Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Hola, disculpen por la tardanza. Aquí les subo el fic como me han pedido. Gracias por recordar la historia y porque les guste tanto :)


Bella caminó por el largo pasillo hacia la salida del aeropuerto y miró alrededor deseando estar en cualquier parte en lugar de allí. Había abandonado esa ciudad dos años atrás y se había acostumbrado a no pensar en ella como su hogar y ahora que estaba allí sentía el corazón a punto de desgarrarse, gritándole que huyera, que se volteara y tomara el mismo avión de regreso al único lugar que identificaba como refugio seguro. Solo que sabía que no podía hacerlo. Miró hacia los lados cuando pasó por el área de espera y un atisbo de sonrisa se reflejó su rostro cuando vio el cabello oscuro y puntiagudo de su amiga que estaba de puntillas buscado detallar a todos los transeúntes para encontrarla.

—¡Alice! —Gritó cuando estaba más cerca, maniobrando con la pesada maleta y le sonrió cuando la miró fijamente.

—¡Bella! —Chilló ella con voz estridente y salió corriendo empujando a tres personas en el proceso. Cuando llegó a su lado, se le tiró encima y le agradeció al cielo no haberse caído de bruces por el golpe, con el cual tuvo que alejarse dos pasos. Isabella la abrazó con fuerza, cerrando los ojos y consiguiendo con esto borrar por algunos segundos el frío que se había instalado en su alma.

—¿Has venido sola? —Le susurró sin soltarla, tensa y ansiosa por su respuesta mientras miraba alrededor deteniéndose por algunos instantes en las personas que poblaban el salón, ya sea esperando a pasajeros que aún no habían arribado o abrazando a sus seres amados que ya habían llegado. Esa visión le hizo sentir ligeramente enferma hasta que percibió que su amiga asentía, haciéndola experimentar una pequeña sensación de alivio y causando que la abrazada con más firmeza. Eran pocos los momentos en que podía dejar de actuar su papel autoimpuesto y mostrar sus sentimientos, así que lo aprovechó.

—Te extrañe tanto… — confesó Alice abrazándola más fuerte y Bella asintió tragando grueso. Llevaba ya dos años en Massachusetts y en dos meses sería el acto de colación de grado de su Maestría en Lenguas Romances. Había ganado una beca para el Doctorado en la Harvard por su promedio y aunque por un segundo había dudado en aceptarla, ahora lo veía como su nueva salvación, su boleto de salida de esa ciudad y su mejor excusa para mantenerse lejos de él.

Unos minutos después se soltaron por fin. Alice le sonrió ampliamente y acarició su mejilla. Bella le devolvió el gesto al notar los ojos azules y cariñosos un poco humedecidos de su amiga.

—La verdad es que has sido una mujer muy injusta —le informó Alice y ella asintió lentamente.

—Lo sé.

—Podrías haber venido en navidad, en vacaciones. ¡Por Dios, Bella! Necesito hablar con mi amiga en vivo, no solamente por Skype o por Messenger…

—Tienes razón, soy una muy mala amiga… —respondió respirando hondo para calmar la opresión de su pecho. Ella misma se había reprochado lo mismo cientos de veces, pero sobre todo dos semanas atrás, cuando su amiga la había contactado llorando por un desengaño amoroso e Isabella solo pudo hablarle para calmarla. Nada de abrazos, nada de caricias, nada de noche de chicas juntas. Aunque había ansiado estar a su lado, sabía que no podía hacerlo por muchas razones. Alice negó con la cabeza antes de tomar la manilla de su maleta y empezar a rodarla para salir del aeropuerto.

—Pensé que Esme y Carlisle vendrían a buscarme —murmuró Bella. Alice se encogió de hombros.

—Están todos revolucionados con la boda así que se les hizo imposible. Tía Esme estaba con la planificadora terminando de arreglar los últimos detalles de la odisea que será ese evento y tío Carlisle fue a la Empresa porque tenía una reunión con Edward y los demás accionistas, sabrá Dios para qué ya que tiene más de un año jubilado.

Bella asintió y tragó un poco ruidosamente mientras salían por fin del aeropuerto. Inmediatamente le golpeó el frío de Seattle, sabía que el mes de septiembre las temperaturas no eran tan bajas, tal vez estuvieran en los quince grados centígrados pero Massachusetts era mucho más cálido que ese sitio. Caminó hacia el Volkswagen amarillo de Alice y sonrió mientras la ayudaba a guardar el equipaje.

— ¿Qué? —Explotó Alice mirándola con ojos entrecerrados—. Respeta a mi querido bebé —dijo acariciando la carrocería de su vehículo que ya tenía dos años con ella y que Bella había ayudado a escoger después de regresar de la Universidad. Le sorprendía que todavía su amiga lo tuviera, pero es que se había enamorado de él solo al verlo por primera vez, ella se había burlado de que le gustaba únicamente porque le hacía sentir grande, ya que la realidad era que la pelinegra solo llegaba a uno cincuenta de estatura, pero se había callado cuando Alice empezó a enrojecer. Eso siempre significaba problemas.

—Tengo todo mi respeto a tu bebé, cariño. Es solo que…

—¡Ni una palabra, Bella! —. Ella hizo una seña en su boca como si se hubiese puesto un candado y se montó en el asiento de copiloto.

—¿Por qué no estás con Esme? — Preguntó unos segundos después.

—¿Cómo? — Inquirió Alice confundida.

—Con Esme y la planificadora… Pensé que te gustaban todas esas cosas. —Alice respiró profundamente y arrancó el vehículo.

—¿Además de desear buscarte en el aeropuerto? —Preguntó cuando estaban saliendo del estacionamiento. Bella asintió—. Odio a la novia…

En unos días serán familia… — dijo palideciendo ligeramente y mirando hacia el frente del vehículo. Por un segundo… solo un segundo había olvidado todo, pero como lo había comprobado en los últimos dos años, algunas cosas eran imposibles de dejar atrás.

—Eso no hace que la quiera, ¿sabes? —Continuó Alice—, pienso que mi primo pudo haberlo hecho mucho mejor, ¡por Dios! La chica me asquea de todo lo que se babea a su alrededor, es… exasperante.

Isabella meneo la cabeza y esbozó una sonrisa nostálgica, volteó hacia la ventanilla para que su amiga no la descubriera y trató de concentrarse en el paisaje que corría rápidamente debido a la velocidad que llevaba el vehículo. No lo consiguió.

—De verdad deberías hablar con tu hermano… — le ordenó Alice. En respuesta ella se estremeció y se perdió por unos instantes en sus pensamientos, considerando el posible resultado calamitoso de semejante conversación.

— ¿Y cómo está Edward? —Preguntó eludiendo tema.

—Bien, normal, es como si no pasara nada, lo cual me hace sentir más nerviosa. Debería importarle, debería… No lo sé…

—¿Salir corriendo y saltando de felicidad por toda la cuadra? — Cuestionó Bella mirándola fijamente. Alice la observó por un segundo y asintió efusivamente.

—Eso es lo que esperaría que estuviera haciendo, ¡por Dios!

Bella le golpeó con suavidad un hombro y volvió su cara a la ventanilla, al paisaje. No estaba preparada para pensar en la supuesta alegría que debería estar derrochando y mucho menos para volver a verlo, aunque la opción le fue arrebatada cuando su madre, o la que ella siempre consideraría así, le había llamado unas semanas atrás para informarle de la boda. Había sido muy enfática en ese punto cuando trató por todos los medios de zafarse de esa obligación, por último le dijo: "No me importa que se acabe el mundo, pierdas la materia o la maestría, es el matrimonio de tu hermano y tú eres miembro de ésta familia. Te necesito aquí". Ahora estaba allí, cumpliendo su deber al ser miembro de esa familia y una parte de sí misma estaba más perdida que nunca, negándose a lo que iba a suceder y preguntándose cómo iba a hacerlo. Suspiró hondo de nuevo y se mordió la uña del dedo meñique como siempre hacia cuando estaba nerviosa.

—Escúpelo —espetó Alice y Bella la miró confundida, después se dio cuenta que estaba mordiendo su uña y se maldijo a la vez que bajaba la mano rápidamente.

—No es nada… —susurró insultándose de nuevo por su ansiedad—, es solo que no me había dado cuenta de lo que extrañaba este sitio… y a ti.

Alice sonrió ampliamente y empezó a contarle sobre su vida, por fin había dejado a James una semana atrás y Bella sonrió agradeciendo ese hecho. El muy bastardo la había engañado con una pelirroja y su amiga no se merecía ese trato. Ella asentía cuando era debido y hacia que la escuchaba pero al paso de los minutos su concentración se perdió completamente, abocada al hecho de preguntarse que si las cosas hubiesen sido distintas habría conocido igual a su mejor amiga. Alice la había querido y aceptado desde que la conoció casi ocho años atrás, y Bella había quedado maravillada con ella; era tan entusiasta, cariñosa y libre que le hacía añorar esos rasgos, le hacía querer que fueran más parecidas y así poder ser… feliz. Todavía le sorprendía que se hubiesen vuelto tan amigas ya que nunca había tenido una, aunque claro, las circunstancias ayudaron. Esa era una de las cosas que le dolían cuando miraba en retrospectiva todo lo que había sucedido. Antes había sido tan libre con su mejor amiga, capaz de confesarle muchas cosas, reír con ella, soñar con la igualdad y la felicidad; ahora se sentía tan perdida, triste y desesperada que ni siquiera el amor que le profesaba era suficiente para apaciguar sus deseos de alejarla; Alice estaba muy cerca de eso, muy unida a su entorno para poder volver a relajarse con ella alguna vez.

Sin embargo agradecía al cielo haberla conocido, querido y que le hubiera enseñado lo que significaba tener una amiga. ¿Se habrían conocido si las cosas hubiesen sido distintas? Seguramente no. Nada habría sido igual si Edward no hubiese tropezado con ella ese día.

Nueve años atrás.

Isabella caminaba por el pasillo del colegio ensimismada leyendo Crimen y Castigo de Dostoievsky cuando sintió que alguien tropezaba contra su hombro causando que tirara su mochila y su libro. Normal. Ella era considerada una marginada social y generalmente los populares y los imbéciles la molestaban por diversión, no le importaba, tanto esfuerzo luchando para que nada le importara estaba dando buenos resultados.

Se arrodilló a buscar sus cosas sin siquiera ver quién era esa vez, si la imbécil de Jessica o el pendejo de Eric, todos eran iguales y se preguntó por un segundo si Raskolnikov los consideraría como inútiles y querría matarlos. Inmediatamente sintió vergüenza por tener pensamientos mezquinos y empezó a recoger sus cosas.

Lo siento. Escuchó que alguien le decía. Quedó paralizada por un segundo cuando notó que se habían arrodillado a su lado para ayudarla a recoger sus cuadernos, lápices y se tensó al pensar que el desconocido viera también la tela ensangrentada que había guardado esa mañana.

No importa dijo rápidamente y empezó a recoger todo apresuradamente.

No estaba prestando atención siguió el muchacho, de verdad… lo siento.

En ese momento tomó el último cuaderno y se levantó. Recordó el libro pero cuando iba a buscarlo notó que el chico ya lo tenía en sus manos. Frunció el ceño ya que nunca lo había visto antes, era mucho más alto que ella, le llegaba a los hombros, aunque a sus quince años era más pequeña que muchos a su alrededor, tenía su cabello marrón oscuro cobrizo y unos ojos verdes que parecían amables aunque lo más seguro es que en realidad no lo fueran. Ya la amabilidad en la mirada de la gente no la engañaba, había aprendido eso ocho años atrás en su primera casa de acogida. La anciana que el Estado había escogido la miró con cariño mientras estaban los del gobierno, pero cuando estos se fueron le había hecho pasar hambre por dos días como bienvenida. Pasaron tres meses antes que se dieran cuenta que no la alimentaba bien y le sacaran de allí, aunque lamentablemente ese no fue el peor hogar al que la habían enviado.

El chico le sonrió ligeramente en un gesto de confianza y Bella se preguntó si ahora los nuevos también iban a molestarla. Se volteó y empezó a caminar ignorándolo completamente y sintió unos pasos rápidos detrás de los suyos.

¡Espera! Le gritó y ella apretando sus manos se volteó bajando la mirada, hacía tiempo también que no peleaba ni miraba a nadie desafiante, esa era una lección que había aprendido muy bien—. Creo que esto te pertenece.

Bella levantó la mirada y abrió los ojos desmesuradamente al ver la copia de Crimen y Castigo que le había prestado la bibliotecóloga.

Gracias susurró recuperando el libro, si lo hubiese perdido la Señora Turner no le habría prestado otro más y solo le quedaría su realidad, lo cual de verdad le aterrorizaba.

Es un libro bastante fuerte para alguien tan joven, mis padres no me permiten leerlo y tengo dieciséis años dijo el chico sonriendo ampliamente.

Bella frunció el ceño ante eso e hizo un asemejo de sonrisa preguntándose qué se sentiría tener unos padres que se preocuparan por ti. Los suyos no lo hicieron, nunca supo ni siquiera el nombre de su padre y su madre la abandonó cuando tenía siete años en una iglesia prometiéndole que iba a comprar la cena y jamás había regresado. Al principio se consoló pensando en que no la había dejado, sino tal vez se había perdido o muerto. Ahora ya no creía en eso.

Pues yo si puedo leerlo dijo encogiéndose de hombros y empezó a caminar de nuevo dejando al chico de nuevo solo.

¡Hey! La llamó—. ¿Sabes dónde está la oficina del Director? Estoy perdido…

Bella asintió y le indicó donde se encontraba deseando que se alejara ya antes de que llegaran los demás estudiantes y la sorprendieran hablando con él. Tal vez, Dios no quisiera, Jessica empezaría a burlarse y a gritarle que nadie la quería y por eso sus padres la habían abandonado, frente al chico. No quería pasar de nuevo por eso. Cuando tenía doce años lo hizo frente a Mike Newton y todos a su alrededor se rieron, ella había llorado por muchas horas en el baño.

Gracias dijo el chico dando un paso para alejarse, mi nombre es Edward, ¿cuál es el tuyo?

Bellasusurró y él asintió sonriendo más ampliamente.

Es un placer conocerte, disculpa de nuevo haberte tropezado y… creo que me gustará este instituto…

Lo observó confundida hasta que cruzó por el pasillo hacia la oficina del director, se volteó y le deseó suerte ya que si de algo estaba segura es que al contrario de Edward, odiaba ese instituto y estaba desesperada por cumplir dieciocho años para salir de allí.

— ¿Bella? ¡Bella! —Rezongó Alice y ella parpadeó mirándola asombrada—. ¿Dónde diablos estabas? ¿En Júpiter? —Ella se sonrojó y asintió ligeramente.

—Peor… en la secundaria. —Alice frunció el ceño y negó con la cabeza suspirando.

—No era en eso lo que pensabas, lo sé… —Ambas se observaron por unos segundos y Bella sonrió ligeramente buscando demostrarle que estaba bien —. Eres libre, amiga, desde hace casi nueve años lo eres…

—Lo sé –respondió observando hacia el frente y descubriendo que ya estaban estacionadas en su destino, frente a la casa.

—Bueno…, ya llegamos. —La miró con expresión seria—. El revuelo es mayor que cuando nos graduamos. Mucho… mucho peor…

Bella sonrió ampliamente comenzando su actuación y salió del carro con más entusiasmo del que podría sentir alguna vez.

—Por supuesto que lo es… ¡Su único hijo se casa!

—¡Claro que no! –Gritaron desde la puerta de entrada de la casa a unos pasos de ellas y miró asombrada hacia la figura de Esme que caminaba hacia ellas apresuradamente —. ¡Bella, preciosa! —Exclamó unos segundos después y la escuchó sorber como si estuviera llorando.

—No llores, mamá —le pidió y acarició su mejilla suavemente apartándose y viendo sus ojos brillantes y emocionados.

—Es que… te he extrañado tanto…

Esme era casi de su estatura, tal vez un poco más alta que ella que medía un metro setenta; su cabello era castaño claro y su mirada azul cielo, ya estaba en los finales de los cuarenta aunque solo podía verle unas cuantas arruguitas por sus ojos y sus labios; era sumamente hermosa y una de las primeras personas verdaderamente amables que conoció en su vida, lo que sin duda le aseguró su amor incondicional. Sonrió ampliamente motivada por eso y la abrazó tan fuerte cuando llegó a su lado que escuchó como emitía un pequeño gemido de protesta.

Cuando se separó la observó detalladamente, su cabello enrollado en un moño bajo, las arrugas alrededor de sus ojos más profundas ya que sonreía así llorara. Se le humedecieron los ojos y la abrazó de nuevo. Por ella y nada más que por ella era por lo que se encontraba en ese sitio, en esa ciudad que ya no sentía como suya, dispuesta a someterse a una tortura, a un infierno; por sus constantes ruegos, sus ansias de que la acompañara y porque se lo debía ya que luchó por tenerla, fue la primera persona que le hizo sentir protegida y la primera que la quiso. Era la necesidad de mantener esa sonrisa que se reflejaba en sus labios y en su mirada lo que causaba que Bella estuviera a punto de destrozarse a sí misma.

—Y nada de que es nuestro único hijo, Bella. ¡Tú también lo eres! —Le reclamó.

Asintió tragándose el nudo en su garganta, y parpadeando fuera sus lágrimas caminó hacia el maletero para sacar sus cosas. Unos segundos después, Cathy, la muchacha de servicio, apareció y le arrebató las maletas.

—Ven, tenemos demasiado de que hablar —pidió Esme y Bella asintió caminando abrazada junto con Alice.

Llegaron hasta la amplia sala de la casa y Esme la sentó en un sofá mostaza que era completamente nuevo, ya que nunca lo había visto antes.

—¿Cómo te va en Boston? ¿Cuándo regresas? Estás tan hermosa… —le susurró atropelladamente unos segundos después y Bella sonrió en respuesta. Su cabello rubio oscuro estaba más largo que nunca, llegándole a mitad de su cintura, ahora lo llevaba siempre suelto y lacio, con un pequeño flequillo hacia un lado, con ello ocultaba ligeramente sus ojos marrones y el rubor de sus mejillas que el clima templado causaba, aunque era tan blanca que cualquier clima hacia que esa parte de su anatomía explotara en color.

—Muy bien. En dos meses es el acto de graduación de la Maestría —le informó y bajando la mirada optó por soltar la bomba de sus planes futuros—, además gané una beca para el Doctorado en lenguas romances…

—¡Isabella! —Explotó Esme interrumpiéndola—, por Dios, ¡no puedes quedarte allá toda la vida! Mi hijo me abandona, no puedes hacerlo tú también…

—Y si eso no es manipulación, no sé qué lo será… —Ambas se voltearon para encontrar a Edward mirándolas fijamente.

El corazón de Bella retumbó en su pecho y lo insultó inmediatamente llamándolo "traidor". Tenía dos años que no lo veía, pero aún así todo su cuerpo se estremeció ante su presencia, revelándole que seguía siendo igual de ilógica e imbécil que antes. Su cabello castaño rojizo estaba un poco más corto pero igual de alborotado, estaba usando un traje negro con corbata gris que remarcaba ligeramente su cuerpo; al parecer en ese tiempo que no lo veía había hecho ejercicio ya que lo veía más grande y formado que antes; sus ojos verdes eran tan atrayentes como antaño; la mandíbula cuadrada y los labios que le habían erizado la piel tantas veces le parecieron más provocativos que nunca.

"Dios, eres tan hermoso", pensó apretando las manos contra su regazo y mirándolo mordiendo su labio inferior fuertemente tratando de ahogar el dolor que su sola presencia había causado, el anhelo había sido tan fuerte esa vez que literalmente tuvo que controlarse para no doblarse y gemir angustiada. No había querido volver, de verdad no lo había deseado…, y ahora, lo había hecho y para nada más que esto… "Solamente para ver cómo te casas…"

—¡Edward! — Gritó Esme acusatoriamente y se levantó a abrazarlo fuertemente —. No estoy manipulándola, es solo que te me irás y yo quedaré sola… —Él rió divertido y Bella se asombro de la forma en cómo su interior se calentó por ese sonido. Siempre le había gustado que riera y mucho más cuando era ella quien lo causaba... hacía ya una vida atrás.

—Ya que no vivo aquí desde que volví de la universidad y todo será completamente igual que antes…, no entiendo a qué te refieres. —Esme sonrió ligeramente y lo miró pícaramente.

—No será igual, dentro de cuatro días serás un hombre casado. Bella —la llamó con su mano y ella se levantó lentamente caminando hacia ellos buscando disimular la forma en cómo su cuerpo temblaba y se volvía cada vez más débil—, serán cuatro días completos y ocupados. Tendremos la cena de ensayo mañana en la noche, la despedida de soltero y soltera la noche siguiente. El día antes de la boda, todos nos iremos a la finca de la familia Denaly donde se oficiará la ceremonia y tendremos un almuerzo familiar, y el domingo será la boda, en la pequeña capilla de la finca. Un sitio completamente adorable.

Bella asintió un poco mareada por toda esa información y observó a Alice que la miraba como si deseara que la mataran ahora. Eso causo que casi sonriera y lo hubiera hecho si la opresión en su pecho no hubiese sido tan atroz.

—Tanya quiere que formes parte del cortejo. Que seas dama, incluso deseaba que fueras la madrina, pero Kate, su hermana, no lo permitió — informó Alice burlonamente.

—¿Dama? —Bella casi se atraganta con la palabra. ¿No solo tendría que soportarlo, sino también ser partícipe de ello?

—¡Sí! — Confirmó Esme emocionada y ella palideció mientras sentía el sudor frio corriendo por su espalda—, como tenía tus medidas el vestido está casi listo, solo falta los ajustes que haya que hacerle y… Creo que estás más delgada —anunció con voz horrorizada y mirándola con el ceño fruncido.

Bella sonrió ante la preocupación de su madre porque comiera, desde que llegó allí había sido así. Asintió tratando de quitarle importancia aunque sabía que era cierto, siempre había sido de contextura delgada, pero en los últimos dos años había adelgazado aún más y la verdad no podía hacer nada para evitarlo. Giró la cabeza y trató de ignorar la forma en cómo los ojos de Edward recorrieron lentamente su cuerpo para confirmar lo que su madre había dicho.

—Estoy bien —dijo haciendo un gesto con su mano para que cambiaran el tema—. No te preocupes tanto por mí. —Esme la miró completamente seria y a Bella se le acrecentó el nudo en su garganta.

—No digas eso, mi trabajo es preocuparme por ti, desde hace casi nueve años lo es…

Ella asintió y observó a Edward quien la miraba fijamente. Un segundo después bajó la mirada y suspiró hondo. Dios… ¿Cómo hubiese sido posible no amarlo después de todo lo que hizo por ella? ¿Después que la sacó de su infierno y la llevó a donde por fin fue aceptada?

Ocho años y nueve meses atrás.

Isabella sentía frío. Respiró superficialmente y se llevó una mano a la altura de sus costillas ya que ese simple movimiento le era terriblemente doloroso. Tocó esa parte con cuidado porque el roce le hacía gritar y sintió que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas. No quería llorar más pero el dolor, el frío y la desesperanza se mezclaron y evitaban que no pudiera hacerlo.

Caminó unos pasos más y dando la batalla por vencida se sentó en la esquina de la calle sin importarle donde se encontraba y que tal vez la estuvieran buscando. Se estremeció al pensar que él la consiguiera, porque ya no podría aguantar otro castigo, una parte de su ser le reprochó haber huido, sabía que iba a ser peor, pero no pudo evitarlo. Sabía que si hacía lo que Caius quería podría dormir unas horas y se había esforzado mucho tiempo por mantenerlo feliz, para que no la tomara con ella, pero no pudo controlar lo que sucedió horas atrás.

La esposa de Caius, Adelaide, había salido a beber y Bella supo que ese no iba a ser un buen día. Cuando Adelaide estaba todo era más sencillo, Caius no se acercaba, no golpeaba, no gritaba, o solo se lo hacía a ella, pero cuando no lo estaba…, se estremeció de nuevo en respuesta.

Él había empezado con peticiones normales, "Hazme la cena, arregla eso", también prodigando los insultos regulares: "Muévete que no sirves para nada, no vales, eres una porquería", lo normal. Bella solo deseaba que pasaran las horas para poder esconderse en su cuarto y rezaba porque Adelaide llegara. Esa era una buena casa, una de las mejores en las que había estado, pero solo cuando la mujer estaba.

Cuando por fin se hizo la noche, ella fue a esconderse a su cuerpo y rezó que se durmiera de una vez, ni siquiera intentó empezar a leer Doctor Zhivago, que era el que le había prestado la bibliotecóloga ya que estaban en sus meses de lectura rusa, no quería llamar la atención ni demostrar que estaba allí. A veces era más fácil ser invisible.

Pero él la había encontrado. No fue lo suficientemente invisible. Y él había querido… Bella tembló y lloró más fuerte a la vez que sentía que sus pies también le dolían y sangraban ya que había salido sin zapatos. Si no se hubiese defendido no la habría golpeado pero lo más seguro es que la hubiese violado y eso habría sido peor, de los golpes se sanaba, ya lo había hecho muchas veces, pero de eso… era imposible. Se escapó después de darle una patada en su entrepierna que le hizo caer arrodillado un segundo antes de que la fuera a golpear de nuevo con la correa y salió corriendo.

Ahora no tenía a dónde ir, qué hacer, estaba descalza, adolorida, destrozada ¡y había dejado a Doctor Zhivago en su cuarto! Así que no tenía para donde escaparse y solo podía llorar, sentir dolor y no sabía qué hacer.

Pasó sentada en ese sitio por muchos minutos, una parte de ella deseaba que llegara la policía y otra le hacía maldecir esa idea ya que la llevarían de nuevo a esa casa o a otra donde hubieran personas con miradas amables pero que en realidad eran crueles… todos eran crueles. Escuchaba los carros pasar por la calle pero nadie se detenía, tal vez quien la viera pensaría que era una vagabunda. Eso era lo que parecía.

¿Bella? Oyó que alguien decía pero no pudo quitarse las manos de su cara ya que estaba paralizada. "Dios mío… Me encontró… me encontró…", pensó desesperada —. ¿Bella? Volvieron a preguntar y sintió que la tocaban, se encogió y trató de alejarse pero su propia debilidad la detuvo. ¡Por Dios! ¿Bella?

Le quitaron las manos de su cara por fin y ella levantó los ojos asustada y empezó a sollozar cuando vio quién la había encontrado. El único chico que no se burlaba de ella en el colegio y que incluso en esos tres meses la había defendido.

¿Edward? Preguntó en un susurró y empezó a llorar de nuevo.

¿Mamá? ¡¿Mamá?! Escuchó que él gritaba pero ya empezaba a estar un poco mareada, su boca le sabía a cobre y su labio seguía sangrando sin importar las horas que hubiesen pasado.

¡Dios! Percibió la voz de una mujer gritar —. ¿Qué te pasó, mi niña? ¿Qué sucedió? ¿Quién es ella?

Estudia conmigo dijo Edward y ella cerró los ojos por un segundo.

¿Quién le hizo esto? Oyó la voz de un hombre distinta a la de Edward. ¡Dios, hay que llamar a la policía! Buscar a sus padres…

¡No! Gritó ella por fin, agarrando a Edward de su camisa y mirándolo fijamente. No… por favor… Trató de levantarse, alejarse de ellos, seguir huyendo pero él lo evito.

Bella… ¡por Dios, está toda golpeada! –Exclamó al verla por fin ya que en el movimiento salió completamente a la luz de la calle. Escuchó que la mujer jadeaba y el otro hombre maldecía.

No me hagas regresar allí, Edward… por favor no permitas que me regresen allí… Él me violara… lo hará… rogó completamente desesperada. Eso fue lo último que dijo antes de caer en la inconsciencia...

Bella levantó la mirada y encontró los ojos azules de Edward observándola fijamente. En ese momento supo que ambos estaban recordando lo mismo, cómo la encontró allí y cómo cumplió con lo que le había pedido.

Había pasado unos días en el hospital y la familia Cullen estuvo con ella todo el tiempo; Esme, Carlisle y él, apoyándola y muy pendientes de ella como si tuviera que importarles, como si la quisieran. Cuando le dieron de alta creyó que le iban a llevar de nuevo a ese sitio y pensó en huir, pero cuando estaba vistiéndose para alejarse para siempre fue sorprendida por Esme que había entrado en el cuarto. Al darse cuenta de lo que iba a hacer empezó a llorar y eso hizo que el corazón de Bella se quebrara, así que la escuchó cuando le contó que Caius estaba preso por lo que hizo y la observó con más que esperanza cuando le pidió que fuera con ellos, que querían ser su familia.

Es por eso por lo que se volvió una Cullen, miembro de una de las familias más importantes de Seattle, consiguió un hogar y unas personas que la querían y gran parte de ello fue gracias a ese hombre que la miraba fijamente y que ahora se iba a casar con otra mujer. Sintió los brazos de Esme rodearla y la abrazó con fuerza, por la espalda notó que Alice la abrazaba a su vez pero no pudo dejar de mirar a Edward, quien no se movía, solo estaba allí frente a ella, envolviéndola como generalmente hacía. Unos segundos después su madre soltó a Alice y le sonrió acariciando su cara.

—Te tengo aquí de nuevo. No puedes dejarme sola tanto tiempo —le pidió. Bella sonrió y asintió lentamente, aun sabiendo que eso nunca podría ser, apretó su mano y respiró hondo para no empezar a llorar.

—Tía, ¿qué tal te fue con la reunión?

—Tienes que ver la decoración final… —anunció emocionada—. Tanya quedo enamorada de la mezcla de colores y la tela de los manteles.

—¿En serio? Quiero verlo… ¿Vienes Bells? — Le preguntó e inconscientemente arrugó la cara por la idea de ver los preparativos de ese matrimonio. Alice rió y Esme negó con la cabeza.

—Deja a Bella con Edward, ya sabes que no le gustan esas cosas. —Alice asintió y tomando la mano de Esme salieron de la habitación dejándolos a ellos solos.

Bella miró a Edward fijamente sin pronunciar palabra, estirando ligeramente la cabeza para verlo ya que le llegaba por su barbilla, él debía haber pasado el metro ochenta de estatura.

—Así que tú y Tanya… —dijo por fin unos segundos después buscando desesperadamente algo que decirle y escogiendo la peor opción posible.

— Sí —contestó mirándola con frialdad, sabía que debía acostumbrarse a esa mirada ya que a partir de ahora sería siempre así, pero igual le dolía notarla. Bella asintió y respiró hondo para tratar de calmar el nudo que se estaba formando dentro de su estómago, el anhelo y el dolor se volvían más fuertes y quemaban.

—Imagino que es hermosa —inquirió sin poder dejar de mirarlo, era enfermizo, como cuando algo te hace daño pero no puedes dejar de hacerlo. Eso era lo que se sentía mirarlo y estar a su lado.

—Lo es —confirmó Edward—, y está perdidamente enamorada de mí.

—Sí —contestó sonriendo forzadamente, buscando entereza donde solo había tristeza y resignación, caminó hacia una mesa de madera oscura y se apoyó ya que sentía que sus piernas la traicionaban—, así me han dicho.

—¿Qué pensabas, Bella? ¿Qué esperaría toda la vida a que dejaras de huir de mí?

Ella negó con la cabeza y sintió como sus ojos se humedecían así que los cerró por un segundo.

—¿Acaso no creías que me iba a cansar eventualmente?

—Sí —respondió mirándolo fijamente—, la verdad contaba con eso. —Él apretó los labios hasta convertirlos en una línea y vio como comprimía las manos en puños a cada lado de su cuerpo.

—Pues obtuviste tu deseo, entonces — dijo y se volteó para salir del salón dejándola completamente sola.

Ella asintió como si él aún estuviera allí y se sentó en el sofá que estaba a su lado sintiendo que las fuerzas se le acababan. Su mente repetía una y otra vez un único pensamiento haciendo que temblara ligeramente: "Sí, lo obtuve".


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