Capítulo 1 : Una nueva aventura.

Lucy no sabía porqué lo había hecho, tan sólo que ya no tenía vuelta atrás. Pero en el fondo – se dijo en un alarde de sinceridad con ella misma – sí lo sabía: porque desde que Lissana había vuelto, la hermosa chica no paraba de abrazarse a Natsu a la menor oportunidad que le surgía para hacerlo. Que si por su reencuentro – vale, eso lo entendía – que para darle suerte en su próximo trabajo – vale, tenía pase – que si para darle la bienvenida al regresar de este – confesó que en esa ocasión, ya estaba hasta las narices de tanto abracito.

Y no era el abrazo en sí lo que la molestaba, sino la sensual, efusiva y aparentemente inocente forma que la chica tenía de hacerlo, y que a Natsu parecía encantar.

¿Pero por qué una cosa así la había llegado a molestar tanto en tan poco tiempo? – negó con la cabeza con todas sus fuerzas, intentando quitarse la idea de la mente, pero no lo consiguió. - ¿Por qué le dolían tanto los abrazos de Lissana? ¿Le dolían igual cuando se los daba a cualquier otro, a Gray por ejemplo? Pero es que a Gray tan sólo le había dado uno, el de reencuentro, y ninguno más; y de ningún modo había sido igual que los que daba a Natsu una y otra vez. Y aunque así hubiera sido, ¿y qué?

Sí, y qué; pues que en un alarde de "vetetúasaberqué" – se negaba a llamarlo celos – ella lo había besado. Y ahora las piernas le temblaban como un flan y se sentía la chica más desgraciada del mundo, no por haberlo besado, sino porque quizá él lo hubiese tomado a mal y no quisiera volver a ser su amigo jamás. Y eso sí que dolía de verdad. Ambos podían discutir, casi decirse de todo, las mil perrerías, incluso; pero perderlo como amigo, eso era más de lo que ella se veía capaz de soportar. Él fue el primero en confiar en ella, quien la llevó a Fairy Tail e hizo que su sueño se hiciese realidad. Él la había salvado una y mil veces de montones de peligros, él había arriesgado su vida por ella. Él, él, él…

Rendida, hubo de reconocer que ese "él", cuando de él se trataba, era especial. Y que aún deseaba que lo fuese más.

Así que había dado el primer paso hacia lo desconocido; ahora que había comenzado ese viaje sin retorno, tan sólo le quedaba decidir cuáles serían los pasos siguientes.

Suspiró, temerosa, emocionada, ilusionada… y decidida, pues si algo le sobraba, era decisión para luchar por alcanzar aquello que deseaba, fuese lo que fuese.

Grey estaba harto, más que harto… y desesperado. Había intentado quitársela de la cabeza por todos los medios a su alcance, y creía haberlo conseguido tras la sucia jugada que él mismo le hizo en Edoras; pero en cambio, lo único que había logrado, y a conciencia, era sentirse vil, aún más enamorado, e infinitamente culpable.

Ahora ella le huía, Juvia le huía, y no por culparle de su vileza – pues aún no la conocía - , sino porque pasaba los días pensando en el otro, que no era nadie más que él; pero ella no lo sabía, y él no era capaz de decírselo sin mostrarle las tinieblas de su propio corazón.

Y para colmo, aquel maldito ilusionista de tres al cuarto, que nadie sabía de dónde narices había salido, ni recordaban cuándo, pero que la tenía encandilada, - como a todas las demás mujeres de Fairy Tail - con la única magia real que poseía: la de sus palabras; una labia que las volvía locas, por saber decirles siempre, en cada momento, lo que ellas deseaban escuchar.

No como él.

Foggy Fogg, hasta el nombre era ridículo – pensó con rabia. ¿Por qué los demás hombres del Gremio no lo habían mandado al infierno todavía? ¡Si estaba "tanteando" a sus mujeres de forma descarada! Simplemente, porque el tipo era "gracioso e inofensivo", según palabras de Elfman y de todos los demás; pues a él le ofendía, y de qué modo.

Tan sólo habían transcurrido dos semanas desde su vuelta de Edoras, dos malditas semanas que él, Natsu, Hapy, Erza y Lucy, habían pasado prácticamente fuera del Gremio, enfrascados en un nuevo trabajo que llenase sus bolsillos de unos pocos jewels con los que poder pagarse unas cuantas comidas decentes, y poco más. Dos malditas semanas en las que no había vuelto a encontrar paz, ni la hallaría, hasta que no fuese capaz de enfrentar de cara su verdad. Y a eso había venido; pero ella prefería continuar huyéndole, sin ser capaz de mirarle a la cara, y arguyendo para ello mil excusas, una de ellas prestar demasiadas atenciones a ese asqueroso farsante.

A Gray se le revolvía el estómago de furia, con sólo pensarlo; pero no iba a mostrarlo; eso, jamás. No iba a aplastarle la cara de imbécil que tenía, con un Ice Make Hammer, como sus entrañas le pedían a gritos; ya habría tiempo para eso; quizá algún día, no demasiado lejano – se juró. Ahora sólo deseaba con todas sus fuerzas aceptar otro trabajo, el que fuera, para largarse bien lejos de allí.

Tan absorto en sus propios pensamientos como había estado, no se dio cuenta de que Natsu se había plantado ante él, y lo miraba, enfurruñado, como un niño enfadado que espera una buena explicación sobre algo que un adulto no está dispuesto a contarle. Y algo rarísimo en él: parecía preocupado, realmente preocupado.

- ¿Pero qué te pasa, cabeza de llamas? – le preguntó, molesto porque había cortado el hilo de sus cavilaciones, y contento por tener la oportunidad de volver a provocarle.

- Me pasa que no entiendo a las tías, en absoluto – Natsu se dejó caer al lado de Grey, confuso. - Lucy me ha besado, ¿y después sabes qué me ha dicho? Que es para que compare quién besa mejor, si Lissana o ella – Gray lo miró con ojos desorbitados, incrédulo, pero el otro continuó, sin prestarle atención - ¿Y ahora qué tengo que hacer? ¿Ir a pedirle a Lissana que me bese para poder comparar entre las dos y poder darle a Lucy una respuesta? – bufó, molesto - ¡Por lo menos Lucy podía haberme preguntado antes si Lissana me había besado alguna vez! ¿Cómo voy a darle una respuesta sobre algo que no tengo ni idea? – concluyó, mirando al moreno y esperando de él la confirmación de algo tan obvio, a su modo de pensar.

- ¿Pero serás idiota? – Gray en cambio respondió, aún sin dar crédito a lo que acababa de escuchar, y alucinando con la "inocencia" del otro – Lucy te ha tirado los trastos.

- ¿Me has estado escuchando, cabeza de hielo? – Natsu negó con la cabeza, frustrado – Lucy no me ha tirado nada, me ha besado para que yo compare si…

- No me refiero a eso, cabeza de chorlito. Lo que intento decirte, es que Lucy está celosa, de ti y de Lissana – ahora fue el turno de Natsu de que la mandíbula le rozase con el suelo y los ojos amenazasen con salirse de sus órbitas – Vamos a ver: ¿Qué es lo que sientes por Lissana? ¿Y por Lucy?

- Yo-yo-yoyo-yo… - el pobre seguía bloqueado, atónito – Yo no pienso en esas cosas – declaró por fin, frunciendo el ceño.

- Pues vas a tener que hacerlo, porque dos mujeres de armas tomar se te están disputando, quieras o no quieras. Y alguna solución tendrás que darle al asunto, digo yo, si quieres volver a tener paz en esta vida – Gray le soltó, sonriéndole con sarcasmo, aunque no parecía divertido en absoluto con aquella situación, como podría haberse esperado de él, dada su innata rivalidad con el chico.

- ¿Po-porqué las cosas no pueden seguir como están? – Natsu preguntó, sin ser capaz de comprender la situación en la que se había metido sin darse cuenta.

- Porque ellas no quieren que eso pase; o al menos Lucy no lo desea – le ofreció una mirada melancólica, que el otro observó, sorprendido – Dímelo a mí… - concluyó con amargura.

- ¿Decirte qué?

- Nada. Da igual – le dio una palmada en la espalda con excesiva fuerza, y el otro apunto estuvo de caer, pero cuando Natsu intentó devolverle el golpe, ya él caminaba hacia la salida – Soluciona tu problema cuanto antes; es un consejo – dijo sin girarse para mirarlo de nuevo, y se marchó sin dar explicaciones.

Natsu lo contempló largarse, con el ceño fruncido.

Horas después, Gray se lamentaba de su maldita locura. Había caminado sin rumbo fijo durante horas, intentando tranquilizarse, cuando por una calle que cruzaba la que él estaba recorriendo en aquel momento, le había pasado por delante Juvia, acompañada del tipejo ese. Un hormigueo extraño recorrió su cuerpo de arriba abajo y no supo porqué, pero se vio en la necesidad de seguirlos, y así lo hizo, cuidándose bien de no delatarse, pues no habría sabido cómo explicar su espía conducta.

La noche arropaba con su tranquilo manto la ciudad de Magnolia, Juvia y Foggy seguían caminando tranquilamente – tan sólo se habían detenido una vez, para tomar un refresco en una de las muchas terrazas que había por la ciudad, una de las más extrañas, él hubo de admitir, por los exóticos brebajes que se servían allí – y conversaban de forma animada.

En resumen; ni de coña sabía porqué demonios se empecinaba en seguirles, haciéndose a sí mismo más daño todavía. Pero no tardó en comprenderlo. Estaba apunto de cesar en su obsesión, cuando el grito de Juvia le traspasó el pecho como si fuese uno de los peores ataques de Natsu; un grito suplicante, desesperado, desgarrador.

No lo separaba de ella más que una esquina, la última que él se había negado a doblar, decidido a entrar en razón; pero la recorrió como si en vez de pies, la urgencia le hubiese prestado alas. Lo que vio le dejó atónito y desconcertado, pero por encima de todo ello, una furia loca, incontrolada, se apoderó de su cuerpo, de su cerebro y de todos sus sentidos. Juvia yacía en el suelo, bajo aquel hombre, inmovilizada por la fuerza de él, y sorpresivamente, aún no se había transformado en una corriente de agua que huyese ligera de aquel demente que estaba intentando hacer suyo su cuerpo sin piedad alguna.

Él no supo porqué ella no intentaba liberarse, pero no iba a esperarse a comprobarlo. De forma mecánica, por las miles de veces en que lo había hecho antes, adoptó una postura de combate, enfrentándose al hombre, que ya estaba sentado a horcajadas sobre ella.

- ¡Ice Make Geyser! – Grey gritó con toda su rabia.

Inmediatamente, un potente chorro de hielo salió desde el suelo y se elevó bajo el hombre – sin rozar siquiera a la mujer, de forma que a un no iniciado en la magia habría parecido milagrosa, pero que no lo era en absoluto -, traspasándolo sin contemplaciones, mientras lo alzaba varios metros del suelo.

Nada mas ver lo sucedido, Juvia se apresuró a ponerse en pie y correr hasta situarse tras Gray, pues sabía perfectamente que en aquella ocasión, de nada iba a servirle su apoyo, y que lo mejor que podía hacer por él, era ponerse a salvo.

Lanzas de puro hielo traspasaron al hombre como si este hubiese estado hecho de papel de seda, y él gritó, y gritó, sintiendo cómo la vida comenzaba a escapársele del cuerpo con los chorros de sangre que habían empezado a manar de los múltiples cortes practicados en él.

- ¡Ice Make Ham…! – Gray intentó gritar de nuevo, enfocando al hombre con una mirada cruel; pero la suplicante voz de Juvia se lo impidió.

- ¡Gray-sama! ¡Detente! ¡Este hombre no alberga magia alguna en su cuerpo! ¡Lo matarás! – corrió y se abrazó a él con todas sus fuerzas, para impedirle continuar.

Por un momento, Gray forcejeó con ella, y mucho más fuerte que la chica, apunto estuvo de lanzarla contra una pared; pero al encontrarse los ojos de ambos, toda la furia que había sentido hasta el momento, lo abandonó como si hubiese sido arrastrada por una suave y purificante corriente de agua creada por ella. La mantuvo pegada a él con desesperación, nada más que por un segundo, y después se deshizo de su abrazo hábilmente, recuperando su habitual semblante impasible.

- ¡Lárgate! – sin embargo gritó al hombre, con una voz que había recuperado toda su ira con sólo mirarlo - ¡Si vuelves a intentar dañar a Juvia, te mataré! – apretó los puños con fuerza, intentando controlarse.

El otro asintió, incapaz de pronunciar palabra, ensangrentado por todo su cuerpo; se puso en pie a duras penas, y comenzó a correr como alma que lleva el diablo, aterrorizado.

Hombre y mujer quedaron a solas en el callejón, en penumbra, pues ya había anochecido.

- Gray-sama, gracias por salvarme; he sido una tonta al escuchar sus palabras de amistad, y su ofrecimiento de pasear ambos a solas; yo sólo quería pasar un rato agradable conversando – él asintió levemente - ¿Cómo has sabido que yo estaba aquí? – Gray no dio respuesta a su pregunta, y ella se vio obligada a continuar – No sé qué contenía lo que él me ha hecho beber, pero sea lo que sea, ha anulado mi magia totalmente.

- Tendremos que averiguarlo. No es cuestión de dejar pasar una amenaza de ese tipo – él dijo con voz fría.

- Podrías haberlo apresado, en vez de dejarle marchar – la chica objetó en ese sentido.

- O se largaba, o lo mataba: una de dos – Gray tan sólo respondió – Te acompañaré a la residencia; no es conveniente que vayas por ahí sola, hasta que el efecto de ese brebaje no se te haya pasado.

Ella asintió y los dos caminaron en silencio durante el trayecto de regreso a la residencia de las chicas. Al llegar allí, el chico se despidió de forma educada.

- Que descanses – le deseó, de un modo demasiado formal.

Dio la espalda a Juvia y comenzó a alejarse de ella, caminando sin volverse para mirarla.

- G-Gray-sama… - ella llamó su atención. Pero fue en vano, él ya la había dejado sola por completo.

Las lágrimas desbordaron el dulce rostro de la chica, y continuó mirando fijamente al lugar por donde él había desaparecido en la distancia.

De vuelta en Fairy Tail, Gray se sentó en la barra con cara de pocos amigos, aunque ya casi nadie había en el Gremio para darse cuenta, pues la inmensa mayoría se había marchado a sus respectivos hogares. Tan sólo otro hombre yacía sentado también en la barra, con la cabeza apoyada en ella y enterrada entre los brazos; parecía totalmente ebrio.

- Dame lo que ha tomado ese tarugo – Gray pidió a Mirajane, señalando a Natsu con desdén, pues no era otro más que él, quien parecía dormir el sueño de los justos unas sillas más allá.

La chica, solícita y sonriente - como siempre - , le sirvió un gran vaso de agua, y el moreno se la quedó mirando con ojos de idiota.

De pronto, la voz del otro se oyó, procedente de ultratumba.

- No estoy borracho, imbécil.

- Pues deberías – se bebió el agua de un trago, con una sonrisa irónica - ¿Dónde está Happy?

- Seguirá intentando pescar el pez legendario del lago, para intentar impresionar a Charle – respondió con cansancio. – Ha perdido todo el día haciendo lo mismo.

- Al menos él tiene claro lo que quiere.

Natsu ya tenía una hiriente réplica en los labios, cuando las puertas del Gremio se abrieron, y un hombre las traspasó como un torbellino. El intruso se detuvo durante un momento, al parecer buscando a alguien, y al reparar en los dos chicos, reanudó su carrera hasta plantarse frente a ellos. Gray lo miró con ojos como platos, mientras Natsu, curioso, alzaba la cabeza, y al reconocer al recién llegado se sorprendía también. Ante ellos, Lyon Bastida los miraba de hito en hito, jadeante. Y Mirajane los observaba a todos llena de curiosidad, sin comprender porqué ambos hombres se veían tan afectados por la visita.

- ¿Qué haces tú aquí? – Gray le preguntó, una vez repuesto de la sorpresa.

- Jellal – el otro dijo sin más, intentando regularizar su agitada respiración.

Grey y Natsu se miraron por un momento, creyendo no haber escuchado bien, pero intuyendo que algo gordo estaba apunto de suceder, si no había pasado ya.

- Jellal ha escapado de la prisión perpetua impuesta por el Nuevo Consejo de Magia – se vio capaz de explicar por fin – y Jura Nekis lo hospeda en Lamia Scale.

- ¿Cómo? – lo interrogaron ambos, al unísono.

- Ya sé que es difícil de entender, pero Jellal está en muy malas condiciones; ha sido perseguido de forma implacable por Lahar y su Cuarta Fuerza de Obligación durante días, y ya no le quedan fuerzas. Ni siquiera puedo explicarme cómo ha sido capaz de llegar hasta nosotros, si no fuera por su loca obsesión por ella.

- ¿Ella? – Natsu preguntó, confuso.

- Por Erza; él dice haberse fugado para poder hablar con ella tan sólo una vez más. Y el maestro Nekis ha jurado cumplir su deseo. ¿Dónde está ella?

- Erza está haciendo un trabajo por su cuenta – Grey respondió, muy serio – No debe tardar en volver, pero nosotros podemos ir a buscarla para que adelante su regreso.

- No hay tiempo – el otro negó categóricamente. Lamia Scale está siendo asediado por la Cuarta Fuerza de Obligación, y tememos que pronto las demás Fuerzas se unan a esta.

- Ese tipo no me termina, Gray, pero siento que debemos ayudarle – Natsu clavó su mirada, también demasiado seria, en los ojos de su amigo.

- Ya lo sé – el otro respondió – y no sólo por Erza, sino también por la ayuda que nos prestó, a pesar de que en otro tiempo haya sido el cabrón más grande de este mundo – quedó pensativo durante un momento – Nosotros iremos contigo y os ayudaremos a ganar tiempo, hasta que Erza pueda reunirse con él. Mira – pidió a su compañera de Gremio, que aún los observaba tratando de entender qué estaba pasando, sin conseguirlo – busca a Erza y a Wendy, y diles que se reúnan con nosotros lo antes posible en Lamia Scale; si te ponen pegas, tan sólo diles esto: Jellal.

Ella asintió sin hacer preguntas.

- Sherry las aguardará en el bosque cercano al Gremio, y las hará entrar en él sin que se vean obligadas a pelear contra Lahar y sus hombres – Lyon añadió.

- No esperaba menos – Gray le respondió, en tono de advertencia. – Aunque al desafiar al Nuevo Consejo de Magia vayamos a enfrentarnos a ellos abiertamente, no queremos que la sangre impida dar una solución "razonable" a este problema, si es que existe. No haremos ningún bien a nadie si nos lanzamos contra ellos, sin más. Así que también a nosotros tendrás que hacernos entrar sin pelear.

- Eso lo daba por hecho.

- Bien. Natsu, busca a Happy y hazlo venir inmediatamente, aunque sea colgado de la cola.

- ¿Qué he hecho yo para que seáis tan crueles conmigo? – la voz del gato azul se hizo escuchar desde la puerta, exageradamente inocente. – ¿Me he perdido algo? ¿Quizá alguien ha sido rechazado? ¿Aye? – preguntó con voz maliciosa.

- Mira quién fue a hablar – Natsu le hizo callar, se acercó a él e inesperadamente lo agarró por la cola y lo alzó, como Gray había sugerido.

- ¡Natsu! ¿Cómo eres capaz de tratarme así? ¡Yo que confiaba en ti! – Happy gritó, se mostró falsamente ofendido.

- Olvida a esa creída al menos por un rato – Natsu le ordenó, y luego le sonrió alegremente.

- ¡Aye! – el exceed respondió, contento de volver a compartir una nueva aventura con su mejor amigo. Natsu lo soltó y Happy se acomodó sobre su cabeza de forma cómplice.

- ¡Preparados! – gritaron los dos.

Gray negó con la cabeza, dándoles por casos perdidos.

- En marcha, pues – dijo.

Los tres hombres y el gato abandonaron Fairy Tail, y también Mirajane, que se apresuró a cerrar el Gremio de forma definitiva por aquella noche y a cumplir con lo que había prometido.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

En primer lugar, jamás podré agradecer lo suficiente a ese pedazo de mangaka, Hiro Mashima, por haber creado un manga (luego llevado al anime) tan fuera de serie como lo es Fairy Tail. Con él estoy pasando ratos increíblemente divertidos, entretenidos y entrañables. Y por eso he decidido hacer un homenaje a ese manga sin igual a través de este fic.

En segundo lugar, lo he comenzado para poder dedicárselo a Carlos, mi marido, fan incondicional de Fairy Tail y enemigo declarado de Harry Potter (una de mis sagas por excelencia, y de la que tantos fics llevo escribiendo desde hace más de dos años). Por fin voy a conseguir que me lea, jeje. No puedo sentirme más feliz.

En tercer lugar, ya iba siendo hora de que escribiese algo distinto a Harry Potter, para irme "oxigenando". Me vendrá bien ir cambiando de aires de cuando en cuando, aunque no abandone, ni de lejos, mis otros fics.

Así que para todo aquel que se tope con este fic por casualidad o por elección, tan sólo espero que este primer capítulo le atrape lo suficiente como para poder darle una oportunidad. Y de antemano le doy las gracias.

Con todo cariño.

Rose.