El fic aquí se vuelve a poner suave lectores, al menos en estos capítulos, luego volveremos a la acción de piratas y del sexy sireno con gusto de cejones :3 por ahora haremos un recuentro con lo que pasó hace unos años atrás, la verdad pronto será totalmente revelada -que película sonó eso lol- :D

El pasado si es doloroso no se olvida, pero este no era el caso de ese feroz pirata y aquel bipolar sireno. Porque no todo es lo que siempre parece, porque detrás de una persona realmente cruel y despiadada quizá había un chico que amó y que le rompieron el corazón. El mundo es verdaderamente pequeño.

Hace mucho tiempo esta historia existió, la de un chico, Arthur Kirkland. Su familia era pobre, muy pobre. Su padre lo había abandonado junto a su madre en una rustica casa para probar suerte con los mares siendo "pirata" mientras su madre, desolada, hacía de todo para poder mantener a flote la inestable familia.

–Estúpidos ricos…–pateaba una lata. Su expresión era seria, de ojos verdes y algo mal vestido, pero bastante bien para el nivel de pobreza que lo consumía.

No era un chico adorable en su totalidad, ni siquiera llegaba a serlo, su expresión estaba marcada por una vida difícil y todo su ser era rudo y hasta esquivo con la gente que tratara de despreciarlo. Estaba en las concurridas calles del comercio, viendo los libros. Kirkland cual era su apellido tenía un pequeño y culposo defecto, él amaba los libros.

Simplemente los adoraba, su fuerte cubierta, la hermosa manera en que se explayaba la gente al escribirlo. Uno que otro libro usado, viejo y arrojado a la basura ese chico lo leía con esmero y había uno allí en el centro de la tienda más famosa de libros que clamaba porque él lo leyera, se revisó los bolsillos con incluso pena. Nada saldría de éstos. Una pelusa salió como si caminara y unos cuantos porotos, ninguna monedita siquiera. Pateó nuevamente la piedra con enojo hasta que sintió a un chico tocarle la espalda, era un hermoso joven de ojos azules, dio un respingo amargo queriendo quitar esa mano con violencia, pero éste sólo avanzó pasando de él directo a la tienda, Arthur lo observó con cautela de gato, sin perderlo de vista.

–¡Mi libro! –vociferó al ver que sacaba el libro que él deseaba tener en sus manos.

Le entraron celos, muchos celos, incluso estaba pensando en hurtárselo sin que se diera cuenta, era un tonto e ingenuo chico rico o al menos eso parecía, pero éste salió y sus miradas se juntaron.

–Para ti…–le arrastró el libro desplegando ambos brazos mientras sonreía grande, animado y vigoroso.

La cara de Arthur Kirkland era de foto, tenía un ojo entrecerrado con una mosca apunto de llegar a su retina, la boca abierta y los hombros caídos hacia delante, todo eso porque no entendía que sucedía, ese chico estaba comprando y de un momento a otro llegó frente a él a entregarle ese libro ¿todo eso había pasado cierto?

–¿Quién eres? –

–Alfred F. Jones y tú–

–Arthur Kirkland…–respondió esquivo.

El inglés hizo un gesto un tanto desconfiado fregando suavemente la cubierta del libro al tenerlo en sus manos y mirando de reojo al supuesto chico de nuevo.

–¿Por qué me lo das? –

–Porque vi en tu cara que deseabas tenerlo–

–¿Crees que me voy a tragar esa? –rió el chico con superioridad, sabía más de calle y gente mala que toda la que podría haber visto ese muchacho de azulada mirada.

–Tienes razón, mentí–sonrió con dulzura. –La verdad me pareciste lindo… muy lindo, me gustas–

El británico abrió los ojos y retrocedió un poco ¿en que contexto estaba usando la palabra "gustar"? ambos eran hombres, era imposible que de la otra manera, pero también era imposible que le agradara su presencia, estaba obviamente peor vestido que el chico y tenía unas enormes cejas de nacimientos -las cuales ya no odiaba- eran muchas mentiras para ese tipo, empezó a desconfiar.

Los dos seguían caminando, Alfred cual era su nombre no dejaba de mirar al inglés, intrigado, como si de una especie nueva y a la vez en extinción se tratara.

–¿Sabes que te puedo atacar y robar todo lo que tienes? –preguntó casualmente el anglosajón.

–¿Por qué eres de otra clase social? Claro, lo sé. –

–¿Entonces por qué me compraste el libro? ¿por qué no huyes? –

El americano hizo una pausa deteniéndose de golpe, el inglés volvió a ponerse a la defensiva, no confiaba en los ricos y menos en sus mimados hijos. El chico no hizo nada, se quedó allí parado observándolo para luego sacar un bolígrafo negro de su bolsillo. –Te lo escribiré, acércate…–

–Sólo dímelo, idiota…–suspiró.

–Así no tiene brillo…–hizo un berrinche.

El mayor suspiró con creces, al menos le habían comprado un libro, debía mostrar algo de "caballerosidad" aunque debía carecer de ella por su condición de vida, pero había aprendido que ser bueno no va en las clases sociales, aunque muy pronto ese pensamiento se vería destruido justamente por ese chico de hermosa sonrisa.

Pasó el brazo mientras sentía como le arremangaban la manga y escribían con suavidad, le dio un pequeño cosquilleo pero decidió ignorarlo, luego el chico volvió a bajarlo sin dejarle leer.

–Léelo cuando llegues a casa…–

–¿Qué te hace pensar que no lo haré antes, niñito bueno? –

–Porque me lo prometiste y yo siempre creo y cumplo mis promesas. –

El inglés levantó una ceja curioso ante el muchacho que le sonreía tontamente, está bien, no leería la maldita porquería. Como si le importara mucho la verdad. Dobló las cejas y se despidió levemente de ese joven llamado Alfred, aquel que le había comprado ese libro que tanto deseaba. El muchacho no se movió de allí, siempre que Kirkland volteaba la vista allí estaba y por alguna razón extraña, Arthur se lo imaginaba sonriendo.

Al llegar a su casa realmente se sintió un tanto estúpido, como un crío incluso.

–Ese chico… –carraspeó la garganta. –¿Por qué mierda le hice caso? –

Estaba recostado sobre su cama y aún no leía la supuesta razón que tendría el chico rico para comprarle el libro, se levanto la manga con suavidad para torcer su cabeza un poco y comenzar a leer. Cuando lo leyó botó su libro al suelo de la sorpresa.

"Realmente me gustas y de ese me gustas, estoy enamorado de hace tiempo de ti chico misterioso, espero verte pronto"

Eso decía, Arthur le faltó poco para dejar de respirar y no por la estúpida cursilería, sino lo aberrante que era que un chico desconocido, rico y mimado se enamorara de él. No lo veía posible, pero algo lo intrigó. A él no le gustaban los hombres, jamás lo hicieron, estaba seguro que entre él y ese joven no pasaría nada pero algo en su pecho molestaba, como queriendo verlo de nuevo y aunque Arthur no lo supiera en ese preciso instante desconcertado aprendería a querer con ese chico, a amar e incluso sufrir. Aquí empezaba su extraño amor.

Esta historia continuará…

N.A: Su historia antigua tiene sólo dos capítulos -o máximo tres, lo que haría de este fic un capitulo más largo- este y el próximo supuestamente donde llega al desenlace su historia y comprenderán todo lo que paso. Más de alguna persona debe darse una idea creo :3 eso por hoy, les tendré el próximo capitulo lo antes posible. ¡USxUK forever!

PD: Gracias a Solitudely :D