Bueno, aquí está el segundo capítulo como prometí.

He tardado un poco más de lo que había previsto, pero espero que os guste.


VIII

El joven no pudo resistirse, se inclinó y besó aquellos labios venenosos cargados de promesas sellando así su destino.


Allen se acurrucó contra el cuerpo cálido que ocupaba la cama contra él. Este, usó uno de sus brazos para aproximarlo más incluso a aquella calidez que le hacía sentir como en casa. Adam miró hacia abajo todavía adormilado y sonrió al observar la cabecita plateada frotándose suavemente contra su cuello, estaba seguro de que el chico ni siquiera se había dado cuenta de quien le estaba abrazando, porque si lo supiera no lo estaría haciendo, aún era demasiado pronto.

Con cuidado acarició los mechones grises hasta que los ojos del chico empezaron a abrirse, Allen bostezó estirándose mientras parpadeaba para acostumbrarse a la extraña luz que invadía la habitación. Seguían en el Arca, en el cuarto de los regalos y les iluminaban varias de las velas flotantes de Road… Eso quería decir que no había sido un sueño, pesadilla, se dijo, eso quería decir, que no había sido una pesadilla.

Con el sonrojo invadiendo sus mejillas, el joven por fin se armó de valor mirando a su enemigo, se encontró de lleno con los ojos dorados de este, que le dedicó una media sonrisa, parecía especialmente satisfecho consigo mismo –Hoy me alegro como nunca de no haberte matado aquel día en el cementerio Allen- habló el mayor con la voz llena de lujuria –Eres el mejor amante que he tenido en treinta y cinco años- añadió acariciando suavemente su hombro desnudo, haciendo que la cara del joven se volviera todavía más roja, si es que eso era posible. El chico se atusó el cabello tratando de devolverlo a su aspecto habitual, pero pronto descubrió que los mechones plateados se habían rizado, se miró las manos entonces pero solo vio su piel tan pálida como siempre y suspiró aliviando. Aun así sabía que algo había cambiado dentro de él, no estaba seguro de qué era, pero no acababa de sentirse normal.

La sonrisa cada vez más amplia del Conde fue todo lo que necesitó para confirmar que algo no iba bien con él – ¿Qué ocurre?- preguntó procurando que no le temblara la voz, el Noé, no contestó de inmediato, disfrutando de la alarma reflejada en aquellos enormes y bellos ojos que ahora brillaban con el color del oro. Cuando vio que la paciencia de Allen estaba a punto de extinguirse, Adam hizo aparecer un espejo de la nada y se lo puso delante –Esto pasa- dijo riéndose mientras el chico agarraba el mango del espejo con los ojos desorbitados.

Su pelo, como ya había notado, caía en suaves ondas enmarcando su rostro, en el que destacaban unos brillantes ojos dorados, pero lo que le hizo más impresión fue ver que su tatuaje maldito, que ya llevaba meses disolviéndose, había desaparecido por completo, la piel de su cara era blanca, como ya había comprobado antes, pero viendo los cambios por lo que estaba pasando su cuerpo no podía evitar preguntarse cuánto tardarían los estigmas en presentarse.

–No tengas miedo, Allen, lo que te está ocurriendo es normal, pronto podrás asumir el lugar que te corresponde dentro de la Familia- exclamó Adam jubiloso. Incorporándose lentamente, le abrazó con cariño, como si le estuviera dando una buena noticia. Allen quiso apartarse, intentó hacerlo de hecho, pero fue incapaz, simplemente se había quedado petrificado –Así que Neah va a consumirme, en unos pocos días voy a desaparecer- dijo todavía intentando asumir que iba a morir, pues aunque su cuerpo permaneciera, sería otro el que lo controlara.

–Voy a morir- susurro una vez más, y sintió ganas de echarse a llorar.


En otra habitación del Arca, Road jugaba con Wisely, su hermano adoptivo era el único al que no le disgustaban sus muñecas. Pero la niña tenía la cabeza en otras cosas, por un lado, deseaba volver a ver a Neah, pero por otro no podía soportar la idea de perder a Allen. El exorcista simplemente era demasiado divertido.

Una mano se posó en su alborotado cabello negro desviando su atención, haciéndole mirar hacia el joven del turbante que sonrió –No te preocupes, Allen no va a desaparecer- Road parpadeó, esbozando después una sonrisa feliz – ¿Has visto su futuro?- Su hermano asintió –Si, habrá de luchar por su cuerpo, pero estoy casi convencido de que vencerá- Al escucharle, la sonrisa se borró de los labios de la mayor de la familia –Eso quiere decir que Neah desaparecerá-

–Lo siento Road, pero si Allen no gana, el Conde acabará perdiendo, así que tendremos que ayudar al pequeño exorcista- Ella asintió, sí, por mucho que quisiera a su hermano, el Conde era mucho más importante. Sin embargo, si alguien se iba a ocupar de Neah, sería ella –Les puedes decir a los demás que no se entrometan, si alguien va a ayudar a Allen seré yo, al fin y al cabo soy la única que sobrevivió al última vez-

Wisely asintió, por supuesto sabía que Road iba a decir eso, y pensaba pasar el mensaje, porque no era una buena idea meterse en el camino de la niña. Volvieron a jugar, esta vez, el sueño de Noé estaba más tranquila, por su parte, él pensó en qué ocurriría con Allen Walker una vez que consiguiera desterrar al Músico de una vez y para siempre, se preguntó si retendría los poderes de Noé de Neah o se quedaría siendo un simple exorcista, si era así, el Conde ganaría, pero el inglés no viviría para verlo.

Miró a Road, era mejor que no se lo dijera, por lo menos no ahora que estaba feliz.


Lenalee miró por la ventana, hacía ya dos semanas desde que Allen se había marchado con los Noé para salvarles y no había ninguna pista sobre su paradero, ella le había buscado, pero había sido la única, Lvellie había nombrado a su amigo traidor a la Orden y había ordenado a todos los exorcistas que lo mataran si lo veían. No podía soportarlo, le daban ganas de salir volando a cualquier lugar que estuviera lo bastante lejos como para no pensar en la Orden o en la Inocencia.

Necesitaba hablar con Lavi, pensó, pero el bookman pelirrojo tampoco estaba, había sido capturado en algún momento durante el ataque a la Rama Americana. Y Kanda, no quería ni pensar en lo que le estarían haciendo a Kanda después de que hubiera eliminado a uno de los suyos. La chica apretó las manos convirtiéndolas en puños, negándose a llorar, sus tres mejores amigos estaban en manos del enemigo y llorar no le iba a servir para nada.


Allen se miró de nuevo en el espejo, esta vez en el de sobremesa que flotaba en el aire del extraño cuarto, en él pudo ver reflejada la sonrisa irónica del Conde, que no había vuelto a pronunciar palabra después de enseñarle su nuevo aspecto. Al parecer encontraba toda aquella situación muy divertida.

El moreno, se pasó una mano por el pelo echándose los despeinados mechones castaños hacia atrás, solo los más cortos volvieron a caer sobre su rostro dándole un aspecto desenfadado que a ojos de Allen –por mucho que lo negara- era sumamente atractivo. Luego, sin nada que se pareciera al pudor ni por asomo, se levantó de la cama totalmente desnudo exhibiendo su envidiable físico, haciendo que el muchacho volviera a sonrojarse ante su descaro, eso pareció aumentar la diversión del mayor que se dispuso a vestirse muy lentamente, notando los ojos del chico fijos en cada uno de sus movimientos. Allen por su parte, intentando no volver a ponerse en evidencia, anduvo hasta sus propias ropas viendo con consternación cómo la mayor parte de las prendas estaban desgarradas en algunos puntos, sucias o simplemente inservibles.

– ¿Qué me pongo?- preguntó algo nervioso, encontrando la sonrisa, aparentemente perpetua, en la cara del Conde del Milenio. Al parecer no importaban qué forma usara, si no sonreía no era él mismo –Siempre podrías ir desnudo- sugirió el mayor, como si él mismo se dedicara a pasearse sin ropa por la vida. Tal vez lo haga, pensó Allen sintiendo escalofríos al recordar lo raro que podía llegar a ser, pero de inmediato negó con la cabeza –No seas ridículo, no puedo salir por ahí sin vestirme…- al ver la mirada interrogante de Adam supo que tendría que dar una buena razón o el Conde era capaz de hacerle salir como Dios lo trajo al Mundo. Entonces se le iluminó la bombilla – ¿Qué pensaría Road?-

Adam rió –Probablemente le haría mucha ilusión, cuando dijo que te amaba probablemente decía la verdad, antes de conocerte jamás había besado a nadie más que a mí- acabó con gesto pensativo, quería mucho a Road, pero Allan era suyo –Aunque seguro que a Sheryl le molestará, así que mejor que te busquemos algo que ponerte. Quédate aquí- dijo el Primer Discípulo –Seguramente Wisely tendrá algo de tu talla- añadió acabando de atarse la camisa antes de salir por la puerta coronada de Road.

Allan le vio marchar sin decir nada, durante un momento pensó en quien podía ser el tal Wisely, entonces recordó al tipo extraño que había atacado a Kanda… tendría que corregir eso, al tipo extraño del turbante que había atacado a Kanda, el del ojo demoníaco. Sí, medían más o menos lo mismo, aunque esperaba que el Conde no apareciera con uno de los desagradables y reveladores trajes de "batalla" de la familia y le llevara algo que realmente se pareciera a un pantalón y a una camisa.

Se sentó en la cama, el único lugar en que podía hacerlo, y cerró los ojos dejando que las imágenes de la noche anterior le invadieran. Lo que había hecho, rendirse ante su enemigo, había estado mal, sabía que había sido un error, pero por alguna razón se había sentido tan bien… se había sentido completo como nunca antes. Maldito fuera el Conde por confundirle, pensó, lo peor de todo, es que quería volver a tenerle dentro. No pudo seguir reflexionando, porque de pronto, un dolor terrible invadió su cabeza, se la agarró con las manos conteniendo un grito, era como si le hubieran abierto el cráneo de un tajo, como si el cerebro estuviera a punto de reventarle. Gritó sin poder contenerse ya, y cayó al suelo de rodillas sintiendo cómo algo goteaba por su cara, intentó levantar la mano para ver qué era, cuando se dio cuenta de que veía sus dedos borrosos, quiso parpadear pero fue cerrar los ojos y no pudo volver a abrirlos. Allen cayó sin conocimiento al suelo mientras de su frente no paraba de salir sangre

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Lo primero que vio Adam cuando entró de nuevo en su cuarto fue a Allen, echado en el suelo en posición fetal con la cabeza apoyada en un charco de sangre. Se acercó corriendo dejando caer las ropas blancas que había llevado. Se arrodilló junto al joven y tomó la cabeza entre sus manos para poder ver bien dónde estaba la hemorragia, pero cuando le dio la vuelta se vio obligado a sonreír, por fin, por fin la familia estaba completa. En la frente de Allen, podía ver los estigmas formando una corona de espinas.

Allen abrió los ojos encontrándose de frente con la cara de Neah, el moreno le sonrió –Luces bien Allen, estás muy bello para el día de tu muerte- susurró apartándose después para dejar que se levantara. El de cabello de plata se alzó tocándose la cara, delineando las cruces que llenaban su frente, viendo que su piel era tan oscura como la del hombre que tenía enfrente. Neah parecía sorprendido al ver sus atributos de Noé, él mismo lo estaba, pero de alguna manera, sentía que era así como tenía que ser. Sabía lo que tocaba ahora, y antes de que el decimocuarto hiciera un solo movimiento, se lanzó hacia él como un rayo tomándole del cuello, arrinconándole, si esa era la batalla por su cuerpo no pensaba perder.

Apretó la garganta de Neah haciendo que este luchara por respirar, hasta que consiguió soltarse empujándole hacia atrás. El exorcista se preparó para atacar de nuevo y el moreno hizo lo propio – ¿Y ahora qué?- preguntó el otro Walker.

–Ahora tú mueres- contestó Allen.


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Hasta el mes que viene.