Capítulo 11: Mantente corriendo.

"La puerta que conduce a un nuevo mundo está bloqueada.

Ten fe en ti mismo y mantenla abierta

Sé que lo puedes encontrar".

-Tobira (Door)

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-No veo nada.

Todos los presentes se miraron entre sí, incluso Tai soltó una carcajada sonora.

Los demás la reprimieron.

Ante esas burlas, la llamada cielo se ofendió algo.

-Es en serio. No funcionó. –dijo al borde del llanto.

El doctor se acercó nuevamente a ella.

-Tranquila Sora. Te quitamos las vendas, no las gasas que protegen tus ojos.

Con esa información, la muchachita se ruborizó y abochornó por ser tan exagerada.

-Lo siento.

-Descuida. Pero ahora sí… es momento de la verdad.

El silencio se apoderó del consultorio. Era tanto silencio que incluso se escuchaban los latidos y respiraciones de los demás.

Con sumo cuidado, el médico le quitó las gasas que cubrían los ojos de la pelirroja.

-Bien. Necesito que poco a poco abras los ojos.

Sora asintió y musitó un leve "sí".

Todos estaban impacientes y a la vez temerosos.

Era hora de la verdad.

En cinco lentos segundos, Sora abrió los ojos.

El doctor estaba frente a ella esperando algún reflejo visual de su parte.

-Es increíble… -susurró la pelirroja. -¡Puedo ver!

Esas dos palabras fueron clave para que todos suspiraran y pudiesen sonreír sin mascara alguna.

El trago amargo había pasado.

Yamato ni siquiera se inmutó. Sólo la miró.

Como si sus ojos tuvieran vida propia, Sora localizó los zafiros de Yamato. Y por fin, después de varias semanas volvieron a verse.

Volvieron a mirarse, volvieron a descubrir secretos en el otro y de sí mismos, volvieron a ver y conectarse a través de las miradas… volvieron a enamorarse.

Se sonrieron como si fuera la primera vez que lo hacían.

Volvían a ser esos niños en el Digimundo.

Lo siguiente que ocurrió se quedó grabado como algo borroso en las mentes de ellos.

Todos abrazaron a Sora y le dijeron unas palabras de aliento.

Por fin había abierto la puerta a una nueva etapa de su vida.

Vida

La vida tiene millones de puertas para muchas cosas. Para un amor, para una decisión, para cometer errores, para todo y para nada.

Hikari sentía su luz interior más brillante que nunca.

Brillaba en ella una luz de amor.

Amor

En definitiva Noriko no sabía lo que era el amor, pero esas mariposas que sentía por Daisuke en el estómago cada vez que lo veía o pensaba en él, se acercaban mucho a la descripción que había visto en varias películas occidentales.

Fuera lo que fuera, su vida estaba próxima a un gran cambio.

Cambio.

Su vida sufría un gran cambio desde hacía varios meses cuando su padre murió.

Le guardaba cierto resentimiento.

Pero también sabía que albergar esos sentimientos de dolor destruían su paz.

¿Por qué no cerrar la puerta a su pasado y terminar de abrir la de su futuro?

No debía juzgar una felicidad futura por el sufrimiento pasado.

Si lo hacía, Hiromi terminaría por ser amargada. Y después de escuchar la historia que su amigo Ioir tuvo a bien contarle acerca de su padre y el Digimundo, simplemente entendió que debía dar la oportunidad a ser feliz y a aprender a vivir con su historia personal, pues aún no empezaba ni a escribirse bien.

Debía albergar pensamientos nobles ante los demás… no por nada era su emblema.

Emblema

Creía que el Digimundo se había equivocado al darle un emblema.

La paz era una sensación tan placentera pero a la vez tan complicada.

A final de cuentas, la Paz era una cualidad efímera.

Y ella no podía tener paz por medio de sí misma. Pero podría conseguirla por medio de los demás.

-¿Estás bien? –preguntó su madre, al notar que no había probado bocado.

Mayumi observó a la mujer que tenía delante. Si comparaba el sufrimiento que Mike le causó días antes, su madre la superaba con creces.

Aun no sabía la versión completa sobre su origen. Lo que sí sabía es que su madre la amaba y daría lo que fuera por ella. No por nada May le comentó lo que había sucedido.

¿Seguirse torturando con una puerta que estaba cerrada y sellada

No…

-Sí mamá… creo que iré a casa de un amigo. Hay algo que no he terminado.

Terminado

La inspección sobre las cosas de sus padres había terminado.

Se sentía diferente.

Algo había cambiado.

Hubiera preferido no saber que sus padres murieron en un accidente.

Que una desconocida encontró el automóvil dañado, llamó a una ambulancia y se encargó de que llamaran a algún pariente para que se hicieran cargo de él.

Cada vez había más secretos en su vida. No sabía si era necesario que lo hubiese sabido, pero ahora sí se sentía más tranquilo.

Sonrió para sí mismo.

Por más respuestas que buscara, simplemente no las hallaría.

De eso se trataba, de encontrar lo mejor. Lo mejor de las cosas, lo mejor del mundo, lo mejor de sí mismo…aún no sabía si lo había encontrado, pero caminar por esas calles rumbo a la tienda para comprar otra memoria para su computadora, sólo le iba a corroborar en su mente lo que su corazón ya había afirmado mucho antes; que estaba feliz.

Feliz de ser quién era, feliz de descubrir en lo que se había convertido, feliz de portar el apellido Izumi (de los dos padres que tenía), feliz de ser el portador del conocimiento, feliz de tener lo mejor de la vida.

Su pasado estaba marcado, al igual que su destino, pero él iba a decidir cómo cambiarlo.

Y ver a su amiga Mayumi dirigirse hacia él con un pequeño presente, sólo era el primer paso para hacerlo.

Sí, había sido una buena idea salir.

Salir

Salir de su casa había sido una gran idea. Dentro de ella todo le recordaba su futuro, sus promesas, lo que su familia esperaba de él.

Salir había sido una gran idea hasta que vio a Momoe.

No la había visto así con detalle.

Físicamente era muy bonita, pero en realidad lo que lo volvía loco era su manera de ser, tal vez en el fondo quería ser así.

La siguió sin que ella se diera cuenta. Tampoco él entendía muy bien porqué la perseguía.

¿Cambiar?

¡Claro!, cambiar y abrir una puerta distinta a la acostumbrada sólo le daría más emoción a su vida, y Joe quería que Inoue le diera esa chispa de aventura y felicidad que tanta falta le hacía.

Cambiar, ser diferente, tener la oportunidad y elegir ser mejor cada día.

Día.

Ese día descubrió algo que cambiaría su vida para siempre.

Él, Daisuke Motomiya estaba convencido de que estaba enamorado.

Estaba enamorado de la comida.

Ese no era el descubrimiento, el verdadero era que estaba dispuesto a compartir ese extraño enamoramiento con el resto del mundo. Que esa meta que tenía sobre tener muchos restaurantes, era una promesa que cumpliría, aunque el resto de las personas (principalmente su hermana) le dijeran que estaba loco.

Loco.

Ese día había sido bien loco. Le daba mucho gusto que su amiga Sora por fin fuera capaz de tener nuevamente ese don maravilloso que es el de la vista.

-¿En qué piensas? –preguntó su novia al entregarle un platillo en el que había bocados de los más suculentos y extraños postres que se le habían ocurrido días antes.

-En Sora. –respondió llevándose una probada. –Me da gusto que pueda ver… aunque ya escuchaste lo que dijo el doctor, que tiene que cuidarse y usar lentes una buena temporada.

-Sí a mí también me da mucho gusto. –Mimi tenía algunos días con un pensamiento bastante perturbador. Amaba a su amiga Sora, era una gran hermana para ella, le dolía lo que había pasado con ella, y por supuesto que le daba gusto que ya hubiese terminado esa prueba en su vida. Sin embargo, últimamente tenía la sensación de que Tai no pensaba en nadie más a expresión de ella.

La princesa se sentía despreciable por tener esas dudas, pero debía contestarlas cuanto antes, de lo contrario, sabía a la perfección que esa sensación crecería y crecería hasta que no pudiera controlarla.

-¿Qué sientes por Sora?

Tai dejó de comer y se puso serio.

-¿Qué dices?

-Ya escuchaste, por favor, no me hagas repetirlo, que me siento más despreciable.

-¿Qué sientes tú por Michael? –retó.

-¿Qué tiene que ver eso? –irritada cuestionó, a punto de levantarse de la silla.

-Es lo mismo que yo te pregunto. ¿Qué tiene que ver?

Ambos retaron con los ojos.

-Lo siento. No debí preguntarte nada. –disculpó Mimi.

Ambos se sumergieron en un incómodo silencio.

Taichi se levantó de la silla. Mimi pensó que había decidido irse, se entristeció por echar a perder un momento especial; pero se sorprendió al sentir unos protectores brazos a su alrededor, de la misma forma en que la abrazaron cuando se fue a vivir al otro lado del mundo, mismos que la recibieron cuando regresó.

-No sé por qué dices eso, ni porqué preguntas. No sé si llegue a sentir algo por mi amiga. Pero si así fue, ya no lo es, porque desde hace un año y medio yo sólo tengo cabeza y corazón para una linda niña caprichuda que no quiere que los demás resulten dañados, que odia el mal, que es demasiado inocente, que confía en todos, que dice lo que piensa, y que siempre es fiel a sus ideas locas… además que está loca por el color rosa.

Mimi se ruborizó por saber esa verdad, en realidad ya la sabía, él mismo se la había mencionado.

La chica se puso de pie y le dio un dulce beso a su chico.

-Gracias, y discúlpame, creo que me puse algo celosa por ver cómo te preocupabas por Sora. No volveré a dudar de ti.

-Eso espero… pero si llega a pasar me encargaré de convencerte. –él le besó la frente y la abrazó.

Mimi sonrió como no lo había hecho en mucho tiempo.

¿Por qué preocuparse por una puerta que estaba cerrada?... por una puerta que jamás estuvo abierta.

De ahora en adelante ella no se preocuparía de nada.

Nada.

-Matt, no veo nada… -se quejó Sora por tener esas manos sobre sus ojos. –Así no podré darte tu regalo.

Yamato la soltó, le dio media vuelta y la miró con amor.

-No necesito ningún regalo para celebrar este año maravillo que he vivido contigo. –comentó, llevándole una mano a su rostro para ubicar un travieso mechón para detrás de su oreja.

-Ni yo, pero sí quería dártelo.

Ishida miró con atención sus ojos. Ubicó cierto brillo especial en ellos. Después de la operación, Sora había recobrado la vista, y sin duda alguna ahora su mirada emanaba amor, más de lo que lo antes lo hacía.

-Toma. –Sora extendió su pequeño presente.

El rubio lo aceptó con una sonrisa, lo abrió en seguida y al ver el contenido, su semblante cambió totalmente ante la ternura de su novia.

-¿Galletas?

-Sí, bueno… es que hace un año te di unas galletas, y como hace una semana salí de la operación, no he tenido tiempo suficiente para ir a comparte algo, así que lo siento si esperabas algo mejor… es todo lo que logré hacer.

-Mi cielo… es perfecto. Créeme que la carta-casette que me mandaste hace unos días lo consideré como mi regalo. Mi verdadero regalo es estar aquí contigo. Saber que estás bien, y que ya pasó el peligro.

Takenouchi acunó el rostro de Ishida con sus delicadas y tibias manos.

-Gracias a ti por ese apoyo tan grande. Si no hubiera sido por ti, simplemente no habría tenido ganas ni fuerzas de seguir adelante, y seguramente me estaría perdiendo de este momento a tu lado.

Las lágrimas ya aparecían en sus ojos rubíes.

-Para, no quiero que de estos ojos vuelvan a salir lágrimas. –dijo, secando con un pulgar una de sus mejillas.

-Tenía miedo a no volver a ver tus ojos azules. –confesó con la voz entrecortada buscando un cálido abrazo en el pecho del rubio. –Miedo a ser una carga para ti.

-No vueltas a decir eso Sora. Pase lo que pase, siempre estaré contigo. –comentó, estrujándola un poco en muestra de seguridad, sin aplastar las galletas.

-¿Lo prometes?

Yamato sonrió una vez más. –Jamás te dejaré.

Sora sonrió como nunca, incluso le llegaron a doler las mejillas por tanta felicidad.

Era su primer año juntos.

El primero de muchos más.

-Gracias mi amor. –musitó con la voz entrecortada.

-No, gracias a ti mi cielo. Tú me has dado una oportunidad más para creer en la vida. Eres tan valiente, tan fuerte, tan decidida. Si esto me hubiera pasado a mí, creo que no me habría atrevido a nada. Incluso me conoces y me habría encerrado en mí mismo.

-No… habrías salido adelante.

Esa confianza ciega era la que derretía a Yamato.

Le dio un beso en la frente para después tomarla de la mano. –Vamos.

-¿A dónde?

-Es una sorpresa. –le dijo con coquetería, haciéndola ruborizar.

Caminaron hasta un lugar muy especial, el mar.

Era nochebuena y hacía mucho frío. Pero la calidez de su corazón no se comparaba al viento helado.

-Creo que lo sabes… aquí es donde compuse Tobira.

-Me imaginé.

-De cierta forma, recordé cada puerta que hemos abierto. Para hacerlo se requiere valor, amor. Todo depende de la manera en que estés dispuesto a afrontar las cosas.

-Es lo mismo que dice la canción.

-Y quiero que lo tengas presente Sora. Tú eres la llave de mi corazón. La llave que abrió la puerta al amor que me daba tanto miedo compartir. Fuiste tú quien me dio la mano para emprender este camino y abrir las puertas que han de abrirse en mi vida.

-Oh, Yamato.

-Este año ha sido maravilloso. Gracias por compartirlo conmigo. Yo nunca te voy a dejar sola mi cielo. Siempre estaré aquí.

-Y yo. Yo soy quien debe agradecer. Yo también tenía miedo. Y sabes… sé que podré porque tú estás a mi lado. En todo y siempre.

-Sora… nunca estarás sola.

El beso no se hizo esperar, se besaron con amor, ternura, pero también pasión.

Era una escena maravillosa. El mar, el viento que hacía revolotear los cabellos, el beso y sobretodo el amor que se profesaban eran los ingredientes de la estampa de película.

Sin embargo, un estornudo los hizo separarse.

-Ay, lo lamento… está alergia al cambio de clima. –disculpó Hikari, ruborizada.

-Tranquila Kari, eso le pudo pasar a cualquiera. –animó Takeru.

Yamato estaba algo incómodo. Nunca se hubiese imaginado que todos los chicos y digimons estuvieran allí.

-Ah, es verdad ¡sorpresa! –gritó Takeru después de consolar a su amiga. -¡Feliz aniversario!

Yamato y Sora se observaron incrédulos.

-¿Tú sabías algo de esto? –cuestionaron al unísono. –Creo que no.

-Es una pequeña fiestecita que decidimos hacer. –empezó Biyomon. –Estas últimas semanas han sido demasiado cardiacas para ustedes. Por eso es que se nos ocurrió darles un pequeño detalle.

-Mimi hizo la comida Yamato, así que ten cuidado. –murmuró Gabumon, que conocía de sobra el toque culinario de la castaña.

-¿Es en serio? –preguntó Sora. –Caray chicos… muchas gracias.

Yamato por el contrario, se frustró algo. Su plan no era que los chicos estuvieran allí, sino tener una dulce velada con su chica. Pero no se quejó en absoluto. No podía estar encerrado queriendo sólo a su cielo.

Observó con detenimiento a su alrededor. Felicidad, paz, amor… era lo que su vida necesitaba… nada más.

No hubo muchos comentarios. Celebraban la navidad, celebraban el amor, celebraban la felicidad… celebraban la vida.

La vida, con altos y bajos en la estabilidad, con momentos dulces y amargos, con miles de puertas que dirigen a todas partes.

Sora observó detenidamente a su alrededor.

Ahora ella era capaz de ver con otro tipo de lente.

Estaba feliz.

Abrir esa puerta a sus decisiones había sido una gran idea.

Esa canción que su amado novio compuso por y para ella sería el himno que la acompañaría por el resto de su vida.

Un poco retirado de ese lugar, otros jóvenes veían al grupo de chicos y digimons que gozaban de un momento especial.

-Sabes… no creo que haya una puerta a la felicidad… creo que siempre estás dentro de ella. Sólo abres la puerta a oportunidades para ser todavía más feliz –musitó la chica llamada Ai, misma que semanas atrás motivó a Sora a operarse.

Sólo sonrió de la manera más sincera que pudo. Sus acompañantes la abrazaron y retomaron el camino que emprendían… rumbo a su destino.

–Y mientras esperas la puerta indicada lo único que debes hacer es mantenerte corriendo.

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¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo de arriesgar?

¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?

Abrir una puerta no siempre será sencillo, pero es el primer paso para encontrarte con tus decisiones y alcanzar aquello que anhelas.

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-TOBIRA-

(Traducción)

Existe esta vaga ansiedad que siempre nos arremete sin avisar

Las opiniones de otros no son inútiles y nos confunden.

En los días que estamos hartos con todo, ¿por qué no vamos a ir a Kyoto o cualquier otra parte?

En lugar de fingir no saber, echemos un vistazo a la verdad de que ahí en nosotros

En tú corazón, está escondido el orgullo…

Vamos a correr, no pares a nadie, porque es mejor que abandonarlo

A través de tu cabellera brillante, sopla aquel aire de los océanos.

Oh mantente corriendo, mantente corriendo

Para descubrir tu realidad

No hay tiempo para dudar, delante hay una nueva puerta

Toma un impulso, salta y patea, para abrir la puerta

Sé que también puedes hacerlo…

Un malestar invisible te está rodeando, y oscurece tus ojos con gran confusión, se están perdiendo.

Tu confianza es diferente que de costumbre, hasta nos da miedo.

¿Por eso estás ahí sentada con los brazos abrazando tus rodillas?

Es demasiado pronto para cerrar los ojos, vamos a ver la verdad que hay en nosotros

No estamos indefensos, nosotros haremos lo mejor con nuestra valentía

Vamos a encontrarla, no para nadie, sino porque es mejor que el abandono.

Dejar de lado la cobardía y retoma la búsqueda de la verdadera respuesta

Oh mantente corriendo, mantente corriendo

Para descubrir tu realidad

La puerta a un nuevo mundo no está bloqueada

Ten fe en ti misma y abre la puerta

Sé que la puedes encontrar

Vamos a correr, no pares nadie, sino porque es mejor que estar parados

A través de tu cabellera brillante, sopla aquel aire de los océanos.

Oh mantente corriendo, mantente corriendo

Descubre tu realidad

No hay tiempo para dudar, tienes los pies delante de una nueva puerta

Tome un impulso, salta y patea, la puerta ya está abierta

Sé que también puedes hacerlo

Lo puedes lograr…

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-OWARI-

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Notas de la autora:

Así termina este fic… muchas gracias por haber seguido la historia. Para mí ha sido algo muy bonito, espero que no les haya decepcionado, en lo personal quería publicar ayer, porque era una fecha especial para mí, pero bueno… que a la mera hora se me olvidó jeje.

Sé que al final estuvo algo rápido y todo… pero así lo visualicé desde un principio, y la verdad no quería cambiarlo.

Gracias por su apoyo, por seguir este más de un año (es la primera vez que tardo tanto en escribir una historia)

Sean muy felices, disfruten la vida, y abran cada puerta que su corazón les dicte, que de eso se trata la vida.

Fic dedicado a todos aquellos que tienen miedo… y lo superan con tal de tener la oportunidad de ser felices.

Gracias por leer

Dios los bendiga

**Amai do**

30 de mayo de 2013