Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico el fic.

Gracias a mi beta Libezzy por corregir este capítulo.


Lo que parecía imposible

Edward POV

Me deshice de mi última presa, un desafortunado león salvaje que se había cruzado en mi camino. Satisfecho y sin el molesto escozor en la garganta me di la vuelta retrocediendo por el camino que había recorrido unas par de horas antes.

En cuestión de minutos crucé el mar que separaba a Río de Janeiro de la Isla. En el mismo instante en que topé con la orilla de la playa, empecé a correr lo más rápido posible. Ansioso por volver a verla. Me dirigí directamente a la gran habitación blanca, suponiendo encontrarla allí. Pero no era así, la cama estaba vacía, aunque identifiqué mi nota entre las sabanas de seda. Al parecer se había despertado durante la noche. Olfateando la casa seguí el rastro de su peculiar y enloquecedor aroma, llegando justo hasta el salón. Allí estaba, tumbada en el sofá sobre los cojines, con su camisón remangado hasta la cintura dejando ver su ropa interior. Avancé despacio a través del espacio que me separaba de ella. La tele estaba encendida, al parecer se había quedado dormida viendo aquel musical que habíamos visto la tarde anterior. Todas las ventanas estaban abiertas y por el sudor en la frente y en su pecho puede suponer que mi amada esposa había pasado mucho calor en mi ausencia.

No pude contenerme en acariciar su suave y delicada piel. Así que la alcé sin esfuerzo acurrucándola en mi regazo y acaricié su rostro de ángel suavemente. Casi al instante sus parpados se abrieron pesadamente.

- Lo siento.- murmuré - tanta meticulosidad con todo y no pensé en que tendrías calor cuando yo me fuera de caza. Haré que instalen un aparato de aire acondicionado.

Bella no pareció concentrarse en mis palabras. Tal vez está todavía medio dormida, me dije. Pero ese pensamiento se esfumó cuando examiné más a fondo su rostro. Tenía un aspecto horrible, algo inusual y extraño en ella. Su característico sonrojo en sus mejillas había sido sustituido por un pálido enfermizo y tenía más ojeras que de costumbre. Justo cuando estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, Bella se agitó entre mis brazos. La dejé ir automáticamente.

- ¡Perdona! - jadeó con voz áspera mientras salía corriendo hacia al baño con una mano en si boca otra en su estomago. La seguí hasta el baño donde se arrodilló frente a la taza del váter y vomitó violentamente. Sujeté su cabello sin saber qué más hacer.

Se había intoxicado con la comida. Eso era lo que según Bella le ocurría. Me dije a mí mismo que Bella era humana, y que a los humanos les sucedían cosas como esta constantemente. Nada de qué preocuparse, intenté tranquilizarme, aunque me aseguré de que no ingiriera nada en un mínimo de dos horas para darle un tiempo a su estomago de recuperarse a pesar de sus quejas porque se encontraba hambrienta.

Por la tarde Bella parecía totalmente recuperada, aunque la notaba cansada. La llevé hasta el sofá y se acurrucó en mi regazo mientras veíamos las noticias televisivas. Al cabo de unos minutos, Bella se retorció incomoda en mi regazo y junto con una sonrisilla pícara alzó su cabeza para poder besarme. Le devolví la sonrisa y me dispuse a devolverle el beso, cuando tal y como había sucedido por la mañana. Bella se alejó de mí, corriendo con una mano en su boca. La seguí esta vez hasta el fregadero de la cocina, que se encontraba más cerca que el cuarto de baño. Bella vomitó de nuevo y yo me limité a sujetar su pelo y a besar su espalada, sin saber qué más hacer.

Le propuse a Bella que fuéramos a Río a que la viera un médico. Pero tal y como supuse Bella se negó rotundamente, alegando que solo necesitaba un poco de jarabe para recuperarse completamente. Bella se fue al baño y yo aproveché para tirar a la basura todo el contenido de la nevera. Más tarde llamaría a Kaure y a Gustavo para que repusieran la nevera con alimentos sin riego de estar en mal estado. Me empecé a preocupar cuando Bella tardó en salir del cuarto de baño. Preocupado por si se encontraba mal de nuevo toqué a la puerta.

- ¿Te encuentra bien? – pregunté - ¿Te has mareado otra vez?

- Sí y no - contestó al cabo de unos segundos con voz estrangulada. Algo iba mal, tenía la certeza de que algo iba tremendamente mal.

- ¿Bella? ¿Puedo entrar, por favor? -. pregunté. Esta vez no pude ocultar la preocupación en mi voz.

- Va… le - murmuró entrecortadamente. Inmediatamente abrí la puerta y evalué su postura. Estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas, junto a una maleta abierta llena de medicamentos, pero lo que más me llamó la atención fue su expresión ausente. Me senté a su lado en el suelo y llevé una mano a su cálida frente.

- ¿Qué es lo que va mal? - pregunté con tono paciente a pesar de que la ansiedad me estaba volviendo loco.

- ¿Cuántos días han pasado desde la boda? - susurró con un hilo de voz.

- Diecisiete.-contesté automáticamente. Entonces Bella volvió a sumirse en sus pensamientos, mientras movía sus labios sin emitir sonido alguno, como si estuviera contando mentalmente. Quise protestar y suplicar por una explicación pero ella alzó un dedo, advirtiéndome de que guardara silencio. Pasaron unos angustiosos segundos y mi preocupación y ansiedad se hicieron insoportables.

- ¡Bella!- la llamé en tono de urgencia- Me estas volviendo loco.

En lugar de contestarme Bella se volvió hacia la maleta abierta y rebuscó entre los medicamentos hasta que finalmente encontró lo que buscaba, una pequeña cajita de cartón azul. Me la tendió en silenció, parecía haber perdido su voz. Para mi sorpresa me encontré con una caja de tampones. No sabía lo que me esperaba pero no era eso. Solo podía relacionar aquello con los periodos menstruales de las mujeres pero eso no explicaba nada. Además Bella ni siquiera estaba en sus días. Algo se me escapaba, estaba seguro que había algo obvio en todo esto, pero que yo era incapaz de ver.

- ¿Qué? ¿Estás intentado hacerme creer que esto que te pasa es un simple síndrome premenstrual? - pregunté con incredibilidad.

- No. No, Edward. Estoy intentando decirte se me ha retrasado el periodo cinco días.- explicó con voz sofocada.

Me mantuve alerta esperando algo más justo en el momento en que mi mente identificó el significado de sus palabras. La realidad chocó contra mi organismo y ya no fui consciente de mi alrededor. Sus palabras resonaron en mi cabeza sin descanso, gritándome lo evidente, aquello tan obvio que no podía ver:

Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada. Embarazada….

Enlacé el comportamiento de Bella durante las últimas semanas. Los mareos por la mañana, el hambre, los vómitos, las pesadillas, el cansancio, los lloros… todos los síntomas llegaban a esa conclusión: Embarazada. Bella estaba embarazada.

Intenté asimilarlo para poder pensar en ello de una manera más ordenada y capacitada. Pero me era imposible condecirlo siquiera, a pesar de la confesión de Bella, a pesar de todos esos síntomas tan claros, a pesar de que sabía que era cierto pues lo estaba viendo frente a mí. Podía ver a Bella a escasos centímetros frente a mí, examinando su vientre frente al espejo. Increíblemente había un bulto, había un pequeño pero inconfundible bultito entre sus caderas. Pero, ¿cómo asimilarlo? ¿Cómo creer que realmente yo había podido engendrar a otro ser? ¿Cómo iba a hacerme a la idea después de años creyendo que jamás bajo ninguna circunstancia habría una posibilidad de que yo, Edward Anthony Masen Cullen, un vampiro, pudiera procrear?

Simplemente no era posible. No era posible, estaba seguro de que no había forma modo o manera de que fuera posible que yo pudiera tener un descendiente.

Respiré hondo varias veces, e intenté aclarar mi mente durante una fracción de segundo. Poco a poco fue siendo consciente de la realidad de nuevo. Supuse que había estado en un extraño tipo de shock puesto que estaba en la misma posición en la que había estado cuando Bella me dijo aquello.

- ... y…y te juro que algo se me ha movido justo ahora en el interior del cuerpo.-susurró Bella en voz baja, estaba de pie frente al espejo con mi teléfono móvil presionado en su oreja derecha. Oí la sabia y calmada voz de Carlisle al otro lado de la línea. Debía hablar con él. Carlisle era el único que podía ayudarme en ese momento. Alcé la cabeza y levanté mi mano para que Bella me diera el móvil, ella vaciló un poco antes de dármelo como si no estuviera segura de si yo podría hablar realmente.

- ¿Eso es posible? -susurré a través del teléfono.

- Si me lo hubieras preguntado cinco minutos atrás te hubiera contestado que no sin vacilar, pero los síntomas de Bella son tan claros... Debería examinar a Bella para confirmarlo con exactitud pero yo diría que… sí.- respondió con voz calmada. Seguramente queriendo o trasmitirme esa calma a mí. Entonces recordé que lo más importante en todo esto era Bella, y no saber con exactitud cómo serían las cosas para ella me inquietaban de sobre manera.

- ¿Y Bella?- pregunté con ansiedad.

- Me temo que no estoy seguro sobre eso, hijo. Los síntomas que Bella me ha descrito no deben producirse hasta como mínimo dos meses de gestación y si realmente puede notar cómo se mueve en su interior… Está claro que no es un embarazo normal puesto que se desarrolla mucho más rápido, peligrosamente rápido. Edward no he visto ni oído sobre nada como esto antes y arriesgarnos a que el embarazo siga adelante podría ser muy peligroso para Bella, tal vez incluso… letal.-advirtió y esta vez un tono de amargura y preocupación tiñó sus palabras.

Letal. Mi cerebro asimiló esa última palabra que se grabó a fuego en lo más hondo de mi cabeza. Por supuesto que este embarazo sería letal para Bella. Sería letal puesto que yo era el padre de la criatura, un monstruo. Un maldito monstruo que se había creído humano, eso era lo que yo era. Pensé que podía casarme con la humana a la que amaba, pensé que podíamos vivir como dos simples y corrientes humanos que se amaban, sin más. Olvidé lo que realmente soy. Soy un monstruo y ahora mi hijo, el hijo de un monstruo mataría a su propia madre.

Sentí como me rasgaba por dentro, lleno de dolor, rabia y odio. Dolor por saber que había puesto la vida de Bella en peligro, otra vez. Rabia por no poder ser simplemente aquello que deseaba ser, un humano. Solo un humano capaz de hacerla feliz, capaz de darle a su esposa hijos que no la mataran. Y Odio un fuerte y oscuro odio hacia esa cosa que quería acabar con la vida de mi Bella.

- Edward, escúchame atentamente.-dijo Carlisle llamando mi atención.- Debes conseguir un vuelo hasta Forks lo más pronto posible. Cada minuto que pasa la vida de Bella corre más riesgo. Yo lo preparé todo y en cuanto lleguéis, interrumpiremos el embarazo. Bella va a estar perfectamente, no vas a perderla, Edward. No permitiré que le ocurra nada, ahora es mi hija también.-murmuró, diciendo esto último intentado darme un poco de aliento. Lo cual agradecí enormemente, necesitaba oír aquello. Necesitaba saber que Bella iba a estar bien, que no iba a perderla.

- Sí, sí. Lo haré.- contesté con voz monótona. Después colgué y marqué el número de la compañía aérea. Conseguiría un vuelo para esta misma tarde y muy pronto Bella estaría fuera de peligro.

- ¿Qué ha dicho Carlisle?- preguntó Bella con impaciencia.

- Cree que estas embarazada.-le contesté de forma automática y con voz monocorde. No quería que notara mi nerviosismo, no quería asustarla más de lo que posiblemente ya lo estaría.

- ¿A quién estás llamando ahora?- inquirió cuando me vio hablando por el teléfono móvil de nuevo.

- Al aeropuerto, volvemos a casa.-concluí.

Después de más de una hora discutiendo en portugués e inglés con todas las compañías aéreas con vuelos desde Río de Janeiro hasta a Seattle finalmente conseguí un vuelo en tres horas. No era de primera clase y tampoco era la mejor de las compañías pero no estaba en situación de quejarme. Mientras conseguía las plazas en el avión había estado haciendo el equipaje por lo que ya estaba todo listo para irnos. Metí las grandes maletas que Alice había preparado para nosotros en la barca y volví a la casa para seguir llevando el equipaje. Encontré a Bella en la cocina. Estaba de espaldas a mí, mirando por la ventana en silencio.

- ¿Bella?- la llamé sin moverme de la puerta. Ella se dio la vuelta despacio, estaba llorando.

- ¡Bella!- exclamé cruzando la habitación en un segundo. -¿Te duele algo?

- No, no…-negó con voz ahogada. Suspiré aliviado y limpié sus lágrimas para después estrecharla contra mi pecho. Me sentí como un idiota. Mi pobre Bella debería de estar aterrada, era ella quien llevaba a aquel monstruo en su interior.

- No tengas miedo, llegaremos a casa en dieciséis horas. Estarás bien. Carlisle estará preparado cuando lleguemos y nos haremos cargos de esto y tú estarás bien, muy bien.- le dije intentando reconfortarla.

- ¿Hacernos cargo de esto? ¿A qué te refieres?- preguntó confusa.

- Vamos a sacar esa cosa de ahí antes de que pueda herirte. No te asustes. No dejaré que te haga daño.- expliqué. De repente su rostro se transformó en una mueca de horror.

- ¿Esa cosa?- murmuró. Aunque parecía estar hablando con ella misma.- No - susurró. Su voz sonó rota y ahogada como si fuera a ponerse a llorar.

- ¿Qué ocurre?- pregunté confuso.

- Vais…vais a matar al bebé.- susurró y no fue una pregunta. Aquella palabra me sentó como si me hubiera propinado una patada en las tripas. ¿Bebé? ¿Había llamado a la cosa, bebé?

- No hay ningún bebé, Bella.- espeté con voz más dura que de costumbre. Bella me miró horrorizada y sus manos se posicionaron en su vientre, como si quisiera protegerlo.

- No, no, por favor, Edward. ¡No!- su voz sonó más aguda justo con el tono de horror pintado en su rostro. Las lágrimas se desbordaron y Bella empezó a sollozar mientras seguía suplicándome que no lo hiciera.

- No va a dolerte, te lo prometo. Te dormiremos y cuando despiertes todo habrá terminado. Ni siquiera te enterarás.- murmuré suponiendo que le daba miedo el aborto.

- Eso no me importa. ¿Es que no lo entiendes, Edward? No me importa mi dolor.-sollozó mientras abrazaba sus brazos alrededor de su vientre, dejando muy claro, qué era lo que le importaba ahora.

- Él tampoco sufrirá.-mentí.

- No, no, por favor. No puedo perderlo. No me quites a mi bebé. Por favor, no me hagas esto.- sollozó.

Comprendí en ese momento que Bella por increíble que pareciera quería a esa cosa. Ella se había encariñado con él, me estaba pidiendo que evitara el aborto como si eso no significara que ella moriría. Lo pensé fríamente durante un instante. Al fin y al cabo no era tan extraño que Bella quisiera a esa cosa. Quién si no Bella podría querer a un monstruo peligrosamente mortífero para ella. Bella, solo ella. Se había casado conmigo y me había amaba pesar de saber que podría matarla en cualquier momento. Así que en el fondo no era tan extraño que Bella se hubiera encariñado con el que creía ser solo un bebé. Debía explicárselo, hacerle entender que podría perderla si seguía adelante con el embarazo.

- Bella, cielo... -me acerqué un poco más ella para poder acunar su rostro entre mis manos pero ella dio un paso atrás temerosa. Ignoré el dolor que me produjo su rechazo y me armé de paciencia para poder hacerla entrar en razón.- Cariño, tienes que entender que es peligroso continuar con el embarazo. Podrías morir Bella.- intenté explicarle. Bella dio otro paso atrás y negó con la cabeza.

- No es cierto, tú crees que es peligroso pero yo sé que no. Solo es un bebé. No va ha hacerme daño. Solo es un bebé.-repitió acariciando su vientre por encima de su camiseta. Sentí mi paciencia empezar a agotarse, no quería ser grosero ni herir sus sentimientos pero todas las emociones del día estaban empezando a pasarme factura y no sabía cuánto más podría controlarme.

- Eso que llevas ahí dentro no es un bebé, Bella. No es humano. Es un monstruo y va matarte si no lo matamos nosotros primero.- dije, intenté que mi voz sonara clara aunque sonó más dura de lo que quería. Esperaba haber sido lo suficientemente claro con ella. ¿Por qué no entendía que esa cosa iba matarla?

- ¡No! ¡Basta! - chilló entre más lágrimas. Su rostro se contrajo esta vez en una mueca de dolor. Mis palabras la habían herido. Me odiaba por estar haciéndole daño de esta forma pero no sabía que más hacer para hacerla entrar en razón. Se arrodilló junto a la encimera alejándose de mí, sus manos taparon sus oídos intentando dejar de escucharme. Sus sollozos eran ahora incontrolables. Lloraba a mares y yo me moría de ganas por abrazarla y decirle que todo iría bien, pero no era así. Nada estaría bien si no conseguía llevarla a Forks y sacar al monstruo de su interior.

- Bella lo siento. No te haces una idea de cuánto lamento hacerte pasar por todo esto. Entiendo que quieras creer que solo es un bebé, un inofensivo y adorable bebé. Pero no lo es, y no puedo permitir que te mate. Ahora vamos a irnos de aquí, volaremos hasta casa y acabaremos con todo esto.- Dije mientras me acercaba a ella e intentaba levantarla del suelo.

- No voy a irme de aquí.- musitó arrastrándose lejos de mí.- No dejaré que mates a mi bebe.- ahora pude ver la decisión en sus ojos.

- Bella, no quiero utilizar la fuerza. Por favor levántate, vamos a perder el avión.- le avisé mirándola a los ojos.

- No.- susurró. Su respiración se había vuelto irregular y los sollozos no cesaban. Miré el reloj comprobando que estábamos a punto de perder el avión si no nos marchábamos inmediatamente. No podíamos perder el avión el siguiente vuelo no salía hasta dentro de tres días y tal y como Carlisle había dicho cada minuto que pasaba su vida corría más riesgo. Me inundó la ansiedad, el miedo y el enfado haciendo una mezcla explosiva. No quería tener que cogerla por la fuerza y obligarla a salir de allí pero si esa era la única manera de salvar su vida, lo haría.

Respiré hondo y me acerqué a ella, con paso lento pero seguro. Bella se levantó a trompicones y echó a correr hacia el salón con una mano fija en su vientre y sin dejar de llorar y suplicar que no lo hiciera.

- Bella- gruñí.

Ella solo empezó a correr más rápido. Apreté los puños y encajé la mandíbula, íbamos a perder el maldito avión. Empecé a correr en dirección contraria de modo que me topé frente a frente con ella. Bella se sobresalto al verse tan cerca de mí y empezó a llorar con más intensidad. Los sollozos apenas la dejaban respirar, y su corazón latía demasiado deprisa. Pero testaruda como la que más echo marcha atrás, cada vez más sofocada. La cogería por la fuerza y la metería en la barca, después intentaría volver a razonar con ella. Pero ahora debíamos ir al aeropuerto.

Bella echo a correr de nuevo, casi sin aliento. Cuando estaba preparado para cogerla en volandas y llevarla a la barca, Bella se paró abruptamente en medio del salón. La fragancia de la sangre golpeó mis fosas nasales y quemó mi garganta. Me quedé inmóvil buscando la sangre. Los pantalones de Bella estaban manchados de aquel líquido rojizo. La sangre caía desde su intimidad y se deslizaba por sus piernas. Sus ojos se cruzaron con los míos durante un instantes, y en ellos solo pude ver terror, Bella estaba aterrorizada y después un enorme dolor. Su vista bajó hasta el suelo mirando con horror las manchas rojas, comprendiendo lo que estaba sucediendo. Un segundo después un desgarrador gritó salió de su garganta y Bella se dejó caer en el suelo. Fui lo suficientemente rápido para cogerla entre mis brazos antes de que su delicado, frágil y ahora ensangrentado cuerpo chocara contra el suelo. La miré horrorizado, sus ojos estaban cerrados y estaba más pálida de lo normal. Había perdido la consciencia.

La llevé lo más rápido posible a la habitación azul y la tumbé sobre la cama. No podía olvidar su última mirada, llena de dolor y terror. Era culpa mía. Todo esto era culpa mía. Busqué mi teléfono móvil y marqué el número que me sabía de memoria.

- ¿Edward, ya habéis salido de la Isla?-preguntó Carlisle desde el otro lado de la línea.

- No, Carlisle. Bella... ella quiere tener a esa cosa, yo he intentado convencerla pero no quería, se ha puesto muy nerviosa, se ha alterado y yo...- dije atropelladamente. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo muy nervioso que estaba. Mi cuerpo entero temblaba no podía recordar en mi mente una y otra vez su última mirada, todo ese dolor y miedo. Por mi culpa. Y ahora estaba allí inconsciente y sangrando.

- Edward, tranquilízate. ¿Está herida?- preguntó con voz calmado y paciente aunque había adquirido un tono de más gravedad.

- Se ha desmayado, ella está sangrando. Está sufriendo un aborto.-expliqué haciendo un esfuerzo porque me entendiera.

- ¿Qué?- la voz de Carlisle perdió la calma ahora parecía tan nervioso como yo.- Edward tienes que detener la hemorragia. Evita el aborto. ¡Ahora!- ordenó con voz urgente.

- ¿Por qué? Quiero decir, no era así como íbamos a interrumpir el embarazo, pero si ya está teniendo un aborto. ¿Por qué detenerlo?- pregunté. No comprendía a qué venía la exaltación de Carlisle.

- Edward, cuando colgaste empecé a hacer unas investigaciones. Como sabes hay un punto en el embarazo en el que es peligroso para la madre practicar un aborto, puesto que el feto ya está demasiado enlazado con la vida de la madre. No estoy seguro de en qué fase del embarazo esta Bella exactamente pero si el feto se desarrolla con tanta rapidez es posible que una parte de él ya esté ligado con la vida de Bella. Había planeado estudiar el embarazo y todas las posibilidades para realizar la interrupción del embarazo porque un aborto espontáneo, tal vez, podría poner en riesgo la vida de Bella. -explicó.

La realidad me golpeó y giré mi cabeza mirando a Bella. Inmóvil en medio de la cama con una mancha de sangre entre sus piernas. Entonces caí en la cuenta de algo. La sangre, el olor de aquella sangre era exactamente como la de Bella. Era la sangre de Bella. No estaba teniendo un aborto. No era esa cosa lo que estaba muriendo, quien estaba muriendo era mi Bella.


¡Hola! Sé que muchas estabais esperando un nuevo capítulo de Irregular en vez de esto pero es una idea que lleva en mi cabeza incluso antes de abrirme una cuenta en fanfiction y necesitaba escribirla. Este capítulo me ha quedado bastante pesado y aburrido porque la mayor parte es sacada directamente de Amanecer y tal vez os haya parecido un poco oscuro con todos los pensamientos de Edward sobre el bebé. Pero era el primer capítulo, y yo soy malísima para los primeros capítulos. La historia será mucho más bonita y alegre que este capítulo que me ha quedado un tanto dramático. Os adelanto que no muere ni el bebé ni Bella. Porque el fic se basa básicamente en el embarazo. En amanecer Edward no acepto a Nessie hasta que escuchó su mente y yo siempre he creído que el embarazo de Bella no hubiera sido tan malo si Edward la hubiera apoyado desde el principio. Así que tanto si no os ha gustado ni un poquito como si os ha encantado decidme que os ha parecido. Gracias por dedicarme un poquito de vuestro tiempo y por dejarme llenar vuestras cabezas de mis locas ideas. Espero de corazón que os haya gustado. Un beso enorme.

-Miss Sands-