Nota de la Autora:

Bueno, primero que nada, esta es una historia que nació de mi emoción de que el manga de Mahou Sensei Negima! está en su punto climax de la penúltima saga. La historia está centrada en el Universo de éste manga, pero no se preocupen, aunque no tengan conocimientos de esta historia, estoy escribiendo la misma tomándome el tiempo para explicar todo lo que envuelve a este universo, la magia, artefactos y fenómenos extraños que vayan apareciendo.

El personaje principal es Natsuki del anime Mai-HiME, mi personaje favorito de ese anime. Se trata de que Natsuki, quien es una maga no certificada (graduada) y quien está en búsqueda de información y venganza (que raro en ella ¿verdad?).

Ahora, sé que estoy utilizando el nombre de Natsuki en su versión Otome, y se darán cuenta a como avance la historia que la mayoría de los personajes utilizarán esas versiones de sus nombres, quienes tengan, pero NO son esas personalidades. Por favor, pienses en ellos como si fueran de la versión HiME. Además, no tengo conocimiento del anime Otome, nunca lo he visto, pero me he hecho la idea de cómo son las personalidades de personajes que aparecen ahí como Tomoe, Miya etc.

Sumario: Magia, peleas, conspiraciones, venganza, dolor y soledad. Este es el mundo en donde la pequeña Natsuki Krüger, de 13 años de edad, está destinada a crecer. ¿Será posible que el cambio a una escuela normal donde hay amistad, honestidad, caridad, amor y un posible harem en crecimiento la puedan salvar de tan cruel destino?

Abdicación/Disclaimer:No me pertenecen ni Mai-HiME con sus personajes, estos le pertenecen a Sunrise; ni Mahou Sensei Negima! (muy rara vez mencionaré a algún personaje) que le pertenece al gran mangaka Ken Akamatsu-sensei. Akamatsu-Universe Rules! Tampoco soy dueña de la canción Little Girl, ni de ninguna canción de la colaboración de Sparklehorse & Danger Mouse. Ni ninguna otra que llegue a mencionar en esta historia.


Capítulo 1° - La Pequeña Chica.

You tortured little girl…

Showing them what life is all about

Where did all the time go?

Everywhere is gone.

You got it all worked out

Funny little girl

Showing them what pain is all about…

You're the coolest girl in this whole town

I just wanna parade you around.

Little Girl (Danger Mouse and Sparklehorse)


Era muy temprano por la mañana, de un día de mediados de julio, cuando la pequeña se encontraba recorriendo, con una mochila viajera en la espalda, las calles de la ciudad de Feldkirch, en Austria. Ciudad en donde había crecido y con la cual siempre había estado terriblemente encantada. Con sus estrechas calles de piedra y sus majestuosas casas grandes al más puro estilo medieval, las cuales siempre le habían traído a la mente las historias de caballeros, dragones y magos poderosos luchando por la paz y el bienestar de la humanidad que su padre le había contado; muy en contra de los deseos de su extremadamente pragmática madre, durante su infancia, no muchos años atrás.

Sin embargo, esa noche al observar los paisajes que tanta dicha le habían traído durante tantos años, no podía evitar sentir un profundo dolor en el pecho lleno de nostalgia y pesar al saber que era muy probable que nunca más en su vida fuera a regresar a ese pequeño paraíso donde había sido tan feliz e inocente. Aún así, su mirada no daba indicación de que la chica sintiera dolor alguno; de hecho su mirada estaba totalmente impasible. Era increíble lo mucho que una persona pudiera crecer en un par de años, meses si uno tomaba en cuenta la condición por la que se había encontrado durante más de año y medio. Y continuando con ese pensamiento irónico también pensó cuan increíble era lo que una persona podía cambiar en sólo una noche.

Siguió caminando, sabiendo que se había podido ahorrar esa hora de caminar si tan sólo hubiera decidido llegar directamente a la villa que había sido testigo de los sucesos que le plagaban la mente, pero había querido caminar por última sobre su ciudad favorita del país que vio nacer a ella y a su padre; su compañero siempre leal a unos cuantos pasos atrás, totalmente alerta de cualquier sonido o movimiento extraño por naturaleza.

"Apurémonos Dhuran, la ciudad no tarda en despertar y no quiero llamar la atención de las personas comunes." Cosa que sucedería al momento de que alguien viera a una chica, no mayor de trece años de edad, caminando a solas por la ciudad sin nada más que en compañía de un lobo plateado de casi un metro de tamaño.

Al llegar a la orilla del bosque, a la salida de la ciudad, la pequeña se dio cuenta de que no tenía más tiempo que perder al ver al sol empezar a iluminar el cielo; y, pidiendo primero autorización a su acompañante, lo montó para que éste corriera hacia las profundidades del bosque. Ni media hora había pasado cuando llegaron al umbral de la villa en donde encontraría su casa.

Desmontó al gran lobo y le dio una acariciada detrás de las orejas, a como sabía que a su amigo le gustaba. Se quitó su mochila de la espalda y se la amarró delicadamente a Dhuran al cuello. "Será mejor que esperes en las afueras de la villa Dhuran, no queremos arriesgarnos a que un aldeano te vea y vaya a creer que sin la protección de mi padre vas a ser presa fácil." La pequeña comentó pero un gruñido inconforme del lobo acompañante, le hizo poner los ojos en blanco.

"Considéralo una orden. Recuerda que no vine a armar un problema. Sólo vine a buscar respuestas." Y sin siquiera ver si su amigo le había hecho caso se dirigió directo al lugar que le interesaba; su mirada fija hacia el frente de su caminar. Se maldijo por lo bajo al sentir cómo a su piel le daban pequeñas descargas del deseo que sentía por ir en la dirección contraria a la que se dirigía. Era como si su cuerpo le dijera que cerca estaba un lugar en donde encontrar acojo y protección. Ignorando a éste, ni siquiera volteó la mirada al lugar al que se moría por ver una vez más, ya no era la niña que una vez creyó en esas fantasías.

Llegó a una pequeña cabaña que estaba en un círculo de casas a la orilla del claro de bosque en donde estaba asentada la localidad. Observó la casa detenidamente intentando forzar su memoria una vez más, sin lograr hacer progreso en recordar, como tantas veces anteriores. Esperaba que lo que le fueran a contar en ese lugar le ayudara a recordar de una vez por todas.

Suspiró con decepción y comenzó a subir las escaleras para llegar al frente de la puerta de la cabaña. Tocó y aguardó mientras escuchaba los sonidos de alguien que, ni esperaba, ni deseaba, visitas a tan temprana hora del día.

"¿Si?" Preguntó bruscamente el propietario de la casa al abrir de un golpe seco la puerta. Inmediatamente sus ojos se abrieron en expresión de sorpresa; simplemente no se esperaba esa cara tan pronto. "Pequeña, que… ¿Qué ha- haces aquí? ¿Saben tus tíos que estás aquí?" Exclamó incrédulo el señor mientras miraba tras la pequeña, de seguro esperando ver a sus familiares acompañándola.

"¿Por qué la sorpresa Herr Geert? Estoy segura de que usted sabía que un día me volvería a ver." Ella le dijo ignorando sus preguntas con un tono de voz nulo de emociones. "¿Me invita a pasar?, el viaje fue muy largo y me gustaría hacerle unas cuantas preguntas." Continuó, ladeando levemente la cabeza. El gesto no fue nada adorable para el señor Geert, quien tragó saliva y asintió la cabeza dándole paso a su hogar.

El señor observó a la chica pasar a su lado y mirar alrededor de su recibidor. Con lamento se dio cuenta del tremendo contraste que había entre la pequeña que tenía enfrente de sí y aquella que una vez fue. Desde su postura muy erecta, un tanto rígida pero sin mostrar ansiedad alguna; su mirada que alguna vez llegó a ser llena de alegría y ánimo y que ahora parecía totalmente apagada, una mirada impresionante pero completamente fría; y una expresión muy dura y adulta para una chica que ni tenía cumplidos los trece años de edad. La pequeña belleza de ojos verdes esmeralda y cabello a la cintura, tan oscuro como la noche, era una completa extraña; una extraña un tanto siniestra.

"Le puedo ofrecer alguna bebida caliente, la mañana está muy fresca y lo más seguro es que se encuentre un tanto helada pequeña." El señor Geert se encontraba muy sorprendido de la forma tan formal en el que sin pensar se estaba dirigiendo a su visita. A aquella que vio caerse de árboles, rasparse las rodillas mientras correteaba a las ardillas y a aquella que vio llorar cuando su madre o padre tenían que irse por cuestiones de trabajo por un corto tiempo. Nunca convivió con ella por mucho tiempo, pero su familia era muy conocida en la comunidad, y no había persona que no conociera a Natsuki Krüger; aún así no debía dejarse intimidar por una simple niña confundida. "De igual manera, puedo guardarle sus abrigos, si lo desea."

"No gracias, para mí nada será necesario; y le agradecería que me dejara de llamar 'pequeña'" Contestó ésta sin sonar a reproche, era una simple petición. "Pienso hacer mi estadía en su hogar lo más breve posible." Dijo ésta al sentarse en un sillón inglés que frente a la chimenea apagada.

"Como usted desee señorita Krüger." Geert tomó asiento enfrente de la pequeña chica. "Ahora bien, por favor pregúnteme aquello que la aqueja".

Ella asintió con la cabeza mientras su mirada adquiría una magnitud penetrante. "Primero que nada muchas gracias por haberme salvado la vida." Esperó al asentimiento del señor Geert para proseguir. "Y como usted se ha de imaginar, quiero que me cuente detalladamente, paso por paso, todo lo que usted experimentó aquella noche en la que me encontró en medio del bosque al borde de la muerte, a qué personas observó en ese claro, y cómo fue que dio con ese lugar."

El señor se removió un tanto en su asiento ante la intensidad de aquella mirada. Estaba seguro que la pequeña Krüger no aceptaría ninguna evasión a su demanda. Ni hablar, tendría que romper la promesa hecha a los tíos de ella sobre mantenerla en la oscuridad en cuanto a los acontecimientos de esa noche.

"Sabía que vendrías a verme un día. Si algo caracteriza a los Krüger es su terquedad." Éste tomó una profunda bocanada de aire, sabía que lo que le contaría a la muchacha podría marcarla más de lo que parecía ya estar dañada. "Muy bien señorita, si usted está preparada, yo le contaré lo que sé. Le advierto que no es mucho. Yo no vi detenidamente los sucesos. Simplemente tengo una idea de lo sucedido gracias a varios comentarios y con la condición del lugar donde la encontré."

"No se preocupe señor Geert, ya me imaginaba algo así, yo nada más quiero las piezas del rompecabezas." Le respondió la chica Krüger con completa sinceridad. "Ahora, por favor, cuénteme todo lo que recuerde sobre la noche en que mis padres fueron asesinados."


Dhuran había estado observando, desde un escondite entre unos árboles, la puerta por la que su amiga había entrado desde hacía más de media hora. El lobo se veía ansioso, como si no pudiera aguantar a que la chica apareciera.

La puerta se abrió de forma brusca y la oji-verde salió de la casa caminando a pasos agigantados. Parecía una tetera a punto de reventar por la presión; o un volcán a minutos de hacer erupción. No había ni puesto el pie en el pasto verde cuando una voz hizo que parara.

"Natsuki Krüger." La llamó el señor apresurándose detrás de ella, "No dejes que la ira te controle. Hay cosas en este mundo que es mejor dejarlas en la oscuridad. Tus padres hubieran deseado que no le pusieras un alto a tu vida por lo sucedido a ellos."

Ella se volteó instantáneamente con furia evidente en sus ojos. "Usted no sabe nada de mis padres." Natsuki contestó con una voz gruñiente que la hacía parecer más una bestia feroz que una niña de doce años. Pero, a como el sentimiento se mostró en su fina cara, rápidamente lo logró controlar.

"Nadie en esta villa logró entender las maravillosas personas, padres, magistris magi, que ellos eran. Yo no dejaré que lo que les hayan hecho quede en el olvido." Terminó ésta su discurso con voz petulante y definitiva. Sin siquiera esperar por el señor Geert a que hablara, comenzó a marchar a paso decisivo alejándose de aquella cabaña, la que no hizo otra cosa que el dejarle más dudas de las que tenía.

Sus pensamientos corrían en círculos, y no sabía encontrar explicación a todo lo que había escuchado de boca del señor Geert. No solamente le atormentaban el pensamiento la descripción de hechos relatadas a ella, sino la ira y decepción que sentía hacia sus tíos.

Natsuki ya presentía, con casi total certeza que sus tíos le ocultaban algo. Ahora, sabía que eso sí era cierto. 'Ahora el único que me queda de confianza es Dhuran, no puedo perderlo a él también.'

Cuando volvió a la realidad se dio cuenta de que había llegado al lugar al que se había prometido no visitar en esa excursión exprés; pero, una vez estando enfrente de la casa de mediano tamaño completamente blanca, se dio cuenta que tenía que entrar al único lugar en que había sido completamente feliz, su antiguo hogar. Tenía que verlo ya que no sabía si volvería a pisar ese suelo. Aunque fuera una última vez.

Sintió una presencia a su espalda y supo instintivamente que su fiel guardián Dhuran estaba una vez más a su lado. Tal y como su padre siempre pensó que lo estaría. Había sido un hombre muy inteligente.

Con paso lento subió las escaleras y se paró en el pórtico donde tantas tardes escuchó a su padre contarle fantásticas historias, en donde vio a sus padres bailar, su padre un tanto tímido, su madre muy rígida. El mismo lugar en donde, una noche de julio dos años atrás, se dio cuenta rápidamente, después de llegar de una visita a la ciudad con Dhuran, que algo andaba mal. Que la puerta no debía estar abierta a tales horas de la noche; y que sus padres no estaban por ningún lugar.

Del interior de su abrigo sacó lo que parecía ser un palo delgado de 25 cm de largo. En la punta tenía una luna menguante de tamaño proporcional a la varita. Se acercó a la puerta de la casa. A un lado de ella había una placa que rezaba: 'Casa de la familia Krüger'.

Cerró los ojos y recitó por lo bajo las palabras en latín que había decidido canalizarían su poder mágico. "Mea animae, meus potestas." Y con un pequeño movimiento de la varita dirigido a la puerta continuó. "Frangere."

La puerta inmediatamente se abrió y Natsuki miró a su compañero y le dijo con un deje de arrogancia. "Ves Dhuran, eso no lo enseñan en la Academia." Y enseguida, entró a la sala de su casa.

En ese instante muchos sentimientos la atacaron. El mirar las paredes, el piso, los muebles, retratos, y demás pertenencias que tenían su lugar en la sala; le era literalmente doloroso. Pensaba que en el año que llevaba despierta, después del coma que la mantuvo durmiendo por más de año y medio, había perdido toda habilidad para sentir algo, incluso el dolor. Forzó a estos a apagarse. Había prometido que no dejaría que nada la distrajera de la misión a la que se había encomendado en cuanto despertó y se enteró del destino de sus padres. Llevándose una mano al pecho sin pensarlo tomó un suspiro profundo y se tranquilizó. Mientras, sentía la presencia de Dhuran siempre reconfortante a su espalda.

Inhaló la esencia muy propia de su casa a la cual, se daba cuenta con gran tristeza, había extrañado inmensamente. Se dirigió al interior de su casa y entró a su habitación. Estaba totalmente irreconocible a como la había visto por última vez; no era sorpresa, ya que la mayoría de sus pertenencias se encontraban ahora en casa de sus tíos, en donde vivía ahora.

En donde había vivido hasta ahora, se recordó.

Miró sin emoción una foto que había sobre su escritorio, en donde se la veía sonriendo a lo grande al lado de dos compañeros de la Academia, en donde había estudiado para obtener un certificado de maga, o magi a como era su término en latín. Al no encontrar nada que le llamare la atención en ese cuarto salió, recordaba que no tenía mucho tiempo antes de que sus tíos fueran buscándola por haberse escapado en mitad de la noche para viajar varios kilómetros, sobre una rama de un árbol de la casa de sus tíos que fortaleció mágicamente en cuestión de segundos. No fue el mejor escape, y por lejos no el más seguro, pero no dejaría que se le escapara esa oportunidad que tenía de al fin avanzar con la investigación de lo sucedido con sus padres.

Dhuran parecía haberse quedado en la sala ya que Natsuki no sentía su presencia cerca de ella. Caminó hasta el final del pasillo y llegó a la puerta tras la cual se encontraban unas escaleras que la llevarían al sótano secreto de su casa, donde la madre de Natsuki había hecho su laboratorio. La abrió y descendió por éstas.

El lugar se encontraba limpio, si bien algo desordenado, Saeko Krüger se caracterizó por ser un poco desordenada dado a que siempre andaba corriendo por sus experimentos así que no tenía el tiempo de ordenar.

Se dirigió al escritorio de trabajo de su madre. Ella en realidad no tenía ni idea de a qué específicamente se dedicó su madre. Sólo sabía que había sido una científica que estudiaba el mana o poder mágico. Era algo totalmente impresionante en su opinión, ya que siempre había escuchado a la gente decir que la magia y la ciencia eran términos opuestos. Pero como su madre una vez le dijo: 'Natsuki, la magia no es más que fenómenos a los cuales la ciencia no les ha encontrado respuesta.' Ella no creía mucho en las palabras de su madre, ya que ella había experimentado el poder de la magia, al igual que todo mago lo hace, y no se le hacía ningún fenómeno al cual encontrarle respuesta. La magia simplemente era.

Vio que a lo largo del escritorio había diferentes tomos abiertos, con anotaciones y hojas arrancadas, títulos como: La ligereza del ser, Los hijos del éther, Teoría del Chaos, entre tantos más que para ella no significaban nada. Sin duda la última investigación en la que su madre ocupaba su tiempo. Tiempo dedicado al trabajo que al pasar los años fue incrementándose. Tiempo que no pasaba con Natsuki, claro, cuando ésta se encontraba de vacaciones y no internada en la Academia de Magia a la que asistía.

Era difícil para ella pensar en las horas que su madre pasaba metida en ese laboratorio, haciendo las actividades que más amaba después de su familia. Natsuki tenía la certeza de que todo siempre buscando el bienestar del mundo. Esos pensamientos prometían llevarla a perderse en un mar de memorias que en ese momento no le servían de nada, por lo que una vez más se obligó a continuar.

Dando media vuelta se dirigió a la salida y subió las escaleras hasta llegar una vez más al pasillo. Decidió no entrar a la biblioteca de la casa, lugar favorito de su padre Alexander Krüger, sabía que sería una prueba para la que ya no se sentía preparada, y, mejor se dirigió hacia la sala en donde sabía que Dhuran la esperaba.

Por un momento pensó que en la sala iba a encontrarse a ese muchacho un poco más alto que ella, de ojos azul cristalinos y cabello plateado, pero solamente encontró a su amigo lobo mirando detenidamente una fotografía sobre el estante. Era mejor de esa manera, pensó.

Natsuki se dirigió a donde se encontraba su canino amigo y se arrodilló junto a él para observar qué era lo que había captado su atención.

Eran dos fotografías. No tenía idea de cuál de las dos era la que había sumido al can a tan profundo estupor. Conociéndolo, cualquiera de las dos podría ser. Una de ellas era de una familia de cuatro, aquella con la que ella soñaba, o tenía pesadillas dependiendo del día, todas las noches. Una pareja de adultos sostenían en sus regazos a dos pequeños. El hombre, muy apuesto, de cabellera rubia, bien recortada y peinada; con los ojos verdes esmeralda que recordaban a quien los viera del bosque que rodeaba su hogar. Una pequeña pero serena sonrisa, y unos ojos amables y contentos acompañaban a su mirada de poder. En sus piernas cargaba a un pequeño niño, de alrededor de 7 años, con ojos azul cristal y su cabellera plateada que reflejaba la luz artificial bajo la cual fue tomada la fotografía.

Al lado del joven caballero, se encontraba una muy bella joven. De tez muy blanca que contrastaba con su cabellera de un negro azabache, la cual le caía como una cascada sobre los hombros. A diferencia de la postura muy relajada de su pareja, ésta se encontraba muy bien erguida en una postura regia. Natsuki se maravilló una vez más, era una de las pocas veces en que la llegó a ver sin estrés aparente en su cara. Siempre había sido en vida una mujer que nunca paraba de pensar. Su mirada de ojos negros era muy seria, sin embargo, al igual que su acompañante, completamente feliz. En sus piernas abrazaba con aire posesivo a una pequeña réplica de ella.

Natsuki se observó sentada sobre las piernas de su madre una vez más. Con sus cabellos negros como su madre, largos y trenzados, su ojos réplicas de los de su padre, cálidos y brillantes. Su sonrisa amplia y completamente feliz. La fotografía era la representación exacta de cómo habían sido todos sus años de la infancia. Cada uno de ellos en completa felicidad con una familia que la amó profundamente, y a quienes amó con todo su pequeño ser.

Era una fotografía tomada poco después de que su padre encontrara a Dhuran y le diera cobijo y un lugar en su familia.

La fotografía junto a esa era una con sus padres cuando éstos eran unos adolescentes. Se encontraban rodeados de diferentes amigos. Conocía por historias de su padre el lugar en donde estaban. Estaban frente a un árbol enorme, conocido como el Árbol del Mundo, que se encontraba en un distrito académico muy famoso en el lejano país de Japón. Era una escuela muy enorme según su padre, prácticamente una ciudad conformada por diferentes escuelas de diferentes grados y especialidades. También, una escuela muy mágica, aunque la mayoría de los estudiantes que acudían a ella eran personas comunes sin conocimientos de la magia. Era la escuela en donde sus padres se conocieron y se enamoraron.

Los amigos que los rodeaban eran altamente conocidos en su mundo, un grupo de combatientes mágicos y usuarios del famoso ki. Sin duda un grupo muy poderoso que participó en varias guerras. Su padre había pertenecido a ese grupo durante un muy corto tiempo, antes de que conociera a su madre. Se llamaban el Ala Rubra o Ala Carmesí en español. Estudió mucho sobre ellos y sus aventuras mientras Natsuki estaba en la Academia. Sin duda lectura interesante, pero nada que le fuera a servir en la práctica.

Y ahora todo lo que le interesaba a Natsuki era la práctica. Los tiempos de historias de héroes milenarios, doncellas mágicas, y seres fantásticos e inmortales, ya no le interesaban.

Agarró la foto de su familia del estante, y con todo y marco la metió en uno de los compartimientos de la mochila que Dhuran aún tenía amarrada al cuello.

"Para no olvidar Dhuran. Recuerda que todo lo haremos en nombre de los recuerdos de aquellos días." Le dijo al lobo mientras le acariciaba una vez más su cabeza. Éste se limitó a contestar con un pequeño ladrido de afirmación y una lamida rápida en la cara de la oji-verde, quien por primera vez en todo ese día, y muchos días antes que ése, dejó escapar una pequeña risita; aunque una no completamente feliz. Sabía que podía contar con Dhuran para levantarle el ánimo en cualquier momento. Habían pasado por tantas cosas juntos.

"Será mejor que comamos algo Dhuran, antes de continuar con nuestro viaje, quién sabe hasta cuándo podamos detenernos a desayunar algo. Necesitamos muchas energías para nuestro viaje." Natsuki dio media vuelta y se dirigió a la puerta que llevaba a un pequeño cuarto que estaba junto a la cocina. Sabía que la despensa, entre otras cosas, se solían guardar ahí.

Dhuran volvió a dar un ladrido, esta vez de felicidad. Él se encontraba hambriento. Ser un lobo y andar corriendo por el bosque gastaba mucha energía. Moviendo la cola se subió a descansar sobre uno de los muebles de la sala.

Natsuki abrió la puerta y se dirigió hacia los estantes de la despensa. Encontró unas cuantas latas de comida, lo único que no estaba caduco, y se dio la vuelta para regresar a la sala.

Solamente para detenerse en seco.

Sabía lo que veía. Sabía lo que significaba. Las latas cayeron a sus pies pero ni cuenta se dio. Llegó hasta el objeto y se dejó caer al piso sin notar dolor alguno. Tocó uno de los objetos y no pudo evitar recordar una de las conversaciones que había tenido con sus padres en cuanto Natsuki había regresado de la Academia a su casa debido a las vacaciones de verano.

Eran sus regalos de cumpleaños. Le habían conseguido todo lo que había querido. Un amargo pesar la abrumó y antes de que perdiera el control canalizó esos sentimientos en el único que se había permitido sentir en el último año y medio. Ira.

Salió a la sala y fue en busca de la mochila que su amigo estaba usando en ese momento como almohada. Se la arrancó violetamente y Dhuran emitió un pequeño quejido de sorpresa que ni siquiera provocó unas disculpas por parte de la chica para el can que ahora yacía tirado en el piso.

Regresó y empezó a empacar los objetos que hubieran sido los regalos de cumpleaños perfectos para una niña que se encontraba en su último año de la Academia de Magia. Algunos los tuvo que amarrar a la mochila pero la mayoría logró entrar. Muchos serían una gran ayuda en su misión. Los otros no se atrevía a dejarlos, a pesar de lo inútil que en ese momento le parecían.

Una vez que terminó de empacar todas sus nuevas pertenencias se levantó y fue hacia la sala. "Dhuran ya vámo…" Cortó de pronto su oración y dio un respingo mientras abría con sorpresa sus ojos.

Enfrente de ella, en medio de la sala, se encontraban dos personas bloqueándole el paso a la salida. Por desgracia, eran las dos personas que menos deseaba ver en ese momento.

"Natsuki, querida, ¿por qué escapaste de casa?" La que habló fue una señora alta y rubia. Sus ojos cafés sólo le hablaban de la preocupación que sentía. Lhuna Gorvic era su nombre; sin embargo era la otra persona quien acaparó su atención. Era un hombre pelirrojo de mediana estatura, completamente rígido. Su tío se veía más severo de lo que normalmente lucía. Erik Gorvic no estaba para nada feliz.

"¿Qué te pasó por la mente Natsuki?" Su tío, se notaba, tenía un enojo contenido. "¿Tienes idea de cómo nos sentimos Lhuna y yo al despertarnos y ver que no estabas en tu habitación? ¿Al darnos cuenta que te habías llevado la mayoría de tu ropa?" Dijo su tío cada vez en un tono más alto.

"¿Dónde está Dhuran?" Natsuki ignoró completamente las preguntas de su tío. El saber que sus tíos le estaban ocultando preciada información, le hacía no tener el corazón para sentir ni un poco de culpa por cualquier malestar que les hubiera causado.

"Está afuera, esta conversación es sólo para familia." Contestó su tío con obvio descontento en su voz.

"¿Familia? ¡Que te sucede!" Exclamó la pequeña, olvidándose de toda regla moral de no gritarle a sus mayores. "Él es más familia mía que ustedes. Ahora si me disculpan, tengo un largo viaje que hacer." Natsuki se dio vuelta para dirigirse a la salida. En un movimiento, muy rápido para poder seguirlo con la vista, Erik se encontraba colocado enfrente de la puerta, bloqueándole el paso a su sobrina.

"Natsuki, yo sé que estás desesperada por encontrar respuestas, pero te aviso que no te dejaré ir en una misión suicida. Necesitas tener confianza en que yo y muchos amigos de tus padres estamos haciendo lo posible por averiguar quiénes fueron los que atacaron a tus padres, y qué fue lo que en realidad le sucedió a los mismos." Le advirtió gravemente su tío. No iba a permitir que su sobrina, quien ni siquiera se había graduado de la Academia Windbloom, se encaminara sola a buscar a los asesinos de sus padres. Al final de cuentas, las personas que pudieron vencer y hacer desaparecer a Alexander y Saeko Krüger debían ser personas peligrosas y de mucho cuidado.

"¡Muévete!" Natsuki ya estaba exasperada, sabía que no podría luchar en contra de sus tíos, ni siquiera con la ayuda de Dhuran. "No voy a dejar que una persona que me ha mentido decida qué hacer con mi vida."

"¡Mentido!" Exclamó incrédula Lhuna, quien había estado muy nerviosa al ver a su esposo y su sobrina mirarse el uno al otro, como si nada más estuvieran esperando a que el otro atacase. "Natsuki, querida, ¿de qué hablas?"

"No juegues conmigo tía. Tú y mi tío me dijeron que no tenían ni idea de lo sucedido esa noche. Nunca me dijeron que el curandero que me salvó les había contado todo lo que esa noche vio, escuchó y sintió." Por más que intentó, Natsuki no pudo evitar que en su voz se escuchara un deje de dolor.

"Así que ya hablaste con el señor Geert." Erik reclamó una vez más la mirada furiosa de su sobrina. Le dolía ver que la pequeña a la que cuidó varias veces cuando era niña les viera con tanto rencor. Sabía que a su esposa, hermana del padre de Natsuki, le dolía mucho más. "Mira Natsuki, no te quisimos mentir, tarde o temprano te íbamos a decir, así que discúlpanos que te quisiéramos evitar la mayor cantidad de dolor posible." La voz de su tío se hacía cada vez más amable, a Natsuki le hacía recordar el tiempo previo a la desaparición, y lo más probable, muerte de sus padres.

Natsuki nada más se lo quedo viendo, ya no quería volver a mencionar el hecho de que le habían mentido, no quería parecer como una niña haciendo una rabieta.

"Sé que es imposible pedirte que olvides esa noche, que no sigas investigando." Prosiguió su tía colocándole una mano, que intentaba ser reconfortante, sobre su hombro. "También sé que nosotros no lograremos reemplazar la familia que tuviste, Naty. Y eso está bien, porque no es lo que intentamos. Queremos ofrecerte nuestro apoyo y protección." Era muy difícil para Natsuki ser ruda con su tía, por lo que no le contestó ni le removió su mano de su hombro.

Pero no se podía permitir dejar que la convencieren. Ella tenía que lograr la manera de lograr pasar a su tío y llegar a la puerta. Estaba segura que Dhuran la estaba esperando listo afuera de la casa, en el momento en que ella pudiera salir, en ese momento se irían. Podía utilizar uno de sus nuevos artefactos para escapar con Dhuran, en la forma más ligera de éste.

"Miren, entiendo que me quieran proteger, pero tienen que darse cuenta que yo no quiero." Expresó Natsuki en un tono nivelado de voz mientras daba un paso hacia atrás, acercándose hacia la pared perpendicular a la puerta, logrando de esa manera ponerse enfrente de ambos adultos. "Ya no soy una niña a la que proteger. Les demostraré que yo puedo hacerlo sola." Terminó la pequeña maga mientras sacaba su varita otra vez y la dirigía hacia sus tíos. Estos no se podían creer que la pequeña les estuviera apuntando con una varita que, para ellos los magos, significaba un arma muy poderosa. A pesar de que la varita que estuviera utilizando Natsuki fuera más bien un juguete de práctica para magos aprendices. Todo dependía del poder interno mágico, o mana.

"Mea animae, meus potestas." Exclamó rápidamente, y, aprovechando que definitivamente sus tíos no se esperaran que ella tuviera establecida una clave de activación, continuó con su encantamiento mientras tomaba un salto hacia atrás. "Undans Paries Aquarius." Gritó mientras apuntaba con la mano con la que sostenía la varita hacia la dirección de sus tíos.

De la nada, por enfrente de Natsuki, se formó una columna de agua que salió disparada hacia sus tíos, quienes subieron sus brazos para protegerse los ojos de la fuerza del agua.

Sin tiempo que perder Natsuki corrió en dirección a la puerta y, al alcanzarla, comenzó a girar la manija. Una vez afuera gritaría por Dhuran y se irían volando de ahí. Lástima que antes de poder abrirla siquiera, sintió una presencia detrás de ella y un tirón muy fuerte desde su espalda que la catapultó hacia el piso, unos buenos metros lejos de la puerta.

La pequeña se levantó a como pudo y lo más rápido posible desde el lugar en donde había caído. 'Demonios' pensó; eso había dolido. Nunca imaginó que su tío la fuera a aventar usando tanta fuerza. Aunque no lo culpaba, se había estado comportando como una pequeña ingrata desde que los encontró en la sala de la casa de sus padres. Sacudió su cabeza para tratar de aclarar sus ideas y ver qué era lo siguiente que podía intentar.

"Te he dicho que no te dejaré pasar." La voz de su tío retumbó por la casa. Ahora, sí lo había hecho enojar.

"Natsuki, ¿cómo? ¿cuándo? No sabía que ya tuvieras esa clase de conocimientos." Su tía se veía sorprendida, luego pareció haber pensado un poco más la situación y, "¡Nos atacaste!" exclamó con indignación.

"Les dije que tengo que irme. Haré lo que sea necesario para que me dejen ir." A Natsuki nunca le hubiera gustado llegar a atacar a gente que no hacía más que brindarle apoyo, pero tenían que entender. Ella no quería una vida segura pero miserable. Todo era cuestión de prioridades y Natsuki ya tenía muy bien definidas las suyas.

"Bravo Natsuki." Comentó su tío. Una vez más Natsuki lo miró. Había algo en su tono de voz. La estaba incitando, a qué, todavía no lo sabía, pero sabía que ya tenía un plan. "De veras que nos sorprendiste. Sin duda una vez más nos demuestras tu naturaleza rebelde, y siempre he admirado tu fuerza de voluntad."

Natsuki frunció el entrecejo, ella sabía reconocer cuando se burlaban de ella y por la sonrisa que tenía su tío, éste no intentaba disimularlo.

"Ahora, Natsuki Krüger, demuéstrame el poder que vas a utilizar una vez que te vayas de nuestra protección. Así consideraré el dejarte pasar." La apremió su tío.

"Esperen ustedes dos. Esto se está saliendo de control." Lhuna exclamó en cuanto vio como su esposo incitaba a su sobrina a pelar.

"Déjanos Lhuna" Le contestó su marido. "Ella tiene que entender que su poder no es suficiente."

Apretando los puños, y gruñendo por lo bajo, Natsuki se preparó una vez más. Le demostraría que ella sola era capaz de aprender los métodos suficientes para volverse fuerte. Tendría que usar un plan un tanto más elaborado. Dejó caer su mochila al piso y tomó su pose para conjurar encantamientos.

Una vez más recitó su clave de activación y volvió a utilizar la misma encantación que no le había funcionado previamente. "Undans Paries Aquarius" Lanzó el hechizo una vez más hacia su tío, lo tenía que alegar de la puerta. Mientras el agua salía disparada una vez más hacia su tío, esta vez con más fuerza, ella preparó el siguiente hechizo de su repertorio.

"Frigerans Exarmatio" fue el siguiente hechizo, éste murmurado por lo bajo. Reconsideró y rápidamente murmuró una vez más, "Demoror." Justamente en ese momento su tío se hizo paso a través del hechizo sin siquiera haberse mojado.

Natsuki vio como a velocidad impresionante corrió su tío hacia donde se encontraba ella. A la vez éste levantaba su puño en dirección al cuerpo de su sobrina, y Natsuki, impulsivamente, se apresuró a encantar un escudo de hielo. Levantando rápidamente ambas manos, con la varita fuertemente sujeta en la derecha, gritó. "Reflexio."

Aprovechó el empuje que le proporcionó su rápido hechizo, rotando sobre su propio eje y, despidiendo una ráfaga fuerte de viento junto con los pedazos de hielo que resultaron de su escudo roto, aventó a su tío hacia atrás unos cuantos metros.

Su corazón dio un salto de felicidad cuando vio a su tío perder el equilibrio, propulsado por su hechizo, cayendo de espaldas al suelo. Ahora, las cartas se encontraban a su favor.

Con un brinco desesperado asió su mochila y sujetó con ambas manos el artefacto que había amarrado por fuera de ésta. Era un hermoso báculo que al final de cuentas era mucho más maravilloso que aquél por el que había rogado tanto a sus padres. Éste era largo, de aproximadamente poco menos de un metro y medio de largo. Era prácticamente de su tamaño, por lo que se veía que era muy grande para ella, pero los detalles eran los que lo hacían ser uno de los báculos más fenomenales que Natsuki había visto. Nada parecido a los que había observado en exhibición en algunas tiendas de suplementos mágicos.

Era en su totalidad de un azul cobalto. La punta superior terminaba en un diseño de rayo, y parecía brillar con cualquier leve inclinación del mismo. Pudo ver que tenía unas inscripciones hechas de tinta negra, las cuales no entendía pero que en ese momento no le preocupaban en lo absoluto. Acababa de ver, por la periferia de su ojo, a su tío súbitamente levantándose de un sólo salto.

Ya que era la primera vez que utilizaría su genial báculo, sabía que tendría que utilizar un hechizo para hacerlo mover.

"Ya basta Natsuki, no alarguemos esto." Exclamó su tío, finalmente algo fastidiado con su sobrina, mientras tomaba a Natsuki del brazo.

Natsuki se limitó a formar una sonrisa pícara que desconcertó a su tío. "Emittam." Pronunció la palabra clave que le permitiría liberar su hechizo guardado mientras extendía su palma estrecha hacia el pecho de su tío. Enseguida, el hechizo que había hecho poco tiempo antes, Frigerans Exarmatio, se desató con una inmensa fuerza que hizo volar a su tío por los aires, a la vez que congelaba el piso y los muebles que se atravesaron en su camino.

Era un simple hechizo de desarme, pero con el mana suplementado por Natsuki, le daba suficiente tiempo para formular otra vez su clave de activación.

"Mea Animae, Meus Potestas." Y canalizando energía desde su báculo, le ordenó a éste que se elevara usando un comando básico en latín: "Volatio. Levitatio. Baculum Volent." Terminó de invocar y Natsuki, montada sobre su báculo, salió disparada de la casa atravesando, y rompiendo a su paso, una ventana del lateral de la casa mientras le gritaba a Dhuran con la esperanza de que éste la siguiera por el suelo.

Natsuki se elevó por los cielos, cada vez más alto, hasta que pudo divisar la salida del bosque y la orilla de la ciudad. Era una vista preciosa. Pero no fue ésta la que hizo sentir a Natsuki tan fascinada.

Natsuki lo había logrado. Había podido comprar el tiempo necesario para poder conseguir salir. El nuevo báculo sin duda era una bendición dada por sus padres.

Estos eran los pensamientos que pasaban por su mente cuando de la nada, por arte de magia, su tío se encontraba enfrente de ella, levitando por los aires con su típica expresión severa.

A como pudo, logró esquivar a su tío y metió una mano para intentar sacar del otro bolso de su abrigo otro de los artefactos sorprendentes que sus padres habían conseguido para ella.

Desafortunadamente, antes de poder sujetarlo, sintió un rayo impactarse contra su torso, electrocutándola y haciéndola perder el equilibrio.

Natsuki soltó su báculo al precipitarse directamente hacia el suelo del bosque. 'De seguro fue un Sagitta Magica' pensó con desconsuelo. Con las pocas fuerzas que le quedaban, en cuanto vio que las copas de los árboles ya estaban cercanas a ella, intentó coger su varita para ver si podía detener la velocidad de su caída.

No necesitó hacerlo ya que, inmediatamente, sintió un viento envolverla y hacer justamente eso. El viento la depositó con delicadeza sobre el suelo del bosque.

Se quedó recostada un rato. No tenía ganas de moverse y sentía muy pocas fuerzas como para lograrlo. Esta vez el sentimiento de frustración la embargó, y, sentía a la ira quererle hacer compañía a ese sentimiento.

Pensó en sus padres y en lo mucho que ellos habían hecho por ella. Pensó en Dhuran quien, seguramente, iba corriendo apresuradamente al lugar donde ella se encontraba, estaba segura que lo haría, ambos tenían ya un lazo que los unía más que la simple amistad.

No podía rendirse. Logró sorprender a sus tíos, logro que su tío perdiera el equilibrio. Había crecido tanto en el poco más de un año que tenía desde que se había levantado del coma. Tenía que seguir esforzándose. No quería herir a su tío, su ira no iba dirigida a él, pero tenía que distraerlo lo suficiente para que se pudiera escapar otra vez. Mínimo esperar a que su compañero Dhuran llegara.

Metió una vez más su mano izquierda en el bolsillo y agarró con fuerza el objeto que tenía ahí. Justo en ese momento escuchó y vio salir a su tío de entre los árboles. Traía entre sus manos su báculo y a la espalda su mochila. 'Diantres, justo cuando pensaba que no se podría poner peor el asunto pasa esto. Tengo que recuperar mis cosas.'

"Impresionante pequeña. Ahora, regresemos a tu casa, tu tía nos ha de estar esperando muy preocupada. Tenemos que ponerle fin a todo este teatro y al fin sentarnos a hablar." Le dijo su tío Erik en un tono tranquilo. Como si su sobrina, a la que le había dado atención, un techo y comida durante más de tres años; no lo acabara de atacar. Bueno, alejar, con hechizos de desarme y escudo.

Natsuki, cogiendo todas las fuerzas que le quedaban, logró ponerse en pie sin sacar su mano del bolsillo, en donde aún tenía agarrado firmemente su objeto.

"No." Se limitó a decir Natsuki mientras sacaba de su bolsillo un revolver de proyectiles mágicos. Eran objetos de colección, y sabía de la existencia de muy pocos de ellos en el mundo entero. Otro artefacto maravilloso del cual agradecería eternamente a sus padres. Era de apariencia antigua, asemejaba a aquellos usados por los vaqueros que había visto una vez en una película. Sin embargo, éste también tenía inscripciones inteligibles a cada lado del artefacto.

Natsuki disparó y alcanzó a ver como su tío lo esquivó soltando de paso sus pertenencias. Sin detenerse siguió disparándole a su tío. Esos revólveres disparaban proyectiles mágicos, del elemento que el usuario decidiera usar. Natsuki decidió usar hielo. El agua y hielo eran los elementos con los que se sentía más cómoda últimamente.

En un momento ya se encontraba levantando sus pertenencias del suelo con la otra mano, nunca deteniendo sus disparos hacia donde había visto desaparecer a su tío. La tenía un poco preocupada el ver que con cada disparo, sus proyectiles se iban debilitando. Se sentía cada vez más sin fuerzas, al parecer el revólver era de aquellos raros que absorbían la energía del mago para poder ser utilizados.

En el momento en que estaba pasando su pie por sobre el báculo para poder montarlo una vez más, vio salir del suelo unas cuerdas resplandecientes que fugazmente se le enredaron en el cuerpo, inmovilizándola completamente. Se vio obligada a soltar su báculo y el revólver al sentir la fuerza con que la apretaban.

Erik Gorvic salió tranquilamente de entre los árboles, logrando irritar más a Natsuki quien no se dejaba de retorcer, esperando soltarse de esa prisión.

"Sagitta Magica, Natsuki, en su versión Aer Capturae. Sabiéndolo utilizar puede ser un hechizo muy poderoso. Y mira nada más…" dijo su tío con un tono un poco sarcástico.

'Gah, detesto cuando los adultos usan sarcasmo' Pensó la chica capturada por proyectiles mágicos de aire.

"…al parecer es un muy eficiente hechizo, práctico, y lo mejor, es de nivel básico. Lo han de enseñar en la Academia, ¿sabes?"

"Sí." Gruñó Natsuki a modo de respuesta. "Y eso es lo único que enseñan sobre la práctica."

Eric suspiró, "Regresa a la Academia. Luego podrás irte en tu aventura si quieres. Sólo danos tiempo. Ya veremos qué hacer el próximo año."

"No regresaré." Gruñó una vez más Natsuki. "Ahora déjame salir Gorvic."

"Vaya si eres obstinada princesa. Eres toda una Krüger. Me has comprobado que tienes no solamente un gran potencial, sino también el intelecto y la fuerza de voluntad que te pueden convertir en una gran Magistra Magi." El que su tío le hiciera ese comentario en otro momento habría valido mucho para Natsuki, ahora sólo la irritaba.

"A mí no me interesa eso. De qué sirve ser una Maestra Mágica si no puedo lograr la venganza que mis padres se merecen." Le gritó Natsuki a su tío. Una vez más su ira se estaba desatando. Sentía sus reservas mágicas dándole cosquillas por dentro de la piel. Un intento más.

"Natsuki, tienes que…" Su tío se detuvo al escuchar un gruñido salvaje detrás de él. Se dio la vuelta justo a tiempo para repeler a Dhuran y mandarlo lejos con un hechizo de escudo.

Natsuki aprovechó la distracción para reunir sus poderes mágicos y pronunció fuerte y rápidamente de nuevo su clave de activación. En eso vio a su tío mandar a volar a Dhuran por los aires. Éste se volvió para verla.

Cuando sus ojos se conectaron, Natsuki, sin perder de su vista a su tío, empezó a invocar una ayuda de refuerzo. "Cantus Be…" Su oración se extinguió en su boca sin poder completar el comando de su hechizo.

Natsuki cayó al suelo de rodillas, jadeando a falta de aire. Acaba de sentir un golpe intenso en su abdomen que le había sacado el aire. 'No puede ser. No lo perdí de vista ni un segundo.' Pensó ella.

"Natsuki, lo lamento, no puedo permitir que esto se prolongue." Lhuna se arrodilló a su lado. Natsuki ni siquiera había sentido la presencia de su tía acercarse. La mujer levantó su mano en alto, y con un poco de pesar en sus ojos cafés, le asentó un golpe directo y seco a su sobrina en la parte trasera de su cuello.

La chica, antes de perder el conocimiento, vio que su tío tenía a Dhuran cargado sobre un hombro... y dejó que la oscuridad la recobrara.


Cuando Natsuki volvió en sí y abrió los ojos, murmurando un pequeño gruñido debido al pequeño dolor que aún sentía en su nuca, vio inmediatamente que estaba recostada sobre su cama. Al parecer aún se encontraba en su casa.

"Hola pequeña, ya me estaba empezando a preocupar que Lhuna te hubiera pegado muy fuerte."

La "pequeña" volteó a ver a su tío quien, ahora se daba cuenta, estaba sentado al pie de la cama. Cada vez estaba más harta de que la llamarán pequeña.

"Tío, ah, no es nada, ya no duele." Dijo ésta mientras se levantaba, con dificultad, para tomar una posición sentada. "Aagh, de hecho, duele más el derechazo que le metió a mi abdomen." Comentó mientras se llevaba una mano a su ofendido abdomen.

"Izquierdazo." Le corrigió su tío. "Por alguna razón su izquierda siempre ha dado los golpes más potentes." Erik puso una pequeña mueca en su boca de seguro recordando algún dolor del pasado.

Natsuki, apartando la vista para que su tío no la viera, sonrío cansadamente.

Su tío la observó bajar la mirada, parecía no querer verle a la cara. "Una vez más me sorprendes, pensé que ibas a intentar escapar apenas despertando. Ya sabes, con eso de tu comportamiento arrebatado e irreflexivo."

Natsuki levantó la mirada y lo observó ofendida. "¿Con qué sentido lo haría? Puedo sentir cómo has rodeado la casa con una barrera que me impediría salir."

"¡Ah! Vaya, creo que totalmente irreflexiva no lo eres." Exclamó con sorpresa burlona su tío y una sonrisa ladeada en la boca. "Bueno, cuando no estás siendo terca."

"Lo que digas." Fue todo lo que ofreció como respuesta Natsuki después de haber sido el objeto de burla de su tío. Las cosas serían muy diferentes si su plan hubiera funcionado. 'Así de seguro que cambiaría su opinión sobre mí. Grr, bastardo poderoso.'

"Ahora, si piensas que voy a pedir disculpas, te equivocas. En ese caso, por favor, si pudieras salir de mi cuarto, me daría mucho gusto. Me gustaría estar a solas un momento." Pidió Natsuki, en esa manera tan particular de los jóvenes en la que le hacen saber a la otra persona, que en realidad no están pidiendo algún favor.

Su tío no tomó ofensa. Entendía, con gran pesar, que la pobre había sufrido muchas angustias en los días y meses anteriores.

"No espero nada por el estilo. Ya no eres la niña educada que solías ser. Y lo entiendo, en serio." Erik se levantó y caminó hacia la ventana al lado de la cama de la maga.

"Mira Natsuki, tenemos que llegar a un acuerdo. Ambos tenemos que comprometernos a solucionar esto, no quiero volver a utilizar la fuerza para obligarte a quedarte." Su tío intentó razonar con ella. Otra vez. Sabía que sería difícil.

"Tío, le pido por favor, que…" Natsuki comenzó, peo su tío no la dejó terminar al levantar una mano para silenciarla. Ésta obedeció de inmediato. Estaba segura de que tenía que ver más con la expresión en la cara de su tío. 'Oh dios mío, ya me llevó." Pensó la maga.

"Ya no sigas Natsuki Krüger." Exclamó su tío. "No puedo creer que insistas en este tema. ¿Cómo puedes creer que tú, una niña que no sabe más de 5 hechizos, puede resolver un misterio peligroso, cuando los adultos no lo han conseguido? Lo único que te pido, que te pedimos, es que nos des tiempo." Su tío estaba definitivamente molesto, las últimas palabras de su exclamación fueron prácticamente gritos.

"O es que acaso todavía eres tan inmadura que crees que nada te va a salir mal." Erik sabía que estaba siendo muy duro, pero ya estaba cansado de intentar contener a una niña con una energía inmensa. "O piensas que en un momento de necesidad, cuando estés al borde de la muerte llegarán milagrosamente tus padres a rescatarte de las ga…" Se sobrepasó. Erik sabía que había hablado de más. No necesitaba ver la cara de su sobrina la cual cambió rápidamente de emociones. De una cara angustiada y torturada, a ira, para terminar en vacante de emociones.

"No, tío," le espetó Natsuki, "ya tiene más de un año en que dejé de creer en fantasías y cuentos de hadas."

Erik inhaló profundamente. 'Genial, una vez más su máscara de indiferencia' pensó su tío. Había logrado que lo tratara como un extraño.

"Lo siento. Déjame decirlo," se apresuró a decir Erik cuando vio que su sobrina lo interrumpiría. "estuve muy fuera de lugar."

"Lo que sea." Se limitó a contestar Natsuki. Vaya que sus argumentos inteligentes rebosaban de su boca.

Erik tomó un fuerte suspiro. "Como te decía, hagamos compromiso, ¿vale? Un trato que nos beneficie a ambos. Sería la única manera de que te deje ir en tu misión."

Natsuki se le quedó viendo con ojos suspicaces. Estaba segura que no sería algo fácil su parte del trato. Con un asentimiento de cabeza, le indicó a su tío que continuara.

Se sentó su tío en una silla que había al lado de su cama. Erik, al haber tenido tiempo para pensar su proceder, no necesitó de más tiempo para pensar cómo exponerle su idea, bueno no exactamente suya; a Natsuki.

"Te dejaré ir, totalmente sola, o si quieres mi compañía te la brindo, en tu búsqueda de la verdad; y no haré nada por detenerte más adelante en el camino. Solamente me tendrías que cumplir un, amm, como se dice…" Dijo en tono de falsa contemplación. Natsuki se estaba impacientando. 'La tengo.' Pensó con complacencia Erik cuando observó a su sobrina al fin algo ilusionada. "… ¡Ah sí! Sólo quiero que me cumplas un caprichito. Estoy seguro que, a una maga tan capaz como tú, no le sería para nada difícil."

"¿Qué quieres?" Gruñó Natsuki. Su tío la tenía, y lo peor, él lo sabía. Ella haría lo que fuera por que sus tíos le dieran la libertad que tanto deseaba.

"Lo único que pido es que termines tu último año de escuela. Solamente eso. Luego, en poco menos que un año, serás totalmente libre."

La expresión de Natsuki, totalmente incrédula, era exactamente como la esperaba Eric.

"Bromeas, ¿verdad? Sabes que eso no es lo que quiero. ¿Qué no te das cuenta tío?" Le preguntó con sinceridad Natsuki. "No tengo un año." Sabía que eso sonaba tonto. Si sus padres estaban muertos, a como todo mundo creía, a como ella estaba casi segura que así era, daba igual si se tardaba un año o diez. ¿Qué tal si no? ¿Quizás? Eso era lo que quería averiguar más que nada. Una seguridad de que sus padres ya no volverían.

Se sentía un poco asqueada cuando se dio cuenta de sus pensamientos. Al parecer su tío estaba en lo cierto, y, ella al parecer, seguía creyendo en milagros.

"¿Qué más da una año más o un año menos Natsuki? La verdad puede esperar. Los muertos no se impacientan." Le aleccionó su tío. "Tu tía y yo, como nos preocupamos por ti, sabemos que es injusto que te reprimamos de cumplir tu objetivo. Lo único que pedimos, es el conocimiento de que estás preparada para defenderte aunque no estemos ahí."

Erik la miró fijamente, intentando que sus palabras entraran al cráneo testarudo de su sobrina. "Recuerda que no puedes depender de Dhuran para que siempre te salve. Ya sabes que sin nuestro consentimiento, no te puedes escapar." Su tío le dijo con un poco de advertencia. Natsuki recordó el dolor de los ataques de su tío, y su tía.

"Aún no eres tan fuerte." Decidió añadir Erik para ayudar a su caso.

Natsuki se lo quedó observando un largo rato. Su tío tenía razón en eso último. Si no la querían dejar irse, no iba a poder irse. Esa mañana había sido prueba de eso.

"Es más, quien quita y una vez que te gradúes como toda una gran maga en entrenamiento, ya seas lo suficientemente fuerte como para no requerir de nuestra, ejem, autorización" Concluyó su tío con un guiño.

Natsuki lo siguió observando. Sabía que su tío no escucharía sus razones. ¿Qué era más probable, que aprendiera más sobre la magia y hechizos poderosos por ella sola (al final de cuentas siempre se le había facilitado el aprender en medio de la acción) o en un lugar dónde no enseñan hechizos ofensivos y sólo dan clases para hacer truquitos de magia? Además, de nada le serviría su certificado en el mundo real. Pero ella sabía que ninguna de esas razones lo haría cambiar de opinión.

Tendría que aceptar su plan y regresar a la estúpida escuela. Además, ya estando ahí le sería más fácil huir una vez más.

"Entonces, ¿qué dices princesa?," le dijo su tío con una sonrisa en la cara y, extendiéndole la mano, le cuestionó, "¿regresarás a terminar tus estudios en la escuela que te escogí, por todo el año, hasta que te gradúes, para así poder iniciar con tu viaje?"

Natsuki se quedó observando la mano de su tío. Soltando un suspiro la sujetó con firmeza. "Sí tío, haré justo lo que me acabas de pedir."

"¿Lo prometes?" Le preguntó por última vez sin soltarle la mano que se sentía como un témpano de hielo, y viéndola directamente a los ojos.

Natsuki sintió que esos ojos buscaban en lo profundo de su alma por cualquier pizca de engaño. "Lo prometo tío, yo, Natsuki Krüger, cumpliré con tu petición de regresar a la escuela y graduarme." Natsuki forzó a salir de su boca. "Tú prometes tu parte también, ¿verdad?" Esta vez era ella quien traspasó a su tío con la mirada.

"Por supuesto que sí, Natsuki" Le aseguró. "Nosotros los magos sabemos la fuerza de las palabras, y sobre todo, la fuerza de un pacto."

"Claro tío, lo sé perfectamente." Natsuki dijo a la vez que se dejaba caer a su cama.

"Ahora bien, hablemos de detalles. Atenderás una escuela en Suiza, el director es muy amigo nuestro, así como lo fue de tus padres. Es escuela tipo Gymnasium y se llama Gärderobe. Te va a encantar." Dijo su tío, una vez más retomando su tono serio.

"Voy a cenar Natsuki, deberías ir tu también, debes de estar hambrienta. Tanto tu tía, como Dhuran han de estar sentados comiendo, y ya sabemos cómo ése se puede acabar toda la comida en minutos." Con eso se dirigió a la salida.

Natsuki decidió no contestar, tenía mucha hambre pero no le daría la razón a su tío. Además estaba muy cansada y quería quedarse recostada unos momentos más para planear cómo salirse de esa escuela.

"¡Ah!, se me olvidaba comentarte. El gimnasio al que vas no es una academia de magia per se. Es una escuela regular para chicos comunes, así que cuidado con que se enteren de que eres una maga. Debe ser un secreto. No querrás convertirte en un armiño, ¿verdad?" Le preguntó su tío en tono de broma mientras abría la puerta.

"¡¿Qu… Qué es lo que. Cómo que personas comunes?" Exclamó Natsuki sentándose, bruscamente, una vez más. Eso no lo había esperado. Sabía que debía haber una trampa. Pero se recordó que no sería problema por mucho tiempo. De hecho sería mucho más fácil huir de ese lugar si no había gente con magia que la detuviera.

"Y otra cosa más." Le dijo su tío, ya parado en el pasillo enfrente de su cuarto, mientras sacaba algo de su abrigo. Natsuki apenas se daba cuenta de lo raro que era que no se lo hubiera quitado ya estando dentro de la casa.

"Acabamos de pactar nuestro acuerdo enfrente de esto." Su tío le mostró lo que sostenía en su mano, era una figurilla en forma de águila con las alas extendidas la cual tenía sosteniendo una balanza en su pico. 'Oh no.' Se horrorizó Natsuki. Si bien no sabía que era ese objeto, ni lo que hacía, conocía el simbolismo. Una balanza, dos pesas; el símbolo romano para la Autoridad y Justicia.

"Esto es un Ennomos Aetosphragis. Un artefacto raro que, al momento de hacer una promesa enfrente de éste, ata nuestras almas a él; forzándonos a cumplir nuestras promesas, a la buena o a la mala. De ésta manera tenemos engravado nuestro contrato en nuestras propias almas. Bastante impresionante, ¿no crees?"

Natsuki ahora comprendía. No podía creer que le hicieran esto. La iban a forzar a cumplir la voluntad de ellos. Si el contrato ahora se encontraba escrito en su alma, no iba a haber forma de que pudiera escapar de esa escuela. Corría el riesgo de atraer alguna maldición, o peor, que perdiera su magia.

"Así que puedes ir olvidando cualquier plan que estuvieras conjurando para poder escapar de ese lugar." Finalizó su tío y cerró la puerta.

Natsuki se quedó sola, temblando de furia, todavía sentada en su cama.

'¡Maldición!'


N/A: Muchas gracias por haber leído, espero les haya gustado.

Probablemente muchos vayan a tener problemas con el hecho de que Natsuki sea una puberta de trece años de edad, bueno, está a punto de cumplir los trece. Pero por favor, denle tiempo a la historia, trataré de no decepcionar. Crecerá, se los prometo.

Ahora, una breve explicación de los términos utilizados en el capítulo. Que conste que los hechizos no los inventé, bueno, la mayoría; aparte, hechizos que vaya inventando irán incrementado a conforme avance la historia. Ahora estoy usando los básicos que en el manga Akamatsu ha explicado. Para más información pueden recurrir al blog vetus de wordpress, hecho por canonrap; o mejor aún, checar el manga, les aseguro que no se arrepentirán ^^

"Mea Anima, Meus Potestas" - Ésta es la clave de activación de Natsuki, todo mago entrenado tiene una, es por eso que sus tíos se sorprendieron cuando vieron que Natsuki tenía la propia, ya que ella no es maga entrenada debido a que no terminó su educación. Que lista es nuestra pequeña. La clave siempre es aquella con la cual el mago se sienta identificado, no tiene que ser lingüísticamente aceptable ya que depende totalmente de la preferencia del mago; por ejemplo, para Natsuki bien pudo haber sido 'Mayo Canis Mayous Daisuke', pero NO!

"Frangere" – Abrir/romper. Auto-explicatorio.

"Undans Paries Aquarius." – Barrera de agua actual. Es un hechizo defensivo que rodea al mago de agua, se puede tener todo el tiempo rodeándolo en una barrera minúscula de agua, de esta manera el mago tendría una barrera defensiva lista para ataques sorpresas. Casi todos los magos tienen su propia versión, que depende del elemento al cual el mago tenga más afinidad, en este caso Natsuki utilizó agua. Probablemente sea su elemento afín. Oh, y puede detener un camión de 10 toneladas.

"Frigerans Exarmatio" – Desarme Congelante. Es un hechizo de desarme a base del elemento hielo/agua, es una de las versiones más peligrosas junto con aquella que utiliza el elemento fuego. Congela a su paso lo que se le ponga enfrente, junto con el armamento y ropas de quien fuera su blanco.

"Demoror" – Retener/Contener. Clave utilizada para que un hechizo se guarde o retrase para ser utilizado más adelante.

"Reflexio" – Escudo de hielo. Como su nombre indica, es un hechizo de escudo. De esta manera quien lo encante, puede defenderse de un ataque. Mientras más fuerte sea el mago, más defensa tiene el escudo. De esta manera vemos como hasta el hechizo más básico puede ser muy fuerte, y peligroso. Todo depende de el flujo interno de mana que el mago tenga.

"Emittam" – Clave usada para activar hechizos retrasados.

"Volatio. Levitatio. Baculum Volent" - Vuela. Flota. Báculo toma vuelo. – Es un hechizo para hacer levitar un báculo en este caso, puede ser modificado para que funcione con escobas y cualquier artefacto imaginable. En principio es sólo para principiantes, aquí Natsuki lo utilizó solamente porque era un báculo nuevo que no tenía conexión alguna con ella.

"Sagitta Magica" – Arquero Mágico. Hechizo básico que lanza proyectiles de magia. De igual manera tiene sus variaciones dependiendo del elemento. En este capítulo se mencionó el de aire que sirve para capturar a alguien en dichos proyectiles que en vez de atacar son usados para contener a un mago. El número de proyectiles depende del encantamiento y de la energía del mago. Se conoce de magos poderosos que pueden lanzar miles!.

Ahora, si bien quieren, pueden dejar alguna sugerencia, comentario o crítica sobre la historia, eso me agradaría mucho ya que es el primer fanfic que hago en mi vida y me gustaría saber que tal me va ;D