Capitulo 5

An: errrr bueno Lo siento? Un.n La uni me consume¡ Es su culpa, no mia¡

Tenshi: Y el tiempo que perdiste leyendo fanfics de Loki no tiene nada que ver, verdad? ¬.¬

An: Cállate¡… Loki °¬° el si es un dios¡ No como Thor ¬.¬

Thor: Hey¡

Loki: Tu ven acá *Lo jala de la oreja* Humana tienes buen gusto *Guiño y se van con Thor aullando (XD) de dolor*

An: *Estrellitas en los ojos*

Tenshi: Ejem ¬.¬

An: x3 Bueno este capítulo es completamente AU, así que disfruten~~~~~


Advertencias: OOC y AU


21 de 1000

La lluvia caía en el rostro de Hanna.

Confundiéndose con sus lágrimas.

Raymond había muerto.

Su amado.

Su todo.

Había muerto al salvar a una pequeña niña de ser atropellada.

La cual estaba agarrada de la mano de su madre incapaz de entender que aquel buen hombre jamás despertaría de su sueño.

El no podía odiarla.

Es más, ahora amaba aun más a su novio.

Estaba desolado pero en paz.

Porque sabía que Ray estaba ahí arriba cuidándolo.

¿Y cómo lo sabía?

Por aquella pequeña grulla que encontró cuando despertó.

Si, su amado siempre velaría por él.

22 de 1000

Anthony amaba leer.

Pero más que nada amaba la librería cercana a su departamento.

Porque ahí se encontraba trabajando la persona más bella del mundo.

Un pequeño pelirrojo de nombre Hanna.

Quien tenía la sonrisa más hermosa que jamás haya visto.

Los ojos más inocentes.

Y el corazón aun más grande que el mismo universo.

Aun así Anthony era demasiado reservado como para pedirle una cita.

El miedo al rechazo era grande.

Por ello solamente le observaba cuando iba por un libro nuevo.

Y cuando encontró una pequeña grulla de papel, quien tenía un número telefónico en una de sus alas, entre las hojas de su libro.

Sus ojos parecieron tener brillo propio.

23 de 1000

Hanna adoraba a su profesor de literatura.

Su clase era demasiado interesante.

Era justo e imparcial.

Que sea buen parecido era un extra.

De él fue quien escucho la leyenda de las grullas.

Iba por la número 23.

¿Su deseo?

Que el Profesor Nick le correspondiera.

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Alexander tenía 8 años cuando lo vio por primera vez.

Acababa de mudarse y estaba nervioso de no poder hacer amigos.

Sus ventanas estaban una enfrente de la otra.

Mientras el desempacaba, sintió que alguien lo miraba, cuando volteo.

Ahí estaba el, con sus enormes ojos azules.

Alexander le dio una tímida sonrisa.

Y el niño pelirrojo desapareció de su vista.

Decepcionado el siguió desempacando.

Volteo nuevamente cuando sintió otra vez una mirada en el.

Ahí estaba nuevamente el chico pelirrojo.

Solo que estaba vez en sus manos estaba un papel que decía: "¡Bienvenido¡ Mi nombre es Hanna, ¿Amigos?" Y una enorme sonrisa en el rostro.

El fue en busca de un papel también y escribió: "Mi nombre es Alexander. Abre tu ventana"

Hanna lo hizo en seguida.

Y rápidamente como su madre le enseño, hizo una gruña de papel y se la lanzo a Hanna.

¡Amigos¡

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Era un amor sin sentido ni fundamentos.

El un hombre lobo, el otro un vampiro.

Dos razas enemigas.

Pero unidos por el destino.

Ambos se amaban al uno al otro.

Sin importarles las leyes naturales.

¿Cómo no amar a aquel vampiro con cabello de fuego y ojos como el cielo? Tan dulce e inocente, tan diferente a los otros sádicos chupasangres.

El, un hombre lobo más racional que ningún otro, que solo atacaba a los vampiros por instinto pero con Hanna fue diferente, desde la primera vez que lo observo, su corazón palpito, no a causa de adrenalina ni ansias de matar, si no con una calidez indescriptible, su sangre, su alma, le gritaban que proteja a aquel vampiro de joven apariencia.

Para Hanna fue amor a primera vista, ver los cálidos ojos de Lucas, lo atrajeron como abeja a la miel…o en este caso Sanguijuela a la sangre.

Pero ambos sabían que su amor era uno condenado.

Sus compañeros jamás aceptarían aquella unión y los perseguirían hasta el fin del mundo y los tiempos para destruirlos.

Por ello en unos de sus encuentros secretos, Hanna le conto a Lucas la leyenda de las mil grullas de papel, el amaba aquella leyenda pero nunca intento comprobar su veracidad.

Pero ahora no deseaba más que sea verdadera.

La grulla numero 25 presencio uno de los tantos besos que se dieron y que se darán, pero no menos especial.

Creer en una leyenda como la de las mil grullas, quizás era tonto.

Pero era esperanza.

Lo único que tenían, además de su amor.


An: Reviews son apreciados ~~~~~~~