Disclaimer: Los personajes y las situaciones que te puedan recordar a Twilight no me pertenecen, esta inspirado bajo la obra de Sthephenie Meyer. Para ella todos los derechos, me la obra/historia/fic que es de mi autoría. Esta historia es ficción.

Gracias a Ericastelo por revisar este capítulo para poder subirlo en forma extraordinaria este día. Gracias!


Encendiendo fuego bajo la lluvia.

"Cada persona es dueña de su silencio y esclava de sus palabras" Anónimo.

Capítulo IX

Esclava de una firma

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Bella

Mis cajones estaban vacíos y mi ropa se encontraba dispersa por mi cama perfectamente hecha, todo en un intento desesperado por calmar mis ansias y mi angustia mientras el reloj marcaba el mediodía en la pared.

La verdad era que nada estaba funcionando.

Aturdida mirando el desorden estiré mi camisa palo rosa de sus inexistentes arrugas. Mi pantalón pescador era perfecto para el día pero aparentemente inapropiado para todo lo demás, la primavera se acercaba con fuerza a la ciudad de Chicago y el calor aumentaba unos grados a medida que el tiempo avanzaba… Dios, sólo esperaba que en el verano no fuera excesivamente caluroso.

Suspiré y me levanté, tomé una mochila y comencé a echar unas mudas de ropa, tomando la precipitada decisión de ir a visitar a Sue y su familia a Oklahoma como me lo había sugerido en su última llamada hace unos días. Un tiempo allí debía ser suficiente para ordenar mis pensamientos y sentimientos que estaban tan o más desorganizados que mi ropa sobre la cama. También esperaba armarme de valor para contarle de mi embarazo, ella siempre me apoyó en todo, quería que lo supiera y que compartiera conmigo estos momentos… como lo dije antes, era lo más cercano a una madre que tenía y aunque estuviera lejos y cada vez habláramos menos por sus horarios y los míos, aún quería que fuera parte de mi vida.

¿No era mucho pedir, cierto?

Había perdido a Jacob anoche, a mi padre…Sue estaba lejos…

Ya no tenía nada que perder, quizás el trabajo pero sólo serían unos días que estaba segura Don Agostino me debía de mis vacaciones anteriores.

Salí de mi habitación dejando la mochila medio abierta sobre uno de los sillones de la sala, con todas las cosas que necesitaría para un viaje corto sin ordenar y saliéndose por los bordes... ya habría tiempo para ordenar eso.

En un momento de distracción, mi mirada se posó en la única puerta que permanecía siempre cerrada en el apartamento. Desde la muerte de Charlie, nunca… nunca había tenido el valor necesario para entrar a su habitación, ni siquiera para tocar el pomo y girarlo…nunca. Recuerdo que Jacob y Sue lo habían hecho en dos oportunidades para ayudarme a limpiar y guardar todo, pero personalmente nunca había entrado, no había tenido el suficiente valor... hasta ahora.

Ahora que todo estaba abajo, que todo estaba amenazado nuevamente, que tenía que enfrentarme a todos mis demonios para poder mirar al frente sin tener que cerrar los ojos del miedo, tenía que abrir esa puerta así como tenía que enfrentar a Edward Cullen en unas horas.

Mi cuerpo había emprendido el impulso necesario y sin darme cuenta mi mano se encontraba posada en el pomo de la puerta, girándola con lentitud para abrirla. Lo primero que me golpeó fue el olor a polvo y antigüedad que salió disparado por la puerta, tuve que colocar una de mis manos sobre mi nariz para evitar estornudar o vomitar, no sería agradable.

¡Vamos Bella! Entra… despídete de Charlie, guárdalo como un preciado tesoro en tu corazón.

La habitación se veía mucho más grande de lo que realmente era debido a todas las cajas apiladas en los rincones, la cama desarmada y el colchón desnudo. Luego de unos minutos observando todo detenidamente, decidí arrodillarme junto a una de las cajas, abriéndola con la mirada perdida y el corazón en la mano.

Todo me recordaba a mi padre, hasta el olor tras el polvo y humedad.

Ahogando un gemido logré sacar una de sus placas de policía por sobre sus chucherías de pesca que se amontonaban en la caja de cartón. No sabía que lo habían guardado, pensaba ilusamente que se habían llevado todas sus pertenencias y la verdad nunca me lo había cuestionado, pero ¿Dónde se llevarían estas cosas? Eran parte de nuestra familia, de él y de mí ¿Quién más las guardaría y atesoraría como yo?

Sequé mis lágrimas con mis manos mientras sacaba alguno de los premios de pesca que ganó cuando era una niña, recordé su sonrisa enorme al pescar ese gran, gran bacalao o Gadus morhua como presumía mi padre, que nos sirvió como cena por ¡Dos semanas!

Reí mientras lloraba

No sé cuanto tiempo pasé revisando caja por caja, sacando ropa para luego volver doblarla y ordenarla en la caja correspondiente. Incluso una de ellas tenía papeles tras papeles, recortes, revistas, diarios… fotografías y cartas.

Las últimas nunca las había visto y llamaron poderosamente mi atención. Charlie nunca, jamás las había mencionado. Todas las fotografías que recordaba eran las pocas que nos habíamos tomado nosotros, las cuales algunas estaban ahí… conmigo sonriente sin dientes y Charlie agachado con uno de sus brazos en mis hombros, pero también había otras… mucho más antiguas.

Una mujer de melena ondulada color rubio oscuro abrazada a un joven y apuesto Charlie se encontraba en una de ellas, se miraban sonriendo…

¿Podría ser que…?

El sonido del timbre me reventó la burbuja en la que me encontraba sumergida haciéndome parpadear varias veces para concentrarme en el sonido que se repetía y repetía con impaciencia. Tomé todas las fotografías y las cartas que no alcancé a revisar y las acuné en mi regazo cuando me levanté corriendo hacia la puerta.

Mientras corría mi vista se posó en el reloj el cual marcaba las 03:00 de la tarde en punto. El descubrimiento me hizo detener de golpe.

¡Edward Cullen tenía que llegar a esa hora! ¿Cómo es que el tiempo pasó tan rápido? No pude ni siquiera prepararme mentalmente para su visita cuando el timbre volvió a sonar.

Tomando respiraciones lentas abrí la puerta. Efectivamente, Edward Cullen estaba esperando sin expresión desde el otro lado, traía consigo unas carpetas pero nada más aparte de eso, su atuendo dejaba ver que este no era un día de oficina para él, e incluso me atrevería a decir que el estilo casual le venía, si no supiera el tipo de hombre que era y todo el dinero que manejaba ¿No se supone que los hombres con millones visten siempre sus Armani o lo que sea?

Además las gafas de aviador oscuras, le daban el toque despreocupado que yo sabía no tenía.

– ¿Qué? –preguntó haciéndose espacio para entrar a mi apartamento.

– Son las 03:00.

– En realidad son las 03:08, estuve bastante tiempo tocando el maldito timbre– respondió con una pequeña sonrisa inspeccionando las paredes que lo rodeaban y sacándose la gorra que cubría su cabello.

Las vendas en sus manos ya no estaban y en su lugar solo había abrasiones leves y pequeñas heridas suturadas, en su rostro la historia era distinta. La cosa se veía bastante peor sobre su ceja de lo que imaginé la noche anterior, pero aún así parecía que para Edward, era una marca de batalla que llevaba con orgullo pues ni se inmutó cuando giró su rostro para encararme cuando cerré la puerta exterior.

Con mis manos aún en el picaporte y él con una en su cabello, nos miramos esperando que uno de los dos hablara primero.

– ¿Quieres algo para beber?

– ¿Qué tienes?

– ¿Agua? – su ceja se levantó por instinto, retrocediendo de inmediato ante el escozor que seguramente le provocó el movimiento en el área lastimada.

El ambiente se sentía tenso, como si se pudiera cortar con tijeras.

No sabía que decir ni como empezar, pero tenía una cosa segura: Mi bebé se quedaría conmigo lo quisiese el señor Cullen o no.

– Lo que sea– gruñó al cabo de unos segundos sentándose en el sillón mas próximo a su cuerpo.

Al instante entendí que para alguien como él, la simple agua era una ofensa. Quise reírme en su cara.

Esta es mi casa, mi vida.

Me dirigí a la cocina presurosa por salir de allí y alejarme de su presencia, lo cual era estúpido. Traté de recordarme que yo había sido la que lo había citado para dar fin a todo este embrollo y por lo tanto tenía que ser valiente. Saqué un vaso de la despensa y abrí el refrigerador inspeccionando su contenido. ¡Genial! Había jugo natural que había exprimido en la mañana para el desayuno, supongo que eso serviría ¿no?

¿Y si le llevaba agua de la llave, su exquisito paladar lo soportaría?

Estuve muy tentada a probar el pensamiento pero al último minuto desistí.

Cobarde.

Cuando volví a la sala, él estaba sentando al borde del sillón mirando en sus papeles con concentración, me hice notar dejándole el vaso sobre la mesa a su costado. Agradeció con un movimiento de cabeza y luego, apoyó su cuerpo en el respaldo tratando de lucir cómodo.

– Tienes una seguridad precaria en este edificio. Nadie me pidió identificación cuando subí ¿Cómo has podido vivir todo este tiempo así, tan insegura?– Preguntó mirando alrededor como si se tratase de una pocilga. Mis manos se cerraron en una acción instintiva. Todos eran iguales ¿Verdad?

No respondí más bien fruncí mi ceño con descaro ¿Qué se creía?

Intentó con otra pregunta con mayor posibilidad de reacción.

– ¿Cómo está tu novio?– preguntó con una sonrisa mientras tomaba el vaso y sorbía un poco de jugo, sabiendo que con eso sí conseguiría una reacción de mi parte.

– Mejor que tú, y no es mi novio.

– ¿No?

– Eso no te interesa. Terminemos con esto de una vez por todas ¿Quieres?– respondí frustrada por su fútil intento de conversación casual, mientras me sentaba a una distancia prudente de él.

A diferencia de él, yo no podía lucir calmada cuando no lo estaba. Fingir lo que no era, no me resultaba tan bien como pensaba después de todo.

– En primer lugar, creo que mereces una disculpa de mi parte por mi comportamiento de anoche – dijo haciendo un gesto molesto con su boca, frunciendo el labio desde un lado haciendo que con el movimiento cerrara unos de sus ojos– no te daré excusas.

Por un momento me pareció un niño a quien le obligaron a disculparse.

– Sin embargo no me arrepiento de lo que dije, quiero respuestas y las quiero ahora. Lo desees o no ambos estamos en esta situación porque el hijo que llevas es también mío– Edward se acomodó en el asiento de modo que todo su cuerpo estaba orientado hacia el mío de manera estoica y rectilínea– Iré al grano Isabella quiero la custodia total del niño, quiero que esté conmigo todo el tiempo y que crezca como un Cullen.

– ¿Me estás diciendo que me quitarás a mi bebé?– Pregunté asustada mientras lo escuchaba atentamente.

Todas sus palabras tenían sentido, yo sabía que también era suyo, que él era el padre… pero él no podría… no me quitaría a mi hijo.

– Ya te lo dije Isabella, podemos llegar a un acuerdo que nos favorezca a ambos ¿No?– por un momento metió una de sus manos en su bolsillo y sacó una chequera de cuero negro – ¿Quieres dinero? Dame una cifra y la tendrás, Ángela fue bastante generosa, pero yo puedo también serlo. ¿Quinientos mil dólares? ¿Un millón?

Mi mano se paralizó en uno de los botones de mi camisa, donde las tenía ocupadas al escuchar sus palabras.

¿Qué fue lo que dijo este hombre?

– ¿Me… me estás ofreciendo dinero por mi bebé? – mis manos estaban fuertemente apretadas contra el sillón intentando calmarme y dejar que mi visión se normalizara.

– ¿Eso es lo que buscabas con el trato, no? ¿Dinero? Más ahora que ha muerto tu padre – terminó firmando el papel enfrente suyo y rasgándolo del talonario. Me lo extendió triunfante – Por supuesto, esta suma también es por tu silencio. C.E.E Petroleum no se construyó a base de chismes.

Terminó moviendo sus manos de forma despectiva haciendo que mi sangre hirviera en mis venas, explotando directamente en mis palabras. Me levanté, tomé el papel en mis manos y lo arrugué frente a su mirada atónita mientras lo lanzaba fuera de mi vista.

– ¡No puedo creerlo! ¿Dinero? ¿Es eso en lo único que piensan ustedes los ricos? ¡Un hijo no se compra, menos el amor de madre!– me levanté y bufé furiosa mientras caminaba por el estrecho espacio de la sala – ¡No venderé a mi bebé a nadie, es mío, lo quiero! –Mi respiración se volvió errática mientras lo miraba con todo el odio y desesperación que tenía – ¡¿Quedó claro o tengo que repetírtelo?

Su mirada estaba clavada en mía como si me estuviera viendo por primera vez desde que nos conocimos, parecía un hombre diferente al que me empujó en la clínica y al que se mostró anoche en la calle. Parecía anonadado y a la vez sorprendido, pero seguro a la vez ¿De qué? No lo sé y no me interesaba.

Ya habiendo dicho todo lo que tenía que decirle, en palabras menos rebuscadas de las que había ensayado ya todo parecía más fácil.

– No abandonaré a mi hijo, lucharé por él. No me importa quien sea Edward Cullen o de qué sea dueño. Lucharé por él, aunque sea lo último que haga – terminé poniendo énfasis en mis palabras al acunar mi vientre, pasos que él siguió en silencio.

Respiré profundamente varias veces, tratando de calmarme. Nuestras miradas se enfrentaban una vez más y ninguno estaba dando ningún paso atrás.

– Ya veo, pero estás consciente de que puedo ganar un juicio si me lo propongo ¿no? ¿Qué puedo obtener la custodia total y prohibirte ver al niño? ¿Meterte a la cárcel por estafa? ¿Lo sabes, verdad?

– No te atreverías… – susurré y él sonrió una vez más dándome toda la respuesta.

Era evidente que Edward Cullen me necesitaba, sino no estaría aquí ofreciéndome una oportunidad de explicar todo. No… él estaría con sus abogados planeando todo el juicio, pagándole a los médicos para que testificaran en mi contra y reuniendo pruebas. Algo tenía muy claro y era que este tipo de persona no hacía nada sin dobles intenciones, esa fue una lección que me quedó muy clara con Ángela.

¿De qué sería capaz este hombre por lograr sus objetivos? Manipular, extorsionar… parecían cosas cotidianas para él. Eran personas sin escrúpulos que no buscan más que su propio beneficio. ¿Cómo podría proteger a mi bebé de este tipo de gente?

– ¿Quién crees que es la única persona afectada con todo esto? ¿Tú? –rió levemente – Sea como sea Isabella, la que pierde aquí eres tú y ahora que he comprobado que no estás dispuesta a entregarme al bebé por dinero…

– Ni por nada– siseé.

Okay, entendido. Por lo que quiero que hagamos esto por las buenas, no te denunciaré, no te quitaré al bebé y no tendrás problemas con la ley, pero a cambio me tendrás que dar algo.

– ¿Qué? – pregunté dudosa luego de ver como cambiaba de posición a una más relajada, como si todo estuviera en el lugar que él quería.

– No busco ayudar al prójimo, pero soy un hombre educado con altos valores familiares, si voy a tener un hijo también voy a tener una familia ¿Me entiendes?

Sus palabras pronto colisionaron en mi cerebro como si fueran un accidente en cadena.

Hijo. Familia. Altos valores familiares. Como un Cullen. Lo quiero conmigo en todo momento. No te quitaré el bebé.

Todo tuvo sentido de un momento a otro, sus sonrisas, su postura… él me había estando poniendo a prueba al decir todas esas palabras. Quería entender el porqué no había usado el dinero recibido por Ángela, quería que le dijera si realmente quería al hijo que engendraba o sólo era un medio de ganar dinero para mí. Nunca estuvo en sus planes darme ese dinero que me ofreció y tampoco nunca estuvo en sus planes armar un juicio con esto… quizás lo tenía como plan B o C, pero su plan principal era el que me estaba ofreciendo ahora.

Familia. Yo, mi bebé…él.

– Estás loco… ¿Cómo… Cómo puede creer que yo… que tú y yo?– mi cara de horror tuvo que darle toda respuesta.

– Inteligente, ya veo. Pues sí – se levantó y pasó una de sus manos por su cabello – Nos casaremos en una semana, sólo nosotros dos.

– ¡No! – ¿Quién se cree que es este hombre? – Cásese con cualquiera de sus putas ¡No nos casaremos! ¡Consígase a alguien… no sé, pero yo no! ¿Le fue difícil que Ángela Weber aceptara casarse con usted? – La furia que hervía en mi sangre se fue opacando cada segundo, logrando que mi voz temblara al terminar – Yo sólo quiero vivir en paz con mi hijo… nada más. No pediré nada, no diré nada…

El sonido de la carpeta cayendo me hizo callar de inmediato.

– ¡Maldita sea, deja este juego de una vez por todas! ¡Dirás que sí y punto!– dijo no levantando la voz más de lo que me había estado hablando pero logrando imprimir un tono oscuro en cada nota que salía de sus labios.

Había perdido su paciencia y yo también la mía.

– ¡No! – me defendí como pude – ¿Por qué? ¿Qué gana Edward Cullen haciendo que me case con él? ¿Eh? ¿Acaso no ve quien soy, donde vivo?

–Es mi hijo el que llevas en el vientre Isabella y eso, marca toda la diferencia, no volverán a engañarme ni a jugar conmigo – dijo arrastrando cada palabra marcando el tono enojado en ellas– Tengo derechos sobre él y los haré valer. ¿No ves que esto beneficia al bebé también?

Estábamos enfrentados con la mirada puesta en el otro, sin pestañear, haciéndonos parecer dos contendientes en plena batalla. Su actitud, sin embargo distaba mucho de la de anoche, esta vez era más medido y cuidadoso cuando estaba a mi alrededor pero eso no disminuía ni un ápice su rabia.

– Créeme que si pudiera revivir a Ángela lo haría, sólo para volver a meterla en el ataúd con mis propias manos.

Temblé ante su tono e intención. Él también estaba temblando de la ira, mientras yo lo hacía del miedo de perder esta batalla.

¿En qué me había metido? Por amor de Dios.

No llores, no llores.

Se inclinó frente al sillón y tomó bruscamente la carpeta que estaba en el piso. Sacó, lo que supuse eran los contratos, esos malditos papeles que me perseguirían hasta el final de mis días. Respiró profundamente mientras los miraba.

Me prometí algún día quemar esos papeles, todos.

Hojeándolos continuó hablando, algo más controlado…

– Cuando firmas algo debes leerlo con precaución o mínimo llevar un abogado contigo, no debes confiar en nadie, absolutamente nadie… porque, lo admitan o no todos quieren algo de ti…usarte– con una sonrisa ladeada se apuntó a si mismo con la carpeta– Yo no soy la excepción pero por lo menos, y espero lo tomes en cuenta, te lo estoy diciendo.

– No me está ofreciendo más opción que hacer lo dices ¿Qué quieres que tome en cuenta?

– Tengo todos estos exámenes a nombre de Ángela Catherine Weber –continuó sin prestarme atención– lo cual indican que estaba perfectamente embarazada, incluso un DVD con un ultrasonido transvaginal… es obvio que estaban falsificados– manifestó mostrándome unos papeles que tenían el logotipo de NewLife en el costado – Quiero que tomes en cuenta que tengo estas pruebas de su engaño y que a pesar de eso te estoy ofreciendo algo. No tendrás una mala vida, tendrás el respaldo de lo que es ser una Cullen respresenta…

– Eso no es todo lo que importa– Dije asombrada de la capacidad de Ángela para hacer de su plan algo perfecto. Falsificar exámenes… Dios.

– Era todo lo que te importaba cuando firmaste el contrato, ¿No? Tener una mejor vida… – respondió seguro aún frunciendo el ceño despectivamente.

Y tenía razón, tanta que hizo que me callara inmediatamente. No tenía palabras para responder a su declaración.

Lo había firmado porque necesitaba el dinero por mi padre, no porque me importase tenerlo. Quería una mejor vida para él… no para mí.

Nos quedamos callados por unos momentos hasta que él encontró la desastrosa mochila que había tirado descuidadamente en el sillón más alejado de la puerta.

– ¿Huyendo?

– No.

– ¿Sabes que te puedo encontrar donde vayas, no?

Estaba confundida, enojada, desgarrada y enferma. No quería mirarlo, ni mirarme a mi misma. Me estaba arrepintiendo tanto de haber hecho lo que hice por mi padre, tanto que me pregunté si mantenerlo con vida realmente pudo valer la pena.

Sólo tener esos pensamientos tan atroces y egoístas me hacían querer vomitar ¡Todo por culpa de ese hombre que estaba parado a unos metros míos!

Y porqué sabía que lo que me decía tristemente era la única posibilidad de hacer esto sin consecuencias para mi bebé...

Mi cuerpo me escuchó y con instinto llevé una mano a cubrir mi boca corriendo hacia el pequeño baño de mi casa. Arrodillada en el baño devolví el desayuno…ni siquiera me había acordado de la presencia de Edward Cullen hasta que pude sentir su arrogancia en el marco de la puerta.

– Las mujeres suelen usar armas bastante… inusuales para tener lo que quieren – comentó mientras me levantaba y enjuagaba mi boca, mirándolo por el espejo.

Puse una mano húmeda en mi frente tratando de hallar alivio o consuelo en estos momentos, además de sentirme enfadada, me sentía invadida en mi propio espacio personal, en estos momentos lo quería fuera ¿Cómo pude invitarlo a mi sitio seguro? ¡Era una estúpida!

Su mirada penetrante y altiva me hizo preguntarme cuales fueron las armas que uso Ángela en su contra, y al parecer mi pensamiento no quedó sólo en mi mente resonando porque me respondió al instante, dejándome asustada… una vez más.

¡Diablos, había pensado en voz alta!

– ¡Oh sí! Ángela fue muy astuta, su principal arma fue su apellido, luego su belleza y coquetería y luego pues… ya sabes… el sexo.

Sus palabras estaban logrando revolverme otra vez el estómago.

– Por suerte, yo no tengo ninguna de esas 'armas'– le dije abriéndome paso bruscamente cuando pasé por su lado para ir a la cocina. Por supuesto, él me siguió.

– Si tienes algo más que quieras llevarte empácalo ya. Te irás conmigo a mi casa, está a las fueras de la ciudad.

– ¿No podemos buscar otra solución? –supliqué ya a estas alturas con otro vaso en mis manos desesperada por hidratación. Debía haber una opción diferente, algo… – Tú no quieres casarte, veo que no amabas a Ángela y obviamente no me amas a mí…

– Eso es lo de menos. ¿Crees que el amor mueve al mundo? Pues entérate que no es así. Vive el mundo real como mejor puedas.

– Me estás obligando, no puedes hacerlo – cambié de táctica, la desesperación de verme perdiendo podía conmigo.

Su mirada estaba posada en los anaqueles, en la frutera, buscando algo con sus ojos.

– Todos tienen su precio ¿Cuál es el tuyo?

– No lo tengo– aseguré yendo hacia la sala, donde comenzamos esta conversación.

– ¿Qué hay de ese amigo tuyo? ¿De esa familia en Oklahoma que tanto quieres y llamas todas las semanas? ¿Son ellos tu precio?– respondió alcanzándome en la sala con una manzana en su mano.

Tragué pesado ¿Cómo sabía de Sue, Seth y Leah? ¿Con amigo se refería a Jake? Lo miré sorprendida, teniendo una especie de Dèjá Vu del día en que conversé con Ángela en su automóvil.

– Te investigué antes de ir a buscarte a tu trabajo, eso ya te lo dije.

– No los toques, ellos no tienen nada que ver –rogué patéticamente. Jenks dijo que él podría destruir su carrera, no quería ni pensar lo que podía hacerle a personas como nosotros.

– Claro que no lo haré. ¿No quieres empacar nada más?– continuó recogiendo mi mochila y dirigiéndose hacía la puerta, no sin antes poner la manzana en mi mano– De todas maneras puedes venir otro día con Benjamín a empacar lo que te haga falta. Come esa manzana, no sé que estarás comiendo o como lo haces, pero estás realmente delgada para tener cuatro meses de embarazo.

Ni siquiera tuve la fuerza para responder, ni preguntar quien era Benjamín. El hombre dejó la puerta abierta invitándome a pasar, mientras se ponía su gorro y sus gafas de sol. Sonreía un poco, sabiendo que ya me tenía en sus redes.

– No me interesa saber que clase de profesional es el Dr. Gerandy pero ya no tendrás tus controles con él, tu peso debe ser preocupante… ¿Vamos?

Cuándo amenazan a tus seres queridos, prometiendo dañarlos por tu culpa ¿Cómo puedes no evitarlo? Después de todo, sólo ellos me quedaban…quizás Jake y yo estuviéramos enojados, y Sue estuviera lejos pero nos queríamos… Eran lo único que tenía.

Y mi bebé… también estaba siendo amenazado. Quería quitármelo, dándome como única opción para estar con él que ser su esposa. Por las apariencias.

Mi conciencia no podría soportarlo ni permitirlo, pero tampoco me dejó tranquila con el asunto de vender mi vientre a nadie y heme aquí… metida en esta gran bola de nieve que no hacía más que crecer y crecer desde que firmé esos malditos contratos hijos de puta.

¿Quién hubiera pensando que firmar eso sería como firmar mi sentencia de muerte? La mía y la de mi padre.

Con las manos en mi vientre de forma protectora, tomé las cartas y las fotografías que había rescatado de las cajas de mi padre. Secándome las lágrimas que brotaron de mis ojos de forma que Edward Cullen no las viera y me encaminé a la puerta, le quité la mochila de sus manos con brusquedad y cerré la puerta con mi juego de llaves con la esperanza de tener todo esto más claro, porque ahora otra salida más que irme con él… no veía.

Huir no parecía mala idea hasta que nombró a Sue, Jake…

Mi orgullo se opacó por un momento, dejar el orgullo de lado es algo que las madres hacen con regularidad por el bien de sus hijos…

Y aquí estoy, caminando por el pasillo hacia la salida de mi hogar hacia otro lugar desconocido, seguida por un hombre sin escrúpulos… estando a una semana de una supuesta boda privada, amenazada y con el futuro de mis seres queridos en sus manos.

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Nota de autor: ¡Hola! Esto fue rápido gracias a Eri, pero como les dije a algunas en los rr, sé que les debía esta conversación para que sepamos donde va el barco¿no? leímos un poco más de Edward ¿Que les pareció? Espero les haya gustado.

Gracias por sus RR, en cada capítulo, por su apoyo y cariño.

Extras en el blog, pondré la manip de edward tambien, con polyvore.

Espero que nos veamos el miércoles como es constumbre.

Besotes.

Enichepi.