Vaya, parece que me tarde en serio. ¡En mi ausencia renunció el Papa y ahora tenemos uno nuevo! (Lo siento debía decirlo, ya que es tema de agenda, al menos aquí en Argentina, ya que vamos… ¡Es argentino, che! Jajaja). Pero, volviendo al tema, lamento haber tardado, en mi defensa les cuento que he estado trabajando en crear un blog donde publicaré cosas como reseñas y críticas de libros y películas, ya que me he dado cuenta que eso suma y mucho a la hora de buscar trabajo, al menos en mi profesión, y además este lunes retomé la Facultad (y por Merlín, cómo desearía que fuera mágica), por lo que habrá veces en las que mi escritura se verá algo interrumpida debido a la maligna existencia de una fuerza superior llamada: tesina, con la que estoy luchando desde el cuatrimestre pasado. Lo bueno es que de cien hojas llevo treinta, así que algo es algo.

Por otro lado, me puse a pensar que tal vez las respuestas de los reviews quedan algo fuera de lugar al pie del capítulo, por lo que he decidido cambiar de lugares las cosas, así que inicio con las menciones honoríficas a las grandiosas lectoras de este descabellado fic:

Lovebooks-P.M, Rebeca Rivera (Muchas gracias linda, espero que continúes con la lectura y que te vaya gustando esta descabellada idea, espero leerte de nuevo, ya que toda crítica vale y me ayuda a mejorar las cosas que a veces me salen erróneamente),xXm3ch3Xx, Miranda Kliese, JosWeasleyC, maryn, JulietDanielleWG, TaraSolemn,Rosa Elena (Me alegra que pudiéramos escribirnos vía Facebook, me encantó tu aporte y la emoción que tienes por leer un nuevo capítulo de esta locura, así que espero que le haga justicia ; )), Milagros (me dio gusto "verte" por devianart, la verdad me ayudaste a entender un poco más esa red social pintoresca jajaja), y por supuesto a todos aquellos que agregan la historia a su lista de favoritos pero que son tan penosos como Ginny en su primer año y no se animan a decirme sus impresiones XD

Dicho esto, ¡a lo que vamos!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.


Summary: "Y todo estaba bien", ese fue el final para la generación de Harry, Ron y Hermione. Cuando 19 años después sus hijos asisten a Hogwarts, ellos serán los protagonistas de nuevas aventuras.

Dsiclaimer: NO soy JK y mucho menos pertenezco a la WB, me encantaría ser parte de Bloomsbury o de Salamandra, pero únicamente poseo unas copias de la mágica saga que ellos publicaron y la nueva entrega que habla sobre vacantes… un tanto inesperadas.


LA ANTORCHA DE LA LLAMA VERDE

Los alumnos fueron retirados a sus dormitorios, donde los prefectos intentaban instaurar la calma, ya que muchos habían comenzado a hacer un alboroto digno de una revolución estudiantil. Los profesores por su parte estaban en junta con los miembros del Consejo Escolar y decidían lo que deberían hacer a continuación, aquél era el segundo ataque que tenían en el año. Hestia Towler se encontraba en la Enfermería a lo igual que Fiona Inglebee, ambas inertes en lo que parecía ser un sueño profundo, y Madame Sherrington aún no encontraba la forma para hacerlas despertar.

— ¿Creen que deberíamos decirles lo que sabemos?—preguntó en susurros Scorpius a sus dos amigos.

Los tres se encontraban sentados en uno de los rincones de la Sala Común de Gryffindor, justo al lado de uno de los grandes ventanales por donde podían ver como Hagrid se movía de un lado al otro junto al Profesor Krum y el Profesor Longbottom, quienes al parecer estaban encargados de encontrar la zona desde donde se había producido aquella marca en el cielo.

—No creo que nos crean—respondió Albus—, además nos meteríamos en problemas y quizás me confisquen la Capa de papá.

Rose suspiró, la verdad no le estaba gustando todo ese asunto, a pesar de que de chica siempre había estado fascinada con las historias de sus padres y el tío Harry, aquellas aventuras épicas eran sin duda dignas de los libros, pero una cosa era imaginar algo así y otra era vivirlo.

— ¡Chicos, chicos!—la voz de Molly intentaba hacerse oír sobre toda la ola de voces que se alzaban en distintas direcciones— ¡Silencio, por favor, que tengo algo para anunciarles!—todos se quedaron callados de inmediato, provocando que Molly rodara los ojos con fastidio, había veces que la joven Weasley no entendía a los jóvenes—. En vista de los acontecimientos recientes, me informan desde la Dirección, que los partidos de Quidditch de esta temporada quedarán momentáneamente suspendidos—esa noticia generó un murmullo de desconcierto y varias quejas comenzaron a alzarse, en especial por parte de Fred, James y Jocelyn, la última parecía demasiado molesta con Molly como para dejarla hablar, pero luego de unos minutos y varias palabras mediadoras, la pelirroja por fin pudo seguir con los anuncios—. Además, como iba diciendo antes de que me interrumpieran, por decisión de Miembros del Consejo se le ha retirado el cargo a la Profesora Trelawney, siendo así el Profesor Flitwick el nuevo Director del Colegio.

Esta vez nadie habló, la noticia en sí era demasiado fuerte como para asimilarla.

— ¿Pueden hacer eso?, digo, es que estamos justo a mitad de ciclo escolar—la voz de una de las amigas de Molly rompió con el silencio.

—Además no es culpa de la Profesora Trelawney—agregó un chico de sexto.

—Nuestra directora parecerá chiflada pero a mí me cae bien—señaló otro alumno de cuarto.

Varias voces más continuaron expresando sus dudas y apoyos a la Profesora Trelawney, algunos incluso temían que el hecho de que el Profesor Flitwick fuera nombrado Director les hiciera tener un nuevo Profesor de Encantamientos, lo que hizo que varios se pararan protestando, no por el hecho de que Flitwick fuese malo, sino lo contrario, eso les quitaría a su profesor favorito de seguir impartiendo la materia.

—Me temo que la decisión ha sido tomada—continuó Molly—, aún no sé si habrá un reemplazo para Flitwick o si todo esto será momentáneo. Espero que el Consejo Escolar y el Plantel de Profesores pronto lleguen a un acuerdo resolutorio, después de todo siempre deberán plantearse lo mejor para nosotros.

—Tu prima debería postularse ella misma para Directora—comentó Scorpius con algo de diversión en un intento de disipar la tensión que circulaba en esos momentos.

—Mi tío Percy fue quien le enseñó a hablar así, él y tía Audrey tienen las esperanzas de que su futuro envuelva una carrera política, algo que al tío Percy siempre le gustó pero que dejó a mitad de camino a causa de la Guerra—explicó Rose—. Él ahora se encarga de las campañas electorales del Ministerio y de la Organización de Eventos Internacionales.

Albus contuvo un bostezo, se estaba haciendo tarde y él comenzaba a sentir en el cuerpo el cansancio del día. Los elfos domésticos les habían llevado comida a la Sala Común, ya que aún seguía la búsqueda del culpable. El chico solo esperaba que para la mañana ya pudieran salir de la Torre, sino sería un suplicio estar todos encerrados en el mismo lugar.

—Creo que será mejor que nos vayamos a la cama—sugirió luego de unos minutos de silencio, cuando afuera el horizonte comenzó a oscurecerse para dar paso a la noche.

Scorpius asintió. Ambos se despidieron de Rose, quien resignada se unió al grupo de Olive, Jane e Isabella. Las tres niñas parecían no tener intención de irse a dormir temprano, muy para el disgusto de Rose, ya que tenían demasiadas ideas y teorías en la cabeza como para dejar escapar un solo minuto. La pelirroja debía de admitir que las más descabelladas ocurrencias por parte de Jane a veces sonaban tan verosímiles que debía detenerse un segundo a analizar la información que le estaban brindando.

Por su parte los chicos se encontraron con un ambiente similar en los dormitorios, donde David, Horace y Samuel compartían puntos de vista sobre la situación.

—Hace muchos años, cuando mis padres eran estudiantes, hubo unos ataques similares—contó Horace.

— ¡Ya lo recuerdo, a mí también me la contaron!—exclamó David— ¡La leyenda de la Cámara de los Secretos!

Scorpius frunció el ceño, esa era la historia que su padre le había contado justo antes de que entrara en Hogwarts. Si mal no recordaba, el papá de Albus y el papá de Rose habían sido los responsables de que las cosas terminaran bien para todos.

— ¿No estuvo tu padre involucrado en eso, Al? —le llamó Horace.

Albus gruñó por lo bajo, sólo Scorpius pudo escucharlo, por lo que le lanzó una mirada de apoyo, pues sabía lo mucho que le desagradaba a su amigo que le hicieran preguntas sobre su padre.

—Sí, también mi mamá y mi tío Ron, el papá de Rose—explicó el pelinegro.

—Mi mamá me contó de que cuando empezaron los ataques, apareció una inscripción en el muro que da a los baños del segundo piso, la cual estaba escrita con sangre—prosiguió David con emoción—, decía algo así como…— el chico se aclaró la voz para impostarla y hacerla sonar más grave y con un tinte de misterio— La Cámara de los Secretos ha sido abierta, enemigos del heredero, temed.

Samuel se removió con incomodidad en su cama, mientras que el resto se miraban entre sí.

—Pero ahora no ha habido ningún mensaje—señaló Horace inteligentemente—, solo una marca en el cielo, como la Marca Tenebrosa.

—Ya pero, ¿y si esto fuera parte de otra leyenda?—señaló con emoción David— Si no recuerdo mal, mi madre me contó que los de Hufflepuff también tienen una historia, no es una Cámara Secreta, pero tampoco está vinculada del todo con Helga Hufflepuff.

Albus frunció el ceño.

— ¿Entonces por qué es de Hufflepuff?

—Porque data de la misma época en la que Helga Hufflepuff enseñaba en Hogwarts con el resto de los fundadores, mucho tiempo después de que Slytherin abandonara el Castillo—explicó el niño, cuyo ojos azules brillaban como dos zafiros por ser el centro de la atención.

— ¿Qué dice la leyenda?—preguntó Samuel con intriga.

—Cuentan que hace unos mil años aproximadamente—comenzó David—, existió una alumna de Hufflepuff que logró engañar a uno de los magos más poderosos de todos los tiempos, la mujer era demasiado amiga de varias arpías, por lo que adquirió conocimientos sobre la magia negra que pasaron desapercibidos para nuestro héroe. La bruja ayudó a varias a lograr su cometido a cambio de la fórmula para la juventud eterna.

— ¿Es como la piedra filosofal?—preguntó en voz alta Albus, a decir verdad la historia comenzaba a intrigarle, David negó con la cabeza y le sonrió de manera enigmática.

—Hay distintas formas para poseer la inmortalidad, o al menos eso señalan distintas historias y leyendas, en esta lo único que tenía que hacer la mujer era poder conseguir el alma de doce jóvenes brujas, si lograba su cometido antes de la medianoche sería hermosa y joven por un periodo de cien años, de lo contrario permanecería encerrada en una torre marchita y casi sin vida, en lo que podría ser un sueño eterno, solo hasta que un hechicero la despierte— contó David—, lo que la impulsará a tratar de lograr su cometido nuevamente. En la leyenda original, el mago del que les hablaba se dio cuenta un poco tarde de lo que planeaba la bruja y esta lo debilitó apresándolo en una cueva, pero ella no contaba con que el mago tuviese aliados, entre ellos un fraile, quien logró detener a la bruja junto a unos caballeros de la mesa redonda.

Scorpius, quien había permanecido callado hasta ese momento, habló por primera vez.

—Sir Gawain y Sir Percival—dijo con la voz algo quebrada.

David lo miró con sorpresa.

—Sí, ellos dos, ¿a ti también te contaron la historia, Scor?

—Algo así—le respondió, a tiempo para lanzarle una mirada significativa a Albus, para darle a entender que debía hablar más tarde, después de todo él tenía un libro que podía darles respuestas.

— ¿Cómo es que se despierta a esa bruja?—preguntó Horace luego de una pausa silenciosa.

— ¡He ahí el quid de la cuestión!—saltó David— Nadie sabe a ciencia cierta, pero muchos hablan de algo que se conoce como la antorcha de llamas verdes, la cual solo un joven virgen puede encender.

— ¿No creerán que esto ha sucedido aquí en Hogwarts, cierto?—les miró Samuel algo nervioso.

Horace lo miró de manera firme.

—Varias cosas han pasado desde hace años en Hogwarts, como para suponer que no.

Samuel tragó en seco, mientras que el silencio se apoderó de la habitación.

—Aún no puedo imaginarme a una Hufflepuff haciendo todo eso— se escuchó susurrar a Horace.

Scorpius debía darle la razón, ya que los tejones siempre eran demasiado leales y bondadosos como para llegar a hacer algo de semejante índole.

—Eso es lo que cuenta la leyenda, se supone además que las niñas a las que quiso robar fueron alumnas de Hogwarts y algunas del pueblo de Hogsmeade, que en aquella época era más para viviendas familiares que las tiendas que veremos cuando nos toque ir en tercero—añadió David, mientras intentaba, en vano, suprimir un bostezo—. Igualmente a veces es mejor preguntarle a un profesor, ello saben más de estas cosas…

Los chicos comenzaron a hablar de las clases y los profesores, esperaban que el Profesor Flitwick no fuera reemplazado, pero no veían un motivo por el que no fuera así. Mientras tanto, Scorpius aprovechó para sacar el grueso libro que sus abuelos le habían regalado y se puso a buscar la historia de los caballeros de la mesa redonda, encontrándose, en efecto, con la leyenda de la Antorcha de la Llama Verde.

Con una sensación de vértigo, Scorpius se metió a la cama, prometiéndose que a la siguiente mañana les contaría sus hallazgos a sus dos amigos, ya que estaba seguro de que juntos podrían encontrar la forma de recolectar más información y averiguar si alguien efectivamente había encendido una antorcha mágica.

Si bien los planes de los tres chicos, una vez que Scorpius los hubo puesto al tanto, habían sido entrar en la biblioteca, sus intentos fueron frustrados porque con Capa de Invisibilidad o no, había demasiados profesores haciendo guardia en los pasillos como para que pudieran regresar a la Biblioteca y buscar aquél extraño libro de la Sección Prohibida, en pos de encontrar algo que les confirmara la existencia de la antorcha y la bruja, que si bien estaba escrita en el libro de los abuelos de Scorpius, no había ninguna otra referencia para poder decir a ciencia exacta si todo aquello que había contado David Goldstein la noche anterior fuera cierto. Además que ni Rose, ni Scorpius habían encontrado nada similar en sus copias de "Historia de Hogwarts", donde hasta aparecía una breve mención de la famosa Cámara de los Secretos.

—Debe ser porque es vergonzoso imaginar a un Hufflepuff siendo traicionero—dijo Albus con una mueca que dejaba entrever su disgusto por la falta de información, mientras se dejaba caer abatido en el sillón frente a la chimenea de la Sala Común que, por suerte, se encontraba desierta a esas altas horas de la noche—. Algo tonto si me lo preguntan, después de todo según lo que nos han contado nuestros padres, un Slytherin puede ser valiente, un Ravenclaw puede ser codicioso y un Gryffindor puede ser vengativo.

—Claro, hasta ahora era la única casa sin fallas—sonrió Scorpius con arrogancia—. Imagínense a un tejón con colmillos de serpiente.

Rose rodó los ojos, pero internamente debía admitir que sus dos amigos estaban en lo correcto.

—Hablando de cosas inverosímiles—continuó el rubio—, el otro día cuando fuimos a ya saben dónde, con ya saben qué cosa— Rose volvió a rodar las ojos provocando la risa de Albus, Scorpius los miró mal—. Ahora no les cuento.

—No, no—se apresuró a decir Albus—, continua, por favor.

Scorpius los miró fijo por unos segundos hasta comprobar que no dirían o harían nada que lo sacara de su hilo de conversación. Satisfecho continuó con su relato.

—Bueno, como iba diciendo antes de que me interrumpieran. El otro día encontré un libro bastante interesante sobre transformaciones—sonrió recordando aquél pesado libro—, era sobre cómo volverse animago.

— ¿En serio? —Rose parecía fascinada.

—Mi abuelo y sus amigos eran animagos—comentó Albus con una sonrisa—. Según mi papá eran ilegales porque nadie sabía que lo eran.

— ¿Alguien más en su familia es animago?

—No que yo sepa, Teddy es metamorfamago pero eso es por parte de su mamá, aunque si hay luna llena sabes que no debes molestarlo, puede tornarse muy agresivo—contestó Albus.

—Eso es porque su padre era un hombre lobo—señaló Rose—, lo mismo pasa con Victoire, Dominique y Louis, pero eso es porque al tío Bill lo mordió un hombre lobo cuando no había luna llena, además de que mi tía Fleur es parte veela—añadió.

—Sería demasiado guay tener el poder de convertirse en un animal—susurró luego de unos segundos Albus, quien parecía estar soñando con la idea—, ¿se imaginan? ¡Le ganaríamos a James en algo! Incluso nuestros padres no pudieron seguir los pasos de mi abuelo…

Rose lo miró detenidamente sin ninguna expresión que alertara lo que realmente le pasaba por la cabeza, lo cual comenzaba a ser frustrante para Albus, ya que esa podría llegar a ser la diferencia entre ellos y sus padres, hacer cosas mejores.

—Por mí no habría ningún problema—contestó Scorpius.

—Significaría meternos en mil problemas—comenzó Rose—, hasta quizás romper millones de reglas…

—Y aquí vamos de nuevo con las reglas—murmuró para sí Scorpius.

—Así que… acepto—Albus y Scorpius la miraron boquiabiertos— ¿qué?, ¡A mí también me gustaría poder convertirme en un animal lindo! —se defendió la pelirroja—. Además, ¿quién más que yo para cuidar que ustedes dos no hagan estupideces?

Scorpius rodó los ojos.

—Entonces, digamos que nos ponemos a averiguar la forma de... transformarnos—dijo Albus—, yo propongo que sea después de que se solucionen todas estas cosas de los ataques y que hayamos aprendido un poco más en Transformaciones, ya que según lo que dijo el Profesor Jenkins, esa es magia muy avanzada.

—En eso estoy de acuerdo, esto es algo que unos chicos de primero no podríamos hacer—observó Rose—, pero podríamos ir investigando, así quizá llegaríamos a ser los animagos más jóvenes de la historia.

Albus sonrió de oreja a oreja, pensando en las posibilidades que les traería el convertirse en animagos.

—Trato hecho, entonces—finalizó Scorpius—, por lo demás solo nos queda esperar y ver que se solucionen las cosas, ya que al fin y al cabo solo han sido dos chicas las que han sido atacadas y en la leyenda dice que deberían ser doce, ¿no?

—Esperemos que no haya más ataques, entonces—murmuró Rose—. Aunque no creo que sea por una tontería como la que dicen, ¿creen que de ser así, no se sabría ya que es una arpía la que está detrás de todo esto?

Albus no quiso responder, ya que había algo que comenzaba a rondarle en la cabeza, recordando incluso las palabras de la propia Rose en el viaje que habían hecho el primero de septiembre en el Expreso de Hogwarts. ¿Y si las cosas no eran lo que aparentaban? Un escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar el par de ojos amarillentos de aquella extraña serpiente, ¿sería aquél ser parte de todo ese intrincado suceso que se cernía sobre el castillo? Albus siempre había deseado vivir aventuras como las de su padre, pero ¿estaría preparado para ellas?

—Pero Rose, es por eso mismo que la arpía obra de la manera en que lo está haciendo—le explicó Scorpius—, tú misma lo acabas de leer en el libro de mis abuelos.

—En el que solo mencionan de pasada una antorcha con destellos verdes y nada más—le recordó la pelirroja, que no estaba muy convencida de creer la leyenda que David les había contado a su primo y a su amigo.

—En ese caso deberíamos ahondar más en los otros detalles—le replicó exasperado, Scorpius no podía creer que Rose estuviera siendo tan cabezota en ese preciso momento—. Como por ejemplo, el hecho de que hayan estado involucrados los caballeros de la mesa redonda.

— ¿Realmente crees que hayan estado involucrados?—le miró con ironía Rose—, esto pasó hace tantos años que bien pudo haber sido cualquier caballero y cualquier mago el involucrado, por algo se llaman leyendas—finalizó la pelirroja con un deje de sarcasmo en la voz.

Albus miraba a sus dos amigos como si fuera un partido de ping-pong, supo que a su prima se le había ido un poco la mano cuando Scorpius, con el rostro rojo por la ira contenida, la miró de arriba abajo para luego añadir en tono sarcástico una pregunta que les traería dolor de cabeza.

—Entonces, ¿qué sugieres, Weasley? ¡Los que han vivido en esa era están todos muertos!— exclamó indignado el rubio— ¿Quieres que vayamos en busca de un esqueleto para preguntarle?

Rose lo miró con enfado, Scorpius a veces podía ser realmente pesado.

—Eso sería buena idea—susurró Albus.

— ¿¡Qué!?— Scorpius no daba crédito a sus oídos.

—Digo, tenemos muchos fantasmas en el colegio, ¿no?—se explicó el pelinegro—. Estoy seguro de que alguno debe de saber sobre todo esto.

Tanto Rose como Scorpius no podían creer que Albus hubiera propuesto algo tan simple y sencillo, pero certero, como aquello. Ambos debieron admitir que a veces el pelinegro podía mediar las cosas entre ellos de mejor forma que el Wizengamot entre algunos conflictos como recientemente sucedía con el Estatuto del Secreto.

—De acuerdo—dijo Rose—, entonces mañana buscaremos a Nick Casi Decapitado, él puede que sepa.

Scorpius asintió, Albus había comenzado a bostezar, el cansancio del día comenzaba a surtir efecto en los tres Gryffindors ya que la adrenalina que habían tenido hacía un par de horas atrás recorriendo los pasillos bajo la capa de invisibilidad sin ser descubiertos por la barricada de profesores que de pronto parecía haber por todo Hogwarts, había disminuido considerablemente. Además de que el calor de la chimenea contribuía con su estado de agotamiento tras una sesión de riñas y argumentos sobre lo que podría ser real y lo que no. Los tres se despidieron nuevamente, acordando que a la mañana siguiente seguirían con la búsqueda de información.

La cabeza de Albus daba vueltas en cada una de las cosas que habían charlado, por eso, a pesar de tener tanto sueño, casi le fue imposible conseguirlo. Fue recién entrada la madrugada que logró entrar en los brazos de Morfeo.

De nuevo se volvía a encontrar en aquel bosque oscuro, ante él se alzaba, de manera imponente, una solitaria torre. A su lado podía sentir la presencia de Scorpius y Rose. Su corazón latía de manera desbocada, había algo que les asechaba, generando que los tres estuvieran corriendo en dirección a aquella torre, que destilaba de sus muros la sensación de peligro. Rose tropezó con algo.

— ¡Rose!—la voz desesperada de Scorpius resonó en el lugar, mientras que Albus se volteaba a verlos a los dos.

Su prima parecía atrapada entre raíces en lo que parecía ser un sueño profundo, lentamente la cara de ella se transformó para pasar a ser la de Fiona Inglebee.

Sin la magia más poderosa, todo estará perdido—le susurró una voz tenue en el oído.

Albus se volvió en sí para encontrarse cara a cara con lo que parecía ser un espejo enorme con un marco dorado, delante de él veía a su padre, un tanto más joven, en lo que parecía el claro de un bosque.

Los zapatos son demasiado grandes, ¿realmente crees que puedes lograrlo? —otra voz surgió de la nada.

La figura de Harry seguía avanzando con la cabeza en alto, pero con un temor y una tristeza infinita que Albus jamás había visto en los ojos de su padre. El chico vio que de entre los árboles surgían sombras negras con máscaras de calavera, que se reían de manera grotesca. De entre ellas salió una enorme serpiente de ojos ámbar, la misma que Albus había visto en La Madriguera.

Fue entonces que cayó en la cuenta de que ya no era su padre quien se encontraba frente a esas sombras, él había ocupado su lugar.

La carga será demasiada—para su sorpresa y horror, la segunda voz salía de la serpiente, que comenzó a arder en un mar de llamas verdes.

No todo estará vencido… deben encontrar la magia poderosa…—la primer voz sonaba casi a un débil susurro. Albus buscó entre las sombras algo que le pudiera indicar de dónde prevenía. Tenía miedo y aquella escena se le estaba tornando demasiado terrorífica.

— ¡Albus!

La voz lejana de Scorpius lo llamaba con desesperación.

¡Avada Kedavra!—la serpiente se había transformado ante sus ojos en una mujer hermosa de facciones angelicales, sus ojos ámbar se iluminaron con la sonrisa maligna que se asomó de sus labios al lanzar la maldición asesina sin varita.

— ¡ALBUS!

En cámara lenta, Albus vio que el rayo verde le impactaba en el pecho, siendo así impulsado hacia atrás con una gran fuerza, sentía a su cuerpo caer en la más negra de las oscuridades.

— ¡Albus!

Aun podía escuchar a su mejor amigo en la lejanía.

— ¡Albus, despierta!

Esa vez escuchó la voz de su prima, lo cual le pareció extraño, ya que minutos antes había estado atrapada en unas raíces, ¿o había sido Fiona?

— ¡Albus Severus Potter, no me hagas tomar medidas drásticas!

El pelinegro se sobresaltó al sentir su rostro bañado en agua fría, sus obres verdes se posaron en la figura borrosa de su prima que sostenía triunfante un vaso de agua vacío en la mano, a su lado Scorpius le miraba con preocupación.

— ¿Qué ha pasado?—suprimió un bostezo el chico— ¿Por qué me has mojado, Rose?—añadió con algo de fastidio.

—Estabas gritando en sueños—le respondió Scorpius—, hacía unas horas que el resto de los chicos se habían levantado y Rose y yo decidimos dejarte dormir un rato más, ya que anoche estuvimos despiertos hasta tarde—continuó—, cuando volvimos del Gran Comedor, te encontramos revolviéndote entre sueños, gritabas cosas incoherentes.

—No podíamos despertarte—añadió Rose—, por lo que decidí tomar medidas mayores.

Albus, incorporándose en la cama, gruñó al sentir todo su cuerpo adolorido, como si hubiera estado corriendo una maratón de diez kilómetros.

— ¿Estas bien, compañero?—le preguntó Scorpius algo inquieto.

—Creo que sí— murmuró Albus—, me siento como si hubiera sido aplastado por un gigante.

—Pero, ¿estás bien? Porque gritabas como una banshee encabritada— le explicó su prima.

—Sí, fue solo… un sueño—Albus frunció el ceño, ya que lo único que recordaba era la sensación de desesperación y una luz verde que lo envolvía.

—Pesadilla, querrás decir—soltó Scorpius en tono sarcástico.

Rose le miró con reprobación, mientras que Albus se limitó a encogerse de hombros.

— ¿Ya, han hablado con Nick? —quiso saber.

—Aún no, te estábamos esperando—le contestó Rose—, aunque ahora que lo pienso siento que será una reverenda pérdida de tiempo.

Tanto Albus como Scorpius rodaron los ojos, ya sabían que la pelirroja tenía una manía por querer demostrar que estaba en lo correcto, pero ¿qué otra solución podrían encontrar? Además del hecho de que no podían saber a ciencia cierta quién o qué estaba detrás de los ataques. Scorpius se sentía inquieto de solo pensarlo, en especial porque la noche anterior le había estado dando vueltas a lo que recordaba de las palabras de la Profesora Trelawney.

«Después de un centenar de años volverá a pasar, doce serán su reclamo, doce será su meta, de temples distintas con fuego por característica, en piedra de diamante tallará nombres y cuando la medianoche llegue a su fin ella habrá retornado... »

Pero el rubio no podía decir nada al respecto, menos aún después de las reacciones variopintas que presentaban sus dos amigos sobre la cuestión. Algo le decía que todo aquello estaba ligado de alguna forma u otra, sólo esperaba que no debieran averiguarlo por sí solos.

Una vez que Albus se hubo cambiado, los tres se dirigieron al Gran Comedor en busca del fantasma de Gryffindor, y de paso para que el pelinegro comiera algo. En su trayecto se encontraron con Isabella y Olive, quienes parecían un poco alteradas por lo que había pasado con Hestia Towler. Algunos rumores empezaban a ser de lo más descabellados, lo que, para molestia de Scorpius, hacía que Rose pensara que todo aquello de la Antorcha fuera un mero invento de la grandiosa imaginación de sus compañeros de cuarto. Albus se limitó a comer su desayuno en silencio, rogando a Merlín que ninguno de sus amigos decidiera comenzar una pelea, la cabeza le estaba matando después de la noche sin descanso que había pasado. Terminado su desayuno dio comienzo la búsqueda de Nick Casi Decapitado.

En ningún lugar de los que buscaron, encontraron al fantasma. Era como si se hubiera esfumado, lo extraño era que ninguno de los otros personajes incorpóreos del resto de las casas, incluido Peeves, parecía dar señal alguna de su fantasmagórica existencia. Pasaron parte del día buscando, para regresar a su punto de partida justo para la hora del almuerzo, donde escucharon James decir que los fantasmas se encontraban en uno de los pisos superiores, en un aula abandonada, parecían estar teniendo una reunión. Albus no sabía cómo su hermano podía saber todo aquello cuando ellos lo habían visto en el patio con Fred y Sean haciendo alguna que otra tontería para despejar el ambiente de tensión que parecía reinar en cada esquina del Colegio, lo cual parecía ser un suspiro de alivio para muchos, incluyendo el Profesor Longbottom, quien a pesar de regañarlos se notaba altamente complacido por que alguien por lo menos pudiera mantener la tranquilidad en el asunto.

Los tres amigos se dirigieron al séptimo piso. Albus y Scorpius sintieron un escalofrío al recordar el estado de su exdirectora hacía unos meses atrás. Aquél lugar era demasiado lúgubre para el gusto de los pequeños, a cada paso que avanzaban por el pasillo, la oscuridad y el frío parecían envolver el lugar como el aura de una batalla perdida hacía mucho tiempo. Albus estaba seguro de que esa parte del castillo había jugado una parte importante en la Batalla contra Voldemort, pero no podía recordar realmente cuál.

—No entiendo cómo aún no han remodelado esta parte—soltó Rose quien comenzaba a sentir que le castañeaban los dientes.

—Puede que aquí sea donde Hagrid nos comentó que querían hacer la Sala Común para todas las casas—sugirió Scorpius, mientras se frotaba las manos para darse algo de calor.

Conforme iban avanzando, la temperatura parecía ir descendiendo cada vez más.

Los tres se detuvieron en seco delante de la puerta de un aula abandonada, la cual se encontraba entreabierta y por la cual les llegaba el eco de varios murmullos. Scorpius divisó entre una masa de figuras plateadas a Nick Casi Decapitado, que parecía estar teniendo una discusión acalorada con la Dama Gris, mientras que el Barón Sanguinario observaba la escena atentamente controlando a Peeves, quien se encontraba a su lado. Los tres fantasmas de Hogwarts se encontraban rodeados por otras apariciones espectrales, las cuales ninguno de los tres gryffindors habían visto de antes.

Alertado de que probablemente no fueran bienvenidos en aquél lugar, Scorpius les hizo una seña a Rose y a Albus para que se mantuvieran en silencio.

—Tenemos que encontrarle— escucharon decir a la Dama Gris—, es preciso que nos diga lo que sabe.

—Mi lady, he intentado hablar con él de todas las maneras posibles desde que sucedió lo de la pobre joven Inglebee, pero mucho me temo que nuestro buen amigo ha ocultado cosas desde hace milenios—le dijo Nick con voz firme—, es por eso que he convocado a los presentes para poder ponernos en la búsqueda de la verdad detrás de estos ataques, y tal vez ponerles un fin, ya que no sabemos si será una amenaza para nuestra fantasmal existencia.

Un chillido resonó en la habitación, proveniente de uno de los rincones más alejados, se trataba del fantasma de una chica con lentes y poco agraciada que, para sorpresa de Scorpius, llevaba lo que parecía ser la túnica de Hogwarts.

—Es Myrtle, la llorona—le susurró Rose—, ella habita en los baños de las chicas del segundo piso.

— ¡Yo no quiero morir de nuevo!—exclamó la fantasma.

—Mi querida niña—la reprimió la Dama Gris—, debo recordarte que ya todos estamos muertos, no se puede morir de nuevo.

La chica comenzó a sollozar de nuevo, mientras Peeves se burlaba de ella en la distancia, haciéndole muecas grotescas.

—A lo que me refiero es que la vez pasada aquellos ataques no evitaron que mi pobre gorguera también resultara petrificada—suspiró con irritación el fantasma de Gryffindor.

—Pero, ¿realmente él sabrá de qué va todo este asunto?—preguntó otro fantasma de aspecto simplón.

—No me queda ninguna duda de que así sea, después de todo, él fue quien mencionó la Antorcha…

Rose contuvo un grito ahogado, no podía dar crédito a lo que escuchaba. A su lado Scorpius la miraba con una sonrisa torcida y en sus ojos había un brillo de triunfo que delataban claramente un mensaje: "te lo dije".

—Hay que hablar con el fraile entonces.

—Eso es lo que hemos estado diciendo—sonrió la Dama Gris con algo de tristeza—, el problema es que no sabemos a dónde ha ido…

Un murmullo se extendió por todo el salón. Albus aprovechó el desconcierto de los fantasmas para jalar las túnicas de sus amigos en señal de que debían marcharse, habían averiguado más de lo que jamás se hubieran imaginado.

—La Antorcha existe—dijo Scorpius serio, pero con un deje de sorpresa en su voz, una vez que estuvieron sentados en la Sala Común en una de las mesas bajo el ventanal que daba hacia los terrenos.

—Sí, pero el único que sabe de todo esto, está desaparecido—le contestó Albus—. ¿Cómo no se nos ocurrió hablar con el Fraile Gordo antes?

—Aquí la pregunta realmente sería, ¿dónde podemos encontrar a un fantasma perdido? —repuso con algo de pesadumbre Rose, quien aún parecía no poder creer que aquella absurda leyenda tuviera algo de verdad en ella.

—Eso no importa demasiado—Scorpius la miró con algo de preocupación—, lo que importa es que sabemos que la amenaza existe y si lo que dice la leyenda es real, la cosa no parará hasta poseer doce niñas.

Al decir aquello no pudo evitar recordar las palabras de Trelawney.

—Rose, prométeme que no harás nada estúpido—le pidió el rubio de repente.

La niña frunció el ceño.

— ¡Por Merlín, Malfoy! ¿Por quién me tomas? Ni que fuera una de tus huecas admiradoras, que hasta se lanzarían al Lago con el Calamar Gigante solo para que las rescatases, ¿o te olvidas de que mis padres son dos Héroes de Guerra? —Rose parecía estar sacando toda su frustración en ese simple monólogo, aunque Scorpius no entendía muy bien el porqué de su reacción— ¡Se valerme por mí misma!

Y así tan molesta como estaba, la pelirroja se levantó de su asiento y salió en dirección a los dormitorios de las chicas, pero su acto dramático se vio entorpecido cuando ella misma tropezó con la alfombra que estaba a los pies de la misma. Se volteó a ver a Scorpius con una mirada asesina, como si le culpara a él de ser el responsable de aquél percance, para luego bufar y seguir su camino perdiéndose de vista en las escaleras.

Albus, a su lado, miraba boquiabierto el lugar por donde se acababa de ir su prima.

— ¿Qué mosca le picó?

El pelinegro miró con aturdimiento a su amigo y negando con la cabeza respondió lo que su boca parecía negarle decir. Aunque en el fondo creía saber cuál era la cuestión, pero no creía que decirle a su buen compañero que Rose estaba celosa de que hubiera prestado demasiada atención a los relatos de Isabella Kirke en el desayuno, y que era un enojo que había estado acumulando todo el día. Porque, si era honesto, sabía que Scorpius lo mandaría a volar con los hipogrifos si le contaba todo aquello.

La mañana del lunes los alumnos de Hogwarts se prepararon para sus clases con total normalidad, o al menos eso era lo que intentaban los Profesores.

En el aula de Transformaciones, Albus, Rose y Scorpius sentían que el ambiente se había tornado algo tenso, incluso los propios Slytherin, con quienes compartían esa clase, parecían algo dudosos, y es que no era para menos, ya que durante la hora del desayuno había corrido el rumor de que el Profesor Flitwick iba a poner un reemplazo para su puesto, ya que el nuevo Director estaría ocupado con Madame Sherrington intentando dar una solución para revertir el sueño en el que parecían sumidas Fiona y Hestia. Igualmente todo aquello no bastó para evitar que Goyle, Zabini, Derrick y Flint, fueran los únicos de su casa que se notaban a sus anchas, lo que provocaba gran disconformidad con el resto de sus compañeros.

Sin embargo, el Profesor Jenkins intentó hacer caso omiso al estado anímico de sus alumnos y los obligó a seguir practicando con el hechizo para transformar una cajita de cerillos en agujas, y sólo Scorpius y Rose, quienes aún parecían no dirigirse la palabra, habían logrado que su caja pasara a tener la forma de una aguja, aunque en el caso del rubio seguía portando los colores de la caja, mientras que el de Rose parecía un poco más angosta que una aguja normal. Aun así, ambos lograron diez puntos para Gryffindor.

La siguiente clase fue la de Historia de la Magia, con sus compañeros de Hufflepuff que se veían incluso un poco más atemorizados que los Slytherin. Las que más preocupadas parecían eran las niñas, y ni la soporífera clase pareció tranquilizarlas. Aquella hora pasó más rápido que otros días, por lo que pronto se encontraron en el Aula de Encantamientos.

Albus había escuchado en los pasillos, de los alumnos de quinto, que sí había un suplente para Flitwick, por lo que estaba algo ansioso por conocer quién ocuparía su lugar.

—Espero que sea buena—dijo Rose tomando asiento al lado de Albus, lo que provocó que Scorpius se tuviera que sentar con Jane, quien lo miró de manera interrogante, pues siempre solía sentarse con la pelirroja.

Rose seguía sin dirigirle la palabra y eso ya comenzaba a molestarle, pues él no recordaba haberle hecho nada como para que se enfadara así.

Justo en ese momento entró en el aula una bruja alta, de cabello rubio entre cano, su rostro era algo afilado y sus ojos azules relucían de manera calculadora bajo la luz que se filtraba de las ventanas, y mismos que parecieron escanear el salón como en busca de algo. Estos se detuvieron en Albus y Rose, y como si los reconociera sonrió levemente. A Albus aquello le parecía extraño.

—Buenos días clase—todos estaban en silencio—, mi nombre es Wendy Slinkhard y seré vuestra nueva profesora de Encantamientos.

Un leve murmullo recorrió el salón.

—Tengo entendido que a su vez, a partir de ahora la jefa de casa de los Ravenclaw será la Profesora Harris—prosiguió la mujer con voz autoritaria—. El Profesor Flitwick me ha solicitado que continuemos con el programa que él tenía con ustedes, al cual sólo le he hecho unas breves modificaciones, ya que creo que es hora de que vean un poco otros hechizos, ya que según sus reportes han perfeccionado los básicos en poco tiempo. Por lo que les pido que abran sus libros en la página doscientos trece, comenzaremos con el hechizo Lumos.

El resto de la clase transcurrió amenamente, para alivió de Albus ese era uno de los pocos hechizos que sabía realizar casi de manera perfecta, por lo que no pudo evitar ruborizarse cuando la Profesora Slinkhard le felicitó junto a su prima y a Scorpius, quienes parecían ser los únicos que podían mantener la luz en sus varitas sin que tintinearan o saliera de manera tenue.

—No es tan mala—comentó Scorpius durante el almuerzo—, aunque sus miradas me ponían algo nervioso.

—Así que ya tuvieron clase con la nueva Profesora—la voz de James los distrajo momentáneamente de su conversación.

—Sí—contestó Rose—, no es Flitwick, pero tampoco es tan mala.

—Me han dicho que es tan estricta como Harris—bufó Fred—, ¡eso nos dejaría solo con dos profesores medianamente alegres!

Rose rodó los ojos.

—Repito, no ha sido tan mala.

—Eso es porque a ti te gusta estudiar y no romper las reglas, primita—le refutó James—. Igualmente nuestra hora de la verdad está por llegar en unos minutos, ya que es nuestra siguiente clase.

—Por cierto—Fred se acercó un poco más y bajando la voz los miró con seriedad— ¿Han escuchado eso de la leyenda de la Antorcha de las Llamas Verdes?

— ¡No, ustedes también! —exclamó alterada la pelirroja.

Scorpius la miró con reproche.

—Vamos Rose, si nosotros comprobamos…

— ¡No comprobamos nada, Malfoy!—le dijo indignada.

—Después de todo lo que escuchamos, sí que eres cabezota, Weasley.

— ¿Ustedes realmente creen que exista tal cosa?—se apresuró a intervenir Albus.

—No lo sé—garantizó James—, ya que… tenemos una fuente confiable que sabe de los terrenos del castillo y no aparece nada similar a lo que cuentan…, pero aun así… tampoco figura la Cámara de los Secretos…

Albus frunció el ceño, ¿en qué podía estar metido James o con quién, que supiera sobre toda la arquitectura de Hogwarts? Sus cavilaciones fueron interrumpidas por gritos de terror provenientes del recibidor.

Los alumnos que estaban en el Gran Comedor, con caras curiosas y asustadas, se levantaron para ir en dirección a donde resonaban las voces. Los primeros en llegar al lugar fueron algunos de primero, por lo que a Albus, Scorpius y Rose no les costó abrirse paso.

De las escaleras que daban a las mazmorras, varias alumnas de Slytherin de quinto parecían estar horrorizadas, algunas sollozaban y se abrazaban entre sí.

— ¿Qué ha sucedido?—le preguntó preocupado Albus a Jane, quien parecía haber llegado antes que el resto.

—Un nuevo ataque, esta vez una alumna de quinto de Slytherin.

Albus tragó en seco, un escalofrío le recorrió el cuerpo, ¿sería que pronto viviría aventuras como las de su padre? El recuerdo de su sueño lo horrorizó por completo.


Sé que no ha sido el capítulo más largo, pero tampoco ha sido uno de los menos importantes, ahora ya saben que la amenaza es real y que está basada en una leyenda (la cual me tomé la libertad de inventar, así que no se gasten investigando en google porque no encontrarán nada que les dé una pista, aunque debo admitir que me basé en una película de Disney para poder elaborar la idea).

Como podrán ver el pequeño Albus va sintiendo lo que realmente es el peso que conlleva ser un héroe y por ende esto lo aterra un poco, más aún después de semejante sueño que tuvo, el cual puede o no puede ser premonitorio.

Aquí la cuestión es descubrir qué sabe el bueno del fantasma de Hufflepuff sobre todo esto, porque vamos, les prometí que veríamos al resto de las Casas que Rowling no se animó a describir y esta es la mejor forma que tengo de poder lograrlo, ¿quién no quisiera ver cómo es la Sala Común de Hufflepuff?

Les advierto que se vayan preparando, porque si en la Cámara de los Secretos tuvimos varios petrificados en esta historia habrá más "Bellas Durmientes", recuerden que en la profecía se nombraban a doce chicas…

Me despido antes de que deje más spoilers, porque el capítulo que sigue será muy heavy y no me gustaría arruinárselos.

¡Travesura realizada!

XOXOX

Aye436

PD: ¡No olviden sus reviews! También para los que quieran y estén interesados en mi página de Facebook, podrán acceder a las imágenes de cómo me imagino la casa de los Weasley, los Potter y los Malfoy. Además de la información de cada personaje.