Disclaimer: Siii, ya sabemos que los personajes de Hércules y Xena (y demás compañía) no me pretenecen (más quisiera yo...) pero como no sacamos beneficio mayor que la diversión de escribir y leer, tampoco pasa nada.

Como en mi otro fic, diré que mis historias suelen suceder después de la última temporada de la serie Hércules, pero olvidando los acontecimientos de la serie de Xena que me impiden mantener a los cuatro personajes viajando juntos. Tales como la criogenización de Xena y Gabrielle o el nacimiento de Eve... bueno, y la muerte de Xena, claro.

Tampoco soy muy de subtexto, así que si a alguien le molesta la idea de Iolaus con Gabrielle, o Xena con Hércules, que no lea.. o sí, porque el fic está aún sin terminar, y de momento no hay parejas...

Dicho esto, empezamos con la historia... dedicada sobretodo a CellyLS, a quien adoro profundamente y cuya opinión valoro por encima de todo... así que si a ella no le gusta algo, lo cambiaré, lo siento, es el privilegio de la antigüedad. Y a mi Beka de Kerry, la depositaria de mis documentos originales, quiero que vuelvaaaa (bueno, y que tiene como deberes leerse la otra historia, espero que haya empezado ya...)


La llegada.

Los ancianos lo habían anticipado, se esperaba un duro invierno. Era por eso que no había nadie por los caminos a esas horas, el frío, los lobos, y además los nuevos peligros que parecían poblar los bosques últimamente. Algunos lugareños opinaban que todo eran tonterías, cuentos de taberna e historias para asustar a los niños, pero, de todas formas, era mejor estar en casa, o disfrutando de la calidez de una cerveza en la taberna. Tonterías o no, muchos habían salido y no habían vuelto, nadie se atrevía a ir a buscarlos, pronto alguien vendría con noticias.

-Bien, ¿alguien puede decirme cómo hemos llegado hasta aquí? Y, ya de paso, ¿alguna idea de dónde es "aquí"?- una voz masculina hizo levantar el vuelo a un búho sorprendido.

La silueta de cuatro personas y un caballo se dibujaba entre la espesa niebla. La humedad atravesaba sus huesos sin piedad mientras se abrían paso por un camino que les resultaba completamente desconocido. Llevaban tanto tiempo andando que habían perdido incluso la noción del tiempo. Estaban agotados, pero la perspectiva de una noche a la intemperie con aquel frío no resultaba nada agradable.

-Yo sólo sé que íbamos a Tesalia bajo un sol abrasador, y de pronto todo es niebla y frío- contestó el otro hombre, el más alto de los dos.

-Allí hay luces- exclamó de repente una de las mujeres-, tal vez sea un pueblo.

No hacía falta decir nada más, estaban demasiado cansados para ponerse a derrochar palabras. Apresuraron el paso con el único pensamiento de Luces=gente, gente=comida y abrigo.


Ante ellos se elevaba un enorme muro, cerca había un par de hombres, probablemente los guardias, que les miraron con sorpresa.

-Buenas noches-el hombre alto no se esforzó en sonreír, tenía demasiado frío. Sólo esperaba que no les hiciesen estar allí de pie mucho rato.

-Buenas noches, ¿qué les trae por aquí?

-Nos hemos perdido y, viendo este pueblo, se nos ocurrió que éste sería el lugar perfecto para pasar la noche y comer algo caliente-dijo la mujer que sujetaba las riendas del caballo.

El otro guardia los estudiaba con curiosidad, ¿qué clase de locos salía sin ropa de abrigo en esa época del año?

-Perdido…¿eh?- continuaba su compañero- No queremos problemas aquí.

-Le aseguro que esa no es nuestra intención-contestó el hombre alto.

Los guardias se miraron.

-Supongo que podemos dejarles pasar, dentro ya se encargará Keersh de vigilarlos.-dijo uno.

El otro se encogió de hombros y abrió la puerta.

-En el lado oeste encontrarán lo que buscan-dijo-, la mejor comida y alojamiento de la ciudad.

-Muchas gracias-dijeron los cuatro al entrar. El más bajo se detuvo y volvió sobre sus pasos hasta situarse de nuevo frente al guardia.

-Disculpe… ¿podría decirme el nombre de la ciudad en la que estamos?

-Están ustedes en el Reino de Haëldyn.

El forastero frunció el ceño antes de darle las gracias y reunirse con sus compañeros.


-¿Os suena de algo un reino llamado Haëldyn?- preguntó en cuanto estuvieron sentados en una mesa cercana a una enorme chimenea. Dentro de la taberna se respiraba un ambiente tranquilo. La gente que estaba dentro se les había quedado mirando cuando entraron, parecían bastante sorprendidos pero, viendo que eran inofensivos pronto volvieron a ocuparse de sus asuntos.

-¿Es así como se llama este sitio?-quiso saber una mujer de ojos verdes.

El hombre asintió, meditabundo.

-Eso me ha dicho el hombre de la puerta. Ya sé que no prestaba mucha atención en clase, Herc, pero Haëldyn no parece un nombre griego, ¿verdad?

-Desde luego no está en el camino a Tesalia- le respondió el hombre alto.

-¿Habremos atravesado un portal sin darnos cuenta?

-Imposible, tenía que haber sido cuando aún no había niebla- contestó una mujer morena-, lo habríamos visto.

-Además, es imposible cruzarlo sin darse cuenta, lo sabes mejor que nadie.

El hombre tuvo que admitir que era cierto.

-¡Bienvenidos!- una voz a sus espaldas interrumpió su conversación. Los cuatro se pusieron de pie para saludar al recién llegado, era un hombre con un uniforme.

-Mi nombre es Keersh y soy el encargado de velar por la paz del Reino. Veo que son ustedes guerreros- añadió al ver las armas de los extranjeros.

-Sólo si nos atacan primero- le tranquilizó uno de los hombres con una sonrisa-, mi nombre es Iolaus, ellas son Xena y Gabrielle y él- dijo señalando a su amigo con una aire teatral que hizo que el semidiós mirase al cielo-, es Hércules.

Ahora Iolaus esperaba la reacción que tenía la gente al saber que estaban en presencia del hijo de Zeus.

-Muy bien, procuren no meterse en líos.

El cazador miró al resto, desconcertado.

-Disculpe…No sé si me ha entendido bien, él es Hercules.

-Sí, sí, lo he oído.

-¿No ha oído hablar de él?

Keersh negó con la cabeza, encima de locos esos cuatro se creían legendarios.

-Lo siento- dijo antes de marcharse.

Iolaus se giró con una sonrisa torcida.

-Vaya, eso sí que no lo esperaba, creí que no existía ningún lugar del mundo en donde no te conociesen.

El semidiós se encogió de hombros sin darle importancia.