La obra crepúsculo le pertenece a la señora Meyer.

Viendo hace unos días el trailer de Bel-Ami y a su precioso protagonista, se me vino a la mente un Edward del siglo XIX en el Londres victoriano ¿se imaginan ese ser precioso a lo Dandy británico y una Bella con vestidos antiguos y corsés? Lo más interesante será ver si este Edward es capaz de quitárselos.

Será un fic de capítulos cortos.

FALSAS APARIENCIAS.

LONDRES 1889.

Edward Cullen miraba a la chica; no era una gran belleza, era seguro, pero no tenía más remedio, era ella o su estatus como caballero se iría a la porra. No podía permitir que él y su hermana fueran relegados de la sociedad de Londres. Además tenía que pagar casi diez mil libras en deudas y en este momento sólo tenía en los bancos mil libras que no le servirían para nada, ni siquiera para sobrevivir dos meses. Sí iba a hacer lo que iba a hacer, necesitaba alargar un poco más la apariencia de hombre rico.

Con lo único que contaba era con su bonita cara, con su encanto particular y con la su fama de buen amante, algo que le abrió las puertas de las alcobas de duquesas, condesas y una que otra princesa, que pagaron sus favores con una joya, hermosos abrigos de piel y publicidad secreta sobre sus dotes en la cama.

La mujer tosió en la enorme mesa donde todos los invitados cenaban.

-Disculpen- y un nuevo ataque de tos sobrevino.

El padre de la chica le dio un pañuelo con impaciencia, todos creían que la pobre niña iba a dejar sus pulmones en la mesa, cosa que sería de muy mal gusto.

- No se preocupe, Milady, una pequeña tos es símbolo de delicadeza y fragilidad- le sonrió pícaramente y eso hizo que la pobre chica tosiera aún más fuerte, hasta que se paró de la mesa y se retiró a un lado del salón. No lo podía creer, ese hombre le había sonreído, nunca jamás lo había hecho.

- Tome un poco de vino señorita- la voz aterciopelada de increíble dicción británica la envolvió, casi cae, y el tonto corsé no ayudaba.

-Gracias, Mister Cullen.

Una sonrisa torcida. Un aliento cálido sopló en su cuello.

.-A su merced, Milady, estoy para complacer.

La mujer de sólo veintisiete años quería gritar ¿Dónde están los abanicos cuando una los necesita? Pensó. Pleno Londres, un frío que le calaba hasta los huesos y el "estoy para complacer" la hizo arder.

- No soy muy buena para beber, mister Cullen.

- Vamos- un guiño provocador- ninguna dama lo es en público- y de nuevo susurró sobre su piel - todas lo hacen en sus casas, estar un poquillo ebria hace a una mujer seductora.

Los senos de madame Isabella atrapados en los terribles arreos victorianos saltaron casi hasta el dolor. De un sólo trago ella bebió la copa de vino que bajó por su garganta de forma ardiente; pero no tan ardiente como la mano tomando su brazo y conduciéndola de nuevo a la mesa.

Como todo caballero apartó la silla para que ella se sentara.

Charles Swan miró de reojo al hombre, sonrió de manera soterrada, finalmente alguien se fijaba en su insignificante hija, quien a los veintisiete años parecía condenada a ser una solterona.

Los ojos verdes la miraron de manera descarada, ella se sonrojó y estaba presta a volver a toser, pero el hombre hermoso en una señal alzó la copa y le dijo con la mirada "beba" ella obedeció de manera inmediata y no supo porqué, pero de pronto soltó una risilla que a Edward Cullen le pareció de lo más ridícula.

"Dios esto va a ser una tortura, que criatura tan aburrida"

Lady Catherine observaba como el cazador preparaba la trampa, el animalillo estaba cercado y no tenía oportunidad, sintió pena por ella "pobre niña".

Todos hablaban, todos pretendían en su mundo de dinero. Para Edward Cullen quien se había criado en ese mundo de falsas apariencia y de cinismo enmascarado en buenos modales, la cháchara era inocua y estúpida, tan sólo quería ir al casino, jugar a las cartas y ¿por qué no? Meterse en la cama de su más reciente conquista.

Necesitaba apurar las cosas y terminar con el asunto Isabella Swan pronto.

Edward Cullen, hijo del muy prestigioso Carlisle Cullen era todo un caballero, culto, educado, buen conversador, un muy sofisticado cínico, es decir todo un inútil. Pues en el Londres decadente y victoriano, sólo los hombres sin clase trabajaban. Lo único que sabía hacer era tocar el piano, de resto no sabía hacer nada, es decir nada de provecho, así debía ser, no hay nada más decadente que un hombre que trabaje, eso, como decía todo el mundo, no es de clase. Los caballeros debían estar siempre leyendo el Times, tomando té, cazando indefensos animalillos en el bosque y hablando del clima. Lo que su padre nunca le contó es que eso se hace cuando cuentas con cinco o diez mil libras al año, no cuando no tienes ni un penique en el bolsillo.

Carlisle había muerto dejándole una casa en ruinas, tres cocheros que se habían largado, una cocinera anciana que no tenía donde ir, un caballero de librea que era un estúpido y una hermana casquisuelta, de resto no tenía nada, sólo su cara bonita y la seguridad que con ella él haría lo que se le diera la gana. Gracias a su belleza -que hacía suspirar a todas las tontas y frágiles mujerucas de Londres- había sobrevivido y no lo hizo mal, veintinueve años, cinco sin el padre y se las había apañado muy bien sin la necesidad de vender su libertad.

Era un hombre feliz en sus juergas, con sus mujeres, con el casino y con toda la sociedad suspirando por él. Nadie se le podía resistir, todos lo querían para que adornará las fiestas y salones de Chelsea street. Hasta se podía enorgullecer de ser uno de los favoritos de la reina Victoria, quien le gustaba verlo "El joven Cullen es lo que yo llamo todo un inglés" la vieja urraca no sabía cuan cierto era aquello…Sí, todo un Inglés…cínico, hipócrita y muy bien educado.

A los diecinueve años de edad su padre lo tenía que sacar del barrio más asqueroso de Londres: White Chapell, donde se divertía y perdía hasta la camisa. El pobre viejo se vio pagando las deudas de su hijo, éste nunca se preguntó cómo, no le interesaba. Años después cuando él murió supo que su padre tenía grandes deudas y grandes acreedores a los cuales debía hasta la risa. Lo único que pudo salvar fue su casa en el barrio Bravante Street, con ella pudo mantener la imagen de niño rico y pomposo.

A pesar de la ruina el alma de tahúr fue más fuerte y creyó que podría recuperar todo el dinero perdido, pero no fue así y se vio día a día en la ruina. Un día conoció a Lauren Mallory una viuda de más de cuarenta años que se encaprichó con él hasta el delirio y que con tal de conseguirlo pagó casi todas sus deudas. Él sólo tenía que acostarse con ella, hacerla gritar y ya todo estaba hecho. La mujer le era indiferente, pero ésta empezó a hacerse pajarillos en la mente y lo presionó, ella quería hacer de él un hombre "decente" Edward casi muere de risa cuando ésta le dijo: casémonos ¡Jamás! Menos con esa tonta sin gracia que no tenía ni siquiera talento para la alcoba. La pobre mujer gritó, pataleó y lo chantajeó, pero no contaba con el hecho de que él era más inteligente que ella y dijo: eres la viuda de Sir Tyler Crowley, tienes más que perder así fue como se la quitó de encima.

Muchas amantes después hasta llegar a Tania Denalí, perfecta, fría, maravillosa amante y mucho más cínica que él. Gozaban, se reían de todos y ella nunca exigía nada, al menos eso él lo creía. Ella le solapó deudas, compró hermosos vestidos para Rosalie, su hermana, y le permitió a él, ser un hombre sin preocupaciones.

Un día, hacía seis meses, Edward pensó que podía recuperar su fortuna, en el más grande juego de tahúres de toda Inglaterra, le dijo a Tania que le prestará tres mil libras, que él se las duplicaría. Ella con una sonrisa juguetona en la boca se los dio claro que sí, cariño Mas Edward no contaba con que perdería eso y mucho más frente al experto Alistair Sinclair. De pronto se vio debiendo diez mil libras y con ese hombre amenazándole de muerte por la deuda y para empeorar la maldita situación su hermana se había dejado preñar de un sirviente, un tal Emmett McCarty quien era el mayordomo de la muy cínica viuda negra, Jane Morton. Rosalie vociferaba que se fugaría con él, pero el muchacho no tenía nada, ni siquiera una camisa decente.

Hacía dos semanas Alistair Sinclair se presentó en su casa.

- Ya que usted no tiene con que pagar Mister Cullen, le voy a ofrecer un trato, trato que me beneficiará en todo sentido y que también lo beneficiará a usted.

El hombre de guantes y vestido como todo un Lord victoriano lo miraba de hito a hito.

Edward lo odiaba a muerte, pero éste tenía sus bolas en sus muy enguantadas manos.

- ¿Qué trato?- contestó con arrogancia.

- Mister Cullen, yo se cual es su situación y conozco la de su hermana, no querría un escándalo.

- No me amenace.

- No sea grosero, amenazar es una palabra muy vulgar para hombres como nosotros.

- Escupa Lord Sinclair.

- Charles Swan, más bien su hija Lady Isabella Swan.

- ¿Quién?

- La heredera más rica de Inglaterra ¿Acaso no ha escuchado de ella?

Edward hizo memoria, ah síla cosilla sin gracia que siempre parece esconderse entre las cortinas sí, Edward la había visto en una, quizás dos ocasiones. La mujer era lo más rico de Europa, pero nadie se le acercaba porque era el ser más aburrido de todo el planeta y por lo general casi nunca asistía a fiestas. La había visto en el teatro suspirando, casi llorando con la muerte de Romeo, después en la fiesta de la muy divertida Jessica Stanley, quien era su mejor amiga.

- Si, si he escuchado de ella ¿Eso que tiene que ver?

- Tiene todo que ver, quiero que se case con ella.

Edward soltó una carcajada, la situación era harto ridícula.

- ¿Qué?

-Lo que ha escuchado, señor Cullen, quiero que se case con ella, que la desfloré, que le haga un hijo y que después la abandone, con la promesa de que le condonaré la deuda de diez mil libras, le daré otras diez mil y con mi promesa que el bastardo que tendrá su hermana será un secreto para todo Londres.

Edward se lanzó sobre Alistair y lo tomó de la solapa de su abrigo.

- No se atreva.

- No se haga el escrupuloso conmigo Mister cullen, yo se quien es usted, sino hace lo que le digo, lo meteré a la cárcel por años, su hermana será desprestigiada y quizás terminé en White Chapell como una prostituta más.

Alistair de treinta años era un hombre poderoso, pronto estaría en el parlamento y con gran influencia con el primer ministro de la reina Victoria, él no tendría la menor oportunidad.

- Usted no es un caballero.

- No, no lo soy, ni usted tampoco.

- Es repugnante lo que me pide.

- No tan repugnante cuando Lady Isabella Swan heredará una fortuna de millones de libras, dos castillos y la enorme propiedad de Forks al sur de Inglaterra, quizás mientras le hace el hijo, pueda disfrutar de todo eso y quedarse con algo de esa inmensa fortuna.

- No haré semejante monstruosidad.

- Lo hará, si no lo hace lo sacare de esta casa como un perro, a su indecente hermana y lo desprestigiaré frente a todos, su pobre padre en la tumba se revolcará de vergüenza.

Edward vio la figura tranquila y buena de Carlisle Cullen, su nombre y su prestigio tirado por el suelo y por primera vez sintió remordimiento por el viejo.

- ¿Qué pretende con eso?

El hombre se retiró unos pasos.

- Eso no le incumbe.

- Debo saber.

- Sólo confórmese con el hecho de que Isabella Swan se burló de algo, quiero que pague por eso.

- Es inhumano.

- Ella lo merece.

- No lo voy a hacer.

El hombre sonrió.

- Le daré dos días, señor Cullen, piénselo o si no a las tres de la tarde del viernes, su hermana estará en la calle y usted en la cárcel.

El hombre se despidió, Rosalie escuchaba en la habitación de al lado.

- No lo hagas, Edward.

- ¡Demonios Rosalie! ¡Mírate! En dos meses no podrás esconder tu estado.

- Emmett se casará conmigo.

- No seas tonta hermana ¿esposa de un sirviente? Si nunca en tú vida has hecho nada de labores ¿qué crees? ¿Soportarás ser mucama de algunas de tus amigas?

- Vamonos de Londres, Emmett planea irse para América…quizás.

- ¡No!

- ¿Por qué?

- Este es nuestro hogar.

- Ya no lo es, Edward, estás demasiado enamorado del hecho de ser un caballero, ya no es época, todo cambia.

El hombre se llevó una de sus manos al puente de la nariz con impaciencia.

- Voy a resolver esto.

- Pero hermano...

-¡Cállate Rosalie! Soy tu tutor legal, y no te vas a casar con ese hombrecillo.

- ¿Y mi hijo Edward? ¿Lo vas a condenar a ser un bastardo?

- ¡No! ¡Claro que no!

- ¿Entonces?

- Ya veremos Rosalie…yo resolveré todo.

Rosalie rubia y perfecta vio a su adorado e inútil hermano por primera vez en una encrucijada, pues siempre fue un irresponsable y un cínico.

Edward corrió donde su amante quien lo esperaba con una sonrisa siniestra en su boca.

- Necesito diez mil libras Tania.

- Oh querido, yo no tengo ese dinero, además me debes tres mil.

- ¿Qué?

- Me debes tres mil.

- Pensé que eran un regalo.

- No sea tontin cariño, era un préstamo ¿crees que por tus dotes de amante te voy a regalar tres mil libras y prestarte otras diez mil? No, precioso, págame ahora.

Edward quien sabía que sus dotes de amante eran insuperables, le dio una sonrisa maliciosa.

- Oh hermoso…te regalo dos mil libras por el sólo hecho del exquisito placer que me das, pero el resto no te lo voy a dar, acepta el trato de Sir Alistair.

La presencia elegante y perfecta de Edward Cullen se quedó petrificada.

- ¿Cómo sabes?

- Yo planifique con él nuestra venganza.

- ¿Venganza?

- Él contra la tonta de Isabella Swan y yo contra ti.

Edward dio dos pasos.

- ¿Contra mí? ¿Qué te he hecho?

La pelirroja se levantó furiosa.

- ¿Qué me has hecho? Todo Mister Edward Cullen, ¡Todo!...

- ¿Qué te he hecho maldita zorra?

- Ser tú…bastardo, ser tú….y ¡lárgate de mi casa! Me encargaré de dejar a tú preciosa hermana por el suelo, si no haces lo que te digo… ¡cásate con ese ratón! Y te dejaremos en paz…todas tus amantes estarían felices al saber que el bastardo arrogante y sin corazón de Edward Cullen esta finalmente donde todas sueñan que tú estés ¡pudriéndote en la cárcel!

Edward salió de la casa de la mujer, vio como dos hombres lo seguían. Caminando por la nublada ciudad de Londres supo que no tenía a donde ir, que ese hombre lo perseguiría, que su hermana estaría en el suelo, desprestigiada y tratada como una mujerzuela y que el nombre de su padre enlodado.

En la noche tocando al melancólico Chopin, supo que se casaría con Isabella Swan y no supo por qué pero odió a la chica sin conocerla…él era una extraña ficha en el extraño juego de venganza de Alistair Sinclair y de Tania Denali…

¿Qué hizo Lady Swan para ser tan odiada?

¿Por qué Tania lo odiaba también?

Edward se revistió de cinismo y se aprestó a seducir a la solterona más rica de Europa, sonrió puede que disfrute el proceso…

Más al verla aquella noche toser como una frágil muñeca entendió que aquello sería una tortura.

Maldita sea ¿en que me metí?

Gracias por leer.