Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Sólo la trama es mía.

Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos, por las preguntas, sugerencias y suposiciones...

Estoy en unas semanas de locos, así que no se bien con que regularidad podre subir los caps al menos hasta después del 7 de Oct. Veremos como lo arreglamos.

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Gracias a mi Beta por toda su ayuda y sus siempre tan importantes comentarios...

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Otro punto.. Este capítulo es bastante fuerte, así que haciendo uso de su gran altura de mira les pido que se pongan en los zapatos de los personajes y les recuerdo que mi meta siempre ha sido hacer a los personajes lo más real que puedo, por lo mismo todos nos equivocamos y tenemos todo el derecho a arrepentirnos, como así el perdón tambien es una opción real.

Para las que odian a Jacob, les recuerdo que esta es MI versión de él, así que por fis nada de prejuicios con él... este Jacob es sólo lo que yo he creado :)

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Increíble como alguien tan grande, fuerte e imponente puede reducirse a algo tan pequeñito y frágil bajo el peso del remordimiento.

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*11 de mayo de 2009: La verdad y sus consecuencias*

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BPOV

Hay cosas en la vida que sin lugar a dudas preferiríamos no enfrentar jamás. Situaciones complicadas que no tenemos idea cómo manejar y eso nos asusta.

Sabemos que lo más fácil sería callar, la ignorancia en ocasiones es menos dañina que la verdad. Pero a veces llega un punto en que evadir ya no es una opción.

¿Pero a quién culpamos por las ganas de seguir en silencio? ¿Quién no querría huir de lo que por decirse nos complicaría la vida? ¿Quién no preferiría dar la vuelta y sortear ciertas situaciones u obviar ciertas decisiones?

El miedo suele ser un pésimo consejero.

A lo largo de los años he sabido convivir con distintos miedos: Miedo a ser herida y a herir; Miedo a él y a mi misma, a lo que me hacía sentir o hacer. Pero sobre todo, he aprendido que lo peor del miedo es que te sigue a donde quiera que vayas.

Así que desde un paraje en mi vida, entendí que lo mejor era enfrentarlo, darle la cara, ejecutar mis decisiones y asumir sus consecuencias. Aunque eso no significase que la escoria dejada por aquel sentimiento desapareciese. Pero al menos, estaría haciendo algo más que simplemente huir, como lo llevo haciendo hace tanto.

Dios sabe que lo que menos deseo en la vida es herir a Jake, pero por más que lo pienso, esta vez es inevitable. Hay veces en que la verdad pesa y empuja… haciéndose dolorosa al explotar, veces como esta.

Mi lado egoísta solía gritarme que esto no era lo mejor ni para él, ni para mí, que tal vez, aunque fuese cobarde, la opción más sana era volver a escapar lejos. Pero yo había dejado de escuchar ese lado de mi misma desde que comprobé que por más tierra de por medio, no se puede escapar de uno mismo. Yo no importaba, hace bastante que mi persona había pasado a un cabizbajo segundo plano. Eran los sentimientos de otros por los que debía velar.

Pese a la determinación que me intentaba imponer, no pude evitar sentir esas familiares ganas de esconderme en un rincón cuando escuché la puerta principal cerrarse. Jake llegaba tarde como lo llevaba haciendo toda la semana, para esquivarme, ya ni lo dudaba.

Pensé en Elizabeth, en su vida, en la sonrisa de esta tarde cuando jugaba con Edward o el cómo fruncía el ceño al intentar peinar esa melena rebelde. Sólo ella importaba, ya no era mi vida, no eran mis miedos, ni mis fantasmas… era ella, su sonrisa, su historia, su futuro, su verdad.

Me costó armarme de valor, pero logré salir de la habitación he e ir al encuentro de Jake.

Lo encontré en la cocina, sirviéndose una taza de café.

Lo observé unos instantes, rememorando a Edward en la misma acción unas mañanas atrás. Tan distintos y a la vez tan particulares. No se podría decir quien lucía mejor, si Edward recién despertado o Jake con esa pose cansada y despreocupada, no había comparación. Ambos tenían sus puntos, como siempre y hablar de superioridad era una frivolidad injustificada.

—Hola—saludé en un susurro.

—Hola—respondió girándose lentamente. Su mirada seguía cargada de esa extraña mezcla de sentimientos que me parecían contradictorios.

En ese momento me di cuenta que ya hace tanto que no le veía sonreír.

—¿Qué tal tu día? —fue mi torpe intento por entablar conversación.

—Largo—respondió escuetamente con una sonrisa; lo que me extrañó, aparte de su desgana, fue que sus ojos se enfocaron en cualquier cosa menos en los míos. Entonces supe que no había forma de dilatarlo más.

—¿Crees que… podríamos hablar?

Jake asintió casi tan resignado y abatido como yo, y sin más me giré, dándole la espalda y me dirigí hacia el sofá del salón. Di por hecho que él venía tras de mi.

Estaba nerviosa, teníamos tanto de que hablar, del supuesto hijo, pero sobre todo de Elizabeth; no es que esperase que de alguna forma él se tomase bien la noticia de que Edward ya sabía todo. Pero, más que algún ataque de ira o demencia momentánea, yo le temía al dolor que le pudiese causar.

Jake era una buena persona, de esas que no dañaba a nadie, del tipo de hombre que vive en paz y que merece ser feliz. Y yo llevo años obligándolo a vivir siempre en combate ante un recuerdo y con el temor de la verdad pisando nuestros talones, y ahora estaba a punto de soltarle una bomba, de confirmar su mayor temor y no estoy muy segura si es que él sabría como manejar aquel sentimiento.

Jacob se acomodó en el amplio sofá marrón, casi a la otra esquina de donde yo estaba, su postura era tensa, nerviosa. Tenía las manos entrelazadas con los codos sobre sus muslos, su cabeza estaba inclinada hacia el suelo y su mirada perdida.

—Bella yo… lo del otro día…yo—comenzó, pero su voz se perdió en el silencio.

Movía sus manos casi con frenesí. Levantó la cabeza y suspiró pesadamente, casi como gesto de derrota. Sin mirarme en ningún momento.

—Lamento haber sido tan dura contigo… Te dije cosas muy feas y lo siento mucho—Susurré adelantándome a sus disculpas.

Jacob giró la cara y me miró. Sus oscuros y profundos ojos me parecieron los ojos más tristes que había visto en toda mi vida. Brillaban como la espesa brea, como si dentro de ellos existiese la profundidad de un hoyo negro lleno de pesar.

—¿Te has dado cuenta que de un tiempo hasta hoy, nuestras conversaciones y nuestra vida sólo gira en torno a los "Lo siento" ó "Discúlpame"? —masculló con una sonrisa triste y yo no pude refutar aquello.

Asentí lentamente, conteniendo unas absurdas ganas de llorar. Algo dentro de mí gritaba que esta sería la conversación más difícil de mi vida.

El ambiente se sumergió en un silencio incómodo. Tan sólo el irritable "tic tac" del reloj de madera colgado en la pared del pasillo, indicaba el inquebrantable paso de los minutos.

Era desesperante la muda forma en que ambos dilatábamos lo inevitable.

Jake era más que mi esposo ante un juez, era mi compañero, mi salvador, mi primer amor y sobre todo era mi mejor amigo.

—¿Qué ocurre? —preguntó muy bajito con voz débil. Pero realmente parecía como si estuviese dándome el impulso a hablar, más que presentar una real curiosidad.

—Son tantas las cosas que quisiera decirte, pero… no encuentro las palabras para hacerlo. Es como… si ninguna sirviese, como si el lenguaje no fuese lo suficientemente bueno para explicar…— Hablé tan rápido que al terminar tuve que respirar vergonzosamente, me sentía ahogada, desesperada. Incómoda delante de mi compañero de ruta.

El cuero del sofá crujió cuando Jake se arrastró desde su posición hasta mi lado. Tomó mi rostro entre sus manos, pensé que me obligara a mirarle pero en vez de eso acercó su cara a la mía para dejar reposar su frente con la mía.

—Dímelo—dijo conservando esa resignación—Dime lo que sea… —susurró casi sin voz, sólo moviendo los labios.

Fue como si él supiera exactamente el debate en mi interior, el miedo a herirlo con mis palabras y a su vez, al darme el impulso, sentí que Jake acababa de decidir inmolarse frente a mí. Como pude contuve mis ganas de llorar. No pude contestarle, no podía pronunciar las palabras que causarían una nueva herida.

En cambio me concentré en nuestra cercanía. Podía sentir la tibieza de su aliento chocar con mi rostro, su olor a madera y su calor humano más allá de su ropa. Era mi Jake, sintiendo la misma angustia oprimiendo el pecho que yo tenía.

Aún con mi rostro entre sus grandes y gruesas manos, Jake inclinó mi rostro un poquito hacia arriba obligándome a ver su profunda mirada.

—Pero antes de todo…—sus palabras fueron como una extraña petición y enseguida sentí sus gruesos labios hacer contacto con los míos.

No hubo presiones, no existió duda. El movimiento de sus labios sobre los míos no era insistente ni pasional; había un ritmo suave y constante, el del hábito adquirido luego de tantos años y tantos tipos de besos, la costumbre del amoldamiento y la dulzura del cariño neto, puro, sin una pizca de todo lo que enturbiaba nuestra historia.

Jake era mi Clark Kent, mi eterno salvador, mi amigo, mi primer hombre… Eran demasiadas cosas que concluían en un sólo ser. Y ahora, mientras me besaba, como tantas veces lo había hecho, sentí una extraña sensación, tenía total conciencia de cada detalle de este beso y podía sentir algo oculto tras este gesto, como también tenía claridad del sabor de sus labios, del ritmo de su respiración, del apabullante latir de su corazón y de la delicadeza de sus manos en mi rostro.

Yo seguía siendo la flor de cristal entre sus manos y creo que nunca lo había valorado tanto como ahora.

Había algo que Jake estaba intentando trasmitirme, algo dentro de él pujando desesperadamente por prevalecer, por conservar… como si algo estuviese apunto de cambiar.

Cuando el dulce beso terminó, Jake volvió a posar su frente sobre la mía.

—Eres lo que más he amado en toda mi vida—juró con voz suave y total convicción, y yo sentí el nudo en mi garganta desatarse en un llanto silencioso.

Mis lágrimas no lo alteraron porque no era un llanto histérico y simplemente se dedicó a borrarla con sus pulgares haciendo formas sobre mis mejillas.

Me aleje de él lo suficiente como para mirarle a los ojos.

—No quiero tener un hijo… contigo—dije apenas con la garganta cerrada, sintiéndome la peor mujer del mundo.

Jake cerró los ojos con fuerza y tomó una gran bocanada de aire, se mantuvo así unos instantes, mientras sus manos dejaban mis mejillas bajando por el contorno de mis brazos hasta tomar mis manos entre las suyas cálidas.

Yo seguía intentando controlar un sollozo culpable presionando mi pecho, cuando Jacob abrió los ojos luego de suspirar.

—Lo sé—dijo mirándome con tranquilidad y con una suave sonrisa que confirmaba sus palabras—Lo sabía…—dijo con resignación, pero sin una pizca de reproche.

¿Por qué no se enojaba? ¿Por qué no me gritaba?... Aquello yo también lo sabía… es porque es Jacob, Mi Jacob. El que no reclama, el que guarda su dolor.

Pero su aparente entendimiento y condescendencia sólo me hacía sentir peor, más miserable aún. Más culpa sobre mi espalda. Era horrible saber que no podía darle lo que se merecía.

Porque Jacob se merecía el cielo. Se merecía una mujer que lo adorara y llenase su casa de niños. No esta cosa egoísta que era yo, no una mujer a medias.

—Lo siento, lo siento—repetí llorando mientras apretaba sus manos.

—No te sientas culpable—pidió acomodando un mechón tras mi oreja, intentando disimular su desasosiego. — Sabes bien que pienso que a veces es estúpida la manera en que nos hacemos sentir culpables por no querer algo… Además, creo que es lo mejor—intentó sonar convencido, pero logré apreciar en lo recóndito de esos ojos negros una sombra lúgubre.

—¿Lo mejor? —pregunté aturdida.

—Todo sucede por algo ¿No crees? —preguntó meditabundo. —Yo…

—Edward ya lo sabe… sabe lo de Beth—le interrumpí en un arranque de valor.

La cara de Jake pasó por varios estados en tiempo record. Primero pareció no entender a que me refería, luego su ceño se frunció y sus ojos mostraron el impacto de mi confesión. En ellos vi dolor, rabia, frustración y luego, lo que más me sorprendió, fue resignación.

Yo seguía expectante a una ola de furia de su parte, pero él se limitó a mirarme fijamente, casi sin pestañear por lo que me parecieron horas. Sólo la rigidez en su mandíbula me indicaba como su mente estaba trabajando a mil por hora. Lo conocía y sabía que estaba analizando todo con lujo de detalles, esquematizando su actuar y el como esta verdad cambiaba radicalmente las cosas comos hasta ahora las conocíamos.

—Él lo supo por si solo, en cuanto la vio la reconoció… más bien lo presintió, luego sólo investigó un poco…—dije luego de un rato, pero Jake seguía en ese extraño estado catatónico. —Él no va a hacer nada que pueda afectar a Beth, lo dejó en nuestras manos… Sólo quiere conocerla, pasar tiempo con ella y también que Beth sepa que él es su padre biológico. Está herido, se siente… mal, porque le ocultamos su paternidad, pero siento que esto tiene que ver con la niña y no con nuestra historia pasada. Pero más allá de eso, creo que… creo que de verdad quiere a su hija… La quiere —intenté explicar.

Pero Jake no respondió, era como si no estuviese escuchándome realmente y mis nervios estaban apunto de colapsar.

No entendía como Jake podía parecer tan sereno ensimismado con la bomba que acababa de soltarle. Era como si todo él estuviese más allá de esta habitación, como si sobre su cabeza se estuviese la irrealidad y está verdad fuese el mal menor ante lo que él estaba preparado.

Me comencé a morder el labio para aguantar las ganas de chillar. Nunca el silencio me había parecido más letal y esta espera era una de las peores cosas que me había tocado observar.

—Dormí con alguien más…—soltó de pronto con la misma cara de poker que tenía desde que yo hablé.

Ahora quien le miró sin entender sus palabras fui yo, mientras sentía una punzada en el pecho.

Traición, esa palabra fue lo único que mi mente logró evocar. Mientras mi cuerpo y mi alma se congelaban y sentía que la sangre se agolpaba en mis pies.

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El eco de las palabras de Jacob seguía retornando en la cabeza de Bella.

El silencio no era más que la prueba intangible de un lazo roto, de la traición atacando nuevamente. Del dolor del engaño y el sabor de la culpa haciendo mella en los personajes contrarios en esta ocasión.

Bella se quedó mirando el atormentado rostro de Jake, buscando algo… una luz, una señal, algún gesto por insignificante que fuese que le indicara que había escuchado mal, que esto no podía estar pasando… no nuevamente.

Pero no, Jake seguía mirándola fijo con cara de nada y con todo por dentro a la vez. Con el alma en un puño y la consciencia martillándole en la sien.

La situación se les hacía cruelmente familiar, tal vez la escena era distinta y los personajes estaban intercambiados, pero seguían sintiendo la misma sensación desagradable punzando dentro de sus pechos, la culpa y el engaño volvían a ser los protagonistas de sus mal trechas vidas.

Bella se puso de pie y avanzó hacia la muralla de vidrio que estaba a un costado a espaldas de Jake, afuera el cielo interrumpido por las lejanas farolas de las calles, amenazaba con romper a llorar en cualquier momento, al igual que sucedía dentro de la habitación.

Bella se abrazaba el cuerpo algo ausente, con la mente divagando extrañamente en la imagen de la cara sonriente de Jake la noche que lo conoció, intentando entender el enorme significado de la dolida frase que su marido acababa de soltar.

Jacob seguía en la misma posición sentado sobre el sofá, ahora con Bella a sus espaldas. El tiempo parecía haberse congelado, al igual que su alma.

Esto tenía que ser una broma, una mala, mala broma.

—Di algo…—suplicó Jake en un susurro sin atreverse a voltear.

—No sé que decir—respondió ella concentrada en como las gotas de lluvia distorsionaban las imágenes de afuera. —No sé si quiero reír o gritarte… ni siquiera sé si tendría derecho a hacerlo

—Bella…—musitó él girándose para encontrarse con la espalda de ella.

Ella se giró lentamente, apoyando ahora su pesada espalada contra el frió vidrio.

—¿Cuándo pasó? —preguntó lentamente, en una absurda jugada por créese lo que les estaba pasando.

Jacob negó apesumbrado—No quiero perderte—sonó a pregunta, a lo que Bella sólo fue capaz de sonreír con amargura. —Lo siento, de verdad Bella… estoy arrepentido—musitó bajando la mirada.

—¿Cuándo? —repitió con voz exigente que intentó controlar de inmediato.

—Hace unas noches… cuando discutimos en el auto—aceptó avergonzado—Esa fue la última vez, lo juro—confesó muy bajito.

—¿Han habido más? —chilló ella exhalando todo el aire como si le hubiesen apretado el pecho, esto si no se lo esperaba.

Jake asintió con la cabeza, con la mirada en el suelo, incapaz de verle a la cara, absolutamente avergonzado y derrotado.

—Tres veces—explicó intentando sonar claro, pero su voz se perdía en los remordimientos así como la ansiedad que le consumía.

Tres veces, Jacob la había engañado tres veces - resonó en su cabeza en hasta perderse en un eco.

— ¿Con la misma… mujer? —preguntó ya con temor y Jake asintió nuevamente sin tener el valor de mirarla a los ojos.

Bella volvió a guardar silencio, debatiéndose ente golpearlo o llorar.

Su primer impulso era darle una cachetada que dejase todos sus dedos marcados sobre su cara, pero no podía, simplemente su propia culpa, su propia infidelidad le pasaban cuenta, frenándola, obligándola a guardar distancia e intentar pensar en frío.

—¿Desde cuando? —preguntó con avidez sin encontrarle sentido a su interrogatorio.

Jacob levantó la cabeza levemente y la observó. No quería seguir contestando nada más, no quería herirla como sabía que lo estaba haciendo con cada palabra o asentimiento de su parte, pero paradójicamente un rincón de su conciencia le recordaba cuando fue él quien estuvo en los zapatos de Bella, cuando pesé a la aflicción la sinceridad de ella aplacó el tormento y suavizo el dolor. Se lo debía, era lo mínimo que podía hacer… confesar todo.

—Desde poco después que volvimos de Londres—dijo con la voz seca. No recordaba haber sentido tanta vergüenza en toda su vida.

La mirada de Bella parecía tan lejana, tal y como él la había visto un par de veces años atrás cuando su mujer se perdía en su mundo privado, pero esta vez él era plenamente consciente de lo que los ojos de ella ocultaban, lo que no era más que clara decepción.

Eso lo hirió, saber que frente a él la mujer más importante en su vida ya no le miraría nunca más como hasta ayer lo hacía y que aquello no era más que por su propia responsabilidad.

—¿La… la amas? —preguntó Bella pero la voz se le rompió al final.

—No—dijo convencido, pero por la expresión de Bella pareció ser un "sí" la mejor respuesta.

Bella cerró los ojos con fuerza intentando escapar momentáneamente de esa habitación. Esto no podía estar pasando de nuevo, no después de tanto camino recorrido, no luego de tanta lucha contra la corriente. Al parecer, al final, todo fue en balde, la corriente volvió a arrastrar sus vidas.

Tal vez era el destino mandando la misma señal pero desde el otro lado… tal vez era hora de enfrentarlo que nunca debió ser… o tal vez, esto no era más que el puto milagro de un ajuste de cuentas, algo así como nivelar las derrotas para volver a cero. Aunque Bella estaba segura que aquella infidelidad no era una baja venganza de parte de Jake.

—No me odies—rogó él con voz contenida obligándola a abrir los ojos y a volver a la habitación.

El rostro de Jake confirmó su último pensamiento, él también estaba sufriendo y ella más que nadie entendía de aquel peso, de la mortificación eterna de dañar al ser querido por una debilidad que a veces es inevitable.

Jake estaba dispuesto a arrodillarse frente a ella y suplicar hasta morir, pero no quería perderla.

—Nunca podría hacerlo—susurró ella convencida mientras le miraba, destruido y disminuido.

Increíble como alguien tan grande, fuerte e imponente puede reducirse a algo tan pequeñito y frágil bajo el peso del remordimiento.

—Fue una estupidez, Bella. Me dejé llevar por el momento, por la rabia por la frustración… por el miedo. No medí consecuencias, no pensé realmente en nada. —Habló acelerado mientras se acercaba a ella a paso titubeante—Pero no significó nada, Bella—juró tomándola por los hombros—Fue un error, uno muy grave. Pero de verdad, ella no significó nada para mí… fui un idiota egoísta, un imbécil—dijo meneando la cabeza y mirando al suelo. —Tú lo eres todo para mí, Bella… Tú y Lizzie son mi vida. Sin ustedes no sé que soy—dijo roto con la mirada desolada, cayendo de rodillas frente a ella, ocultó su rostro en el vientre de Bella y le abrazó las rodillas. —Perdóname… —rogó con el corazón en la mano.

—Jake, ponte de pie—pidió conteniendo las ganas de llorar—Por favor, levántate…—insistió cuando el agarre de él se hizo más fuerte—Jake… no puedo verte así—sollozó débilmente tratando de jalarlo hacia arriba. Su corazón se rompía al verle así de humillado. —Jake, no hagas esto—pidió levantándolo apenas, más por voluntad de él que por fuerza de ella.

—Perdóname—rogó nuevamente.

Bella asintió con tristeza, preguntándose cuanto derecho tendría ella de no perdonarlo en esta historia.

¿Qué era peor? ¿Serle infiel una vez a tu novio con su mejor amigo, del cual te enamoraste o serle infiel a tu esposa tres veces con una mujer que no significa nada?

¿Realmente esa pregunta tendría una opción correcta? ¿Es que acaso alguna tendría una justificación real?

Bella estaba segura que no, que ambos engaños eran igual de letales, que bajo ninguna circunstancia uno era menos grave que el otro…

Entonces, como ella no le iba a perdonar si veía en los ojos de Jake la misma desesperación que estuvo segura tuvieron sus ojos hace tantos años cuando le suplico que no la odiara por haberle engañado con Edward.

Por supuesto que ella no le perdonaba simplemente por una devuelta de mano, era algo mucho más potente.

Frente ella estaba ese hombre que seguía significando tantas cosas en su vida, y estaba destrozado, rogando por su perdón de manera tan humilde que Bella estaba segura que nunca algún ser humano le había parecido más sincero que ese hombre roto y arrepentido ante ella.

Bella lo quería, de tantas formas que era hasta imposible no perdónale.

Él intentó acercarse y besarla, necesitaba sentirla para volver a respirar, pero en cambio ella hundió su rostro en el fornido pecho y le abrazó con fuerza.

Está bien, él se conformaba con eso, con los brazos de ella envolviéndolo.

—Vámonos… vámonos lejos, Bella—susurró contra su cabeza aspirando su aroma—Tomemos todo y larguémonos. Los tres, de nuevo, lejos, empecemos otra vez, desde cero como ya lo hemos hecho antes… Dejemos toda esta mierda atrás.

Bella sacudió la cabeza, aún oculta en el pecho de Jacob, negando claramente.

—No, Jake—dijo mirándole con ojos vidriosos y llenos de tantas cosas—Ya no podemos…

—¿Es por Edward? —Preguntó pero no le dio tiempo de responder—Yo puedo hablar con él, no sé… llegar a algún acuerdo sobre Lizzie. Estipular algún modo de que él pueda ver a la niña… No me voy a oponer Bella—sonrió triste— Hay cosas que ya no están en nuestras manos y si Edward lo sabe… no puedo luchar contra eso. Hablaré con él, buscaré un punto medio y luego nos iremos… Somos una familia, Bells. Él tiene que entender eso.

Bella parpadeó confusa ante el repentino cambio de opinión de Jake. Pero luego de unos segundos entendió que no se trataba de una real aceptación de la paternidad de Edward para con Elizabeth ¡Por supuesto que Jake nunca lo aceptaría así de tranquilo! Era el pánico hablando por él, la desesperación y la ansiedad, en estos momentos él era capaz de aceptar cualquier cosa con tal de tomar las maletas y largarse de esta ciudad, con tal de que ella lo perdonase.

Bella se quedó mirando esos profundos pozos oscuros, esos ojos que la han acompañado durante más de siete años, su compañero, su mejor amigo… su salvador perpetuo, esos ojos que eran capaces de absorber todo lo malo y calentarle el alma.

¿Pero sería suficiente todo ese pasado "juntos" como para volver a comenzar?

Al parecer Edward se había convertido en un mal menor dentro de todo lo que habían hablado esta noche. Pero también estaba el tema del bebé que ella había declarado no querer tener junto a Jake y al parecer eso era algo que él ya se intuía.

¿Pero podría ella marcharse nuevamente? ¿Volver a dejar todo, sus amigos, su familia… todo y seguir a Jake?

Bella estaba confundida y la cercanía de Edward no hacía más que agravar aquello.

No podía pasar por alto que ahora era Jake quien la necesitaba, era él quien ahora requería poner tierra de por medio. Y que cuando fue ella quien lo necesitó, él le tomó la mano con fuerza dejando todo a sus espaldas, cargando con responsabilidades y culpas que no le correspondían y la guió a un nuevo comienzo….

Vivió su depresión, sus crisis de pánico, su embarazo… todo lo malo y lo bueno de estos cuatro años en Londres y Jake fue quien siempre estuvo allí, sosteniéndola, siéndole fiel… a su lado.

¿Por qué no hacer lo mismo ahora por él, cuando más la necesitaba? ¿Por qué no brindarle esa luz de vuelta?


¿Qué les pareció? Sin saber el futuro y con la mente llena de dudas ¿Qué harían ustedes?

Al menos yo... hum, creo que la cosa esta difícil.

Ya saben espero sus opiniones y les recuerdo que luego subo el adelanto al blog en cuanto pueda.

Gracias por pasar y darse el tiempo de leer. Si les gusto o no dejen reviews :D