Los personajes son de SM. La historia es mía.


Capítulo 39

- ¿Me puedes escuchar?, yo creo que sí me escuchas – Edward sonrió y acarició el vientre de Isabella solo con la punta de sus dedos -, una vez leí en un libro que la voz del papá es muy importante, sobre todo en la primera etapa del desarrollo y aunque yo sé que serás el bebé más inteligente del mundo, me gusta saber que puedo aportar algo.

- Aportaste al hacerlo – el joven alzó su vista para encontrarse con que su novia estaba tratando de despertar -, creo que ese es un aporte importante.

- ¿Cómo estás?

Ella se estiró desperezándose – Mmm bien, pero… ¿Cómo entraste?

- Oh, yo no quería… - aunque Edward odiaba tartamudear, comenzó a hacerlo -, pero estabas durmiendo y Thomas…

- ¡Ey! – mientras se incorporaba, Isabella lo tomó por el rostro -, está bien, de hecho… me gustaría que tuvieras una llave.

- ¿Una llave? – preguntó él, extrañado -, ¿de dónde?

- De mi departamento – la sonrisa que estaba en el rostro de Isabella, pronto se duplicó en el rostro de su novio, quien ante tal confesión sintió como se le inflaba el pecho -, pero si no quieres…

- ¡Sí, quiero! – al darse cuenta de su respuesta excesivamente energética, Edward comenzó a reír y se tiró cuidadosamente sobre el cuerpo de su chica, consiguiendo así, que ambos cayeran de regreso a la cama -. Te amo, Bella y no sabes lo mucho que esta llave significa para mí.

- Es solo una llave Edward – aunque él no lo pudiera ver, Isabella estaba apretando sus manos detrás de su espalda aún nerviosa por la posibilidad de que Edward rechazara su llave.

- Amor… yo…

La caja con el anillo de compromiso le quemaba el bolsillo a Edward pero tuvo que apretar sus manos en puños para no arruinar el momento, se había esforzado mucho en planificarlo todo para que la propuesta fuera especial y no una simple "solución" ante un embarazo en desarrollo.

- ¿Qué? – ella disfruto de cómo las mejillas de su chico se tornaron rosadas y sus manos comenzaron a vagar sin encontrar un lugar donde quedarse.

Edward tuvo que morder el interior de su mejilla para controlarse, pero cuando pudo hacerlo le sonrió a su novia – Nada, solo estaba pensando en que tengo hambre y que me imagino que nuestro pequeño también.

- No lo sé – la castaña arrugó su rostro en señal de asco -, no tengo mucha hambre.

- Isabella – pocas veces Edward la llamaba por su nombre completo y eso, sumado a su postura rígida y a su rostro serio, hicieron que la chica abriera los ojos más de la cuenta -, esto no se trata de que no tengas hambre, no puedes saltarte tus comidas y…

Los ojos de la castaña se entrecerraron y apuntaron directamente hacia su novio – Edward Cullen, espero que no estés tratando de decirme que no me estoy alimentando bien y que estoy haciendo que nuestro hijo pase hambre porque…

- ¿Qué? – con más animo y valentía de la que lo caracterizaban, Edward enfrentó a La Cobra -, puede que tú mandes en el cuarto y créeme que estoy bien con eso, pero no pienses que me quedaré callado en lo que se refiere a la salud de nuestro bebé, si siento que algo no está bien lo diré. Punto.

Isabella, en ese momento no supo si fue por la hormonas o el tono de Edward, pero su entrepierna le rogó por alimento, ese alimento que solo era capaz de darle el cuerpo de su novio.

- ¿Me estás tratando de dar una orden? – la manzana de Adán de Edward tembló y por un segundo pensó en flaquear, pero no lo hizo, cuadró los hombros y exhaló el aire que había estado conteniendo.

- Solo estoy haciéndote ver mi punto de vista, y constatando que esta vez tengo yo la razón.

Ella sonrió y meneó la cabeza – Pues a mí se me asemeja bastante a una orden.

- No…, yo solo – ver a Edward flaqueando no fue algo que la excitara, en cambio, al ver sus ojos resplandecer… tuvo que morder el interior de su mejilla para no comenzar a gemir -. Tienes que comer, Bella.

Isabella era una mujer adulta, capaz de controlar sus emociones y su cuerpo, pero ver a un Edward tan decidido derrumbó todos sus muros y la lanzó directamente a los labios del hombre con el que pensaba pasar el resto de su vida.

Él, algo confundido solo pudo abrazar el cuerpo de su chica y rodearlo de amor, su sumisión era natural, desde pequeño. El haber crecido sin una madre y con un padre alcohólico lo habían llevado directamente a una burbuja en donde estando solo se sentía seguro. Sin nadie que le enseñara a defenderse en el colegio ni a luchar por sus derechos, nunca fue capaz de desarrollar ese lado de su personalidad, por eso, no le costó mucho asumir a Isabella como su dueña y señora.

Pero aunque su personalidad encajaba a la perfección con aquella dominante nata, ella misma había sido la encargada de demostrarle que no siempre tiene que agachar la cabeza y aceptar algo con lo que no está de acuerdo, por eso, en cuanto vio un comportamiento que a su parecer no era el apropiado, aunque este fuera en su propia novia, no dudó en hacerlo saber. Aunque sus manos transpiraran, su corazón latiera desbocado y su cuerpo temblara, él sabía, igual que esa vez en la oficina en la que golpeó a ese compañero de trabajo, que más importante que sus traumas y miedos, eran Isabella y su hijo.

- Oh, Edward…

Los besos de la castaña comenzaron a bajar por el cuello del chico hasta alcanzar ese espacio entre su manzana de Adán y su mentón que sabía lo enloquecía como nada.

- Amor, Bella… detente… esto no…

- ¿Estás seguro de que quieres que me detengan?

El pequeño camisón con el que se había acostado a dormir Isabella, se había visto reducido a casi nada en cuando ella se encogió de hombro. Sí, Edward era un hombre lo suficientemente viril como para reaccionar con alguien como Isabella, más allá de los sentimientos que lo unían a algo más fuerte, pero cuando la vio recostada en su cama no pensó en la mujer capaz de hacer reaccionar a su polla con una sola mirada, sino en la madre de su hijo que tenían sus manos sobre su vientre como si buscara acunarlo.

- Cariño… luego de que comas algo podremos hacer lo que quieras, pero ahora… necesito que te alimentes.

La Cobra, poco a poco se comenzó a alzar, una idea que nunca había querido aceptar comenzó a tomar fuerza en su cabeza, sin dejar de ver a su novio directamente a los ojos, le sonrió de lado y se sentó sobre sus talones.

- ¿Alguna vez has pensando en dominarme, Edward?

La manzana de Adán del chico tembló demostrando su miedo y desconcierto. Pero por más que buscó su voz no la encontró, así que se limitó a mirar a su novia y esperar porque despertara de ese sueño.

Pero eso no pasó.

Porque no estaba soñando.

- ¿Edward?

- ¿Qué? – la voz del cobrizo salió dos octavas más altas.

Ella sonrió, lo había desconcertado, como esperaba – Solo digo… que no me molestaría estar amarrada… si eres tu quien hace los nudos.

La entrepierna del joven estaba tan dura como mojada estaba la de ella, era un juego peligroso y la habitación de treinta metros cuadrados, de pronto se volvió muy pequeña.

- Yo… voy a comerte… ¡Digo, no! – de un salto el joven estuvo al lado de la puerta -, voy a buscar comida para que me comas… ¡PARA QUE TU COMAS! – se corrigió al último.

Una suave y musical risa sonó desde la habitación, pero por más que Edward quisiera ver a su novia interpretando esas notas, se abstuvo, lo mejor en esos momentos era mantener las distancias.

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- ¿Qué quieres que haga con esto?

La pequeña chica miró el objeto entre sus manos y disfruto del frio metal y del resplandor del mismo.

- ¿Qué crees tú, Alice?, piensa un poco y medítalo.

La chica miró a la mujer a su lado y sonrió poco a poco mientras la más sanguinaria idea se cruzaba por su mente.

- ¿Alguna vez pensaste en ser doctora, Alice?

- Sí, pero supongo que me gusta más no hacer nada.

La mujer sonrió, la tenía justo donde quería – Entonces estás a punto de cumplir tus sueños, luego de esto tendrás tanto dinero que nunca más tendrás que preocuparte por nada que no sea gastarlo.

Una semana no era tiempo suficiente para que Alice se recuperar, su cuerpo aun se sentía adolorido luego de aquella violación, pero verse tan indefensa y desprotegida le sirvió para entender que era capaz de hacer cualquier cosa por no volver a una situación como esa.

- ¿Qué tengo que hacer, tía Reneé?

- Solo ayudar a tu prima a que tenga a su bebé… antes de lo esperado.

Ambas mujeres sonrieron y disfrutaron de lo que ellas pensaban, sería el plan perfecto.

Si Reneé no fue capaz de sentir amor por la vida que creó dentro de su propio cuerpo, mucho menos lo era de sentir cariño por alguien que estaba lejos suyo. Su lucha contra Isabella en esos momentos era algo sin importancia, lo que de verdad ocupaba todos sus pensamientos era hacer pagar a Charlie Swan por su dolor… y por la bala que tenía en medio del pecho, pero que por suerte pasó al otro lado sin hacer mayores daños.

Reneé no era una mujer creyente, por lo menos no en Dios, pero creía que si alguien le había dado una segunda oportunidad es porque aún le quedaban cosas por hacer y esas cosas implicaban la muerte de Isabella y su pequeño retoño.

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- Deja de pensar en ella Charlie, con eso solo consigues que se meta en la cama con nosotros.

Zafrina acarició los cabellos canos del hombre y trató de acunarlo, pero él estaba demasiado tenso para dejarse consentir.

- Está viva Zafrina, viva y planeando una venganza aun mayor, la conozco y sé que irá detrás de Bella, ella busca dañarme y así es como puede hacerlo.

La mujer hizo una mueca y trató de no demostrar que compartía sus miedos – Le puse seguridad extra, si alguien se le acerca lo sabremos incluso antes que la misma Isabella, Charlie.

- Es mi culpa Zafrina, yo debería haberla matado hace tanto…

- ¡Ey! – la morena tomó el rostro de su amante y lo obligó a que la mirara -, vas a tener esa oportunidad, yo misma me encargaré de que puedas ponerle una bala entre los ojos. ¿Bien?

El hombre asintió y cerró los ojos. Pensar en Reneé lo estaba consumiendo y el solo pensamiento de que ella se regodeara por ello lo obligó a dejar ir el recuerdo. Contó hasta diez y respiró tres veces antes de volver a abrir los ojos.

- He estado pensando en mi candidatura a la alcaldía – el hombre cambió el tema y consiguió arrancarle una sonrisa a la morena -, y creo que lo mejor es comenzar cuanto antes, Alexander me dijo que ya se están moviendo algunos hilos y que si quiero ganar tengo que comenzar a actuar.

- ¿De verdad quieres ser alcalde de Nueva York?

- Sí – Charlie le dio una de esas sonrisas tan parecidas a la de su hija, esas sonrisas capaces de hipnotizar a cualquiera.

Zafrina apoyó su cabeza en su mano y su codo en la almohada - ¿Y por qué?

- Porque tengo más poder y dinero que prácticamente cualquiera en este país, Meine Liebe, y eso hace que mi único objetivo sea ayudar… Zafrina, tú no tienes ni idea de que tan grande es el poder de los Swan, no es solo una forma de decir… y Mein Schätze se ha encargado de aumentar mucho más nuestra fortuna… ella es más poderosa que cualquier hombre de este país.

La morena asintió y sonrió - ¿Entonces supongo que eres uno de los buenos?

- Eso pasa cuando los malos están por debajo de ti, puedes ser quien elijas ser.

- ¿Y eliges ser el bueno?, ¿ayudar a la gente?

Charlie Swan cerró los ojos y recordó cuando luego que se fuera Renée para convertirse en Esme, él se perdió un día completa, bebió alcohol barato, durmió en un parque y orinó en un callejón, estaba sucio y olía a peste, pero aun así, cuando se golpeó sin querer la cabeza contra una escalera a medio camino, el único que lo ayudó sin impórtale su ropa o su apellido, fue un indigente.

Por supuesto que ese indigente se vio altamente recompensando cuando a los dos días, el mismísimo Charlie Swan le dio un hogar y un trabajo, ya no sabía de él, pero la última vez que tuvo noticias, el hombre que por esos años rondaba los cuarenta, tuvo una familia y se dedicaba a ayudar en los albergues en su tiempo libre.

Charlie no era para nada alguien sin corazón, él ayudaba, y mucho a los más necesitados, pero a estas alturas, y como estaba funcionando el mundo, no podía ayudar a los más desvalidos sin hacer caer a los más poderosos, y por eso quería la alcaldía, ya después vería como seguía su carrera política.

- Cuando te conocí llevabas una pistola en una mano y un cigarrillo en la otra, me pareciste lo más sexy y violento que haya visto nunca – comenzó Zafrina -, pero ahora veo que pese a todo, puedes llegar a ser la mejor persona que haya conocido nunca.

- ¿Aunque quiera meter una bala entre los ojos de mi ex?

- ¿Dejas de ser una buena persona por querer matar a la mujer que amenaza la vida de tu hija y tu nieto?, no Charlie, a mis ojos, eso solo te hace una mejor persona.

El hombre miró a la morena y la detalló con cuidado, ya no era la jovencita que conoció hace algunos años pero seguía despertando los más bajos instintos en toda su humanidad.

- Cuando Reneé desaparezca quiero que hablemos Meine Liebe.

- Es la segunda vez que me llamas tu amor.

- Es porque recién ahora me doy cuenta de lo mucho que significas para mi, Zafrina.

Sin dejar de verla a los ojos, Charlie acercó su boca a la suya y la besó con la mayor calma que pudo antes de que su cuerpo maduro pero viril lo hiciera aumentar la velocidad del beso a tal punto de alzarla de las caderas y sentarla sobre su erguido miembro, la penetró sin problemas, la excitación de ambos estaba a tal punto que no mucho tiempo después explotaron en un perfecto orgasmo.

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- Cariño, ¿estás seguro de esto?

- Sí…

Emmett Cullen conocía lo suficientemente bien a su hijo para saber cuando estaba inseguro sobre algo - ¿Entonces porque no te creo?

- Yo… - el cobrizo suspiró y se pasó una mano por sus cabellos -, tengo miedo de que diga que no.

- ¿Y por qué diría que no?

Emmett vio de reojo la olla que estaba revolviendo pero le puso completa atención a su hijo.

- Porque ella por si sola puede darle una mejor vida a nuestro hijo, no me necesita.

- ¿No te necesita?

Bajando la hornilla a medio gas, esperó que el risotto que estaba cocinando no se quemara por dejarlo solo unos minutos, pero su hijo lo necesitaba mucho más en esos momentos. Se sentó a su lado y apoyó los codos en la pequeña mesa.

- Explícame cómo es posible que la chica que amas y te dará un hijo no te necesita.

- Ella es capaz de mantenerlo mejor que yo, ella es más…

- No vayas a decir que tiene más dinero que tu porque un niño no se cría solo con dinero, sino también con amor.

El cobrizo escondió su rostro entre sus manos y gimió ahogando el ruido lo más posible - ¡Mira todo esto, papá!

Apuntó de pronto la pequeña cocina y como estaba decorada. Pese a que habían conseguido un mejor lugar para vivir, su departamento no era ni siquiera la mitad del de Isabella, sí, se había esmerado en la decoración pero algo en todo eso no se sentía correcto.

- ¡Ey! – Emmett tomó el rostro de su hijo y lo obligó a que lo mirara -, si ella dice que no es su decisión, pero no se te vaya a ocurrir acobardarte ahora, ¿tu quieres casarte con Bella?

- Sí, sabes que sí, pero…

- No hay peros, hijo, lo único que importa es lo que quieres tu y ella, pregúntale, déjala decidir.

- ¿Crees que dirá que sí?

- Después de probar mi risotto es imposible que diga que no.

Y antes de que el risotto se arruinara, Emmett Cullen se levantó y siguió revolviendo la olla.

Dejó a Edward con sus pensamientos.

El departamento estaba decorado y listo a la espera de Isabella. Ya había pasado una semana desde que Edward consiguió el anillo para proponerle matrimonio a su novia, pero recién días después había tomado la decisión de hacerlo, aunque en esos momentos estuviera flaqueando nuevamente.

Sabía que ella lo amaba, pero sus miedos se basaban en gran parte en los pocos reportajes que habían salido de ellos, solo unos cuantos osados habían sacado notas completas estudiando la situación sentimental de La Cobra y su ex empleado, las burlas estaban a la orden del día, y aunque él quisiera hacer oídos sordos, no siempre lo conseguía.

Solo faltaban quince minutos para que su novia llegara y él ya estaba vestido, su padre había terminado de preparar la comida y ahora estaba saliendo de la casa, pasaría la noche de juerga con Charlie Swan, ambos hombres estaban al tanto de sus planes para esa noche.

Los minutos que estuvo solo se dedicó a pensar y repensar aquellos pro y contra que tanto había repasado sobre su relación con Bella, el anillo le quedaba en el bolsillo derecho de su pantalón de vestir. Sí, incluso se había comprado ropa nueva para la ocasión, pero cuando vio el lugar se arrepintió, debería haber invertido en cerrar uno de esos restaurante caros que su novia tanto amaba.

¿Cómo se le ocurría pensar en pedirle matrimonio en un lugar como ese?

Era pequeño y obviamente no estaba a la altura de ella.

Si el timbre no hubiera sonado en esos momentos habría comenzado a desmontar todo, pero no pudo, en esos momentos solo le queda esperar por la respuesta de su novia.

Respiró un par de veces antes de abrir, pero en cuanto lo hizo y vio a su chica sonreírle se olvidó de todo, ellos se amaban y ese amor iba más allá de los ceros en sus respectivas cuentas bancarias.

- Pero que guapo señor Cullen.

Isabella se adentró en el departamento mientras se sacaba el abrigo.

Para la ocasión, había elegido el vestido más sencillo de su armario, era rosa pálido y bastante cómodo, adoraba ese vestido pero solo había podido lucirlo una vez, lamentablemente no era lo suficientemente vistoso para su día a día, pero en ese momento, quería usar algo con lo que se sintiera ella, algo que la hiciera sentir casi como su novio… en casa.

- ¿Emmett cocinó?

Desde la sala se veía parte de la cocina americana y como la mesa ya estaba dispuesta.

- ¿Qué pasa Edward?, ¿Por qué no me hablas?

Algo extrañada y dejando de lado su estado de relajación, se acercó hasta a su novio que lucía evidentemente tenso. Le tomó el rostro entre las manos y lo acarició, estaba un poco más frio de lo normal y eso la hizo cuestionarse.

- ¿Te sientes mal?

No hubo respuesta, solo un suspiro de parte del joven.

- Edward, me estas asustando y eso no me gusta… dime qué pasa.

El cobrizo cerró los ojos y respiró hondo antes de abrirlos y clavarlos en su novia.

Isabella vio la decisión en los ojos de su novio y se asustó, nunca lo había visto así.

- Cásate conmigo.

- ¿Qué?

Muy pocas cosas se salían del control de Isabella, por lo mismo, muy pocas cosas conseguían sorprenderla. Así que si ella hubiera sospechado que la propuesta de su novio se acercaba, había podido prepararse para ello.

- ¿Edward?

- Cásate conmigo, Bella, te amo y confió en que lo nuestro puede ser para siempre.

Y para no dejar la tradición de lado, Edward Cullen se agachó en una rodilla y abrió el maravillo anillo que había escogido especialmente para su novia. Al ver el resplandor del cristal junto al diamante, Isabella supo que no era una propuesta salida de la nada, era algo que Edward había medita y que había decidido hacer a conciencia.

- ¿No tienes miedo de casarte conmigo?, ¿de que tenga más dinero que tú?

- Sé que si la situación fuera al revés y yo fuera el millonario y amo del mundo, me gustaría encontrar a alguien que me quisiera por lo que soy y no por mi dinero. Quizás lo lógico es que sea el hombre el millonario dominante, pero yo estoy feliz con el papel que me tocó jugar… no somos una típica pareja Bella, y lo agradezco… no somos lo típico, pero sé que seremos los más felices de este mundo.

- Algunas chicas sueñas con el hombre perfecto, pero yo nunca lo hice, porque sabía que si lo soñaba no iba a llegar y me alegra haber tenido la razón… no podría pensar alguien más para pasar el resto de mi vida que tú, Edward Cullen.

Si Edward tenía miedo del dinero de Isabella, ello lo tenía mucho más.

Que el cliché del millonario dominante y la inocente sumisa siguiera siendo leído por algunos. Isabella y Edward no lo necesitaban, ellos vivirían su historia y serían felices con su vida al revés.


Hola!

Sé que me demoré pero ya está acá el capítulo.

Creo que no es necesario decirlo pero ya estamos cerquita del final :(

Les gustó?

Besos, Joha!