Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es retroninjachick, yo sólo traduzco.

Capítulo beteado por Isa Mello Romo, Beta FFAD - www . facebook . com /messages/ 100003656427814# !/ groups/ FFAddiction/ (sin espacios)

¡Gracias Isa! n.n

Cualquier duda por MP…


El Crepúsculo de Edward

Capítulo 23: El último beso

Un momento puede cambiar tu vida. Un momento es todo lo que se necesita para pasar de felicidad a miedo. Un momento es todo lo que basta para pasar de estar besando apasionadamente a tu novia a querer cagarte en los pantalones. Un momento significa todo.

Y bastó exactamente un momento para que Bella registrara las palabras de Alice y un momento para que me agarrara del brazo, me lanzara sobre su hombro y corriera.

Me tomó un momento darme cuenta que las figuras cafés y negras que se movían era en realidad el suelo.

—Bella, ¿puedes detenerte? —pregunté lentamente, mareado.

Ella no respondió. Gemí.

—Oh Dios, Bella, detente. Vomitaré sobre ti —dije. La boca de mi estómago se revolvía.

—Hazlo, lo merezco —espetó enfadada consigo misma. A pesar de mi actual estado de miedo y mareos, sentí que mis ojos se suavizaban. Ella se preocupaba demasiado, pero de verdad iba a vomitar.

—Bella, estoy muy incómodo en este momento y odio vomitar así que, ¿podrías detenerte? —pregunté todavía gimiendo. Fue deteniendo sus pasos, al final se detuvo y me dejó sobre el suelo.

Gemí de nuevo y puse la cabeza entre mis piernas. Alice ya estaba junto a mí dándome palmaditas en la espalda y Bella caminaba frente a mí mientras Jasper le acariciaba el hombro.

—Tenemos que huir —dijo Bella.

—¿A dónde vamos a ir Bella? —preguntó Alice. Solo cerré los ojos, el miedo empeoraba las sensaciones de mi estómago.

—No sé —Bella suspiró escondiendo el rostro en las manos.

—Necesitamos matarlo —Jasper habló por primera vez. Bella se detuvo para verlo y solo ante la idea de matar me sentía peor; Bella podría resultar herida.

—No podemos hacerlo solos —dijo Bella y Jasper bufó.

—Somos dos contra uno, además la mujer se fue —le recordó.

—No estoy preocupada por nosotros —dijo Bella sacudiendo la cabeza. —Estoy preocupada por Edward, podría salir lastimado.

podrías salir lastimada —le recordé con la voz histérica. Me puse de pie, caminando hacia ella y poniendo una mano a cada lado de su cabeza. —¿No lo entiendes? ¡Tú podrías lastimarte! No voy a dejar que salgas lastimada. ¿Entiendes lo que me pasaría a mí si resultas lastimada? ¿No lo entiendes?

—Edward, por favor, nosotros no saldremos lastimados —intentó razonar.

—Sí puedes. Ya estoy lo suficientemente nervioso y joder Bella, me estoy cagando en los pantalones. Así que, ¿puedes hacerme un favor?, ¿Por mí?, ¿Solo para tranquilizarme?, ¿Puedes, por favor, dejar de preocuparte por mí? —pregunté. Sabía que estaba siendo grosero, pero no la lastimaría. Me lastimaría a mí mismo antes de herirla a ella e incluso si pudiera herirla nunca lo haría.

—De acuerdo —suspiró. Dejé caer las manos de su rostro y le di un besito. —Alice, ¿cómo vamos a hacer esto? —preguntó mirando a la pequeña duende. Ella me miró por un milisegundo y luego a Bella.

—Lo dejaremos que nos encuentre, luego lo matamos.

-:-

Todo el plan era simple. Carlisle y Emmett venían de regreso para encontrarse con nosotros, llegarían pronto y Rosalie con Esme patrullarían el área para el gran disgusto de Rosalie. Actualmente estábamos en un pequeño hotel en Texas.

Mi padre se había ido a New York y ni James ni su amiga sabían eso. De acuerdo a Carlisle, Lauren había ido a advertirles y para despedirse porque estaba harto de los juegos de James e iba a abandonar al trío.

Con Laurent fuera del camino solo teníamos que preocuparnos de James y Victoria. Nos esconderíamos y yo estaría protegido hasta que ellos llegaran y cuando lo hicieran, dejaríamos que James me atrapara y luego los atacarían.

Según ellos, James todavía no estaba cerca de nosotros así que hasta ahora estábamos bien.

Suena fácil, ¿eh? Entonces, ¿por qué me sentía tan mal?

Suspiré y mis dedos se envolvieron solos en mi cabello. No había explicación de cómo me sentía en ese momento. Estaba ansioso… nervioso… aterrado… asombrado… furioso… preocupado…

Al final solo era una piscina de emociones. Respiré profundamente cerrando los ojos y en ese momento Bella puso su mano fría en mi hombro.

—Estaremos bien —prometió.

—Necesito un balde.

-:-

Llevábamos esperando exactamente ocho horas y no había podido dormir nada. Sentí que de alguna manera nuestro plan estaba mal organizado porque, quiero decir, piénsalo bien.

Él solo va a venir aquí y ¿lo atacaremos? Se veía demasiado… ¿simple?, ¿perfecto?, ¿rápido?

No sé, pero sabía que yo no era tan ingenuo con todo eso.

Actualmente estaba en el sofá. Las preguntas vagaban por mi cabeza… y repentinamente, una muy importante se hizo presente.

— ¿Cómo va a encontrarnos? —pregunté. Alice me miró rápidamente antes de ver a Jasper.

—Pusimos nuestro aroma en toda la ciudad junto con el tuyo —dijo. Suspiré, tenían todo planeado.

— ¿Cuándo van a llegar Emmett y Carlisle?

—En una hora, deberíamos irnos —dijo Alice, tomando a regañadientes las llaves del carro.

Sacudí la cabeza dejándola caer hacia atrás. Podía sentir los dedos de Bella pasar suavemente por mi cabello.

—Te prometo que estaremos bien —me dijo.

—Bella, ¿por qué tuvo que pasar esto? —pregunté abriendo de repente los ojos y levantando la cabeza para verla. Pude ver sus labios formar una línea enojada y sus dedos se apretaron en mi cabello antes de que quitara la mano y alejara la vista.

—Porque destruyo todo lo que toco —dijo con furia. Sacudí la cabeza y tomé su rostro entre mis dedos, moviéndola de modo que pudiera verme.

—No, no es así Bella. Tú hiciste que valiera la pena vivir todo este año y espero que puedas seguir haciéndolo por el resto de mi vida —dije.

Me miró violenta y fría, justo a los ojos.

—No envejezco, no puedo darte hijos, me mudo cada par de años. Después del último grado yo me iré y tú también te irás persiguiendo tus propios sueños. No soy buena para ti, Edward.

—No digas eso.

—Es la verdad, no lo soy y quizás… quizás entre más pronto terminemos con esto, mejor. Tú no estarás involucrado, tu vida no estará en peligro y podrás seguir como un humano normal.

— ¡No quiero ser un humano normal, Bella! —grité de repente y apenas me daba cuenta de que Alice y Jasper se habían ido. —Quiero estar contigo.

—Pero tú quieres seguir siendo humano —declaró.

No respondí.

—Eso es lo que pensé.

—Mira, te amo, siempre lo haré y necesito saber que tú también me amas.

—No seas estúpido. Sabes que te amo.

—Entonces quédate.

—Edward…

—Prométeme que te quedarás.

Ella no respondió.

-:-

—Son difíciles, ¿eh? Quiero decir… las mujeres.

La voz de Jasper sonó en mis oídos cuando entró en la habitación del hotel cerrando la puerta. No lo miré.

—Sí, bueno, al menos tú tienes a Alice para siempre. Ella no puede irse.

—Por supuesto que puede —me contradijo. —Alice siempre puede irse… cuando ella quiera, es libre.

—Pero no lo hará —declaré.

—¿Y crees que Bella lo hará?

Me quedé en silencio.

—Sabes Edward, Bella siempre ha sido la rarita que se queda fuera. Hermosa, desinteresada y comprensiva. En realidad ella nunca… sintió nada. Sabía quién era, qué era y eso era todo. Vivía por nosotros pero realmente nunca tuvo una razón para vivir. Luego llegaste tú… ella no te dejaría incluso aunque quisiera, no podría.

Me quedé callado por unos minutos.

—Sabes, ayer le pedí que me prometiera que se iba a quedar… No lo hizo —. Mi voz era ácida.

—Bella no quería herirte. Piénsalo de esta forma, si estuvieras en su lugar… si fueras tú el chupasangre, frío y brillante inmortal y fuera Bella quien es atacada por James, ¿no te sentirías de la misma manera que ella? Si la amas más de lo que te amas a ti mismo, ¿no querrías salvarla de la única cosa que podría matarla?, ¿Incluso si esa cosa fueras tú? — preguntó. Su voz era tranquila y cálida.

—Sí, pero ahora no soy yo el vampiro, ¿o sí? —espeté.

—Tienes razón, es ella y es la persona más desinteresada que conozco. Se provocaría dolor a sí misma con tal de salvarte. Tienes que entenderla —me dijo. —Es nueva en toda esta cosa del amor —suspiré. Necesitaba sacarme esto de la cabeza.

—¿Dónde están Emmett y Carlisle?

—Alice y Bella se fueron a recogerlos al aeropuerto hace como quince minutos —dijo.

Asentí.

De repente, en el silencio entre nosotros dos, sentí que mi estómago rugía. Él lo escuchó.

— ¿Quieres algo de comer? —preguntó. Asentí. —De acuerdo, iré rapidísimo y te traeré algo —dijo antes de desaparecer de mi campo de visión.

Suspiré.

El tonto y feo hotel no tenía servicio de comida. Los pequeños refrigeradores estaban vacíos y el único baño ni siquiera bajaba correctamente. El único empleado de verdad ni siquiera estaba aquí hoy, así que no había nadie con quien hablar además del moho verde que salía de la ducha. Aparte de nosotros, el hotel estaba completamente desierto.

Bueno, ahora solo yo.

Me froté los ojos, dejándome caer contra el edredón.

Estaba solo.

Cerré los ojos pensando de verdad en todo lo que Jasper había dicho.

Amaba a Bella. ¿Es que ella no podía ver eso?, ¿No podía ver con exactitud lo mucho que la amaba?, ¿Por qué le era tan difícil prometerme que se quedaría?

En este punto ya ni siquiera podía imaginar una vida sin ella. ¿Con quién saldría a almorzar?, ¿Quién vendría en las noches a dormir conmigo?, ¿Quién sostendría mi mano?, ¿Quién me besaría en la mañana?, ¿Quién me cargaría hasta el prado? Nadie.

Porque no quería que nadie más hiciera eso, no quería a nadie más en absoluto.

La quería a ella.

¿Es que ella no me quería a mí?

Pero entonces comencé a pensar… para que nosotros nos quedáramos juntos para siempre… ella tendría que ser humana y eso es imposible, pero… si ella seguía siendo inmortal… yo también tendría que ser un vampiro.

Estaba sumido en mis pensamientos cuando escuché que tocaban la puerta. Fruncí el ceño abriendo los ojos.

O Jasper es realmente rápido o son Alice y Bella. ¿Por qué tocarían?

Supuse que probablemente era alguien de la recepción finalmente aquí, supongo que no estaba solo.

Me levanté de la cómoda cama antes de llegar a la puerta. Cuando la abrí, mis ojos se encontraron con unos rojos y sentí que mis dedos se congelaban en el pomo de la puerta. La sangre huyó de mi rostro.

No, no. ¡No! ¡Esto no estaba pasando!

—Hola. Edward, ¿cierto?

No podía mover el rostro, ni siquiera podía creer lo que estaba sucediendo.

—No creo que hayamos sido presentados oficialmente, soy James—. Su sonrisa era siniestra, grabada a través de su rostro. —Oh… ¿Bella no está aquí? Y tú estás completamente solo, que conveniente.

Su mano se envolvió en mi garganta y mis manos inmediatamente agarraron sus frías manos para quitármelo, pero su agarre era demasiado fuerte.

Jadeé por aire y por mi mente pasaban puras incoherencias. Mi frente estaba perlada de sudor. Respiró el aire que lo rodeaba.

—Hueles fantástico, a Victoria le encantará.

No quería morir.

Hundí mis cortas uñas en su piel pero no sirvió de nada, probablemente solo me lastimé los dedos al intentarlo. Entonces me lanzó y mi cuerpo cayó contra el piso mientras me agarraba la garganta y jadeaba por aire.

Cerró la puerta tras él, agachándose para mirarme.

—¿Por qué Bella te ama tanto? —se preguntó en voz alta. —¿Un humano? No eres bueno para ella, podría tener algo mejor. Me pregunto por qué no lo consigue —se rió.

¡Cállate! —grité y mi voz sonaba forzada. Este tipo podría intentar matarme, beber mi sangre, burlarse de mí, pero no podía cuestionar el amor que Bella me tiene… especialmente cuando yo mismo dudaba eso.

Jadeé de nuevo, al fin la sangre regresaba de nuevo a mi rostro y mi circulación de nuevo fluyendo. —Ella me ama.

—Ella ama tu sangre, idiota —sacudí la cabeza. —No importa, yo le haré el favor de librarse de ti. ¿De casualidad tendrás alguna jarra o tazón donde pueda poner tu sangre para dársela a Victoria?

Mis ojos se agrandaron y comencé a alejarme deslizándome por el piso hacia la puerta de la habitación. De repente, su pie apareció frente a mi rostro a la vez que me agarraba del cabello.

Grité de dolor.

—¿A dónde vas?

Mis manos comenzaron a moverse buscando cualquier objeto con el cual pudiera golpearlo antes de que él se agachara para quedar a mi nivel.

Encontré un jarro de cerámica, polvoriento, sucio y viejo. Lo agarré con firmeza entre mis manos y con toda la fuerza que pude reunir lo levanté lentamente y el pesado jarro temblaba en mis manos cuando lo estrellé en su cabeza.

Sus manos me soltaron en un momento de sorpresa y tomé esa como mi oportunidad para levantarme y correr al cuarto.

Cerré la puerta con seguro detrás de mí sabiendo que no tenía sentido y era estúpido hacerlo. Podía escuchar sus risas ahogadas al otro lado de la puerta.

—Vamos, Edward, ¿cerrarle la puerta a un vampiro?, ¿En serio? Creí que tenías un plan mejor.

Sí tenía un plan, teníamos un buen plan. Él me encontraría, ellos lo matarían.

¿Qué jodidos le pasó a ese plan?

¿Cómo llegó él aquí?

¿Cómo me encontró?

¿Dónde rayos estaba Bella?

Miré a mi alrededor, mis ojos cayendo en la ventana y corrí hacia ella intentando encontrar una manera de abrirla, pero las bisagras estaban atascadas.

— ¡Mierda! —grité con frustración. El pánico me estaba volviendo loco. Necesitaba salir de alguna forma, tenía que intentarlo, tenía que correr.

—Ábreme Edward.

Antes de que pudiera pensarlo, la puerta estaba rota y él tenía agarrada mi camiseta en su puño lanzándome contra la pared del cuarto. Grité de dolor cuando sentí mi cabeza estrellarse contra un marco de cristal. Podía escuchar los crujidos y como perdía el aliento por el fuerte impacto.

Podía oler la sangre y sentirla deslizarse por mi cuello.

—Tú, idiota niño insolente —se burló. — ¿Creíste que nunca te encontraría? —se rió. —Por favor, sabía dónde estabas. Estaba esperando a la vuelta de la esquina esperando el mejor momento para anotar, pero tu hermosa Bella y su hermana Alice no vieron venir esto. Perdieron el interés en mí en cuanto hicieron su pequeño 'plan' —aullaba de risa.

—Después de que termine contigo te llevaré con Victoria y luego también terminaré con tu Bella.

Le escupí. Estúpido e inmaduro, pero era la única cosa que se me ocurrió. Fue un instinto, él era desagradable.

— ¡No metas a Bella en esto! —grité. Mi voz temblaba pero era fuerte y firme.

Miré como mi saliva resbalaba por su pálido rostro, sus ojos ardían con fuego y odio mientras rechinaba los dientes. El miedo creció más en mi estómago y mis ojos se agrandaron.

Me agarró del brazo apretándolo con fuerza y lanzándome por la habitación. Grité de dolor cuando escuché el crujido de mis huesos. El dolor era mucho, feroz y fuerte, mis ojos se cerraron y apenas podía moverme.

En mi cabeza vi recuerdos de mi madre sonriéndome, con sus ojos verdes brillando. Luego, vi a mi padre besando su mejilla. Al final vi una memoria de Bella. Su hermoso rostro, sus amorosos ojos… la veía clara y perfectamente.

Podía sentir la pesadez de mi pecho, como mi cabeza daba vueltas y como el dolor de mi brazo y cabeza se unieron.

—Tú jod…

Antes de que cualquier otra palabra pudiera salir de su boca, un gruñido, un ruidoso gruñido de enojo rompió el aire. Sentí más pánico filtrarse en mí, el miedo aumentaba desde el fondo de mi estómago y luego ella saltó sobre la espalda de él, clavándole los dientes en el cuello y luego jalaba furiosamente. James gritó de dolor y mis ojos se agrandaron cuando me di cuenta de que los hermosos labios que destrozaban a James pertenecían a Bella.

Mi hermosa Bella.

Y luego mis ojos se abrieron… de miedo. No de miedo porque ella fuera a resultar herida, sino de miedo a ella. Yo le tenía miedo a ella.

Ella comenzó a destrozarlo con sus dientes, sus labios en una mueca de enojo, sus ojos perforaban llenos de odio. Después comencé a sentirme aliviado de que ella estuviera aquí conmigo, y de hecho sabía que todavía la amaba, incluso aunque justo ahora se viera más como un hermoso monstruo.

James chilló de dolor y movió las manos detrás de él agarrando a Bella del cuello y jalándola hacia enfrente, haciéndola caer en el piso. Ella se levantó inmediatamente mientras James se limpiaba el costado del cuello y sus ojos perforaban el rostro de Bella.

—Te mataré y después lo haré con él —espetó.

Ella gruñó, un terrorífico gruñido.

—Ni te atrevas.

Y con eso, ella se lanzó contra él, sus piernas se enredaron en su cintura, sus uñas se enterraron en su cuello cuando agachó la cabeza y arrancó otro pedazo. Él se la quitó de encima lanzándola contra una pared, haciendo un agujero cuando ella voló a través de la pared.

—¡Bella!

El pánico y miedo se filtró de nuevo, pero no era por mí, era por ella.

Tenía miedo de perderla.

Y entonces, el dolor de mi cabeza comenzó a empeorar y podía sentir la sangre bajando por mi cuello. Dolía tanto que mi visión se estaba haciendo borrosa. Cerré los ojos y gateé hasta una esquina alejada aplicando presión en mi cabeza, intentando detener la sangre.

— ¡Bella! —la inconfundible voz de Emmett rompió el aire.

Abrí los ojos y vi una imagen borrosa de Emmett agarrando a James de los brazos y Bella saltando sobre James. Sus manos se envolvieron en el cuello de él antes de retorcerlas arrancándole la cabeza. Mis ojos se abrieron de sorpresa ante la forma tan salvaje de comportarse, era algo sacado directamente de una película de terror.

¿Lo peor?

Era real.

Emmett gruñó y le arrancó el brazo a James.

— ¡Bella, ve por Edward! —gritó Emmett.

Se quitó de encima de James y el resto fue un misterio ya que cerré los ojos.

—Oh, Dios —escuché su susurro. Sus fríos dedos se presionaban en mis muñecas y sienes. — ¡Carlisle! —gritó. El pánico llenaba sus palabras.

Gemí.

—Te… te amo —susurré.

— ¡Edward… quédate conmigo! —gritó.

Podía oler el humo a lo lejos, pero estaba demasiado cansado para que me importara.

— ¡Carlisle! —Bella gritó de nuevo, era un sonido penetrante.

El brazo me dolía tanto como la cabeza y el olor a sangre me estaba mareando.

—Oh Dios —fue la última cosa que oí.

-:-

Había un sonido constante que estaba comenzando a irritarme. Además del sonido, las luces que creaban un color rojo dentro de mis párpados eran igual de irritantes. Lo siguiente era el olor. Olía a limpio… demasiado… limpio. No sabía cómo explicarlo.

No olía a sangre.

Mis ojos se abrieron y parpadeé un par de veces, el primer pensamiento que me llegó a la cabeza fue Bella.

— ¿Bella? —llamé. — ¿Bella?

—Todo está bien, Edward —. De repente se escuchó la voz de mi padre a mi izquierda y me giré rápidamente, encontrándome con que ese movimiento me causaba dolor. Hice una mueca.

— ¿Dónde está Bella?

—Está abajo con su padre, le dije que fuera a descansar. No se ha apartado de tu lado.

Casi bufé ante la idea de Bella durmiendo.

— ¿Te sientes bien? —me preguntó.

—Algo así… todavía estoy muy adolorido… ¿qué sucedió?

—Bueno… al parecer, mientras yo estaba lejos tú decidiste aventurarte un poco… quiero decir, ¿motocicletas?, ¿En serio, Edward?, ¿Cuán más irresponsable puedes ser?

Me quedé en silencio, no sabía de qué estaba hablando.

—Estaba tan preocupado por ti —agregó. Cerré los ojos.

— ¿Qué tan malos fueron los daños?

—Pues… te rompiste un brazo, tienes muy lastimada la columna y tienes once puntadas en la cabeza. Estás cubierto de moretones —dijo con tono profesional. Su voz era fría y tranquila como si yo fuera cualquier otro paciente.

Tragué en seco.

—Sí… suena como un accidente en motocicleta —murmuré.

Mi mente iba pasando imágenes de James y de Bella matándolo. Hice una mueca ante esa idea.

— ¿Te duele algo? Llamaré a la enfermera para que te dé pastillas para el dolor…

—No, quiero ver primero a Bella —dije. De repente mi voz se había llenado de ansiedad. Suspiró y se masajeó las sienes.

—Iré por ella… e ¿hijo? —dijo cuando su mano se envolvió en la perilla de la puerta. —Te amo.

Sonreí. —Yo… yo también te amo, papá.

Con eso, salió por la puerta y yo cerré los ojos. Las preguntas inundaban mi mente y mi corazón comenzó a acelerarse.

¿Dónde estaba James?

¿Cómo terminé aquí?

¿Bella?

¿Motocicletas?

¿Cuándo regresó mi padre?

¿Cuánto tiempo estuve fuera?

¿Bella?

— ¿Edward?

Mis ojos se abrieron de golpe e intenté sentarme ignorando el dolor que me causó eso.

—Bella —suspiré.

Apareció a un lado de la cama y sus manos cubrían las mías.

—Perdóname por haberte dejado allí —dijo. —Parece que sin importar qué haga, siempre termino hiriéndote. Si estoy contigo te pongo en peligro y si te dejo, el peligro te encuentra a ti. Si me hubiera ido más… tú estarías muerto —. Sus ojos estaban completamente negros; no se había alimentado.

Puse mi mano en su mejilla, solo entonces me di cuenta del yeso que estaba usando.

—No es tu culpa —susurré.

—Sí lo es —respondió con fiereza. Suspiré.

—Bésame —susurré

— ¿Qué? —preguntó desconcertada.

—Bésame —repetí.

Confundida, se levantó y se inclinó para poder reunir sus labios con los míos. Suspiré en su boca sintiéndome en casa de nuevo, como si todo fuera a estar bien. Como si el mundo estuviera completo otra vez.

Mi corazón se agitó rápidamente y pude escuchar el pitido aumentar. Me dio otro besito antes de alejarse.

— ¿Lo sentiste? —pregunté. Ella suspiró bajando la mirada.

— ¿Lo hiciste? —pregunté de nuevo más severamente. Tenía que saber si ella lo había sentido.

—Por supuesto que sí —dijo al final.

—Bien, ahora sabes que somos el uno para el otro, solo tú me haces sentir eso y solo yo te lo hago sentir a ti.

—Ya sabía eso.

—Entonces ni siquiera pienses en irte.

Suspiró sentándose de nuevo en la silla que estaba junto a la cama.

—No quiero irme.

—No lo vas a hacer.

—No quiero irme Edward, pero… tienes que entender la situación en la que estamos…

—Lo entiendo perfectamente bien y puedo vivir con eso ¿Tú no?

—Técnicamente yo no estoy viva.

—Bella.

—Lo siento, el asunto es que no sabemos qué pasará.

—¿En serio? Porque yo sí. Tú y yo. Felices juntos. Para siempre.

—Estás mal, Edward. Yo voy a vivir para siempre, tú no y para el tiempo en que tengas noventa y tantos y mueras, yo seré quién se quede viviendo para siempre, solo recordándote.

Fruncí los labios.

—Lo siento, no es sobre mí, solo… intento hacerte ver que de cualquier manera ambos salimos perdiendo aquí.

—Entonces, ¿dices que deberíamos terminar y olvidar que alguna vez estuvimos juntos? —pregunté con fiereza. Ella cerró los ojos y sacudió la cabeza presionando los dedos contra sus sienes.

—Dios no, Edward, no. Es solo que no sé qué demonios hacer aquí —suspiró. Finalmente sus ojos se abrieron y se veían tan tristes, tan, tan tristes. —Ambos sabemos que solo hay una solución para nosotros.

Y Dios, sí que conocía esa solución, solo que no quería admitirlo. Alejé la vista.

—No quiero que me dejes —dije. Giré el rostro para verla ignorando el dolor. —No puedes dejarme.

—No quiero hacerlo —susurró.

—Entonces prométeme que no lo harás —demandé.

Ella hizo una pausa, vacilando con sus siguientes palabras.

—Te prometo que me quedaré —dijo suavemente.

—Que bien —susurré.

Se mordió el labio, bajando la vista a nuestras manos enlazadas. Suspiró.

—No puedo irme. Si de cualquier manera estamos condenados, voy a asegurarme de que seamos felices antes de que eso suceda.

Sonreí aliviado de que ella se fuera a quedar… por ahora. Justo así sentí que regresábamos a la normalidad, pero todavía había cosas que necesitaba saber.

— ¿James? —pregunté.

—Muerto. Emmett y Jasper se aseguraron de quemarlo después de que le arranqué la cabeza.

— ¿Victoria?

—No sabemos a donde fue —dijo. Había un pequeño destello en sus ojos, un destello de misterio e intriga. —No he estado vigilando a nadie, tendré que ver a donde fue — frunció los labios.

Asentí ligeramente, intentando evadir el dolor tanto como fuese posible.

—Entonces… ¿motocicletas? —pregunté divertido. Ella se rió suavemente.

—Sí… esa es la historia. Estabas montando con Emmett… un giro brusco, caíste. Gran accidente —resumió. Sonreí y me reí.

Me quedé en silencio un par de minutos más antes de acostarme, moviéndome a la derecha mientras le hacía señas a Bella para que se acostara junto a mí. En un rápido movimiento, tenía su cabeza en mi pecho, sus brazos envueltos en mi cintura y su nariz presionada contra mí.

Suspiré y mis dedos se enredaron en su cabello.

—Te amo —susurró.

—También te amo.

-:-

Epilogo

Manejar con una mano no era tan difícil como había imaginado. Por supuesto, tenía precaución, pero aún así me sentía presumido.

—De acuerdo, bien, tú ganas. Puedes conducir. Dios —suspiró Bella. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho.

Esta noche yo sería el macho en la relación, el que llevaba los pantalones. Significaba que tenía permitido abrirle la puerta, yo guiaría en el baile y sería yo quién manejara todo el tiempo.

Me reí inclinándome para darle un beso rápido en la mejilla.

Se veía absolutamente impresionante; su cabello caía en una cascada perfecta por su espalda, los mechones color caoba brillaban cada vez que pasábamos por un faro de luz, su cuerpo resaltaba en un hermoso vestido azul que complementaba su complexión. Casi me quedaba sin aliento cada vez que la veía, aunque suene muy cursi.

— ¿Estás lista para el baile? —pregunté con una sonrisa.

—Sí, aunque no estoy segura si los pobres humanos están listos. Quiero decir, cinco vampiros en una habitación, ¿te puedes imaginar el horror? —preguntó con una sonrisa divertida. —Dudo que podamos controlar la tentación de toda esa sangre.

Me reí.

—No te preocupes, cerraré las puertas para que puedan masacrar a los desprevenidos pueblerinos —le aseguré siguiéndole la corriente.

—¿Y de parte de quién estarías? —preguntó con una ceja alzada.

Sonreí. —De parte de los vampiros, por supuesto.

Se rió, dejado caer la cabeza hacia atrás.

—De acuerdo.

El estacionamiento estaba lleno de estudiantes a rebosar, vestidos y trajes de todos los colores y la música salía del gimnasio. Salí orgullosamente de mi carro y caminé hacia la puerta del otro lado con una sonrisita presumida en mi rostro.

Abrí la puerta, sintiendo ya la posesividad hacia mi Bella cuando ojos hambrientos la miraron de arriba abajo. Ella sonrió amablemente y agarró mi mano sana, la otra todavía estaba enyesada.

—Te ves hermosa —le dije suavemente. Ella sonrió y me besó la mejilla.

—Gracias… por quina vez —me guiño un ojo.

Me reí entre dientes y avanzamos hacia el gimnasio entregando nuestros boletos y después entrando. La música era ruidosa y fuerte, haciéndome zumbar los oídos.

Podía ver a Millie y Dougie bailando junto con Billy que estaba sobre Lauren, sonreí y los saludé con la mano. Desde lejos vi a Emmett y Rosalie bailando en la pista, él tenía una sonrisa tonta en su rostro. Junto a ellos, Jasper giraba a una alegre Alice alrededor de él.

De repente sentí a Bella jalarme a la pista de baile.

— ¿Estamos ansiosos? —bromeé. Rodó los ojos y envolvió los brazos en mi cintura mientras intentábamos movernos juntos y danzar al ritmo de la música. Puse mi brazo sano sobre sus hombros cuando una canción lenta llenó el gimnasio.

Su cabeza se recargó en mi pecho y giramos en círculos por un rato miestras mi mejilla estaba presionada sobre su cabeza.

¡Y se sentía tan normal! Por una vez sentía que éramos una pareja normal, pero no era así.

Nosotros éramos Bella y Edward.

Inmortal y mortal.

Y podía vivir con eso.

— ¿Quieres salir afuera un rato? —preguntó de repente.

Sonreí.

—Claro.

Agarró mi mano, llevándome afuera y pasando junto a los ojos de muchos. Afuera las luces llenaban el pequeño jardín hecho de bosque y había un espacio justo en el centro, vacío de gente. Ella me llevó allí poniéndonos en el centro con sus brazos envueltos alrededor de mi cuello mientras me sonreía.

Podía escuchar la música del gimnasio.

Envolví un brazo alrededor de ella y pronto comenzamos a balancearnos, nuestros ojos mirando a los del otro.

— ¿Qué estas pensando? —le pregunté de repente.

—En todo lo que ha pasado, en cómo es que esto va a terminar —susurró.

—No tiene que terminar —dije.

Soltó una risa seca antes de presionar su mano contra mi mejilla.

—Edward, esto va a terminar. Vas a crecer, envejecer, ir a la escuela…

—Y tú vendrás conmigo.

—No puedo casarme contigo. Me mudaría todo el tiempo, rompiendo las relaciones que crees en cada lugar que visitemos… no puedo darte hijos, Edward.

—No quiero nada de eso. Te quiero a ti —dije, mi voz era determinada y fuerte.

—Te cansarás y querrás irte. Tendré diecisiete para siempre Edward, tú envejecerás, y yo no. Tendremos que escondernos, no funcionará —dijo.

Ni siquiera podía creer que ella regresara a esto.

—Bella, ¿cómo es que siquiera puedes hablar de esto de nuevo? Dijiste que te quedarías.

—Dije que lo haría… pero tú no —dijo. —Puedes irte cuando quieras.

—Pero no lo haré.

—Edward, somos muy diferentes.

—Dijiste que no.

—Y no lo haré… pero quiero que lo entiendas… no somos iguales, en absoluto.

—No me importa— dije. —Te amo.

—Eres humano, puedes cambiar de parecer.

—Pero no lo haré. Siempre te querré, siempre —dije. —Para siempre.

Ella cerró los ojos, recargando la frente contra mi pecho.

—Tenemos tiempo suficiente para resolver esto —dije.

—Yo tengo la eternidad para resolver esto, tú no —declaró.

Besé el tope de su cabeza.

—Te quiero a ti, siempre a ti —le dije al oído.

—Yo también —me respondió.

—Entonces no hay que preocuparnos de eso ahora —dije. Ella suspiró levantando la cabeza. Sonreí tranquilizándola.

La incliné hacia atrás cuando la canción llegó a su fin. Me sonrió suavemente, insegura.

—Te amo. Me amas. Me voy a quedar… siempre. Y tú te vas a quedar… para siempre… ¿no es eso suficiente? —pregunté. Suspiró cerrando los ojos antes de abrirlos de nuevo.

—Suficiente por ahora —susurró.

Sonreí e incliné suavemente la cabeza para presionar mis labios contra su fría garganta.