¡Ya he vuelto! (Suena el "Aleluya" de Haëndel)

Miles y millones de perdones, lo siento muchísimo. Tuve varios problemillas que me impidieron trabajar en esta historia, pero parece que ya se han resuelto. De anticipo va un capítulo un poco corto, pero que espero que sea de vuestro agrado, y la promesa de que el próximo será posteado relativamente pronto (tengo a Xena apuntándome con el Chackram ahora mismo para que me ponga manos a la obra, así que no me conviene desobedecer)

martafenix, CellyLs, espero que no me hayáis abandonado (aunque me lo merecería, por tardona) y sigais enviándome esos reviews maravillosos.

Ayyy, CellyLS, cómo me alegran tus actualizaciones... y esas cosas tan bonitas que me dices. ¿Qué haría yo sin tí?


-¡Ellos han vencido a la Estirge!- los tres viajeros pudieron reconocer, entre el grupo que les había salido al encuentro, al hombre que, previamente, había huido del animal.

Unos cuantos hombres lanzaron una exclamación de júbilo al tiempo que se acercaban. Iolaus y Gabrielle intercambiaron una sonrisa.

-No sabéis lo agradecidos que estamos- les dijo uno de ellos, que parecía ser el líder del grupo-. Ese monstruo ha diezmado nuestra población. Nadie se salva de su feroz ataque. ¿Cómo lo habéis hecho?

El cazador se encogió de hombros.

-Hemos tenido suerte.

-¡En absoluto! La gran diosa Hăleanth os ha enviado para librar a nuestro devoto pueblo de la maldad que nos acechaba.

Otra exclamación de alegría recorrió el aire. Los tres se miraron, si eso era lo que ellos querían creer, no iban a fastidiarles la fiesta. A fin de cuentas, tenía que haber una explicación para el hecho de que los griegos se encontrasen en aquel extraño mundo, y no les resultaría extraño que los dioses tuviesen algo que ver, era lo que mejor se les daba, al menos allá en Grecia. Lo único que querían saber era qué dioses, exactamente, eran los culpables.

Aquella noche hubo una fiesta en su honor, comieron- y Iolaus no se sintió en absoluto culpable por disfrutar de aquel jabalí, para empezar, no lo había cazado él, ni habían tenido conversación alguna-, bebieron, Gabrielle les regaló un montón de historias y luego fueron conducidos a una acogedora posada en donde disfrutarían de la noche.

-¿Es siempre así?-quiso saber Ayiin abrumada por las atenciones.

-Depende del peligro del que les hayas librado- dijo el rubio. La verdad es que, al viajar con Hércules, siempre había alguna fiesta. Nadie quería importunar a Zeus tratando mal a su hijo…

-A veces no te lo agradecen- meditó la barda-, en absoluto-. A ella le pasaba un poco lo contrario… se podría decir que, al igual que con Hércules, la fama de Xena la precedía… pero en el sentido inverso.

Pasaron un rato en silencio meditando cada uno sobre sus vidas, y pensando en sus amigos, si estarían bien, si habrían encontrado al Rey, si vendrían ya de camino…

-Gabrielle…- comenzó a decir Iolaus sin saber muy bien cómo abordar el tema sin recibir una fría mirada o un pescozón por parte de su amiga-. He estado pensando que, tal vez, debieras aceptar la propuesta de Ayiin de curarte el tobillo- el cazador se preparó para la tormenta que se avecinaba.

-¿Cómo dices?- preguntó la amazona visiblemente molesta

-Bueno… imagínate que sufrimos un ataque… te necesito en plenas facultades.

-¿Y tu brazo?

-No me impide empuñar una espada.

La mujer pareció sopesar el asunto y, sorprendentemente, acabó accediendo.

A la mañana siguiente, los tres aventureros continuaron su camino rumbo a Sithlys, a pesar de las advertencias de los habitantes de Kẏru, el pueblo que acababan de liberar del terrible monstruo volador.

-Todo el que allí va- decían-, acaba siendo esclavizado bajo el malvado yugo de los esbirros de Kaeldoer, trabajando en las minas y sufriendo los abusos de un montón de orcos pestilentes.

Estas palabras, lejos de desmoralizar a los héroes, alimentaron aún más sus ansias de llegar cuanto antes y acabar con aquellos orcos ineptos que sólo sabían gruñir.

-Hasta los aliados de Ares eran más inteligentes- decía Iolaus. El halcón agitó las alas-. No me refería a ti.

El ave pareció conforme con la explicación. La amazona caminaba en silencio y el cazador se preguntaba si estaría enfadada con él por pedirle que dejase su herida en manos de la sanadora. Desde luego, no iba a preguntárselo directamente. Con las mujeres con tanto carácter nunca se sabía y seguro que acababa haciendo las cosas peor. Agarró a Lyhlu y se adelantó, con los animales, al menos, podía conversar tranquilo… aunque fuese mentalmente. Era curiosa, la forma de pensar de aquellos animales. Ares era un halcón joven, impulsivo y valiente. Lyhlu, en cambio, poseía esa tranquilidad que tienen las personas serenas, bueno, quien dice personas…

-Tenías razón- dijo Gabrielle acercándose a él. La barda se había dado cuenta de que su amigo, después de un buen rato observándola, había soltado un suspiro resignado y se había puesto a caminar con los animales. No hacía falta saber que al cazador le encantaba hablar y que ella había estado bastante arisca para comprender que el rubio se hubiese decantado por esa compañía, sobre todo teniendo en cuenta que hora parecía poder comunicarse con los integrantes no humanos del grupo. Iolaus la miró, con extrañeza-. Mi tobillo- aclaró ella-. Es cierto, sólo nos retrasaría y nos pondría en peligro. Pero deberías aplicarte tu teoría y permitir que Ayiin te cure a ti. Esas heridas se podrían infectar y no estoy dispuesta a cuidarte, Hércules dice que eres un terrible paciente.- continuó tomando con suavidad el brazo de su amigo y examinándolo con cuidado.

-Seguro que mejor que Xena- se defendió el rubio-, además, si una bella mujer es la que me cuida, puedo ser muy obediente- añadió con un guiño travieso-. De todas formas, no se infectarán, porque las he lavado bien, les he cambiado el vendaje, y están mucho mejor- protestó sin tratar de quitar su brazo de las manos de su amiga-. Además, ya viste cómo de exhausta acababa Ayiin tras curarte- y luego, para quitar del rostro de la joven esa expresión de desconfianza, añadió-. Si vemos esta noche que los arañazos empeoran, le pediré que me cure. Pero ahora no tenemos tiempo para que ella recupere fuerzas, no podemos arriesgarnos.

La amazona pareció convencida con el trato y se giró para ver a la sanadora, que caminaba algo rezagada.

-Deberías tratar de hablar con ella- dijo el rubio, deseando que desapareciese la frialdad que rodeaba el grupo-, es una chica dulce y se siente como si fuese un lastre- la amazona abrió la boca-, y no lo es. Ha sido de gran ayuda con tu tobillo, por ejemplo.

-Pero no con la Estirge.

-Tampoco le hemos permitido hacer nada. ¿Se puede saber qué te ha hecho?

Realmente nada, era su mera presencia la que le irritaba. Y la reacción de los griegos la primera vez que la habían visto tampoco había servido de ayuda. Seguro que era una chica superficial y era coqueta por naturaleza, acostumbrada a que los hombres hiciesen todo lo que ella les pidiese… Poco a poco, el ceño de la barda se fue frunciendo más y más.

-Deja, deja, es mejor que sigas ignorándola- al cazador realmente le asustaba su compañera cuando ponía esa cara.

"Mi ama no es mala chica" pensó Lyhlu "Sólo que nunca ha salido de Haëldyn"

Las dos mujeres vieron a su compañero asentir en silencio y le dirigieron una mirada suspicaz.

-Pongámonos en camino o no llegaremos nunca- dijo éste evitando esa mirada. En serio, ¿Qué había hecho él para merecer aquello? Seguro que a Hércules le iba muchísimo mejor.


¿Será verdad que al semidiós y sus compañeros les va mejor? Lo sabremos en el próximo capítulo (Dios, esto ha quedado como los continuará de la serie de Batman y Robin de los años 80... jajajajaja)