Como me Gustas

(basado en la canción de los Whiskyn's i los personages de Sherlock, ninguno de los cuales es de mi propiedad)


Cuando me miras sin decir nada

y siempre me adivinas el pensamiento,

sabes hacer de mi lo que quieres,

pero me gustas.


Amar es un verbo peligroso en el diccionario del doctor Watson.

Ama a su hermana y por eso sufre cada día al saberla atrapada en una telaraña de alcohol y autodestrucción de la que ni siquiera quiere salir.

Amaba a sus padres y cuando los perdió solo le quedaron recuerdos grises de una relación fría y distante con su padre y de una relación con su madre agobiante y opresiva.

Había amado una chica hacía años. Pero la relación se había roto cuando el ejército le había destinado a Afganistán. Las relaciones a distancia no suelen salir bien, especialmente cuando el que se va no puede prometer volver de una pieza y quien se queda tiene solo veintitrés años y toda una vida por delante. Al volver, John se había encontrado con que ella ya estaba con otro. Ahora están casados y esperan la segunda criatura.

Ama su país. Y ya le dio más de lo que se puede pedir para protegerlo. O como mínimo para seguir las ordenes de aquellos que decían protegerlo. Por suerte no tuvo que dar su vida con había visto a muchos otros hacer en el campo de batalla.

Había tenido que aprender a no amar demasiado a los amigos que hacía. Porque perderles a manos de una granada, un fuego cruzado o un autobús bomba, no era precisamente fácil. Peor era cuando los perdía en la mesa de operaciones intentando reparar el daño de una mina, por ejemplo.

John Watson había aprendido a ser cauto con el verbo amar. Porque ama su trabajo. Se sentía vivo salvando vidas, a pesar de las que no podía salvar. Y necesita, todavía hoy, esta sensación para sobrevivir.

Todavía no está seguro de poder aplicar este verbo a la extraña relación que tiene con Sherlock Holmes, pero no puede negar que el excéntrico detective le gusta. Le gustó desde el primer instante en que se conocieron.

Hasta cuando todo lo que sale de la boca del joven detective le exaspera y revuelta, no puede negar que el enigmático proceso de deducción de Sherlock lo maravilla cada una de las veces. Le gusta ver como una escena aparentemente inexplicable a ojos de cualquiera, esconde bajo la atenta mirada de Sherlock secretos inesperados. No puede dejar de sentirse cautivado cada vez que el detective les deleita con sus racionamientos agudos y cuidados. Hasta cuando su tono es condescendiente. Hasta cuando lo que describe es escalofriante, demasiado íntimo o simplemente está fuera de lugar.

Pero especialmente no puede dejar de gustarle cuando la escena a deducir es él. Cuando la mirada gris intensa se centra en él y en dos segundos le deja más desnudo que el día que nació. No hay manera de ocultar nada a Sherlock. Y eso es algo que le aterra y a la vez le fascina.

Es consciente de que el joven detective sabe perfectamente como manipularlo. No habían resuelto su segundo caso aún y ya era evidente (en como lo enredó para que llevara a Sarah donde él quería ir). Ni siquiera hace falta ir tan atrás en el tiempo, se acababan de conocer y Sherlock ya sabía qué botones apretar para hacerle mover: como demuestra el cómo le enredó con eso de "puede ser peligroso", o cómo le hizo correr por medio Londres dejando su bastón olvidado en Angelo's; Pero especialmente, demuestra como de bien el detective le hace ir por donde quiere, como con una sencilla frase le metió en la cabeza esta pequeña semilla que con el tiempo ha echado raíces dentro de él de forma inesperada. Si el propio Sherlock no hubiera dicho que se sentía halagado, John nunca habría considerado ni por un instante la posibilidad de una relación con un yonki de la adrenalina como él. O, de hecho, con un hombre, yonki o no yonki.

Pero sentados en Angelo's, cuando John a penas podía clasificar el hombre que tenía delante con otra etiqueta que no fuera la de genio, Sherlock le había mirado sin decir nada, por unos instantes, le había entendido perfectamente a pesar de sus tartamudeos y, aún así, lo había dicho tan tranquilamente: "Me halagas John".

Y así había hecho con él lo que había querido.

Y John lo sabe. Y aunque le revienta saberse un títere en manos de Sherlock, no puede negar que le fascina la capacidad del joven detective para hacer con él lo que quiere. Y cada vez que pasa se siente desnudo. Y se enfada. E intenta hacer como si le enfadara no tener privacidad ni siquiera en su propia cabeza. Pero no sirve de nada. Porque Sherlock sabe ver más allá. Y en el fondo John no puede negar que eso le gusta.