Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.

Damage Points

Capítulo XXXII:

«El zapato que va bien a una persona es estrecho para otra: no hay receta de la vida que vaya bien para todos». Carl Gustav Jung.

Kurt estaba…, bueno, sorprendido. De alguna forma, había temido, esperado, casi deseado, que el amigo de Blaine los hubiese citado para hablar de ellos, como pareja. No era que quisiera que ambos quedaran expuestos de aquella forma tan repentina, pero en algún momento sus pensamientos se habían desviado en aquella dirección —después de todo, podría haber sido una posibilidad—. Durante toda una noche en la que apenas había podido dormir, había tenido tiempo para pensar. Aunque en un momento había estado un poco asustado, había comenzado a sopesar la posibilidad de que aquella charla significara un progreso en su relación. Si Blaine tenía el apoyo de uno de sus amigos —Kurt no lo conocía mucho, pero Wesley parecía un buen tipo—, quizás el muchacho comenzaría a darse cuenta que estaba bien ser lo quien era y querer a quien quería sin tener que esconderse.

Sin embargo, Kurt en ningún momento había esperado que aquella conversación fuese exclusivamente sobre él.

Los abusos en McKinley siempre habían sido lo que lo había atormentado. Tenía un buen grupo de compañeros, el coro y un cuerpo docente… interesante, pero el instituto jamás había sido un sitio agradable para él. No era miedo lo que sentía, sino más bien una sensación de asfixie. Allí adentro jamás había podido ser quien era cómodamente. Era como tener que esforzarse constantemente para respirar, cuando debía ser algo natural, algo que simplemente sucedía.

Siendo honesto, no sabía cómo sentirse.

Observando de reojo a su compañero, Kurt notó la tensión en la mandíbula de Blaine y la ausencia en su mirada. Parecía perdido en sus propios pensamientos, y el castaño hubiese dado lo que fuese por saber, por lo menos, una parte de ellos.

—Bueno, pensé que estaríais un poco más felices…

Los ojos azules del joven de Lima se movieron rápidamente hacia el muchacho sentado frente a él.

—No, Wesley, sólo estamos… sorprendidos —musitó—. Ha sido muy repentino.

—Para ser sincero, no quería deciros nada hasta que no estuviera confirmado —explicó el joven de Dalton—. Ayer, finalmente el director tuvo un respiro y se atrevió a llamarnos durante las fiestas para confirmarnos las noticias…

El joven Hummel esperó a que Blaine se inmiscuyera para decir algo, aunque daba la impresión que al moreno le habían comido la lengua los ratones. Kurt se mordió los labios ante la falta de colaboración, sin saber muy bien que decir. Apreciaba todas las molestias que el joven Montgomery se había tomado por un muchacho que, después de todo, no era más que un conocido. Incluso así, resultaba difícil decir algo sin sonar maleducado. Todo había sido demasiado rápido, y bastante distinto a lo que se había imaginado al ir allí.

—Yo… necesito tiempo —murmuró, vacilante—. Te agradezco muchísimo lo que has hecho, pero necesito hablarlo con mi padre, y… tú sabes…

Wesley sonrió conciliadoramente. Parecía un poco extrañado ante la falta de la reacción de su mejor amigo, Kurt pudo verlo, pero todo fue pronto escondido detrás de aquella sonrisa tranquila y madura que poseía el compañero de Blaine.

—No te preocupes, no es como si estuviera obligándote o algo —dijo tranquilamente—. Sólo quería que supieras que tienes la opción. Dalton es un lugar maravilloso, y estoy seguro que nuestro director no dudará en darte esa beca una vez que te reúnas con él. Santana no deja de decir que, si hay alguien en McKinley que merece algo mejor, ese eres tú.

Kurt se sorprendió ante las palabras del muchacho. Realmente le costaba creer que Santana estuviera diciendo ese tipo de cosas sobre él, pero se debía una conversación con ella. Incluso cuando sus palabras hubiesen estado siendo trasgiversadas por los labios de Wesley, ella había tenido que ser quien había comenzado aquello. Wesley no podía saber con detalles cuál había sido su padecimiento allí adentro, y Kurt siempre había estado convencido que a nadie le importaba. Casi se le llenaron los ojos de lágrimas al saber que, incluso cuando él se encontraba tan encerrado en sí mismo, había alguien allí que se preocupaba por lo que le sucedía…

—Bueno, muchachos, sólo quería contaros las novedades —comentó Wesley, mientras cogía una servilleta. Inclinándose, cogió un bolígrafo de su mochila e hizo unas rápidas anotaciones—. Aquí tienes mi número —dijo, pasándole el papel a Kurt—. Tienes el resto de las vacaciones para tomar una decisión, así que tómatelo con calma, ¿vale?

El muchacho asintió.

—Gracias, Wesley —soltó únicamente, con total honestidad—. En verdad no sabes lo que significa para mí.

El joven de Dalton le regaló una amplia sonrisa, antes de volverse a su amigo; Blaine seguía observándolos con una mirada que parecía casi indiferente. Kurt no sabía cómo sentirse al respecto. Wesley, aparentemente, tampoco, ya que sólo se despidió de su amigo y abandonó la cafetería con una expresión de extrañeza. Aquella mueca quedó perdida en el rostro del castaño, que se quedó observando la cafetería con gesto ausente. El silencio entre los dos muchachos se volvió ligeramente pesado. Aunque Kurt esperaba que Blaine explotara, no lo hizo. Observándolo tímidamente, se dio cuenta que el muchacho seguía perdido dentro de su propio mundo.

—¿Blaine?

El joven sacudió su cabeza, como si efectivamente hubiese estado en un sitio distinto en todo aquel tiempo. Kurt se hubiese comprado su desentendimiento, si no hubiese sido por sus ojos, aquella mirada de pánico que parecía delatarlo totalmente.

—No estás feliz con esto.

Blaine lo observó, sorprendido, sacudiendo la cabeza.

—No, no, Kurt, ¡claro que estoy feliz! Es sólo que… ha sido muy repentino —dijo quedamente—. Tú lo has dicho.

—¿Entonces estás de acuerdo?

Blaine se mordió el labio inferior, y luego le dio un sorbo a su café para llenar el silencio. Kurt sabía que, de alguna forma, no podían mentirse entre ellos. El joven Hummel había sabido ver demasiado bien a través de él, y Blaine parecía saber que mentirle no lo llevaría a ningún lado. Kurt era plenamente consciente, incluso sin preguntar, que el moreno no estaba contento con las noticias.

No sabía si sentirse mal por su compañero, o triste por su comportamiento.

—No es una obligación, Blaine, ¿sabes? —dijo, intentando sonar desinteresado—. Wesley lo dijo, es sólo una charla con el director. Puedo rechazarla.

Blaine negó suavemente con la cabeza, aún evitando su mirada.

—No quiero que la rechaces —admitió—. Siempre… —suspiró—. Siempre he creído que Dalton sería un lugar maravilloso para ti.

—¿En serio?

Blaine asintió, forzando una sonrisa sobre su rostro. Aunque Kurt sabía que no era del todo honesta, apreció el gesto devolviéndolo suavemente.

—Sí. Y estoy seguro de que entrarás —aseguró, jugueteando con el vaso de su café—. Puedo ayudarte, ya sabes…

Kurt sonrió.

—Eso sería bueno.

El tema quedó olvidado por el resto de la tarde. Aunque el humor de Blaine seguía extraño, Kurt prefirió no volver a tocar el asunto aquel día. Después de todo, la perspectiva de irse a otra escuela aún le parecía irreal. Sí, lo había pensado antes. Sí, había deseado más de una vez poder desaparecer del McKinley. Sin embargo, el que aquello realmente pudiera ser posible lo hacía algo… aterrador. Eran muchas cosas. Y ni siquiera lo había hablado con su padre.

Los dos jóvenes se separaron alrededor de las tres de la tarde, después de un almuerzo en Breadsticks y una caminata tranquila y bastante silenciosa. Kurt tenía un buen trayecto hasta su casa, por lo que aprovechó el tiempo para pensar un poco. La perspectiva de cambiarse a mitad de año lo entusiasmaba y lo asustaba al mismo tiempo. Le parecía excitante la posibilidad de poder ir a un lugar donde la gente se preocupara por lo que sucedía con él; un sitio donde nadie pudiera tocarlo. Sin embargo, no podía evitar sentir incertidumbre. Por el nuevo entorno, los nuevos compañeros… Por Blaine.

—Qué bueno que no estás con un auto, porque si no estoy bastante seguro que me hubieses atropellado.

Kurt sacudió su cabeza, alzando la vista de sus zapatos para encontrarse con la alegre mirada de Sebastian Smythe.

—¡Sebastian… yo, lo siento! ¡Iba distraído!

Él rió despreocupadamente.

—Sí, lo había notado.

Detrás de él, Kurt pudo observar a dos muchachas cubiertas en ropas de abrigo, que observaban la escena con curiosas sonrisas. Sebastian rodó los ojos jugatonamente, señalándolas por sobre su hombro con el pulgar.

—Mis hermanas, Keira y Johanna —explicó—. Salimos a dar un pequeño paseo. ¿Tú que hacías por aquí, solo en víspera de fiestas?

El joven Hummel se encogió de hombros suavemente.

—Sólo caminando. Regresando a casa.

—Estábamos por ir a coger un chocolate caliente —se inmiscuyó la más alta de las muchachas, con una sonrisa que parecía calcada de Sebastian—. ¿Por qué no nos acompañas?

El muchacho se rascó la nuca suavemente. La idea le parecía tentadora, especialmente porque necesitaba poner un alto en sus pensamientos. Quizás, sólo quizás, necesitaba digerir la idea de un cambio antes de poder tomar una decisión. Dejar de pensar en ello, en aquel momento, parecía lo más tentador.

—Si no os molesta…

—En absoluto —interrumpió Sebastian, sonriente—. Venga, vamos, antes que nos congelemos en medio de la acera.

Los cuatro muchachos emprendieron el camino hacia una cafetería pequeña, ubicada a unas pocas cuadras del sitio donde se había encontrado. Durante el corto viaje, sin embargo, las hermanas del joven Smythe se las apañaron para conseguir hacer la mayor cantidad de preguntas en tiempo récord. Sebastian, con una sonrisa apenada, terminó por mandarlas a callar, sosteniendo la puerta del local para que todos entraran. Kurt recordaba haber estado allí algunas veces con su padre. Lejos de la mayoría de las tiendas de café modernas, el sitio era muy hogareño, casi como estar sentado en la sala de una vieja casa familiar. El grupo se acomodó en una pequeña mesa baja con dos grandes sofás. Las hermanas de Sebastian se precipitaron sobre uno de los muebles de dos cuerpos, dejando inevitablemente a los dos muchachos sentados en el restante.

—Servicios —dijo una de ellas, poniéndose de pie y tirando del brazo de su hermana. La más alta parecía una copia fiel a Sebastian, alta y con los ojos y el cabello a juego, mientras que la otra era más bien regordeta y con cabello rubio, aunque la sonrisa parecía ser la marca registrada de los Smythe—. Ordena por nosotras, hermanito.

El muchacho dejó escapar un profundo suspiro, observando a sus familiares alejarse con animado caminar.

—Discúlpalas —musitó—. Debe ser el clima. Ha terminado por congelarles el cerebro.

Kurt rió suavemente.

—Son simpáticas.

—Porque no vives con ellas.

El teléfono del castaño comenzó a vibrar en su bolsillo. Aún con los vestigios de una sonrisa sobre sus labios, el muchacho cogió el teléfono. El nombre de Blaine saltó en la pantalla. Un mensaje. Inmediatamente, los ojos del joven Hummel viajaron a encontrarse con los de su compañero, en un nervioso acto reflejo. Sebastian se encontraba mirando el teléfono, con una expresión en blanco. Sus ojos se alzaron para encontrarse con los de Kurt. Y cuando vio aquello en los ojos claros frente a él, el pálido joven se sintió desfallecer. Con una sonrisa tranquila, quizás decepcionada, quizás conciliadora, Sebastian soltó con suavidad:

—Tranquilo, no le he dicho a nadie ni tengo pensado hacerlo.

Kurt frunció el ceño, buscando su voz.

—¿Decir qué?

—Qué tú y Blaine estáis juntos, Kurt.

N/A: Hay una ley de la vida, y es siempre aprovechar el tiempo libre en el trabajo para seguir haciendo cosas productivas... como escribir. Estoy enchufada, perdón. Hola a todas :) ¿Me extrañaron un poquito? Espero que sí, porque yo las extrañe mucho, a ustedes y a esta historia. No he tenido mucho tiempo para mí ni para escribir (ya conocen las excusas), pero siempre que tengo rincones chiquititos como hoy me gusta relajarme con un poco de música y volver al viejo vicio. ¿Qué les pareció el capítulo? Particularmente, tenía ganas de escribir un poco de KurtBastian hace tiempo, y esta escena había estado en mi cabeza desde que Sebastian había aparecido en la historia, más o menos. Como saben, él no está dentro del canon, por lo que pido que no lo crucifiquen ya desde ahora. Paciencia, que se vienen cositas interesantes jaja.

Paso así, como Flash. Un saludo enorme para todas las que leen, para las nuevas lectoras, y las viejas (sin ofender jaja), también. Un abrazote especial para aquellas que dejaron sus comentarios y me tuvieron paciencia con las actualizaciones. Es complicado escribir cuando uno tiene muchas cosas en la cabeza, pero siempre hace bien. Además he comenzado un crossover de Klaine con The Hunger Games, y Dios sabe que he pasado tiempo escribiendo eso también. No pude evitarlo, ¿ok? jajaja.

Saludos y besos bien grandes para todas. Si Dios quiere, volveré pronto. Espero que sí. En casa, cuando tenga un tiempo, me pongo a responder reviews.

¡Que terminen bien la semanita! :)

MrsV.