Rosa roja

La chica estaba recostada inconsciente sobre la cama roja. Aún algunas lágrimas corrían por sus mejillas enrojecidas.

La ventana estaba abierta, dejando entrar el viento que traía con él algunos pétalos de rosas rojas del jardín. Entonces su mano izquierda perdió la fuerza de su agarre, dejando caer la carta blanca que momentos antes estuvo leyendo. Por otro lado en su mano derecha, yacía un frasco vacío de pastillas.

Los gritos y golpes en la puerta de entrada no cesaron, al contrario, se hicieron más fuertes. Pero ya todos los esfuerzos eran inútiles, "aún te amo", este fue su último pensamiento antes de dar su último aliento.