Era un día aparentemente normal en el instituto, como cualquier otro.

Sumika estaba reunida con sus amigas Kazama y Kiyori en la hora del almuerzo en el patio del instituto. Estaban hablando de cosas sin demasiada importancia...

"Oye, Sumi-chan," preguntó Kazama "¿y dónde están Miyako y Tomoe?"

"Ni idea..." respondió Sumika "Creo que se quedaron en la biblioteca a hacer los deberes."

"¿Pero los deberes de hoy?" Kiyori preguntó.

"Sí, los deberes de hoy. Últimamente están haciendo eso, lo de hacer deberes en la hora del almuerzo... a saber por qué."

"Y aquella chica... Aoi-san, ¿qué tal?"

"Está bien, me ofrecí ayudarla para ayudarla con otra de sus doujinshis, pero ella se limitó a decirme que si necesita alguna ayuda, me avisaría."

"¡Oye, chicas!" Kazama cambió de tema "¿Qué les parece si este fin de semana vamos a la playa?"

"¡Sí, es una idea genial!" Dijo Kiyori "¿Tú qué opinas, Sumika?"

Sumika estaba perdida en sus pensamientos más eróticos visualizando cómo sería si el top de Kazama se rompiera... no era la primera vez que tenía esa clase de pensamientos. De cualquier manera, a Sumika se le estaba sangrando "un poco" la nariz precisamente por eso.

"¡Sumi-chan, otra vez estás teniendo otra hemorragia!" Kazama exclamó.

"¿Qué?" Kiyori respondió algo confusa "¿Cómo que otra vez?"

Sumika se dio cuenta un poco tarde del estado de su nariz y se lo tapó con la mano "Eh... ¿Me acompañan a la enfermería?"

"Sí, seguro."


Un par de horas después, Sumika estaba en una reunión de delegados y sub-delegados de cada clase del instituto. Akemiya no evitó fijarse en la nariz de Sumika, el cual tiene diminutos pañuelos en sus ventanillas para evitar la hemorragia nasal.

"Oye, Murasame-san, ¿qué te ha pasado?" Akemiya preguntó.

"Yo..." Sumika trató de evadirse de la conversación "Tuve un pequeño accidente sin importancia, ya está."

"Ah, vale..."

"A ver..." El primero de los delegados se puso en pie para representar la reunión "En esta reunión de hoy se propone una ronda de sugerencias para el bien de la escuela. Únicamente se propondrán sugerencias, entre todos hablamos de ellas, y finalmente concluiremos si merecen la pena."

"Murasame-san, ¿no tenías una sugerencia pendiente desde ayer?" Akemiya susurró a Sumika.

"Cierto. De hecho, aquí mismo lo tengo." Sumika respondió y se puso de pie para representar su sugerencia "Tengo una."

"¿Y cuál es su sugerencia, Murasame-san?" Dijo el primero de los delegados.

"Bueno, no tengo mucha confianza en que ésta se acepte, pero lo digo de todas formas:" Sumika cogió un folio escrito de su bolsillo y empezó a leer "Últimamente la gente empieza a ser descuidada con el reciclaje y metiendo de todo en las papeleras de todo el instituto: clases, el recreo... Dicho esto, estaría genial que hubiesen distintas papeleras de distintos colores para que se distinga qué clase de basura hay que tiras en cada contenedor, así para poder reciclar y evitar dañar el medio ambiente."

Muchos delegados y sub-delegados mantuvieron una actitud pensativa en cuanto escucharon la propuesta de Sumika.

"Me parece una buena idea, ¿y a vosotros?" Dijo uno.

"A mí también." Dijo otra, y así sucesivamente que el resultado de la sugerencia empezaba a ser predecible.

"De acuerdo, entonces informaré esa idea a..."

De pronto, todo empezó a sacudirse violentamente y se escucharon ruidos inusuales. Todos los muebles de la habitación se estaban volcando, y algunos individuos trataron de mantener el equilibrio, mientras que otros se cayeron al suelo.

"¡Joder, un terremoto!" Exclamó uno.

"¡De terremoto nada! ¿Habéis escuchado lo que ha sonado?" Exclamó otro "¡Parecía una explosión!"

"¡No me cuentes cuentos ahora, es un terremoto y punto!"

"¿Una explosión...?" Pensó Sumika mientras se mantenía el equilibrio "No puede ser..."

Al poco, otra sacudida violenta sucedió de forma que se sumara la magnitud de la otra sacudida. Entonces nadie podía mantenerse en pie, sólo podían revolotearse por el suelo. Entre esa sacudida, un mueble de archivos muy alto empezó a caer sobre Akemiya, pero Sumika estuvo cerca y aprovechó para rescatar a Akemiya dándole una patada al mueble de tal manera que cayera del otro lado y sin otro alumno enmedio.

"Murasame-san... Grac..." Akemiya estuvo de decir, pero Sumika le interrumpió:

"¡Déjate de modales, ponte a salvo de cualquier obstáculo!"

Entonces vino otra sacudida todavía más violenta que hizo destrozar incluso algunas partes del techo de la habitación. Sumika, al ver el techo cayéndose, trató de ponerse a cubierto, pero unas misteriosas explosiones cercanas dejaron sin conocimiento a la pobre Sumika antes de que terminasen esas violentas sacudidas.