Notas de autor:

Capítulo de transición. Un pequeño repaso a todos los personajes, sus vidas actuales y todo lo que les pasa por la cabeza. Disculpas y razones al final del capítulo.

Muchísimas gracias a mi Beta, Katmai, por su excelente trabajo :)

Disfrutad la lectura.


Le sabía la boca a sangre. Nishi se retorció de un lado a otro, intentando liberarse de las ataduras que lo mantenían fuertemente apresado a la cama. Notó como sus dañadas muñecas comenzaban a sangrar, y supo que pronto los magullados tobillos correrían la misma suerte. Por mucho que se movía o retorcía no conseguía soltarse ni un solo milímetro. La mordaza que tenía en la boca lo dejaba apenas respirar. Decidió quedarse quieto y guardar la calma. Debía mantener la cabeza fría y pensar. ¿Cómo había llegado hasta allí? No tenía ni idea. Lo último que recordaba era haberse metido en la cama después de estar en casa de aquel bastardo.

Entonces, algo encajó en su cabeza. ¿Podría ser…?

— Sé lo que estás pensando — escuchó decir a alguien que reconoció inmediatamente, aunque no pudiese ver nada — y tienes toda la razón. ¿Quién si no se molestaría en tocar a un monstruo como tú?

Nishi sintió como su depredador se acercaba lentamente, hasta que las puntas del pelo del otro acariciaron su cara. Aquel aroma a hombre lo invadió por completo y sintió que no podía respirar. El pañuelo que tenía sobre los ojos le fue arrancado de un tirón y pudo ver la seria cara de Izumi una vez más.

El hombre de pelo largo se subió a la mullida cama utilizando manos y rodillas, con la elegancia de un gato, y posó una de sus rodillas en la entrepierna del menor. Nishi gimió de dolor bajo la mordaza, una fina mano como araña se coló por debajo de su camisa. La presión en su entrepierna se hizo más leve, para después volver con fuerza, arrancándole otro gemido. Mientras tanto, Izumi miraba sus reacciones, impasible.

Nishi se retorció aún más, intentando moverse, pero Izumi lo aprisionó con su propio cuerpo, manteniendo la rodilla en su lugar. Le bajó la mordaza de un tirón y le habló a escasos centímetros de los labios. Su pelo seguía en su cara, haciéndole cosquillas, y Nishi se vio incapaz siquiera de protestar.

— Será mejor que te quedes quieto — lo amenazó — sin el traje y sin las armas no eres nada más que un monstruo desinflado.

Lo cogió bruscamente de la mandíbula y le mordió con fuerza el labio inferior, arrancando de la boca de Nishi un montón de juramentos y haciéndolo sangrar una vez más.

La mano que estaba dentro de su camisa lo arañó y acarició sin piedad ni pudor, mientras un trapo era introducido en su boca para acallarlo de nuevo. La rodilla en su entrepierna fue reemplazada por una mano que desabrochó los botones y bajó la bragueta de su pantalón fácilmente. Unos dedos largos como patas de araña aprisionaron suavemente su miembro, que para su sorpresa, estaba despierto. Izumi sonrió de medio lado por un momento con este hecho, pero enseguida su semblante serio y amenazante ocupó su lugar de nuevo. Nishi estaba apunto de explotar de rabia e ira. Maldijo mentalmente a Izumi una y otra vez, sintiéndose impotente. También a sí mismo, por ser tan estúpido y estar indefenso de nuevo después de haberse prometido que jamás volvería a estarlo.

La mano de Izumi se movía con maestría sobre su miembro, apretando y deslizándose en el momento oportuno. Sus serios e inquisitivos ojos se clavaron en los del menor, intentando ver a través de ellos.

Nishi se sintió desfallecer, su magullado cuerpo no podría soportar aquello por mucho más tiempo; la mezcla de dolor y placer, toda la ira y el odio que quería dejar salir, la impotencia que sentía por aquella situación. Su vista comenzó a nublarse y en un par de segundos todo se tornó negro.


Cuando por fin abrió los ojos, lo primero que Nishi consiguió ver fue la sucia pared de su pequeño apartamento. Tenía la respiración agitada, pero se fue calmando poco a poco al darse cuenta de que todo aquello había sido un sueño.

Una horrible pesadilla más bien.

Todavía podía oler la fragancia de Izumi y notó, molesto, de que la tenía impregnada en cada poro de su piel, por culpa de aquella horrible camiseta que había tenido puesta. Y que por cierto, seguía llevando encima.

Sin más miramientos, se levantó y fue a la pequeña cocina. Tiró la blanca prenda al cubo de la basura. No la quería para nada. En otras circunstancias, ni siquiera se la hubiese puesto.

Miró el reloj que tenía colocado sobre la encimera. Todavía quedaban un par de horas para el inicio de las clases, por lo que se daría una larga y caliente ducha. Así se libraría de aquel olor. Cuando comenzó a caminar para dirigirse al baño, notó una molestia en la entrepierna. Y no pudo maldecirse más a sí mismo al ver que estaba totalmente excitado.

Joder, ¡no podía ser cierto!

No había tenido nada más que una horrible pesadilla con el engendro de Izumi. Algo no andaba bien dentro de su cabeza. Puso la temperatura de la ducha al mínimo. Cuanto más frío, mejor. Se quitó la ropa y se metió bajo el helado chorro. No pudo evitar tiritar un poco al principio, pero le sentó muy bien.

Lo primero que hizo después de secarse fue ponerse el traje negro de Gantz. Se colocó cuidadosamente todas las partes del traje, excluyendo los guantes y los zapatos. Después, se puso la camisa y el uniforme del colegio en su sitio, al igual que su pelo.

Preparó sus cosas y salió con paso decidido del apartamento. Iba con tiempo de sobra, pero no podía esperar a ver la cara que pondrían aquellos dos gilipollas que tenía como compañeros al verlo en perfectas condiciones. Sonrió maliciosamente por unos momentos y palpó el arma que tenía dentro de la bolsa.

No sería necesario usarla.

Por lo menos no de momento.

Llegó a la escuela ante las miradas suspicaces de los más madrugadores, las cuales ignoró por completo. Ni siquiera debía molestarse en prestarle atención a aquella gentuza.

Entró al salón, que todavía estaba vacío. Nishi había llegado casi diez minutos antes. Se situó en su pupitre, en el cual quedaban restos de las pintadas del día anterior, al igual que en su casillero. Sonrió de medio lado. Se aseguraría de que al final del día no siguieran allí. Solo debía esperar a que aquel par de basuras llegara a clase. Seguramente lo harían tarde, como siempre.

Se recostó un poco en su silla y volvió a palpar el arma que yacía dentro de su bolsa. Tenía todo el tiempo del mundo.


Murata y Yamaoka andaban despreocupadamente por la calle. Por primera vez desde que dejaron la escuela elemental, podían decir que estaban llegando a tiempo a clase.

Murata giró la cabeza hacia Yamaoka, el cual se veía extremadamente feliz. Incluso silbaba. ¿Y quién era él para romper aquel buen rollo que reinaba tan temprano por la mañana?

Debía reconocer que se había sorprendido sobremanera al ver a su compañero tan temprano tocando la puerta de su casa, pero se arregló y vistió lo más rápido que pudo. Su madre casi rompió a llorar al ver el entusiasmo de su hijo por ir al colegio.

Estúpida vieja chalada. Tantos golpes la habían dejado medio ida.

Sabía perfectamente a qué se debía el buen humor de su compañero. Aquel estúpido de Joichiro por fin había servido de algo. Darle una paliza a aquel bastardo les había sentado genial a los dos. Y ni siquiera se habían metido en ningún lío. Sonrió internamente al imaginar en qué estado lo habían dejado, y es que ni siquiera se había molestado en asistir a clase las siguientes horas.

Por supuesto que no, ¿cómo iba a hacerlo?

Imponerse por encima de alguien se sentía tan jodidamente bien. Por eso se juntaba con Yamaoka. Lo hacía sentirse genial, si estaban los dos juntos no podían detenerlos. ¿Qué importancia tenía que se llevase algún golpe de vez en cuando por parte de su padre? Ninguna si después era capaz de devolverlo a alguien con el doble de fuerza.

Llegaron enseguida a la escuela. Se le hizo raro ver a tanta gente entrando, al fin y al cabo, cuando ellos llegaban ya estaban todos dentro. Subieron las escaleras hasta su salón pausadamente. Cuando ya estaban en frente de la puerta, Yamaoka se paró en seco, poniéndose serio y dejando de silbar.

— ¿Crees que Joichiro haya venido a clases? Ya sabes que siempre es el primero en… — comenzó a expresar sus inquietudes en alto. Y es que, repentinamente, tenía un mal presentimiento. Pero Murata no le dejó siquiera terminar la frase.

— No digas estupideces — sentenció con una torcida sonrisa llena de confianza, haciendo que el otro gruñera, complacido.

Abrieron la puerta del salón de un golpe y se dirigieron directamente a su pupitre, ante la mirada llena de curiosidad de los demás alumnos que se encontraban allí. ¿Qué hacía ese par llegando a tiempo a clase? ¿Se estaba volviendo loco el mundo?

Murata se dejó caer sin cuidado en su pupitre, mientras Yamaoka hacía lo propio en el suyo. Por un momento se sintió observado, e instintivamente dirigió la mirada al otro lado de la sala.

Su sangre se heló por completo al ver la seria y penetrante mirada de Joichiro.

Y es que aquel renacuajo nunca lo había intimidado, pero había algo en su mirada… Nunca se había fijado demasiado, pero era evidente incluso para alguien como él. Algo había cambiado en ese chaval. No tenía la típica mirada de miedo, súplica o demás expresiones que solía ver en sus presas.

Aquella mirada lo penetraba como si pudiese ver su alma. Lo miraba de una forma como nadie había hecho jamás. Le recordó vagamente a aquella mirada que tenía su padre antes de propinarle una paliza.

Una mirada de superioridad. De asco hacia su persona. Como si supiese que él no era nada más que basura a la que no debía ni mirar. Y cuando una media sonrisa sádica cruzó su rostro por unos segundos, sintió que debía salir corriendo de allí. Y tal era la intensidad de esa mirada, que ni siquiera reparó en que, extrañamente, no parecía herido, ni siquiera magullado.

Quizás el hecho de no esperarse una mirada así hizo que todas sus alarmas saltasen al verla. Quizás sólo eran imaginaciones suyas… Quizás no debería haberse tomado esas pastillas la noche anterior.

Aquella aterradora mirada se apartó de su cuerpo al fin, como si él no fuese más que una insignificante mosca. Esa actitud hacia su persona lo llenó de ira. Vio al pequeño monstruo observar su pupitre, mientras delineaba los restos de los mensajes que le dejaron el día anterior. ¿Acaso era aquello lo que tanto le había molestado? ¿Por eso lo miraba de aquella manera?

Por supuesto que la paliza del día anterior tendría algo que ver. Al darse cuenta de este hecho, se notó palidecer. ¿Y todas las heridas que se suponía que debían adornar su cuerpo? ¿Dónde estaban?

El profesor entró entonces en el aula, lo que provocó que todo el mundo se sentase en su sitio correctamente.

Murata buscó desesperadamente la mirada de Yamaoka. Y la encontró. Pegada en el pupitre como si le fuese la vida en ello.

También se había dado cuenta. Por alguna extraña razón, supo que aquello no iba a acabar favorablemente para ellos dos.


Terminó de copiar los apuntes que el profesor había dejado en la pizarra y apoyó el lápiz en su pupitre. No tenía la menor idea de qué narices estaba copiando y tampoco le importaba demasiado. Con estudiar el día antes del examen sería suficiente. Al fin y al cabo, él era Shion Izumi, el mejor estudiante y deportista de su curso. Y de todo el colegio. Aunque en ese momento, aquello no era nada relevante.

No podía dejar de pensar en la misión pasada. Repasó mentalmente todos los acontecimientos, desde el instante en el que Gantz los teletransportó a la fábrica, hasta el momento en el que volvieron a la habitación.

Repasó una y otra vez los movimientos que llevó a cabo.

Instantes en los que podría haber corrido más rápido, saltar más alto, fijar el objetivo con más precisión, golpear con la fuerza exacta… Apuntó mentalmente todos sus puntos débiles, creando una lista.

Llegó a la conclusión de que lo primero que debería aprender a utilizar con más soltura sería el radar. Algo que no llegaba a ser absolutamente indispensable, pero que sí debería tener en todo momento. Aprender a utilizarlo perfectamente le daría una gran ventaja frente a sus enemigos. Además, llevando uno consigo, podría consultar el tiempo restante de la misión. No le había gustado nada acabar la anterior con solo un margen de 3 segundos. Debía andar con mucho cuidado con ello, no sabía qué ocurriría si el tiempo se acababa. Probablemente su cabeza estallaría.

También se dio cuenta de que, sin duda, su punto fuerte era la katana. Sabía manejarla con maestría y soltura, saltaba a la vista.

Volvió a alzar el lápiz y comenzó a escribir lo que el profesor acababa de explicar en la pizarra.

En cuanto las clases se acabaran iría a entrenar con el equipo de Gantz. No se molestaría en aceptar las amables invitaciones de las chicas. A estas alturas, ni siquiera sabía cómo lidiar con ellas. Las misiones ocupaban todo el espacio en su cerebro, todo ese espacio que antes había estado ocupado por aquel horrible aburrimiento que lo acompañaba a todas partes en su día a día y en cualquier forma de diversión posible. Desde las más peligrosas y descabelladas, hasta las más pervertidas y salvajes. Pero ya no se aburriría.

Claro que no.

Todo aquello ya no le importaba lo más mínimo. Lo único que quería era pelear, sentir esa sensación de nuevo, a toda costa.


Nozomi miró una vez más el cielo a través de la ventana de su salón de clases y suspiró por septuagésima vez. No estaba prestando atención a las clases. A decir verdad, no tenía la más remota idea de qué narices estaba explicando el profesor en la pizarra.

Después de aquella tortuosa misión, estar de vuelta en clase le parecía alguna especie de sueño. No podía dejar de pensar en todas esas muertes; en Nikki y Shinji despidiéndose entre dolor y sangre; pero, sobre todo, no podía dejar de pensar en aquella única oportunidad que había tenido para besar a Nishi y que había desaprovechado.

Oh, Nishi.

Por mucho que lo intentase, todo aquello no salía de su cabeza. Aunque tampoco se esforzaba demasiado. Por encima del dolor, por encima de toda la sangre, por encima de aquellas pesadillas que la asaltaban cada noche, por encima de todas aquellas muertes, su imagen siempre asaltaba su mente.

La imagen de Nishi.

Día y noche, no podía pensar en otra cosa que no fuese él. Aquel segundo que duró su abrazo fue sin duda el mejor de su existencia. Después de haber conocido a Nishi, incluso se había llegado a alegrar más de una vez por haber muerto atropellada aquel día junto a su amiga. Al darse cuenta del calibre de estos pensamientos, siempre acababa reprendiéndose a sí misma. Había perdido a su mejor amiga y ella era irremplazable. Aunque quizás, con Nishi a su lado, todo aquel agónico dolor podría hacerse llevadero. Estaba, sin duda, muy dispuesta a intentarlo si se trataba de él.

Alejó la vista de las blancas y esponjosas nubes al darse cuenta de que la primera clase había terminado y que uno de sus muchos admiradores le estaba hablando.

— Nozomi-chan, ¿te gustaría ir a dar una vuelta después de…?

— Te lo agradezco, pero no tengo tiempo — contestó la rubia.

Volvió a fijar la mirada en las esponjosas nubes y volvió a divagar sobre Gantz, Nishi y todo lo acontecido en tan poco tiempo.


El pelirrojo volvió por fin de trabajar y nada más quitarse la chaqueta se dejó caer sobre su mullido colchón. Trabajar en una de esas tiendas abiertas las veinticuatro horas era realmente duro y más si te tocaba el turno de noche.

Se desató la coleta que le agarraba el pelo y dejó que se desparramase libremente sobre la almohada. Se sentía bastante extraño y no lograba entender el porqué.

Aquella noche había sido como otra cualquiera: la clientela habitual, reponer los artículos habituales, escribir en las pegatinas los precios habituales… pero algo se sentía raro en todo aquello. Durante toda la noche había sentido un horrible nudo que le oprimía el pecho y un vacío más horrible aún en el corazón. Sentía que le faltaba algo, algo incluso más importante que su vida.

Pero no lograba recordar qué podría ser aquello.

Sus compañeros habían actuado algo extraño con él, pero tampoco le dio mayor importancia. No recordaba haber hablado con ellos jamás y todos aquellos cordiales saludos a la hora de su llegada le dejaron tan descolocado que ni siquiera fue capaz de responder. Pero aquello no era lo que le hacía sentir mal, al fin y al cabo habían sido amables con él, aunque sus compañeros le importasen tan poco como el color de la ropa que se ponía. Por mucho que insistiera y forzase su memoria, no conseguía recordar qué era aquello tan importante que le faltaba.

Él jamás había tenido nada importante. No tenía dinero. No tenía familia. No tenía amigos. No tenía amor. Y no podía echar en falta nada de todo aquello puesto que, a su parecer, no te puede faltar algo que no has tenido jamás.

Inexplicablemente, sus ojos se llenaron de lágrimas. Quizás era debido a la frustración de no poder recordar aquello tan importante que le faltaba de un día para otro. La situación era, cuanto menos, extraña. Jamás había llorado y le pareció completamente incoherente hacerlo por algo que ni siquiera existía o había existido jamás.

Aun así, lloró toda la mañana ahogando su horrible llanto en la almohada, hasta que se quedó dormido con la cara empapada en sus propias lágrimas.


Hayato y Susumu habían intercambiado los números de teléfono el día anterior y no tardaron nada en quedar para compartir inquietudes.

Los dos coincidieron en varios aspectos sobre las misiones. A los dos les había agradado la experiencia y sin duda querían repetir. También coincidieron, por supuesto, en que los pechos de Nozomi eran absolutamente geniales. Una pena que no fuese mayor; si fuese una mujer adulta, ninguno de los dos desperdiciaría la oportunidad de estar al lado de una belleza como aquella, aunque fuese sólo en las misiones.

Hayato le comentó a Susumu que trabajaba en una de las muchas oficinas de Tokio y que su labor era ser el típico trabajador de oficina, con una monótona y aburrida vida de soltero. Las misiones eran, sin duda, algo que añadiría diversión y lo sacaría de la monotonía.

Susumu a su vez, contó que era experto en ordenadores y que, para su desgracia, no había tenido el placer de tocar a una mujer en toda su vida. El otro hombre intentó no reírse y animar a su nuevo compañero. Los dos se llevaban bastante bien y estaba claro que solo podrían contar el uno con el otro en las misiones, ya que los demás parecían no tener ni el más mínimo interés en ellos.

Aunque, bueno, quizás podrían convencer a Nozomi y sus increíbles pechos para que se unieran a su círculo de caballeros.


Notas de autor:

Sé que no ha sido muy largo ni especialmente interesante, pero sentía que era algo que debía hacer. Sé que prometí actualizar una vez cada dos semanas, pero me ha sido absolutamente imposible, ya que mi ordenador portátil murió y no he podido permitirme un ordenador nuevo hasta hace poco; además de todos los exámenes que tengo.

Sé que todo esto no es excusa, pero bueno, por fin he sido capaz de actualizar. Espero que os haya gustado el regalo a modo de disculpa que he dejado al principio del capítulo (sí, intento comprar vuestro perdón con cosas hot. Lo sé, es muy ruin xD), aunque no estoy del todo satisfecha con ello.

Siento que he sido un poco tacaña con la parte de Izumi, pero qué demonios, ya sabemos todos qué tiene este demonio en la cabeza las 24 horas del día.

Espero no haber sido muy pesada con mis oc (recuerdo que son sólo Shinji y Nozomi, los demás son personajes oficiales a los que les he incluido personalidad propia).

Gracias de nuevo a Katmai y a todos mis lectores.

N.