Hola a todas. Aquí de nuevo.

Quiero deciros que a todas las que me habéis pedido invitación para mi página os la he mandado . Creo que no me he dejado a nadie. De todas formas si hay alguien que me lo diga o si alguien quiere alguna se la daré encantada, sólo tiene que darme el email. A veces llega la invitación como correo no deseado. Revisar.

Siempre actualizo en mi página antes que por aquí y siempre aviso por Twitter y facebook.

Quiero agradecer a todas los reviews, preferidos, me gusta y a los lectores anónimos por leerme.

GRACIAS A TODOS.

Me han comentado algo de Betas. No tengo ni idea como va eso. Si alguien pudiera decirme algo lo agradecería.

Perdón por los errores, pero al subir el capítulo parece que se come a veces frases o algo así.

Ahora sí os dejo con el nuevo capítulo. Espero que os guste.

CAPÍTULO DIEZ

NUEVA OPORTUNIDAD

Me costó quitarme de el pelo esta pasta que se había formado con la mezcla de la tarta y la leche. Echaba de menos estos ratos que pasaba con mis amigos. Hacía tanto tiempo que no estábamos los tres reunidos juntos.

Me lavé el pelo dos veces hasta que me pareció que había quedado limpio. Me enjuagué bien y después de meterme en mi albornoz salí del baño.

Me coloqué un vestido cómodo y fresquito de tirantas, unas sandalias con poco tacón y ya estaba lista. Recogí el baño y fui al salón.

Al llegar al salón y ver la escena que había delante de mi ...se me heló la sangre. John estaba sentado en el suelo apoyado en la pared con su mano puesta en la nariz y con toda la cara y el pecho lleno de sangre.

- ¡ Dios John! ¿ Qué te ha pasado?

- Mi nariz...-gimió.

- ¿ Te has caído?- pregunté alucinada como en el trascurso de cinco minutos mientras me duchaba, le hubiera pasado esto.

- ¡ Joder no! Me ha pegado.

- ¿ Ángela te ha hecho esto?

- ¡No! Ese tipo...¡qué asco! Me estoy tragando mi propia sangre- gimoteó con arcadas.

Estaba alucinada y no entendía nada. ¿ A quién se refería? ¿ Qué tipo? Aquí no había nadie más. ¿ Estaría tomando tipo de medicación? O quizá era algo que se tomaba en el gimnasio para aumentar los músculos y tenía efectos secundarios. No se que podía ser. Sabía que John era un chico light. Nada de drogas, alcohol o tabaco.

- John, ¿ estás tomando algo?

- ¿Qué? ¿ Qué quieres decir Isa?

- ¡No entiendo nada John! ¡ Ángela ven rápido!- la llamé . Quizá ella sería capaz de razonar y entender algo.

Ángela llegó en unos segundos.

- Oh John ¿qué te ha pasado?- se arrodilló junto a mí.

- Me ha pegado un puñetazo.¿ Podríamos ir a urgencias? Creo que me ha roto la nariz. Me duele muchísimo y apenas puedo respirar.

- Bella, ¿por qué le has pegado?

- ¡ Yo no he sido!

- Fue ese tipo, ya te lo he dicho.

- John aquí no hay nadie más- le dije.

- John ¿ estás bien? ¿ No te habrás pegado tu?-dijo Ángela siempre directa al grano-. No hace falta que hagas esto para llamar nuestra atención.

- ¡¿Pero que os pasa?!-gritó-, ¿ estáis locas? ¿ cómo pensáis que he sido yo? Os estoy diciendo que un tipo amigo de Isa vino y me pegó.

- ¿ Qué?-el mundo se derrumbó a mi alrededor.

- Mientras os duchabais llamaron al timbre y abrí. Un tipo con la cara de el mismo diablo, preguntó por Isabella. Le dije que se estaba duchando y me dio un puñetazo.

- Edward – dijo Ángela mirándome.

- Sí -dijo John-. Dijo que se llamaba Edward Cu...algo.

- Dios . No lo puedo creer. Lo siento John. Todo esto es culpa mía. Perdóname.

- No es tu culpa.

- Venga levantate y vamos a urgencias para que te vean esa nariz. Se te ha hinchado toda la cara y te está saliendo un hematoma.

- ¡Oh dios- gritó John-, la nariz rota! ¿ Qué voy a hacer ahora?Linda no querrá verme.

- ¿ La chica de el gimnasio?-preguntó Ángela.

- Sí .

- Lo siento John. No se que decir.

Las lágrimas me caían por mi cara. Esta vez Edward de había pasado y mucho.

Después de llegar a casa y acomodarlo en la antigua habitación de Ángela, le pedí a esta que se quedara a cuidarlo. Tenía que hablar con Edward y pedirle explicaciones.

Llegué a su casa en tiempo récord. Llamé y como siempre era Elezar el que me recibía.

- Buenas noches señorita Swan.

- Hola Elezar. Me gustaría hablar con el señor Cullen.

- Está en su despacho.

- ¿Está reunido con alguien?

- No . está solo.

- Ok.

Sin esperar que lo avisara o que me anunciara me lancé escaleras arriba hacia su despacho. Elezar no intetó detenerme ni dijo nada más.

Sin llamar a la puerta entré en el despacho como un huracán.

La visión de Edward era desoladora. Sentado en su sillón de cuero detrás de la mesa de su despacho con los codos apoyados en la mesa y su cabeza entre sus manos atrapando su hermosa cara. Una botella de whisky y el vaso medio vacío adornaban la la imagen misma de el dolor.

A otra persona le podía dar pena pero no a mí. No después de lo que había hecho. Le había pegado a John sin motivo. Para mi era algo imperdonable.

- Edward...- llamé su atención.

- ¿ Qué haces tu aquí? ¿ Ya te has cansado de tu nuevo amiguito? ¿ La tiene grande? ¿ Te gusta como te folla? ¿ Es más gentil que yo?

Sólo de pensar en John y yo juntos como Edward pensaba me daban nauseas.

- Eres un idiota Cullen. ¿ Cuándo te va a entrar en la cabeza que no soy como las mujeres a las que estás acostumbrado? No soy como tu. Yo no me acuesto con cualquiera y menos con un hombre al que considero como mi hermano.

Los ojos de Edward recobraron un poco de brillo.¡Dios que celoso era!

- ¿Hermano?-preguntó dudoso mientras se levantaba de el siññón y sorteaba la mesa quedando apoyado sobre ella y frente a mí.

- Sí , hermanos- nos miramos a los ojos fijamente durante unos segundos.

- Lo voy a convencer para que te demande- Edward sonrió-. Le has roto la nariz y se le quedara torcida de por vida. La chica que le gusta no querrá mirarlo y todo será por mi culpa. ¡ Por implicarme contigo!-le grité.

- Si es verdad que es como un hermano para ti, le pagaré un cirujano plástico.

- ¡Claro , tu y tu maldito dinero!- grité e hice aspavientos con los brazos.

- ¿No quieres que se lo pague?-preguntó. No se enteraba de nada.

- No es cuestión de que le pagues nada. Es cuestión de que controles tus instintos homicidas con las personas que se relacionan conmigo.

- Entérate de una vez Isabella, si alguien te toca lo mínimo que voy a hacer es darle un puñetazo.

- Edward, no somos nada. Deja de ser tan posesivo conmigo.

- ¿ Hasta cuándo vas a estar huyendo de mí? Bajé la mirada a mis manos ahora cruzadas por los nervios. En parte tenía razón. Huía de él.

Edward seguía mirándome. Se veía más relajado. Con sus sentidos alerta de nuevo.

- ¿ Durante cuanto tiempo vas a seguir negando que me deseas Bella?- me preguntó muy pagado de si mismo. Me conocía bien.

- Tuviste tu oportunidad y lo estropeaste todo. Si hubieras esperado un poco como te pedí...

- Me gusta hacer las cosas a mi manera.

- Sí , lo sé. Haces las cosas sin pensar a quien haces daño.

- Nunca he querido hacerte daño. Lo juro.

- Está bien Edward. Piensa y haz lo que quieras. Sólo he venido a pedirte explicaciones y a advertirte de la denuncia. Pero la única explicación que veo es que eres un maldito cavernícola.

- Dijo cosas obscenas de ti. Estaba medio desnudo- dijo Edward amenazante.

- ¿Sin camiseta es medio desnudo?- bueno puede que sí, pero no se lo pondría fácil.

Comenzó a andar de un lado a otro tirándose de el pelo.

- Dijo- cerró los ojos conteniéndose-, dijo que te había llenado con su leche.

Reí por dentro. Intenté no mostrar nada. En realidad podía entender la reacción de Edward. Sonaba un poco mal. Sobre todo si tenías una mente sucia como la tenía Edward.

- Sí, es cierto- dije sin más con la máxima indiferencia posible.

Edward me miró de arriba a abajo. Las aletas de la nariz se le movían por su respiración fuerte y rápida. Parecía un toro a punto de explotar. Al ver los nudillos blancos pensé en no tentar más a la suerte y no seguir riéndome de él.

- Edward, para celebrar la llegada de John, entre los tres hicimos una tarta y bebimos leche. Jugamos un poco y acabamos con la tarta y la leche por todo el cuerpo. John me tiró su leche- hice comillas en el aire- por la cabeza. Cuando tu viniste Ángela y yo nos estábamos duchando y supongo que él se estaba cambiando de camiseta.

- Él no sabía quien era yo. Si de verdad es como tu hermano ¿ por qué no le has hablado de mí? Parecía un niño pequeño al que se le está negando un juguete.

- Yo no voy contando por ahí mi vida privada. Además hacía algún tiempo que no hablaba con John. Sólo Ángela sabe algo de ti.

Me regaló una sonrisa de anuncio y me hizo babear.

- Bella, te deseo...muchísimo.

¡ Dios! Yo también lo deseaba. Estaba ardiendo por dentro. Necesitaba sentirlo, que me tocara y me besara.

- Se acercó a mí poco a poco. Con cautela. Cuando llegó hasta mí acarició muy suavemente mi mandíbula.

- No Edward- intenté retroceder.

- Te deseo- dijo mientras su pulgar acariciaba mi labio inferior con su mirada fija en mi boca. Iba a arder. Yo quería que cruzase la distancia que nos separaba y me besara.

Como si me hubiera escuchado o leyera mi mente me agarró por la nuca y me besó de forma violenta. Apasionada. Al principio me quedé impresionada y no le devolví el beso, pero segundos después le di todo de mí.

Mis yo interiores saltaban y gritaban. ¡Fin de la sequía!

Le rodeé el cuello con mis brazos y él me pegó a su cuerpo haciéndome sentir su erección en mi estómago. Jadeé.¡Dios! Quería más. Lo quería todo. Lo echaba de menos. Nunca lo había deseado tanto.

De pronto Edward me cogió en brazos y me apoyó contra la pared. Al chocar nuestros cuerpos los dos jadeamos en la boca de el otro. Su mano derecha bajó de mi nuca a los tirantes de mi vestido dejándome los pechos desnudos al descubierto. Edward agachó la cabeza y mordió con fuerza mi pezón haciéndome gritar y luego lo lamió. Volvió a mi boca. Introdujo su lengua llenándome hasta la campanilla y sin dejar un sólo espacio sin conocer.

Subió la parte baja de mi vestido hasta mi cintura y arrancó mis bragas. Metió dos dedos dentro y grité de la impresión de la posesión inesperada y por la satisfacción que me produjo.

- Siempre estás lista para mí- dijo más para él que para mí. Un pensamiento que produjo en palabras.

Dejó de besarme y me miró fijamente a los ojos mientras seguía bombeando cada vez más fuerte. Cada vez más deprisa.

- Di que me deseas-ordenó.

- Edward ...-recriminé.

- Dilo – volvió a ordenar.

- ¡ Dios Edward te deseo muchísimo!-grité.

Yo no podía más que gemir mientras me subía por esa montaña rusa de sensaciones. Pronto llegué al clímax mientras Edward no se perdía nada sin dejar de mirarme.

Con una sonrisa arrogante y sin cambiar de posición bajó la cremallera de su pantalón.

Mientras que rebuscaba en su cartera por un preservativo yo agarré su poderoso miembro, duro y caliente haciéndolo jadear.

No sé porque se lo iba a poner ya que nunca lo había usado y yo tomaba la píldora. Luego le preguntaría.

Quitó mi mano de su erección, se puso el preservativo y sin más ceremonias me penetró.

- Ahhgg- gritamos al unisono.

- Joder, que bueno- se quejó.

- Sí ...- contesté. Había pasado tanto tiempo.

Comenzó a moverse frenéticamente. Fuerte , duro. Sin ningún miramiento, pero haciéndome ver las estrellas.

Entraba y salía de mí una y otra vez mientras se iba formando mi segundo orgasmo. Se sentía fenomenal. Sexo salvaje, agonizante. Muy necesitado por las dos partes. Su boca dura sobre la mía devorándome. Su cuerpo fuera de control chocando contra el mío. Alucinante. Perfecto.

Jadeé y grité llegando a ese ansiado orgasmo y segundos después sentí como Edward se tensaba llegando también al clímax mientras ocultaba su cara en mi cuello.

Tardamos unos segundos o minutos en recuperarnos.

Edward me bajó lentamente y apoyé mis pies en el suelo creyendo que me caería.

Se subió la bragueta y colocó bien su ropa mientras yo hacía lo mismo con mi vestido.

- ¿Te ha quedado claro que no te puedes resistir a mí?

- Eres un idiota.

Me moví para coger mi bolso y largarme. Me dio una punzada entre las piernas.

- ¿ Te he hecho daño?

- No, estoy bien.

- ¿ Por qué eres tan orgullosa?

No le contesté. Me di la vuelta para irme y vi mis bragas rotas en el suelo.

- Te mandaré la factura de las bragas- le informé.

Su cara se transformó. Su boca una linea recta y sus ojos se oscurecieron.

- Creí que las parejas no tenían que pagar por esas cosas-preguntó.

- Pero tu y yo no lo somos ¿ verdad?

- Ahh, bien. Ya me ha quedado claro. Yo creía que eras mi pareja, mi novia o como quieras llamarlo, pero está claro que prefieres ser mi fulana.

Cogió la cartera, sacó unos billetes y los metió en el escote de mi vestido.

- ¿ Tienes suficiente?- me preguntó. Yo me puse blanca como el papel. No podía creer lo que me había hecho. Nunca lo creí capaz de algo así. Saqué el dinero de mi escote y se lo tiré a la cara.

- Nunca tendrás suficiente dinero para pagarme. Nunca más volverás a tocarme o hacerme el amor.

- Quien dice que quiera hacerlo- contraatacó.

Con lágrimas en los ojos abrí la puerta y salí corriendo de su despacho. Bajé las escaleras y salí de su maldita casa sin despedirme ni siquiera de Elezar.

Versión Edward

Mierda ¿qué había hecho? En que estaba pensando. Sí lo sabía muy bien. Esos celos enfermizos que tenía de todo a lo que ella amaba. Celos de todo aquello a lo que a ella le importaba un poco. Celos de que amase a cualquier cosa o persona más que a mí.

Esa agonía me comía por dentro. Yo estaba completamente enamorado de ella. La amaba hasta el delirio y me era imposible negarme a ella . Pero para ella yo era menos que nada. Podía rechazarme sin sentir el mas mínimo atisbo de dolor. Y yo me consumía por dentro de pensar que ella nunca me amara.

Lo iba a arreglar. Me conformaría con lo que pudiera obtener. Como ella quisiera o cuando ella quisiera. Me tenía a su merced y estaba sediento de ella.

Cogería lo poco que ella me quisiera dar y me conformaría porque yo tenía amor para los dos.

Cogí las llaves de el coche y salí a buscarla.

Versión Bella

Llegué a casa como un zombi. John estaba dormido gracias a los calmantes y Ángela a punto de irse.

- ¿ Qué te ha pasado?- preguntó Ángela al verme en ese estado.

- Nada, no te preocupes.

- Bella estás llorando . ¿ Qué te ha hecho?

- Es un idiota...nada más. Mañana hablamos ¿ vale?

- ¿ Seguro? Me puedo quedar aquí si quieres.

- No, no. Estoy bien. Vete a casa. Necesito estar sola y pensar.

- Está bien – me dio un beso y un abrazo y se fue.

Me senté en el sofá como un autómata. La mirada perdida y borrosa de mis incontrolables lágrimas. Estaba muy dolida por las palabras y las acciones de Edward. Me desesperaba y colapsaba mi organismo. No había termino medio con él. O te amaba o te odiaba. Era agotador.

No sé cuanto tiempo pasé pensando y llorando. Minutos u horas. Unos golpes en la puerta me sacaron de mi abstracción y me pusieron los pelos de punto. Tenía que ser Edward.

Volvían a llamar con golpes más fuertes.

- ¡ Bella, abre!- gritó desde fuera.

Mierda. No tenía ganas ni fuerza para pelear con Edward de nuevo.

- Bella...por favor- le noté triste.

Me acerqué a la puerta y sin abrir le hablé a través de ella.

- Márchate- le ordené.

- Abremé nena.

Normalmente cuando me decían nena, se me removía todo el estómago y me daban ganas de un buen puñetazo al machista que lo decía. Pero viniendo de Edward no lo sentía como como tal. Llegaba a mí como un apodo cariñoso. Meloso y juguetón.

- Por favor vete- supliqué.

- Si no me abres echaré la puerta abajo y no querrás que tu vecina vuelva a salir a echarme la bronca.

No. No quería. Tampoco quería que John se perturbara más de lo necesario. Me acerqué al pomo, quité el seguro y abrí. Me encontré ante un Edward irreconocible. Mas despeinado de lo habitual y con su ropa que normalmente iba pulcramente planchado, estaba totalmente arrugada. Pero segía guapísimo y con su mirada penetrante puesta en mí.

- ¿ Podemos hablar?- preguntó con ojos de corderito degollado.

Me aparté para dejarlo entrar. Entró despacio con la cabeza gacha. Cerré la puerta y me dirigí al salón con Edward pisándome los talones. Una vez que llegamos me di la vuelta y lo encaré. Él se puso nervioso. Se pasó las manos por el pelo varias veces y respiró hondo.

- Quiero pedirte disculpas – soltó midiendo mi reacción-. Lo que te hecho hoy ha sido imperdonable.

- Tienes razón y no te perdono- volvió a tirarse de el pelo.

- También quería disculparme por haber sido tan brusco. Perdí el control...te deseo. Nunca he deseado tanto a nadie como te deseo a ti y tu pareces tan entera... tu me afectas muchísimo y yo a ti ni siquiera... no te afecto nada y eso me saca de mis casillas. Lo siento.

Si él supiera lo mucho que me afectaba.

- No fuiste un bruto. No estoy hecha de mantequilla. Me gustó. Mucho- admití-. Siempre eres muy dulce conmigo, pero también me gusta salvaje. Acepto tus disculpas respecto a esto.

De pronto él se sentó en el sofá con la cabeza entre las manos.

- Perdona nena. Perdona por todo. Me vuelvo loco. Yo te amo y voy tras de ti como un perrito y tu te alejas y yo... no puedo, me descontrolo. No quiero que te vayas de mis manos. No quiero perderte.

- ¿ Qué quieres de mí, Edward?-dije sentándome a su lado.

- ¿ Que qué quiero? Lo quiero todo de ti. Quiero que tus pensamientos sean sólo para mí. Quiero que te acuestes y te levantes pensando en mí. Quiero que en tus sueños sólo salga yo. Quiero tu espíritu rebelde y dominarlo. Quiero tu corazón indomable. Quiero tu alma. Quiero esa boca inteligente capaz de atormentarme con sus palabras. Quiero tu cuerpo que me hipnotiza y hace conmigo lo que quiere. Quiero tus labios sobre los míos todo el tiempo. Estar dentro de ti toda la vida. Quiero que tu deseo sea para mí. Que me desees tanto que si no pudieras tenerme quisieras morir. Que me deses tanto como yo te deseo a ti. Que no puedas respirar sin mí. Quiero ser tus alegrías y tus risas. Que las sonrisas sea yo quien las provoque. Que tu vida empiece y termine conmigo. Que me ames como yo te amo. Quiero ser el centro de tu universo. Quiero ser el centro de tu vida, porque tú Isabella Swan, eres el centro de la mía.

- Quiero tener lo que me pertenece, lo que es mío. Isabella Swan eres mía aunque luches contra mí. Me perteneces para siempre. Lo quiero todo de ti. Quiero ser el dueño de todo.

- Ohh Edward...

Las lágrimas caían por mis mejillas. ¿ Podía ser más romántico y más posesivo?

- Dí que eres mía...

Edward no soy una posesión.

- Quiero que estés conmigo Bella. Quiero que me aceptes. ¿ Qué tengo de malo? Se que soy celoso y posesivo. Que tengo un genio de mil demonios. Pero te amo. Te amo tanto que me duele aquí-señaló su corazón-. Nadie te va a querer tanto como yo ni te va a ser sentir como lo hago yo. Somos increíbles juntos. Dinamita pura. No puedes negarlo. Por favor danos una oportunidad.

- No quiero que me trates como lo has hecho hoy.

- Estoy muy arrepentido nena. Por favor perdóname.

- Tienes que pedirle disculpas a John- gruñó.

- Si quieres que empecemos de cero tiene que estar todo bien y John es muy importante para mí.

- Esta bien nena , lo haré.

- Vale. Otra cosa... no voy a trabajar para ti. En ningún puesto. Me aguantaré hasta que encuentre otro trabajo, pero no quiero ser ni tu secretaria ni tu asistente personal.

- Nena ..estaremos separados muchas horas.

- Lo superaremos.

- Eso no me gusta.

- Hay otra cosa.

- ¿ Qué? Haré lo que quieras nena.

- Quiero que vayamos poco a poco en la relación, así que hasta nueva orden nada de sexo.

- ¡¿Qué?!...