Todo aquello que solo te guardas para los dos

es como me gusta.


Es media tarde. John y Sherlock están tumbados en la cama tapados solo por una sábana. Están desnudos y sudados acaban de hacer el amor y se han quedado abrazados descansando uno en brazos del otro.

—John, quiero decirte una cosa y necesito que no me interrumpas —dice Sherlock acariciándole el cabello a John que descansa encima de su pecho.

—Está bien, Sherlock, di —y cierra los ojos para escuchar la voz potente y grabe de Sherlock directamente desde dentro de su caja torácica.

—Necesito hacerte saber una cosa que sé que me dirás que ya sabes y que no hace falta que te diga, pero que yo necesito decir y que quiero que me dejes decir. Sé que entiendes porqué nuestra relación ha de ser como es. Sé que entiendes que nuestra vida depende de que mantengamos en secreto como de importantes somos el uno para el otro. Sé que estás de acuerdo con ello y también sé que a menudo te muerdes la lengua para lograrlo. Son muchas las veces que veo como haces ver que nada pasa cuando en realidad te mueres de ganas de decirle a Mycroft, a Anderson, Lestrade o hasta incluso a un perfecto desconocido que no saben de qué hablan con tal de que sean ellos quienes se muerdan la lengua un rato.

»No, no sufras, no eres tan evidente. Casi siempre disimulas bien lo que piensas, especialmente con Mycroft. Pero te conozco John, es fácil ver rastros de molestia, exasperación y rabia cuando ellos no miran.

»¡No! no es un reproche. Sé el gran esfuerzo que haces y sé que lo haces de buena gana. Pero esto no quita que creo que necesitas saber que soy consciente del esfuerzo que haces y como es de significativo para mí que todo lo que tiene que ver con nosotros te lo guardes solo para nosotros dos. Aunque haya momentos en que te mueras de ganas de anunciarlo a los cuatro vientos o usar nuestra relación para hacer callar a más de uno.

»Sé que piensas que para mí es fácil. Lo es, en cierta medida, porqué si siento la necesidad de hacerles callar, sus propias vidas son un material mucho más útil.

»Sé que sabes que aunque nuestra vida no dependiera de mantener la ilusión de que solo somos compañeros de piso y colegas, yo, probablemente, te habría dado decenas de otros motivos para no hacerlo publico. Y sé que tú lo habrías aceptado. Y sé que lo sabes, pero me parece adecuado decirte como de importante es para mí que sea así.

—¿Sherlock, intentas decirme que me amas? —le interrumpe finalmente John con una sonrisa en los labios, sin alzar la cabeza del pecho del detective. Sabe que Sherlock se siente incomodo hablando de estas cosas y mirarle a la cara solo haría que alterarle.

—No. Ya te expliqué una vez lo que opino de ti y, si no recuerdo mal, que no lo hago porque tengo memoria eidética —añade con tono indignado—, estuviste de acuerdo con todo lo que te dije.

—También recuerdo haberte dicho que aceptaba tu opinión al respecto pero que no coincidía con ella. Además los sentimientos cambian con el tiempo Sherlock.

Con la mano acariciaba el pezón derecho del detective y bajo su oreja siente como el corazón del joven da un salto. Pero John no está seguro de si la aceleración se debe a que se siente acorralado o a la leve caricia.

—Admito que es posible que haya algunas opiniones que se intensifiquen o disminuyan, pero no cambian, no cuando son tan claras. Lo que sentía por ti entonces no ha cambiado. Sigo sintiéndome atraído físicamente por ti. Intelectualmente sigo pensando que si te dedicaras un poco más al ejercicio de tu intelecto podrías mejorar, la prueba es que has hecho un gran avance desde que nos conocemos.

»Siento por ti una camaradería que nunca había logrado sentir con nadie más. Y una admiración que sobrepasa toda lógica. Admiro la tu capacidad empática, profundamente, aunque sé que a menudo se convierte en un obstáculo para tu razonamiento lógico, también es cierto que a veces nos ha salvado la vida. Admiro tu coraje, valoro tu espíritu de equipo y temo tu predisposición por considerar tu vida menos importante que la mía.

»Me desconciertan tus prioridades cambiantes en la vida, pero he descubierto que a veces es divertido dejarte escoger a ti. Encuentro muy agradable tu predisposición al orden. Considero tus gustos por la música y la literatura banales y descuidados. Por contra en el comer eres mucho más refinado. Tienes muchas buenas cualidades, que valoro más de lo que te puedas imaginar. Eres leal, sabes seguir una orden, sabes guardar un secreto, no te da miedo hacer lo correcto y tienes un buen sentido del humor; Eres una de esas personas que cuando ríe ilumina la sala entera, entiendes los intercambios sociales y a la vez eres capaz de entender mis razonamientos lógicos y de algún modo hacerlo encajar todo en un solo lugar; Eres honesto, generoso y paciente.

»También tienes malas cualidades. Eres irascible, un poco ingenuo, y despistado. A veces hablas demasiado sin decir nada. Te quejas por todo, no aprecias la buena literatura ni la buena música, y eres incapaz de aprovecharte de nadie aunque sepas que se lo merece o que se lo puede permitir. Y los deseos físicos te ganan siempre la batalla.

»Pero en general las buenas cualidades sobrepasan de largo las malas, y hasta algunas se compensan.

»Palabra por palabra, John, te acabo de repetir lo que ya te dije entonces, y nada ha cambiado. Salvo quizás que algunas de estas cosas se han intensificado. Por ejemplo cada día me molesta más la música que escuchas, John.

—¿Sherlock recuerdas qué te dije yo aquella noche? —le pregunta finalmente John cuando acaba el discurso, al fin alzando la cabeza de su pecho para verle a la cara.

—Me dijiste que sí —responde el detective con una mueca de prepotencia y picardía en el rostro.

—No seas idiota, Sherlock —lo regaña dándole un golpe en el muslo, le habría pegado en el culo pero no llega, al estar Sherlock tumbado panza arriba—, hablo de después de responder a tu estúpida pregunta. Te dije que lo que describes es cierto pero que creía que había más de lo que eras capaz de poner en palabras— John vuelve a recostar la cabeza en el pecho de Sherlock y vuelve a hacer patrones circulares sobre su torso con la mano mientras sigue hablando—. Te niegas a admitir que eres capaz de sentir amor, Sherlock. Por aquel entonces no estaba seguro del todo, y por eso no insistí en el tema. ¿Si yo no estaba seguro de lo que sentía por ti como podía estar seguro de lo que tú sentirías por mí? Pero las cosas han cambiado, Sherlock. Ahora te conozco mejor —dice recostando la barbilla en el pecho de Sherlock para poder mirarle al rostro—. Y el hecho que necesites asegurarte que sé que sabes que hago un esfuerzo considerable para guardar en secreto lo nuestro y que lo valoras enormemente, lo demuestra. No solo sientes cosas por mí que no sabes acabar de identificar sino que te preocupa lo que yo siento por ti —añade alzándose sobre el su codo para verle con claridad—. Y esto Sherlock es todo lo que necesito para saber que me amas.

—Yo no... —intenta negar Sherlock.

—Yo también te amo Sherlock —le interrumpe—. Más que a mi propia vida.

Sherlock no responde inmediatamente, y cuando lo hace habla en un susurro angustiado y resignado.

—Esto es lo que me asusta, John.

Sherlock no ha negado que le ame y eso hace sonreír al doctor, que mirándole a los ojos de nuevo murmura:

—Lo sé —entonces alarga el brazo para pasarle la mano entre los cabellos de forma reconfortante—. Y te amo más por ello.


Grissina: cada vez me quedan más empalagosos y no se si me gusta...