Hola mis amores. Ya se…ya se…mucho tiempo. Pero os prometo que ha merecido la pena hasta el último segundo de espera. Os adoro. Gracias por los mensajes de ánimo que me dejáis, tanto aquí como en mi Twiter, no sabéis cuanto significa para mi saber vuestra opinión. Espero que os guste ya me contareis. Un besito preciosas.

Alexía.

Capítulo 23 Los peligros de mentirse a uno mismo

Draco Malfoy era un hombre complicado.

A simple vista superficial, guapo, arrogante, atractivo, seguro de sí mismo, inteligente, frío e increíblemente mentiroso.

Lo malo de las vistas superficiales, es que solo permiten ver una pequeña parte de lo que realmente hay. Excepto en su caso, lo que se veía era lo que había.

Salvo las mentiras. En su vida diaria el mentía montones de veces, pero a si mismo jamás. El era realista, siempre analizaba la situación y veía las cosas como eran. Sin engaños.

Por esta razón, es por la que solo, ante sí mismo, se reconocía la verdad sobre su situación actual.

A él le apetecía... él quería… él deseaba… él NECESITABA... acostarse con Hermione Granger.

Tras salir de las tres escobas, con un Blaise muy sorprendido siguiéndole sin decir palabra, pero intentando adivinar lo que pasaba, se había acostado con Pansy.

Detrás de ella y con el paso de los días otras muchas habían pasado por sus brazos con el mismo resultado. Mientras lo hacían, su cuerpo respondía, pero ninguna lograba retener su atención más allá del tiempo suficiente para aliviarse. No era excitante, no era ardiente y siempre acababa de la misma manera…recordando la noche antes de la vuelta del los estudiante al colegio.

Había pasado muchos años desde que Draco conociese el sexo por primera vez. Con el paso del tiempo había mejorados sus aptitudes en este refinado arte. Se había convertido en un amante experimentado, cada mujer que le veía deseaba encamarse con él y todas sin excepción querían repetir la placentera tarea de entretenerle. Un momento… ¿Había dicho todas…sin excepción…?

Él no se mentía así mismo, así que debía corregir la frase.

Todas querían repetir, excepto Granger. Hacía dos meses de aquella fatídica noche. Fatídica sí.

Había tenido una de las experiencias más calientes de su vida, uno de los mejores orgasmos y todo ello sin siquiera desnudarse completamente. Pero según sus propias palabras, aquella sería la última noche. Y al parecer, solo él tenía ganas de repetirlo. Durante ese tiempo las ganas de acorralarla y hacerla suya habían sido tan fuertes, que a duras penas había podido contenerse. Bueno tampoco era muy realista decir a duras penas. Había varios hechos que le había ayudado a mantener la distancia.

Para empezar su mejor amigo, parecía haber establecido una especie de amistad con Granger. Solían hablar antes y después de las clases que compartían, se saludaban en cualquier lugar que estuviesen y aunque habían llovido criticas por las dos partes, ninguno de los dos había decido dejar de verse. Incluso habían ido juntos al partido de Quidditch de Ravenclaw contra Hufflepuff y lo cierto es que parecían cada vez más unidos.

Draco no le pregunto a Blaise de que hablaban o qué clase de relación tenían, porque estaba seguro de que su amigo se preguntaría el porqué de su interés.

Por otra parte estaba Potter, que parecía haberse convertido en la sombra de Granger. Era muy poco habitual verles separados desde que la comadreja había conseguido novia e incluso una gran parte de la escuela no dudaba en afirmar que ellos mantenían una relación.

Por último, estaba ella, que parecía completamente decidida a fingir que él era parte del mobiliario. Esquivaba su mirada, se cambiaba de pasillo si él iba por el mismo y cambiaba las guardias con otras prefectas para asegurarse de no coincidir con el bajo ningún concepto. Incluso salía de la biblioteca si él estaba.

Todo lo hacía con la mayor serenidad posible…aparentando una calma que Draco sabía que no era real.

Porque si algo le había quedado claro a Draco es que Hermione Granger se parecía mucho a él. Era una gran mentirosa, aparentando ser una señoritinga estirada, correcta y mojigata, cuando en realidad de lo único que estaba hecha la señorita prefecta perfecta era de ardiente lava.

Draco fijo su mirada en ella desde detrás de la estantería, desde donde la miraba.

Cada noche…sus manos le hormigueaban recordando su tacto, su piel ardía ante el recuerdo de la tibieza de su piel, su mente era invadida violentamente por su aroma, todo su cuerpo se alteraba al recordar el suyo apretado sobre el de él y su boca..mmm...el sabor de aquella dulce caliente y adictiva boca.

Ya eran las cinco y media quedaba media hora para la cena y la biblioteca estaba totalmente vacía. Fuera el sol comenzaba a ocultarse y las sombras pronto tomarían el castillo. Pensó, como buen Slytherin, en cómo aprovechar la situación para su propio beneficio. Pero viendo la profunda concentración con la que Granger leía aquel enorme libro supo que la única manera de llamar su atención iba a ser enfrentándola así que, salió de su escondite sigilosamente hacía la mesa donde la chica se encontraba.

Ella seguía sumida en su tarea , ni siquiera levantó la cabeza hasta que no oyó la silla moverse.

-¿Qué haces?-le amonestó nerviosa en un siseo, mirando a los alrededores para ver quién podía estarles mirando. No había nadie en toda la biblioteca. Probablemente él ya se había asegurado de eso.

Draco levantó la ceja con escepticismo.

-Lárgate. ¿Porque te sientas aquí?- le preguntó molesta volviendo a bajar la mirada hacía el libro dispuesta a ignorarlo y no seguirle el juego.

-Porque puedo.-le contesto con un deje de aburrimiento en la voz.

-Vete Malfoy. Me estas distrayendo.-le ordenó con un tono de molestia para que se diera por aludido.

-Yo no estoy haciendo nada, si mi simple presencia te distrae no es mi problema. Es el tuyo, aunque por otra parte lo entiendo, os pasa a todas.-le contestó acentuando más el tono de soberano aburrimiento para hacerla enfadar.

Funcionó. Porque ella levantó la cabeza en cuanto dejó de hablar. Sus ojos marrones brillaban con la rabia impresa en ellos.

-No es tu presencia lo que distrae, es tu persona que me molesta y me enerva. De ahí la distracción. De tu insoportable persona que me crispa los nervios.-a cada palabra, le dio un matiz de despreció que hizo a Draco reírse interiormente, era tan fácil sacarla de quicio.

-¿Así que mi presencia no te distrae?-le preguntó queriendo llevarla a su terreno.

-Para nada.-le aseguró bajando la cabeza hacia el libro aunque sabía que iba a poder leer nada hasta que él se fuera.

Él pareció entender el mensaje porque se levantó y desapareció de su vista. Levantó la mirada al frente. No estaba. Suspiró, para su disgusto con cierto pesar.

Habían pasado dos meses desde la última vez que habían estado así de cerca. Dos meses desde que los estudiantes volviesen de las vacaciones. Dos meses desde que había probado por primera vez el éxtasis.

Hermione no tenía experiencia con los hombres, pero sí que tenía un poco de experiencia con el sexo. Bueno, no específicamente con el sexo pero conocía su cuerpo y era experta en satisfacerse. Sin embargo, nada podía compararse con lo que había vivido aquella noche.

No había podido encontrar nada semejante a la sensación de sentir aquel ancho y gran cuerpo debajo ella, aquella piel caliente, aquellos labios demandantes, su respiración en el cuello, sus manos por su piel... cada noche rememoraba lo que él le había hecho y se lamentaba por no haberle correspondido como le habría gustado...cada noche fantaseaba con las caricias que podía haberle hecho mientras se acariciaba a sí misma...se removió inquieta en la silla. Desde aquella noche su mente se dividía entre las ganas de repetir y el deseo de mantenerse apartada de él.

Sabía que hacia bien esquivando a Malfoy. Pero no era fácil mantener la compostura, cuando un hombre tan atractivo y que te atraía tanto, estaba tan claramente interesado en acercársete. Porque puede que ella no tuviese mucha idea, pero no era tonta.

Cada día podía sentir la mirada de Malfoy siguiéndola, lo hacía cuando estaban a solas o cuando sabía que era seguro, pero ella siempre se daba cuenta... durante el desayuno, cuando se cruzaban en algún pasillo, en clase de Runas... su cuerpo respondía ante su ardiente mirada, los recuerdos de sus encuentros inundaban su mente, los gemidos resonaban en sus oídos... así que, como consecuencia decidió no volver a mirarlo directamente...aunque eso no evitaba que cuando él no miraba, ella si lo mirase a él.

Volvió a mirar la silla vacía de enfrente, mientras acariciaba distraídamente la trenza de lado que se había hecho para estar más cómoda. Suspiró, ahora sí, con un pesar más evidente. Reconocía que el hecho de que él hubiese vuelto a buscarla, le había gustado más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Lo había echado, pero ahora que no estaba...

-¿Pensando en mí?-Le susurró su voz desde detrás de la silla haciéndola sobresaltarse.

-No.-le dijo en un tono bajo, sobrecogida por sentir el calor que irradiaba el cuerpo del Slytherin.

-Mentirosa.-le susurró rozándole la oreja con los labios y logrando que la chica se estremeciese de arriba abajo.

-¿No te había dicho que te fueras?-le preguntó ella en un murmullo reprimiendo las ganas de echarse hacia atrás y apoyarse en el pecho del chico.

-Me lo dijiste pero no te hice caso.-murmuro con descaro inclinando la cabeza y deslizando sus labios entreabiertos por su sensible cuello ganándose un pequeño gemido de la castaña.

Iba a pasar a la acción cuando el sonido de unos pasos cerca de la puerta lo sobresaltaron.

-Disimula.-le dijo al oído antes de moverse rápidamente hasta la silla que la chica tenía enfrente. Ella abrió los ojos que había tenido cerrados para mirarlo sin entender.

Draco la miró con una sonrisa altanera mientras hacía un gesto con la cabeza hacía la puerta.

Un violento sonrojo tiño sus mejillas, al ver a unos niños de primero de Hufflepuff entrar a la biblioteca. Nerviosa, se pasó las manos por el pelo y se recogió el pelo con una goma en un apretado moño.

Draco sonreía con malicia mirándola, sus coloreadas mejillas, la manera en que se había recogido el pelo por el calor, como se mordía el labio. Estaba claro que la había descolocado y ahora no sabía qué hacer con él. No había problema, él iba a ayudarla.

-Ven conmigo.-le pidió con voz baja y ronca inclinándose hacía delante.

Ella negó con la cabeza mientras miraba a los de primero sentarse en una de las mesas de la parte delantera de la biblioteca. Bastante alejados de ellos.

-Vamos Granger, lo deseas tanto como yo.-le dijo con voz ronca persuasivo. El aire a su alrededor estaba electrificado y le dio la sensación de que la temperatura de la habitación había subido varios grados.

Ella volvió a negar con la cabeza. -No, vete.-le dijo ella en voz baja sin mirarle a los ojos.

-Quiero besarte Granger.-manifestó el con simpleza.

Ella cerró los ojos. -Yo no.-murmuró intentando aparentar calma.

-¿No quieres que te bese?-Ella negó con la cabeza

- Mentirosa. -Le dijo con un ronco susurro mientras se reía en voz baja.-Si no estuvieran esos estúpidos aquí te demostraría lo increíblemente mentirosa que eres.-le aseguró el con voz tomada.

Los latidos de su corazón se dispararon al oírlo, ese tono tan masculino, tan sexy tan perturbador... la estaba llevando por mal camino.

-¿Y cómo ibas a demostrarlo?-musitó ella sin poder evitarlo.

Draco sonrió con él deseo plasmado en sus ojos. Iba a darle todos los detalles.

-Si esos críos no estuviesen ahí, Granger… te tumbaría sobre la mesa, te besaría hasta hacerte perder el sentido, te arrancaría la ropa y te marcaría como mía… tan fuerte y tan profundo que no sabrías donde acaba tu cuerpo y comienza el mío.- él había bajado el tono cada vez más y clavando sus ojos grises en los suyos. El corazón de Hermione palpitaba con fuerza, la caliente y desvergonzada afirmación del rubio la había excitado. No debería…estaba mal…pero…él era tan…

-Ven conmigo.-musitó él tendiéndole la mano por encima de la mesa sin quitar su mirada de la suya.

Su cuerpo palpitaba, notaba un leve calor extendiéndose por su vientre… debía decir que no. Tenía que decir que no. Pero en vez de hablar tomó la mano que él le ofrecía. Los ojos de él brillaron intensamente, mientras cerraba su mano sobre la de ella y la dirigía para salir fuera de la biblioteca.

Hermione ni siquiera pensó en recoger sus cosas, no pensó en si alguien podía verlos. Solo pensó en apartarse rápidamente de miradas indiscretas y poder repetir lo del otro día. La mano de él seguía sujetando la suya mientras la llevaba por los pasillos, hasta llegar a una puerta que abrió con un movimiento de varita. Sintió la boca de él tomar la suya mientras oía a su espalda como se cerraba la puerta.

No se hizo de rogar…no esta vez. Metió los dedos entre su pelo y lo beso con ganas. Dejando que él la apoyase contra la puerta mientras devoraba sus labios. El beso no empezó de forma dulce sino que lo hizo de forma voraz, ella gimió dentro del beso al sentir como la lengua de él embestía dentro de su boca, para después chuparla y saborearla con desenfreno.

Sin darle un segundo las manos de él bajaron a su trasero y sobándoselo con lujuria hizo chocar las caderas de ambos. La erección de Draco choco contra su sexo obligándola a gemir todavía más alto, podía sentirla dura y caliente incluso a través del pantalón del uniforme. La boca de él atacó su cuello sin piedad lamiéndolo con rapidez, mordiéndolo con intensidad y chupando con fuerza. Ella echó la cabeza hacia atrás gimiendo con pasión mientras con una mano lo agarraba de la nuca y con la otra tiraba de la camisa para sacarla de los pantalones y acariciarle la parte baja de la espalda.

-Joder, como me pone que hagas esos ruiditos.-gimió él en su oído. A lo que ella, excitada, respondió llevando la boca hasta el oído de él y gimiendo bajito y caliente para él.

Draco volvió a atacar su boca con ímpetu y sin poderse contener embistió contra las caderas de ella, que en vez de asustarse bajo la mano que tenía en su espalda hasta su culo y lo hizo volver a chocar. Encendido y caliente como jamás en toda su existencia la levantó en peso pegándola a la puerta y obligándola a rodear sus caderas con sus largas piernas.

Era la postura perfecta, sus sexos se presionaban, se rozaban y al mismo tiempo tenía las manos libres para abrirle la blusa y tocarla. Esta vez, no esperó. Cuando el sujetador de encaje beige quedó a la vista llevo los dedos al broche delantero y libero sus pechos. Llevaba tantos días imaginando ese momento que no se contuvo. Bajo la cabeza sin dejar de frotarse contra ella y se metió uno de sus tiernos pezones en la boca, mientras acariciaba el otro con su mano. El intenso gemido de ella resonó en cada milímetro de su cuerpo contribuyendo a endurecerlo más si eso era posible.

Las manos de ella se cerraron en sus cabellos para acercarlo más hacia sí. Él lo interpretó como una buena señal, así que empezó a dar pequeñas estocadas contra su sexo y a chupar con más fuerza.

Hermione empezó a gemir sin ningún tipo de control. El contraste de su lengua pasando rápidamente por sus pezones, mientras al mismo tiempo chupaba y embestía era una locura.

Lo tomó de la nuca bruscamente para poder besarlo, agarrándole del pelo con un mano para poder dirigir y profundizar el beso. El se dejó besar extasiado, temblado al sentir como la lengua de ella se enredaba en la suya.

-Me estas matando.-murmuró con voz rota mientras dejaba resbalar sus labios entreabiertos desde su cuello hasta sus pechos para continuar acariciándola.

-La mesa…-murmuro ella muy bajito pero con la voz teñida de lujuria y prisa.

Draco accedió al momento, agarrándola de las caderas para no bajarla y sin dejar de besarla, caminó rápidamente hasta la mesa del profesor y la sentó al bordillo.

Ella separó las piernas para dejarle hueco, mientras subía las manos hasta su cuello y se lo acariciaba para besarlo. Él se metió en medio volviendo a apretarse contra su intimidad, disfrutando del beso que la castaña le estaba regalando.

Aprovechó que él volvía a llevar la voz cantante en el beso para bajar las manos y abrir los botones de su camisa. Rompió el beso para darle dándole cortos y apasionados besos por el cuello bajando hacía los hombros. Pasó las manos por sus definidos pectorales y con las puntas de los dedos acarició las sensibles tetillas para continuar bajando hacia el ombligo y los abdominales. Miró hacia arriba, los ojos de él destilaban pasión y sexo a partes iguales, sus ojos normalmente grises claro se habían oscurecido en un gris humo precioso. Tenía los labios entreabiertos mientras intentaba respirar y su cara reflejaba tanto placer y deseo que sintió como los últimos vestigios de la razón la abandonaban. Consumida por el deseo y sin pensarlo, bajó las manos hasta el cierre de sus pantalones y sin apartar su mirada de la suya empezó a desabrochar lentamente el botón y bajar la cremallera. El contuvo el aliento cuando sintió la cremallera bajar dejando a la vista sus bóxers y su ya dispuesta erección.

Hermione bajó la mirada hacia abajo. Un considerable bulto presionaba la tela de seda negra invitándola. Volvió a mirarlo a la cara, estaba expectante, a la espera del siguiente movimiento de ella.

Se pasó la lengua por los labios, sin dudar usó la mano izquierda para agarrarlo del antebrazo y hacerlo agacharse para poder besarlo mientras colocaba con timidez y suavidad la mano sobre su rígido miembro. El exhaló de golpe todo el aire que, sin darse cuenta, había estado conteniendo y totalmente desquiciado devoro sus labios una y otra vez, mientras la inexperta mano femenina lo acariciaba sobre la ropa primero apretándolo suavemente y después presionándolo con más fuerza, frotándolo más rápido hacía delante y hacia atrás. Ella gimió dentro de su boca, sus pechos rozaban el pecho de él, endureciendo sus pezones, que él acariciaba sin dejar de besarla. Excitado coló una mano bajo su falda y tocó suavemente con los dedos su sexo sobre la ropa interior. La humedad que le recibió le quitó la poca cordura que le quedaba.

Obligó a la chica a quitar la mano y la tomó de la caderas para hacerla tumbarse sobre la mesa. Sin perder un segundo, la agarró de las rodillas para acercarle el trasero al bordillo y pegar sus sexos con violencia. Ella gimió bruscamente. Y llevó su mano derecha a su abdomen donde le clavó las uñas sin poder contenerse. Ese apasionado gesto le valió una serie de fuertes embestidas que hicieron que su cabeza diese más y más vueltas.

Un fugaz y caliente pensamiento pasó por la cabeza de Hermione, se moría por tocarlo pero le daba vergüenza...aunque...si no hubiese luz. Otra potente embestida la devolvió a su excitante realidad. Lo agarro de la muñeca y lo hizo tenderse sobre ella para volver a besarle. Separó más las piernas para recibirlo echando las caderas hacia delante para favorecer el contacto mientras bajaba las manos resbalando por su espalda hasta su trasero que apretó con fuerza para pegarlo más a ella. Rompió el beso para lamer su cuello. Con el control ligeramente en sus manos, se concentró para pensar el hechizo que le sumiría en la oscuridad total. "Tenebris ad me uenire." Las ventanas se cerraron de repente quitando a la habitación la poca luz que le llegaba de fuera.

Aquello pareció gustarle también a él porque mientras la besaba volvió a su posición original. Hermione sonrió sensualmente ahora si iba a poder hacer lo que le apetecía. Puso la mano sobre su pecho para echarlo hacia atrás, mientras se sentaba bien en la mesa. Lo agarró de las caderas y sin darle opción a protestar repartió besos por su cuello, pectorales, y abdominales. Las pulsaciones de Draco se dispararon el sentir su boca tan cerca de su miembro. Como si ella supiese en lo que estaba pensando, volvió a pasar la mano sobre el duro bulto que ocultaban sus pantalones y dejándolo completamente sorprendido tomó la cinturilla de sus bóxers y metió la mano. Ella gimió con fuerza al sentir la cálida y suave piel entrar en contacto con sus dedos, con curiosidad y excitación a partes iguales, rodeo con los dedos su excitación, sorprendiéndose por lo duro que estaba él y lo mucho que le estaba gustando a ella. Con deliberada lentitud, deslizo la mano sobre su erección sin apretar mucho. No tuvo que pasar mucho tiempo oyendo sus apasionados jadeos para que lo apretase más estrechamente e incrementase el ritmo de sus caricias.

La otra mano acariciaba su pecho, su cuello y su nuca, enloqueciéndolo. Con el dedo pulgar acarició muy lentamente la húmeda punta de su erección, y fue bajando por el tronco hasta los testículos que acarició con suavidad tomándolos con la palma de la mano, sopesándolos. El gemido de Draco la hizo temblar sobre todo cuando se dejó levemente hacia delante y apoyó la cabeza en la curva de su cuello.

Bajó su mano por su cuerpo, despacio para que supiera lo que iba a hacer. Empezó por el cuello, siguió con el valle entre sus pechos, su vientre, su muslo… deslizo la mano hacía el interior, bajo su falda y la subió hacia arriba. Con suavidad acarició su sexo sobre la ropa interior. Solo pasando un dedo de arriba abajo. Ella gimió con fuerza y se dejó caer contra su pecho.

Ardiendo de necesidad metió dos dejos bajo su ropa interior. Enloqueció de deseo al notar la cálida humedad de su sexo y por si eso no fuese ya bastante martirió, ella separó mas las piernas para facilitarle el acceso. Buscó su boca necesitado y cuando sus lenguas chocaron deslizó un dedo entre sus pliegues. La cabeza comenzó a darle vueltas y más vueltas al escucharla gemir ansiosa dentro del beso. La acarició con suavidad apenas introduciéndose en su cuerpo. Las caricias que ella le estaba regalando lo estaban haciendo enloquecer necesitaba…

-Más rápido.-le pidió en un susurro antes de empezar a lamerle el cuello mientras hacía su caricia más profunda. Ella obedeció cegada por la necesidad y el placer. Un segundo dedo acompaño al primero abriéndola más para él sintiéndose apretado por su estrechez. Enloqueciéndolo hasta el límite que ni siquiera sabía que tenía. Aceleró el ritmo mientras volvía a besarla salvajemente. Quería devorarla, quería marcarla, quería dejarle un símbolo para que no pudiese volver a fingir que no existía…obcecado en ese pensamiento abandonó su boca y atacó su cuello. Los gemidos de ella cada vez más intensos y fuertes, sus caricias, la manera en que respondía a las suyas lo llevaron al final mucho antes de lo que le abría gustado. Aceleró el ritmo de su mano.

-Quiero oírte acabar. Acaba para mi.-le pidió en un ronco y desgarrado susurro que la hizo apretarle más. Gimió sin poderse contener mientras sentía en sus dedos como se contraía a su alrededor.

-Te necesito.-murmuró en su oído sin poderse contener por más tiempo. Ella, al parecer tampoco, porque se dejo llevar mientras lo besaba con desesperación.

Las respiraciones de ambos se mezclaban todavía con las caras muy juntas. Intentando no ser brusco, retiró la mano de su tibio cuerpo. Sin separarse completamente de ella, se alejó unos centímetros para colocarse el uniforme respetablemente. Apenas un segundos después sintió las manos de él en su cuerpo, recolocándole la falda. Subiendo las manos por sus caderas hasta los costados buscando el sujetador, abrochándolo con la misma pericia que si lo estuviese viendo. Cerrando la blusa con la misma facilidad. No sabía que decir y mucho menos que pensar, pero la verdad es que eso no se lo esperaba.

Todavía temblando levemente puso la mano en su pecho y lo hizo echarse hacia atrás. Se bajó de la mesa con cuidado dispuesta a irse de allí rápidamente pero una mano en su cintura se lo impidió. Las ventanas volvieron a abrirse de golpe iluminando tenuemente la habitación.

Draco había tenido muchas mujeres en su brazos y había visto todo tipo de expresiones seductoras en sus atractivos rostros, pero ninguno como el de ella. Sus ojos brillaban como el oro fundido, sus labios rojos e hinchados por sus besos, alguno mechones sueltos de su trenza, las mejillas sonrosadas y aquel violetaceo chupetón que empezaba a oscurecerse en la base de su cuello. Era la viva imagen del sexo, de la provocación y de la feminidad más absoluta.

Por su parte, Hermione estaba fascinada. Los ojos de Draco brillaban como diamantes… la atravesaban, la tentaban a quedarse en aquella habitación y no salir jamás. Asustada por sus pensamientos tragó saliva con fuerza.

-Tengo que irme.-susurró bajando la mirada a su pecho. El asintió sin dejar de mirarla y retiró la mano. Rápidamente ella caminó hacia la puerta y salió fuera.

El se quedó mirándola mientras metía las manos en los bolsillos. ¿Qué diablos le pasaba con esa mujer? No significaba nada. Era una más…. Suspiró sentándose en la mesa. No sabía que tenía… era…extraño. Pero no podía mentirse a sí mismo o nunca se libraría de aquella extraña obsesión.

Tenebris ad me uenire .Significado: Oscuridad ven a mí.

Gracias a todas por estar ahí y seguir dejándome mensajes. Sois las mejores. Os adoro.

Alexía.