Título: Lo que tu gesto da
Fandom: Glee
Género: Romance
Pairing: Kurt/Blaine
Resumen: Muchas veces, la intención es lo que cuenta en realidad.
Desafío: #13 Lo que tu gesto da
Rating: PG-13


Lo que tu gesto da

—Será mejor que vayamos afuera —sugiere Blaine, con la voz algo apagada por la decepción.

Kurt asiente levemente con la cabeza. El morocho se muerde el labio, reprimiendo soltar una maldición. Aún no puede creer que haya arruinado aquella cita, se suponía que por una vez sería capaz de ser él quien hiciera la cena (y agasajaría a su novio). Pero todo tuvo que terminar en un desastre cuando confundió los tiempos de cocción (y seguramente las proporciones de los ingredientes).

Sabe que apesta para el romance, él mismo lo reconoció y frente a Kurt, pero hay veces en las que le gustaría no tener razón.

Kurt se sienta en el banco bajo el cedro, haciéndole señas a Blaine para que se siente a su lado, cosa que él hace. La expresión con la que le mira está llena de cariño, como si pretendiera confortarlo. Y Blaine sabe que a Kurt no le importa que la cena se haya fregado, porque es el gesto lo verdaderamente importante.

—Podemos ordenar una pizza —sugiere Kurt, porque sabe que si llega a sugerir que él puede hacer algo para cenar Blaine se sentirá fatal.

—Siempre dices que no es saludable, que vete a saber qué usan de ingredientes y… —suelta Blaine, aún enfadado consigo mismo, cortándose a mitad de la perorata con un resoplido apesadumbrado.

—Creo que por una vez no se me taponarán todas las arterias, Blaine —argumenta el castaño, con una sonrisa divertida.

El aludido frunce el ceño, sopesando sus palabras.

—Podemos sufrir una intoxicación y acabar en cama todo el fin de semana —espeta, no queriendo dar el brazo a torcer.

Kurt no sabía si reír hasta morir o suspirar hastiado. Entiende que su novio estaba realmente frustrado por lo que había sucedido, pero su reticencia dadas las circunstancias era completamente ridícula.

—¿Y a cuántas personas conoces que se hayan intoxicado por comer una pizza? —quiso saber Kurt, alzando una ceja incrédulamente.

Los labios del morocho se fruncen hasta formar una delgada línea. Titubea unos momentos antes de responder con un argumento que no viene a cuento directamente, sabiéndose derrotado:

—Kurt, no quiero que hagas algo que usualmente odias simplemente porque fui yo quien arruinó la cena.

Al pronunciar esas palabras, Blaine le mira directamente a los ojos y Kurt puede ver cuán dolido y frustrado se siente. No hace más que encogerle el corazón de ternura, porque en realidad Blaine se comporta de esa forma porque lo que en realidad le preocupa es haberlo desilusionado a él.

—Blaine Warbler Anderson, soportas más de mis caprichos que cualquier otra persona. Y siempre lo haces con una sonrisa prendada a los labios, nunca te quejas, incluso cuando saco a relucir esas facetas insoportables de mi personalidad que no muchos aguantarían —argumenta, con voz severa—. Así que lo siento, señor, pero vamos a ordenar una pizza y ya.

Los labios de Blaine se destensan y se tuercen en una sonrisa.

—¿Aún a riesgos de sufrir una intoxicación? ¿Seguro, Kurt? —ahora es él quien inquiere con actitud incrédula.

Kurt asiente y le besa tenuemente en los labios, mientras le coge la mano y entrelaza sus dedos con los propios. Blaine sonríe contra su boca antes de responder al beso, atrapándolo de la nuca suavemente para atraerlo más hacia sí.

—¿Sabes? Es una excelente idea, porque si llegamos a intoxicarnos… —se corta a mitad de la frase, demasiado ocupado en repasar con el dedo la línea de la mandíbula del chico castaño.

—¿Qué? —inquiere Kurt, curioso, a la vez que siente que la piel le pica de ansiedad bajo los dedos de Blaine.

Los labios del otro se ladean en una sonrisa un tanto pícara. Le coge de la nuca para acercar sus rostros nuevamente, haciéndole que las respiraciones del otro les piquen en los labios. Kurt, más allá de la impaciencia que le sobrecoge, continúa expectante. Blaine acaricia su mentón con el pulgar y la risa borbotea en su garganta.

—Si llegamos a intoxicarnos tendría una excusa para acurrucarme contigo…

Las mejillas de Kurt se acaloran antes de que Blaine termine la frase, volviéndose violentamente de un tono rojo. Definitivamente, ese gesto daría pie a cosas que aún le hacían sentir incómodo.