Hay una historia, la historia de nuestro mundo, que nuestros padres nos cuentan a la hora de comenzar a crecer, pidiéndonos no olvidar como fue forjado el presente.

Como cada mundo, el nuestro dependió constantemente de guerras para continuar avanzando, consiguiendo progresos indiscutibles y sobre todo, la prosperidad única en todos los aspectos posibles. No había razón alguna para detener el derramamiento de sangre, algo poco significativo para las ganancias que se obtenían con cada botín de guerra. Solo las razas más fuertes sobrevivieron a las adversidades, la sequía y al financiamiento de las guerras mientras que las débiles terminaron siendo extinguidas sin piedad. Cada una de las razas desarrollo métodos para llegar a la victoria, sin importar el costo. La raza de los Paladium tomaba control del sur, comenzando a unir a sus ejércitos las razas que sometían, sin temor a los más poderosos; El poder y la perfidia de los Nigromantes tomando el control de las tierras del norte, envolviendo las tierras sin que los demás se enterarán y sus engañosas tácticas los mantuvieron fuera del blanco de sus enemigos. Para entonces, solo siete razas sobrevivían, y con tristeza la raza más antigua notaba que su mundo pronto se convertiría en una enorme necrópolis.

Lo que al principio se creyó el futuro, ahora parecía nuestra perdición.

Los Elementum, al ser la raza más arcaica y sabia pidió a sus dioses por piedad, queriendo encontrar una solución a lo que parecía inevitable, en respuesta, la naturaleza misma les concedió su magia, los espíritus del mundo unieron fuerzas con ellos, llevándolos a grandes victorias con la promesa de proteger al mundo de la destrucción de las razas. Y los Elementum cumplieron su promesa, llevando una nueva forma de subsistencia a su mundo. Queriendo impedir la muerte y predicando una paz necesitada.

Más otra nueva guerra fue inevitable.

A pesar del avance y las victorias obtenidas con ayuda de los espíritus, los Elementum no pudieron prevenir la siguiente cadena de eventos que llevarían a la tragedia su intento por unificar la tierra. La raza más joven del mundo, capaces de crear grandes tecnologías mágicas, descubrieron el secreto detrás de los Elementum y tras años de experimentación crearon los artefactos llamados corazones, cuyo objetivo era multiplicar la magia de los guerreros, volviéndolos casi invencibles. Consiguiendo victorias aplastantes, pronto obtuvieron la rendición de la mayoría de las razas, obligando a los Elementum a retirarse, persiguiéndolos y despojándoles de su tierra. Con su ambición desmedida y su soberbia se hicieron llamar Deumonium, dioses guerreros. Las demás razas temieron y fueron masacradas sin piedad, tiñendo al mundo en un rojo escarlata.

Pero al igual que todo gran imperio, los Deumonium no fueron capaces de prever lo que su propio invento causaría a su pueblo. Los artefactos les volvieron lo que ellos deseaban a un costo demasiado alto. Una vida demasiado corta, reacciones incontrolables y casi un instinto asesino que les obligaba a matarse entre ellos. Tras siglos de batallas, con ningún líder al frente, los Elementum y Deumonium finalmente decidieron formar un pacto terminando definitivamente con una guerra sin fin y tras la supresión de las razas restantes, se obligó al mundo a mantener una paz forzada.

Por décadas se mantuvo esa paz, tan frágil, que un solo error provocaría un caos inigualable y que era imposible detener.

Hace diez años, los Nigromantes rompieron esa paz, creando la magia negra. Engañados por los líderes Nigromantes, los Deumonium alzaron sus armas contra los Elementum, quienes no tuvieron tiempo de prever el ataque masivo a su raza. Esa masacre fue el final de las guerras con el juramento entre Deumonium y Elementum, para formar una alianza.

Esta historia nos recuerda lo que se tomó para llegar a poder vivir sin miedo. Vivir creyendo en un mañana que no implique la sangre.

Y sin embargo, parece que el odio seguirá teniendo más peso en el presente. Los rumores corren, los conservadores de las razas buscan destruir lo que con tanto esfuerzo y tiempo lograron nuestros antepasados. Ahora solo queda esperar, ¿Qué raza derramará la primera sangre?

Seguramente olvidaremos, que el camino se abrió luego de las lágrimas y la sangre derramadas.

LEJOS DE LOS OJOS, LEJOS DEL CORAZÓN

Capítulo 1. Convivencia Obligada.

Las miradas borgoña se encontraron con fuerza: una llena de indiferencia, la otra llena de necesidad, pero ambas escondiendo muy en el fondo una soledad infinita y dolor. La mayor comenzó a caminar ignorando nuevamente a su hermana tirada en el suelo. Fate alzó la mano deseando sostener la mano de quien se alejaba y sin embargo se detuvo a sabiendas que no tenía derecho de pedirle nada.

-Alicia…

"Como siempre tenías que arruinarlo ¿no Fate? ¿Por qué no entiendes que nunca podrás superarme?"

Fate Testarossa Harlaown cerró los ojos con frustración, con tristeza. Su hermana mayor nuevamente había sido muy clara en cuanto lo que jamás llegaría a ser; pudo sentir la opresión en su pecho crecer un poco más y en su corazón herido sintió otra punzada. Abrió los ojos para notar que volvía a encontrarse sola, rodeada de libros, polvo y desorden. Suspiró con pesadez.

A veces olvidaba que era su lugar.

Se levantó de la alfombra vieja y trato de peinar su cabello revuelto. Se había quedado dormida en la bodega de almacenamiento. Observo por una de las ventanas como apenas comenzaba a amanecer; parpadeó un par de veces para despejarse y finalmente se colocó en pie. Sacudió sus ropas y soltó un respingo al estirar su mano derecha. Elevó su mano mirando las raspaduras ya secas en sus nudillos y dorso. Ahora que la observaba tal vez tenía algún esguince, pero nada más grave. El encontronazo de ayer con su hermana mayor había sido tan rápido que no había notado su herida. Recordaba como ambas habían arrojado su puño una contra la otra, impactando con el contrario; lamentablemente para ella, Alicia siempre cargaba un guante de metal sobre su mano derecha, por lo que el mayor daño lo había recibido ella. Y lo peor era que la razón de la pelea había sido porque Fate había olvidado llevar el libro de antiguas técnicas la mañana anterior de vuelta a su estudio.

Un ladrido le obligo a bajar la mirada encontrándose con un pequeño cachorro color naranja agitando la cola alegre. Arf, su espíritu, era parecido a un perro de orejas puntiagudas, ojos azules y una gema roja en medio de su frente.

-Arf…- se inclinó para acariciarla.

"Tienes que aprender a mirar Fate."

Sus movimientos se congelaron, extrañada de la frase mencionada por Arf. ¿Aprender a mirar? No entendía que quería decirle con eso. Sus ojos borgoñas miraron directamente a los de su espíritu, esperando, pero no volvió a escucharle. Con un suspiro volvió a erguirse y salió de la bodega seguida del cachorro. La puerta se cerró tras ellas sin necesidad de moverla, bloqueando a cualquier intruso por si sola. Recorrió el jardín trasero que contaba con gran variedad de flores, plantas medicinales y cinco enormes arboles de jacarandá; detrás del último se escondía una puerta de madera vieja. Fate sacó del bolsillo de su pantalón una llave de cobre y la colocó en la cerradura; entró sin molestarse en cerrarla ya que no era muy común ver gente rondando por esa parte del territorio Testarossa.

Camino por un pasillo de mármol iluminado por el sol; otro pequeño jardín con una fuente en medio contaba con lirios silvestres, detrás, se encontraban dos cuartos abandonados y al final del pasillo la puerta de su habitación. Entró desganada, la habitación contaba con un armario, un clóset, un escritorio lleno de curiosos objetos y una cama junto a la ventana. Fate se tiró sobre esta, con Arf a sus pies y observó el techo donde se encontraban varios dibujos que ella misma pintaba en tiempos de ocio, cuando terminaba los deberes y le sobraba tiempo libre. Desde su posición en la cama miraba el enorme espejo en la puerta izquierda del clóset, por el que observaba el pasillo y la puerta principal- eso le encantaba, ya que muchas veces observaba la lluvia o el jardín, incluso algunas veces el jardín trasero-. Tres veces por semana vivía en aquel lugar, arreglando el pequeño jardín, acomodando y limpiando las bodegas o archivando papeles. Eran los deberes que su hermana mayor Alicia le había asignado para la familia Testarossa. Aun cuando eran familia de sangre, después de la muerte de sus padres jamás tuvieron contacto, hasta hace un año que Fate decidió ir a hablarle sin esperar nada. Su hermana, escuetamente, con su mirada fría le aclaro que tenía que empezar desde abajo y que no recibiría ninguna herencia.

Fate no pudo rechazar la oferta, quería conocer todo aspecto de los Testarossa y a su hermana. Sin embargo, las cosas no resultaron tan sencillas. Muy pocas veces veía a Alicia y siempre era fría y distante, no le trataba. Fate, quien creció con el cariño de la familia Harlaown, su madre y hermano adoptivo siempre le demostraban afecto. Por lo que le frustraba mucho que Alicia no le reconociera en ningún sentido y provocaba conflictos entre ellas en muchas ocasiones.

Con un gesto decisivo salto de la cama alertando al cachorro, no dispuesta a dejar que el mal trago le ganara. Pudiera ser que por ahora su hermana le tratara así, pero pronto eso cambiaría, se convenció. Ya le demostraría a su hermana quien era ella, no volvería a dejarle insultarla. No volvería a burlarse de ella; podría no ser tan hábil con la magia, ni tan inteligente, pero aun así superaba al promedio y podía asegurar, que era mejor guerrera que la mayoría de los jóvenes de diecisiete años.

"Voy a demostrarle quién soy. Demostraré que también soy una Testarossa, Alicia" pensó con decisión.

Y nada le detendría para lograrlo.

Fate camino hasta su clóset y saco el nuevo uniforme que portaría en la Academia Aitana, a la que asistiría desde aquel día. Con lentitud se colocó la camisa blanca, la falda color negro con tablas a la derecha y finalmente el chaleco del mismo color con la pequeña corbata negra. La chaqueta decidió no llevarla, ya que el clima se notaba caluroso y de un movimiento rápido se puso sus botas negras, que combinaban perfectamente con su uniforme. El primer día de escuela y el nerviosismo ya estrujaba su estómago de manera violenta; como detestaba las novedades, más que nada porque no sabía que debía esperar del transcurso del día. Dos razas que no se llevaban bien, tan cerca y obligadas a convivir. Indudablemente sería un día pesado.

La rubia alzó la mirada ante los golpeteos en su puerta. A unos metros de ella una joven de ojos zafiro y cabellos castaños le observaba con una sonrisa. Casi por reflejo, una pequeña sonrisa se instaló en los labios de Fate. Antes siquiera de invitarla a pasar, la joven ya caminaba hacia ella, luciendo un hermoso uniforme bien planchado, portando el emblema de tres barras de la Academia Aitana, con la falda era plana y una chaqueta estilo militar, todo de un color azul. En un hombro mantenía la correa de su mochila negra. Arf se arrojó a sus brazos para lamerle el rostro, saludándola con ladridos de emoción y la joven no dudo en abrazarla con energía. Su mirada zafiro enfocó el atuendo de Fate luego del asalto del cachorro, observándola de arriba hacia abajo.

-Veo que no lo olvidaste- su voz era relajada y alegre.

-Hayate, es un poco extraño que me visites aquí.

La sonrisa de Hayate creció de una forma inquietante para Fate. Cada sonrisa en la castaña era diferente y con un significado en específico, sin embargo la mayoría de las veces no era capaz de descifrarlas hasta que su amiga hablaba. Fate consideraba a Hayate Yagami su mejor amiga; compartían un pasado similar por la guerra, las mismas ideas -casi siempre-, gustos algunas veces y otras muchas compartían los regaños por sus travesuras. Se conocieron desde muy temprana edad congeniando rápidamente y se profesaban la suficiente confianza como platicar sus miedos y deseos.

-Quise visitarte, ya sabes, hace mucho que no hablamos y…- la mirada azulada se volvió burlona-…si nos vamos ahora, llegaremos con solo cinco minutos de retraso a la inauguración.

Fate maldijo por lo bajo; había olvidado que al ser el primer día entraban una hora más temprano para la ceremonia de inauguración y la ubicación de alumnos. Algunas veces pensaba que si no fuera por Hayate su vida sería mucho más desastrosa de lo que ya era; por esos detalles que su amiga tenía con ella, Fate no solo la apreciaba y quería, sino que le admiraba. Hayate podría tener una gran posición económica y lugar entre su gente del que si quería podría aprovecharse y sin embargo, era sencilla y humilde. Se preocupaba por las personas que conocía a su manera y era muy observadora e intuitiva, tanto que era capaz de saber todo de una persona con solo echarle una mirada, lo que hacía aún más peligroso su humor algo retorcido.

Hayate Yagami se consideraba entre los Elementum la líder por herencia. Su familia era la más antigua y sus costumbres dictaban que debía ser la que se encontrara frente a ellos, ya que portaba con una sabiduría mayor enseñada por sus antepasados. Hasta ahora Hayate cumplía muy bien el papel frente al consejo, sin embargo frente a su amiga, la castaña se comportaba como lo que era, una adolescente que buscaba divertirse y conocer cosas nuevas.

-"Hayate-chan~"

La infantil voz se escuchó en su mochila y Hayate sonrió para abrirla. Dentro un pequeño espíritu se frotaba un ojo mientras se estiraba al acabar de levantarse. Su cabello azul claro se encontraba revuelto y sus ojos azules miraban entrecerrados a su Elementum. Reinforce alzó vuelo y se colocó en el otro hombro de Hayate, dejando que la castaña acariciara su cabello con dos dedos.

-Rein, buenos días dormilona- saludo Hayate.

"Buenos días." – respondió a su saludo-"Buenos días Fate-chan."

-Buenos días Rein.

Arf lanzó un ladrido saludando al pequeño espíritu Reinforce. Hayate se volvió a mirar a Fate con una sonrisa diferente, una casi risueña, pero en sus ojos mantenían un sentimiento parecido a pena. La castaña se inclinó para dejar al cachorro sobre el suelo y se irguió, todo sin dejar un segundo de observar a la rubia y finalmente se cruzó de brazos. Hayate quería evitar a toda costa que Fate volvieran a salir lastimada, pero estaba segura que el entrar a la Academia Aitana significaba enfrentar de nuevo eventos que le llegarían a destruir. Alicia era una de ellas, sin embargo la segunda poseía otro nombre.

-Creo que es hora de irnos- anunció Hayate, regresando a su sonrisa habitual.

Fate asintió con la cabeza, todavía extrañada de la sombra que cruzó los ojos de Hayate hace unos segundos. Terminó por colocarse la chaqueta y camino hacia el espejo para arreglar su cabello dorado con los dedos. Hayate entre tanto tomo la bolsa negra de Fate; con Rein riendo sobre su hombro y Arf corriendo tras ella salió del cuarto, murmurando para sí:

-5, 4, 3, 2…

Antes de terminar, Fate ya corría sobre sus pasos llamándole para que se detuviera.


-Absolutamente no.

-Nanoha, ya hablamos de esto.

Nanoha Takamachi, hija menor de tres hermanos mantenía una seria discusión con sus padres sobre su futuro. Era algo extraño que los miembros de la familia Takamachi discutieran por algo, ya que sabían convivir y respetar los deseos de cada miembro, apoyándose entre sí; más en esta ocasión parecía que Momoko, la madre, y Shiro, el padre, no darían su brazo a torcer en cuanto a la educación de su hija menor. Los ojos azul violáceo de Nanoha se mantenían fijos sobre su desayuno seguramente ya frío, con sus brazos cruzados sobre su pecho y el rostro tenso ante la molestia que le causaba la noticia de que tomaría clases en la Academia Aitana.

Momoko pasó una mano por su cabello pelirrojo, el mismo heredado por Nanoha, así como sus ojos, para luego soltar un suspiro exagerado en decepción.

-Que mi hija sea una conservadora- dramatizó la voz-. ¿En dónde me habré equivocado?

Nanoha por su parte enfureció más ante el intento de aligerar el ambiente de su madre. Se encogió sobre su silla y soltó un bufido mostrando su irritación. No es que fuera una de esos conservadores que creían ser de una raza superior, burlándose de las otras y causando peleas de las cuales no salían bien librados. De hecho, era todo lo contrario, Nanoha no apreciaba su magia y odiaba tener que hacer uso de esta aun cuando fuera para defender su vida. Y eso era exactamente de lo que trataba la Academia; instruirte para usar tu magia, convirtiéndote en un guerrero de élite. Sin embargo. Nanoha no era capaz de decirles a sus padres que le temía a su propia magia, su orgullo como Deumonium lo traducía a debilidad. Su raza siempre había sido de guerreros únicos, poderosos, valientes y orgullosos. Siempre fue así y eso no cambiaría ahora. Si su familia se enteraba de sus miedos seguramente sentirían decepción, bajo cualquier circunstancia.

-Ya se decidió Nanoha, hoy será la inauguración para que conozcas a tus compañeros Elementum. Te enseñarán a usar tu magia.

-¡Dije que no quiero ir!- antes de que su madre hablara continuó- Y no soy una conservadora. No tengo nada contra los Elementum, pero yo no quiero enlistarme para ser un soldado.

-Guerrero- corrigió Shiro.

-¡Lo que sea!

La ceja alzada de su padre le advirtió que su tono ya estaba muy elevado, así que trató de encontrar la calma donde no la tenía y continuar con una conversación medianamente respetable, porque ganas de romper a gritos no le faltaban. Las pisadas de sus hermanos bajando las escaleras hacia el primer piso se escucharon y pronto ambos se encontraban en el comedor familiar. Nanoha sabía que era más por curiosidad que por preocupación; a sus diecisiete años ya comprendía que ese era el momento de callar y retirarse, o ser la diversión de Miyuki, su hermana mayor.

-¿Por qué tanta discusión?- preguntó Kyouya, el mayor de los tres.

Como su padre, sus hermanos mayores lucían un cabello castaño, pero a diferencia de los dos hombres de ojos cafés, Miyuki contaba con unos ojos color jade, directos y juguetones que a Nanoha le recordaban a un gato astuto.

-Nanoha y Miyuki entraran a la Academia Aitana. Fin de la discusión- habló claro y directo Momoko.

-Ow, ya veo, así que tendrás que ir a ser soldado hermanita…- Miyuki pareció meditar lo dicho-. Espera, ¡¿Qué?!

Miyuki observo a su madre como si en ese segundo hubiera perdido la cabeza y la hubiera remplazado con una mosca. Nanoha no pudo evitar que su mal humor se convirtiera en lo opuesto al ver que no sería la única obligada para asistir en la Academia Aitana. Por lo menos, ahora que su hermana peleaba con sus padres entre gritos y uno que otro insulto, supo que ese día no tendría que soportar ninguna broma de ella, y también pensó, que ese año su familia estaba destinada a romper su récord de discusiones entre padres e hijos.

-¡Irán las dos! ¡Punto, punto y punto!- terminó con la discusión Shiro.

-¿Por qué no obligas a Kyouya?- reclamó Miyuki señalándolo con el dedo.

-Porque tu hermano tiene 24 años.

-¡Yo tengo 22!- exclamó indignada-. Entiendo que quieran meter a Nanoha que es una adolescente llena de problemas existenciales y hormonas- ahora fue Nanoha la que se sintió indignada- pero en verdad no necesita que sea su niñera.

-¡Oye, que yo no necesito niñera!- Nanoha se levantó de su asiento.

-¡Miyuki!- regaño su madre-. Si te inscribimos no es para que cuides a tu hermana, sino para que aprendas a tener un poco más de conciencia al pelear. No te tomas nada en serio hija.

-Y que sepas que no necesito niñera- repitió Nanoha.

Su familia permaneció en silencio por un momento y Nanoha tuvo ganas de golpearse contra una pared ante la falta de respuesta. ¡Ya tenía 17 años! ¿Cuándo se terminaría la maldición de ser la hija más pequeña de la familia? Paso su mano izquierda enfundada en un guante negro por su coleta, recordando que tampoco estaba en posición de reclamar mucho cuando hace dos meses casi logra que la maten. Una sensación familiar recorrió su mente, algo le decía que olvidaba otro detalle importante por el cual no deseaba asistir a la Academia Aitana.

-El punto es- Momoko decidió volver al tema-. Que ya lo decidimos y hemos pagado. Así que tomen sus uniformes y vayan a cambiarse.

-¡¿Uniformes?!- soltaron en conjunto Nanoha y Miyuki.

"Maldición."


Los ojos magentas enfocaron inquietos los pasillos del corredor principal. Shamal Zwei esperaba impaciente que el profesor asignado apareciera para mostrarle las instalaciones de la Academia, como se le indicó el día anterior. La mujer de cabellera rubia se mantenía de pie frente a la entrada, no entendiendo como había aceptado la locura de impartir la clase de curaciones y magia pasiva… junto con el puesto de sanadora principal. Hasta ese momento deseo fervientemente haber rechazado la oferta de Lindy Harlaown, sobre todo, no haberse dejado engatusar de aquella manera. Pero esa mujer poseía un don en el arte del convencimiento, casi ni recordaba la conversación que mantuvieron en su casa, y al terminar, ella mantenía su mano alzada, sosteniendo la pluma con la que firmó el contrato. La sonrisa en sus labios se mantuvo relajada en su rostro, aun cuando en su interior moría de incomodidad. ¿Qué haría para zafarse de todo aquello? Ya ni valía la pena recriminarse por lo ocurrido, ni por su falta de control. Estaba segura de que eso algún día le metería en un problema y no solo sería el aceptar un simple trabajo. Por lo menos, pensó, la paga era muy buena.

La mirada que había mantenido en el piso se alzó ante el ruido de pisadas y casi deseo no haber levantado la vista cuando enfocó la elegante figura de Signum Yagami. La mujer de cabellos rosáceos contaba con una mirada azul penetrante que hipnotizaba con solo observarla, un cuerpo estilizado y sensual, que te obligaba a mantener la vista en el balanceo de sus caderas; Shamal le conocía bien y no por la hermosura física que podía conquistar a quien desease, sino porque justamente esa belleza de mujer, era uno de los guerreros más poderosos de la raza Elementum, la mejor controladora del fuego y que contaba con el espíritu puro Agito. Eran un dúo increíble que podía vencer a cincuenta enemigos a la vez. Le había conocido años atrás, dos años después de la última guerra y juraba que no había cambiado ningún ápice. Incluso diría que los años le hacían lucir mejor. Cuando notó que portaba el uniforme rojo igual al suyo- solo que lleno de medallas-, tomó conciencia de que también era una profesora y entonces sí, deseo enérgicamente no haber firmado el contrato.

Signum Yagami observó la silueta al frente, notando una familiaridad extraña. Intento recordar donde le había visto antes pero desistió no teniendo cabeza esa mañana para forzar a su cerebro. Esa mañana, no, toda la semana había resultado un dolor de cabeza y no deseaba sumar otra razón a su lista para desear maldecir a Lindy Harlaown y renunciar al puesto de subdirectora. El único alivio con el que contaba era que impartiría la materia de combate mágico y por lo menos podría descargar todo el estrés que seguramente acumularía ante tantas novedades. En general, no gustaba del trato con la gente, menos a los adolescentes y mucho menos porque ya soportaba a una adolescente en su casa con la cual no sabía lidiar en los momentos que debía negarle una petición. Se enfocó nuevamente en la profesora a la que debía explicar las funciones y el reglamento de la Academia -cosa de la que debería encargarse el director o cualquier otra persona que no fuera ella-. El enojo pareció esfumarse de su cuerpo cuando su mirada se enlazó con la magenta de la profesora rubia; algo en esos ojos hizo que todo su pensamiento desapareciera por un segundo, cautivada por lo que veía. Para cuando su mente volvió a funcionar, una sonrisa de medio lado subió a sus labios, recordando finalmente de quien se trataba. Extendió una mano para saludarle.

-Shamal Zwei ¿verdad?

-Es correcto, Signum Yagami- Shamal imitó su gesto y unió su mano a la suya-. Me sorprende que me recuerdes.

-No podría olvidarte después de lo que hiciste por mí hermana.

Shamal tuvo que soltar su mano para poder escapar de la mirada tan fija de Signum sobre ella. La pelirrosa, al percatarse de sus acciones, se cruzó de brazos y carraspeó tratando de comportarse profesionalmente. Viéndose de nuevo los ojos, Signum le dedicó otra media sonrisa que Shamal respondió con la suya propia, amable y cortés. Una cosa que no le gustaba de Signum Yagami es que la sonrisa que le dedicaba ahora mismo provocara un efecto extraño en sus acciones, como por ejemplo, sonreírle de una forma más abierta. Shamal conocía los rumores sobre la guerrera de fuego, poderosa, magistral y sobre todo un imposible; Signum era una mujer dedicada completamente a la familia y a su trabajo, sin lugar para nada más. La sanadora cruzó sus brazos mientras volvía a evitar mirarla a los ojos. Sus ojos buscaron curiosos al espíritu Agito por algún lugar cercano recordando que era imposible verlo hasta que Signum lo deseara. Esa era una habilidad de los Elementum experimentados; ella misma también mantenía oculto al suyo de ojos extraños.

-¿Y cómo se encuentra Hayate-san?- decidió romper el silencio.

-Mejor cada día, gracias por preguntar-respondió Signum.

-Es realmente impresionante que usted sea la que la eduque mientras trabaja. No ha debido ser fácil.

-La verdad Hayate es muy responsable, ha sido muy independiente así que no necesito hacer demasiado- confesó Signum.

-Parece que sigue tus pasos.

Signum no pudo responder nada contra eso.

-Si me permites, comenzaré con mostrarte la enfermería ¿de acuerdo?- ofreció la pelirrosa.

-Con gusto- respondió sonriente Shamal.

Sus rostros giraron cuando el ruido estrepitoso de la puerta al ser azotada contra la pared resonó por el pasillo seguida por los pasos apresurados de Fate y Hayate, quienes pasaron a su lado sin detenerse a saludar. Detrás de ellas corría el pequeño espíritu Arf soltando ladridos de emoción. Signum elevó ambas cejas cuando notó que se trataba de su hermana menor y su mejor amiga. La pelirrosa en verdad las consideraba responsables, la mayor parte del tiempo, cuando no se les ocurría correr en un lugar donde estaba prohibido o hacer alguna locura que implicará daños a propiedad.

-¡Hayate!

-Buenos días Signum- gritó metros adelante, sus botines rechinando al girar bruscamente, doblando la esquina.

Shamal no pudo evitar soltar una pequeña risa. La subdirectora le miro con la ceja alzada, de brazos cruzados y rubia rió más, manteniendo su sonrisa tranquila. Hasta ahora Signum notó que sus palabras dichas no tenían mucho valor tras la entrada de su hermana pequeña.


Nanoha observo el amplio recibidor nuevamente. Los pisos, paredes y pilares de un hermoso mármol, una fuente en el centro, usaba luces de diferentes colores para cada chorro de agua, y que caían en diferente proporciones. Una vista hermosa, mucho mejor que tener que ver a la mujer gorda en el recibidor u olerla, ya que despedía un aroma a cebolla cruda.

-Repíteme tu nombre niña- su voz era áspera y chillona.

-Takamachi Nanoha.

La señora volvió a mirar el enorme cuaderno, con sus pequeños ojos observando cada nombre en las listas, solo deteniéndose para pasar su dedo índice por su lengua y continuar pasando hojas, tan lentamente que Nanoha sentía unas ganas enormes de arrebatárselo y buscar su nombre ella misma. Igual que los otros cuarenta y tantos alumnos tras ella. Era ridículo que exactamente la mañana de la inauguración se les ocurriera registrar a todo el alumnado. Cuando se detuvo en la quinta hoja, el grito de su mejor amiga tras ella casi le rompe los tímpanos.

-¡Muévase de una maldita vez!

Arisa Bannings no era conocida por su paciencia. Era una joven abierta con un carácter fuerte y con estallidos de rabia por ciertas cosas, y sobre todo, algo que distinguía a la joven Bannings era su impaciencia, tal como acababa de suceder. Arisa, de cabellos rubios y ojos esmeraldas, había saltado los cinco metros que la separaban del recibidor aterrizando sobre el mismo y arrebatado con brusquedad el cuaderno de las manos de la señora obesa. Si bien Nanoha pensaba que era algo inoportuno que hiciera eso frente a otras cuarenta y cinco personas más, no tenía deseos por detenerle, ni los otros jóvenes en la fila de alumnos que deseaban entrar al lugar desde hace media hora. Siendo justos, era ilógico que con la tecnología que contaban hicieran un registro de una forma tan anticuada, lenta y exasperante; no veía la necesidad de escribir nombres y nombres, para hacer firmar a los alumnos, cuando podrían establecer un monitor y tomar huellas digitales en las puertas. Pero claro, una cosa era eso y otra muy diferente faltarle al respeto a una mujer mayor, acto siguiente que realizó Arisa.

-¡¿Pero qué crees que haces niña?!

-Pues el trabajo por el que no deberían de pagarle- contestó con brusquedad-. Regresé a su asilo, anciana.

-¡Arisa!

Nanoha fue la siguiente en brincar sobre el mostrador con las orejas ardiéndole por la vergüenza e intentó controlar a su mejor amiga. La tomó por un brazo, tratando de arrebatarle el cuaderno con su mano libre entre jaloneos por parte de la rubia y la señora, quién también había decidido subirse al mostrador, atentando contra su resistencia. Nanoha pensó justo en ese momento en Miyuki. Su hermana había huido al llegar a la entrada de la Academia, dejándola con Arisa; Miyuki mantenía una posición agónica y una expresión de antipatía mientras murmuraba que sus padres la habían estafado. La pelirroja pensó por un segundo que su hermana podría ayudarla, aunque pensándolo mejor, luego del humor que había cargado desde que abandonaron la casa era mejor que no se encontrara cerca.

-Por favor, deja de molestar a la señora. ¡Vas a lograr que nos manden a detención mucho antes de iniciar el curso!- Nanoha recordó finalmente que, otra de las razones de no querer asistir, era su mejor amiga- Baja del recibidor antes de que nos llamen la atención.

-¡Nanoha! Cállate y déjame escribir antes de que…

-¡¿Pero qué creen que están haciendo?! ¡Bajen ahora mismo del recibidor!

La mirada incrédula de Mariel Atenza enfocaba a las alumnas y a la señora, más que asombrada del comportamiento que mantenían en plena entrada principal del recinto. Detrás de ella se encontraba Lindy Harlaown, escondiendo sus risas tras su mano. Su cabello aguamarina y ojos del mismo color miraban divertidos hacia la profesora Mariel, de ojos dorados y cabello verdoso cambio su expresión a desaprobación, mirando a través de sus lentes a la directora de la Academia, que parecía tomarse las cosas con demasiada calma. Entre sus reclamos, Arisa y Nanoha aprovecharon para bajar en silencio, cargando por los brazos a la señora gorda y devolviéndole la libreta. Con preocupación Arisa se comunicó con Nanoha telepáticamente:

"¡Haz algo!"

Nanoha frunció el ceño con molestia.

"Fuiste tú la que inicio todo esto"

-Bannings-san, Takamachi-san, creo que le deben una disculpa a la profesora Lowran Leti- Lindy sonrió amable-. Y Leti, sería bueno que dejara de usar ilusión mágica con los alumnos. Nos estamos atrasando bastante con la inauguración.

Nanoha y Arisa abrieron los ojos y la boca cuando el lugar se transformó de pronto. Tras ellas, el mostrador se convirtió en una puerta automática con un registrador de huellas digitales; tras este se extendió un enorme pasillo que accedía a cuatro puertas mientras cada una era el paso a un edificio del campus. En medio de ellas, la anciana obesa se transformó con un haz de luz en una mujer de cabellos y ojos lilas con por lo menos cincuenta años más joven a lo que aparentaba ser…y como 200 kilos por debajo. La mujer sacó del bolsillo de su falda unos lentes cuadrados y los colocó sobre sus ojos para finalmente abrir el cuaderno y comenzar a escribir con un bolígrafo que apareció de la nada.

-Lindy-san, solo comprobaba cual era el nivel mágico de estos alumnos- procedió a explicarse-. He terminado con la evaluación.

-Cómo siempre, usas tácticas extrañas para evaluar Leti- respondió Lindy.

Nanoha cerró la boca. ¿Eso podía llamarse prueba?

Fate y Hayate entraron justo en ese momento e incapaces de frenar a tiempo su carrera, se estrellaron contra los alumnos en la fila creando una cadena de caídas que llegó hasta Leti Lowran. La profesora logro esquivar el desastre suavemente. Tirados en el piso, los estudiantes comenzaron a discutir entre sí y la mirada de Mariel Atenza se volvió más afilada. Nuevamente Lindy no pudo evitar reír suavemente. La Academia Aitana sería de lo más interesante, reuniendo a personas únicas y formando nuevos lazos. Una sonrisa invadió sus labios al ver a su hija colocándose de pie con las mejillas rojas y pedir disculpas a la gente cercana. Su mirada viajo por un segundo hacia Nanoha.

Solo deseaba ver que vendría en un futuro.


Los ojos azul violáceo observaron por tercera vez el amplio fórum. La directora Lindy Harlaown ofrecía un gran discurso proyectado a través de dos pantallas gigantes tras ella. Su hermoso uniforme azul de gala le distinguía de los profesores, que portaban uno color rojo. Era increíble que solo una hora atrás fuera la misma mujer que reía ante el caos provocado por Leti Lowran. Nanoha desato su corbata negra importándole poco si su profesora a cargo le amonestaba por su falta de presentación; el lugar parecía un horno por la falta de aire acondicionado. La sensación de sofocación le obligó abrir los primeros botones de su chaqueta. A su derecha su amiga Arisa Bannings mantenía el ceño fruncido, de brazos cruzados mientras su pie tocaba el suelo una y otra vez con desesperación. En ese momento Nanoha deseo tener su cabello corto, como el rubio de su amiga, ya que por lo menos no se sentiría tan asfixiada…

La pelirroja giro la cabeza para tratar de despejarse un poco todos los aromas a su alrededor que le estaban mareando un poco. Lindy Harlaown les aseguro en un principio que la inauguración seria corta, y de verdad lo fue, pero luego le siguió la presentación de los profesores, la formación de la Academia, su lema y ahora mencionaba las reglas. La única razón por la cual continuaba en el lugar, era porque no quería perderse el recorrido por el campus. Si bien decidió no asistir –cuando de todas maneras le obligaron- la curiosidad por saber lo que ofrecía la nueva Academia Aitana fue mucho mayor y no se abstuvo de observar uno de los folletos que le entregó su madre. El campus era enorme, con instalaciones únicas y novedosas. De pronto, su atención regreso al lugar donde se encontraba; su sentido del olfato captó un olor que reconocía aunque no recordaba haberlo olido antes. Su nariz era capaz de detectar la diferencia entre los aromas que pertenecían a los objetos, magia y personas; Los Elementum a diferencia de su raza desprendía el olor inconfundible de magia blanca, que a falta de palabras lo describiría como serenidad y pino. Nanoha podía saber con aquel olor que la magia Elementum era natural y pacífico, a diferencia de la Deumonium, que olía a una mezcla de metal y clavos, como si fuera más artificial y activa. También, cada persona desprendían un aroma con cierto toque personal, ya fuera por usar perfume o por su propio cuerpo y sudor. La joven giro rostro persiguiendo el aroma: Lirios silvestres, mezclado con algo dulce que no podía describir con certeza.

Un Elementum, de eso ella estaba segura. Ningún Deumonium podría oler de tal forma. Su mirada se detuvo al observar a la joven que hace una hora había provocado la caída de los alumnos en la fila de registro. Ante el regaño de la profesora Mariel no prestó atención más que en la vergüenza y su detención al final de clases, así que le sorprendía entonces que hubiera recordado su aroma. El cabello dorado de la chica caía como cascada sobre sus hombros y sus sentidos se enfocaron en ella, tratando de percibir lo mejor posible de su persona con los metros que las separaban y con la joven dándole la espalda. Hasta ese momento Nanoha se preguntó dónde se encontraban los espíritus de los Elementum. Tenía entendido que no se apartan demasiado de su compañero y sin embargo ninguno de ellos estaba presente.

-Escuche que Sieglinde Jeremiah fue colocada en el grupo SS+ - Nanoha frunció el ceño ante el murmullo.

¿Qué hacía la familia Jeremiah involucrándose en la Academia? Ellos odiaban a los Elementum, incluso odiaban a su propia raza. Jeremiah Sieglinde era hija única de su familia, única heredera y gustaba de pelear para humillar a sus oponentes. No le importaba algo que no fuera de su interés o que le beneficiara de algún modo. Igual que sus parientes, todo trataba de negocios. Nanoha se cruzó de brazos, alguien debió dar una oferta a Sieglinde para que aceptara formar parte de la Academia Aitana. Tuvo que relajar su rostro al notarse tensa; todavía recordaba con ira el último encuentro con Sieglinde, donde había ganado más de una costilla rota. Le pareció obvio que fuera agregada al grupo SS+, de los Deumonium Strikers, los jóvenes de élite eran a los únicos que aceptaban en esa clasificación, el nivel mínimo requerido era SS.

-Finalmente, antes de pasar al recorrido del campus se anunciaran los grupos correspondientes de acuerdo a su nivel de magia-Lindy hizo una pausa y aclaró-, y su pareja de batallas, conformado por un Deumonium y un Elementum.

El estallido descontento fue general. Los patrocinadores de la escuela, junto con Lindy, habían decidido no dar aviso sobre ese tema hasta que fuera el momento debido a la oposición que surgiría.

-Les recuerdo que la Academia Aitana se hizo con el fin de que se entrenaran ambas razas juntas. Así es como se realizarán las clases desde ahora, sin distinción- finalizó la directora-. Ahora, cedo mi lugar a la subdirectora Signum Yagami y les doy la bienvenida en nombre de toda la Academia.

Los aplausos se escucharon alrededor, con los alumnos ya atentos a lo último que fue mencionado. Hayate aplaudió con fuerza, llamando la atención de los alumnos a su alrededor y Fate a su lado se avergonzó ante esto. Signum subió al escenario haciendo guardar silencio a los alumnos.

-Para los despistados- habló seria-. Pido mirar nuevamente a su alrededor, notarán que muchos de ustedes portan uniformes de diferente color.

Fate parpadeó, apenas había notado ese detalle y por fin entendía porque Hayate no portaba su mismo uniforme.

-Cada color pertenece a un grupo y un nivel- explicó-. Empezando de nivel B al SS+. La pantalla indica el color perteneciente a cada uno y el profesor o profesora titular que les toca. Así que por favor, diríjanse en orden con él o ella para conocer su grupo. Ellos se encargarán de colocarlos en pareja.

Las pantallas tras la profesora mostraron lo indicado y los alumnos comenzaron a moverse. Fate busco rápidamente el color negro en la pantalla; su nivel era AAA+ y el resultado le hizo sentirse decepcionada. Debajo de su color se encontraba el azul de Hayate que pertenecía al nivel S. La mirada zafiro de su amiga le enfocó con resignación.

-Parece que esta vez no estaremos en el mismo salón- comentó Hayate.

-Eso parece- habló Fate, resignada.

Ambas se sonrieron antes de dirigirse a su grupo correspondiente. Esperaban verse a la hora del descanso.

Fate llegó rápido con su grupo, buscando con la mirada al profesor a cargo, pero no logró verlo por ningún lado. Sus nuevos compañeros intercambiaban miradas nerviosas e incomodidad. Alguno que otro trataba de entablar conversación y la mayoría se mantenían en silencio. El gruñido que se escuchó por encima del ruido producido por los alumnos llegó a los oídos de Fate como un murmulló, creciendo cada vez un poco más. Fue entonces que al bajar su vista se topó con la mirada perteneciente a la una niña de dos trenzas que mantenía una expresión molesta hacia ellos.

-¡Cierren la boca y presten atención!- gritó la niña callándolos a todos.

La niña cargaba en su mano una carpeta y vestía el uniforme de los profesores color rojo, que resaltaba el color rojo de su cabello y el azul de sus ojos. Sus brazos se mantenían cruzados sobre su estómago con su ceño frunciéndose rápidamente al pasar la mirada frente al grupo en una actitud impaciente. Fate llegó a creer que esa niña, era su profesora.

-Bien niñitas, quiero advertirles que yo no repito las cosas, por lo que solo les diré una vez- de pronto elevó el tono de su voz-. Mi nombre es Vita Wolkenritter y seré su profesora titular desde ahora. Les impartiré las materias de uso de armas y magia de defensa – su mirada se clavó sobre los alumnos como cuchillos-. Ninguno tiene permitido hablar sobre mi estatura, ni mi edad y cualquiera que lo haga no le aseguro que pase al siguiente semestre. Si de casualidad se meten en problemas con sus compañeros, ya sea de su mismo salón o de otro, yo misma me encargaré de romperles ambas piernas. Y claro, no se permite hablar, pasar mensajes, el uso de móviles, comer, tomar agua, ir al baño, saltarse clases ni mucho menos dormir durante el transcurso de las mismas si no quieren ganarse una sanción ¿He sido clara?

-¡Sí!- gritaron a coro los alumnos.

-¡Sí Profesora!- corrigió Vita-. Ahora anunciaré sus parejas y pobre del que me interrumpa.

Con el discurso, los veintitrés alumnos habían cambiado a posición de firmes y miraban con terror hacia Vita. Ya ninguno de ellos pensaba que era una niña, más bien pensaban que era un demonio militar que era capaz de romperles las piernas sin dudar. Fate tragó pesado imaginando que el semestre sería bastante duro con una profesora tan estricta. A su lado derecho escucho una pequeña risa, proveniente de una joven pelirroja. Sus ojos borgoñas le miraron un momento, notando que se trataba de la Deumonium que había sido regañada por Mariel Atenza.

-Nanoha Takamachi y Fate Testarossa- rugió Vita, señalándolas.

Fate alzó una ceja extrañada sin dejar de mirar a Nanoha, quien desvió la mirada hacia ella. Por un instante sintió aquella mirada como un llamado que le pedía ir a su encuentro; fue una sensación tan ajena que se obligó a apartar la mirada y cerrar sus ojos.

"¿Ella?"

Después de pasar asistencia, la profesora guío al grupo a la arena de combates casi hasta el otro lado del campus. Al llegar un grupo estaba saliendo, con los alumnos emocionados. Fate notó que era el grupo de Hayate, sin embargo, la castaña se encontraba muy entretenida hablando con otras chicas y un chico. Fate se molestó un poco con aquello. Su amiga era muy rápida conociendo a nuevas personas. Al entrar por dos enormes puertas de piedra, se encontraron primero con la visión de varias gradas para espectadores rodeando el lugar. En el centro se formaba un enorme óvalo que se dividía en cuatro partes, cada una de estas especializada para un entrenamiento. El primero era un terreno plano con suelo de arena, el segundo un terreno lleno de obstáculos, el tercero parecía ser un laberinto y el último contaba con tres péndulo flotantes, dos al inicio del terreno y uno al final. Tras este se veía ligeramente un gran botón rojo unido a la pared de piedra. Había varias paredes de escalar colocadas al azar por todo lo ancho del terreno, con blancos circulares en algún punto de las mismas y flotando sobre de estas a base de magia, se encontraban armas láser.

El grupo de dirigió a la última ya que las otras tres se encontraban ocupadas. Vita Wolkenritter se colocó en el inicio del campo y explicó el funcionamiento:

-Todo el lugar cuenta con magia de protección para asegurar que los alumnos no salgan heridos en lo posible. Las armas y el lugar se mueven con magia, por lo que está fuera de nuestro control lo que puede pasar así que les pido a todos que estén atentos. Después de esta prueba pueden ir a ver el resto de la Academia y regresar en una hora aquí, para su primera clase.

Un alumno elevó la mano y Vita le concedió la palabra a regañadientes.

-¿Qué tan grande es la arena de combates? Al entrar note que el tamaño por fuera es un engaño.

-¿Cuál es tu nombre chico?- preguntó Vita.

-Yuuno Scrya, profesora.

-Me alegra que lo notaras Yajo- varios alumnos tuvieron que contener la risa que luchaba por salir de su boca ante la mala pronunciación del nombre-. Lo que sucede es que todos los edificios de la Academia fueron hechizados, por lo que el tamaño dependerá de cuanto la persona encargada quiere que mida. Pero esas dudas las dejaremos para después.

Vita tomó nuevamente la carpeta y continuó hablando:

-La prueba es simple. Cada pareja entrara y destruirá los blancos, y las armas con censor de movimiento que sirven para evitarles el paso. Tienen que lograr terminar en el menor tiempo posible, apretando el botón detrás del péndulo. Así yo sabré que tanta experiencia tienen para batallas por equipo- explicó Vita-. Lo haremos al azar, empezando por la pareja Takamachi y Testarossa. Entraran tras la primera alarma, tomen posiciones.

Vita arrojó una lanza hacia Nanoha, quién la atrapo con su mano izquierda. Nanoha y Fate le miraron expectantes. A falta de alguna orden la Deumonium decidió podía prescindir de esta, así que, decidió pasarla a Fate. Vita le soltó un gritó que les hizo pegar un brinco.

-¡Nada de magia Takamachi! No puedes usar magia destructiva para esta prueba, así que usaras la lanza.

-¿Por qué?- preguntó Nanoha.

-¡A la arena!- rugió Vita.

Ambas chicas se dirigieron al inicio de la arena, prefiriendo no preguntar nuevamente. Nanoha tomó posición de ataque, girando la lanza con su mano izquierda lista para atacar. En el uso de armas solo sabía manejar las de corto alcance, pero se acostumbraba fácilmente a cualquiera. Fate se preparó para correr en una posición casi arrodillada, sin tocar el suelo y sosteniéndose con una mano. Nanoha no pudo evitar mirarla con duda, no sabiendo exactamente que planeaba su compañera. Esperaron al sonido de la alarma. Fate miró nerviosa hacia el frente; Hayate no se encontraba en el lugar para darle ánimo y se sentía insegura de lo que debía o no hacer. Si sus nervios le desconcentraban podría lograr que las armas lastimaran a su nueva compañera. Soltó un suspiro tratando de relajarse.

Nanoha miró sobre su hombro a la que sería su compañera de batalla durante todo el semestre. A simple vista Testarossa parecía tener buena condición sin embargo no tenía ningún detalle de sus habilidades, ni cómo tomaba la unión que se venía dando con sus razas. Por lo pronto la mirada nerviosa y pérdida de la joven le indicaba que no estaba lista para lo que venía. Suavizando su mirada le sonrió de medio lado y trató de romper el silencio que les rodeaba desde hace media hora. Sin saber que el uso de palabras bien podría ser malinterpretado:

-Trata de no alejarte mucho ¿Sí?

"Trata de no quedarte atrás"

El ceño de Fate se frunció ante lo dicho, el enojo ardió en su interior al escuchar una frase como las que su hermana siempre le dedicaba al subestimarla, al hacerle saber que no estaba a su altura y que era de una categoría diferente. La humillación de esa misma mañana todavía presente en su interior nubló el juicio que hubiera podido tener para aquella batalla; en consecuencia haciendo que no notará el tono de voz tranquilo ni la mirada de Nanoha. Si la pelirroja creía que era débil, le demostraría lo equivocada que estaba.

Con la primera alarma ambas corrieron hacia la arena, esquivando sin problema los dos primeros péndulos que se movían de forma irregular y logrando mantener parte de su concentración en ello. Nanoha elevó la lanza y enfocó los cinco blancos. Sin pensarlo la arrojo con fuerza y atravesó los primeros tres blancos de las paredes, que se derrumbaron tras esto. Con agilidad hizo uso de una pared para realizar un salto aterrizando en una segunda pared a su izquierda, esquivando a tiempo los láseres que arrojaban las dos armas tras ella. Corrió hacia el final de la pared y de un brinco tomó la lanza usándola para destruir otros dos blancos, cayendo finalmente sobre el suelo para continuar la prueba. Fate se dedicó a brincar de una pared a otra, con agilidad a pesar de la altura y la separación de estas; su mente se concentraba en su misión y su magia se encargó de proveerle el impulso necesario a su cuerpo. Con cada brinco las armas disparaban, acertando a las que se encontraban tras Fate luego de que esta las esquivara con facilidad. Su velocidad no podía ser alcanzada por una máquina. Ambas jóvenes se movían en sincronía, una se encargaba de destruir los blancos mientras otra destruía las armas que impedían el paso y sin problemas lograron llegar al péndulo que las separaba del botón rojo. Formando un aro alrededor del péndulo se encontraban varias armas que cubrían cada ángulo alrededor del botón. Nanoha no creía posible atravesarlo sin ser vistas.

-Yo me ocuparé de destruir las armas- habló Nanoha.

-No- exclamó Fate-. Tú te encargas del botón.

Antes de que Nanoha pudiera formular alguna respuesta, Fate ya había brincado sobre el péndulo cambiándolo bruscamente de posición. Las armas colocadas a su alrededor apuntaron sin fallar hacia ella y dispararon. Ningún láser llegó a rozar el cuerpo de la joven, su velocidad le permitió moverse del lugar anterior antes de que las armas se cargaran; con un brinco que aprovecho para alcanzar el techo y detener con el uso de un hechizo las máquinas.

-Etiam- susurró.

En ese momento Nanoha aprovecho para correr esquivando el péndulo y apretar el botón con brusquedad. La Elementum aterrizó sobre el péndulo y lo balanceó nuevamente, mientras la alarma sonaba dando final a la prueba. Luego dio un salto, casi al segundo que Nanoha alejo la mano del botón; el péndulo dio un brusco giro sobre sí mismo y regresó a su posición anterior, arrojando a la Deumonium hacia el suelo justo en el momento que un estallido de aplausos inundaba la arena. Vita les comunicó su increíble tiempo récord en destruir los blancos muy impresionada de las habilidades de ambas. Mientras tanto Nanoha, agitada y recuperando el aliento, mantenía su vista en el techo metálico, con una mueca en el rostro y una mirada incrédula por lo que hace segundos había acontecido. Estaba segura que la chica había lanzado el péndulo intencionalmente contra ella; sus sentidos le avisaron tarde de aquello, por ende, solo había contado con el tiempo suficiente para voltear la mirada y para un segundo después, caer sobre la arena sin aliento. Su vista fue bloqueada por la figura de Fate que le observaba desde arriba con una mirada seria y la respiración agitada.

-Espero no haberme alejado mucho, Takamachi.

Con ese último comentario mordaz Fate se dirigió a la salida, ignorando los comentarios que eran arrojados por sus compañeros y dejando a Nanoha todavía tendida en el suelo, quién seguía sin entender que exactamente había ocurrido.

-¡¿Pero qué demonios fue eso?!- exclamó Nanoha.


CeeLes: ¡Ufffffffff! Finalmente, finalmente, la primera historia que público. -w- Primero que nada, se agradece que hayan leído el capítulo, ya que la verdad está bastante bizarra en mi opinión. Sin embargo prometo que cambiara en los próximos capítulos (espero); mi pobre excusa es, que el inicio de esta historia me costó horrores escribirlo. Lo que es irónico, ya que tengo varios capítulos escritos. Bueno, quién haya llegado hasta aquí, es que algo les gusto de esta loca historia y pues espero que generé el interés suficiente en ustedes para seguir leyendo.

No sé si será una historia larga, pero por lo menos, más de 10 capítulos si tendrá, así que pido paciencia para los lectores. Cualquier comentario es bienvenido, ya sea para dar su opinión, quejas, sugerencias, desagrado, etc. Todo sirve de aprendizaje. Muchísimas gracias por tomarse la molestia de leer.

Les deseo un gran día/noche y hasta la próxima.