Aquí os dejo un nuevo capítulo. Podréis ver la ropa de Hermione en mi Twitter. Alexiarinaldi. Allí también os mantengo al tanto de cómo va el capitulo y cuando se publica.

Miles y millones de besitos.

Contadme que tal con vuestros Reviews.

Alexía.

Capítulo 40 Visita sorpresa

Narcisa era una madre ejemplar… bueno al menos eso le gustaba pensar.

Desde el día en que el medimago le dijo que estaba embarazada, lo supo.

Supo que su futuro hijo sería la persona más importante de su vida, que haría cualquier cosa por él, que lo pondría por encima de todas las cosas…

Por esa razón, cuando Isobelle le sugirió que fuese a Italia para que Draco se airease un poco, accedió inmediatamente.

Algo le pasaba a su pequeño, algo importante. No era porque apenas comiese, porque casi no dormía, porque apenas hablaba, porque difícilmente salía de casa y por otra docena de razones…no, no era ninguna de esas cosas.

Era por su mirada, porque sus ojos grises estaban completamente apagados.

Estaba muy preocupada por él, desde que Lucius hubiera anunciado su compromiso no parecía el mismo.

Primero le había pedido explicaciones y exigido una manera de romperlo. Pero después nada, solo Blaise contestaba las cartas que Isobelle y ella enviaban normalmente, por supuesto aquello le pareció extraño pero lo achacó a que estaba disgustado.

Nada más regresar de Hogwarts supo que algo no iba bien.

Lejos de comportase como siempre y dedicarse a las fiestas y al hedonismo, Draco se encerró en si mismo recluido en sus habitaciones. Por supuesto no descuidó ninguna de sus obligaciones e incluso en dos ocasiones había viajado por negocios privados, pero no era ni la sombra de lo que solía ser.

Incluso Lucius estaba preocupado, pese a sus ideales, su marido adoraba a su hijo y no entendía que estaba pasando.

Y es que si con ella y con los demás estaba distante…con Lucius estaba furioso, lo trataba con fría indiferencia, como si fuese alguien que estuviese muy por debajo de él, como si le hubiese hecho algo completamente imperdonable.

Al principio Lucius estalló en cólera. ¿Cómo se atrevía su hijo a tratarle de esa manera? Pero pasados los días, la preocupación al ver que no cedía, fue creciendo. Jamás se habían enfadado tanto. Sus intentos por suavizar las cosas caían en saco roto y cada vez Draco estaba más y más distante.

Por supuesto, la primera persona con la que consultó fue a Blaise. Quien le dijo, que Draco llevaba así desde el anuncio del compromiso y que cada día parecía ir a peor.

Entendía perfectamente que su futuro matrimonio lo tuviese de mal humor pero le parecía un poco excesivo, ciertamente para su hijo el compromiso era poco menos que una maldición.

Desde muy niño, Draco había sido un niño profundamente independiente, hasta el punto de que a su corta edad, había desarrollado negocios propios y prósperos. Dividía su vida entre atender sus asuntos, viajar y divertirse con Blaise y una amplia variedad de compañía femenina. Sin duda la amenaza de perder su vida debía asustarle bastante.

Desde el primer momento, contó con el apoyo de Isobelle que después de un mes de insistir, acabó por ordenarle que fuese a verla a Italia para que Draco se airease.

Así que allí estaba, sentada en el soleado y maravilloso salón de su hermana postiza, hablando de sus hijos.

-Bueno al menos podemos reconocer que hemos logrado una pequeña victoria. Ayer salieron a cenar.-argumentó Isobelle.

Narcisa levantó la ceja en un gesto de incredulidad. -Se fueron a las nueve y volvieron a las diez y diez.-

Isobelle suspiró dejando su taza de café. -Está bien. Tienes razón, se le nota frío y distante y claramente infeliz pero ¿Quién no? Su padre le organiza un compromiso, lo anuncia a bombo y platillo sin comentárselo, intenta obligarlo a unirse a su ridícula causa…Le sobran motivos.-acabó acariciándole el brazo para consolarla al ver su gesto de tristeza.

-Lo sé, se que se hace mayor y ya no acude a mi cuando está disgustado…pero te aseguro de que nada me gustaría más.-deseó dejando también su taza de té. -Conseguiremos que los chicos tengan una buena vida. ¿Verdad?-preguntó presa del ambiente pesimista.

-Te lo prometo Cissy. Nuestros chicos tendrán una buena vida, serán libres para decidir en lo que creen, para casarse con quieran y para hacer cuanto deseen. Te lo juro.-le dijo abrazándola y besándola en la mejilla.

Narcisa correspondió al abrazo sintiéndose mejor, sabía que faltaba mucho para eso…pero por lo menos no estaba sola con sus preocupaciones.

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Hermione levantó la cara hacía el magnífico sol italiano sintiendo como le calentaba la piel.

Hacía un mes y una semana que el curso había acabado y por fin, después de una semana en Inglaterra con sus padres, había vuelto a Italia.

Tras su charla con Malfoy, su vida se había visto envuelta en un especie de sueño…si, sueño era la palabra correcta. Exámenes, charlas, clases, investigaciones…todo como si estuviese constantemente medio dormida.

Las últimas semanas habían sido extrañas, excepto cuando estaba con Harry que era la mayor parte del tiempo o cuando estaba con Blaise.

Sonrió recordando a los maravillosos hombres que ocupaban su vida.

Harry que tuvo la decencia de no volver a preguntarle sobre lo que había pasado, que era amable y respetuoso con Blaise porque sabía que ella le tenía mucho cariño… que aguantó estoicamente el puñetazo de Ron al volver del pueblo, al parecer el pelirrojo se había levantado por la mañana para despertarle y los había visto, juntos y abrazados en la cama, no le devolvió el golpe, se quedó mirándole y le dijo."¿Te pregunto yo lo que haces con tu novia o en tus momentos íntimos? No, pues no te atrevas a hacerlo tú. Respétame y sobre todo respétala a ella."

La sala común que estaba llena, se quedó en silencio mientras los más mayores asentían con la cabeza dándole la razón mientras Ginny se iba por el retrato echa una furia.

Por supuesto intento hablar con ella, sabedora de los sentimientos que albergaba por Harry. Pero la pelirroja la ignoró estoicamente dedicándole a cada momento en el que se encontraban miradas desdeñosas.

Ron tampoco les volvió hablar, se limitaba a volver a fingir que no existían, cosa que sinceramente no les importó demasiado. Había cosas más importantes en las que pensar.

Y Blaise, su maravilloso y encantador niño mimado. ¿Cómo había podido sobrevivir sin él diez días? Blaise le daba la luz y la alegría que le faltaba a su vida. La hacía reír con sus comentarios, la encandilaba con sus conversaciones sobre mil temas, la deshacía con sus cálidos abrazos…era culto, refinado, divertido, cariñoso, ingenioso…era perfecto para ella…realmente perfecto…pero no había lo único imprescindible…pasión…

Cuando Blaise la abrazaba se sentía en casa, como con Harry, querida, cuidada.

Pero no se parecía en nada a otros abrazos…a esos abrazos cálidos que le calentaban el alma, a esa sensación de intenso vértigo, de sentirse protegida, totalmente a salvo…en casa…en conclusión…no se parecía a nada a los abrazos que Draco le había dado.

Suspiró al pensar en él. Esas cinco semanas le habían servido para pensar y meditar en las palabras del rubio, para examinar sus hechos, recordar sus momentos…

Por Zabini, con quién se escribía cartas a diario contándole cada cosa que hacía en su día y manteniéndola al tanto de lo que pasaba con el rubio, sabía que Draco lo estaba pasando realmente mal…

"Está totalmente jodido, ya no se qué hacer. No quiere salir, no habla, no parece él mismo. Ayúdame leona, dame ideas para ver si consigo levantarle el ánimo." Le había suplicado en la carta de ayer.

Blaise, durante sus conversaciones antes de irse del castillo le había confirmado lo que Draco le había contado. Todo lo del compromiso, Lucius, la necesidad de mantener las apariencias…le había insinuado que tanto su madre como Narcisa estaban en contra de que ellos se hiciesen mortífagos aunque según sus propias palabras antes muertos que sirvientes.

Blaise adoraba a Draco, y estaba pasándolo mal al verle así y ya no sabía qué hacer.

La carta de ayer le había dado el empujón que necesitaba. Quería hablar con Draco, deseaba verle, necesitaba tocarle…

No le gustaba nada la situación, pero al analizarlo veía que Draco tenía razón. No le había mentido, nunca lo había hecho. Lo que había pasado entre ellos había sido importante para él, ¿Por qué sino estaba Draco tan afectado? ¿Por qué se negaba a hacer su vida anterior basada en fiestas y libertinaje?

Puede que al principio se cerrase a la idea, pero tenía que ser sincera consigo misma…Draco le estaba demostrando que lo suyo no era una tontería…demostraba respetó a lo que habían vivido…

Pero por encima de todas las cosas, porque le echaba de menos…porque a pesar de la distancia lo que sentía por él no había menguado, no se había enfriado…seguía dentro de su pecho…ardiendo como una hoguera de fuego eterno.

Hacía un mes que estaba en Italia, en Sicilia acompañando a su familia, el sol y la meditación le habían sentado bien, antes de la carta de Blaise ya había tomado la decisión de intentar comunicarse con Draco, así que la carta le había dado la excusa perfecta.

Después de despedirse de su familia, alegando que iría a una exposición y al teatro había ido a Roma. se instaló en su hotel favorito, un maravilloso hotel de cuatro estrellas en la calle del Vaticano. Era un hotel formidable, de estilo antiguo, construido en piedra, con ornamentos dorados, muebles regios y grandes lámparas de araña.

Después de ponerse cómoda deshaciendo el equipaje, se duchó y se plantó delante del armario.

La madre de Blaise podía estar en casa y ya que el primer encuentro había sido algo forzado, quería causar buena impresión.

Finalmente se decidió por un look femenino y cómodo. Zapatos altos con una pequeña abertura en la punta, de color rosas claro hechos en charol.

Vestidito corto, un palmo por encima de la rodilla, de una tela suave, fina y vaporosa. Escote de pico cerrado con una amplia lazada, manga tres cuartos abullonada, cintura muy entallada y con una falda muy floja y con caída natural.

Como complementos eligió tres pulseras finas de oro con colgantes, flojas. Al cuello un fino collar de oro con un pequeño relicario y un solitario sencillo con un pequeño diamante en el dedo corazón de la mano derecha.

Peinó su larga melena ondulada en un desenfadado y suelto recogido dejándose sueltos dos finos mechones enmarcando su rostro. No se maquilló, ya que era por la tarde y el sol calentaba bastante, aunque se pintó las uñas en un suave rosa nude. Después de perfumarse, se miró al espejo para comprobar su aspecto, mientras recogía un pequeño y alargado clunch rosa palo de la cómoda.

Las joyas de oro resaltaban todavía más su dorado tono de piel, el vestido y el peinado le daban un toque delicado y femenino. Estaba perfecta.

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Blaise le había contado que su casa en Roma era una mansión del siglo XV.

No fue difícil de localizar, solo había dos calles residenciales en la zona, y solo una tenía mansiones victorianas…la suya era la última…reconocible gracias a la enorme letra que tenía en el portal de la casa. Z.

Antes de llamar fue de compras, quería hacerle un regalito a su niño consentido y además sería de muy mala educación ir a la casa de alguien sin un presente, en Italia desde luego lo era.

Para Blaise compró una caja de bombones belgas y un perfume de Dior que le pegaba con su personalidad. Para su madre, compró un precioso ramo de flores. Sonrió mientras salía de la floristería, estaba nerviosa.

Atravesó respirando despacio las verjas y tras pensárselo durante un segundo, llamó al timbre.

Una hermosa mujer morena, con uniforme de doncella le abrió la puerta. Se sorprendió de que no fuese un elfo domestico, pero disimulo rápidamente sonriendo.

-Buon pomeriggio. Come posso aiutare?-(Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?)-le preguntó con una sonrisa y el máximo respeto.

Hermione le sonrió de vuelta. -Buon pomeriggio. Vengo a vedere Blaise Zabini. Ma è una sorpresa, quindi non mi inserisco, prego. ( Buenas tardes. Vengo a ver a Blaise Zabini, pero es una sorpresa así que no me anuncie, por favor.)- pidió sonriendo.

La mujer asintió con la cabeza sonriendo, abriéndole la puerta y guiándola por un largo pasillo, cogiéndole el ramo para que estuviese más cómoda.

Miró de pasada la enorme casa, luminosos y amplios ventanales, paredes altas blancas, suntuosos muebles, hermosas lámparas y decoración barroca. Muy italiano, pensó distraídamente oyendo voces a lo lejos y sonriendo sin darse cuenta.

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-No será una cena muy concurrida, solo la familia y nosotros.-decía Isobelle sentada con ademán indolente en el sofá con Narcisa a su derecha, mirando a los chicos, que estaban cómodamente sentados en un sofá enfrente.

Blaise se rió mirando a su madre y a su tía con diversión. -Si, si, nada importante. Unos cincuenta o así.-replicó riendo.

Narcisa se rió con suavidad mirándolo con reproche.

-No es verdad. Solo tu abuela y unos cuantos, ya que haremos una fiesta a finales de la semana que viene por mi cumpleaños.-protestó su madre.

Esta vez Draco y él se rieron.

Ambas madres sonrieron al verles, últimamente tenían un humor tan sombrío…

-Señorito Blaise.-le llamó Sisi entrando por el arco del salón.

-¿Si?-preguntó con una leve sonrisa.

-Tiene visita.-dijo sin poder evitar la sonrisa.

-¿Qué visita? Yo no quedé con nadie hoy. ¿Quién es?-preguntó desconcertado frunciendo el ceño y mirando a los otros, extrañado también de la curiosa sonrisa que adornaba los labios de la normalmente seria mujer.

-Afirma ser el amor de su vida, señor.-anunció riendo.

Blaise frunció el ceño patidifuso. -¿El amor de…? Qué coño…-empezó.

-¿Tan pronto me olvidas?-inquirió una voz risueña.

-No.-dijo sonriendo sin darse cuenta.

-Yo creo que si.-afirmó la dueña de la voz apareciendo bajo el arco.

Blaise se quedó sin saber que hacer un segundo. Fascinado por lo hermosa que se veía, antes de levantarse y echar a correr hacia ella.

-¡Hermione!-gritó levantándola en peso atrapándola en un enorme abrazo haciéndola reírse en suaves y musicales carcajadas.

-No me lo creo, no me lo creo…-murmuró dejándola en el suelo. -Estás aquí…en mi casa…-dijo agarrándola de las manos y mirándola de arriba abajo. -De verdad estás aquí.-dijo volviendo a abrazarla y besándola con efusividad en la mejilla.

Hermione volvió a reírse devolviéndole él abrazo.

-Tú me invitaste. ¿Recuerdas?-contestó riendo.

-Lo hice.-afirmó como si fuera algo extraordinario. -Lo hice y ahora estás aquí. Salazar, de verdad estás aquí.-dijo achuchándola más fuerte.

-Solo hace un mes que no me ves tonto, me escribes a diario.-argumentó sonriendo al separarse. -Estaba en Sicilia y vine por unas exposiciones a Roma, así que pensé en venir a darte una cosita.-

Blaise abrió los ojos con ilusión. -¿Regalo?- preguntó.

-Regalo.-repitió asintiendo.

Sisi le tendió la bolsa que había traído con ella.

Como un niño abrió el paquete más grande. -Bombones belgas, mis favoritos.-dijo con una enorme sonrisa.

Hermione se rió. -Lo sé, Malfoy te los regaló y dijiste lo mismo.-

-Cierto, cierto.-asintió abriendo el segundo paquete. -Perfume…mmm.-musitó abriendo el frasco para oler la fragancia. -Me encanta. ¿De quién es? Dior, chica lista.-anunció volviendo a abrazarla.

-Oh…que maleducado soy.-dijo separándose. -Te estoy monopolizando y ni siquiera te he presentado.- la agarró de la mano y la hizo caminar hacia delante.

-Está en mi tía y madrina. Narcisa Malfoy Black.-presentó al llegar a su lado.

Narcisa inclinó la cabeza mientras le tendía la mano.

-Ella es Hermione y es mi chica favorita en el mundo entero.-

Sonrió nerviosa estrechándosela. -Es un placer señora Malfoy.-saludó con educación. Estaba bastante impresionada, no esperaba encontrarse con la madre de Draco. Era una mujer muy hermosa, con el pelo rubio como el sol y los ojos color azul cielo. Llevaba una túnica de bruja azul claro y el pelo recogido en un alto moño.

-Igualmente.-afirmó con gesto imperturbable, examinándola de arriba abajo.

-A mi madre ya la conoces.-dijo él sonriendo.

Hermione le dedicó una enorme sonrisa.

-Buon pomeriggio. Siamo spiacenti di intromettersi nella vostra casa, spero che tu sappia perdonare, di chiedere scusa ti ho portato un regalo.- (Buenas tardes. Lamento importunar en su casa, espero que sepa perdonarme, para disculparme le he traído un presente)- se disculpó girándose para tomar el ramo de brazos de Sisi y tendiéndoselo.

Isobelle se rió mientras se levantaba para dejar el ramo en la mesa y darle un abrazo.

-Eres encantadora. De verdad que lo eres. Siéntete como en casa, se bien recibida. Solo por ver esa sonrisa en su cara puedes venirte a vivir aquí.-afirmó besándola en ambas mejillas.

Hermione se rió devolviéndole el abrazo y dándole un beso de vuelta.

-Gracias eres muy amable.-sonrió agradecida del cambio de la madre de Draco a la calidez de la de Blaise.

-Bueno a Draco ya lo conoces.-dijo señalando con la mano al sofá de enfrente.

Sabía que estaba allí, pero deliberadamente había evitado mirarle, no sabía cómo iba a reaccionar al tenerle en frente.

Tuvo cuidado de darle la espalda a los tres, ya que estaban ocupados oliendo el perfume, y lo miró a placer.

Se sorprendió al ver que realmente se le veía cansado, como si llevase mucho tiempo sin dormir. El la miraba con atención de arriba abajo, abrió la boca como si fuese a decir algo, pero la cerró apretando la mandíbula, conteniéndose.

Zabini tenía razón, estaba tenso, demacrado…no parecía el mismo. Aunque sabía que no estaba bien, en parte le proporcionó satisfacción verle en ese estado. Era la última pieza que necesitaba para dar el paso que había pensado.

Buscó su mirada, intentando transmitirle calma. El entrecerró los ojos mirándola sin entender, así que dedicándole una cálida y tímida sonrisa, le preguntó con voz suave.

-¿Puedo sentarme?-

Draco abrió los ojos con sorpresa. Todavía se estaba recuperando de verla de repente, tan guapa, tan hermosa, tan dulce, tan…ella. Todo lo que creía muerto por dentro volvió a revivir, como él hielo que se derrite bajo el sol.

Hizo un gesto con la mano para indicarle que tomase asiento, a la expectativa de ver como se comportaba.

Ella volvió a sonreírle, tomando asiento a su lado, cruzando los tobillos y doblando las piernas en un ademán recatado.

El corazón de Draco empezó a latir con fuerza. ¿Sería posible? ¿Sería posible que ella tuviese intención de arreglarlo o solo estaba siendo amable? Le habría gustado hablar con ella, pero por desgracia había demasiada gente en la habitación.

-¿Te apetece un café, querida?-preguntó Isobelle encantada con la visita.

-Si gracias, me encantaría.-contestó con amabilidad.

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Lo que en principio debía ser un incomodo encuentro, pasó a ser un agradable e interesante momento.

Ambas madres, quedaron agradablemente sorprendidas con la chica. Tenía un carácter marcado, era inteligente, con mente rápida, era dulce, educada y versada en varios campos…realmente resultaba un placer compartir su compañía.

Pese a que Isobelle la invitó a quedarse para cenar, Hermione declinó la oferta, asegurándole que lo haría pronto. Ahora las tres mujeres se estaban despidiendo.

-Draco.-llamó Blaise a su espalda. -Quiero darle una cosa a Hermione, acompáñala a la puerta. ¿Vale? Se amable.-gritó mientras subía las escaleras de dos en dos.

Hermione lo siguió por el pasillo hasta la puerta en silencio.

Él abrió la puerta apoyándose en el quicio, no había abierto la boca en toda la tarde pero parecía más relajado.

Le sonrió levemente antes de hablar en voz baja.

-Tenemos que hablar.-

Draco asintió con la cabeza, pero mantuvo el gesto duro.

-¿Sobre qué?-preguntó con la voz más ronca por la falta de uso.

Hermione le miró a los ojos profundamente, atravesando su mirada. Era obvio que él no quería hacerse ilusiones.

-¿Podemos cenar?-ofreció Draco al reconocer la manera de mirarle, intima y cálida. Si ella estaba dispuesta a darle una oportunidad él no pensaba desaprovecharla.

Sus ojos brillaron en una deslumbrante sonrisa.

-Claro. Ven a recogerme a las nueve en el hotel Viseri.-

El sonrió sin darse cuenta. Era real, Hermione estaba allí e iba a darle una oportunidad.

-Estaré en el recibidor. Ponte elegante.-le recomendó sin dejar de observarla a placer ahora que estaban solos, ella sonrió asintiendo con la cabeza, mientras sus ojos le prometían que aquella noche sería decisiva.

Había llegado la hora de quitarse las mascaras.

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Plis contarme que os parece que me teneis desinformada.

Besos Alexía.