Disclaimer: Ron Weaasley y su obsesión por las Redvines son cosa de JK y de Starkid, lo que quiero decir es que nada me pertenece.

Capítulo 4: Cuando Neville y Ginny hablan de todo.

Neville sonrió ante la última frase pronunciada por Ginny, ambos compartieron una mirada cómplice. Hacía algún tiempo (unos cinco minutos, quizá seis) Neville había preparado el plan de lo que tendrían que hacer para conseguir vengarse de los Carrow sin que los pillaran. No sería fácil, pero las grandes cosas nunca lo eran, el chico intentaba constantemente reducir humildemente lo que hacía, pero si aquello salía como esperaba sería algo más que legendario. Y quizá les llevaría más tiempo del deseado pero aún así Neville había ideado alguna cosa para fastidiarles el jueguecillo a los mortífagos.

─¿Dumbledore le dejó la espada de Gryffindor a Harry, cierto?─ Cuestionó el chico con una sonrisa. Ginny y Luna solo pudieron reírse con suavidad al comprender las intenciones del chico.

Las semanas siguientes fueron prácticamente calcadas a los primeros días de clase: Neville y Ginny coleccionaban heridas como si de ranas de chocolate se trataran, Luna aprendió a callarse delante de los Carrow (su herida le había dejado una cicatriz para el resto de su vida en el brazo izquierdo) y los demás se habían mantenido a una distancia prudencial, como si no tuvieran muy claro si estar con ellos o no. Octubre había llegado y ellos seguían siendo los únicos locos que le plataban cara (a su manera) a los Carrow.


Por desgracia para Neville no había podido llevar a cabo ninguno de sus pequeños planes porque quería que todo saliera perfectamente. Tenía pánico de volver a ver a Luna, la pequeña y delicada Luna, sufriendo el castigo de uno de los Carrow. No podía mentirse a sí mismo, sabía que si no tuvieran a Luna con ellos le daría exactamente igual que los castigaran. Ginny era una de las mujeres más fuertes que el conocía, era capaz de montar una revolución ella solita. Lo cual lo llevaba a preguntarse por qué quería que él fuera el, por llamarlo de alguna manera, jefe. ¿Por qué? Pudiendo recurrir a Seamus que era mucho más valiente que él. A Terry Boot que era mucho más listo. Incluso a Zacharias Smith, que era un poco maniático (y a Neville le parecía muy insoportable) pero que desde luego era mucho más aplicado que él en todo. ¿Por qué Ginny le había confiado a él el liderazgo? Esa duda no dejaba a Neville en paz, en cada momento que tenía libre de clases y de perfeccionar el plan pensaba en eso. Trataba de encontrar algo que lo hiciera comprender. ¡Había estudiado el comportamiento de Ginny al más puro estilo Hermione! Y no había encontrado nada, absolutamente nada.

Esto último nos lleva a un Neville que se había saltado el toque de queda sin darse cuenta siquiera, lo cual era un poco triste porque el castigo que se iba a llevar si lo pillaban fuera de la cama no sería agradable, desde luego. El joven llevaba caminando cerca de media hora por los pasillos del segundo piso.

─¡Neville! ¿Qué haces aquí?─ La voz de Hannah Abbot, ligeramente preocupada lo sacó de sus pensamientos. El chico se giró para encontrarse con la Hufflepuff. No eran especialmente cercanos pero Neville lo había sentido realmente cuando ella había perdido a su madre a manos de los mortífagos. Era horrible todo lo que habían hecho los mortífagos y simplemente porque la madre de Hannah era hija de muggles. Desde entonces la siempre sonrojada Hannah se había vuelto pálida y apagada. Había sido realmente guapa en quinto curso, con sus sonrojos cada vez que hablaba con él (Neville creía que era sumamente tímida, desde luego) y sus sonrisas pequeñas.

─Estaba dando una vuelta pero creo que ya no es hora, ¿cierto?─ Cuestionó el chico con una sonrisa, le dolió: tenía una herida a medio curar en la mejilla derecha. La chica abrió los ojos dándose cuenta del estado del rostro de Neville. Golpes y cortes. Definitivamente nunca se acostumbraría a ese estado (y eso que en esos momentos era un genio de los hechizos curativos).

─Morgana, ¿Neville, qué te ha pasado?─ Hannah se había acercado más de lo que Neville consideraba cómodo.

─Creo que la mayor parte ha sido en estudios muggles, Amycus me cae bastante mal y se me hace bastante insoportable pero Alecto también ha tenido su parte.─ Respondió el chico encogiéndose de hombros. ─¿Qué haces aquí, Hannah?─

─Tengo ronda de prefectos esta noche, tuviste mucha suerte de encontrarte conmigo, la profesora Sprout estuvo a punto de cargarle la ronda de hoy a Malfoy y a Parkinson.─ Dijo ella, aún con la mirada fija en sus heridas. Neville se sentía realmente incómodo, había algo en la mirada de Hannah que no era exactamente pena, si no algo más. Y no estaba seguro de que le gustara. ─Te acompaño a tu Sala Común, me sentiría muy culpable si alguno de los Carrow te pillara por el camino.

Neville simplemente asintió, sintiéndose aún incómodo con la chica, había algo entre ambos que no sabía identificar claramente. Me mira... me mira como yo miraba a Ginny. El joven Longbottom se dio cuenta de que se estaba poniendo paranoico por nada, no era posible que le interesara a Hannah. ¿Ella no tenía algo con Ernie McMillan? ¿O Era con Justin Finch-Fletchley? En esos momentos no le habría desagradado tener el conocimiento de Lavender Brown respecto a esos temas.

─¿De verdad quieres volver a abrir el E.D?─ Preguntó Hannah, parecía que le había llevado algún tiempo decidirse a preguntarle eso.

─No es lo que yo quiera o no, Hannah, se trata de lo que es correcto.─ Respondió Neville, pasándose una mano por el cabello, en señal de ¿cansancio? Lo cierto era que había mantenido esa conversación incontables veces con Seamus o con Ernie McMillan pero siempre acababa igual: con un Neville muy enfadado y controlándose para no gritar que le importaba poco o nada lo que ellos opinaran. Es mi vida y quiero hacer algo con ella.

Hannah detuvo a Neville cogiéndolo por la manga de la túnica antes de que entrara en la Sala Común, el chico se giró mirándola con curiosidad. Ella se sonrojó furiosamente antes de hablar:

─Neville, no necesitas arriesgarte tanto para hacer lo correcto. Y... bueno... yo... Yo había pensado que si no os molesta a ti, a Ginny o a Luna... a mí... me gustaría ayudaros. Soy prefecta y os puedo pasar las rondas en las que estén los Carrow. Y... bueno... ahorrarte más heridas. Si quieres. Si no... da igual, en serio. Es decir, no te molestes en decirme que soy una carga de verdad. Si yo lo hago por ayudar y...─ La chica se interrumpió, creyendo que había dicho demasiado de golpe. Se sonrojó aún más, de ser posible, y Neville no pudo hacer otra cosa que esbozar una sonrisa suave.

─Tranquilízate, Hannah. Toda ayuda es bien recibida, es bueno saber que no somos los únicos locos en el castillo. Sobretodo viniendo de alguien que no sea Gryffindor, al parecer todos tenemos un gen que nos impide ser objetivos y responsables.─ Le dijo, con una mano en su hombro. Se despidió de ella y estaba a punto de decirle la contraseña a la Señora Gorda (gracias a Merlín ya no tenía problemas para recordarla).

─¡Neville! Una cosa más...─ Exclamó la chica, que no se había movido un milímetro. El Gryffindor se giró levemente, enarcando ambas cejas.─Procura... procura que no te hagan tantos cortes. Te ves mucho más... mucho más... Mucho mejor sin ellos.─

¿Qué...? Antes de qué Neville pudiera poner su conocidísima cara de desconcierto Hannah hizo un gesto con la mano y se marchó como alma que lleva el basilisco. El chico negó con la cabeza mientras murmuraba esperanza, a veces no tenía muy claro el porqué del comportamiento de algunas personas (específicamente Hannah y Luna) con él. Estaba demasiado agotado como para reparar en ello, sólo quería dormir y tratar de olvidar que estaban en guerra. Y que tenía la cara llena de cortes. Y que no le apetecía nada seguir luchando por una causa perdida (aunque él seguiría luchando... hasta la muerte si era necesario).


Mientras tanto en la otra punta del castillo, más concretamente en las mazmorras, Ginny Weasley se intentaba dirigir a toda velocidad a la Sala Común. El profesor Slughorn la había rescatado de otro castigo con los Carrow pero se lo había cobrado pidiéndole que le ayudase a limpiar algunos calderos. ("Querida Srta. Weasley, espero que no le moleste lo más mínimo".) Por consiguiente se había pasado las últimas dos horas limpiando, a modo muggle, calderos de estudiantes de séptimo porque "este tipo de manchas no salen con un golpe de varita. ¡Merlín lo quisiera!". Pero no se quejaba, estaba harta de perder sangre tan a menudo ¡era como si tuviese un amigo vampiro! (solo que sin los beneficios de... bueno, tener un amigo y no soportar a los Carrow). Le dolían las manos, el cuello por la posición en la que había estado, los ojos por los productos de limpieza. Era todo un asco.

Y desde luego no mejoró cuando chocó con alguien (un chico, por lo que ella pudo sentir antes de chocar contra la piedra del suelo. Maldijo, de manera que si su madre estuviera allí la castigaría al menos durante un par de años. Levantó la mirada y se encontró con la corbata de un Slytherin. ¡Qué situación más cliché! Chica buena choca con chico malo, chico malo sonríe y la ayuda a levantarse caballerosamente, chica buena se enamora, chico malo se acuesta con la chica buena y se enamora, chica buena y chico malo se enfrentan al mundo y se casan y tienen miles de hijos. Horrible.

Por suerte para Ginny, ella no era una chica buena del todo y, bueno, el chico con el que chocó no era maléfico. Ella no tenía muy claro como se llamaba pero sabía que era del curso de Neville. Por supuesto no esperaba que la ayudase a levantarse, ni esperaba que se le quedase mirando como si fuera una cosa interesante. Era raro. No era una mirada de interés como la que le dirigía otros chicos, estudiándola, era más bien el tipo de mirada que se ve en alguien que está estudiando un hechizo sumamente extraño y útil.

En cualquier otro momento Ginny le habría espetado que dejara de mirarla así pero estaba demasiado cansada para eso. Hizo lo que haría cualquier persona que estuviera en su situación: se marchó y siguió caminando como si no hubiera sucedido nada.

─Weasley─. La voz del chico, áspera y seca, la hizo pararse en seco. Sin embargo se giró, no estaba tan cansada como para no estar alerta. Hizo un gesto, irritado, y murmuró algo así como "¿por qué a mí, por Merlín?"

─¿Quieres algo de mí?─ Cuestionó, sacando la varita sin intentar parecer discreta.

─Muchas cosas, algunas que tú no querrías darme. Pero, ¿en este momento? Me gustaría ofrecerte a ti y a Longbottom un poco de mi ayuda. ─ Ofreció el Slytherin de nombre desconocido. ¿Blaise Zabini? ¿Blaise Zanguini? Algo por el estilo... Estaba siempre en el grupo de Malfoy pero tendía a no meterse en líos. Era el que se mantenía atrás mientras sonreía con suficiencia, creyéndose superior. Y además, había asistido a las reuniones de Slughorn con una cara avinagrada la mayor parte de las veces.

─Lo lamento, me parece que te has equivocado, nosotros no hacemos nada que requiera tus... servicios.─ Respondió ella, con simpleza. No era idiota, sabía que no tenía que fiarse de nadie. Especialmente de un Slytherin, no era por ser racista pero ella no tenía registros de ninguno bueno. Excepto de la madre de Tonks. (La excepción que confirma la regla, por supuesto). Dando por finalizada la conversación, Ginny se giró y siguió andando como si él no le hubiese dicho nada.

─¡Weasley! ¡Weasley!─ El chico tiró de la manga de la túnica de Ginny y esta, era hermana de Ron después de todo, saltó alejándose lo más que pudo. Ginny abrió los ojos como si el contacto le hubiese quemado.─¿Qué puedo hacer para que creas que estoy... bueno... de... vuestra parte?─ Parecía que el chico era sincero. La sonrisa que había tenido durante su extraño encuentro se veía tensa, casi diría que la mantenía como una especie de defensa.

¿Por qué siempre acababa cayendo como una tonta en los que parecían buenos? Eso era lo que había matado a los padres de Harry. Eso era lo que había matado a muchas personas a lo largo de la historia. ¿Por qué ella debería ser distinta? Y, contra todas sus convicciones, Ginny Weasley, la menor de esa familia, tragó saliva y le preguntó algo que cambiaría el curso de lo que debería haber sido una resistencia con sólo tres casas. Las de los buenos.

─¿Por qué debería creer que me dices la verdad? No te conozco.

─Weasley no te voy a confiar mi vida, sólo te diré que hay una persona que me importa que saldría beneficiada con el fin de esta absurda guerra. Y sé que vosotros mantenéis contacto con Potter, todo lo que lo ayude a vencer al Señor Tenebroso será bueno para mí.─ Le dijo, con una superioridad tan falsa que incluso ella lo había notado.

¿Qué había detrás de sus palabras? ¿Qué era lo que ocultaba su rostro? ¿Por qué quería ayudarles? ¿Lo quería o simplemente le estaba tomando el pelo? Ginny, sin darse cuenta apenas, murmuró:

─¿Quién?

─No te lo puedo decir Weasley, para eso primero tendríamos que maquillarnos juntos por la noche mientras hablamos de chicos. Y me da a mí que no estamos en esa parte de la relación.─ Le dijo, mientras le enseñaba una sonrisa que pretendía ser irónica, el típico bromista sarcástico, bueno, al menos ya no era el típico chico malo.

─Si no me dices quién es no te podré creer, por lo que no te podré aceptar como ayuda; Harry no derrotará a Voldemort y ella sufrirá una muerte aterradora a manos de un mortífago.

El joven (¡Ginny seguía sin saber su nombre!) perdió la sonrisa y murmuró algo incomprensible.

─¿Qué dices? No tengo el oído de un hipogrifo.

─Parkinson.

Desde luego esa no era la respuesta que Ginny esperaba. Ella creía que se trataba de alguna Hufflepuff o incluso alguna Gryffindor pero ¿Pansy Parkinson? Esa era la última persona que ella habría creído posible. Además, ¿no tenía algo con Draco Malfoy? Porque si había algo en lo que estaban de acuerdo muchas chicas de su curso era que esa relación era un desperdicio.

─Pero... ¿por qué? Es decir...─ ¿piensas dejarme a medias de la historia? ¿sin la parte morbosa? Completó Ginny en su mente, evidentemente no iba a decir algo así en alto, no era tan maleducada.

─No, Weasley, me temo que no. Pediste una historia y la tienes. Pediste un nombre y también lo tienes. Si no te fías de mí pregúntale a Longbottom cómo me comporto en clases y ya verás como a mí tampoco me gustan los Carrow. Si luego todo eso consigue hacerte entrar en razón... Bueno, hazme una señal.─ Antes de que Ginny pudiera volver a abrir la boca para intentar sonsacarle algo de información, el chico había hecho el amago de irse.

─¡Espera! ¡Aún no sé tu nombre!─ Ginny no gritó, pero, a esas horas hablar en voz un poco alta ya era demasiado.

─Blaize Zabini, para servirte.

Ginny asintió y, un poco desconcertada, se marchó a toda velocidad a su sala común. No estaba en sus planes ser castigada por los Carrow y Zabini había tomado unos segundos preciosos de su tiempo.

Tendría suerte si no la pillaban de camino a la Torre de Gryffindor.


Y, efectivamente, tuvo suerte. No se encontró con nadie, ni siquiera con un fantasma. Era extraño pero desde que los Carrow estaban allí los fantasmas nunca bajaban al Gran Comedor ni estaban en los primeros pisos del castillo. Hacía mucho que Ginny no veía a Nick casi-decapitado y si no fuera porque estaba segura de que los fantasmas no podían morir se preocuparía muchísimo por él.

Casi se olvidó de Zabini pero el chico seguía presente en sus pensamientos, no sabía que pensar de él y se preguntó si podría esperar al día siguiente para contárselo a Nev. No. No podría dormir si no compartía sus inquietudes con su mejor amigo. Era sorprendente lo mucho que se había distanciado de sus compañeras de curso ese año, ellas estaban asustadas (ella también, eso sería imposible de negar) y eran sumisas. No abrían la boca cuando un Carrow les hablaba. Y fingían que todo iba bien, chillaban más fuerte que antes, intentando así olvidar. Por primera vez en su vida, Ginny las había visto hablando de maquillaje como si fuese lo único importante en sus vidas. Estaban asustadas. Y no se veían capaces de luchar por nada. No se daban cuenta de que el valor no es la ausencia del miedo, si no la única manera de vencerlo. No era fácil, pero era lo único que les quedaba, su valentía y su orgullo Gryffindor.

Tan perdida en sus pensamientos como estaba se dio cuenta de que estaba justo en frente de las escaleras para subir a la habitación de Neville. Pero ¿cómo iba a ir a verle sin que Seamus se diese cuenta? No quería tener mirones en esa conversación tan importante que iba a mantener con Neville. Era vital saber que se equivocaba con Zabini (o no). Y aunque el lo conociera exactamente lo mismo que ella, al menos podría compartir con alguien sus pensamientos. (Eso nunca estaba demás, a decir verdad).

La chica se dirigió silenciosamente a la habitación de Neville y Seamus, por lo que ella sabía el segundo tenía un sueño frágil, pero creía que con un muffiatus bastaría para no despertarlo. Caminó sigilosamente hasta la cama que tenía las iniciales N.F.L. y abrió las cortinas.

Neville parecía todo un niño mientras dormía, lo único que lo diferenciaba de uno eran, sin duda, todas las heridas que le adornaban el rostro y los brazos. Definitivamente los Carrow eran un asco. Ginny se mordió los labios, reflexionando sobre lo mal que se sentía por interrumpir su sueño.

─Nev, Nev. ─ Ginny sacudió el hombro de su mejor amigo ligeramente, temiendo asustarlo.

─Abuela... déjame un poco más... quiero dormir...─ Se quejó Neville con una voz que imitaba la de un niño pequeño (aunque por aquel entonces ya tenía una voz grave y fuerte). Ginny sonrió mientras lo sacudía un poco más fuerte, ciertamente Neville era como un Ron, pero sensible y menos perezoso.

Neville abrió los ojos con cuidado, como si esperara engañar a alguien para seguir durmiendo, hasta que vio a Ginny sentada en su cama.

─Ginny... ¿Sabes que hora es?─ Se quejó, mientras se desperezaba, consiguiendo así seguir pareciendo un niño pequeño y mimado.

─No tengo la menor idea. Pero no te vas a creer lo que me ha pasado cuando venía hacía aquí...─

Y Ginny le contó con pelos y señales (Sí, le habló del pelo cortísimo de Zabini, intentando que el chico recordase cómo era su compañero de clase) lo que le había sucedido. Neville pasó de desconcertado a desconfiado en un par de frases. Y cuando Ginny le contó lo que Zabini "sentía" por Parkinson y Neville la interrumpió con un exageradamente alto "¿Qué dices?" ella lo ignoró y siguió explicándole que tenía miedo de equivocarse pero que quería confiar en él

─Creo que está bien. Mientras venía aquí pensé que quizá podríamos intentar confiar en él, ¿sabes? Dumbledore siempre dijo que deberíamos unirnos entre casas y así sólo nos faltaría tener un aliado Hufflepuff y ambos sabemos que eso será cuestión de tiem...─ Ginny se interrumpió cuando vio que el chico se ponía repentinamente rojo.─ ¿Nev? ¿Nev por qué estás así de rojo? ¡Puedo verte incluso con esta luz, por Merlín!─ Ginny sonrió, conocedora, cuando comprendió que posiblemente una Hufflepuff rubia y con tendencia a sonrojarse podía tener la culpa del estado avergonzado de Neville.─¿Hay algo que quieras comentarme sobre Hannah Abott? ¿Algo sobre su dulce cabello rubio a la luz de la luna? Cuando te dije que ibas a tener suerte en este curso no pensé que te darías tanta prisa.─ Bromeó, consiguiendo que Neville la fulminase con la mirada. Ginny se recostó a su lado, la cama de su mejor amigo era realmente tentadora y ella estaba bastante cansada, a decir verdad.

─No es lo que crees, malpensada. Es que Hannah me dijo que quería ayudarnos con lo que sea que estemos haciendo.─ Refunfuñó Neville, mientras se volvía a tumbar en la cama, estaba algo irritado por los pensamientos de Ginny, básicamente porque tenía razón. Entonces el chico recordó el porqué de la visita de su mejor amiga a esas horas intempestivas.─Gin, ¿de verdad quieres confiar en Zabini? Es un Slytherin y créeme, los rumores que hablan de él no son precisamente halagüeños.

─Neville, él puso esa cara, antes de decir la verdad tenía la cara de incomodidad que tiene Harry cuando no nos quiere decir algo que tiene que ver con Voldemort.─ Le explicó, intentando no ser demasiado sentimental. ¡Ya había estado demasiado tiempo así y no quería volver a caer!

─Gin, imagínate que es una trampa, imagina que es todo para que los Carrow nos puedan controlar. Imagina que Luna vuelve a ser castigada o incluso Hannah. No te ofendas pero si solo fuéramos tú y yo me daría igual que nos castigaran o nos torturaran pero ellas están hechas de otra pasta. Luna es casi etérea y Hannah es demasiado dulce como para sufrir algo así.─ Neville estaba muy cansando y no le apetecía discutir con Ginny, tenía sueño y quería zanjar el asunto de Zabini cuánto antes.

─Neville, ¿y si es verdad? ¿Y si Blaise Zabini nos confió su verdad para salvar a Parkinson?

─¿En qué podría beneficiar a Parkinson que la guerra acabase? Ahora mismo sólo está con Malfoy y si la guerra acaba él posiblemente empiece a quererla por su gran preocupación mientras estaba mal.

─¿Te fijas mucho en los Slytherin, no? Pero creo que él simplemente quiere que ella esté feliz, aunque no sea junto a él. Lo que lo hace un amor mucho más Slytherin.

─No tengo nada mejor que hacer en clase de los Carrow. Y no lo sé, no lo entiendo, Gin.

─Neville, en serio, hagamos una cosa: confiamos en él para hacer un par de cosas y si nos delata caemos tú y yo y si no lo hace ¡tenemos un infiltrado entre las serpientes! Vamos. Los que desconfían son los demás, los que creen que estamos equivocados son los demás, tú, Luna y yo somos los únicos que podemos estar allí. ¡Somos los únicos que aún tenemos esperanza en Harry, joder! No podemos desconfiar de alguien sólo por el color de su corbata. ¿Y sabes por qué? Porque es lo que ellos hacen, desconfían como animalillos asustados. Son idiotas. ¡Se ridieron antes de luchar! ¿Por qué crees que tú y yo somos los únicos castigados prácticamente a diario? ¿Por qué crees que todos nos miran de reojo y murmuran que somos unos suicidas? ¡Son cobardes! Y de las demás casas está bien pero ¿te parece normal que los Gryffindor sean los primeros en callarse? ¡¿Puedes creer que incluso Collin se calla? Yo no. Y por eso vamos a confiar en Zabini.

─¿Estás diciendo que debemos confiar en Zabini para demostrarle a los demás que estamos mal de la cabeza?

─Sí.

─Vale, vale, ahora déjame dormir.

Ginny suspiró, estaba agotada y su habitación quedaba a millas de allí. En cuando había Neville había aceptado su locura, había perdido toda la fuerza de voluntad. Solo quería quedarse allí y dormir. Bueno, solo iba a cerrar los ojos un par de segundos. Solo un ratito.

Y así, nuestros héroes se quedaron dormidos, nunca en sus vidas habrían creído ser compañeros de cama, desde luego.


Ahora mismo estoy sufriendo mucho. ¿Y sabéis por qué, queridos lectores? ¡Pues porque cada vez que escribía una escena de Ginny/Neville, Hannah/Neville o Ginny/Zabini los veía como pareja! El mundo es horrible conmigo. Y lo peor es que cada vez veo más posible el Ginny/Neville. En cualquier caso voy a poner a Gin de co-protagonista porque es... eso, la co-protagonista. Bueno, en el próximo veremos a Luna molestar a los Ravenclaw de manera que todos se sientan culpables,^^.

¿A qué no os esperabáis lo de Zabini? Bueno, espero sinceramente haber logrado algo especial en este capítulo porque realmente me encantó escribirlo. Esa escena total y absolutamente de amigos de Ginny y Neville me pareció preciosa, aunque yo estoy un poco loca, qué le voy a hacer.

¡Espero que no hayáis tenido problemas con el expreso de Hogwarts! ;)

Nos leemos,

OrPunto.