Nadie

Cuando se fueron, estaba escondida debajo de la cama y había sobrevivido de milagro. Pero ellos dijeron que Nadie quedaba vivo y ella en su amargura, picándole con cierta gracia, se dijo que ahora ese era su nombre. Que ella era Nadie, la que vengaría sus muertes.

Ahora es Nadie quien se tropieza y cae sobre ella, maldiciendo su suerte y negando su torpeza, culpando a Ellis por entrometerse en su camino, vestida como una camarera de Amigo Taco y sus ojos que están vacíos de toda perversidad, los senos de niña sin desarrollar apretados contra los suyos que casi siempre están a punto de escaparse del sostén. "¿Nadie está ebria?", le pregunta Ellis, sonriendo a penas y Nadie sabe que tiene razón: está muy borracha, pero no de alcohol, sino de perfume de niña, y calor. Nadie lo está. Nadie, así que sacude la cabeza y se aparta con dificultades. Ellis está riendo. Y no nota la única lágrima por el recuerdo que le ha traicionado al resurgir otra vez.