MimiSan89: muchas gracias por comentar! Espero que los siguientes sean más largos que el primero, ya que ese era un mero prólogo. Aunque este tercer capítulo no es demasiado largo.

Hiromi: me alegro de que te hayas percatado de que hay algo extraño que le ocurre a Izzy!

Cuando la señora Tachikawa vio a su hija en el suelo, con la nariz ensangrentada, casi le dio un infarto. Su primera reacción fue gritar, lo cual hizo que todos los invitados huyeran despavoridos. Solo Ryota, quien sentía una obvia atracción por Mimi, se había quedado junto a ella para tranquilizarla.

-Tranquila, ese idiota se llevará su merecido –le susurró al oído con fingida tristeza. En el fondo se sentía triunfante, pues sabía que Mimi no obviaría el hecho de que nadie más se había quedado a consolarla y él se la quería tirar porque estaba buena y era tonta.

Pero ella parecía como ausente; miraba a un punto fijo en la pared. Se sentía mareada por las gotas de rojo intenso que caían en su vestido. Nunca nadie la había golpeado hasta el punto de hacerla sangrar. Su madre, que estaba mucho más impactada por ese hecho, apartó a Ryota de un empujón y rodeó a su hija con sus brazos.

-¡Ay, mi niña, mi pobre niña! –Lloraba la señora Tachikawa mientras acariciaba con suavidad la cabeza de su hija-. Una verdadera tragedia.

Luego vino su padre, que se arrodilló frente a su hija con expresión alucinada. Como había leído qué hacer en caso de que una persona estuviera en estado de shock, se dispuso a ponerlo en práctica; tumbó a Mimi en el suelo, con las piernas en alto y la tapó con una manta para mantener su temperatura corporal.

-¡Para ya, papá! –exclamó Mimi, agobiada. Siempre le había gustado que sus padres le prestaran atención, pero aquello era excesivo. Y encima el orangután Ryota no dejaba de mirarla.

-¿Quién te ha hecho esto, cariño? –inquirió la madre de Mimi entre lágrimas.

-Yo sé quién ha sido –dijo de repente Ryota. Todos se giraron hacia él al percatarse de su presencia-. Ha sido Izzy, él le ha pegado un puñetazo a Mimi. Parecía que estaba muy enfadado.

-¿Izzy? –se extrañó el señor Tachikawa.

-Eso no ha sido… -empezó a replicar Mimi, pero su madre la interrumpió.

-¡Oh, nadie le hace eso a mi niña y vive para contarlo! ¡LE VA PESAR!

-Vamos, querida –la tranquilizó el padre de Mimi-. Estoy seguro de que hay una explicación para todo esto. Pero está claro que lo que ahora necesitas es una tila y una buena siesta. Ya verás cómo después lo ves todo de otra manera –la ayudadó a levantarse del suelo mientras ella se secaba las lágrimas.

El señor T(buscar nombre) acompañó a su mujer al dormitorio nupcial, dejando a Mimi y a Ryota solos en el comedor. Mimi comenzó a recoger todos los globos, guirnaldas y vasos de plástico que había repartidos por toda la habitación. Mientras tanto, Ryota la contemplaba en silencio.

-¿No me vas a ayudar? –Preguntó la chica, enfurruñada.

-¿Mimi, quieres ser mi novia?

Mimi lo miró con el entrecejo fruncido, mientras el chico se miraba las puntas de sus zapatos.

-No.

-¿Así que estás enamorado de él?

-A mi Izzy no…

El chico salió del comedor, escupiendo toda clase de improperios a nadie en particular. Mimi se arrepintió de habérselo dicho tan pronto. Ahora tendría que recogerlo todo sola.

-Uh –se sorprendió el padre de Mimi-. ¿Otro chico decepcionado?

-Yo que sé, son todos igual de idiotas –se quejó Mimi.

-¿Lo dices por tu amigo Izzy? –preguntó mientras recogía un plato del suelo.

-Hace tiempo que dejamos de ser amigos –contestó dolida-. Por si no te has dado cuenta, me ha pegado. ¡Y ya no me habla!

-Hacía tiempo que no veía a ese muchacho. Es una lástima que haya sido en esas condiciones. Dudo que Izzy haya querido hacerte eso –dijo el señor Tachikawa. Siempre había tenido una opinión favorable hacia Izzy.

-Sí, bueno –vaciló Mimi. Estaba acostumbrada a que le dieran la razón en todo-. Lo cierto es que se había lanzado primero sobre Ryota-. Yo iba a decirle que parara, pero no me hacía caso.

-Quizás estaba peleando por ti.

-¿Qué? –Exclamó Mimi- ¡¿Por qué todos pensáis que me gusta Izzy?

-Yo no he dicho nada de que tu estuvieras enamorada de él –comentó divertido el padre de Mimi.

La chica se cruzó de brazos y compuso una mueca de asco.

-No te cabrees, querida –rió el señor Tachikawa-. Supongo que es lo que haría todo chico que te conociera en profundidad. Y me parece que Izzy te conoce bien. No sé por qué motivo habéis dejado de hablaros.

-Es muy difícil que una amistad dure para siempre, papá –repuso fríamente Mimi.

-Ya sé, cariño. Es lo que suele pasar cuando eres joven. Formas grupos de amigos, y todos creéis que nunca os separaréis –dijo con cierta tristeza-. Pero luego os dais cuenta de cosas que no os gustan de los otros, o simplemente os aburrís en ese círculo. No estoy diciendo que me guste que no estés con Izzy, es un buen chico. Pero bueno, mientras seas feliz con tus amigos, todo está bien. Me voy a cagar.

Mimi terminó de recoger la habitación en silencio. Luego salió al balcón, sintiendo una brisa fresca que alivió un poco su tristeza.

Cogió al osito de peluche y lo abrazó fuertemente.