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Cicatriz

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Epílogo


Dos años después…

Dicen que el tiempo cura todas las heridas, ¿no? Aunque no es sólo cuestión de tiempo, sino también de cariño, comprensión y, principalmente, amor. Y eso Hinata Hyuga lo sabe mejor que nadie.

La habitación comienza a iluminarse lentamente, pues las cortinas han quedado mal cerradas, y ahora la luz proveniente del sol se cuela a través de la ventana. Hinata se cubre el rostro, deseando dormir un poco más, pero ahora le resulta imposible. Talla sus ojos con cuidado y disimula un bostezo. Acaricia, aún con los ojos cerrados, el lugar vacío a su lado. Frunce el ceño y tuerce los labios, ¿dónde está Sasuke?

Han pasado exactamente dos años desde aquella lluviosa noche donde él la salvó. Las razones que el Uchiha le dio para hacerla, principalmente aquella donde le decía que la quería, habían bastando para que ella accediera a darle la oportunidad que, en un acto reflejo, él le pedía. Y ahora, tanto tiempo después, no se arrepentía de ello.

-¿Sasuke?- preguntó, abriendo primero un ojo y luego el otro. No obtuvo respuesta alguna. -¿Dónde se ha metido?- salió de la cama y buscó a tientas el interruptor. –No está aquí.- eso era algo obvio, seguro, pero a ella no le importaba decirlo.

Sasuke Uchiha le había enseñado muchas cosas en ese tiempo. Ahora hablaba más y mejor, aunque cuando estaba muy nerviosa volvía a ser la chica tímida de antes. Asomó la cabeza por la puerta, sintiendo su larga cabellera azabache rozarle el hombro izquierdo. ¿Dónde se había metido Sasuke? El pasillo estaba completamente vacío y abajo no se escuchaba sonido alguno.

-¿Habrá ido a trabajar?- se preguntó a sí misma. –No, hoy es sábado.- recordó. Se encogió de hombros y salió silenciosamente.

Baja las escaleras poniendo un especial cuidado en la tarea. Si se cayera de nuevo, Sasuke seguro se preocuparía mucho. Y no es para menos, aunque lleva dos años viviendo en esa casa, aún sigue olvidándose de los lugares donde hay escalones. Tal vez Sasuke deba entender que sus piernas le fallan de vez en cuando, y que no tiene nada que ver el que ella sea tan distraída. ¿No es así?

-Sasuke.- le llama de nuevo, pero sólo el silencio la recibe. Entra a la cocina con paso firme, sintiéndose en un filme de terror. Sólo faltaría que alguien se parara detrás de ella y la apretara contra su pecho. Y parece que hoy no es su día de suerte, pues eso es exactamente lo que ocurre. Y, para no salir de papel, ella grita con fuerza y cierra los ojos.

-Tonta.- susurra Sasuke en su oído, entre serio y burlesco. Ella se lleva una mano al pecho y suelta un largo suspiro, tratando de calmar los acelerados latidos de su corazón.

-N-No lo hagas de nuevo.- susurra, con las mejillas encendidas por la vergüenza. Él le sonríe juguetonamente, girándola para mirarla a la casa. -¿Q-Qué…?- su voz es apenas un murmullo y eso a él le encanta. Porque le recuerda que ella sigue siendo tímida, dulce, tierna e inocente; aunque su vida hubiera sido un calvario cuando se hablaron por vez primera.

-Te amo.- Hinata le mira y sus labios tiemblan, porque aún no se acostumbra a eso, a él, a su cariño.

-Sasuke…- susurra despacio, con los ojos brillando por la emoción.

Sus labios se juntan lentamente, en un beso que para ambos significa demasiado. Porque el siempre es cariñoso cuando la besa, cuando la abraza, cuando le hace el amor. Y ella ya no teme estar con él en ninguno de esos momentos, porque ahora ella misma desea cada caricia, cada roce, cada emoción. Y su corazón se vuelve loco y cree que morirá por la felicidad.

-¿Cómo estás hoy?- pregunta él, separándose de su boca. Y ella se sonroja, sabiendo para quien va la pregunta.

Cuatro meses. Ese es el tiempo que ella tiene de embarazo. Hace dos meses comenzó a sentirse extraña y, después de una innecesaria visita al médico, como lo dijo Hinata, ambos se enteraron de la noticia: estaban esperando un bebé. Los ojos de la ojiperla se llenaron de lágrimas al escuchar al doctor decir aquello y algunos escalofríos la hicieron estremecer. Sasuke lo notó, pero no quiso cuestionarla frente al médico, quien le miraba preocupado.

La Hyuga temía la reacción del Uchiha, pues su experiencia con los embarazos no deseados no era del todo buena. Le había tomado a Sasuke varias horas convencerla de que aquello estaba bien, que no estaba molesto y que realmente deseaba tener un bebé con ella, pero finalmente lo había conseguido. Y Hinata disfrutaba cada día de espera, quizás porque en algún momento pensó que no sería capaz de embarazarse de nuevo.

-Sasuke.- le llamó ella. -¿E-Eres f-feliz?- no pudo evitar hacer aquella pregunta cuando le vio sonreír. El muchacho enarcó una ceja y la atrajo hacia su pecho, abrazándola posesivamente.

-Sólo cuando estás conmigo.- y ella soltó una pequeña risa, de esas que él tanto amaba.

-Te quiero.- susurró ella, cerrando los ojos. Él sonríe, creyendo en aquellas palabras.

El camino ha sido complicado hasta ahora, pero ambos han buscado la forma de seguir adelante. De vez en cuando Hinata tiene un mal sueño, pero siempre están los brazos de Sasuke para protegerla y sus labios para decirle cuanto la adora. En ocasiones la Hyuga juega con el cuchillo mientras cocina, pero luego recuerda que el Uchiha se molestará si vuelve a lastimarse, y ella no soportaría ver sus ojos vacíos de nuevos. Hay días que el pelinegro está de malas, aunque la ojiperla ha aprendido a solucionar eso con su risa.

El cuarto que alguna vez ocupó Hinata, ahora está preparándose para la llegada de su primer bebé. Ella quiere pintar el cuarto de rosa, pero él dice que debe ser azul. Ninguno sabe si tiene la razón o no, pero no cede ante la decisión del otro. Ella compra peluches y teje por la tarde; él ha decidido buscar por las tiendas ropas amarillas y de colores neutros, y se sienta a mirar las agujas ir y venir entre los dedos de su chica.

Ha sido difícil, sí. Principalmente al comienzo, pero parece que las cosas marchan mejor en estos momentos. Hinata ha aprendido muchas cosas de él y siente deseos de vivir cada mañana. Sasuke intenta hacerla feliz y lleva la relación al paso que ella puede aceptar. La Hyuga aún desconoce que el Uchiha le ha comprado un bonito anillo de compromiso, él sigue inseguro sobre la respuesta que la muchacha le dará. Lo que Sasuke no sabe, es que Hinata desea pasar con él toda su vida.

Y hay algo que ninguno de los dos sabe aún, y eso es que el cuarto debería ser azul… Pero también rosa… Que necesitarán más peluches, más ropas… Y es que Hinata espera dos bebés, un niño y una niña. Dos infantes que se robarán sus noches y los mantendrán en vela durante horas, pero que terminarán por devolver la luz a la vida de la ojiperla y que harán al ojinegro el hombre más feliz del planeta. Dos pequeñas criaturitas que terminarán por sanar las heridas que aún están cicatrizando.

Porque Sasuke y Hinata están creciendo como personas aún. Y la vida tiene mucho que ofrecerles. Y si están juntos, nada más importa.