Uno y otro

Por Yoana Spiegel

Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes fueron creados y son propiedad de J. K. Rowling y de todos los demás que posean los derechos. Fanfic hecho sin ánimos de lucro.

Advertencias: Ninguna.

Notas: No es que me guste mucho Sirius, pero cuando está con Harry me encanta. Espero les guste esta viñeta situada al comienzo del quinto libro. Disfruten la lectura.


Poco a poco, el tenso ambiente que estuvo reinando varios minutos en el comedor del número 12 de Grimmauld Place se fue diluyendo. Las voces llenas de enojo y reproches cesaron y las miradas fijas desaparecieron para dar paso a un silencio sepulcral y silencioso. Sirius notó como su ahijado caminaba hacia la puerta, con la espalda rígida y la respiración agitada, como si estuviese guardando toneladas de peso para él solo. Sabía que era un muchacho valiente y fuerte, que trataba de no involucrar a la gente que más quería en los problemas de siempre: tratar de acabar con un mago demente de mentalidad absurda. "Mientras menos se involucren, más librados saldrán", ese parecía ser el lema del muchacho. Igual que James, con un alma noble.

Molly estaba totalmente equivocada, pues Sirius Black, aún con una condena de doce años en Azkaban y miles de torturas con dementores, sabía perfectamente que James estaba muerto y al que tenía al frente, en ese momento, era Harry: el hijo de su mejor amigo y Lily.

Antes de que Harry saliera, Sirius lo llamó y acercó una silla a él. Harry volteó pesadamente y el último Black hizo una seña para que se acercase. El muchacho arrastró los pies y se sentó pesadamente, realmente la charla anterior lo dejó confundido y de mal humor.

—Harry, lamento que hayas escuchado todo eso —le dijo Sirius con la voz baja, acercándose más al chico de ojos verdes.

—Realmente no me importa —Harry se encogió de hombros, rodando los ojos. Se levantó de la silla, con todas las intenciones de irse, pero Black lo tomó por la muñeca firmemente.

—Siéntate —el menor obedeció—. Mira, quiero que te quede muy claro y no quiero que hagas caso a las estúpidas ideas de la gente; yo no veo en ti a James. No veo en ti a mi amigo que murió hace años. Tú eres Harry, mi ahijado, un gran mago, valiente y lleno de lealtad a los suyos —el chico asintió a cada palabra mirando a la nada—. Ven —Sirius extendió los brazos y Harry, dudando un poco aceptó el abrazo. Notó como acomodaba la cabeza en su pecho y le apretaba la camisa con las manos.

Se quedaron un rato sin decir nada, pero sintiendo la calidez en ese abrazo. Sirius era un prófugo con una docena de años en Azkaban sobre la espalda, con una reputación de asesino que no le correspondía. Primero se hubiese quitado la vida con su propia varita antes que robársela a sus mejores amigos. Sin embargo, aunque todos sabían ya la verdad, costaba mucho olvidar. Y más aún, dejar atrás el pasado.

—Está… bien —le respondió Harry contra su pecho después de un rato en silencio—, no te preocupes por eso.

—Harry, yo quise mucho a tus padres. Te he querido desde que naciste, pero ahora eres mi responsabilidad y haré todo lo posible por protegerte y que no sufras más de lo que ya lo has hecho.

El chico se apretó más a Sirius, necesitaba de todo el amor y apoyo para poder seguir viviendo y dejar ver a Sirius Black esa sonrisa que iluminaba su marchita alma y de esos ojos que exhalaban la luz que siempre llenaba su corazón.

—James…

Fin.