Capítulo Catorce

El demonio de la Pasión

- ¡Suéltame ahora mismo!

Edward me miraba. Me miraba con esa mirada dura y penetrante que me volvía loca. Me castigaba con la mirada, lo sentía.

- No Isabella. Ahora vas a estar calladita y me vas a escuchar o voy a cumplir mi promesa y te voy a poner el culo del color de los tomates maduros, y te juro que disfrutaré cada segundo.

Me revolví. Dios como me ponía su voz. Si su mirada me volvía loca su voz activaba teclas en mi cuerpo que me hacían estremecer. Su voz hacía que mi cuerpo se derritiera. ¿Se podrían tener orgasmos con sólo escucharlo hablar?

Tenía que estar enfadada con él, pero ahora estaba muy excitada.

Vi como repasaba mi cuerpo desde los pies a la cabeza. En ese momento me acordé de que sólo llevaba una camiseta larga y unas bragas. Al moverme, la camiseta se me había subido por encima de la cadera dejando al descubierto mis bragas de encaje negro.

- Podemos hablar igualmente si me sueltas. Prometo no escaparme.

- Lo siento preciosa, pero no puedo permitir que te escabullas de nuevo. Además ahora mismo tengo unas vistas estupendas- dijo con su sonrisa de millón de dólares.

- Por favor...- le rogué. Me sentía muy expuesta y me daba vergüenza que viera lo mojada que estaba.

- Yo también te lo pedí por favor y no me escuchaste. ¿ Por qué tendría que tener esa consideración contigo?

- Porque tu fuiste el imbécil que lo estropeaste.

Siento que está controlando la furia que siente por lo que le he contestado. Está poniendo de su parte. Se nota que quiere arreglarlo, pero su mirada es puro fuego.

Asiente y me mira tan jodidamente furioso que que asusta.

- Pero estoy intentando arreglarlo cielo-contesta.

¿Cielo? ¿Qué mierda?

Podía sentir como mi respiración se iba acelerando. Quería que me tocara por todas partes. Quería su boca en mi cuerpo. ¡Dios! ¡Lo necesitaba! Pero tenía que ser fuerte y aguantar la tortura.

- ¿Y James?- le pregunté con la esperanza de escapar. Me brindó una sonrisa perversa mostrándome todo lo que escondía.

- Les he regalado a su chica y a él, una noche en mi mejor hotel, a cambio de las llaves y que se fueran, por supuesto.

¿Por qué todo el mundo me vendía? Odiaba que me utilizaran como moneda de cambio para conseguir cosas materiales.

- Sigo pensando en ti- me soltó a bocajarro-. Sigo recordando la suavidad de tu piel, tu sabor...tus labios-suspiró-. Quiero que vuelvas.

- No. ¿Por qué me haces esto?-le dije refiriéndome a como me tenía inmovilizada.

- Hago lo que haga falta , lo que sea, para que vuelvas a ser mía.

- No- contesté. Edward me miró fijamente. Vi como su pecho subía y bajaba tranquilizándose. Controlando todas sus acciones.

Mi corazón saltaba en mi pecho. Mi sangre corría como lava por mis venas. Todo por esa mirada que me encendía y hacía que me derritiera. Me volvía loca que me mirara duramente. Masoquista, lo sé.

Quería que me besara, que me tocara por todo mi cuerpo. Todo mi ser palpitaba por Edward.

- ¿Por qué?- preguntó con el ceño fruncido.

- Porque tu y yo... fue un error, tenías razón. No tengo experiencia y no estoy hecha para estar contigo y llevar tu vida. Estoy exhausta. Es mejor apartarme ahora que puedo. ¡ No quiero verte más!

- No lo dirás en serio...- asentí-. Lo siento. Me he portado muy mal contigo desde el principio. Me encantaba que fueras virgen. Me excita hasta lo impensable que no tengas experiencia y seas tan inocente. El sexo contigo es sublime. Quiero que volvamos a empezar de nuevo.

- No . Es imposible. Lo siento. No estoy hecha para tener ese tipo de relación- pensé que podría ayudarlo-. Creí que podría sobre llevarlo,estar a la altura, pero no puedo. En lo más mínimo me has hecho pedazos. No me gustó como me trataste. Yo... sólo quise sorprenderte- se me hizo un nudo en la garganta recordando como me humilló.

- Y lo hiciste- se pasó las manos por el pelo nervioso, ansioso. Buscando mil maneras para hacerme cambiar de opinión-. Fui un estúpido. Todavía tengo la visión en mis retinas. Me he masturbado mil veces pensando en ti, pero nada me sacia.

¿Qué? Madre Mía. Dejé de escuchar lo que decía.

- Estabas preciosa- miró mi cuerpo de arriba a abajo-, eres preciosa y perfecta. Dame otra oportunidad.

- No- nunca imagine que Edward Cullen se rebajara por una mujer y mucho menos por mí.

- Cambiaremos las condiciones- añadió desesperado.

- No.

- ¡Maldita sea Isabella!¡Quiero estar contigo!- el corazón se me contrajo.

- No es buena idea. Es mejor dejar las cosas como están. Todo a terminado.

- ¡Y una mierda que todo a terminado!- me estaba asustando.

- Edward suéltame- Edward se incorporó y se sentó junto a mí pero sin tocarme.

- Lo que sentí contigo...aquello fue...no sabía que fuera posible. No quiero perderlo. Tengo que tenerte. Te quiero a ti.

- Eso es sólo sexo. Eso es lo único que te interesa- afirmé.

- No, lo quiero todo.

¿Todo? ¿Qué sería todo para él? ¿Tendríamos alguna esperanza?

Sentía su mirada sobre mi cuerpo. Hacía que los pelos de mi nuca se me pusieran de punta y un escalofrío recorriera mi cuerpo.

- Necesito besarte. Voy a besarte Isabella.

Oh Dios. Quise negarme , pero mi boca ya expectante no emitió ningún sonido. Se fue acercando lentamente. Mi respiración era fuerte y errática. Estaba jadeando para mi vergüenza y todavía no me había tocado. Edward no apartaba sus ojos de los míos. Poco a poco fue acortando las distancias y sentí su aliento en mis labios. Madre Mía. El corazón se me iba a salir del pecho.

Sus labios me tocaron suaves, titubeantes. Fue como si todo hubiera estado perdido y de pronto, volviera a estar en su sitio. Se sentía bien. Se sentía en casa.

Su boca era fantástica y sus besos increíbles. No tenía más experiencia que él, pero estaba segura, que nada ni nadie se podía comparar a esto. A lo que sentía estando con él.

Edward emitió un bramido y el beso se endureció. Se intensificó. Todo mi cuerpo se estremeció y mi sangre saltaba enloquecida. Edward me sujetaba fuerte por la nuca para que no me moviera – como si pudiera apartarme- y así profundizar más si cabía el beso.

Quería que me soltara las manos para pasarlas por su cabello y agarrarlo fuertemente contra mí para que no se fuera jamas.

Dios, necesitaba más.

Su lengua llegaba por todas partes. No dejaba ni un milímetro sin degustar. Podía sentir su pecho subir y bajar jadeando. Llegó un momento en que tuvimos que parar para coger un poco de oxigeno. Él mordió mi labio inferior suavemente sin querer separase de mí.

Jadeábamos cada uno en la boca del otro, mezclando nuestros alientos sin dejar de mirarnos. Muy íntimo.

- Dios, nena, vuelve conmigo- posó su frente sobre la mía.

- Edward...

- Quiero estar contigo Isabella, completamente. Quiero pasar todo el tiempo que pueda contigo y no sólo follando. Lo quiero todo de ti.

No podía creer lo que me estaba diciendo. ¿Quería tener una relación seria conmigo? ¿Era eso lo que me estaba diciendo?

- Edward estoy agotada y apenas hemos pasado un día juntos.

- Se que soy muy intenso y difícil de tratar...sólo espero que veas algo bueno en mí- la falta de seguridad en si mismo era lo que lo hacía así de controlador. ¿Cómo no se daba cuenta la fantástica persona que era? ¿Cómo podía pensar que sólo se interesaban por él por su dinero?

- Edward, por el amor de Dios, eres magnífico. ¿No te ves?

- Nena aún no me conoces. Tengo mucha mierda encima.

- Cuéntamelo.

- Algún día.

- Por favor...- rogué-, quiero conocerte. Acarició mi mejilla con su dedo índice muy suavemente, terminando perfilando mis labios.

- ¡Eres tan hermosa! No te merezco. Se que debería dejarte marchar, pero me haces sentir tan bien. Eres como una medicina para mí. Oxigeno puro después de un día sin poder respirar. Eres excepcional-suspiró derrotado-. No soy bueno para ti. He tenido más de ti de lo que tenía derecho, pero te necesito, sólo...danos otra oportunidad. Juro que te recompensaré por todo. Por favor...

¿Cómo podía decir que no?

- Edward...

- Vuelve conmigo. Sé que la jodí, pero no te volveré a tratar así. Me entró pánico de sentir todo lo que sentía estando contigo. Quiero más que una relación para follar, pero tienes que ayudarme y ser paciente conmigo. Hace mucho tiempo que no hago algo así.

Fruncí el ceño. No sabía bien a qué se refería.

- ¿Hacer qué?- pregunté esperanzada.

- Tener una relación. Pasar tiempo juntos fuera de la cama.

¡Quería tener una relación de pareja conmigo! Mi corazón saltó de alegría.

- ¿Qué quieres decir?- le pregunté para asegurarme.

- Nena quiero que seas mía. Tener una relación seria contigo. Hacer el amor y follar. Quiero que seas mi chica en todos los sentidos y ámbitos. Quiero hacerlo público y que todos sepan que eres mía.

¡Oh. Mi . Dios!

- Edward...

- Pero Isabella- se puso serio-, necesito saber que estás bien, que no me mientes. Si te sientes triste o deprimida...

- ¿Por qué?

- Porque necesito controlarlo. Necesito controlar todo lo que tenga que ver contigo.

- Pero... no puedes decirme...- me puso un dedo en mis labios para callarme.

- Algún día te lo explicaré- eso era un paso.

- Esta bien Edward- sonrió.

- ¿Me estás aceptando de nuevo?

- Con condiciones.

- ¿Qué condiciones?-gruñó.

- Voy a vivir aquí.

- Cielo, por favor...-oh dios, otra vez. ¿Cómo era capaz de llevarme al borde sólo con palabras?

- Edward- dije con voz ronca-, necesito mi espacio-intenté razonar con él.

- ¿Para escaparte de mí? No quiero que me escondas nada- habló con un tono triste y dolido.

- No pienso ocultarte nada, pero creo que es mejor que empecemos poco a poco.

- ¡Maldita sea nena, quiero tenerte todos los días en mi cama! Tenemos que recuperar el tiempo perdido-solté una risilla y el me sonrió.

- Puedes quedarte aquí algún día o yo podría ir a tu casa otro. Pero en general, cada uno en su casa y en su espacio para no precipitar las cosas.

- Esta bien dijo ceñudo-, aceptaré cualquier cosa que quieras con tal de que vuelvas conmigo.

- Vale – le sonreí-. También te he echado de menos.

- Dios nena, me estoy muriendo por ti.

Jadeé y mordí mi labio sabiendo lo que le provocaba.

- Te deseo. Quiero follarte.

¡Mierda!

- Te voy a besar cada centímetro de tu cremosa piel. Lameré tus pezones sonrosados, dulces y erectos por mí. Voy a devorar tu coño y a saciarme de tu sabor. Cuando ya no puedas más y me pidas clemencia , te voy a follar duro para quitarnos el hambre que sentimos el uno por el otro.

Sus dedos iban recorriendo mi piel mandándome electricidad por todo el cuerpo. Todo mi ser lo reclamaba. Todo mi cuerpo temblaba de excitación por él.¡ Iba a explotar!

- Cuando estemos más calmados volveré a empezar y te haré el amor lento, muy lento y vas a rogar por que te haga terminar.

¡Oh Madre Mía!

No podía más.

- Por dios Edward, suéltame. Ten compasión de mí, quiero tocarte.

- Oh no nena. Ese va a ser tu castigo. Te voy a hacer rogar por mi cuerpo.

Chocó sus labios contra los míos hambriento, tanto o más que los míos. Sabía perfectamente lo que hacía en cada movimiento, como me ponía. Su beso era exigente, su boca buscaba la mía con ansias feroces. Duro. Agresivo.

Sin apartar sus labios de los míos dijo:

- No puedo dejar de pensar de tu boca en mi polla. Tu de rodillas ante mí, mirándome, mirándote como entierro mi polla en tu boca caliente una y otra vez hasta explotar.

Gemí. Era tan caliente . Parecía otro Edward. Volvió a besarme más duro. Sus manos subieron por los costados de mi cuerpo sin tocar nada más y llegó hasta mi cuello. Una vez allí agarró el cuello de la camiseta y lo rasgó, partiendo la camiseta en dos y abriéndola dejando mi torso al aire.

Esta acción me puso a mil. Jadeé. Edward me miró dudoso.

- Lo siento, no puedo esperar- se disculpó.

- No … no pasa...nada. Era vieja.

- Dios, eres preciosa. Me encantan tus pezones.

Su boca se dirigió a un pezón y mordió, para luego pasar su lengua y lamerlo.

- Aahh- grité. Una corriente me recorrió la columna.

- Voy a hacer que te corras a través de tus pechos. Dime que tu también lo deseas.

El otro pezón corrió la misma suerte que el anterior y sentía como estaba en el borde.

- Dímelo Isabella. Dí que me deseas como yo a ti.

- Oh Edward...- volvió a morderme el pezón.

- Dímelo o pararé- exigió.

- Oh, dios Edward...¡te deseo!

- Eso es pequeña.

Mordió mis pezones y los chupó. No se si era porque llevaba varios días sin él o esa forma mandona de tratarme que estaba apunto de llegar.

- Oh ...por favor...

- Dime qué quieres nena.

- Te necesito.

- No nena. Te voy a hacer sufrir como me has hecho sufrir tu a mí. Te voy a hacer rogar por mí.

- Por favor...

sentí como su risa hacía vibrar mi pecho. De pronto mordió uno de mis pezones con más fuerza y agarró el otro con su mano y caí.

- Aaahh- grite-, Edward...

Un gruñido salió de su pecho y me besó bruscamente. Apenas podía responder , mientras duraba el asombroso orgasmo. Posó su frente sobre la mía.

- Eres tan receptiva. Me encanta tu cuerpo.

- Venga Edward suéltame. Ya has demostrado tu punto.

- Oh no cielo. No he terminado aún contigo.

¡Mierda!

- Pero quiero tocarte.

- Ya tendrás tiempo para eso.

Me dio otro beso devorador y fue bajando dejando besos castos sobre mis pechos y siguió bajando por el estómago. Jugueteó con mi ombligo. Lo lamió, sopló y esa sensación se extendió por todo mi cuerpo, dejándome preparada otra vez para él. Siguió bajando hasta mi centro. Agarró mis bragas y tiró de ellas sacándolas por mis pies.

Sujetó mis tobillos suavemente. Fue subiendo poco a poco con una caricia exquisita. Me agarró por detrás de mis rodillas y las abrió. Besó mis muslos interiormente, hasta que llegó a mi sexo. Después de todo esto ya estaba a punto de correrme otra vez.

Pegó su nariz a mi centro.

- He echado de menos tu olor-jadeé. Lamió -. Tu sabor- volvió a lamer. Con su dedo separó mis pliegues e introdujo un dedo lentamente.

- ¡Oh Dios!- me arqueé.

- Estás tan mojada..., he echado de menos la respuesta de tu cuerpo a mí. Tu cuerpo siempre ha sabido que eres mía. Me perteneces.

Sacó su dedo para introducir dos.

- Eso es nena. Apriete mis dedos.

- Edward …

- Sí, lo sé.

Los movimientos fueron más rápidos y volvió a posar su boca en mí. Su lengua buscó mi clítoris, al que chupó, mordió y jugueteó con el haciéndome pasar una deliciosa tortura.

- Ohh...aahh- grité explotando. Mis ojos se volvieron en mis cuencas. Mi cuerpo se arqueó y apenas podía respirar. Me había dejado sin fuerzas. Inservible.

No fui consciente de cuanto tiempo pasó hasta que me tranquilicé. Abrí mis ojos y Edward estaba observándome.

- Eres condenadamente hermosa cuando te corres.

¿Cómo podía decir eso cuando estaba hecha un desastre?

Sacó del bolsillo interior de su elegante chaqueta, un preservativo y lo dejó junto a mí en la cama.

- Todavía no había terminado conmigo.

Comenzó a quitarse la camisa y luego los zapatos. Desabrochó el cinturón, el botón de los pantalones y de pronto estaba desnudo y listo para mí.

- Por favor Edward , suéltame ya.

- Aún no- dijo serio.¡ Mierda, ese tono severo!

Se colocó entre mis piernas y se puso el condón. Una vez puesto me miró.

- Mírame. No cierres ni apartes tus ojos de los míos. Quiero ver tu cara mientras te follo.

Lentamente y sin apartar sus ojos de mí, me penetró. Los dos jadeamos. Era tan bueno. Comenzó a moverse poco a poco. Cada vez más rápido y fuerte.

- Eres tan estrecha. Se siente tan caliente y tus paredes me aprietan... es el cielo. Es tan bueno-madre mía.

Cada vez iba más rápido y con más fuerza. Yo gemía y apenas podía mantener los ojos abiertos. Su boca cayó sobre la mía y me besó. Apenas podíamos concentrarnos en el beso.

Los dos jadeábamos y respirábamos en la boca del otro.

- ¿ Me sientes?-dijo contra mi boba-. Me perteneces , eres mía.

¿Dios! ¡Era increíble la sensación!

- Vente para mí nena.

Y sin más , como si mi cuerpo fuera suyo, llegué a mi tercer orgasmo de la noche.

De pronto y sin ni siquiera estar consciente, me dio la vuelta. Mis brazos quedaron cruzados. Me empujó un poco hacia el cabecero para que no tuviera los brazos tan estirados y me bajó la cabeza, hasta que toqué el colchón con mi mejilla. Levantó mi culo y le dio un azote.

- Auch- grité. No me lo esperaba.

- Auch- otro azote en el otro cachete.

Levantó más mi culo, dejando mi sexo más abierto y expuesto para él.

¡Qué vergüenza!

- Oh nena. Eres increíblemente sexy y preciosa. Toda una belleza.

Sentí como desde atrás lamía mi sexo de nuevo. Yo era una marioneta en sus manos. No tenía fuerza.

Se incorporó y sin previo aviso me penetró hasta la empuñadura. Se movía fuerte, duro, descontrolado. Sus manos fueron a mis pechos y los estrujó. Estaba fuera de si.

Escuchaba sus jadeos y gruñidos. Entre sus sonidos escuchaba gritos desesperados. Una y otra vez se introducía en mí. Dolor y placer. Una de sus manos llegó a mi sexo y lo acarició.

- Venga nena córrete de nuevo.

Oh Dios. Oh Dios.

- Aagghh-...grité. Me dolía la garganta. Me di cuenta de que los gritos desesperados eran míos. Estaba completamente desbocada.

El orgasmo fue duro y poderoso. Increíble, pero aún lo fue más cuando sentí a Edward correrse dentro de mí.

Segundos o minutos después seguíamos pegados. Su pecho sobre mi espalda. Nuestras respiraciones normalizándose.

Sentí como Edward se movió y desató mis muñecas, dejando una caricia acompañado de un beso en cada una.

Yo estaba completamente agotada. Apenas podía moverme.

- ¿Estás bien?

- Umm- se rió.

- ¿Estás bien follada?- suspiré.

- ¿Eso es un sí o quieres que comencemos y te haga el amor?-Dios mío ¡no!. Saqué fuerzas para hablar.

- Sí a lo primero y no tengo fuerzas para lo segundo- dije sin abrir mis ojos y escuché como reía. ¿ De dónde sacaría Edward tanta energía?

- Esta bien nena. Duerme.

Fue al baño, supongo que para tirar el preservativo. Se acomodó detrás de mí en la cama y me agarró de la cintura entrelazando nuestras piernas. Yo estaba prácticamente dormida .Cuando apenas era consciente lo sentí junto a mi oído.

- No vuelvas a abandonarme-ordenó.

Dejó un dulce beso en mi cuello. Sintiéndome feliz, caí en la oscuridad de Morfeo.