Tres chicas tomaban café sobre una mesita de cristal. Dos de ellas, una con el pelo demasiado alborotado y la otra con los ojos todavía cerrados, lo hacían desde un mullido sofá de dos plazas, y la otra de pie, apoyada en el marco de un ventanal que daba a un amplio balcón, el cual se encontraba abierto para despejar los ánimos.

-no sé porque te hice caso, a mi ni siquiera me gusta salir de fiesta… - se quejaba la del pelo alborotado acusando a la chica que compartía sofá con ella.

-no salimos de fiesta Hermione, la fiesta fue aquí, en casa – le contestó Ginny intentando abrir los ojos, si no lo conseguía en un minuto más se asustaría, pues significaría que se le habían quedado pegados para siempre.

-yo me lo pasé genial anoche… - susurró la otra mirando las nubes mecerse suavemente en el azul cielo casi veraniego mientras tarareaba una canción que seguramente ella misma había inventado.

-Luna, guapa ¡cállate! – le pidió "dulcemente" la pelirroja abriendo por fin los ojos para asesinar a la atolondrada rubia – me estallará la cabeza…

Hermione se acabó el café y lo dejó con un golpe sobre la mesita de cristal.

-¿puedo saber porque tú no tienes resaca? – Preguntó la castaña mirando a Luna, que le devolvió la mirada sonriente – no fuiste la que más – siguió esta vez mirando a su pelirroja amiga – pero tú también bebiste anoche.

-eso es… – comenzó calmadamente la rubia volviendo a mirar el cielo – porque bebí una poción nada más levantarme, para la resaca – añadió con su voz dulce y soñadora.

-¿y porque nuestra malvada amiga no nos ha hablado de la existencia de ese "milagro embotellado" y prefiere mirar como sufrimos en silencio? – preguntó Ginny frunciendo el ceño.

-¿en silencio? – sonrió tiernamente la rubia.

-¡tráelo Luna! – ordenó la pequeña de los Weasley mientras la rubia desaparecía dando saltitos y canturreando a su habitación en busca del "milagro embotellado", aun después de sus 21 años, no se había quitado esa manía, o más bien, no se había preocupado en hacerlo.

-¿alguien me recuerda porque nos hemos levantado tan pronto un sábado y después de algo como anoche? – preguntó Hermione enviando hacia atrás algunos mechones de su largo y rizado cabello.

-porque es el cumpleaños de nuestro precioso pisito, y quedamos en ir a comprarle un regalito – dijo emocionada y soñadora Luna Lovegood imaginando que podrían comprar. – por eso fue la fiesta de anoche ¿no?

-oh si… ya recuerdo, un año ya…

-no es justo…

-¿que no es justo Luna? – preguntó divertida la pelirroja sabiendo que seguramente la respuesta le haría gracia.

-si fuéramos inquilinas normales, ahora mismo la señora Spencer nos estaría echando la bronca del siglo. – dijo haciendo pucheros.

Ginny rió junto con Hermione.

-no te preocupes Luna, la próxima vez prescindiremos del hechizo silenciador y así nuestra querida casera podrá sermonearnos a gusto. – le contestó Ginny todavía con la sonrisa en la boca.

La rubia sonrió sabiendo que sus amigas no veían ningún sentido a algunos de sus comentarios, pero la cuidaban y la querían y eso le bastaba, aunque no la llegaran a entender del todo, la aceptaban con cariño.

-¡primera! – gritó la pelirroja, como hacía siempre, pidiéndose la ducha.

Hermione miró a Luna, esperando a que eligiera el segundo puesto, pues sabía que siempre callaba para que sus amigas no tuvieran que ducharse con el agua helada, pero la nobleza también residía en las griffindors (en algunas, pensó Hermione mirando a Ginny) y estaba dispuesta a ese día ducharse ella con el agua fría.

-¿quieres ducharte tu después, Luna? – preguntó la castaña al ver que esta no decía nada.

-¡vale! – Dijo contenta al ver que su amiga le ofrecía el lugar – muchísimas gracias Hermione – dijo la rubia cogiendo agradecida las manos de la chica, con los ojos brillantes.

-no es para tanto Luna… - dijo algo incomoda, pues aun no se acostumbraba a esos arrebatos agradecidos de su amiga.

El agua de la ducha ya se oía correr y Ginny salió diez minutos después. Luna ya esperaba en la puerta con la mano levantada y abierta al lado de su cara. La pelirroja la chocó sonriente. El choque de manos se había convertido en un ritual cada mañana. Recordó la primera vez que vio a Luna en la puerta con la mano arriba.

"que quieres Luna" le había preguntado.

La rubia rodó los ojos como que Ginny no se enteraba de nada.

"tienes que palmearme la mano" la pelirroja la seguía mirando interrogativa "como en las carreras de relevos, para que yo pueda continuar" le explico como si fuera algo obvio.

Hermione y Ginny rieron tanto que le siguieron el juego, y ese juego pronto se convirtió en un ritual.

Cuando la rubia acabo se puso solemnemente en la puerta esperando el siguiente relevo.

-Hermione… - canturreó al ver que no llegaba.

-¡voy! – Dijo ella a toda prisa cargando su ropa y saliendo rápido de su habitación, chocó su mano y cerró la puerta - ¡enseguida acabo! – gritó desde dentro.

Las otras dos la esperaron en el balcón, disfrutando del sol mañanero y observando la preciosa vista de la ciudad que ofrecía el décimo piso.

Quince minutos después bajaban por las escaleras del edificio, ya que el ascensor estaba en el segundo piso y no les apetecía esperar a que llegara hasta el último, donde ellas vivían.

En el primero, como si hubiera estado esperando en la mirilla a que pasaran, la señora Spencer abrió la puerta. Era una señora mayor, de pelo cano, gafas redondas y algo regordeta, y sobre todo, con mucho tiempo libre.

-os tengo dicho que no podéis subir chicos a casa, ¡ni alcohol! – les dijo, señalándolas con el dedo y con el mismo cuento de siempre.

-no hemos subido ningún chico a casa, señora Spencer – le dijo tranquilamente Ginny, obviando lo del alcohol – somos unas chicas decentes – terminó la pelirroja con una radiante sonrisa.

Hermione y Luna la miraron ¡decentes eran ellas dos!

-eso no os lo creéis ni vosotras, ya veréis ya, cuando os pille ¡que es mi casa!

-pero si nos la alquila, en cierto modo es nuestra, que la pagamos – le contestó Luna, como si fuera lógico y se lo tuviera que explicar a la anciana como si fuera una niña pequeña.

-será insolente la niña… - murmuró la mujer desapareciendo por la puerta de su casa y pegando un portazo.

-muy buena Luna – dijo Ginny palmeándola en la espalda y las chicas salieron por fin a la calle.

Mientras ellas cogían el metro para ir al centro de la ciudad, otros tres personajes se paraban en la pequeña puerta de la valla que rodeaba el edificio.

-última oportunidad – dijo un chico de piel morena y cabello alborotado - ¿muggles?

-así lo decidimos ¿no? – dijo otro de piel más pálida y oscuro cabello y una mirada penetrante pero algo tímida.

-Theo, Blaise ¿decidido? – a ambos lados del rubio los chicos asintieron como si estuvieran a punto de entrar en un santuario de un lugar lejano y desconocido.

Con mucho cuidado de no tocar nada que no fuera necesario, unos nudillos blancos como la nieve dieron un par de golpecitos a la puerta. Pasaron varios segundos y nadie contestó, así que Draco Malfoy volvió a golpear la puerta, esta vez un poco más fuerte, hasta que Blaise Zabbini acabó aporreándola.

-¿es que no sabéis llamar al timbre? – les abrió una malhumorada anciana.

-que cojones es un tim… - pero Blaise recibió un codazo de Theo y se calló a mitad de la frase.

-¿es usted la señora Spencer? – preguntó educadamente Theo.

-¿Qué queréis vosotros tres? No compro nada – dijo de malas maneras.

-veníamos por el piso en alquiler – dijo el rubio cruzándose de brazos algo enojado y pensándose si eso realmente había sido buena idea.

-ooh… - la sonrisa de la señora se volvió amable de repente. La señora Spencer salió al rellano y cerró la puerta de su casa – pues tengo dos pisos disponibles en este momento – continuó frotándose las manos – el cuarto A y el décimo A, pero personalmente os recomiendo el cuarto – dijo bajando un poco la voz, por lo que los tres chicos agacharon un poco las cabezas para escucharla – en el décimo B viven tres chicas indecorosas que no os harán ningún bien…

-décimo A – dijeron Draco y Balise al unísono. Theo puso los ojos en blanco.

-os lo advierto desde ahora – dijo la mujer señalándoles con el dedo índice – nada de chicas ni alcohol en mis pisos.

-mis dos amigos hablan de las vistas – improvisó Theodore Nott – les encanta mirar la ciudad y obviamente saben que serán mucho mejores en el último piso. No nos interesan las chicas – añadió a lo último.

-¿sois gays? Por qué tampoco me gustan.

-¡claro que no! – se ofendió visiblemente Blaise Zabbini.

La mujer les miró con los ojos entornados y llamó al ascensor.

Nada más entrar al piso se encontraba directamente con una sala de estar, separada de la cocina únicamente por una barra, y un ventanal con un balcón bastante espacioso. A la derecha había un pasillo al principio del cual había un baño que se podía ver desde la sala, para más adelante encontrar tres habitaciones, dos enfrentadas y una en medio.

-¿solo un baño? – Preguntó Draco – somos tres.

La mujer le miró con cara de "sé contar ¿y?"

-un segundo… - Draco se llevó a sus dos compañeros a un rincón.

-la cocina y el salón están en el mismo sitio… - dijo Blaise como si no se lo acabara de creer.

-y solo hay un baño – se volvió a quejar Draco.

-no es a lo que estamos acostumbrados, pero es lo que queríamos ¿no? – susurró Nott, indeciso.

-podemos acabar matándonos en tan poco espacio – advirtió el rubio.

-es todo un reto – sonrió Theo.

-y hay chicas indecentes enfrente – dijo Blaise levantando las cejas.

-muy bien, decidido entonces. – Draco se dio la vuelta y se dirigió a la mujer que parecía irritada por los susurros de los chicos. – nos lo quedamos.

La mujer sonrió. Eran las doce del medio día. Los chicos decidieron que iban a por sus cosas y después de comer volverían para instalarse y pasarían a firmar con la señora Spencer.

-necesito la firma de uno, luego apañaros como queráis, pero quiero el alquiler el día uno de cada mes ¿entendido? Ni un día antes ni uno después.

Los chicos sonrieron, algo nuevo empezaba, algo que habían decidido ellos mismos, si sería error o acierto, no lo sabían, pero podían echarse atrás en cualquier momento, no había ningún problema, por eso que habían decidido alquilar y no comprar.

Mientras, en el centro de Londres tres chicas almorzaban pensando que iban a regalarle a su pisito. Después de mucho discutir (cuadros, flores, figuritas de decoración…) se habían decidido por una mesita de forja y hierro galvanizado y unas sillas a juego para el balcón, en el cual había bastante espacio que nunca se llenaba. Habían quedado con el hombre de la tienda en ir a recogerla después de la comida.

-¿estamos seguras de esto? – Preguntó Hermione – es un paso importante comprar algo entre todas…

-¿qué pasará si algún día tenemos que separarnos y dejar de compartir piso? – preguntó Luna afligida.

-que cada una se llevará una silla y en paz – dijo Ginny quitándole importancia al asunto, como siempre.

-¿y con la mesa? – preguntó la castaña.

-pues la haremos añicos y guardaremos las astillas en una cajita cada una – se burló la pequeña Weasley riendo y haciendo reír a las demás.

-el problema va a ser transportarlo… - susurró Ginny.

-y pagarlo… - continuó Hermione.

Luna solo sonreía soñadora, imaginando las tardes que pasarían en esa mesa, en el balcón, mientras el aire fresco azotaba sus caras.

Bueno, espero que os haya gustado el primer capítulo, solo es algo introductorio de lo que va a pasar.

Me gustaría proponer algo para hacer la historia algo más interesante. Como esta historia esta completamente escrita y terminada (he decidido hacerlo así, ya que si no, tardo mucho en actualizar) y no voy a tener la presión de escribir el capitulo siguiente, al final de cada capítulo dejaré una pregunta sobre el siguiente capítulo y vosotrs tendréis que contestar, si os apetece, en un review (y así puede que yo consiga más… muajjajaja). A ls afortunadas que acierten la pregunta les dedicaré el capitulo siguiente y si acertáis muchas dejaré un avance del capítulo siguiente. ¿Qué os parece?

Bueno vamos a intentarlo, ahí va la primera pregunta:

En el siguiente capítulo, nuestro querido Draco tendrá que preparar la cena para sus nuevos compañeros de piso, ¿Cómo creéis que lo hará?

Llamará a un elfo doméstico y lo solucionará todo en un periquete.

Genial, es un magnifico cocinero, siempre le ha gustado.

Será un total fracaso y todos se irán a la cama sin cenar.

Bueno contesten lo que piensen, suerte y espero que os guste este jueguecito, es una forma de hacer la espera más entretenida (aunque prometo que esta no será larga).

Besitos!

CRIS!