Disclaimer: Los personajes son de SM y la historia es de una película mezclada con mis ideas

A todas aquellas personas que siguieron la trama, muchas gracias, desde hoy comienzo con la corrección de capítulos ;)

Capítulo 1

Mi vida

Bella POV

— ¡Bella! ¿Dónde está mi desayuno? — ¡Ash! ¡Cómo odio a esta mujer!

No sé cómo papá se dejó engatusar por ella, medité en silencio.

— Despierta, quiero mi desayuno y mi tarea — ah, sí, se me olvidaban las fastidiosas de sus hijas, "mis hermanastras".

— ¡Ya voy! Ni siquiera puedo levantarme en paz. — murmuré poniéndome mis viejos jeans y mis zapatillas desgastadas. Un chaleco verde que me quedaba cómodo y holgado, mi campera café y mi mochila, me cepillé el pelo y me hice una coleta. Todo esto en menos de diez minutos, nuevo tiempo récord.

Por cierto, soy Isabella Swan, pero prefiero solo Bella. Tengo dieciocho años, y estoy en el último año de preparatoria.

Mi madre, Renée, me abandonó en cuanto nací y mi padre, Charlie, se quedó conmigo, hasta que….

Flash back

Era el mejor cumpleaños de mi vida. -tomando en cuenta que detesto las fiestas, y más sí son para mí- Cumplía diez años, y se encontraban todos mis seres queridos en la cafetería de Charlie. Y justo en el momento en el que soplaba la última de mis velas, una mujer regordeta, con anteojos y de pelo rubio, chocó con mi padre, y él para que no se cayera la sostuvo y se miraron a los ojos.

De esta peculiar manera comenzó su romance -romance que siempre creí planeado- papá empezó a dejarme en casa para salir, que ella aquí, que ella allá. En fin, después de algunos meses, Charlie decidió casarse con Sue, quien traía cupones para dos niñitas iguales, supuse que eran mellizas, ya que ambas eran idénticas; insoportables del mismo modo que lo era la madre.

Se mudaron a nuestra casa y obligadamente tuve que compartir con ellas, convenciéndome cada vez más de que eran muy antipáticas, por lo menos conmigo.

Entonces un día que mi padre me contaba uno de los cuentos de mi libro, comenzó a temblar y él salió en ayuda de las "otras", quienes gritaban como locas.

Antes de irse, recuerdo que me dijo:

te prometo que volveré

Pero no lo cumplió, murió en ese maldito terremoto, y yo… bueno yo tuve que quedarme con Sue, puesto que no tenía más familia y a que Charlie no dejó testamento alguno, por eso, tomó posesión de todo lo que papá tenía, la casa, los autos, el dinero y… la cafetería. Enviándome al ático.

— ¡Despierta! ¡Mi tarea! — Ordenó Rachel en cuanto mis pies tocaron el suelo del primer piso, interrumpiendo por completo el hilo de mis pensamientos.

— Aquí tienes— dije pasándole las cuatro hojas por las que me desvelé anoche.

— ¡Bella, quiero mi salmón noruego! — Fue el turno de Sue interrumpir mis cavilaciones, ahora solo faltaba Rebecca.

— Necesito que hagas mi tarea de algebra para mañana— Oh ahí está, ya era hora de que hiciera acto de presencia ¿no?

— ¿No me podrías haber dicho antes? — Reclamé con desgana, sin embargo, Sue me dirigió una mirada envenenada— okey, lo haré. — Me resigné mientras servía el desayuno.

Después de mi excelente comienzo de día agarré mis cosas y tomé rumbo a mi antiguo Chevy rojo, mi bebé.

Luego de subirme a la reconfortante camioneta, emprendí viaje a la casa de mi mejor amigo, Jacob, lo éramos desde los seis años. Era un chico descendiente de los Quileutes, pero debido a que sus padres murieran, se vino a vivir con sus tíos a Forks, los cuales le quieren mucho.

Jacob es alto, delgado, bastante corpulento, tiene los ojos pardos y su piel es media rojiza y sin duda su sonrisa es lo más hermoso que he visto hasta ahora en mi vida. Él es quien ha estado conmigo desde que mi padre murió, porque sencillamente no le importa que lo vean conmigo, puesto que simplemente soy una camarera en la cafetería que perteneció a mi padre.

Ni siquiera me había dado cuenta que me encontraba en la puerta de la casa de Jacob. Usaba sus vaqueros gastados, sus zapatillas viejas y una playera de un azul desvaído, todo esto complementado con una chaqueta como tres tallas más que la suya.

Siempre me he preguntado por qué no usa ropa que resalte sus atributos, ya que de que tenía, tenía. Sin embargo, él se cuestionaba exactamente lo mismo. Y eso daba pie a una estúpida discusión, pues me decía que sí los tenía, y yo que no, por lo que prefería callarme mi curiosidad.

— ¿Qué tal Jake? — Dije a modo de saludo cuando subió a la camioneta.

— Uhm… hoy iré al depósito de autos, a ver qué encuentro. Y ¿tú? — Me regaló una de sus deslumbrantes sonrisas y por impulso también sonreí, no sé qué era pero Jacob me hacía sentir bien, era como el sol en mis días oscuros "que cursi Bella", no fastidies conciencia.

— Nada que valga la pena…así es que vas a reconstruir un auto y ¿de qué tipo? — Consulté mientras doblaba en una curva, yo ya sabía que Jake tenía dotes de mecánico, ya que él me reparaba la camioneta cada vez que fallaba, que era a menudo, de hecho la reparó cuando la compré con mis escasos ahorros.

— Sí, reconstruiré uno. Me encantaría tener un Volkswagen rojo— respondió y comenzamos una charla sobre coches mientras íbamos a la preparatoria, la única, de hecho, y que por supuesto, como todo lo demás está rodeada de verdes bosques.

-o-

Cuando llegamos hasta nuestro destino, intenté aparcar en uno de los espacios libres, pero se me atravesó un descapotable rojo que por poco y choco, y luego hubiera tenido que trabajar eternamente para poder pagar ese lujoso coche, ya que mi bebé podría hacerlo puré fácilmente.

Me arrepentí de no haberlo hecho, al ver a su propietaria, quien era ni más ni menos que Tanya Denali, la regia chica porrista de cabello rojizo y perfectos rizos largos y sus dos hermanas – aunque les quedaría mejor el sobrenombre de perritos falderos- Kate e Irina Denali.

Tanya es el tipo de chica que no tiene cerebro, solo le interesa su apariencia y su popularidad, por lo que yo siempre soy el foco de sus burlas. Debido a que la pelirroja pertenece a las animadoras se encuentra en la cima de la popularidad y todos los hombres andan detrás de sus huesos, y para colmo, mi amigo no se queda atrás.

— Me desea— dijo sacándome de mis pensamientos y descolocándome por completo con su comentario

— ¿Qué? Ni siquiera te ha hablado alguna vez— respondí fastidiada mientras probaba con otro espacio que me ganó un Volvo plateado; del cual bajaron los otros tres chicos más populares, Edward Cullen, el jugador estrella del fútbol americano y la respectiva pareja de Tanya, tal para cual, ¿no?

Mike Newton, el tonto más tonto del mundo, y Tyler Crowley, el más estúpido de todos, los dos andan detrás de las hermanas de Tanya, aunque no sé quién es la pareja de quien.

— En mi mente, Tanya y yo hablamos todo el tiempo, y te puedo garantizar que me desea mucho. — Continuó Jacob, mirando como imbécil a la muchacha aunque me pareció ver en el fondo de sus ojos una chispa de diversión

— Jacob, ni siquiera sabe que existimos. Además te mereces algo mejor— justo en ese momento Tanya y el grupito se giraron hacia mi coche, como si las hubiese invocado

— Hey, camarera, este es el sector de reservados para gente bonita y popular, ¡muévete! — Indicó moviendo su hueca cabeza junto con sus largos y alborotados rizos rojizos, y solo entonces fue cuando me di cuenta que seguía en el mismo lugar, inmóvil.

— ¡Camarera, quiero un burrito! — Gritó Tyler burlón.

Me considero una persona tranquila y pacífica, pero también tenía mi carácter y ya me estaba cansando de las burlas, iba a bajarme cuando él habló.

— Dejen de molestar y vámonos. — Pronunció con voz aterciopelada, "pero qué estás pensando, Bella, él también forma parte del grupo"

Jacob me interrumpió en ese mismo instante, gracias a Dios.

— Allí hay un lugar— se encontraba apuntando hacia el otro extremo de los estacionamientos.

-o-

Luego de nuestra gran hazaña, nos dirigimos a clase.

En cuanto entramos, comenzó a sonar esa dulce y melodiosa voz por el alto parlante. Renesmee era la dueña de esa voz tan particular, la cual iba perfecto con su menudo y formado cuerpo, su largo y liso cabello castaño y por supuesto con su cara que se parecía más a la de un ángel. Ella era como Jake y yo, hasta que un día el director la escuchó leyendo un trabajo en clase de literatura y le propuso ser la informadora de las actividades, si lo hacía le daría créditos para la universidad. Desde ahí Renesmee ascendió un poco en la pirámide de la popularidad, pero ella seguía hablando con nosotros, más bien con Jacob.

Me encontraba casi segura de que sigue manteniendo contacto con nosotros por la simple y sencilla razón de que está interesada en mi amigo, cuya característica principal es ser un ciego de lo peor. Encandilado como estaba con Tanya, no veía a Renesmee como se supone que debería.

Cuando íbamos en la mitad del pasillo que daba al patio trasero nos encontramos con Eleazar, un desgarbado chico, de pelo negro, nariz larga y chueca. El chico, era un lunático; se hallaba seguro de ser un detective de una corporación del espacio, por lo que siempre andaba con una antena en el hombro y una especie de parlantes desarmables, como yo les llamaba.

— Hola— saludó Jake.

— Hola— respondió Eleazar. Jacob y yo siempre lo saludábamos, ya que nadie le dirigía ni media palabra por tacharlo de raro. Entonces, me miró con una sonrisa que me incomodó— tan hermosa como siempre, mi princesa jupiteriana— no supe formular una respuesta coherente y mi mejor amigo se largó a risitas.

— Eh…— fue todo lo patético que logré sacar.

— Lo siento mi preciosa y brillante estrella lunar, pero debo contestar esta llamada— se excusó mientras extendía la antena. Dicho esto desapareció entre la gente que se apartaba de él con una mueca de desagrado. Suspiré internamente de alivio.

— ¿Cómo te encuentras brillante y preciosa estrella lunar? — Se rió Jake, ganándose un codazo que no le hizo escarmentar, por lo que estaba preparando una respuesta inteligente en el momento en que mi celular sonó acaparando toda mi atención.

— Ja ja— respondí mientras revisaba el móvil, tenía un mensaje de Anthony18 y sin quererlo mis labios se curvaron en una sonrisa.

— Ujuy, al parecer ya comenzaron las horas de ciber romance. — Comentó Jacob poniendo una cara graciosísima.

— No molestes— contesté pegándole en el hombro amistosamente— nos vemos luego— le indiqué mientras iba al patio trasero leyendo mi mensaje.

Me preguntaba qué tal mi día.

— Uhm… soy una princesa jupiteriana— escribí en mi celular mordiéndome el labio

— ¿Qué? — Preguntó y solté una risita

— Sí, un chico me lo dijo. Fue… raro— escribí enarcando una ceja

— Con que un chico ¿eh? Me pondré celoso — sonreí

— No hay motivo. Tú tranquilo, ¿tu día qué tal?

— Solo ansío el momento de estar frente a ti. Esos son mis días— casi suspiré como tonta, solo casi. — ¿Dónde estás?

— En el patio trasero… ¿tú?

— También. Deseo verte ¿cuándo crees qué suceda? — Alcé inconscientemente los ojos para barrer el lugar. Todos estaban con celulares en mano. Resoplé

— No lo sé— entonces sonó el timbre que anunciaba el inicio de las clases, me quedé con gusto a poco, pero era muy cobarde como para perderme una hora y ganarme un castigo, por lo que me despedí de mi amor platónico. — Hasta pronto.

— Hasta pronto— fue lo último que leí, tomé mis cosas y me marché.

Edward POV

Alcancé un lugar, pero casi quedó hecho puré por un antiguo Chevy. Me bajé y también mis amigos y compañeros en fútbol americano, Mike y Tyler. Ahí se encontraba mi novia Tanya y sus hermanas Irina y Kate, iba a saludarla cuando se volteó dirigiéndose a los ocupantes del viejo coche, los cuales permanecían aún ahí, estáticos. No logré divisar al copiloto ni al conductor, pero supe quiénes eran en el momento en que Tanya los molestó. No podría explicar qué me sucedió, sin embargo, de repente sentí el instinto de proteger a aquella muchacha, creo que su nombre era Isabella y antes de haberlo procesado, ya estaba diciendo que nos fuéramos.

Cuando estaba en el comienzo del pasillo, Tanya me alcanzó.

— ¿Qué te sucede? ¿Desde cuándo eres súper Edward? — dijo una Tanya sarcástica y molesta, yo no tenía ganas de discutir ni de soportar sus rabietas de niña mimada así es que me limité a contestar lo más calmado que pude, conteniendo mi irritación.

— No soy súper Edward y si no te importa tengo cosas que hacer, adiós. — me di media vuelta y me encaminé al patio trasero.

Al llegar ahí saqué mi celular y busqué entre los contactos a Marie18.

La verdad no tenía ni la más mínima idea de quién era, pero siempre hablábamos por mensajes de texto y por Internet, y creo que me ha llegado a gustar ¿qué estupideces estás diciendo?, ¡ni siquiera la conoces!, cállate conciencia, aunque en eso tenía razón yo solo podía recordar dulce que es.

Además ella tampoco me conoce, y me confía sus sueños y problemas como yo le cuento cosas acerca de mí que nadie sabe.

La encontré hace un año, le envié un texto por equivocación, y si no fuera suficiente el equivocarse así, el mensaje decía que si no me pagaba un dinero de una apuesta de un juego de cartas, le partiría la cara, ella me respondió que me había confundido y que no me debía nada. Imaginen mi vergüenza.

Creo que por ese texto la castigaron, puesto que sonó en medio de la clase y una vez que hubieron terminado, le envié uno de disculpa, y así comenzamos a conocernos a través ellos y E-mail.

Inicié una conversación y me sorprendió lo que me dijo sobre lo de princesa jupiteriana, pero luego ya volví a lo que me atormentaba. Necesitaba conocerla, era algo vital, no soportaba más el anonimato. A veces sentía deseos de abrazarla cuando me decía algunas cosas, o de simplemente quedármela viendo como bobo. Sin embargo, ella no sabía el momento en que sucedería ni yo tampoco. Finalmente, después del inicio de clases, me dejó insatisfecho con su respuesta y resignado tuve que despedirme. Esperaba pronto tener una concreta.

Con desgana, me encaminé a mi salón.