotaban con sus húmedos látigos cada una de las ventanas de la enorme mansión mientras los relámpagos iluminaban de manera esporádica pero macabra el cielo tan negro como el azabache, los truenos parecían rugidos de criaturas terribles peleando por controlar la peor de las tormentas…

En el interior de la residencia inglesa dos niños se tapaban lo mejor que podían con las mantas tratando de callar el gruñir de la furia de la naturaleza. Esa noche Mary Lennox y su primo Collin Craven se habían desvelado hasta muy entrada la noche jugando con unos títeres de tela que el señor Archibald Craven les había regalado, una hermosa princesita hindú y un apuesto sultán de seda que había encontrado en una tienda de curiosidades en Londres.

¡Mary!- gritó Collin para hacerse escuchar- ¿Escuchaste eso?

¡Sí!- gritó a su vez su prima- ¡Es la tormenta más terrible que he escuchado!

No, no es solo la tormenta… Mary… alguien está afuera- saltó de la cama el pequeño Craven.

¿Afuera?- la pequeña rubia imitó a su primo- Eso es imposible, la señora Medlock cerró la puerta con llave ¿quién querría salir con este clima?

No lo sé, pero alguien está afuera, escucha- Collin se llevó una mano a su oreja derecha acomodando su cabello para escuchar mejor.

Mary hizo lo mismo acomodando sus rubios cabellos pero por más que lo intento no escuchaba nada, la tormenta era tan terrible que no lograba escuchar algo aparte del rugir de los truenos. Estaba a punto de decir algo cuando lo escucho… un sonido lejano… ¿un quejido? No, ¿llanto? No…

¡Alguien canta!- dijeron al mismo tiempo ambos niños.

Sin agregar nada más, los dos pequeños salieron de la habitación corriendo, ni siquiera se calzaron las zapatillas de noche o se pusieron las batas para estar un poco más abrigados.

Sus rápidos pasos se escuchaban por el vacío corredor, no pensaban detenerse hasta llegar a la última habitación del fondo del corredor, solo ver la puerta ambos niños empujaron con todas sus fuerzas.

La puerta se abrió de golpe justo en el momento en que el "Brooom" de un fuerte trueno hacía retumbar los cristales de todas las habitaciones de la enorme mansión.

¡Hay alguien afuera!- gritaron al mismo tiempo los niños.

Archibald Craven pareció salir de sus pensamientos solo escuchar la voz de ambos niños. Estaba sentado entre los almohadones con un libro entre las manos pero parecía el libro no había sido cambiado de hoja en un buen rato, el padre de Collin tenía sujeto con ambas manos el libro como si intentara aferrarse a algo pero no fue el libro lo que llamo la atención de los niños si no la expresión de su rostro. Si no lo conocieran tan bien como lo conocían ambos hubieran jurado que había visto un fantasma.

¿Tío Archie?- preguntó Mary.

¿Papá?- preguntó Collin.

Archibald sacudió la cabeza con todas sus fuerzas alborotando su negra cabellera salpicada de delicadas líneas blancas producto de esas canas que los años de sufrimiento le habían dejado como recuerdo.

¿Collin, Mary?- habló en un ronco susurro el señor de Misselthwaite Manor- ¿Qué hacen despiertos?

¡Papá, estábamos jugando con las marionetas y después vino la tormenta- decía atropelladamente Collin- parecen dragones peleando- Archibald se sonrió- Papá hay alguien afuera! ¡Mary y yo lo escuchamos!

Archibald abrió al máximo los ojos ¿habían escuchado alguien afuera?

¿Tío Archie?- preguntó Mary.

Mary Lennox no era una niña tonta y tampoco podía ser engañada tan fácilmente. No era la primera vez que ella escuchaba "algo" o "alguien" entre las oscuras habitaciones de la residencia de la familia Craven, en una tormenta anterior ella había descubierto a Collin, el pequeño era quien lloraba en medio de la tempestad. Ahora la expresión de su tío y su silencio lo confirmaban, él también había escuchado algo. ¿Qué podría ser? ¿Quién podría ser? Mary no creía en fantasmas, los fantasmas no existen ¿o sí? No, los fantasmas no existen, los fantasmas no lloran.

Niños, solo fue la tormenta- los trató de calmar Archibald recuperando la compostura- porque no duermen conmigo, verán que mañana por la mañana cuando llegue el día todo estará como antes.

Collin asintió, le gustaba mucho pasar todo el tiempo posible con su padre así que sin esperar a que se lo repitieran saltó a la cama introduciéndose entre las mantas en menos de un segundo.

¡Collin, hijo, tienes los pies helados!- exclamó Archie solo sentir la fría piel de los diminutos pies de su adorado hijo.

Collin soltó una risita traviesa mientras se abrazaba al costado de su padre. Así hasta podía olvidar por esa noche que había escuchado a alguien afuera de la casa.

Mary dudo un poco pero antes de que volvieran a repetirle la invitación, también la pequeña niña venida hacia tiempo de la India se metió entre las mantas recibiendo un tierno beso en la frente por parte de su tío para calmarla.

La noche siguió avanzando y la tormenta nunca bajo de intensidad, al contrario parecía que el cielo se caería sobre ellos inundando todo el páramo.

Ambos niños dormían plácidamente desde hacía horas, ambos pequeños se encontraban abrazados uno a cada lado de Archibald Craven, éste los protegía entre sus brazos de las sombras de la noche, con semejante guardián velando sus infantiles sueños sus dos niños no tenían nada que temer.

El señor Craven también hubiera dado todo esa noche por poder dormir como los dos niños pero, no podía, esa noche, su mente era un torbellino de ideas. Se había retirado a descansar después de uno de sus largos viajes de negocios, para tratar de conciliar el sueño había tomado un libro de la biblioteca y se había metido entre las mantas de su amplia cama para recibir el reparador descanso cómodamente con un agradable fuego de la chimenea… Fue entonces cuando la tormenta se dejó sentir, una tormenta atípica para esa época del año. Archibald Craven había soportado todo tipo de tormentas y tempestades a lo largo de su vida pero siempre se sentiría desarmado cuando éstas le asaltaban en la misma mansión donde había perdido a su esposa, siempre la escuchaba en cada golpeteo de la lluvia al menos hasta que Mary apareció en sus vidas… Después la felicidad de ser una familia de nuevo con su hijo y su sobrina habían hecho que los fantasmas de su pasado se alejaran… hasta esta noche.

No lo había imaginado, lo había escuchado, estaba seguro… Había alguien afuera, había alguien llorando afuera… era una extraña combinación de sonidos, parecía el llanto desesperado de alguien que sufre una pena infinita y la voz angelical que canta con las notas más dulces de su corazón una canción de alegría eterna… dicha y agonía en una misma nota.

Y por si no fuera poco, él había reconocido la voz de quién estaba afuera…

Lillias- musitó para sí mientras continuaba viendo sin ver a la oscuridad del exterior por entre las cortinas descorridas de la ventana.

Esa noche fue la primera tormenta de una serie de tempestades que anunciarían la llegada de un huésped no invitado a Misselthwaite Manor… Una visita que sin darse cuenta la soledad, tristeza y penas de Archibald Craven habían convocado hacia tiempo…

I heard someone singing.

Who, tho', could it be?

I heard someone crying,

Sounded like a father,

Left alone his love grown cold.

Continuara…