Notas: Anda que no, casi tres mil palabras... Se me fue la cabeza pensando en concluir esta historia como Dios manda y esto ha acabado siendo más largo que ningún otro capítulo. Hay algo de lemon, señoritas, ahí por el final. Y con esto Cuida tus palabras concluye de una vez por todas. Seguiré por aquí escribiendo Drarry y de otras parejas (en la variedad está el gusto). ¡Muchas gracias a todos aquellos que siguieron esta historia y la comentaron!

Epílogo.

Nada más aparecerse en la zona habilitada para ello en las entradas al estadio, Draco Malfoy y sus padres se vieron rodeados y asediados por un grupo de más de veinte magos y brujas de diferentes edades.

Casi inmediatamente uno de los equipos de protección privados que habían contratado los organizadores del partido se interpuso, haciendo de muro humano entre ellos y la prensa.

—¡Señor Malfoy, señor Malfoy! —clamaban, mientras los flashes de las cámaras fotográficas los cegaban, obligando a Draco a parpadear incomodo y a maldecir mentalmente a todos los periódicos del mundo mágico.

—¿Es cierto que usted y el señor Potter mantienen una relación sentimental desde hace años? —preguntó una reportera de Corazón de Bruja.

—¿Podría confirmarnos si realmente obtuvo cuatro Extraordinario en sus E.X.T.A.S.I.S.? —Draco bufó ante la pregunta, pero no respondió. Había obtenido 6 Extraordinarios.

—¿Qué puede decirnos sobre los rumores de que, en realidad, usted también fue un espía de la Orden del Fénix? —quiso saber el periodista de El Profeta.

—Algunos medios aseguran que su estancia en Azkaban le dejó secuelas de por vida, ¿podría decirnos de que tipo?

—¿Es verdad que...?

—¡No se permite el acoso a los espectadores, señores! —gritó inútilmente uno de los encargados de seguridad, sacando su varita para hacer retroceder al exaltado grupo—. ¡Hagan el favor de guardar sus cámaras o se las requisaremos!

—¡Pero la gente quiere saber! —le gritó un joven periodista, aparentemente indignada.

—¡Ese no es mi problema! ¡Ustedes saben perfectamente que se han habilitado zonas concretas de aparición a los magos y brujas que estuvieran dispuestos a hacer declaraciones y que esta no es una de ellas! —hizo varios movimientos de varita, haciendo desaparecer los equipos fotográficos—. Todos sus equipos se encuentran ahora en la sección de objetos perdidos. Si quieren obtener buenas imágenes del partido, les sugiero que se apresuren en ir a por ellos. Ahora, retírense.

Enfadados y bastante ofendidos, los periodistas se marcharon, algunos casi corriendo, a buscar sus cámaras. Era más que probable que perdieran sus empleos si no conseguían ni una sola foto del primer partido oficial de Harry Potter.

—Mis disculpas, señores Malfoy —les dijo el mago que había espantado a la prensa—. Era inevitable que ocurriera, pese a todos nuestros esfuerzos.

—No pasa nada —dijo Lucius con una amabilidad que cualquiera, excepto su mujer e hijo, hubieran calificado como verdadera—. Lo entendemos y agradecemos sus esfuerzos.

Narcissa y Draco compartieron una mirada cómplice mientras seguían a Lucius al interior del estadio, en donde se dirigieron directamente a la zona VIW. Ambos se alegraban de que el cabeza de familia volviera a ser capaz de actuar con la altanería de siempre en público, ya que desde su salida de Azkaban, exceptuando el tiempo que había pasado luchando por sacar a Draco de la prisión de los magos, había estado un poco deprimido.

Narcisa y Lucius fueron a sentarse con los Parkinson, los Nott y la señora Zabini en la zona superior. Draco se quedó junto con Blasie, Pansy y Theo un par de filas más abajo. En la fila inmediatamente inferior y justo ante ellos se sentaban Hermione, Ron, Neville, Luna, George, Angelina y unos cuantos más antiguos alumnos de Gryffindor.

En otras filas se podía ver a la familia Weasley al completo, incluida Ginny, que se sentaba entre su padre y su madre y tenía una expresión de absoluto disgusto.

Draco recordó que Harry le había contado unas semanas atrás que la chica estaba llevando muy mal su tratamiento. Intentaba no ir al psicomago, evitaba tomar sus pociones y se negaba a escuchar lo que intentaban explicarle los demás acerca de su trauma post-guerra.

Sus miradas se cruzaron durante un breve instante y Draco estuvo seguro de ver una promesa de sangre y dolor en los furiosos ojos marrones de la chica, pero él sacudió la cabeza negativamente y miró hacia otro lado. No iba a volver a caer el lo mismo.

—¡Magos y brujas llegados de todo el mundo! —gritó una voz y todos dirigieron la mirada hacía el mago de piel oscura que acababa de aparecer en la tribuna VIW con la varita rozándole el cuello y amplificando su voz—. ¡Soy Lee Jordan y seré su comentarista durante este primer partido de quidditch de la temporada inglesa, entre los Chuddley Cannos y los Wanderers Wigtown!—el estadio entero estalló en gritos de emoción

—Un momento —dijo Pansy, aparentemente alarmada—. ¿No es nuestro comentarista de Hogwarts?

—Pues sí —dijo Draco, sin entender su aparente alteración—. ¿Qué pasa con él?

—¿Cómo que que pasa? Draco, este tipo es incapaz de ser imparcial en sus comentarios.

—Ya, ya me acuerdo —dijo Blaise—. La profesora McGonagall siempre tenía que frenarlo.

—Bueno, eso solo hace el partido más divertido, ¿no? —dijo George, desde la fila de abajo, con una sonrisa de oreja a oreja, pero una mirada que parecía retarles a decir algo malo del comentarista.

—Eh... Sí, supongo que si —aceptó Pansy no muy convencida.

Cuando los gritos de la multitud descendieron un poco, Lee Jordan continúo.

—¡Antes que nada, saludemos como es debido al árbitro del encuentro, Garry Redford! —el mencionado se elevó desde el suelo hasta la mitad del estadio, ante los aplausos.

—¡Recibamos como se merecen a los jugadores de los Wanderers Wigtown! ¡Los cazadores Hanna McGregor, Susan Green y Elías Parkin, capitán del equipo y descendiente directo de su fundador, el carnicero Walter Parkin! ¡Los golpeadores Thomas Robinson y Frankie Jones! ¡Y su buscadora, Fiona Hoffman! —los espectadores aplaudieron a rabiar a cada uno de los jugadores que salían, mientras que el escudo de su equipo, color rojo sangre con un cuchillo de carnicero plateado en el centro, se proyectaba mágicamente en el suelo del estadio.

—¡Ahora demos una calurosa bienvenida a los jugadores de los Chuddley Cannons! ¡Los cazadores Patrick Mawson, Laurine Taylor y Jonathan Smith! ¡Los golpeadores Eric Monroe y Julian Lennon! !El guardián y capital del equipo Oliver Wood! ¡Y el nuevo y famoso buscador Harry Potter! —y uno a uno fueron saliendo según el comentarista iba nombrándolos, siendo recibidos con una salva de aplausos, que se convirtió en una verdadera locura cuando salió Harry, mientras que el escudo de los Chuddley Cannos se proyectaba en el suelo.

Mientras que doces jugadores daban vueltas al campo y saludaban al público, los capitanes volaron hasta el árbitro para darse el simbólico apretón de manos.

Poco después, todos estaban posicionado y el partido comenzaba. Los jugadores de los dos equipos eran francamente buenos. Los Wanderers Wigtown fueron los primeros en anotar diez puntos a favor, distancia que se recortó con los siguientes treinta que consiguieron los Chuddley Cannos.

A pesar de que era un partido interesante, Draco solo tenía ojos para Harry. Estaba impresionante vestido con el uniforme del equipo y en mejor forma física que nunca. El moreno se mantenía por encima del nivel de juego normal del resto de jugadores, buscando la escurridiza snitch con sus nuevas y mejores gafas cuadradas.

A los treinta minutos de partido, Harry se lanzó en picado hacia uno de los lados del campo, haciendo que los espectadores se volvieran locos y que la buscadora rival se apresurara a ir tras él. Nadie supo si había logrado ver la snitch o no, ya que uno de los golpeadores de los Wanderers Wigtown que estaba cerca le pasó por el lado, agarrándole con la mano la escoba para desestabilizarlo. Harry consiguió mantenerse en ella por los pelos.

—¡Eso es trampa! —gritó Ron, levantado como muchos de los amigos de Harry, que parecían echar chispas por los ojos y gritaban cabreados.

—¡El árbitro esta ciego o qué! —gritó también Draco, de pie al igual que los demás y fulminando con la mirada a la lejana figura de Thomas Robinson, el golpeador.

—Eh... ¿Draco? —llamó Pansy suavemente.

—¡¿Qué?!

—Es quidditch. Y casi todos los equipos hacen trampas.

—¡Pues no deberían! —respondió, aún furioso y sin dejar de seguir con la mirada a su novio, que estaba dando una vuelta por encima de los demás, buscando nuevamente la snitch.

—¿Y lo dice el que pasó siete años intentando ganar a Harry al quidditch haciéndolas? —dijo desde la fila inferior Hermione, que no se había levantado y solo había murmurado "menudo juego de bárbaros" al ver el movimiento del golpeador.

Draco la fulminó con la mirada durante unos segundos, luego volvió al partido.

—¡Parece ser que el árbitro no ha visto el movimiento tan extraño de Robinson, señores, por que no ha pitado falta! —estaba diciendo Lee Jordan y sonaba cabreado—. Mawson se hace con la quaffle y avanza hasta medio campo, se la pasa a Taylor, que...

Durante la siguiente media hora los Wanderers Wigtown marcaron quince veces, mientras que los Chuddley Cannos lo hicieron diez. El marcador estaba 230-190 a favor de los Wanderers Wigtown cuando la buscadora de ese equipo descendió diez metros y aceleró en línea recta hacia un punto en concreto.

Volvió a girar un par de veces más y, para ese entonces, Harry ya estaba pegado a ella y con la mirada fija en el mismo punto.

En un momento dado, ambos se elevaron repentinamente con los brazos extendidos y el estadio se quedó en silencio, excepto los jugadores. Ambos cerraron los puños al mismo tiempo y, cuando Harry volvió a abrir el suyo, tenía la brillante pelotita alada en la mano.

El estadio enteró estallo en júbilo.

En la tribuna VIW los antiguos miembros de Gryffindor se abrazaban y comentaban la jugada, contentos. Draco estaba que no podía con el orgullo que lo había invadido y Pansy y Blaise hacían evidentes esfuerzos por no unirse a sus compañeros de la PLDM y victorear al buscador.

Harry dio la vuelta de honor con sus compañeros manteniendo la snitch bien alta, mientras la multitud enloquecida coreaba su nombre.

Luego, el jugador se acercó a la tribuna VIW y, aún subido en la escoba, le ofreció la snitch a Draco, que extendió la mano y la tomó con una sonrisa esplendorosa. Eso quería decir que Harry le acababa de dedicar la victoria a él.

El jugador se alejó casi enseguida, colocándose en formación frente a sus rivales mientras declaraban el final oficial del encuentro y la puntuación obtenida por cada equipo. Luego, voló con el resto de los Chuddley Cannons a los vestuarios, mientras que la gente comenzaba a abandonar el estadio para salir a celebrarlo fuera.

Draco y sus amigos se despidieron del resto y se dirigieron a la salida, en donde se reunieron con sus respectivos padres para ir todos juntos a la Mansión Malfoy a tomar té y comentar el partido y la actualidad política.

A las ocho de la tarde, Draco se despidió de sus padres y conocidos y se marchó por la red flú hasta el número doce de Grimmauld Place, que se había vuelto bastante un lugar bastante hogareño después de que Harry accediera a que Narcissa redecorara un poco. Especialmente por que esta conocía los hechizos necesarios para poder retirar los molestos cuadros familiares de los Black.

A las ocho y media, Harry llegaba a su casa por la chimenea, encontrándose a Draco esperándolo en el salón, tumbado en un sofá jugueteando distraídamente con la snitch que le había regalado.

—Siento llegar tan tarde. ¿Hace mucho que me esperas? —le preguntó, quitándose la túnica oficial del equipo y quedando con los vaqueros y la camisa muggle que llevaba debajo.

—No demasiado. Calculé que no estarías libre para las siete, como habíamos quedado, y llegué hace treinta minutos.

—Chico previsor —murmuró con aprobación Harry, dejándose caer cansado encima de su novio, que sonrió y empezó a juguetear con su cabello oscuro, dejando que la snitch revoloteara por la habitación—. Merlín, que pesadilla de entrevista.

Draco rió ligeramente.

—¿Tan horrible ha sido?

—No te lo puedes ni imaginar —aseguró, hundiendo la cabeza en el cuello del rubio—. Menudo espectáculo que hemos dado.

—Vas a matarme de la curiosidad. ¿Qué ha pasado?

Harry suspiró.

—¿Qué no ha pasado? —preguntó a la nada—. Los Wanderers Wigtown estaban furiosos. Aseguraban que yo había realizado un conjuro no verbal para aturdir a su buscadora en el último segundo y coger la snitch. Entonces Eric y Julian se han puesto furiosos y les han gritado que no hablasen sin pruebas cuando ellos me han desviado la escoba haciendo trampas a la vista de todo el mundo. Casi acaban a golpes. La prensa estaba eufórica.

—Bueno, tus golpeadores no son muy listos que digamos, Harry.

—No son míos. Son parte del equipo, yo no he tenido nada que ver en su elección —dijo, sonriendo un poco—. En fin, eso es solo el principio. De alguna manera, se ha colado la prensa del corazón en la entrevista y ha formado un caos tremendo. No había manera de distinguir a simple vista que periodistas eran los de deportes y cuales no, porque habían hechizado sus credenciales. Los hemos ido descubriendo a medida que hacían sus preguntas y los encargados de seguridad los han sacado de la sala, pero las entrevistas han sido un autentico desastre.

—Ya me lo imagino.

—Oh, espera. Que aún no termino —aseguró y levantó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos—. Es posible que mañana leas en los periódicos de todo el maldito país que te soy infiel con Oliver Wood.

—¿Qué? —exclamó Draco, sorprendido.

—Ni se te ocurra alterarte, Draco. No es verdad —y su rostro reflejaba tanta sinceridad y determinación que el rubio asintió—. A la salida de la sala de prensa, he resbalado. Olvier me ha sostenido y visto desde fuera podría parecer un pequeño abrazo. Aún quedaba prensa del corazón fuera y he notado un par de flashes —sonaba verdaderamente harto—. Por Merlín, Oliver es hetero. Esta prometido. Lo va a pasar fatal.

—Supongo —dijo Draco, pensando más bien en como iba a pasarlo él siendo acosado como el chico engañado. Estaba seguro de que a sus padres no les haría mucha gracia.

Harry suspiró otra vez y se puso en pie, extendiendo la mano a su novio.

—¿Cenamos?

Draco aceptó su mano y ambos se dirigieron a la cocina, en donde Kreacher, siguiendo instrucciones previas de Harry, había dispuesto la cena para dos.

Comieron en silencio durante unos minutos, cada uno pensando en lo que haría al día siguiente con la nueva noticia. Para el postre, Harry pareció recordar algo.

—Aún no te he preguntado, ¿ya enviaste la solicitud?

—Ajá —dijo Draco, entre cucharada y cucharada de flan.

El rubio quería entrar en la Universidad Mágica, para hacer la carrera de pocionista. Y había enviado una petición formal para que lo aceptaran pese a lo avanzado del curso, asegurando que podía ponerse al día y probando con sus altas calificaciones que era sobradamente capaz.

Harry le sonrió. Sabía que su novio había dudado mucho sobre el tema. No todo el mundo estaba feliz con su relación, ni había quedado satisfecho cuando lo liberaron. Pero por Merlín que eso no iba a detenerles de hacer lo que quisieran.

Acabaron de cenar y se retiraron a la habitación de Harry, que ya era prácticamente de los dos.

Harry se cambió de ropa en silencio, pero sin poder evitar comerse con los ojos al rubio mientras este se desvestía con lentitud y le miraba como retándolo a hacer algo.

Al final, el moreno no pudo aguantar más y se acercó para besarle, comiéndole la boca ansiosamente mientras le quitaba la camisa que aún llegaba puesta.

—Pensé que estarías cansado después de tu primer partido —murmuró Draco, entre besos.

—Nunca estaré lo suficientemente cansado para no hacer esto —respondió Harry, mordiéndole el hombro mientras lo empujaba suavemente hacia la cama con su propio cuerpo, haciendo presión para que notara lo muy excitado que estaba.

El rubio no tardó en actuar, metiendo una mano por debajo de los pantalones y acariciando el erecto de pene de su novio, haciéndolo gemir.

Sonriendo con malicia, Draco se posicionó sobre el moreno. Últimamente Harry se estaba volviendo cada vez más dominante y sabía que tarde o temprano tendría que satisfacer esa necesidad de follarlo que cada vez era más evidente en el moreno. Pero esta noche no, esta noche le tocaba ser suyo de nuevo.

Susurrándole algunas palabras obscenas, el rubio convocó el lubricante que guardaban en la mesita de noche, consciente de que su amante en realidad si estaba cansado y no aguantaría mucho.

Lo preparó con deliberada lentitud, torturándolo poco a poco, mordiéndole los pezones, haciéndole suplicar por más. Por un dedo más, porque fuera más fuerte, más adentro. Hasta el fondo.

Cuando lo penetró, lo único que podía decir Harry era "Más" y "Merlín, Draco, más fuerte". Tenerlo de esa manera era delicioso para el rubio. Porque era suyo. Completa y exclusivamente de su propiedad. Le pertenecía en cuerpo y alma.

Se corrió con fuerza en el interior del moreno, ayudándolo a llegar al clímax segundos después con la mano y cayendo los dos sin fuerzas sobre la mullida cama.

—Te quiero —murmuró Harry, cuando su respiración se hubo normalizado, cogiendo la varita y lanzando un par de hechizos de limpieza para después cubrirlos con las sabanas.

—Y yo a ti —respondió Draco, acomodándose contra su cuerpo sin importarle nada.

El mundo no existía más allá de esa cama y ese cuerpo.

Tan solo estaban ellos. Juntos.

Y se durmieron abrazados.

Fin