Epílogo.

Avanzando hasta el Atrio, hizo un gesto con la mano para despedirse de Ron antes de desaparecer hasta su casa.

La reunión del día de hoy no había sido especialmente agradable, considerando que era para plantear la reevaluación de la necesidad de que Draco Malfoy tuviera un guardia dispuesto por el ministerio en forma permanente.

Hace más de cinco meses que había ocurrido el asesinato del ministro Dipson, y las investigaciones estaban completamente entrampadas, sin poder obtener nueva información ni algún atisbo de las personas que podrían haber sido parte de la supuesta mafia al interior del ministerio. Era como si realmente no hubiera existido nada de nada, aunque se había demostrado que quién le entregó la cuerda a Percy había sido alguien con acceso a la regulación de los hechizos de seguridad, con la capacidad de resguardar todos los posibles resquicios que delataran su identidad.

Tampoco había existido algún nuevo intento de acercarse a Draco, quién estaba volviendo a aparecer en su lugar de trabajo, incluso si trabajar de manera cercana a Aurelio Candau estaba comenzando a ser algo que preferiría no hacer, detestando la cercanía con la que el hombre lo trataba, aun con su mujer en el lecho de muerte. Probablemente la pobre preferiría morir antes que seguir sufriendo los descarados engaños por parte de su marido.

De todas maneras, la situación pública del rubio no era tan compleja, considerando la manera en que Skeeter y Montola habían publicado diversos artículos a su favor, y por primera vez habían hecho una noticia detallada y sin mentiras ni frases mal citadas, en la que habían cubierto todo el escándalo que había sido la muerte de Dipson, la detención de Draco, el posterior juicio y secuestro, y por último la captura de Percy y su suicidio. Hace muchísimos años que El Profeta no vendía tan rápido tantos ejemplares, viéndose obligados a reimprimirlos varías veces, y obviamente la rubia periodista no podía estar más feliz, incluso habiendo sugerido que podría escribir un libro al respecto.

¿Y en su vida personal?

Había seguido viendo a Draco cada vez que debía establecer una reunión con los Aurores en prácticas que tenían rotatorio de protección, así como cada día en el que se autoasignaba su cuidado.

Y no eran pocas las veces que el rubio había logrado convencerlo de caer nuevamente en ese juego de tira y afloja, follándolo cuando no podía aguantar más esas miradas por sobre un hombro ni esos pasos coquetos desfilar incesantemente frente a él, luciendo túnicas, camisas y más. Siendo sincero, cada gesto y palabra de Draco era suficiente como para hacerlo desear poder atarlo a su cama y no dejarlo salir de ahí jamás. Pero sin saber qué era lo que el rubio deseaba, era prácticamente imposible que él pudiera decidir algo, aún sabiendo que lo que comenzaba a sentir por el otro hombre era algo mucho más profundo que el simple deseo.

Observando su dormitorio, donde aún había algo de la ropa que Draco había comenzado a dejar de vez en cuando en Grimmauld Place, decidió que no había mejor momento que el presente para tomar una decisión, sabiendo que nada de lo que él dijera podría influir en lo que Draco sintiera.

Aferrando su varita, se desapareció, sabiendo perfectamente dónde estaba el rubio.

~.~

—Dime, Draco, ¿qué planeas hacer ahora que ya las cosas se han calmado un poco? —preguntó Narcissa, observándolo por sobre el borde de la taza de té, antes de depositarla nuevamente en la pequeña mesa.

Dejando escapar un suspiro, supuso que era obvio que su madre querría saber qué haría de su vida.

—No lo he decidido concretamente —respondió, desviando la mirada hacia el ventanal de su habitación—. He pensado bastante, y creo que soy capaz de entender el punto de Padre, acerca del juego de poder del Ministerio. He hablado con Astrid Marsson y con el Jefe Warlock del Wizengamot, quienes se han interesado en ofrecerme el puesto de Joven Representante Británico del Wizengamot. Están seguros que con uno o dos años en el puesto, estaré listo para poder ingresar como miembro permanente del Wizengamot.

—¿Y qué dice Potter al respecto? —sabía que su madre trataba de hacer la pregunta de la manera más inofensiva posible. Tarde o temprano tenía que decirle la verdad sobre su ¿relación? con el moreno.

—Potter no dice nada porque aún no lo he hablado en el ministerio —respondió, depositando la delicada porcelana en la mesa antes de mirar directamente a su madre, detestando esa pequeña sonrisa burlesca en sus labios.

—Pues deberías decírselo, después de todo es tu guardia personal.

—Lo hace sonar sórdido, madre —murmuró desviando la mirada nuevamente, sintiendo el menor de los sonrojos tratar de subir por su cuello, ahogando una exclamación al ver al mismo moreno avanzar hacia la puerta de la mansión. Y hablando del Mago Merlín…

—Pues creo, hijo, que ya deberías dejar de jugar al gato y al ratón con Harry —susurró la rubia, estirando una mano hasta sujetar una de las suyas—. ¿Y qué mejor momento que el presente?

—Señora —con un ¡pop! Tink apareció en el pequeño salón, retorciéndose las orejas en un gesto nervioso que había tenido desde todo el incidente con la Imperius—. El Auror Potter está afuera preguntando por el joven Draco.

Observando la sonrisa de su madre, supo que no tendría otra salida más que enfrentar al moreno.

~.~

—Auror Potter, que agradable verlo por aquí —saludó la delgada mujer, sonriéndole ligeramente al ver el rubor subir a sus mejillas al no saber cómo saludarla. Ayudándolo a salir del paso, y sabiendo que vería al moreno constantemente en su casa, se inclinó hasta depositar un beso sobre su mejilla—. Es una lástima que ahora deba partir a una cita previamente agendada. De todos modos, no dudo que Draco sabrá ofrecerle alguno de los deliciosos pasteles que los elfos prepararon hoy.

—Claro señora Malfoy —farfulló Harry, viéndola despedirse del rubio, antes de voltearse hacia él y sonreírle nuevamente.

—Pórtense bien —se despidió con un pequeño guiño, antes de desaparecer entre las llamas verdes de la chimenea.

—No creo que quieras entender a mi madre —suspiró Draco, haciendo un gesto de sufrimiento antes de sonreírle torcidamente al moreno.

Tanto por un knut, tanto por un galleon.

—¿Y si estuviera dispuesto a? —preguntó, mirando al rubio directamente a los ojos, deseando ver cualquier expresión que le dijera que no estaba tan loco en arriesgarse así.

—Creo que deberíamos ir a hablar al salón —susurró Draco, señalando vagamente detrás suyo, sin quitarle la vista de encima, sintiendo perfectamente su corazón chocar contra su pecho y sus manos colocarse ridículamente húmedas. Controlándose, avanzó hasta la agradable sala, ordenándole a Tink que trajera más té y pasteles.

No se esperaba ser volteado con fuerza, y sentir unos labios duros apretarse contra los suyos, haciéndolo temblar involuntariamente, soltando un gemido vergonzoso que Harry aprovechó para empujar con su lengua.

Aferrándose a la túnica del Auror, se dejó caer sobre el pequeño sofá, arrastrando al moreno sobre él, disfrutando perfectamente del peso sobre su pelvis, apretándolo en los lugares precisos.

—No quiero sólo esto contigo —susurró Harry separándose por un instante de sus labios, señalando tentativamente entre los dos.

—Bueno, podríamos irnos a mi dormitorio y sería un poco más que sólo esto —respondió Draco seriamente, antes de soltar una sonrisa, haciendo que algo se desbordara en su pecho.

Apretándolo y besándolo nuevamente, suspiró al sentir esos dedos largos y traviesos deslizarse en su pelo, jalándolo ligeramente.

—¿Te das cuenta ahora, que aunque el ministerio quiera eliminar las rotativas de Aurores que te cuidan, estarás obligado a vivir con uno durante mucho, mucho tiempo? —murmuró Harry, mordisqueando la piel del cuello de Draco, disfrutando de cada pequeño suspiro que lograba arrancar.

—Oh, estoy seguro de que algo lograremos hacer para no aburrirnos, después de todo, espero tener mi Auror personal durante tanto tiempo como me aguante —respondió, soltando un gemido al notar los dientes clavarse con fuerza, sabiendo que el otro buscaba dejar una marca.

—Puedes apostar que será mucho tiempo el que habrá para inventar cosas —susurró, oyendo el gritito del elfo al verlos juntos, apareciéndolos automáticamente hasta el dormitorio del rubio. Sonriendo, continuó con lo que estaba haciendo, entreabriendo la camisa de Draco. Ya habría tiempo de disculparse con el pobre elfo.

~.~

—Narcissa, tan radiante como siempre —saludó la bruja, inclinándose hasta besar ligeramente la mejilla de la otra.

—Lo mismo digo —respondió, esperando que su anfitriona le ofreciera sentarse, sonriendo brevemente mientras un mesero traía una bandeja de té.

—Supongo que mucho influye mi aumento de sueldo gracias a las exclusivas que me has conseguido —murmuró la bruja, agitando la varita y haciendo un par de hechizos de privacidad alrededor de la mesa.

—Pues ya sabes que para eso están los amigos, ¿no? Yo te ayudo con las noticias, y tú me ayudas con mi hijo.

—Es cierto —asintió Rita Skeeter, señalando la libreta a un lado de su taza—. Y gracias a todo lo que me ha pasado, continúan saliendo más y más noticias, como que Cho está algo inestable, casi loca según mis fuentes, y que el abogado de ustedes, Johnson, hizo una demanda contra Callahan por abuso de poder y que está haciendo ilegal el tipo de interrogatorios al que sometieron a Draco.

—Pues ya ves, para eso son los amigos y los Slytherin —dijo con una sonrisa, bebiéndose lo último del té—. Gracias por ayudar con todo lo de Draco.

—No es nada, por ti, lo que sea.

-.-Fin.


Gracias a quienes tuvieron la paciencia de llegar hasta este punto de la lectura.

Un abrazo!