Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes.

Advertencias: Rated M, historia para mayores de edad. Si eres menor y lees, es bajo tu responsabilidad. Si no te gustan los Lemmons, no lo leas por favor.


Colgué el teléfono sin creerme aún lo que había pasado. Respiré hondo varias veces, intentando tranquilizar mi respiración, y me senté al pie de mi cama para no caerme de bruces en el suelo, que estaba muy segura de que iba a suceder. Nerviosa era poco para describir como me sentía.

Parecía como si tuviera un nudo en el estómago y no me dejara respirar bien, pero en cambio creaban una sensación extraña, como si mariposas volaran por el, haciéndome cosquillas. Unas cosquillas agradables, impacientes, como yo. Incluso me sudaban las manos un poco, y pese al calor era una reacción exagerada. Miré el teléfono que se encontraba en mi mano derecha, y sonreí apretándolo a mí, como si el hubiera hecho este milagro, como si fuera el culpable de que viniera.

Yo sé por qué me pasaba esto. No era muy difícil saberlo después de todo. Edward, después de seis largos meses, volvía a casa, ¡por fin!.

Bueno, cuando digo a casa, me refiero realmente a su casa. Por supuesto que no vivimos juntos. Era el hermano de mi mejor amiga, y mi mejor amigo también. Nos conocíamos desde que éramos bebés, incluso tenía en mi cuarto una foto de los dos en pañales sonriendo a la cámara en primer plano, aún sin dientes. Me encantaba esa foto, siempre me había gustado. Para mí representaba algo muy importante, como si fuéramos a permanecer juntos desde que nos salieran los dientes hasta que se nos cayeran. Puede sonar algo asqueroso. Pero realmente quería pasar toda mi vida con él.

Como amigos, claro está.

Edward no tenía ojos para ninguna mujer. En realidad sí que los tenía, para cientos de ellas. Era un mujeriego total, muchas noches salía con alguna chica por ahí. Eso sí, era lo más discreto que te podías encontrar. Lo que pasara en el sitio que estuviera, sólo lo sabía ese sitio además de la chica. Era difícil saber cuándo había estado con una chica, él nunca lo decía y no le daba importancia a ninguna.

Gracias a dios, porque no creo que fuera agradable ver a tu mejor amigo cada día morreándose con una chica. Pero nunca tenía una relación, era más bien de una noche. Me extrañaba, con la gran persona que era, que cualquier chica no quisiera estar con él en una relación. Además, ¡era guapísimo! Lo tenía todo, deberían de ser muy tontas... Él me decía que no quería estar en serio con nadie tampoco, que a las chicas se lo decía desde un primer momento.

Se había ido a estudiar fuera, por todo un año. Larguísimo para mí. Estaba acostumbrada a pasar la mayor parte de tiempo en su casa, y aunque también con Alice, su hermana, con él. Pasábamos horas y horas juntos, pero no era algo que nos molestara. Era agradable pasar tiempo con él, más que agradable.

Miré a mi izquierda, donde se encontraba mi mesita de noche. Ahí estaba otra foto nuestra. Esta era más reciente, unos días antes de que él se tuviera que marchar. Nos la hizo el pequeño duende, alias Alice, sin que me diera cuenta. Él se encontraba sonriendo ampliamente, mostrando todos y cada uno de sus dientes, perfectos. El muy imbécil si sabía que nos la estaba haciendo. Sus hipnotizantes ojos estaban cerca, tan preciosos. Cerca del iris tenían un matiz verde oscuro, y después verdes esmeraldas. Había ocasiones en los que parecían casi negros, cuando se enfadaba, y a veces más claros, si le daba mucho el sol o si estaba muy contento. Se encontraban más claros, lo que era muy buena señal. Yo estaba abrazada a él, se podía apreciar mis manos agarrándolo firmemente de la cintura. No se me veía mucho la cara, pero se podía ver que mis ojos estaban cerrados, y mi cara reflejaba paz absoluta. Recuerdo que al segundo que echó la foto, al oír el click, me sobresalté, haciéndolo reír y fui a mirarla. Pero al verla, no pude borrarla, se veía tan nosotros que quería tenerla conmigo, y eso hice.

Cuando lo había echado de menos... Sólo lo pudimos ver en navidad, que vino a pasarla con todos nosotros. Estaba aún más guapo, y seguro que ahora lo estaba aún más. Además, había sido un año muy difícil para mí. Me enfadé con él cuando se fue, porque me había avisado dos días antes. Decía que no quería que lo parara mal, que quería disfrutar los últimos días. Me costó aceptarlo, pero lo hice. Realmente me conocía mejor que yo misma. Se le añadía que Alice y yo conocimos a una nueva chica, Rosalie, y nos hicimos amigas al momento. Aunque parecía fría como el hielo, era todo lo contrario. Ella nos presentó a su hermano, Jasper, y Alice se quedó colgada de él. Al poco tiempo estaban ya juntos, y parecía que llevaban toda la vida. Al poco tiempo también, Rosalie conoció al primo de Alice y Edward, y se llevaron fatal. Pero sorprendentemente, al poco empezaron a salir como si nunca se hubieran peleado. Era una relación amor-odio rara, pero intensa. Demasiado intensos eran.

Aunque ellas no me dejaban solas ni casi nunca, no podía evitar sentirme sola en muchos momentos, y más si al principio no tenía el apoyo de Edward.. Al verlas tan felices no podía evitar sentir un poco de envidia, sana, hacia ellas. ¡Lo tenían todo!

Por eso, tomé la decisión errónea que tomé. Cuando él se fue, había un chico detrás de mi, Jacob Black. Siempre lo había visto como un amigo, pero él parecía mirarme de otra forma, y cuando vi a las dos emparejadas, decidí intentarlo. Mala decisión. No podía dejarlo de ver como un amigo, y al poco tiempo, lo dejamos. Ahora la situación estaba algo difícil entre los dos. Él se sentía un poco hundido y rechazado y no se encontraba muy bien las veces que nos veíamos. Se lo contaba a Edward las veces que me llamaba por teléfono. Se reía y me decía que mejor, que ese "chucho" no me merecía para nada, que no le gustaba para mí, aunque también se preocupaba por si estaba bien. Era algo protector a veces. El caso es que cuando lo dejé con Jake, me sentí más sola aún. Ya no tenía si quiera al amigo con el quedaba si la parejitas decidían quedar solas. Alice intentaba dejarme sola lo menos posible, pero yo entendía que ella quisiera sus momentos con Jasper, no la privaba.

Además, era aún peor cuando ella decidía tomar alguna decisión, como la de invitarme a cenar con ellos y algún amigo con el que intentaban emparejarme. Cada cual peor, ya le tenía miedo a quedar con ellos.

Por suerte, Edward volvía, ya no tenía que sentirme así. Él era mi pilar, y no dudaba en quedarse conmigo en cualquier momento. Muchas veces había cancelado alguna cita con una de sus amigas por quedarse conmigo viendo una peli o saliendo a pasear a cualquier sitio. Era simplemente genial, el mejor amigo del mundo.

Solo pedía una cosa. Que llegue el viernes, por favor.


El ansiado viernes llegó.

Creo que me iba a salir sangre de la fuerza con la que me mordía el labio. Alice y su familia -Carlise, su padre; Esme, su madre- nos encontrábamos en el aeropuerto para recibir a Edward, quién debía de haber llegado ya, su avión tendría que haber acabado de aterrizar. No dejaba de mirar a la multitud a ver si me encontraba con una cabellera de color castaño rojizo.

"Tranquila" murmuró Alice, mientras pasaba, algo de puntillas, su brazo por mi hombro, "el imbécil de mi hermano tiene que estar al llegar".

"No estoy nerviosa." le susurré en respuesta, sonrojádome un poco. Pude ver por el rabillo del ojo como Carlise y Esme, a nuestro lado, me habían oído e intentaban ocultar la risa. Joder, ¡soy tan obvia...!

"Ya, ya." se rió el pequeño duende mientras miraba mi cara y la de sus padres.

"Lo echaba tanto de menos... no me creo que mi pequeño se encuentre aquí de nuevo." nos confesó Esme, y sus ojos verdes como los de su hijo estaban brillosos de la emoción. Esme tenía un vínculo especial con Edward, era su devoción. Él había sido su primer hijo cuando ella creía que no podía concebirlos.

"Ya está aquí." comentó Carlise, después de dejar de mirar con sus profundos ojos azules, como los de Alice, a su esposa con un cariño infinito. Ellos si que daban envidia. Después de tantos años, parecían recién casados.

Me puse en alerta nada más que escuché a Carlise, pude empezar a sentir el famoso cosquilleo por el nerviosismo. Giré la dirección hacía donde miraba tras decir eso.

Creo que el tiempo se congeló, o fui yo, no lo se muy bien. A unos veinte pasos, Edward venía hacia nosotros. Su pelo cobrizo habitualmente desordenado, lo estaba el doble, haciéndolo ver más rebelde. Tenía la cabeza alzada, mirándonos sonriendo, con sus ojos hipnotizantes de color esmeralda y su inconfundible sonrisa de lado, aunque parecía que no había dormido muchas horas. Las ojeras se le notaban a veces con facilidad. Llevaba sobre un hombro derecho, en la funda negra que le regaló el duende de su hermana, su inseparable guitarra. Con el brazo izquierdo arrastraba la maleta. Traía puesta una sudadera de color gris algo holgada, y unos pantalones de color negro. Como siempre, parecía un modelo.

Mi sonrisa se ensanchó tanto que yo pensé que me iban a doler las mejillas de lo estiradas que estaban. ¡Por fin estaba aquí! Y cada vez se estaba acercando más hacia nosotros...

Nada más llegar a en frente nuestro, se tiró a sus brazos Esme con los ojos llorosos. Él se carcajeó un poco sorprendido.

"Guau," silbó, riéndose aún, "vaya manera de recibirme". Aunque lo había escuchado varías veces por teléfono a lo largo de estos meses, su voz era más espectacular en persona. Era profunda, aterciopelada, muy masculina. La voz para cualquier locutor de radio.

"Nunca te vas a ir por tanto tiempo señorito", le reprendió Esme, con sus brazos alrededor aún de él, "no me puedes tener así".

"No me volveré a ir por tanto, mamá" le dijo, sonriéndole para tranquilizarla. Sus ojos se desviaron hacía mí, y su sonrisa se ensanchó. Yo seguía aún hipnotizada, seguramente seguiría sonriendo como tonta.

"Bueno, mamá," exclamó Alice, "¡me toca a mí!". Esme se apartó un poco sonriendo y Alice se tiró a sus brazos. Él le correspondió susurrándole "hola pequeño diablo" por lo que sus padres y yo no pudimos evitar reírnos. Alice le miró mal, "pues que sepas que se te ha quedado un acento inglés raro" le chinchó, sacándole la lengua. Es verdad, tenía un pequeño deje, se le habría pegado un poco.

Después, se acercó Carlise a él. "Encantado de volver a verte, hijo" le dijo, mientras le daba un rápido abrazo, emocionado. Edward le susurró un breve "igualmente", intentando no mostrarse afectado, mientras le devolvía el abrazo. Para él era muy importante que su padre le apoyara en todo.

Me tocaba por fin a mí. Se acercó y yo rápidamente me abracé a él, oliendo su aroma después de tantos meses. Como siempre, olía increíble. Era una mezcla de chocolate, menta, con muchas cosas más. Era un olor dulce pero masculino, además del olor de la colonia que llevaba. Lo achuché lo más fuerte posible que pude. "Hola a ti también" susurró muy bajito en mi oído, mientras se carcajeaba un poco. Me dio un beso en el pelo, y yo lo apreté aún más. "Yo también te he echado de menos".

Alcé mi mirada, para poder verlo de cerca por fin. "Hola", susurré tímidamente, mientras mis mejillas se ponían algo coloradas. Lo miré con nerviosismo a través de mis pestañas. Sus profundos ojos verdes me devolvían la mirada, perdiéndose con la mía. Me alcé un poco para verlo mejor y visualicé a sus padres y a Alice mirándome de manera pícara por encima de su hombro, y me pareció verlos algo más alejados de donde estaban antes. Me sonrojé aún más y él, al darse cuenta, se soltó de mi abrazo, no sin antes darme una última sonrisa.

"Bueno familia," exclamó mirándolos sin quitar la sonrisa en ningún momento, "vamos por fin a casa, necesito descansar un poco".


Estaba en su cuarto, después de tanto tiempo. No me creía que este momento fuera real. Tanto tiempo queriendo que él volviera, estar en esta situación... lo había echado de menos, mucho. Más de lo que pensaba.

Se estaba cambiando en el baño, poniéndose el pijama, mientras yo le esperaba. Me habia dicho que no me fuera. Esme, después de llegar a su casa, me había invitado a quedarme a cenar con ellos, y entre las ganas de estar con Edward de nuevo y los ojos de corderito de Alice, no pude rechazar aunque quisiera. Así que me había quedado a cenar, y justo en el momento de irme con Alice, que me iba a llevar a mi casa antes de irse con Jasper, Edward me pidió que me quedara un rato con él, que subiera a su cuarto. Tampoco pude negarme. Quería volver a pasar el mayor tiempo posible con mi mejor amigo, y hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Mientras se cambiaba, me puse a observar el cuarto como si fuera la primera vez que entraba. Estaba intacto. Claro, Esme debería de no haberlo tocado en el tiempo que Edward estuvo fuera. Su gran ventanal, que mostraba el bosque de detrás del patio de los Cullen. Era precioso ver el amanecer o el anochecer ahí, me encantaba pasar las horas muertas mirando el paisaje a través de su gran ventana. Su cama, perfectamente hecha, con unas mantas de color azul y blanco. Era de las camas más cómodas en las que había dormido, dormía mejor que en la mía. Justo al lado de la puerta, una gran estantería donde Edward tenía muchísimos discos y más abajo libros. Tenía todo tipo de música, y estaban clasificados por el año y por preferencia. Era algo maniático con su música. En frente de la cama, un escritorio donde se encontraba su portátil, que había soltado junto a su guitarra al pie de éste, y un gran reproductor de música. Se notaba que a Edward le encantaba la música, era su pasión. Además de tocar la guitarra, tocaba el piano. A un lado de la cama, cerca de la mesita de noche, otra mesita donde se encontraba la tele. Al otro un sillón, azul también. Las paredes estaban pintadas de un azul claro, que había pintado Esme cuando él se fue a Londres. Hasta el olor de su habitación estaba como siempre, oliendo a él. ¡y olía jodidamente bien!

"Veo que te sigue gustando mi cuarto" murmuró una voz aterciopelada a mis espaldas, y me sobresalté al no esperarlo. Edward se rió y me abrazó por detrás, apoyando su cabeza en mi cuello.

"Me encanta" le confesé, al recuperarme del susto, el imbécil se seguía riendo, "lo sabes" añadí, mientras él asentía con la cabeza dándome un pequeño beso en el. Suspiré por la sensación.

"He pensado..." empezó, dándome la vuelta para quedar cara a cara, sus perfectas facciones muy cerca. Su mandíbula cuadrada y fuerte con la barba incipiente, sus labios carnosos, sus densas pestañas, sus grandes ojos, sus pómulos altos. Era perfecto. "Que a lo mejor te gustaría pasar un tiempo aquí conmigo y..." continúo, mientras se pasaba la mano por el pelo y agachaba la mirada. Curioso, hacia ese gesto cuando estaba nervioso, "y contarnos cosas, no sé, pasar tiempo juntos como en los viejos tiempos".

"Claro que sí, tonto" acepté, mientras le sonreía. Me sonrió de vuelta, enseñándome su perfecta dentadura, mientras sus brazos rodeaban mi espalda.

"Te he echado tanto de menos que no quiero que te vayas tan pronto." me susurró, mirándome de manera cálida, sus ojos más claros de lo habitual. Buena señal. Sus ojos eran un libro abierto.

"Yo también." respondí con timidez, mientras me mordía el labio. Algunos mechones le caían por los ojos, y pasé mis manos por ellos para echarlos para atrás. Él cerró los ojos en el proceso, pero sus mechones, como de costumbre, se rebelaron y seguían en la misma posición.

"Tu pelo es imposible." me rendí, y él asintió a la vez que se reía entre dientes. Fue hacia su cama, echándose en la cama y dándole palmaditas, dándome clara invitación a que me tumbara a su lado. No tardé ni un segundo en pensarlo, y al momento me encontraba a su lado con sus brazos alrededor de mí, abrazándome a él.

"Te podías quedar a dormir, pequeña," sugirió, acariciando mi pelo suavemente. Mi cabeza estaba en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. "Ya sabes," añadió, "como en los viejos tiempos".

"¿Intentas que caía en tus redes, Cullen?" pregunté, "porque si es así, acepto." confesé de broma. Me reí y supe que él también de manera silenciosa, porque su duro pecho temblaba un poco.

"Así me gusta Swan," siguió él, "que con puedas aguantar a mis encantos".

Después de un par de caricias y achuchones, empezamos a preguntarnos sobre las cosas que nos habían sucedido a lo largo de todo el año, porque en Navidades apenas tuvimos tiempo para hablar, y por teléfono no eran más de unos minutos. Me contó que le había encantado estudiar medicina allí por un año y que se alegraba de haber terminado el tercer año allí entre otras cosas. También como era la gente allí, la comida, los datos curiosos. Yo, en cambio,le conté que a mi también se me había dado bien terminando el segundo año de periodismo. No quería ser gran cosa, sino periodista de algún periódico, informando sobre algún suceso importante, tal vez. Él me escuchaba interesado todo lo que le contaba y a mí me gustaba cuando hablaba, su voz me tranquilizaba y me llevaba a otro mundo.

"Bueno," comenzó él, queriendo sacar un tema que le pasaba por la cabeza, algo nervioso porque se pasó la mano por el pelo, "ahora que hay tiempo, cuéntame lo sucedido con el chucho" recalcó la palabra chucho, y yo no podía parar de reír por la cara que había puesto a la vez que la pronunciaba, con una mueca de asco.

Le conté, que me sentía sola, y que él era buena persona, estaba detrás de mí y decidí intentarlo. También le dije que no sentía nada con sus besos, y que por más que me forzaba por verlo como algo más, no podía, no me atraía. Le expliqué como lo dejé y que Jake me pidió tiempo, que intentó convencerme de que era lo indicado y no aceptaba mi rechazo. Intenté describirle mi sentimientos, que me sentía el doble de sola y que Alice no paraba de mandarme con chicos. Él me estuvo escuchando, abrazándome en momentos más delicados y riéndose de mí cuando le contaba las cosas que me hacía pasar su hermana con sus amigos. Estuvo más tenso cuando le describí como lo dejé, y murmuró algo como "que chucho más pesado".

"Entonces, si entiendo que no sentías nada cuando te besaba...," susurró mientras me acariciaba la espalda lentamente, de arriba a abajo, como llevaba haciendo la mayoría del tiempo desde que empecé a contarle mis penas, "debo imaginar que no hiciste nada, ¿no?" argumentó, pero realmente lo hizo para que yo le respondiera.

Mis mejillas cambiaron de color en ese mismo momento.

"Mmm..." murmuré patéticamente, "no, yo quería, pero..." balbuceé, no sabiendo como responder a la no-pregunta.

Lo sentí tensarse, y parar de acariciar mi espalda por un momento. "¿Querías?" preguntó, de una manera un poco más brusca. Me sorprendí, solía ser muy calmado y relajado, rara vez lo veía cabreado.

"A ver," respiré profundo para intentar explicarle bien lo que pasaba, "quería hacerlo, quiero hacerlo" lo escuché gruñir un poco bajo, no se porqué, pero quería seguir explicándome, así que continúe, "pero no con él. Quiero hacerlo en general" murmuré un poco más bajo, muerta de la vergüenza, y lo noté relajarse, volviéndome a acariciar la espalda, "tengo casi 20 años, creo que ya es hora. ¡Todos habéis tenido ya ciento de experiencias!" exclamé, "y yo sigo tan pura como siempre. A este paso, muero virgen" añadí, mientras tomaba un profundo suspiro. Lo sentí vibrar contra mí, intentando aguantarse la risa ¡él muy capullo se estaba riendo de mí!.

"Ni se te ocurra reírte," amenacé, mientras le daba un golpe en el pecho y refunfuñaba, escondiéndome más en su pecho por el bochorno que sufría en esos momentos.

"Lo siento," se disculpó a los segundos, su tono de voz era calmado, "no seas tonta. No vas a morir virgen," me dijo mientras me abrazaba por la cintura, su roce quemaba un poco. "Ya llegará tu momento," explicó, "ya verás. Eres preciosa y cualquiera querrá estar contigo. No es algo realmente importante" finalizó, mientas me daba besos por el pelo a la vez que lo decía.

"Claro, es muy fácil decirlo así, ya que no lo eres," suspiré, mientras alzaba la cara para mirarlo. Me encanta mirar sus ojos, "pero quiero hacerlo, quiero disfrutar cómo los demás hacen" refunfuñé, como si yo fuera una niña de cinco años, a la vez que pasaba mis manos lentamente por su mandíbula y él suspiraba cerrando los ojos.

"Hay muchos chicos que querrán tener algo contigo, Bella."

"Vale, supongamos que hipotéticamente es así" puso los ojos en blanco, "yo quiero alguien con quién aprender las cosas. Alguien que me enseñe" añadí, mientras bajaba un poco la mirada, "alguien con quién no fuera sólo un calentón. Vamos, alguien que fuera como tú" murmuré rápidamente, sacando todo el valor para decírselo. ¿Quién mejor que mi mejor amigo para eso? Había estado rondando esa pregunta por mi cabeza varías veces, pero nunca sería capaz de preguntárselo. ¿Y si me rechaza?, ¿y si cambia nuestra amistad?. No querría eso por nada del mundo.

"Bella, no seas absurda," suspiró, mientras alzaba mi barbilla, para mirarme a través de esos impactantes ojos verdes, "te mereces algo mejor." murmuró bajito, sus ojos oscureciéndose un poco.

"No soy para nada absurda," rebatí, mirándolo mal, "¿no tendrás un gemelo que no le importe, verdad?" pregunté riéndome, mientras él negaba con la cabeza.

"Eres imposible."

"Sería perfecto, Edward. Tendré que decirle a Esme que debería de haberlo hecho." añadí, intentando parecer seria.

"¿Le vas a decir a Esme que por qué no tuvo un hijo gemelo a mí para poder desvirgarte?" preguntó, carcajeándose echando la cabeza hacía atrás. Su nuez y su cuello eran muy apetecibles. "Yo no me pierdo eso por nada del mundo," siguió, sin parar de reír.

"¿Que crees que me diría?" le pregunté, uniéndome a sus risas. Me encantaba cuando se reía así, despreocupadamente. Él me miró e intentó ponerse serio, pero le delataba su sonrisa de lado.

"Mmm..." hizo gesto pensativo, "probablemente te diría que probarías suerte con el hijo que le queda." explicó, con un brillo especial en su mirada. No sabría explicarlo, pero me hacía sentir un cosquilleo extraño, agradable.

"¿Y tu estarías de acuerdo?" pregunté, sin apartar mi vista de él, queriendo saber su reacción. Se sorprendió un poco, "que mala soy. Utilizar al inocente Cullen para mis actividades sexuales, hasta ahora inexistentes."

"¿Hablas en serio?" me conocía demasiado bien. Sabía que esta broma no era del todo broma, podía notármelo. Soy muy pésima en esas cosas. Era ahora o nunca.

Asentí con la cabeza tímidamente, escondiéndome en su pecho de nuevo. "¿Quisieras perder mi virginidad conmigo? ¿Qué yo te enseñara?" preguntó, sorprendido aún. Yo me limité a volver a asentir con mi cabeza en su pecho.

"¿Estás segura?"

"Joder, parece un puto interrogatorio", contesté, muerda de vergüenza aún. "Si," suspiré, "ya se que es un poco loco," expliqué, "pero es que no puedo pensar en otra persona mejor para eso que tú. Sería muy especial para mí." sugerí, intentando convencerlo de alguna manera.

"Mmm" murmuró, supongo que no sabiendo que decir, "eso no cambiaría las cosas entre nosotros, ¿no?" dudó, con la preocupación potente en su voz. Manifestó el miedo que yo también sentía, pero no podía decirlo.

"¡NO!" grité, "vamos, por supuesto que no. No haría nada que cambiara nuestra amistad, ya lo sabes, eres mi todo," hablé rápidamente, y me di cuenta de lo que había dicho. Mierda.

"Déjame pensarlo," contestó finalmente, y yo alcé la cabeza para mirarlo. ¡Terco que es!

"Pero.."me cortó, y yo le hice puchero.

"Pero nada, solo pensarlo," susurró mientras me daba besos por la cara, suspiré de lo bien que se sentía sus besos en mi piel, "no es un no, pequeña. Sólo déjame pensarlo, ver como te podría ayudar a que aprendieras un poco de todo." suspiró profundamente, mirándome a los ojos.

"Gracias Edward" agradecí, sin despegar mi mirada de la suya. "De verdad, aunque digas que no."

"No seas tonta," murmuró, "para mí sería un placer ser el primero, Bella." sonrió de lado, mientras rozaba mis labios con las yemas de sus dedos. Cerré los ojos y los abrí al segundo, sonriéndole. Las sensaciones que me provocaba con un simple roce no eran para nada normales. Una corriente eléctrica pasa por mi cuerpo cada vez que él me toca. Mi cuerpo responde a él. Era consciente de que entre mi mejor amigo y yo había una atracción, al menos por mi parte.

Edward bostezó, y yo miré el reloj preocupada. ¡Eran las 3 de la mañana! Había olvidado por completo lo cansado que se encontraba.

"¡Oh!" exclamé, "lo siento, Edward," me disculpé, "vamos a dormir," le dije, mientras me levantaba para abrir las sábanas.

"No te preocupes pequeña, yo lo hago mientras te cambias," susurró riéndose, mientras abría las sábanas también. Paró, buscó algo en su armario y rápidamente puso en mis manos un pantalón y camiseta de pijamas que siempre dejaba en su casa, para cuando me quedaba en su casa a dormir como ahora. Me encaminé hacia el baño mirando de reojo como el abría las sábanas. Intenté tardar lo menos posible, quería estar de vuelta entre sus brazos ya, volver a sentir su calor.

"¿Estás cansada?" preguntó mientras se metía entre las sábanas al ver que llegaba, y yo hacía lo mismo abrazándome a él. Mi cabeza estaba apoyada en su pecho de nuevo y sus brazos alrededor de mí cuerpo. Asentí acurrucándome a él, como una niña pequeña. "Pues vamos a dormir," murmuró, mientras daba un beso en mi pelo y apagaba la luz de la lamparita.

"Buenas noches, Bella." susurró apretando sus brazos alrededor de mi cuerpo.

"Buenas noches, Edward."

Por fin me encontraba en el sitio que quería. Cuando dormía con Edward, no sé por qué, lo hacía plácidamente y me despertaba al día siguiente descansada total, aunque hubiera dormido pocas horas. Era una especie de calmante muy afectivo. Él más de una vez me había comentado que le pasaba lo mismo conmigo, y eso que él padecía insomnio.

Después de un año, estaba en mi lugar, mi lugar feliz. Además, él se iba a pensar ser el primero. No habría cosa que más me gustara que descubrir eso con él. Casi todo lo había hecho con él. Con esos pensamientos y el sueño acumulado por los nervios, me quedé dormida entre sus brazos.


Unos brazos me apretaron por la espalda y pude oír un profundo suspiro. Me desperté desconcertada, ¿dónde estaba?. Poco a poco me fueron llegando imágenes de lo ocurrido la noche anterior, la llegada de Edward, la cena, la charla... una sonrisa involuntaria se coló en mis labios al ir recordando todo. No estaba dispuesta a parpadear todavía, aunque estaba con los ojos cerrados, sentía los rayos del sol a través de mis párpados. Debía de ser ya bien entrada la mañana. Me sentía muy descansada, aún sin saber cuantas horas había dormido.. Pero él era un relajante, como siempre, y si hubiera dormido a penas un par de horas también me sentiría igual de bien. Sobretodo después de tanto tiempo sin dormir así.

Sus fuertes brazos alrededor de mi espalda ardían. Ardían y mucho, reactivando todas mis terminaciones nerviosas, dándome la sensación de que me iba a quemar en cualquier momento. Pero de una forma placentera, haciendo que todo mi cuerpo cosquilleara. Su cuerpo estaba muy pegado al mío, casi podía sentirlo en toda su totalidad. Mis manos descansaban en su torso, y me sonrojé involuntariamente al saber en la situación que estábamos. Parecíamos la típica pareja en su cuarto, no amigos. Pero es que nuestra relación era así, rara, como nosotros. Muchas veces Alice y Rosalie decían que estábamos hechos el uno para el otro, que tarde o temprano nos daríamos cuenta. Pero yo sabía que Edward merecía algo mejor, y que no se sentía de esa forma hacia a mí.

"Tu mente esta trabajando duro en estos momentos, se te nota en la cara," oí que me decía una voz aterciopelada, y seguido de ella una risa entre dientes. Parpadeé varias veces intentando acostumbrarme a la luz, ya que las persianas estaban subidas. Pude ver su algo menos pálido rostro que el mío cerca del mío, y sus labios extendidos, mostrando sus blancos dientes mientras sonreía. Le devolví la sonrisa perezosamente, mientras me frotaba un poco los ojos.

"¿Llevas mucho despierto?" pregunté en un tono bajo, con la voz algo ronca al estar recién despertada. Lo miré y pude ver sus orbes que se encontraban de color verde claro devolviéndome la mirada.

"No, a penas me había despertado, pequeña." contestó, pasando sus dedos por mi pelo y colocando con sus largos dedos un mechón detrás de mi oreja. Parecía absorto contemplando el mechón, como si fuera algo realmente importante.

"Que bien se está así," suspiré, y él asintió con la cabeza mientras me acurrucaba a él. Pude sentir los latidos de su corazón, como una hermosa melodía. Podía amanecer todos los días así. Me podía imaginar cómo sería despertarme todas las mañanas, con Edward abrazándome a él. Pero era algo imposible, ya que dudo que la futura novia que tuviera estuviera de acuerdo con mis deseos.

Unos suaves golpes en la puerta me trajeron de vuelta a la realidad.

"¡Dormilones!" gritó una voz de soprano, Alice. "A levantarse, ¡hay que desayunar!"

"Es increíble la energía del duende," murmuró, separándose un poco de mí mientras sonreía. Yo hice lo mismo y empecé a levantarme a la cama. "Y eso que salió por la noche con Jasper..."

"Además que todavía no se ha tomado el café" añadí, mientras él se levantaba también. ¿Me había fijado en lo bien que le quedaba la camiseta?. Era de color blanco, normal de algodón. Pero se le quedaba tan pegada y le sentaba tan bien.. debería de ir siempre así. El pantalón era de rayas, y mostraba un bulto en el centro de sus piernas. Dios mio, susurré internamente, mientras me mordía el labio ante semejante vista.

"Que no se lo tome, por dios, no va a ver quien la aguante." gruñó mientras abría la puerta de su cuarto, sacándome de mi ensañamiento y enviando un latigazo de placer directo a mi sexo.


"Esta noche saldremos todos," anunció Alice mientras yo le daba un mordisco a mi tostada de mermelada. Estábamos los tres en la cocina desayunando, sus padres habían salido a trabajar temprano y no había más nadie en casa que nosotros.

"Alice, sabes que no me gustan del todo las fiestas," contestó Edward, llevándose la taza de café a sus labios. Tenía la capacidad de hacer que todos sus gestos parecieran atractivos.

"No seas soso," recriminó el duende dejando su planto ya vacío en el lavavajillas, " si ni Bella se está oponiendo, ¿verdad?" asentí con la cabeza al tono de Alice de como-no-lo-hagas-será-peor mientras me terminaba la tostada.

"Hace tiempo que todos no salimos juntos, estará bien," dije, ganándome una buena mirada por parte de ella y un suspiro de frustración por parte de él, dejando la taza en la mesa. Me reí ante la estampa de los dos hermanos. Echaba de menos sus peleas, eran como el ratón y el gato.

"Así me gusta," gritó Alice mientras me abrazaba con sus diminutos brazos y yo le correspondía el abrazo torpemente, no me esperaba que lo hiciera a tal velocidad. "¡Nos lo pasaremos genial!" exclamó mirándolo, mientras Edward se tiraba un poco del pelo haciendo que me carcajeara.

"Sé que me quieres," afirmó Alice al verlo, y se acercó a él con sus pasos de bailarina dejando un beso en su mejilla, "te lo pasarás bien".

"Eso espero, enana." suspiró, mientras le despeinaba el pelo. Ella lo miró mal y salió de la cocina después de susurrar "subnormal".

"Bueno, entonces me voy para mi casa ya," le informé, dejando mi plato y vaso en el lavavajillas. "Esta noche nos vemos," susurré mientras me acercaba con pasos tímidos hacia a él para abrazarlo.

"¿Te llevo?" preguntó, dándome un beso en la frente después de haberme correspondido al abrazo, agachando un poco la cabeza para poder mirarme a los ojos.

"No, traje el coche antes de ir a por ti," le contesté, dándole un beso en la mejilla. La común corriente eléctrica paso entre nosotros, como siempre, haciendo que me sobresaltara. Sentí como él se reía mientras salía por la puerta. Capullo.


Llevábamos media hora en la grandísima discoteca. Alice y Jasper habían ido a por unas copas a por todos, y Rosalie, Emmett, Edward y yo estábamos en la mesa esperándolos, la pareja sentada en frente de nosotros.

"¿Qué tal todo por allí?" preguntó su primo, Emmett, a través de sus ojos marrones oscuros. Emmett era impresionante también. Toda la familia Cullen tenían unos genes que no eran normales. Parecía un guardaespaldas de lo musculado que estaba, pero sus pequeños rizos morenos y los hoyuelos que le salían cuando sonreía le daban un aspecto infantil, y dejaba de intimidar. "¿Te has tirado a muchas?" añadió, moviendo las cejas haciendo que tanto Rose y yo nos carcajeáramos. Después, Rose le dio en la cabeza y yo me reí más.

"Ha estado fantástico," le contestó Edward, sonriéndole. "y no te voy a decir si me he tirado a muchas o no," contestó también, sonriendo de lado. Suspiré, y pude ver de reojo como Rose se reía pícaramente.

"Menudo soso," murmuró Emmett, mientras negaba con la cabeza ante su respuesta y Edward ponía los ojos en blanco.

"Chismoso,"

"Me ha dicho Emmett que estabas en Londres," contó a través de la música Rosalie, intentando cambiar la conversación, moviendo su cabellera rubia con tirabuzones hacia Edward. Estábamos en una parte menos ruidosa, pero no muy lejos se encontraba la pista de baile con la música a todo volumen. Estaba flamante con ese vestido rojo, algo corto para mi gusto y muy escotado. Pero a ella le quedaba como un guante, todas las chicas acababan mirándola con envidia. No me extraña para nada.

"Así es," afirmó Edward. "no se como eres capaz de aguantarlo," confesó sonriendo, y Rosalie negaba con la cabeza devolviéndole la sonrisa. Nunca se había sentido atraído hacia Rosalie, no me podía explicar por qué. Él me respondía que prefería las morenas.

"La sé complacer, idiota," contestó Emmett, enseñándole el dedo corazón. Todos nos reímos menos Edward que le miró mal.

"Estás muy callada," notó el grandullón, mirándome pillinamente. Él me quería sonrojar, le encantaba hacer que pasara vergüenza. Lo peor de todo es que lo conseguía.

"No se qué decir, nunca he visto si complaces a Rose o no," se empezó a carcajear, y fue Rose la que se sonrojó esta vez. Edward y yo nos unimos a sus risas. Rosalie nunca se sonrojaba.

"Te vas a enterar," me advirtió la rubia. Ellos se seguían riendo, yo me cagué de miedo y ahora fue ella quién se rió.

Milagrosamente, Alice llegó por fin con las bebidas de todos. El pobre Jasper es el que cargaba con la mayoría de ellas. Las dejó sobre la mesa y cada uno fuimos bebiendo de nuestras respectivas.

"Ya veo que os lo estabais pasando bien sin mí," dijo la enana, "pero estoy yo, ¡así que ahora será mucho mejor!"

Después de unas cuantas rondas de bebida y algo de achispamiento por mi parte, dejaron la etapa de avergonzar a Bella y de temas sobre sexo. Edward a menudo me abrazaba o pasaba sus manos por mi espalda, sin perder el contacto ni una vez conmigo, como creyendo que me fuera a ir o algo de eso. No me molestaba, ni mucho menos.

"¡Juguemos al yo nunca!" gritó Emmett, algo contento por las cervezas que se había tomado también.

Oh no. Odiaba jugar a este juego. La persona que lleva el turno debe decir una frase que comience con "yo nunca...", como por ejemplo "yo nunca me he acostado con nadie". Las personas que si lo hayan hecho deben beber un chupito. Nosotros lo hacíamos con tequila. Yo no había hecho la mayoría de las cosas, por lo que siempre me quedaba más aparte de esto. Lo bueno era que yo acababa siendo la menos borracha de todas, aunque a Edward parecía no afectarle mucho el alcohol.

"¡Si!" exclamaron unas borrachas Rose y Alice.

Los tres chicos se acercaron a la barra para pedir los vasos para los chupitos y comprar tequila, haciendo que las chicas nos quedáramos en la mesa sentadas par esperarlos.

"Sois malas," susurré a la vez que hacía puchero, "sabéis que no me gusta este juego" .

"Será divertido," afirmó Rose, y Alice le acompañó asintiendo con la cabeza. "Así podrás saber todo lo que ha hecho Edward".

"¿Y por qué...?" iba a preguntar que me importaba, pero en ese momento llegaron ellos y me quedé callada. Repartieron los vasos y echaron el tequila, y las muy malas amigas se reían de mí por la cara que tenía al no querer jugar. "Que os follen," exclamé, y los chicos se me quedaron mirándose como diciendo "¿qué le pasa?" y se encogían de hombros.

"Empezamos..." comenzó Jasper.

Él empezó con "yo nunca he tenido sexo en un coche". Todos bebieron de su chupito menos Edward. Nos quedamos mirándolo extrañado. De mí era evidente, pero, ¿de él?. Se rió al ver nuestras caras de no entender.

"Mi Volvo es sagrado," contestó, "no pienso estrenarlo con cualquiera."

"Mi hermano y su estúpido coche." murmuró Alice, y nos reímos.

Siguieron frases como "yo nunca se la he chupado a nadie" en las que las dos chicas bebieron, "yo nunca lo he hecho en el cuarto de mis padres", en la que todos bebieron menos Edward. Pobre Esme y Carlise. Hicieron frases semejantes, haciendo que la mayoría bebieran a tal punto que no pudieran mantenerse. Por lo visto, Edward lo había hecho en un baño, en la escuela, y había rechazado un trío. Esta última lo hizo Emmett riéndose, argumentando como había sido posible que lo pudiera rechazar. Rosalie le dio después de eso. Yo sufría algunos efectos del alcohol, pero por lo que había bebido antes. Jasper, Edward y yo parecíamos los más cuerdos, y eso que ellos habían bebido bastante. Rosalie y Emmett parecían que iban a violarse de un momento a otro, y Alice parecía que iba a violar pero a Jasper.

"Bueno, va siendo hora de que nos vayamos," dijo Jasper agarrando a Alice, y nosotros contestamos asintiendo con la cabeza. Me estaba levantando cuando Edward tiró un poco de mí hacia abajo.

"Bella, sobre lo de ayer..." susurró en mi oído, haciendo que su aliento chocara con mi piel y me mandara escalofríos, "quiero ayudarte, te voy a ayudar, ¿vale?"

Lo miré sorprendida, a la vez que asentía lentamente. No me podía creer que el fuera a aceptar eso. Me creía que me iba a decir algo como: "lo siento, pero es una carga muy grande" o algo por el estilo.

Después de la confirmación que me había dado, todos fuimos directos a los coches. Rosalie y Emmett se iban a ir con Jasper porque no se encontraban en capacidades para conducir. Edward, Alice y yo nos dirigíamos hacia el Volvo de Edward. Me había convencido -de nuevo- de que me quedara en su casa a dormir.

Antes de dirigirnos a su cuarto, fuimos al de Alice a dejarla en su cama, ya que le costaba hasta caminar. Nos gritó un "os quiero mucho" cuando salíamos por la habitación y Edward susurró "si que tiene que estar borracha para decir que me quiere" riéndose y negando con la cabeza.

Me constó muchísimo llegar a su cuarto, y eso que él me había ofrecido ayuda más de una vez. Pero no estaba dispuesta a mostrar que el alcohol me había afectado demasiado, y le negaba, haciendo presente mi cabezonería.

En el momento en el que mi cuerpo hizo contacto con la cama de Edward, no me podía mover. Ahí Edward, me ayudó a cambiarme el pijama porque yo no podía con mi cuerpo.

"Mira que eres terca" me murmuró riéndose, mientras se pasaba la mano por el pelo para ayudarme.

Se cambió, se tumbó al lado mía y me abrazó a él. No se en que momento me quedé dormida.


Los rayos de sol, raros en la habitual y lluviosa Forks, se colaban por la habitación, despertándome. Me dolía la cabeza y estaba desconcertada. ¿Dónde estaba?. El colchón estaba demasiado duro de lo normal, sobretodo el de Edward, que era blandísimo. Aunque olía a él, pero el olor estaba más concentrado, como si se tratara de una colonia y la estuviera oliendo directamente, como si me hubiera echado por todo el cuerpo. Aspiré profundamente para llenarme del olor que me encantaba y el colchón se removió debajo de mí. Qué raro. Me confundí aún más. Abrí los ojos para cerciorarme de donde estaba tan rápido que tuve que parpadear varías veces para acostumbrarme y que el sol no me hiciera daño en los ojos.

Joder. No estaba sobre el colchón ni mucho menos. Estaba sobre Edward. Mi cabeza estaba en el hueco de su hombro y su cuello. Con razón olía tan bien...

Me debí de mover, o él, durante la noche, porque todo mi cuerpo estaba encima del suyo. Todo. Sus grandes y fuertes manos descansaban en la parte baja de mi espalda, de manera que estaba pegada completamente a él y podía sentir cada centímetro de su piel. Mis piernas, a cada lado de su cintura. Me dí cuenta de la situación tan comprometida en la que nos encontrábamos y toda la sangre se fue a mi rostro, mostrándolo de un color rojo intenso seguramente.

Edward, quién se encontraba dormido por la respiración lenta y pausada que tenía, apretó más sus manos, de manera que me pegaba más a él, aún más de lo que ya lo estaba. Oh. Dios. Mio. En ese momento, lo sentí. Su miembro, ergido completamente, chocó directamente contra mi sexo por culpa de la manera en la que estaba tumbada en él. Mis bragas se empaparon del todo ante ese gesto, como si se tratara de una descarga eléctrica. ¡Estaba duro mientras yo estaba encima!

Suspiré profundamente, intentando controlar mi respiración y relajarme un poco por la situación, tan confusa, en la que estaba. ¿Qué hago, lo despierto?, ¿no le aviso y espero a que se despierte?. Mi disputa mental se vio interrumpida. Él embistió de nuevo contra mí, haciéndome jadear y que la sangre que estaba en mi rostro bajara del todo a otro sitio, más concretamente en mi centro para reunirse con toda la humedad.

Siguió empujando contra mi sexo, enviando descargas de placer por todo mi cuerpo y un hormigueo en mi vientre, de forma más seguida, siguiendo un ritmo, como si de verdad lo estuviéramos haciendo. Lo sentí gemir bajito en mi oído, y eso fue lo que necesité para que la última pizca que me quedaba de auto control se esfumara, y que me prendiera del todo, sin importarme nada más que ese momento.

Moví mis caderas encima de su polla, que estaba durísima. Joder, era muy grande. Más de una vez se lo había notado, no podía haberme fijado más de una vez, y había pensado que era grande. ¡Pero es que era enorme!. Volvió a gemir y siguió embistiendo contra mí, mi sexo estaba justo encima del suyo, y mi clítoris, ya hinchado, pedía más. Mis caderas se movían solas, de arriba a abajo, por toda su longitud. Jadeé fuertemente y me mordí el labio para no gritar, que lo estaba deseando.

Nunca me había sentido más excitada en mi vida. Moví más fuerte mis caderas, y se me escapó un gemido bajo. Sólo esperaba que no se despertaba y parara, no podría aguantarlo.

Sus manos bajaron a mi culo, moviéndome contra él. El gemido que salió de mis labios fue más ruidoso, y no se como no se despertó. Me mordí el labio con mucha fuerza, a la vez que me movía más fuerte. Mi clítoris palpitó, y mis bragas deberían de ser una piscina. Sentía mi humedad correr un poco por mis muslos, estaba cerca.

Su apriete se hizo más profundo, amasando mis nalgas contra sus manos. Embestía de manera más demandante contra mí, y mis caderas se movían lo más rápido que me permitía mi cuerpo.

"Edward" gemí, sin poder evitarlo, y asombradamente no me importaba. Quería gritarlo, quería que todo el mundo lo oyera.

El nudo de mi vientre estaba a punto de desatarse, sentía que me faltaba nada para correrme. Mi respiración era superficial y mi clítoris cada vez estaba más hinchado. Supe que a él también le faltaba poco, su miembro palpitaba, haciéndose más grande aún.

"Joder, Edward" suspiré, gimiendo más fuerte. Estaba desatada, un par de embistes más y podía tocar el cielo con mis manos.

"Bella..." oí que gemía Edward, y sorprendida levanté mi cara para mirarlo, pero sin parar de moverme. Estaba tan cerca, que no podía parar. Se encontraba con los ojos cerrados, seguía durmiendo. Gemí en alivio y me apreté más a él.

Arriba. Abajo. Arriba. Abajo. ¡Sí, sí, sí!, un poco más y me corro. Se sentía tan bien frotarme sobre él...

Alcé mi cabeza, necesitaba mirarlo mientras me corría. Da igual que estuviera durmiendo, quería ver como era él el que me hacía llegar esta ver y no mis manos.

"Oh, oh, dios..." gemí, mientras veía sus boca entre abierta y lo oía gruñir.

"¿Bella...?" medio susurró-gimió, mientras abría los ojos del todo, sorprendido. "Oh dios..." susurró, parando sus manos. ¡¿Por qué cojones para?. Intenté regularizar mi respiración, y parecía que él hacia lo mismo, casi podía sentir el desconcierto que sentía, lo que estábamos haciendo hace apenas unos segundos.

"Lo siento, yo..." se disculpó cuando la lógica hizo mecha en él, pero no me podía concentrar, sentía su polla palpitar debajo de mí. Él estaba igual de cerca que yo.

"Edward, por favor..." supliqué, rozando mi sexo por toda su longitud, él puso los ojos en blanco ante eso y gimió mirándome, "estoy tan cerca, no pares..."

Pareció olvidar la culpa y volvió a apretar mi culo contra su miembro y yo, aliviada, seguí rozándome contra él. Efectivamente, se encontraba en el mismo estado que yo, no podía parar.

"Pequeña, venga, córrete..." susurró en mi oído, con la voz completamente ronca, a la vez que embestía más fuerte, jadeé. "Se siente también tu coñito así, mira como me tienes..."

"Dios, Edward..." eso fue lo que necesité para correrme. Seguí moviéndome encima de él, pero ya no era dueña de mis movimientos. Cerré los ojos mientras mi nudo se desataba, y vi lucecitas y estrellas de colores. Era como tocar el cielo o el infierno, no lo sé bien. Sentí que volvía en mí, y que tras moverse un poco más, él se apretó un poco más y se corrió gimiendo mi nombre. Escucharlo gemir mi nombre era lo más gratificante que había oído, y me encendía de nuevo. Apoye mi cabeza en su hombro, intentando normalizar mi respiración. Él me abrazó, dándome un beso en la cabeza. Estaba igual o peor que yo.

"Veo que has empezado a enseñarme..." susurré, intentando romper el hielo, mientras le daba un beso en el hombro.

Lo sentí sonreír. "Sí, he empezado a enseñarte..." afirmó, levantando mi rostro con sus manos para mirarme, " y de que manera..." completó, sonriendo de lado, con los ojos mirándome de una manera profunda, y mi centro hormigueó de nuevo.

"Y de que manera..." repetí, dándole la razón, devolviéndole la sonrisa. Acto seguido, la razón llegó de nuevo a mí. Me sonrojé furiosamente y bajé la mirada. No me podía creer lo que había hecho segundos antes. Sí, a veces soy algo bipolar.

"Eh," suspiró, alzando mi barbilla, "no te avergüences ahora, ¿vale?" asentí con la cabeza, sin mirar sus ojos. Lo oí suspirar de nuevo, y casi pude oír como su cerebro funcionaba, para echarse la culpa, "¿te arrepientes pequeña?" preguntó muy bajito, con un tono preocupado.

"No, no," negué, "es solo...vergüenza, ya sabes, nunca antes..." balbuceé, enterrando mi cara en su pecho. Sentí sus dedos acariciar mi pelo, de manera calmante.

"No pasa nada," contestó, "vamos a hacer cosas peores, ¿no?" asentí, mientas él estaba dándome un beso en el pelo,"pues te tienes que acostumbrar, es natural," argumentó, y yo alcé la cara para mirarlo.

"Lo que no hagas tú por mi..." susurré riéndome y él se unió a mis risas, y supe que en ese momento todo estaba bien de nuevo.


¡Hola! Aquí estoy con mi primer fic. Quiero decir que es un long-fic. También, que la historia no culminará cuando hagan el amor. Digamos que eso sería el tema central, que quedaría a mitad de la historia, pero luego la trama seguiría. Son los personajes los que tienen que evolucionar, o eso es lo que tengo pensado.

Lo más importante, quiero darle las gracias a todas las personas que me han dado su apoyo con el one-shot de Hysteria. Esas personas son las que me han ayudado a que este fic pueda salir a la luz. ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! No saben lo mucho que me ha alegrado y lo bien que me ha sentado todas vuestras opiniones, tanto como las alertas o favoritos.

Agradecer a todos los que han leído este capitulo, espero que les haya gustado. Es algo largo porque si no sólo iba a ser la introducción, y quería daros algo de más "chicha". Espero que haya sido de vuestro agrado. Tengo un par de capítulos más guardados, así que si aceptáis este fic no tardaría mucho en publicar la continuación. A la gente que le gusten los LEMMONS, quiero decirles que creo que habrá uno por capitulo, y si no es así yo creo que serán seguidos. Al menos, los capítulos que tengo, lo tienen. Muchas gracias de nuevo.

¡Besos!