Capítulo 36 "hermosos pactos"

Esta dedicatoria me gustaría que fuera para alguien genial, alguien que me ha enseñado a reír sin parar. Su torpeza en tecnología igual a la mía, me hace sentir como pez en el agua al descubrir que no soy la única. Su falta de conocimientos de inglés, me hizo pensar lo maravilloso que es el castellano. Su humildad y la forma de expresarse, me repiten una y otra vez que hay mujeres extraordinarias. Sus gatos que no soy yo la única que tiene problemas a la hora de estar en el ordenador. Sus correos me dan energía muchas mañanas. Y su transparencia en las palabras me ayuda a ver muchas veces con más claridad. Gracias Rosi por estar aquí siempre.


_ Te amo.

Lo repitió bajito casi sin dejar que el aire lo escuchase.

...(He sentido celos hasta del aire por tener que compartirte, y miedo de retenerte porque cuando lo hago aún estás más ausente)...

No hacen falta palabras cuando los ojos hablan por sí solos, cuando el amor es capaz de atravesar todas las barreras conocidas entre lo real y lo que no lo es. Y eso es lo que había en los ojos de ambos. El cuerpo habla por sí solo, no es necesario darle órdenes. Las manos acarician y los cuerpos se mecen en un baile desconocido para los demás. Insinuosos y magníficos, unos roces perezosos, como si no quisieran acabar, otros inquietantes, como si no pudieran esperar. Un extraordinario comienzo para lo que siempre conduce al amor. Los sentidos dispuestos y el alma abierta, el corazón intentando mantener el ritmo, siendo el supremo que marca todos y cada uno de los latidos que nos mantienen vivos.

_ Necesito oírtelo decir muchas veces.

_ Y las oirás, te lo prometo.

_ Voy a hacerte el amor como nunca.

_ Eso lo haces siempre.

_ Eres mía.

_ Ahora sé que nunca he dejado de serlo.

_ Jamás volveré a ocultarte nada, aunque esté convencido que es por tu bien.

_ Y si lo haces, te recordaré siempre de la misma manera que estoy de tu lado, que no tengo miedo si estoy contigo.

Sus bocas hicieron el acercamiento, encontrándose en un beso húmedo y tierno,

como si todo lo que tuvieran que conseguir fuera retener el tiempo. Son besos que lamen los labios, besos de nube, besos que dan sin esperar respuesta. Besos generosos. Besos de vuelta a casa. Besos que se siente además de en la boca, sobre la piel de todo el cuerpo como un precioso masaje. Besos que sanan heridas, besos de mariposa, de miel. Besos que tienen música lenta en los oídos del

compañero, que nadie más puede escuchar. Besos como los primeros, como los que al principio buscan reconocer al otro para no olvidarlo. Besos de huella, de que hablan de lo mucho que se extrañan cuando no se tienen.

Son besos color caramelo.

_ Nena tus ojos me hablan, tu boca me pierde y tu cuerpo me vuelve loco.

_ Has descrito a la perfección todo lo que soy en tus brazos.

_ No quiero esperar más y sin embargo me niego a terminar con este encuentro.

_ Cariño, cuando te siento así, me siento poderosa. Tus manos grandes me abarcan por completo. Recorren traviesas por mi piel que grita por más. Y tú me das todo lo que necesito, aunque pida y pida sin parar.

_ Y cuando lo haces, me siento el único.

_ Siempre lo eres. Siempre.

Las manos de Edward estrecharon sus nalgas pegándola contra su cuerpo por completo. La tela sutil y transparente de su camisón se arruga entre sus manos, quitando escasamente algo de tacto entre las mismas.

Le habló al oído en secreto.

_ Creo que este camisón aguantará esta noche sobre tu cuerpo.

_ Jaja, esos espero cielo, es de tu hermana.

_ Jaja, ahora explicame eso, sin dejar de besarme. ¿Podrás hacerlo? Lo dijo apoyando sus labios sobre su frente sin despegarse de ella.

_ Bien lo intentaré, pero si te ríes solo un poquito dejaré de hablar.

_ Te aseguro que es en lo último que pienso. Mis deseos van en otra dirección. Mordió suavemente el lóbulo de su oreja.

_Mientras te hablaba en el despacho, (si no dejas de hacer eso no podré continuar...hummm...)

_ Pues no pienso parar.

_Mis palabras eran de dolor, de impotencia, pero lo último que intentaba era hacerte daño. Cuando me he alejado de ti y he subido a nuestro dormitorio he entendido algo, y quizás te suene egoísta. Edward no puedo herirte porque me hago daño a mi misma.

Los ojos de Edward cerrados y cerrados en el delirio de su olor, se abrieron despacio antes sus palabras. Había sido un "Te amo" más en otro idioma. Si amas no puedes lastimar, porque el dolor que causas se vuelve contra ti.

La estrechó fuerte, reteniendo en ese contacto cada palabra dicha, cada emoción sentida.

_ Y ahora si he sido mala. Necesitaba captar toda tu atención como mujer. Quería deslumbrarte. Deseaba que al verme, si venías enfadado o dispuesto a seguir con tus planes de excluirme, te vieras derrotado y accedieras a mis peticiones.

Perdoname.

_ Nena, no me pidas disculpas. Me vuelves loco siendo mala como tú dices, pero por mucho que lo intentes no lo serás nunca.

_ No me chafes los planes.

_Podrías estar hundida en el barro, vestida como una bruja, disfrazada de payaso o de loca, y me atraerías hacia ti como un imán. No existe fuerza que impida eso.

_ No me hace falta ningún disfraz de loca, ya lo estoy por ti.

Se lo dijo al oído, lamiéndolo y acariciando con sus dedos su nuca.

_ Firmaste el fin de estos preliminares cariño.

_ Ya no puede resistir más.

Tembló su boca al decir esas palabras. Edward la tomó en brazos y la depositó en la cama.

_ Quiero que me mires nena, que no dejes de clavar tus ojos en mí, mientras me desnudo para ti. Quiero que repitas en esa preciosa cabecita tuya una y otra vez, que mucho o poco todo lo que soy es por y para ti.

Fue desnudándose lentamente viéndose en sus mares intensos, nadando en ellos, ahogándose de deseo. Bella impaciente mordiendo sus labios fuerte hasta el punto de blanquearlos. Sus ojos abiertos curiosos, como quien no ha visto jamás algo similar. Sus piernas rozándose, uniéndose y estrechándose ocultando su húmedo coño, al que llevó una mano sinuosa para cubrir su desnudez a través de la gasa del camisón.

_ Si te acaricias me matas.

Como una mujer con poderes mágicos, su mano fue acariciando su pubis, sus dedos perfilando su coño caliente, dibujando los labios excitados del mismo.

La mirada de Edward se lo decía todo, todo lo que esperaba de ella. Introdujo uno y luego dos dedos dentro de su coño y cerró sus ojos, estrechando sus piernas por instinto. Sus dientes presionando aún más sus labios.

_ Mírame nena, mírame.

Y Bella abrió sus ojos para ofrecerle todo su placer reflejado en sus pupilas. Más allá de su deseo el de Edward, más allá de su placer, el de su hombre.

_ Mecete nena, muévete.

Como una sirena su cuerpo ondulando, como un juguete en sus manos, sus dedos moviéndose. Lista, loba, ardiendo, giró sobre sí misma ofreciendo una vistas aún más provocativas. Sus nalgas duras y tensar dibujadas bajo el tejido de ese camisón que había iniciado una guerra contra los sentidos. Volvió su cara que tenía apoyada sobre las sábanas y lo que vio la enervó mucho más. Su corazón saltando de triunfo. Edward agarraba firmemente su polla debatiéndose entre caricias y control. Su rostro en una expresión de batalla, su mandíbula contraída, sus dientes

apretados, sus ojos... sus ojos solo la veían a ella. No existía nada más.

Cualquier signo de resistencia había desaparecido. Pasó casi a cámara lenta su lengua por sus labios y observó el mismo movimiento en respuesta en la de Edward. Un ogro rendido a un precioso halcón.

_ Eso vendrá después, ahora nena solo quiero enterrarme en ti, pero te aseguro que tu boca, tu boca lo probará todo.

Una sonrisa bandida perfiló sus labios golosos, aceptando esa propuesta más que entendida. Y el momento no se hizo esperar. Dos pasos hasta ella y sus manos se aferraron a sus caderas.

_ Fuerte nena, procura agarrarte fuerte.

Con la mano izquierda aún en su cadera y su mano derecha enrollada en su pelo. La penetró de forma salvaje, ruda, primitiva, con un solo fin, apagar el deseo de ambos.

Volvió a sentir a vivir como cada vez que estaba dentro de ella, a quien pertenecía. Sus gemidos roncos, su sed de calmar entre el placer y la agonía. Esos ruiditos particulares, suyos, los de Bella. El gesto de su mujer cuando la penetró sin miramientos. Su olor, aquel olor tan deseado, tan conocido por ambos. ¡El paraíso!

_ Ahora no te muevas cielo, dejame a mí.

La gloria fue escuchar esas palabras porque no podía soportar tanto placer con solo abarcarlo dentro. Lo sintió despacio pero fuerte dentro de ella, intensos los roces. Cerró los ojos al escuchar el sonido de ambos al encontrarse. Casi avergonzada por su humedad que hablaba por sí sola, del lugar donde se encontraba. En ese lugar donde no existe retorno, donde no hay vuelta atrás.

_ Edward cariño, no pares por favor no pares, más fuerte, más.

Es un misterio como los cuerpos de los que se aman se entienden, como reconocen en las palabras, o en los silencios los gestos necesarios para acallar los gritos de placer. Es hermoso reconocer en cada movimiento compartido solo por ambos, en cada respiración agitada, como el amor sabe todos los idiomas. Son instantes en los que el pudor se esfuma, desaparece para dar paso a los instintos más hermosos, carnales y reservados que cada uno posee para el otro. Son gestos inconscientes y únicos, gloriosos y sin medida, porque nacen de la necesidad. Animal frente animal, despojados de toda cordura. Carne contra carne donde lo único que nos hace especiales es la capacidad de entregar mucho más de lo que recibimos, hasta que la línea que supera el placer, nos hace perder la razón y someternos a un viaje esperando que alguien nos traiga de regreso.

Ambos en el éxtasis, donde todo es nebulosa, donde puedes tocar el alma de tu compañero por una milésima de segundo. Donde todo es verdad.

_ Jamás sabrás como te amo.

Se abrazó a su espalda para dejarse caer sobre ella soportando el peso con sus codos y ahuecó su cuerpo para cobijarla. Piernas y brazos aún entrelazados como una enredadera creciendo y abrazando un árbol. Besos de mariposa sobre sus hombros hasta llegar a su boca y sentir en su aliento ligero su oxígeno.

Si los momentos que inician la contienda son hermosos por su fuerza, los que preceden al amor, pueden ser arrebatadores.

_ No me sueltes, me caería.

_ Nunca princesa.

En cuanto esas palabras salieron de su boca se sobrecogió. A ella le hacía daño escucharlas, al no recordar donde las había oído.

_ Mirame cariño, no cierres los ojos. Cuando tú las dices, haces que sea una princesa de verdad. No importa sino recuerdo el pasado, de cualquier manera jamás vuelve. Soy tu princesa, quiero serlo.

Tomó su rostro entre sus manos y la besó por todas partes. Su frente, sus ojos, su nariz, sus mejillas como si quisiera dibujar con sus labios cada trazo, cada facción de ella.

_ Princesa.

Lo dijo besándole la boca, con los ojos entrecerrados sin dejar de ver su rostro, ese que adoraba más que a nada. La vio sonreír.

_ Aunque no lo creas lo echaba de menos. Pensé que por haberte explicado lo que me ocurría ya no me lo merecía, que no volvería a escuchártelo decir nunca más.

_ Eres mucho más que eso preciosa, mucho más.

_ No estoy abierta al chantaje. No quiero que utilices juegos ni estrategias contra mí.

_ Yo no vería tan irresistible con ese camisón. Rieron los dos a la vez.

_ Seguro que no, pero no te diré todo lo que ganas desnudo.

_ Ya sé lo que puedo utilizar para llamar tu atención.

_ ¿Más aún?

_Regalame los oídos, inflama mi ego, te aseguro que lo necesito.

Lo besó suave y silenciosamente mientras acariciaba su brazo y delineaba su piel.

_ Bien preparate. Cuando te veo desnudo frente a mí, me siento fuerte, segura, orgullosa y agradecida por tenerte, porque seas solo para mí. No sé que habré hecho para merecerte, pero no pienso hacer nada para perderte, muy al contrario, lucharía contra todo, contra todos por estar junto a ti el tiempo que tú quisieras. Mientras pronunciaba esas palabras, sus piernas se aferraban a las caderas de Edward, atrayéndolo, atenazándolo, como si cada una de sus piernas quisiera expresarse con esos movimientos.

Notó firme y erecta, dura como una barra de acero la polla de Edward y sus ojos lo buscaron con curiosidad y asombro.

_ ¿Te extrañas? Es como si aún no supieras el poder que tienes sobre mí, como si no reconocieras como mi cuerpo te reclama. Cada parte de lo que eres, cada partícula de ti encaja en mí de una manera increíble.

Las puntas de sus dedos tocaron como a teclas de un piano, una música silenciosa en su espalda, delineando su columna en un descenso de vértigo. Siguieron la marca dibujada de su culo hasta el oculto rincón de su entrepierna. No hubo palabras, solo un movimiento al agarrarla por las caderas y alzarla para volver a hundirse en ella buscando nuevamente su calor.

_ Hahhh...hahhhh...

_ Eso es princesa, eso es. Siéntelo de la misma forma que yo lo hago. Lento ahora, muy lento, dejame disfrutarte Ohahhhh, grrrr, ahhhh.

Oír su voz hablándole de lo que sentía, de cada sensación de placer que le producía en todo su cuerpo, era situarla al borde de un abismo delicado y delicioso al mismo tiempo que abrupto y peligroso.

Como un cuadro artístico sus cuerpos entrelazados de forma sofisticada y a la vez natural.

_ Apriétame nena, como tú sabes hacerlo. Quiero que tu cuerpo me hable de lo que sientes cuando estoy dentro de ti.

Estrechó su coño haciendo presiones suaves, dilatando y uniendo sus músculos

vaginales, contrayendo sus nalgas y cerrando sus piernas.

_ Dios... no dejes de moverte así.

_ No lo haré, seguiré hasta que tú me lo pidas, haré lo que tú me digas, seré quien tú quieras que sea.

_ ¿Te has propuesto matarme?

_ Solo amarte Edward, con todo lo que soy, y con todo lo que soy capaz de reinventar para ti.

Dos de sus dedos fueran hasta su boca, introduciéndolos ella, intentando atrapar su lengua y enjugándose en su saliva.

_ Quisiera llenarte de mí por todas partes, darte tanto placer que no pudieras

soportarlo.

La tomó sin esfuerzo y la subió sobre sí mismo y una vez acomodada se incorporó para quedarse sentado frente a ella.

Sus pechos a la altura de sus pechos coronados en unos pezones rosas, listos para ser degustados. Sus ojos abiertos mientras su lengua iniciaban un banquete placentero a sus sentidos.

La sintió dando pequeños saltitos sobre su polla, con sus rodillas ahora reposando fuerte sobre la cama.

_ Estas siendo mala ahora y las niñas malas pueden quedarse con hambre.

Lo estaba quemando. Sus pequeños dientes mordían sus hombros mientras que

Edward arremolinaba su lengua sobre sus pezones.

Sus manos abarcaron sus pechos uniéndolos y amasándolos pasando la lengua por ambos. Unió sus pezones para comer de ambos. Se estaba perdiendo nuevamente en ella.

_ Edward sigue haciendo eso por favor, por favor.

¿Ella le pedía que siguiera con aquellos juegos?... O paraba o la engulliría como una boa a un ratón.

_ ¿Sabes lo que quiero ahora? Se lo dijo imperativamente.

_ Sí.

_ ¿Estás segura?

_ Sí.

_Dime que lo deseas también.

_ Tanto como tú.

Como dos bailarines en armonía, con plena sincronización, sus cuerpos se movieron para encontrar lo que buscaban.

Bella de cara a la sábana, con su vientre pegado a la cama, su cabeza ligeramente levantada, su mano entre sus piernas buscando con sus dedos su clítoris ansioso, elevando sus nalgas. Edward sobre ella, una rodilla apoyada firme en la firmeza del colchón, la otra buscando total paralelismo con la de Bella. Una mano sujeta a su nuca, y la otra dirigiendo su bestia hacia la entrada de su culo.

Despacio, lento, preciso su empuje hasta entrar en un vacío de placer para ambos de dimensiones desconocidas.

Colocó su mano sobre la de Bella para sentir como se acariciaba y se unió a sus movimientos, introduciendo dos dedos en su coño.

Cada uno de ellos sintiendo sus impulsos, una electricidad indescifrable, interna y maravillosa, unida en simbiosis perfecta.

_ ¿No quieres hablar princesa?

Movió la cabeza negativamente.

_ ¿Ni gemir nena?, regalame uno de tus ruiditos gatita. Mordió sus labios intensamente.

_ Eso también me gusta, diría que me desquicia, que me enloquece. Sacó la polla de su culo y de un solo movimiento la hundió en su coño.

_ ¿Eres consciente de lo que me haces? No se donde quiero estar. La vio sonreír von las mejillas encendidas.

_ Bruja, preciosa bruja.

Descendió hasta ella, a la altura de su cara hasta morderla y buscar su boca, entrando con su polla y moviendo sus dedos sobre los de Bella, rebalsándolos por su clítoris.

_ Si hubiera algo que inventar sobre el amor, lo inventaría para ti.

Y lo siguiente que sintió fueron los temblores de Bella haciéndolo presa de su orgasmo para notar al mundo meciéndose bajo ambos...

…...


Para ti Fátima

Bueno nena, hablamos a través del chat, y aunque manifestaste todas tus dudas, fue una conversación a dos, de las que me agradan y me demuestran, que aunque dos personas no piensen ni sientan de la misma manera, pueden hablar respetándose, sonriendo y aprendiendo la una de la otra.

Lo primero que me gustaría es que mirases detenidamente el nombre de nuestro blog, "Robsten desde nuestros ojos".

Cinco mujeres se han unido a pesar de la distancia, de la edad, de las obligaciones como madres, esposas y trabajadoras porque oyeron sus corazones bajo el mismo latir.

Aunque cada una es diferente, Loly la fuerza y la rebelión. Flor la alegría y la superación.

Anes la prudencia y el hermoso silencio.

Mamen la inocencia y la tranquilidad.

Y de mí ¿qué puedo decirte?, ya serás tú la encargada de ponerme los atributos que creas convenientes.

cada una de nosotras lo hicimos bajo un mismo lema "Podemos porque queremos", y nos hemos plantado aquí.

No nos importa no saber, porque podemos aprender, tampoco le dimos demasiada importancia a la edad, porque todos tenemos el derecho a buscar la forma de disfrutar en cualquier parte, y en cuanto a nuestros trabajos y responsabilidades, ya conoces el lema "las mujeres podemos hacer muchas cosas a la vez".

Algo muy grande para nosotras nos unió, y sin lugar a dudas fue el fenómeno Robsten. ¿Qué puedo decirte? Medio mundo los sigue, y el otro medio aún no ha aprendido a leer. Ya sé cielo que todos no miramos con los mismos ojos, ni vemos las mismas cosas, y que la diferencia en algunos casos es indescriptible.

Ya ves, los ojos están para mirar y cada uno ve con los suyos lo que éstos le permiten ver. Podemos dejarnos influenciar equivocadamente por la típica frase "una imagen vale más que mil palabras", pero Fátima, es que son muchas muchas imágenes.

Lo que si sucede en la mayoría de los casos, es que a la vista, se le unen los sentimientos, le acompaña el corazón, y uffff, ¡campo de minas!, ¡cuidado!. Ellos, los sentimientos, no los elegimos, se despiertan dentro de nosotros ocasionando distintas reacciones. Yo particularmente amo todas y cada una de ellas, siempre y cuando no estén vinculadas con la falta de respeto, la violencia o las especulaciones que siempre ocasionan daños colaterales.

Por lo demás considero que es grandioso que cada uno pueda abrir la ventana y ver el mar como su estado de ánimo o su corazón le permita.

Verás me encantan los ejemplos y como me gustó hablar contigo esa mañana de primero de año te cuento un secreto.

Cada mañana cuando me levanto miro a través de la ventana un hermoso mar.

- Los lunes son para mí pesados después de un fin de semana en el que he querido disfrutar más, hacer más cosas... por lo tanto el mar que veo es gris plomizo, quieto con tintes de óleo.

- El martes, algo menos oxidado mi cuerpo... el mar que veo es de un gris más verdoso y pequeñas olitas, con un reflejo de plata lo remontan.

- El miércoles lo observo y como a mí, exactamente igual, las horas pasadas me van aligerando... el mar que veo donde se apoya el horizonte, es el espejo de un precioso cielo que destella brillos impactantes y grandiosos, me recuerda que la vida es mejor cuantas más ventanas abiertas se encuentran.

- El jueves, será quizás porque es el día que se encuentra en el centro de la semana, todo es equilibrio... al igual que el mar que veo, liso y aterciopelado de un tono azul intenso, sereno, profundo e inmenso.

- El viernes, casi a punto de comenzar mi fin de semana, estoy ilusionada, revuelta y enredona por todo lo que podré hacer con mi tiempo libre... el mar que miro ahora es igual, verde, bravo. Sus olas se dejan mecer por un viento que las acaricia dándole la bienvenida.

- El sábado soy un huracán de proyectos... mi mar está tan en explosión como yo. Sus olas saltan las escolleras lamiendo las rocas que forman sus brazos. La orilla es un ir y venir de agua salada que araña la tierra, unas veces recogiendo arena y otra devolviendo tesoros.

- El domingo, como soy un ser de la creación descanso... El mar que veo entonces Fátima es el que nos da la vida. Cuando lo miro con mi taza de café en la mano, creo que nos damos las gracias por mirarnos cada mañana, por formar parte de todo lo que somos, cada uno a nuestra manera.

Con todo esto intento decirte que por mucho que pudiera explicarte como veo las cosas, ¿qué importa si jamás hemos dejado de mirar el mar?

A cada una de nosotras nos despertará emociones diferentes, no son ni mejores ni peores, no tienes que sentirte nunca mal por ello, siempre que cuando lo mires lo que veas nena sea el mar y no dragones. ¿me entiendes?

No importa que Robert mire más a Kristen, nada deja claro que sus sentimientos sean más grandes por ese detalle, y mucho menos que Kristen no lo ame por no manifestarlo de forma diferente a la que nos gustaría.

MIRA EL MAR FATIMA, DE CUALQUIERA DE LAS DISTINTAS POSIBILIDADES QUE LO VEAS "ES HERMOSO"

Anitina.