Capítulo 2

La Profecía

Desperté muy temprano con un ruido estruendoso, semejante a cientos de trompetas resonando al unísono. Después me enteré de que no eran trompetas, sino el cuerno de Algenib, cuyo sonido atronador convoca a los guerreros de todos los reinos de Luzsinfin a constituir asamblea.

-Despierta joven Iván -dijo Anaís-, debes conocer a los demás, ve a refrescarte a la cascada de agua de vida, vístete con tus nuevos ropajes y preséntate en la mesa.

El baño en la cascada resultó muy frío, y en cuanto salí, percibí que mi piel estaba distinta, más clara, y era como si los poros emanaran cierto brillo, algo así como luz. Me vestí con mis nuevos atuendos y me dirigí al castillo, caminando muy seguro, como si mis pasos me condujeran por sí solos a la mesa principal.

Cuando aparecí, me sorprendió ver que "los demás" eran un grupo de simples niños, y al instante dudé, porque tal vez aquellos niños no eran en realidad tan normales como para haberlos considerado "simples", pero, la verdad, sentía como si la noche anterior hubiera sido muy, muy larga, tanto, que al despertar estaba habituado a las extrañezas de este mundo desconocido. Junto a Maggi, había un niño de unos nueve años (terrícolas), se llamaba Feliz, y después supe que él había vivido ya tres edades, a pesar de que era el más pequeño y más joven de los exploradores. Amadís, que era el más alto y que tenía la apariencia de un chico de 13 años de la Tierra, y Amnia Luna, que me enteré con gran sorpresa, era una habitante del otro lado de la luna, y con esto quiero decir de la luna de la Tierra, y por lo tanto éramos vecinos. Aparentaba unos 11 años y su aspecto físico era el más similar al mío, como si de alguna forma se evidenciara nuestra vecindad, claro que era más refulgente que cualquier ser humano conocido. Amadís, era de color dorado pálido, después supe que su color de piel es casbat, y que es propio de una de las razas sinfinias, y en su actitud, se percibía claramente que era el líder del grupo.

El primero en darme la bienvenida fue él:

-No sé si sabes que soy el líder, fui nombrado hace ya dos edades -me dijo con orgullo, pero sin soberbia- eres bienvenido -agregó muy amable.

-Hola Iván, yo soy de la luna de la Tierra, que placer verte por acá, mi nombre es Amnia Luna.

-Yo soy Feliz, de Isbaniam, soy hermano de Maggi.

-Hermano, en Isbaniam, quiere decir miembro de nuestro universo, allí todos somos eso, "hermanos". -Dijo Maggi muy relajada.

- ¿Y cómo dormiste?

-¡Mejor que nunca!- Respondí al unísono con todo el grupo.

-¡Siempre es así! -irrumpieron en conjunto los muchachos- siempre la respuesta es la misma -dijeron complacidos y riéndose con grandes carcajadas.

-Muy bien Iván, otorgadas ya las respectivas bienvenidas, debemos prepararnos.

-¿Prepararnos para qué?

-Somos exploradores, y debemos prepararnos para eso, para salir a explorar.

-Claro que si sonara el cuerno otra vez... Interrumpió Feliz.

*El sonido doble simboliza una convocación de guerra. Dijeron los pensamientos de Amnia Luna.

-La profecía dice que llegará por casualidad un visitante, cuya presencia anunciará la gran guerra -agregó Feliz, muy preocupado.

-¡Silencio Feliz! -Interrumpió Amadís, muy molesto-. No nos corresponde a nosotros interpretar las profecías, ni mucho menos especular acerca de su cumplimiento. Sé que piensas que Iván es el niño mencionado en la profecía, pero no existen indicios de que la paz de Luzsinfin esté siendo amenazada. No existen informes de guerra en ningún lugar de nuestros siete universos, y es sabido que el Alfarero no está esculpiendo armas. Por lo demás, muchos otros han llegado a Luzsinfin por casualidad antes que Iván, y no han dado cumplimiento a la profecía. Estoy seguro de que pronto los guerreros entonarán su himno anunciando la retirada. El único riesgo real de nuestro universo es la Emperatriz, sabido es que continúa con sus berrinches…

-Amadís, honorable y amado líder desde hace ya dos edades, sabes cuánto te respetamos, pero no estoy de acuerdo con tu forma de referirte a la Amada Emperatriz Roma, Señora y Guardiana de Nuestro Mundo. ¿Acaso no escuchaste la voz del Alfarero tras el último temblor de tierras y agua? Él mismo ha dicho que la Amada Emperatriz está bajo prueba, y que una falla, un sólo atisbo de traición -esa horrible palabra- implicaría un desequilibrio universal que llevaría a Luzsinfin a su destrucción.

-Luzsinfin está destinada a la eternidad Maggi, hasta su nombre lo indica. Eso no puede suceder.

*¿Acaso no ha ocurrido ya en otros universos? -dijo Amnia Luna, con sus pensamientos.

-¿Ya lo ves?, -dijo Amadís- al instante en que un hermoso canto de muchachos se oía a lo lejos- los guerreros se retiran y la paz de Nuestro Mundo continúa, como debe de ser. No nos corresponde a nosotros especular...Y ahora debemos ocuparnos de nuestros asuntos -agregó-. Tú, Iván, deberás reunirte con Yamael en secreto -dijo mirándome-, como si recién recordara que me encontrara allí.

-Él vendrá a buscarte, -dijo Amnia Luna-, al tiempo en que nos invadía la ráfaga de brisa fresca que antecedía a Yamael. Cuando apareció, todos nos inclinamos saludándolo, mientras él levantaba los ojos para mirarme muy fijamente con una expresión muy confiada, entonces, con una voz que no salió de su boca, me dijo simplemente "vamos", y al instante aparecimos en la superficie de la primera luna de Luzsinfin: "Antes de Todo".

-Este viaje es siempre secreto -dijo Yamael-, es decir, nadie puede saber a dónde te he traído, ni lo que hablemos aquí. El propósito de esto es explicarte algunas cosas, probablemente no lo que tú deseas saber, sino lo que necesitas saber. Después tendrás derecho a hacerme dos preguntas, yo te las responderé siempre que me esté permitido hacerlo, y sí, sí volverás a casa, para que no inviertas una de las preguntas en ese dato -dijo el anciano- leyendo en mis pensamientos la que sería mi primera pregunta.

-Luzsinfin es un universo real igual que el tuyo -agregó-, y con esto pretendo confirmarte aspectos muy elementales, como que es un universo sólido, que existe, tal como el universo del que tú mismo provienes. A menudo aceptamos visitantes, los exploradores, por ejemplo, son visitantes de otros universos lejanos, con excepción de Amadís, que nació aquí, en el primer universo de los siete que conforman el Reino de Luzsinfin.

A mi modo de ver, tú has llegado acá con un propósito -no olvides que esto es una apreciación personal- en el transcurso de las 790.000 edades que llevo vividas, he observado que ni lo fortuito ocurre por nada, por ello sostengo que has venido acá con un propósito definido para ti, y ello, podría tener poco o demasiado que ver con el propósito universal.

El último dato que debo darte es que nuestro mundo caerá en guerra dentro de muy poco, la guerra más grande que se haya visto en el Todo.

- Y, ahora, ¿cuáles son tus preguntas, Joven Iván?

-Quiero saber... ¿cuál es el propósito universal?

-Eres inteligente pequeño joven, pero demasiado ansioso. Los grandes conocimientos no se obtienen en un sólo instante, ni son producto de una sola respuesta, eso es algo que tendrás que descubrir por ti mismo, y podrás hacerlo siempre que estés muy atento. Ahora cambia tu primera pregunta.

-Entonces, ¿contra quién guerrearemos?

-Contra los rebeldes que habitan en las sombras, una civilización que vive en oscuridad desde hace infinitas edades. Pero esto no es lo fundamental, lo fundamental es de qué lado estarás tú.

-De nuestro lado, naturalmente.

-¿Y cuál es nuestro lado, pequeño Iván de la Tierra?

-El lado del bien, Yamael, yo lo siento...

-Esa es una buena respuesta que te enseña que tu intuición te servirá de mucho en este viaje, será una luz encendida cuando la oscuridad lo consuma todo y no tengas ningún horizonte frente a tus ojos. Ahora debes formular tu segunda pregunta.

-Escuché a los exploradores discutir algo sobre una profecía y sobre un muchacho que llegará a Luzsinfin por casualidad. Quiero saber qué es lo que dice esa profecía.

-La profecía menciona que en la parte final del tiempo, aparecerá un muchacho que pisará el suelo de Luzsinfin por casualidad, y que ese muchacho será enviado para llegar a ser el líder de su grupo, y para librar una batalla que permitirá el nuevo nacimiento de Nuestro Mundo.

-Pero, ¿qué significa todo eso?, y acaso, ¿podría ser yo el muchacho de la profecía?

-Esas son dos preguntas adicionales, joven Iván, y no podría ofrecerte una respuesta ni aunque quisiera. La profecía es de hecho así, esculpida por el Alfarero en tiempos muy anteriores, pero su significado nos es concedido muy poco antes de su cumplimiento.

-Me cuesta un poco caminar –dije, reparando por primera vez en la superficie de Antes de Todo, que era un lugar muy quieto e inhóspito, tanto, que se me ocurrió pensar que no había allí ninguna otra forma de vida.

-Esta luna, es la primera creación hecha por el Alfarero con la ayuda de su primer hijo, Agnais, uno de los sitios más antiguos de nuestros universos conocidos, y estás en lo cierto, está deshabitada, Joven Iván, el Terrícola. Hasta hace poco fue el hogar de Roma, la Amada Emperatriz, pero, tras un tiempo de angustia para el corazón de nuestra amada Reina, lo dejó, y el lugar se quedó tan solo como su propio corazón.

-Ha debido sentirse de verdad demasiado sola vuestra reina, Yamael- dije mirando aquella soledad tan vasta, y escuchando aquel silencio absoluto del primer lugar creado por el Alfarero en compañía de su primer hijo Agnais, hacía ya tantos ciclos y ciclos de eternidades concluidas y vueltas a nacer.

Roma vio a Altaír por primera vez en el Lago Azul por un instante muy breve, que sin embargo, bastó para intranquilizar su corazón. De algún modo supo de inmediato que algo trascendental estaba ocurriendo. Le pareció que su figura imponente, su faz de agua y de sereno misterio, le resultaban familiares. Era como haber estado bajo su sombra algún atardecer olvidado, o algunos atardeceres, que no era cierto que estuvieran del todo olvidados. Alguna vez -estaba segura- había visto prenderse esa luz que nacía en la noche infinita de aquellos ojos que sí recordaba.

Alguna vez fui una estrella huyendo en la noche más oscura del universo, y la fuerza que me impulsa me detuvo justo aquí, sobre este mismo lago infinitamente azul, y vi sus ojos prenderse así, como dos llamas estelares, cuyo vigor permanecería en la quietud sin límites de las cosas eternas.

Después fue asignada a resguardar el mundo de Lago Azul, y se instaló junto a él, día a día, tarde a tarde buscando el calor de sus ojos, sin importarle que no pudieran jamás tocarse.

A la Reina le está prohibido, por las leyes eternas ingresar al Lago. De hacerlo, el Reino de Luzsinfin, los siete universos con sus cientos de miles de mundos morirían en un solo instante. Tampoco Altaír puede abandonar su mundo, si lo hiciera, el gran Lago secaría sus aguas que han fluido desde tiempos anteriores al nacimiento de las estrellas más antiguas. Día a día, Altaír subía al límite de la superficie a contemplar el rostro que más lo conmovió en su vida, a oír el hablar de Roma que lo hacía reír. Y en aquella comodidad infinita, el Señor del Lago se perdió, sin saber, ni imaginar, que su paz le sería arrebatada para siempre.

Se amaban profundamente, desde las raíces más recónditas de lo que realmente eran, se amaban cada uno desde su propio mundo, y desde su propia soledad, y sin poder unirse. Y así comenzó la prueba: bastaría con un deslizamiento de Roma hacia el Lago, para que se unieran definitivamente, pero las leyes eternas no lo consienten, las leyes eternas, sí, las mismas que hicieron que Algenib fuera por su sombrero hasta la Tierra justo por la ruta precisa a través del espacio y del tiempo, por el único sendero a través del Todo en que no chocaría con ningún astro, y por el que no haría que ningún cometa extraviara su rumbo, por el contrario, propiciando que su estela y la ráfaga de ella iluminaran la ruta de millones de astros que encontraron su rumbo exacto a través del Todo. Esas leyes hicieron a Roma Emperatriz, y a Altaír Señor del Lago, ambos soberanos y guardianes, ambos llenos de bondad y de candor...

Eso lo escuché cuando regresamos de Antes de Todo, y no de la voz de Yamael, sino de la voz de la mujer-niña, que me hablaba desde lejos.

*Es ella -dije a Yamael, con mis pensamientos- es la Emperatriz amada...

* ¡Pero, se ha puesto en comunicación con tigo! Y ¿cómo es posible que te estés comunicando así?

*Ella me lo ha concedido, nuestra amada Roma...

*¿Acaso tu corazón despliega amor a ella?

*Así es -pensé emocionado- sería imposible no amar la dulzura, la alegría y el dolor de aquella voz.

-Joven Iván de la Tierra, -dijo Yamael usando sus palabras, y en un tono muy solemne- has aprendido mucho y muy rápido para ser humano, has aprendido en un par de soles lo que muchos visitantes aprenden en edades absolutas. Esto es tuyo, dijo entregándome un collar del que colgaba una cáscara de nuez de oro amarrada en unos hilos dorados.

-Es un obsequio de ella, te librará de cualquier hechizo, de cualquier yugo de la oscuridad. Debes guardarlo y volver con los demás, yo regresaré a ti al tiempo indicado. Entonces conocerás el propósito por el cual has venido hasta aquí. -Dijo Yamael haciendo una reverencia y desapareciendo ante mis ojos.

Cuando regresé, mis compañeros estaban preparándose para nuestro próximo viaje, y en cuanto me vieron pensaron si acaso era yo el muchacho de la profecía.

-Prepara tu alforja -dijo Amadís- debemos llevar algo de comida y dos cantimploras con Agua de Vida. No para beberla, es en caso de que haya necesidad. Tiene poder para restaurar una vida que se esté perdiendo por cualquier clase de motivo, menos por una herida en el corazón, eso es irreversible. Por lo mismo, debemos cuidarnos mucho, sobre todo tú, Iván, eres de huesos y carne, y de partículas no descomprimibles.

*Casi me resulta imposible imaginar algo más frágil que tú, niño de la Tierra, cómo podrías ser el Enviado.

*Naturalmente no voy a contarles lo que hablé con Yamael, pero ignoro la identidad del muchacho de la profecía.

*¡Nadie jamás ha aprendido tan rápido! -Pensó Maggi-.

*Ha sido una dádiva de la Emperatriz,-le respondí-.

*Las dádivas de la Emperatriz son para aquellos que le profesan amor -irrumpieron los sorprendidos pensamientos del Líder de los Exploradores.

-En todo caso -agregó Amadís, hablando- en nuestro viaje usaremos únicamente nuestras voces, no podremos concentrarnos demasiado en nuestros diálogos telepáticos, resultaría arriesgado.

-Entiendo -respondí- y de cualquier modo, no creo ser el niño de la profecía. -Dije a nuestro líder, leyendo sus pensamientos por última vez antes de partir e iniciar mi primer viaje como uno más de los jóvenes exploradores de Luzsinfin.