Fiuuuu! Finalmente pude subir este capítulo. Pido descomunales disculpas. La vida en el último año de universidad ha sido más difícil de a como me hicieron creer por años (dan ganas de regresar en el tiempo y dar un puntapié a cada persona que se atrevió a decirme que último año era el más relajado).

Muchas gracias a todos los que han comentado en la historia. Totalmente ayuda a ponerse 'in the zone' para escribir.

Sobre lo que alguien me preguntó, en cuanto a los idiomas, de alemán sé un poco, lecciones básicas, de latín no sé más que lo que he aprendido en los libros de derecho y el manga de Negima con su Gratuitous Latin, por lo que aquí ayudan unos diccionarios. En cuanto a la aparición de cierto personaje… bueno, en éste capítulo se contestará =3

Espero disfruten este capítulo.


Capítulo 5, Puedo ver que seremos amigos.

Fall is here, hear the yell, back to school, ring the bell,

brand new shoes, walking blues, climb the fence, books and pens,

I can tell that we are gonna be friends...

We're going to be friends (The White Stripes)


Estaba nevando ese día de diciembre. Natsuki caminaba a rastras hacia la casa que había extrañado durante el largo semestre que había pasado internada en la Academia Windbloom. Al fin estaba regresando a su hogar, con su familia. Qué gran sentimiento de felicidad le debiera dar ese hecho, sin embargo, no podía dejar de dar cada paso con un alto pesar de vergüenza.

Había soñado con su regreso a su casa desde que sus padres se habían retirado de una visita sorpresa en la Academia para ver cómo la hija de ambos estaba, tres semanas antes. Pero en ese momento tenía un gran temor de lo que sus padres, en especial su madre, fueran a decir en cuanto la vieran. Obviamente sería una deshonra para la familia.

Llegó al frente de su casa y se quedó esperando sin poder subir las escaleras para tocar la puerta. Deseó en ese momento que su poder mágico fuera más potente. Así hubiera solucionado sus problemas ella sola, sin necesidad de que sus padres se dieran cuenta del tan vergonzoso estado en el que se encontraba.

"Natsuki" Escuchó una exclamación de felicidad detrás de ella proveniente de una voz que había extrañado inmensamente así que, sin pensarlo, volteó con entusiasmo hacia la voz y salió corriendo a los brazos de una de las personas más importantes de su vida.

"¡Padre!" Natsuki saltó a los brazos abiertos de su padre y hundió su cara en su pecho mientras dejaba salir grandes lágrimas de felicidad al estar de vuelta en su hogar.

El hombre rubio dirigió sus ojos verdes esmeralda hacia el cielo mientras abrazaba con más fuerza al pequeño cuerpo que tenía en sus brazos. Había extrañado inmensamente el aura cálida que su hija emanaba. "Ya ya Natsuki... Yo igual estoy feliz de tenerte de vuelta mi vida."

Alexander Krüger comenzó a soltarle a su pequeña, con una sola mano, su cabellera larga y completamente oscura de las trenzas que su esposa le había enseñado a hacer. En su opinión la lindura debía de mantener en todo momento su cabello suelto. Una vez suelto comenzó a acariciarle su cabeza en movimientos tranquilizadores.

Cuando la niña de seis años de edad se hubo tranquilizado Alexander intentó dejarla en el piso pero ella no se quería soltar de su cuello.

"Vamos Natsuki, debemos entrar a lo cálido de la casa. Tu mamá te ha estado esperando con impaciencia y se alegrará tanto de verte que te aseguro la tendremos a nuestra total disposición durante días sin que se acuerde de su trabajo." Dijo Alexander a la pequeña niña que emitía pequeños ruiditos de gimoteos, cada palabra acentuada con dulzura y en su cara una sonrisa de felicidad.

Esa sonrisa desapareció en el momento en que puso a su hija en el piso y al ver, en la milésima de segundo antes de que su hija ocultara su cara en la cortina de su cabello, que tenía marcada su mejilla y labio inferior con costras de sangre que contrastaban con la nívea piel de su hija.

"Natsuki," el hombre se arrodilló ante su hija y ligeramente intentó levantar la cara de su pequeña jalando de su quijada. La niña sin embargo se resistió y continuó mirando hacia el piso. "Natsuki, mírame por favor."

Cuando Natsuki levantó la mirada vio los ojos color esmeralda de su padre que tomaban un brillo de entendimiento y luego de ira. En comparación con los ojos de su padre, los ojos de Natsuki tomaron una increíble brillantez que indicaba que la pequeña estaba al borde de las lágrimas.

"¿Quién te hizo esto Natsuki?"

Natsuki nada más volteó a ver al piso intentado evitar la mirada de su padre una vez más.

Alexander dio un resoplido intentando tranquilizarse enfrente de su pequeña. Natsuki no hablaría mientras el aura de su padre gritaran 'masacre'. Tendría que engañarla con tranquilidad si quería conocer quien le había hecho eso a su hija. Ya luego iría en busca de una masacre sangrienta de venganza a quien fuera que hubiera causado a su pequeña hija de seis años tanto dolor y vergüenza.

"Natsuki, será mejor que me lo digas a mí porque si no se lo tendrás que decir a tu madre."

Natsuki, desde su posición cabizbaja, abrió los ojos en gran terror. No podía dejar que su madre se enojara. Natsuki tragó saliva y levantó la mirada para que su padre pudiera analizar bien su cara.

Además de su labio partido y su mejilla raspada, ésta se veía que estaba un poco inflamada. Alexander luego agarró los brazos de la niña y buscó más heridas encontrando la palma de sus manos un poco lastimadas. Si bien con cada segundo que pasaba su instinto protector se hacía cada vez más agudo, su mente lógica y conocedora en lo referente a batallas, podía ver con claridad que esas heridas no habían sido provocadas por un adulto. Más bien parecía que su hija había sido atacada por niños de igual o mayor edad sin experiencia. Y temía saber el por qué de que su pequeña fuera atacada por los pequeños monstruos.

Se puso de pie suspirando y recogió la pequeña maleta de su hija, muy grande para ser cargado por cualquier niño normal, así como la bolsa de mandado que había ido a recoger para prepararle a su hija y esposa el pastel favorito de ellas. Por alguna razón extraña, las dos mujeres de su vida tenían una cierta fascinación por los quesos, y mientras más apestosos fueran estos mejor.

Con su otra mano agarró a su pequeña de la cabeza y la empezó a empujar hacia el pórtico de su casa. Una vez adentro dejó lo que cargaba sobre la pequeña mesa de té de su sala y sentó a su niña en uno de los sillones.

"Natsuki... ¿por qué los niños de la Academia te hicieron esto? Sé que estas heridas sólo pudieron haber sido causadas por otro niño y quiero saber quiénes y por qué."

"Era- Eran unos niños de último grado papá. Ellos... Ellos me dijeron que yo era una anormal, que- que yo no pertenecía en una Academia mágica y... me dijeron que era porque ustedes eran anormales... y me enojé." Cuando Natsuki dijo lo último su padre vio sus ojos tomar una sombra peculiar que conocía muy bien; al parecer la niña se parecía cada día más y más a su madre. Empezaba a suponer que tal vez había sido su hija quien había empezado la disputa en la Academia.

"Ya veo... Y ¿por qué dicen que eres una anormal pequeña?" Alexander preguntó mientras limpiaba los residuos de lágrimas de las mejillas de la niña.

"Porque... porque dicen que mi madre no debiera de existir en nuestra sociedad, que mi madre es tabú, que no ven cómo alguien de tu posición se pudo casar con una científica cuando éstos son los enemigos de los magos. Creen que mi madre va a revelar el secreto de que podemos hacer magia, según por resentimiento porque ella no puede hacer magia." Natsuki habló rápidamente intentando repetirle a su padre todo lo que los niños le habían dicho.

Alexander puso los ojos en blanco. "En serio, nosotros deberíamos de ser más abiertos con todas las maneras de pensar, pero, incluso en nuestra sociedad encontramos discriminaciones como ésta." Alexander vio que su pequeña no sabía qué pensar por lo que había dicho y se agachó para darle un sonoro beso en la mejilla a la otra castaña que constituía uno de los ejes de su existencia. Adoraba que la pequeña fuera la viva imagen de su madre ya que casi podía imaginar a su mujer cuando ésta era pequeña. Si tan sólo estuviera seguro que Saeko hubiera sido una niña sonriente y feliz de pequeña lo hubiera logrado.

Natsuki se rió al recibir el beso de papá y lo abrazó fuertemente una vez más. "¿Verdad que mamá nunca haría eso papi?"

Alexander separó a su hija para verla a los ojos. "Claro que no Natsuki. Eso lo dijeron los niños porque ni ellos, ni sus padres, entienden el lazo que nos une a tu madre y a mí. Además no conocen la historia personal de tu madre. Y tú sabes que tu madre tiene magia Natsuki. Una magia propia de ella y su familia. No será igual que la nuestra pero tu madre pertenece a nuestro mundo por derecho de nacimiento."

"¿Qué clase de magia tiene entonces mamá?"

"Amm..." Alexander intentó encontrar una manera de explicárselo a su hija pero decidió que no era tiempo de que ella lo supiera. "Mira, digamos que tu madre simplemente no tiene una magia en donde pueda hacer hechizos... luminosos como la nuestra y que, es gracias a sus investigaciones e invenciones que puede cubrir esa debilidad. Es más entre tú y yo, mamá es muy poderosa pequeña."

"Ohhh."

"Así es. Y sobre lo que los niños dijeron, vas a ver que vas a encontrarte más personas con esa línea de pensamiento, pero no por eso tienes que lanzárteles encima, así es la humanidad en su mayoría, "condemnant quod non intellegunt", ¿quedó claro Natsuki?"

Natsuki nada más asintió con timidez su cabeza. Sabía que su padre sabría que había sido ella quien había empezado la pelea, pero no había podido resistir que dijeran esas cosas de sus padres, aunque fuera por ignorancia como su padre decía.

Alexander puso una mano sobre el hombro de su pequeña y le dio una mirada penetrante. "Pero, en caso de que te vuelvas a ver envuelta en una situación como ésta, encontraremos una manera de prepararte para defenderte, ¿me entiendes?"

Ahora Natsuki asintió con una gran sonrisa y entusiasmo. Había visto varias veces a su padre y madre practicar por las mañanas diferentes pasos de artes marciales, y de igual manera los había visto pelear (de manera amistosa según su padre) entre ellos. Siempre había querido aprender de ellos pero su madre le había contestado con un rotundo NO a su hija cada vez que ésta les pedía que le enseñaran.

"¿Sabes por qué Natsuki?"

Natsuki contestó que no moviendo la cabeza en negación.

"Porque los Krüger, una vez que se proponen algo lo logran, ¿intellegitur?"

"Intellego te, pater." Natsuki dijo sonriendo, pero a la vez demostrando la seriedad que caracterizaba a la parte de la familia de su madre.

Ante tal expresión, Alexander sintió su corazón llenarse de un gran sentido de amor por su pequeña. El se haría cargo de que nada le ocurriera a su esposa e hija.

Alexander le dio otro abrazo a su hija. La había extrañado en demasía durante el largo lapso de tiempo en que la oji-verde llevaba en la Academia, cinco meses en total pero, tres semanas desde la última vez en que la había visto. "Bien Natsuki. Ahora, ve y lávate. Dentro de poco vamos a comer y podrás ver a tu mami ¿va?"

Natsuki asintió y salió corriendo a su cuarto dejando a su padre atrás para que éste continuara preparando lo que Natsuki ya podía reconocer como su comida favorita, pero antes de entrar a su habitación vio entreabierta la puerta que la llevaba al piso inferior en donde su madre tenía su oficina de trabajo. Sin poder contener su emoción de ver a su madre decidió bajar a saludarla olvidándose completamente de que lo más seguro era que su madre pondría el grito en el cielo al ver el estado en que la cara de su hija estaba.

Cuando llegó a la puerta detrás de la cual Natsuki sabía que su madre estaba, la abrió lentamente y una luz que le causó curiosidad la hizo ver por un pequeño espacio hacia dentro. Lo que vio le causó inhalar con sorpresa.

Ahí adentro estaba su madre, en el centro de la habitación, haciendo levitar una bola de energía de lo más extraña entre sus manos. Natsuki ya había visto concentraciones de energía por parte de sus maestros para representarles cómo debían manipular el mana interno y poder darle una dirección, algo elemental a la hora de lanzar hechizos, por eso lo que le impresionaba no era el que su madre estuviera haciendo uno, a pesar de que era la primera vez que veía a su madre haciendo magia tan impresionante.

No, lo que la impresionó en ese momento era ver que su madre estaba completamente rodeada en cada extremidad de diversas energías que hacían un cautivador contraste con la piel blanquecina de su madre. Los ojos de su madre estaban cerrados mientras concentraba su poder, su prendedor mágico en forma de rayo brillaba sujeto al cabello azabache de su madre.

En eso vio a su madre abrir sus ojos negros y Natsuki pudo escuchar una simple oración dejar la boca de su madre. Reductio ad infinitum.

La energía se hizo tan intensa que Natsuki sintió todo su cuerpo cosquillear y resonar con ella. Sintió un complejo despliegue de sensaciones y sentimientos que por su complejidad abrumaron su mente inmadura haciéndola dar un pequeño gemido. Sin embargo no le dio tiempo de razonar cuales eran estos ya que la luz proveniente de su madre se hizo tan deslumbrante que la hizo cerrar los ojos de repente.

Natsuki despertó.

Cuando Natsuki abrió sus ojos otra vez, se dio cuenta que el brillo que le daba a su vista era la luz del sol naciente que se filtraba por entre la ventana de la habitación que compartía con su compañera en Gärderobe, Mai Tokiha.

Se pasó sus manos por sus ojos y maldijo por lo bajo al tener vívidamente en su memoria todavía la imagen de sus padres que el sueño le había dado. Sus padres... a quienes no volvería a ver jamás.

Con otro suspiro Natsuki rodó entre las sabanas y puso la almohada a la que había estado abrazando durante su sueño sobre su cara, tapando toda luz para intentar olvidar una de sus tantas memorias extrañas sobre su madre. Una sobre la cual no tenía explicación alguna. Pero había aprendido que en el mundo mágico, muchas cosas simplemente no tendrían respuesta. Después de todo era magia.


Natsuki, ya lista para ese día de clases y al fin con el sueño de sus padres olvidado, estaba mirándose en el espejo del baño del dormitorio que compartía con unas chicas que habían resultado ser más entrometidas de lo que a primera vista pensó que fueran a ser.

Prácticamente querían estar a cada momento junto a ella. Si Natsuki quería ir a comprar una galleta a las máquinas expendedoras fuera de los dormitorios, alguna de las dos quería ser acompañante. Si Natsuki tenía ganas de leer en alguna parte del dormitorio, alguna de las dos la molestaba con preguntas que ella simplemente no quería contestar.

Al único lugar a donde no se había dejado acompañar había sido a la biblioteca más recóndita que ese campus tenía. Lugar en donde Natsuki había estado todas las noches hasta bien tarde, detrás de una puerta con encantamientos repelentes, ya fuera terminando sus asignaturas extras que ciertos maestros le dejaban, y que a su parecer la retrasaban en sus estudios 'personales'; o leyendo algunos escritos mágicos, los cuales sí estaban entre sus intereses 'personales'.

Natsuki se terminó de cepillar su larga melena azabachada y salió del baño para tomar su bolsa de la escuela, completamente rebosante de libros, no-mágicos para su gran pesar, que la habían ayudado a terminar sus tareas la noche anterior.

"Natsuki, tan temprano y ya lista, me sorprendes." Mai sonrió a la chica mientras preparaba el desayuno, realmente sorprendida. Con suerte ese día la oji-verde sí comería con ellas y no tendrían que llevarla a rastras a su salón de clases. También esperaba que Natsuki ya no siguiera enojada con ella por la noche anterior.

"Hmmm..." Contestó Natsuki mientras recogía varios materiales de la escuela que había dejado regados encima de la mesa de la sala la noche anterior.

Mai nada más puso los ojos en blanco ante la usual forma de conversación de Natsuki. Por supuesto que era mucho esperar que la pequeña no fuera de las que guardara resentimiento. "Bueno, que bueno que ya estés lista, el desayuno va a estar pronto."

"Que bien... por Mika, yo ya me voy." Natsuki dijo mientras se encaminaba a la puerta del dormitorio.

"¡Ah no! Natsuki, hoy vas a desayunar con nosotras. Hoy tenemos tiempo suficiente para desayunar así que no hay excusa. Ve, despierta a Mikaela y las tres desayunaremos, juntas."

Natsuki encontró a Mai bloqueándole la salida del dormitorio, espátula en mano y con cara de irritación. "Tokiha, muévete. Tengo que ir a entregar estos libros ahorita a la biblioteca, y sabes que es la más lejana, así que no tengo tiempo para comer si quiero llegar temprano a clases." Natsuki vio como Mai no quería moverse así que saco una bolsa de galletas de su bolsillo de la chaqueta. "Mira, aquí está mi desayuno, no te preocupes. No te necesito para mantenerme alimentada, o para nada en sí."

"Eso no es desayuno Natsuki." Aún así Mai se quitó de enfrente de la puerta. Ya había entendido lo necia que la oji-verde podía llegar ser. "Natsuki."

Natsuki se detuvo un momento en espera de lo que la pelirroja tuviera que decir.

"Oye, sobre lo de anoche... hablé de más simplemente porque estaba exasperada." El tono de arrepentimiento era muy prominente en la voz de Mai, y luego, en un intento de de aligerar el ambiente le mandó una sonrisita a Natsuki. "Es que puedes ser muy exasperantemente necia y nada linda, ¿sabes?"

"Nos vemos luego Tokiha... Cuando terminen las clases." Natsuki cerró la puerta con fuerza innecesaria y Mai puso sus ojos en blanco ante tal exageración.

"Germanos," susurró Mai, "... siempre tan fríoooos."

Cuando Mai se dio la vuelta para regresar a la cocinase encontró a una Mikaela que se restregaba los ojos en un intento por despertarse más rápidamente.

"Buenos días Mika."

"¿Listo el desayuno?" Preguntó Mika olfateando el aire un poco más despierta.

"Espera un poco más."

"Arghhh." Gruñó Mika mientras regresaba a su habitación cerrando ruidosamente su puerta.

Mai volvió a poner sus ojos en blanco. "¿Por qué siempre me toca estar rodeada de personas infantiles?" Murmuró otra vez Mai regresando a la cocina.


"Hallo Mädchen Krüger. Guten Morgen." Una voz llamó a Natsuki mientras ésta se alejaba del conjunto de edificios que constituían los dormitorios de los grados superiores del gimnasio.

Natsuki buscó con la mirada la voz que la llamó, por un momento queriendo poner los ojos en blanco porque, a quien esperaba ver, era al chico Leonardo Priego queriendo hablar con ella una vez más; pero afortunadamente no fue a él a quien vio, sino vio a otro de sus compañeros. Caminando hacia Natsuki estaba el chico que se sentaba detrás de ella durante clases, Kazuya Krau-xeku.

No era la primera vez que el chico le hablaba, de hecho varias veces le había susurrado algunas respuestas cuando sus maestros de negocios y leyes, únicas materias que le provocaban jaqueca, la hacían protagonista de sus interrogatorios diarios; pero hasta ese momento el chico nunca le había dirigido la palabra fuera del aula. Aunque eso se debía en gran parte porque Natsuki se pasaba todo momento en el que no tenía clases evitando a sus compañeros.

"Hola Krau-xeku, buenos días."

"Puedes llamarme Kazuya," dijo el chico dándole una mirada amistosa a Natsuki, "o me puedes llamar Krau, es como casi todos en la escuela me dicen." Cuando Kazuya vio que Natsuki asintió a su sugerencia decidió continuar con la conversación. "Se me hace raro encontrarte tan temprano, pensé que la razón por la que has llegado tarde estos dos días era por no ser muy madrugadora." Kazuya Krau-xeku dijo acercándose a la chica nueva.

Desde el primer día de clases la chica había llamado la atención de toda la escuela, y él no había sido la excepción. Era una lástima, en su perspectiva, el que no hubiera tenido la oportunidad de platicar con ella fuera de clase. Se veía que ella era muy interesante, además, había visto cómo Priego y el chico Tokiha habían tomado un interés por ella, y Priego no era de los que realmente intentaran acercarse a personas, siempre sucedía a la inversa.

Natsuki ya no pudo seguir conteniendo a sus ojos y los puso en blanco, a como ya estaba acostumbrándose en ese lugar. Según ella, dos días de retardo no deberían ser suficientes para enclavar en la mente de la gente la idea de que era regular para ella ser impuntual. Y es que Natsuki no lo era, simplemente tampoco tenía la urgencia de llegar temprano a clases. Si los retardos no iban a perjudicar su posible graduación de ese lugar, no tenía por qué preocuparse con llegar temprano, sólo con llegar y cumplir con todo lo que le pidieran.

"Sí, pues, es que tuve que salir antes porque tengo unos libros que entregar a la biblioteca." Natsuki se limitó a contestar, no era de las personas que sacaran a la gente de sus errores.

"Ah, aplicándote. Eso es bueno, así te dejarán de molestar Furtwängler y Graceburg." Kazuya dijo le indicaba a Natsuki con un movimiento de cabeza que continuaran caminando.

"Ah, la verdad no lo creo. Esos dos ya se lo tomaron personal."

Kazuya se rio ante eso, ya que era probablemente muy cierto. Pero no culpaba a los maestros. No creía que la profesora Maria Graceburg disfrutara que una chica, menor que el resto de sus estudiantes, le dijera que la razón por la que nunca había estudiado la materia de derecho, era porque su escuela anterior sólo estaba interesada en enseñar materias 'socialmente responsables que realmente formaran a personas preocupadas por la humanidad'. Es sentido común decir que la lista de tareas extras que le encargó la profesora a la chica Krüger no era porque el comentario le haya parecido simpático.

"Oye Krüger, si quieres te acompaño a dejar los libros."

"Ah, pues, es que no voy a la biblioteca que está cerca. Voy a la de Estudios Especializados." Natsuki esperó que con esa información el chico desistiera. Si algo había aprendido en ese lugar, en los pocos días que llevaba como una estudiante más, era que al parecer a nadie le gustaba subir por el camino que llegaba a la biblioteca más alejada, por lo tanto la más impráctica, de todo el campus.

"¿En serio? Creía que nadie iba a esa biblioteca, pero pues me termina resultando mejor ya que yo voy a la otra parte del campus, al edificio de artes. Paso por la entrada que lleva al bosque, así que sí te puedo acompañar."

Natsuki nada más gruñó en asentimiento, no se sentía muy emocionada con la idea, pero al parecer en ese lugar la gente no entendía indirectas muy bien. Ni en la Academia había tantos magos que quisieran hablar con ella. Por una parte debido a su estatus familiar que provocaba que los pequeños se sintieran intimidados con ella, y por otro lado, el hecho de que su madre fuera una maga que era a la vez una científica, resultaba siendo dentro del mundo mágico un tema tabú y era visto mal por muchos padres más conservadores. Al parecer ese sueño no había desaparecido del todo de su mente.

Además sólo habían sido diez en su generación, por lo que no había mucho de donde elegir. Sin embargo Natsuki no tenía nada de qué quejarse, a pesar de que durante mucho tiempo no tuvo a ningún amigo y sólo disfrutó de la compañía de gente mayor para divertirse, una vez que Dhuran llegó a la vida de la familia Krüger su amistad había sido más que suficiente.

Kazuya, por su parte, escuchó el pequeño gruñido de la chica y nada más sonrió, encontrándolo totalmente encantador y apropiado proviniendo de ella.

Al final Kazuya decidió concederle a la oji-verde un poco de privacidad por lo que, una vez que llegaron a la entrada del camino al bosque, Kazuya se disculpó argumentando falta de tiempo por lo que ya no la pudo acompañar todo el camino.

A Natsuki en realidad la tuvo sin cuidado.


"Hey Takumi, ¿listo chico? ¿Tomaste tus medicinas?" Preguntó Leonardo mientras se amarraba su corbata enfrente del espejo del cuarto de estar. Oh Dios, sí que era bien guapo... en su humilde opinión.

"¿Quién eres, mi hermana?" Preguntó a modo de respuesta a la vez que terminaba de comer su desayuno, huevos motuleños, preparados por su compañero. En lo referente a preparaciones de comida ambos chicos se turnaban en la preparación de éstas, aunque Takumi se especializaba en los postres del dormitorio y Leonardo en los desayunos.

"Oh sí, decidí proyectarla por un momento, no se te vaya a olvidar cómo es conversar con tu querida gemela." Dijo Leonardo mordazmente mirando de soslayo a su amigo.

Takumi tenía una expresión sorprendida en su cara mientras miraba a su amigo. Esa era la primera vez que su amigo hacía algún comentario referente a la nueva forma de tratar, evadir, a su hermana. Sabía que no le debía sorprender. Leonardo era una persona muy inteligente, siempre había pensado que el chico era muy intuitivo y sabía más de las personas y situaciones de lo que dejaba entrever.

"Oh, no me mires así Tokiha B, hasta la pequeña demonio se ha dado cuenta de que algo anda mal entre ustedes." Leonardo esperó alguna respuesta de su amigo negando rotundamente esa alegación, pero al no escuchar respuesta alguna, miró a su amigo y lo encontró contemplando su vaso cabizbajo, ante esa mirada Leonardo se conmovió porque sabía que alguien tan gentil como Takumi Tokiha debía estar sufriendo al saber que también hacía sufrir a su hermana con su distancia. "Mira Takumi, yo creo entender el por qué de tus acciones, pero lo que no creo es que estés manejando el asunto de la mejor forma."

"Ya lo sé Leo, pero, siento que es mejor el distanciarnos desde este momento, Mai tiene que entender que cualquier cosa que ocurra con mi vida, mi salud, ella no tiene la obligación de ser mi enfermera el resto de mi vida."

"Oh, qué noble chico." Leonardo no pudo evitar ser sarcástico con su amigo, pero tampoco iba a ser muy duro con él. Personas realmente buenas como Takumi tenían el permiso de cometer errores de vez en cuando. "Lo dejo a tu mejor criterio... Perfecto." Leonardo murmuró la última palabra mirándose al espejo.

"Oh dios, Leonardo. Eres peor que una chica en cuestión de vanidad." Takumi comentó, agradeciendo el cambio de tema.

"Que sexista Takumi. Yo soy la representación de la nueva generación de hombres. Cocino, soy limpio y huelo muy bien... y soy guapo. El secreto de conseguir a las damas."

"¿Cuáles damas? No has tenido una desde que te conozco."

"¿De qué hablas?, he salido muchas veces con chicas. Recuerda a... ¡oh mira! Es la chica Krüger y va con Krau."

Takumi se acercó a la ventana, miró hacia donde Leonardo indicaba y vio a la compañera de Mai caminar con el chico mencionado. "Ahh, que raro, no sabía que se hablaran."

"Bueno, no es de sorprenderse, esa chica tiene algo que atrae... debe ser su aura fría y de indiferencia. Además, la chica es preciosa." Leonardo volteó a ver a su amigo y vio como éste lo miraba con una expresión que iba de la incredulidad al horror.

"Bromeas ¿verdad Leo? Ella tiene... ¡trece años!, y... bueno, Kazuya, pues más."

Leonardo nada más rió ante la mirada del pequeño Tokiha. "Oh Takumi, estaba bromeando. Pero debo admitir que nunca pensé que fueras una persona tan moralista..." Leonardo pareció considerar su última observación, "no, olvida eso, eres todo un mojigato, no hay sorpresa ahí."

"¡Leo! No soy un mojigato, yo-"

"Entonces porque te espantas por algo tan simple como la edad." Dijo Leonardo mirando con socarronería al pelirrojo. "No has escuchado que 'Tanto en el amor como en la amistad, la edad no planta fronteras'... o algo así."

"Sí Leonardo pero... aún así-"

"Además no sé tú, pero yo, cada vez que veo a esa niña... no veo a una chica de trece años... pero bueno, la verdad no la conozco tan bien."

Takumi nada más miró a su amigo. El chico definitivamente sentía algún interés por la oji-verde. En los dos días que llevaban compartiendo aula de clases con la chica su amigo había hecho todo lo que tenía en su alcance para buscar plática con la oji-verde, invitándola a almorzar, acompañándola a los dormitorios y otras cosas, las cuales casi siempre fallaban porque la chica definitivamente quería que la dejaran sola.

A Takumi lo desconcertaba, pero no tenía explicación más que el chico se sintiera atraído por la chica de trece años, algo que se le hacía absurdo a Takumi. El pelirrojo decidió olvidar esos pensamientos y mejor empezar a apresurarse para que pudieran llegar a tiempo a clases.


"¡Krüger!" Natsuki volvió la vista y vio a los dos chicos que siempre parecían querer hablar con ella, una vez más acercándosele después de clases. Otras dos personas entrometidas, en su opinión.

"¿Donde estuviste metida durante el almuerzo?, te guardamos un lugar con nosotros, a como te dijimos en la mañana, pero nunca te vimos."

"Arghh, chico ¡ya deja de abrazarme!" Natsuki aventó el brazo de Leonardo lejos de sí. Había intentado ser tolerante con el latino pero ya estaba cansada de que el chico siempre hiciera lo mismo.

Takumi nada más rió del espectáculo que ambos chicos hacían, ninguno de los dos se daba cuenta de toda la gente que los observaba, probablemente atraídos por el hecho de ver a uno de los chicos más populares de la escuela siendo el único aparente amigo de la chica nueva.

"Ah, no seas así Natsuki, hieres mis sentimientos... Oye, ¿a dónde vas?"

"Lejos de ti Priego."

O quizás atraídos ante el descaro de la chica nueva al tratar a uno de los chicos más populares de esa forma.

Leonardo hizo una mueca a la chica que aparentemente no podía esperar a alejarse de ellos. "Krüger espera, necesitamos hablar."

Natsuki se detuvo enfrente de las escaleras y esperó a que ambos chicos la alcanzaran.

"Tan conversadora como siempre. Bueno, antes de que tu paciencia con nosotros se acabe quiero saber: ¿Qué vas a hacer hoy?"

"Ah, pues ahorita tenía pensado ir a comer y de ahí a leer un poco... adiós."

"¡Espera! espera chica, ¿leer?" Leonardo le preguntó incrédulamente a Natsuki. "Hoy es viernes ¿por qué no sales con nosotros en la tarde?, no puedes pasar tu primer fin de semana sola en este lugar sin siquiera ir a conocer Zürich un poco, es más, si no tienes ganas de conocer la ciudad mínimo vamos al centro de la municipalidad."

"Ah, no lo creo, tengo muchas cosas que estudiar... Quizás otro día." Natsuki se sintió obligada a agregar, tal vez así el chico olvidaría el tema. "Nos vemos después."

Leonardo nada más se quedó viendo incrédulo a la chica con una mueca en su cara mientras ésta se alejaba. "Puedes creerlo, esta chica es increíble... en el mal sentido de la palabra."

"Sí, de hecho lo puedo creer. Estoy más sorprendido por el hecho de que te sorprenda que no aceptó tu invitación."

"Pero es que, ¿qué se cree esta niña? Sabes cuantas chicas quisieran salir con nosotros."

"Egocentrista."

"Además mírala, es nueva aquí. Debería estar hambrienta por tener conocidos. Esta chica va en contra de las leyes de la naturaleza… y la sociedad."

"Oye Leo-"

"Y tampoco es que piense que se cree más que otros pero..."

"-cálmate"

"¿Eh? ¿Dijiste algo Takumi?" Leonardo al fin miró a su amigo.

"Que te calmes. Si la chica no quiere ir con nosotros, pues, esa es su prerrogativa."

"Bueno sí, en eso tienes razón. Y deja de sonar como tu abuelo."

Takumi nada más se quedó mirando a su amigo, no convencido totalmente de que el chico se hubiera dado por vencido, y totalmente desconcertado con él una vez más en el día.


"¿No se supone que iban a salir hoy?" Preguntó Natsuki sorprendida al ver a Mai que estaba cocinando algo.

La noche previa las chicas la habían invitado a salir después de clases, a lo que ella obviamente se había negado y, después de tanta insistencia por parte de la pelirroja, Natsuki terminó siendo más descortés de lo normal provocando un comentario proveniente de la pelirroja que no le agradó mucho a Natsuki. Nadie tenía permiso de cuestionar la educación recibida por su madre. Definitivamente el comentario había sido muy doloroso y, a pesar de que Natsuki intentó no mostrarlo, Mai se pudo dar cuenta.

"Sí. Pero eso es más tarde Natsuki. Ahorita vamos a comer y de ahí Mikaela tiene que ver unas cosas sobre su club extracurricular. No nos iremos sino hasta dentro de un par de horas."

"Ah, okey."

"Oye Natsuki."

"¿Hmm?" Natsuki preguntó con un paso fuera de la puerta de la habitación que compartía con Mai.

"Dentro de unos minutos la comida estará lista y almorzaremos juntas, ¿entendido?"

Ambas chicas se quedaron viendo durante varios segundos, al final, Natsuki nada más dio un pequeño asentimiento de cabeza antes de entrar por completo a la habitación.


Una vez que las tres chicas terminaron de almorzar, Natsuki se levantó, recogió sus platos y los lavó en la cocina. En realidad estaba agradecida con Mai por la comida ya que, si no fuera por la pelirroja, Natsuki se pasaría la vida comiendo comida de la cafetería que ya había tenido la oportunidad de probar, y si bien no era totalmente terrible, sí aceptaba que la comida de su compañera pechugona era mucho más deliciosa que aquella que vendían en esa escuela de ricos.

Una vez que terminó de ayudar lo más posible en el limpiado de la mesa, Natsuki se dirigió al cuarto para arreglarse para pasar una tarde más en la biblioteca.

Se bañó y se cambió rápido de ropas. Tomó más tiempo en el cuidado de su cabello ya que era su orgullo. Su cabello, idéntico al de su madre, al igual que sus ojos verdes de la misma intensidad que la de su padre, eran los recordatorios más fuertes que tenía de su familia, del tiempo de su felicidad, y de su misión, su venganza.

Y era por eso mismo que iba pasar el mayor tiempo posible estudiando los escritos mágicos que se encontraban en ese lugar. Ya sabía cuáles eran sus fortalezas en cuanto a hechizos, sus compatibilidades y por lo mismo qué era lo primordial que debía de estudiar. En base a eso reforzaría sus conocimientos. Era la lección básica para todo mago. Una vez que la gente mágica tenía identificado un elemento o dos en los que eran superiores, enfocaban sus estudios en ése.

Cuando salió del baño Mai estaba recostada sobre su parte de la litera leyendo una revista pero, en cuanto Natsuki salió del baño la siguió con su vista periférica y alcanzó a ver como Natsuki caminó hacia el armario, en donde Mai sabía que la oji-verde tenía un baúl. El qué guardaba en ese lugar era un secreto para Mai ya que la chica era bien reservada en todo lo que rodeaba a su vida, por lo que estaba segura que aún si le preguntaba algo a la oji-verde, ésta no le contestaría.

Natsuki revolvió varias cosas dentro de su baúl y las guardó en una bolsa, todas eran cosas que le servirían para su tarde de estudio, pero la más importante era una simple libreta en donde tenía sus anotaciones más importantes. Bueno, en sí su objeto mágico más importante era el anillo de su padre pero ése no se lo quitaba ni para bañarse. No se podría permitir perder el objeto más preciado que tenía.

"Natsuki"

Natsuki miró expectante a Mai ya cuando tenía todo listo en su bolsa.

"Sé que tienes que estudiar, el qué o por qué es un misterio para mí, pero, a Mika y a mí nos gustaría si te pudieras dar un tiempo más tarde para acompañarnos a tomar mínimo una malteada a la calle principal. Nosotras no nos iremos hasta dentro de un par de horas; y si quieres, puede ser por un corto tiempo. Si vas, en el momento en que quieras regresar, lo podrás hacer." Mai miró con esperanza a la chica. No era simplemente por ser entrometida, pero siempre había tiempo para estudiar. Además Mai sentía que la chica alejaba de más a las personas y nadie podía ser feliz siendo tan solitario a como la oji-verde era.

"¿Qué dices Krüger? Te lo invito yo."

Natsuki nada más suspiró con cansancio pero miró decididamente a la pelirroja. Era tiempo de hablarle con algo de sinceridad. "Mai, eh... agradezco el que quieras ser mi amiga, pero... yo no tengo tiempo para mantener esa clase de relación con nadie en este momento. Yo... tengo cosas muy importantes que hacer en este lugar y muy poco tiempo para lograrlas. Así que utilizaré cada momento libre que tenga para conseguir mis objetivos."

"Pero no entiendo Natsuki, el ponerte al día con tus estudios sí debe ser prioridad pero, si mi abuelo está seguro que puedes con el último grado, tú puedes."

"No... no es eso Mai."

"Y si necesitas ayuda yo te la puedo ofrecer. Yo y Mika te podemos ayudar. Digo, sé que no somos ningunas genios pero... podemos hacer algo."

"Mai, que no es eso." Natsuki se estaba irritando, y Mai lo podía ver y escuchar en el tono de voz cambiante de la chica, lo cual le provocaba empezar a sentir lo mismo hacia la morena.

Mai abrió la boca para refutar y demandar una mejor explicación pero reconsideró y sólo cerró con fuerza su boca, casi con miedo de decir algo imprudente a la oji-verde. Con la chica Krüger era obvio que no se podía discutir, en especial si el tema a discutir era su misma persona. Muy madura e inteligente, pero al final una niña.

Mai siguió mirando a Natsuki y vio lo impenetrable que su coraza era. Nada más asintió y Natsuki siguió su camino. "Si cambias de parecer nos puedes alcanzar en cualquier momento." Añadió Mai con falso desinterés en su voz antes de que Natsuki saliera del cuarto pero la chica actuó como si ni hubiera escuchado.

Mai se quedó contemplando la puerta con una expresión perturbada, que en segundos se volvió determinada en cuanto se le ocurrió una idea.


"Abuelo" Mai entró sin permiso ni etiqueta al despacho de su abuelo y casi inmediatamente vio que él se encontraba en compañía de la Profesora Graceburg, una de las pesadillas del campus, y según obvias señales (gruñidos de la oji-verde y comentarios del chico Priego) así como de fuentes cercanas (Chie Chismosa Hallard); la torturadora personal de la chica Krüger.

Al ver la mirada de descontento que la profesora envió en su dirección Mai ni se molestó en saludar a ésta ni en disculparse antes de salir. Sabía que lo pagaría caro al siguiente año en que la tuviera como profesora.

No fue mucho tiempo el que tuvo que esperar para que Graceburg saliera del despacho y ella pudiera pasar.

"Abuelo"

"Oh-oh" Dijo su abuelo con divertida mirada. "No me llamaste 'Yayo'; algo mal he de haber hecho."

Mai tomó asiento enfrente de su abuelo. "Tengo que hablarte de algo y espero que me tomes en serio."

Michel Zaycech quiso comentarle algo a su nieta sobre su expresión tan divertidamente seria, pero decidió en contra de esto. No era común que su nieta se viera tan seria con otras cosas que no fueran su hermano o la cocina. Quizá quería discutir alguno de esos temas. "Adelante Mai."

"Es sobre la chica Krüger abuelo, sobre Natsuki."

El rector de Gärderobe a pesar de estar sorprendido no lo demostró mientras miraba a su nieta. "Oh, esto no lo esperaba Mai. ¿No crees que es muy pronto para quejarte de tu compañera?"

"¿Qué?" Mai miró con desconcierto a su abuelo. "No es eso abuelo. Yo no me vine a quejar de ella."

"¿Ah no? Oh disculpa entonces por adelantarme en la deducción... Es que no serías la primera persona que me viene a comentar sobre la pequeña."

Mai captó la mirada de su abuelo y al recordar lo dicho por Chie imaginaba que la profesora Graceburg sería una de esas personas.

"Así que, si no estás aquí para quejarte de Natsuki Krüger, ¿qué haces aquí mi pequeña?"

Mai no pudo evitar mostrar su puchero acostumbrado a salir cada vez que su abuelo la llamaba pequeña, y quizá nunca dejaría de aparecer, ya que siempre sería la pequeña de su abuelo.

"Yayo..." Mai comentó, pero pareció considerar lo que le iba a decir a su abuelo, y mejor preguntó, "¿qué me puedes contar sobre la chica Krüger? sobre su vida, su familia."

El rector parpadeó un poco ante las preguntas de su nieta. "Ah... Sobre Natsuki... la verdad no tengo mucho conocimiento sobre ella. Si bien es cierto que conocí a sus padres al igual que a sus tíos, yo no interactué mucho con ella, además, tiene muchos años que no veía a nadie de esa familia."

"Pero aún así, has de saber algo, has de saber el por qué está aquí, ¿no?"

"Mai, no entiendo la razón del por qué me hagas estas preguntas. Te aseguro que cualquier cosa que puedas aprender de mí sobre ella, será mejor explicada si es ella misma quien te lo cuenta."

Mai tampoco sabía el por qué le hacía esas preguntas a su abuelo. Bueno, eso no era del todo cierto, sabía el por qué, simplemente no estaba segura si debió hacerlo de esa manera. Tal vez hubiera sido mejor esperar a que pasaran más días y ver si la oji-verde se decidía en ser tan indiferente con todos y en especial con ella y Mika. Al final de cuentas, no podía obligar a la chica a ser amiga de ellas, si Natsuki quería ser reservada estaba en todo su derecho.

Además, apenas habían pasado tres días desde que la chica había llegado a vivir al dormitorio de Mikaela, lo cual era muy poco tiempo para ganarse la confianza de una chica, en especial una chica a como Natsuki parecía ser.

Pero por alguna razón sentía que era algo mucho más que una simple chica asocial, egocéntrica y arrogante. No podía dejar de escuchar en su mente las palabras que el otro día el chico Priego había mencionado en referencia a Natsuki.

No iría tan lejos como para decir que Natsuki era interesante. No conocía lo suficientemente de ella, por lo que se le hacía intrigante. Mai creía que sería cuestión de tiempo para que ese sentimiento irritante de querer saber sobre la morena acabara. Pero mientras tanto ese sentimiento la había llevado hasta ahí, al despacho de su abuelo, intentando sacar información sobre una chica que estaba totalmente en contra de que Mai consiguiera información alguna sobre ella.

"Pues es simple curiosidad abuelo, después de todo la chica Krüger vive conmigo." Natsuki definitivamente se enojaría con la pelirroja si se enteraba de que ésta última andaba sola por su cuenta inquiriendo sobre aspectos personales de ella por simple curiosidad.

Michel miró a su hija con una mirada que le dejaba saber que no le creía. "Mai, en primer lugar llámala Natsuki, después de todo vive contigo." A Michel nunca le había agradado que en su escuela todos los estudiantes se trataran por los apellidos. Si bien sabía que muchos de ellos eran hijos de empresarios y familias 'aristócratas', no le gustaba que inmediatamente todos los de Gärderobe trazaran una línea que impedía formalizar relaciones interpersonales fácilmente.

"En segundo lugar, recuerda el dicho, 'Aquél que sea curioso del trabajo de las abejas va a ser constantemente picado'." Michel continuó acentuando lo dicho con una mirada seria. "Además, si es la simple curiosidad la que guía tus preguntas, estas deberían ser dirigidas a otra persona."

Mai formuló una mueca en su bonita cara. Nunca antes su abuelo le había denegado una petición, claro que no era común de ella llegar a preguntar sobre cuestiones personales de un estudiante, pero aún así le irritó.

"Ah, no me mires así Mai, es más divertido si investigas por tu cuenta, y Natsuki se ve como una chica que haría sus historias... entretenidas." Eso decía Michel a su nieta, pero en realidad pensaba otra cosa; y esperaba que fuera cierto. Sabía que la chica Krüger tendría un montón de historias interesantes que entretendrían a las mentes más sencillas y desconocedoras sobre las verdades del mundo, y también tendría otras muy macabras que estaba seguro que nunca contaría; pero en ningún momento quería que esas historias y ese secreto fuera conocido por sus nietos.

"¿Divertido? Abuelo, nada sobre esa chica es divertido. No es divertido cuando no puede ni contestar la más simple de las preguntas como de dónde es."

"Entonces si ella quiere mantener su privacidad, pues esa es su prerrogativa."

"Yo lo sé abuelo pero..." Mai tomó aliento. Si ya se había tomado la molestia de ir hasta su abuelo, mínimo podía preguntar lo que en realidad quería. "Yayo, Krü- Natsuki... ¿Tiene Natsuki algún problema? ¿Algo pasó con ella?"

Michel nada más se quedó viendo a su nieta pensando en qué contestarle. Le costaba trabajo no responder inmediatamente a su nieta, era como ir en contra de su instinto natural de consentirla. Tenía mucho tiempo desde que había intentado mantener secretos lejos de ella. Quizá haber llevado a alguien como Natsuki a vivir con su nieta había sido una decisión muy arriesgada.

"Okey abuelo, después de poner esa expresión no puedes decirme que no hay nada con ella."

El hombre se quedó mirando a su nieta con esos ojos azules que ella quería tanto ya que en algún tiempo los solía ver todo el tiempo en la mirada de su madre. Ahora fue él el que tomó aliento y lo dejó salir en un suspiro imperceptible para oídos no entrenados.

"No, Natsuki en estos momentos no se encuentra metida en ningún problema cielo. Quizá su problema más grande sea el que dos maestros muy estrictos ya tienen la idea de que me van a demostrar que esa chica no tiene la capacidad de estar en último grado, y que, sea a como sea la van a reprobar."

Mai quiso intervenir pero su abuelo no lo permitió al seguir hablando.

"Y eso es un gran problema para ella. Por ninguna razón se puede permitir reprobar si quiere pasar de año. Sus tutores ya no quiere que siga perdiendo el tiempo sin terminar la escuela."

"¿Perder el tiempo?" Ella se aventuró a preguntar con sorna. "Abuelo, la chica sólo tiene trece años y ya se va a graduar. Eso me hace pensar que ella definitivamente no ha 'perdido el tiempo'. Si sus padres creen que está perdiendo el tiempo pues... no han de conocer muy bien a su hija. No creo que un año más le afecte. "

Michel miró a su nieta y sonrió. El que su nieta contestara tan enfáticamente significaba que ya le había tomado cariño a la chica. "No es que crean que ella hubiera estado perdiendo el tiempo Mai, pero, Natsuki se atrasó en su graduación tres años, aunque no fue por que fuera una holgazana. Sus tíos solamente querían que dejara de atrasarse en sus estudios."

Mai tenía la boca abierta cuando su abuelo terminó de hablar. "¡Lleva tres años de atraso! Eso quiere decir que- que Natsuki se debió haber graduado mucho más joven." Ahora Mai estaba realmente sorprendida. ¿Qué clase de persona se gradúa a tan temprana edad? Nada más faltaba que la chica hubiera llegado tan joven pero a dar clases en esa escuela. Mai resopló con mofa dentro de su mente. Esa idea era simplemente ridícula.

Obviamente no tenía idea de la existencia de Negi "Dios del Trueno" Springfield, quien no sólo es el hijo del héroe Nagi "el Maestro Milenario" Springfield sino que también a su corta edad encabezó el grupo Ala Alba, que salvó al mundo de un colapso, además de liberar al Evangelio Oscuro, y por si fuera poco dar clases a más de 31 chicas únicas e inusuales consiguiéndose su propio harem en el camino… ¡a la edad de DIEZ AÑOS!

Mai todavía no conocía lo grande que el mundo era.

…Ah sí, Mai simplemente no podía creer en algo ridículo como eso.

"Exacto." Afirmo la idea de su nieta. "Se debió haber graduado desde los diez años. Puedes ver cómo sus tíos se preocuparon de que siguiera pasando el tiempo y no terminara. Temieron que se fuera a estancar."

"¿A los diez años?¡Vaya! Entonces sí que es toda una chica genio."

Michel rió ante esa exclamación. "Bueno, yo no la llamaría genio. Digamos que simplemente hay algunas materias en las que sobresale. Aunque en definitiva fue la mejor de su generación… mientras estudió." Mmm, no me sorprendería si en realidad fuera una chica genio, pensó el rector un segundo, después de todo, su madre había sido una, y una muy loca.

Mai seguía sumergida en asombro. No podía creer que su abuelo se riera de su observación. Si la chica Krüger debió haberse graduado a la edad de diez años, era hasta más inteligente que su hermano quien había sido adelantado un año y que la Representante Viola, la mujer más inteligente que esa escuela había conocido en años, de seguro y era hasta más inteligente que el mismísimo Sheldon Cooper… e igual de fastidioso que éste. De repente recordó algo que su abuelo había mencionado y que se le hacía extraño.

"Yayo, dijiste que los tíos de Natsuki eran los que querían que terminara sus estudios, ¿qué piensan sus padres sobre esto?" Mai no era tonta. Si su abuelo había omitido mencionar a los padres de Natsuki, debía ser porque algo había sucedido que hacía ese tema sensible. Pero tenía que ser directa con el oji-azul. Ya había notado que trataba de ser lo menor detallado sobre la chica Krüger. "Es que no los mencionaste abuelo, se me hizo extraño."

"Mmm, exacto, evité mencionarlos Mai." Michel resopló. No creía que el debía ser la persona indicada para decir lo siguiente. "Natsuki Krüger... perdió a sus padres, razón por lo que dejó de asistir a la escuela. En un accidente del cual no te diré nada Mai, no es mi derecho el platicarte de las desgracias de otra persona, y tú puedes entender bien eso."

Mai no dijo nada. Agradecía saber esa información que le daba un mejor entendimiento al corazón de la pequeña, pero a la vez se sentía mal de haberla juzgado tan pronto, y de haber ido detrás de su espalda para enterarse de cosas que ella estaba muy decidida en mantener en secreto.

Y claro que entendía. Ella y su hermano habían sufrido lo mismo después de todo. O eso podía sospechar ya que no conocía las condiciones del accidente en donde la chica Krüger había perdido a sus padres.

"Lamento haber preguntado."

"Nunca te lamentes de tus decisiones querida. En especial algo que hiciste por preocupación hacia otra persona. O bueno, eso es lo que imagino... La pequeña Natsuki ha de estar siendo en realidad un poco difícil de manejar."

"No es eso Yayo. Es que... aleja a todo el mundo. Tiene un aura que nadie de esa edad debiera tener. Pero creo ahora entender."

El vigoroso anciano le mandó una sonrisa a su nieta. "Qué bueno. Para serte sincero Mai, la puse en tu habitación porque sé que tal vez tú la podrías entender mejor que nadie, porque sé qué clase de persona eres, y porque siento que tú muy bien podrías ayudar a Natsuki Krüger a no tomar la vida tan enserio."

Mai se sonrojó ante las palabras de su abuelo.

"Ahora Mai," continuó el rector mirando directamente a su nieta. "Lo que te acabo de contar es información confidencial perteneciente a los archivos estudiantiles. Sé que no vas a ir a decírselo a nadie, pero me gustaría que tampoco le comentaras a la chica en cuestión lo que te platiqué." Michel entonces sonrió. "Temo por mi seguridad... y la tuya."

Mai al fin rió ante las palabras de su abuelo. Identificando el doble sentido detrás de sus palabras que le indicaban que la estaba forzando a despedirse, Mai se levantó y fue a abrazar a su abuelo.

"Bueno abuelo. Gracias por ayudarme a entenderla un poco más, y disculpa por haber sido muy pronta en pedir ayuda."

"Para nada querida. Sabes que puedes contar conmigo en todo lo que quieras. Pero no más sobre la Natsuki."

Mai se despidió de su abuelo y se dirigió al dormitorio. Mikaela probablemente la estaba aguardando ya lista, y esperaba que Natsuki hubiera decidido acompañarlas esa tarde. Mai iba más decidida que nunca en ayudar a la oji-verde. Con suerte quizás y hasta podrían ser amigas.


Natsuki estaba sentada en su rincón preferido dentro del aula escondida de la biblioteca más alejada en el campus. Se encontraba anotando las indicaciones de un hechizo con prisa y con tanto ardor que cualquier compañero que la viera en ese momento se sorprendería de ver tanta emoción en la chica que desde que había llegado había mostrado una gran apatía en todo lo que hacía.

Pero la oji-verde no lo podía evitar. El hechizo que había encontrado era perfecto. Era justo del tipo que prefería, además era un tanto poderoso para una aprendiz a como ella lo era, pero era por eso mismo que no podía ver la hora de ponerse a practicarlo. Si hubiera tenido conocimiento de cómo hacerlo cuando había luchado en contra de su tío, probablemente la sorpresa en ellos hubiera sido mayor y le hubiera permitido tener ventaja.

Una cosa que la emocionaba más era el libro de donde lo estaba anotando.

Ese día, en el momento en que Natsuki había entrado al aula secreta, se tropezó con una botella de vino que alguien había dejado en el piso del aula, esto la había enviado a tirar el único carrito de biblioteca que había en ese lugar restringido.

Después de recuperarse de la vergüenza de haber sido torpe, afortunadamente a solas, comenzó a recoger con desgana los libros que habían caído pero su expresión cambió totalmente al leer el título de uno de los ejemplares: Ala Alba en el mundo mágico, escrito por Kazumi Asakura con coautoría de Nodoka Miyazaki.

Los ojos de Natsuki no pudieron abrirse más grande… todavía no le tocaba ver a Mikaela en día de buffet de pizza.

Sabía la historia. No había niño que hubiera crecido en la comunidad mágica que no conociera sobre el Ala Rubra, el Ala Alba y varias Organizaciones No-gubernamentales de apoyo social. Simplemente nunca se había imaginado encontrar un ejemplar nuevo, a comparación del resto, en esa biblioteca. La historia de la pelea del Ala Alba, que seguramente contenía el ejemplar que tenía en mano, no tenía ni diez años de haber sucedido.

A pesar de saber la historia que contenían esas páginas, la oportunidad de leerla a través de las palabras de dos integrantes de ese grupo era algo que no podía dejar pasar. Su sorpresa, y encanto, aumentó cuando vio la mención de varios hechizos utilizados durante la pelea. Pero fue uno el que le llamó la atención lo suficiente como para intentar aprendérselo. Era uno utilizado nada más y nada menos que por la Maga Nosferatus, Evangeline A. K. McDowell.

Quien se enterara que era ese hechizo el que le había llamado la atención aprender, por el hecho de ser utilizado por ese ser, hubiera pensado que Natsuki había perdido al fin la cordura. No había nadie dentro de la sociedad mágica que no conociera sobre la Maga No-Muerta, El Advenimiento del Mal, el Evangelio Oscuro. La leyenda se utilizaba para asustar a los niños para que se comieran sus chícharos. Pero el hechizo era perfecto por los elementos que utilizaba. Natsuki creía que era uno indicado para sus preferencias mágicas. Este pensamiento sorprendentemente no la asustó. Quizá seguir ése camino era lo más indicado teniendo en cuenta su meta.

Con esa clase de tomos estando en esa biblioteca, Natsuki empezaba a ver que no había sido tan mala idea después de todo haber llegado a ese lugar. Aún no sabía contra quienes sus padres se habían enfrentado, pero como su tío le advirtió, aquéllos que lograron vencer a sus padres, estando juntos, debían ser indudablemente muy poderosos, y el hecho de no haber podido vencer a su tío, quien era menos fuerte que su padre no le daba muy buenas expectativas en su misión. Ya que, no podría extraer su venganza si no podía durar viva el suficiente tiempo para que sus enemigos desconocidos pagaran por lo que le hicieron a su familia.

Entonces se volvería más fuerte, fuera a como fuera, para que en el momento de ser necesario pudiera ir a buscar su venganza. Y ese hechizo dentro de su repertorio de los mismos sería una invaluable adquisición. Pero no se detendría ahí. Ese hechizo le había dado varias ideas que intentar cuando tuviera más tiempo y un poco más de experiencia.

Natsuki esperaba que tal vez el abuelo de Mai le pudiera ayudar en su entrenamiento pero, por alguna razón, el comportamiento del anciano le había dado a entender que él no la apoyaría en nada relacionado con la magia. Y entendía el por qué.

En primer lugar el anciano era rector de una muy prestigiada escuela, y además era un mago poderoso que de seguro tenía algunas responsabilidades al igual que todo magister magi suele tener.

En segundo lugar la gente podría empezar a hablar si se enteraban que la estudiante nueva, que había saltado varios años en la escalera estudiantil, estaba pasando mucho tiempo a solas con el rector.

Así que tendría que seguir ese camino sola.

El leer sobre esas organizaciones de amigos, el Ala Alba y Ala Rubra, recordó a Mai y el esfuerzo que la pelirroja hacía para intentar entrar en su vida y ser su amiga. Igualmente recordó a los dos chicos de su clase que intentaban igual de fuerte y a la chica rara de ojos carmesí. Esos cuatro eran los únicos que habían intentado acercarse a ella en toda la escuela. Lo cual de por sí ya era un gran avance en comparación con la Academia, en donde, todos los niños siempre le habían huido por simple ignorancia.

Eso nunca le había causado mucho pesar a Natsuki quien, en cuanto Dhuran apareció en su vida, nunca necesitó de nadie más como leal amigo y confidente. Natsuki así lo prefería.

Pero esos cuatro chicos buscaban algo que Natsuki no sabía si podía o quería ofrecer. Lo único que lograban era hacer sentir a Natsuki muy incómoda ya que no quería ser descortés con personas que nada más habían intentado apoyarla desde el primer momento en que la conocieron.

Sintió un poco de pesar de haber tenido que declinar la invitación de Mai a ir a conocer un poco Küsnacht. En especial porque si Natsuki era sincera, se moría de ganas de conocer el lugar, caminar por las calles e ir a conocer el lago.

El lago que había visto en su primer día de clases se había quedado en su memoria, al igual que el conocimiento de que ése mismo día lo hubiera podido conocer si simplemente hubiera aceptado ir al lugar en compañía de la chica de cabellera castaña.

Natsuki continuó haciendo anotaciones pero las ganas de querer ir a caminar un rato por el pueblo se incrementaban en su ser hasta que no pudo aguantar más y, una vez terminado de anotar los pasos importantes y los elementos de la encantación del hechizo que había decido aprender, cerró de golpe el libro y lo dejó sobre la mesa en la que estudiaba.

Tomó precauciones en guardar el libro en un lugar donde lo pudiera encontrar en su próxima visita porque, ya tenía la confirmación de que alguien más entraba a esa aula. Natsuki miró rápidamente la botella de vino antes de salir, por alguna razón ésta se le hizo conocida.

Salió del aula restringida de magia y comenzó a atravesar la sección de literatura tan rápidamente que se sorprendió cuando chocó contra otra persona que salía de uno de los pasillos.

Cuando Natsuki se recobró de la sorpresa miró hacia los brazos que habían impedido que se callera, otra vez, sobre uno de los carritos de libros que había detrás de ella. Alzó la mirada y se encontró con un par de ojos carmesí cada vez más familiares.

"¡Vaya, vaya! Natsuki debería caminar con más cuidado o podría tropezarse y caerse."

Natsuki pestañeó y rápidamente tomó un paso para atrás para separarse de la chica que estaba invadiendo su espacio personal.

"Viola. Lo siento, no te vi."

"No hay problema, de hecho me sirvió para repagar la deuda que tenía contigo por haberme salvado de una caída que hubiera sido muy dolorosa."

"¿Uhh?" Natsuki puso cara de desconcertada.

"Me refiero al otro día que me detuviste de mi caída. Ahora yo fui la que evitó que te calleras."

Natsuki se sonrojó ligeramente. Había estado pensando en otras cosas por lo que el choque con la chica había sido tan sorpresivo que Natsuki no había estado preparada para mantenerse bien plantada en el piso. Torpe. En definitiva era un signo de debilidad de su parte y eso no le agradaba. Ella se suponía se estaba entrenando para que ese tipo de situaciones no pasaran.

"No es lo mismo. Yo nada más perdí un poco el equilibrio. No me hubiera caído."

Shizuru inclinó un poco la cabeza y sonrió un poco al ver las mejillas de la chica. "De acuerdo. Entonces todavía te debo el favor de haberme salvado."

"¡No! Eso no es necesario. No me debes nada." Natsuki contestó y calló. De igual manera la otra chica no contestó nada y un pequeño silencio cayó sobre ambas.

"¿Tienes rato que estas aquí Natsuki?"

La chica de ojos carmesí había hablado repentinamente y causó que Natsuki se sorprendiera un poco, ya se había dado cuenta que la chica la llamaba la mayoría del tiempo sólo por su nombre y se le hacía raro ya que, al parecer, todos en esa escuela se llamaban estrictamente por su apellido si no tenían una relación cercana. "Sí, ya tengo un largo rato."

"Mmm, que raro, yo no llevo mucho tiempo aquí pero no escuché algún sonido que indicara la presencia de alguien más en el aula." Comentó Shizuru como para sí misma, con incertidumbre muy bien ocultada en su mirada.

"Ah... es que estaba leyendo y pues no hacía mucho ruido; además estaba hasta bien al fondo de los pasillos." Natsuki contestó intentando mitigar la duda sobre su respuesta que parecía tener la chica castaña. Lo último que necesitaba era que alguien empezara a sospechar que había una entrada oculta en esa aula. "Estaba por allá."

Shizuru dirigió la mirada hacia donde la oji-verde le había señalado. Sabía que Natsuki le estaba mintiendo porque cuando había entrado al aula, el primer lugar al que había ido era precisamente ése lugar a buscar un libro que desgraciadamente no había encontrado. El único sonido que había escuchado era el de otra puerta abrirse y cerrarse, lo que había llevado a caminar hacia ese lugar en donde había encontrado a la chica nueva.

Pero la evasión de la chica era evidente y no entendía el por qué. Además ella estaba segura de que no había otra puerta al fondo del salón por donde Natsuki había estado y eso la hacía imaginarse que tal vez el sonido que escuchó había sido producto de su imaginación. A pesar de las dudas que tenía decidió no comentar en ninguna de ellas y asintió dando a entender que aceptada la explicación de Natsuki.

Natsuki suspiró internamente y decidió mejor salir de ese lugar antes de que Shizuru hiciera más preguntas, además, tenía la esperanza de que todavía Mai y Mikaela todavía estuvieran en la habitación por lo que tenía que apresurarse a llegar hasta ahí. Sin embrago, cuando atravesó la puerta no escuchó el sonido de ésta cerrarse de nuevo y miró hacia atrás viendo a Shizuru salir de la puerta detrás de ella.

Shizuru le sonrió a la chica, "¿Sí Natsuki?"

"¿A dónde vas?"

"Vaya, me sorprende que me preguntes Natsuki. Ya empiezas a mostrar interés por mis ocupaciones. Que alago."

Natsuki no pudo evitar sonrojarse. Se daba cuenta de lo tonta que debió haberse escuchado.

"¡NO! Yo- argh. No era eso a lo que me refería. Olvida la pregunta."

Shizuru no pudo evitar reírse por lo bajo. Era una risa que casi no emitía sonido, Natsuki creyó que combinaba completamente con el tono de voz acaramelado que la castaña tenía. Una vez más se dio cuenta que, a pesar de ser una risa pequeña, era sincera.

"Ah Natsuki. No te apenes. Yo iba en camino a los dormitorios. Terminé de buscar el libro que quería." Shizuru sostuvo en su mano una copia de Fausto para que Natsuki lo pudiera ver.

Natsuki sonrió al ver el tomo. "¿Goethe?" Natsuki dejó escapar una risita propia al ver el libro. Cuando regresó su mirada a la de la otra chica pudo ver un tono diferente en esos ojos carmesí.

"Pues qué puedo decir…" La mirada de Shizuru adquirió otro tono que Natsuki no pudo distinguir en ese momento y que llegaría a entender como la picardía natural de la chica castaña. "me dio un poco de antojo por algo germano." El tono de Shizuru igualmente se tornó indescriptible para la oji-verde, pero no pudo evitar abrir los ojos y sonrojarse un poco al escucharlo. Realmente no entendía por qué.

Recordemos que: Natsuki = Asocial; por lo tanto ignorante de las leyes sociales y de doble sentido en este planeta.

"Bueno Natsuki, al parecer también ibas a la salida. Vayamos juntas."

"Sí, yo igual voy a los dormitorios, creo que iré con mis compañeras de cuarto a la calle principal." Dijo Natsuki cuando decidió olvidar por completo lo dicho por la chica rara.

"¿Crees?" Shizuru ladeó la cabeza sin darse cuenta al preguntar esto.

"Ahh… sí. Es que espero que todavía me estén esperando. Es que no les avisé que sí iría con ellas y pues puede que ya no estén ahí."

"Ahh, entiendo. Natsuki no quería ir en un principio y se negó. Suena familiar. Lo bueno es que reconsideró esta vez ya que, como le dije a Natsuki el otro día, este lugar es uno muy bonito que estoy segura Natsuki encontrará agradable."

Natsuki hizo una mueca. El hecho de que la castaña hubiera adivinado exactamente lo que había pasado no era tranquilizante. Natsuki decidió mejor continuar con su camino antes de que la Representante de Clases la siguiera molestando.

"Natsuki espera." Llamó la voz de la castaña desde su espalda, y una vez más Natsuki se vio impedida de ignorar el tono dulce de la chica. Miró a Shizuru arqueando una ceja, indicándole que continuara. "Temo que ya no podrás encontrar a la señoritas Tokiha y Minagi en tu dormitorio. En mi camino a este lugar las vi encaminarse a la salida del campus." En realidad había visto a Mai Tokiha encaminarse a la salida, llevando a una Mikaela Minagi abrazada a su espalda. La pelirroja sí que era fuerte para su corta estatura.

Natsuki dejó salir un pequeño resoplido de enojo. 'Lo sabía, esto es sólo un indicio de que debería estar ocupando mi tiempo en aprenderme ese hechizo y dejar de perder mi tiempo.' Pensó Natsuki con irritación a sí misma por creer por un instante que tenía tiempo que perder en actividades banas de personas no-mágicas. Miró de nuevo a Shizuru, adornando sobre su rostro una expresión resguardada que no entreviera lo que en realidad sentía.

"Hagamos algo Natsuki." Continuó Shizuru, no sin antes dar una pequeña risita ante la expresión de la oji-verde. "Yo tengo que ir al centro dentro de poco, me quedé de ver con algunas compañeras de la escuela en un pequeño café para hablar sobre asuntos… relacionados con nuestras familias. ¿Qué te parece si te llevo en mi automóvil a dónde fueron ellas? Te aseguro que una vez ahí encontraremos a tus amigas rápidamente."

Natsuki parpadeó ante la oferta. Su mente ya había estado decidida a regresar al aula y pasarse toda su tarde del primer viernes que pasaba en Suiza estudiando el cómo hacerle pagar a la gente que la dejó sin padres, y que le quitó el final de su infancia de sus, antiguamente cálidas, manos; por lo que la oferta la agarró desprevenida.

"Ah, Shi- yo… no, eso no será necesario, en serio. Pero muchas gracias." Contestó Natsuki, una vez más perdiendo el suelo ante una nueva propuesta amable de la chica de enfrente. El por qué la gente en ese lugar seguía intentando ser amable con ella todavía desconcertaba enormemente a la maga. Pero todos esos pensamientos confusos que rondaban la mente de Natsuki se detuvieron en cuanto sintió una mano sujetando amablemente su barbilla. Shizuru dirigió su mirada directamente a la suya.

'¿Qué demon-'

"Sabes… eres un misterio Natsuki." Shizuru dijo en un susurro y con una mirada tan profunda que Natsuki sentía los secretos dentro de su corazón titilando de miedo de poder ser descubiertos, o bueno, esa era la única explicación que se le ocurría para el palpitar errático de su corazón.

Su instinto natural le dijo que esa chica era peligrosa, pero, antes de que Natsuki pudiera encerrarse más profundamente en la pared de hielo metafórico que tenía alrededor de su corazón, ya que no podía crear una de hielo verdadero porque eso no le ayudaría a mantener sus secretos ocultos; Shizuru continuó la conversación encarrilando la atención de Natsuki a una situación que no había considerado hasta ese momento. "Además, ¿por qué tienes el instinto de contestar a todo favor o invitación que alguien te hace con una negativa sin previa consideración?"

La mente de Natsuki se detuvo en esa pregunta, sorprendida. Lo que la chica Viola le acababa de hacer notar era completamente cierto. Y claro que sabía el por qué.

Durante su corta vida había sido rechazada dentro de la misma sociedad mágica a la que pertenecía. A excepción de sus padres, tíos y maestros, Natsuki nunca había tenido mucho contacto con personas mágicas. Los vecinos de la aldea en Feldkirch evitaron a toda costa a su familia durante años, y sus compañeros de la Academia se habían dedicado a hacerle la vida a Natsuki lo más solitaria posible en la escuela, no que a Natsuki le interesara, ya que nunca había necesitado de amigos mientras tuviera a su familia con ella, Dhuran incluido.

Ahora se encontraba en un lugar en donde, si bien la miraban obviamente con extrañeza debido a su edad, era una más del alumnado de Gärderobe. Aunque tal percepción de los demás fuera una total mentira, al fin había encontrado personas que honestamente buscaban tener una relación de compañerismo y amistad con ella. Esta vez era ella quien estaba haciendo distinciones.

Estaba rechazando a todo aquel que se le acercara por el hecho de ser diferentes, porque los chicos de ese lugar eran personas comunes y gente no-mágica. En resumen, Natsuki estaba teniendo los mismos prejuicios que en Windbloom hicieron sobre ella. El resultado no cambiaba. Natsuki estando completamente sola.

Una vez más, esta persona le ofrecía un favor sin importar que tan grosera Natsuki hubiera sido con ella en otras ocasiones.

El recordatorio de cómo había sido tajante con la previa invitación de la chica, aunado a la sonrisa sincera que la castaña mantenía, le hizo ser consciente de una verdad que había querido evitar. Las personas de ese lugar no se merecían que los tratara de la manera tan cortante a como los había tratado. Los Tokiha, el chico Priego, la chica que tenía enfrente, e incluso la inusual Mikaela; no habían hecho más que tratar de aclimatarla a ese lugar. No podía seguir comportándose así. A su padre no le hubiera gustado que lastimara a personas sólo porque sí.

Además, sí tenía muchas ganas de ir. Imaginaba que Tokiha y Minagi no se enojarían porque las alcanzara en donde estuvieran.

"¿Natsuki?"

La voz dulce de la chica que tenía enfrente la hizo salir de su reminiscencia. Cuando volvió a la realidad se dio cuenta que tenía a la chica Viola enfrente de ella, un poco agachada para poder estar al nivel de la joven maga, tan cerca que Natsuki se podía ver reflejada en esos sorprendentemente amables ojos rojo carmesí. Obviamente Natsuki saltó hacia atrás para poner distancia entre ambas. "¡Oye!"

"Vaya, por un momento temía que a Natsuki le estuviera dando una aneurisma. ¿Qué ideas han de haber galopado dentro su tan interesante mente?"

Natsuki sintió un calor recorrerle el cuello y subirle a la cara. Shizuru la había hecho sonrojarse, ¡otra vez! Y ni siquiera había hecho algo significativamente vergonzoso.

"Así que, ¿qué le parece a Natsuki si nos vamos poniendo en camino? Natsuki tiene que disfrutar de su primer viernes en Küsnacht."

"¿Por qué de la nada te diriges hacia mí en ocasiones en tercera persona?" Natsuki preguntó a modo de respuesta y Shizuru no necesitó confirmación de la oji-verde para entender que Natsuki sí aceptaría el favor.

Shizuru no contestó la pregunta, pero se aseguró de que mientras caminaban hacia el piso inferior de la biblioteca, Natsuki escuchara más oraciones dirigidas a ella en tercera persona. Esto siguió aún estando enfrente de una bibliotecaria en turno y maestra por las mañanas Helene Youko, desconcertada ante la escena. Mientras, Natsuki esperaba, inconscientemente y sin que Shizuru se lo pidiera, a que ésta terminara de checar el libro para poder sacarlo de la biblioteca.

Durante el recorrido que hicieron juntas hacia el estacionamiento, Natsuki le dio a Shizuru, sin advertirlo, lo que se le antojaba a ésta. Un poco del sabor germano, a cómo lo había expresado la chica de ojos carmesí. Durante el camino platicaron de temas como 'La tarea extra de Natsuki sobre Teoría General del Estado de Kelsen'; '¿Mendelssohn o Mozart?'; y por subsecuente '¿Cómo decayó la música germánica a Tokio Hotel?'. Claro… más la presencia de Natsuki Krüger.

Y sí, así de largo es el camino a la biblioteca lejana del campus pero, durante ese largo rato Natsuki no se dio cuenta de que, en retrospectiva, ésa era su primera conversación real en todo el tiempo que llevaba en Gärderobe. Tampoco pudo haber sabido que de igual manera era una de las pocas conversaciones que Shizuru tenía que no trataran sobre temas estrictamente enfocados a un tema específico como la administración de la escuela o las clases, o su familia y el poder de ésta.

Shizuru se encontró disfrutando esa conversación sin sentido que mantenía con la pequeña lindura de hielo.


"¿En dónde está tu amigo, Tate?"

"No sé." Contestó el chico rubio, muy concentrado mientras leía una revista sobre artes marciales. De tanto en tanto riéndose en sorna por lo inexacto que podía llegar a ser la gente, incluso reporteros, al intentar explicar a éstas. "Creo que fue a mandar unos dulces a su familia por correo."

"Ah, ya se me hacía raro en ti pasar una tarde de fin de semana con nosotros."

"No digas eso Priego. Si suelo salir más con Masashi o mis compañeros de clase es porque a ustedes casi no los veo." Sergey Tate le dijo al chico que tenía a su lado dejando de lado la revista que tenía en la mano.

Leonardo volteó cuando otra persona se acercó a ellos. "¿Ya Takumi?"

"Sí, compré unas tartas muy deliciosas. Aunque hubiera preferido hacerlas yo mismo." El pelirrojo levantó la bolsa que tenía consigo.

"Ya hablamos de eso Takumi." Le recordó el moreno a su amigo.

El gemelo Tokiha hizo un puchero que los otros dos chicos no hubieran visto adecuado en ninguna otra persona perteneciente al género masculino. "¿Ya terminaron ustedes?"

"Este rubio no se decide si comprar algo o no."

Sergey puso los ojos en blanco por lo que su compañero dijo y agarró otra revista de entre las que estaban en exhibición. "Oh Dios. Ya decidí, ¿de acuerdo? Nada más pago y vamos a donde quieran."

Una vez que Sergey Tate terminó de pagar, los tres chicos comenzaron a caminar por la calle en dirección a una de las cafeterías más populares de todo Küsnacht.

"Mai, ¡mira es Takumi!"

El trío se detuvo cuando vieron que hacia ellos caminaban dos chicas muy familiares. La pelirroja de corta estatura venía cargando una bolsa grande y a la vez siendo arrastrada por su acompañante, un poco más alta que ella y súper enérgica, la cual venía casi saltando a su lado.

"Tokiha A y Mika, que coincidencia." Leonardo las saludo con entusiasmo.

"Hola Takumi, Leonardo, y… tú." Mai posó la vista sobre cada uno de los chicos, intentado no mostrar desagrado al ver al chico rubio quien le había enseñado que ella también sabía mirar ferozmente.

Sergey Tate no intentó contener su irritación al ver a la chica, lo cual causó que sus dos acompañantes intercambiaran miradas de asombro, y diversión por parte de Leonardo. Había definitivamente un aura extraña que recorría del chico a la chica y de regreso.

"Yo no lo llamaría coincidencia, Priego. Después de todo no hay muchos lugares a donde ir en este lugar." Tate comentó, no iba a ser desagradable con la gemela de uno de los chicos más amables de todo el campus.

"Bueno, pero, aún así, normalmente todos van a la ciudad." Leonardo decidió pasar por alto al rubio y posó su mirada sobre la pelirroja que miraba a su hermano discretamente. "¿Dónde dejaste a la pequeña lindura Mai?"

Mai puso los ojos en blanco al recordar a la chica. "Se quedó. No nos quiso acompañar. Según tiene cosas importantes que hacer."

"Ves Leonardo. No es que no quisiera venir contigo a cómo habías pensado." Takumi comentó mirando a su hermana. "¿A dónde iban hermana?"

Antes de que Mai pudiera contestar, Leonardo intervino. "Nosotros vamos a la cafetería de la esquina. ¿Quieren acompañarnos?"

"Sí Mai. Vamos con ellos."

Mai miró a la chica que se estaba colgando de su brazo como si fuera menor que ella, cuando en realidad era medio año mayor que ella.

"Ahh. No lo sé, quedamos en que no íbamos a tardar en regresar al dormitorio." Mai estaba indecisa, no quería poner a su hermano incómodo estando presente en una salida con sus amigos, aunque por otra parte quería pasar más tiempo con él; y la mueca que puso el chico rubio cuando Leonardo propuso que los acompañaran la tentaba a aceptar la oferta sólo para poder molestar a éste.

"Vamos vamos. Mientras más mejor ¿no es así, Takumi, Sergey?" Dijo Leonardo cruzando sus brazos por los hombros de los dos hermanos arrastrándolos amablemente a esquina de la calle.

Ambos chicos contestaron muy a su manera. Takumi con un amable y tímido 'Claro' y Sergey con un resoplido irritado mientras era arrastrado por Mikaela, entendiendo el por qué a la experta en Kendo se le conocía como 'La demonio de Gärderobe'. A pesar de que la chica era extremadamente delgada, sus brazos flacos sí contenían mucha fuerza y energía.

Casi entraban al establecimiento cuando Leonardo se paró en seco y soltó a los gemelos mientras miraba hacía la esquina contraria de donde estaban. "Saben chicos, por qué no van seleccionando mesa y ahorita los alcanzo. Se me olvidó que tengo algo que buscar. No me tardo y regreso, ¿va?"

Todos los chicos voltearon a ver al chico que se iba alejando mientras caminaba de espaldas hacia el lado opuesto al que iban dirigidos. "No se preocupen por mí. No me tardo." Cuando vio que Sergey iba a abrir la boca levantó una mano para silenciarlo. "No necesito compañía, vayan, vayan." Con esas palabras se dio la vuelta y comenzó a caminar con una sonrisa en su cara.


Las dos chicas acababan de llegar a lo que Natsuki estaba conociendo como una de las calles más importantes de la municipalidad. Al pasar sobre ella, antes de que Shizuru se estacionara había podido observar diversos negocios en donde podía ver que muchos jóvenes y parejas de todas las edades estaban reunidos.

Cuando se bajaron del automóvil, Shizuru le comentó a Natsuki acerca de los lugares en los que era probable que sus compañeras se encontraban y la castaña se había ofrecido a acompañarla a estos mientras las encontraran.

Mientras caminaban en dirección a varios establecimientos, algunos en calles aledañas, Natsuki se dio cuenta de que era un lugar en donde la gente joven se reunía, y de entre todos los que se encontraban alrededor, le era muy fácil distinguir a los estudiantes de Gärderobe. Cuando éstos iban caminando y pasando en varios grupos de jóvenes, muchos volteaban a ver descaradamente a la castaña, con caras de adoración y admiración, y uno que otro con expresiones que provocaban a Natsuki a intentar invocar por primera vez ése hechizo que acababa de conocer.

Las acciones de los chicos era algo que Natsuki por primera vez observaba que ocurriera y le parecía de lo más patético. En especial cuando la castaña parecía no darles importancia, como si ni siquiera se diera cuenta, hasta el momento en que alguna persona, fuera hombre o mujer, se atreviera a saludarla. Pero Natsuki decidió que si la castaña no les tomaba importancia, mucho menos lo haría ella.

Sin embargo podía ver por qué la chica Viola causaba tanta fascinación entre los estudiantes. La joven Representante de la Clase del 12°-A caminaba con una gracia de la cual Natsuki apenas se estaba dando cuenta, quizá por el hecho de que, en ocasiones anteriores, no había prestado atención a la castaña. Sin duda la chica tenía una educación refinada que, a pesar de ser una Institución Privada, no había visto que muchas chicas y chicos de ese lugar poseyeran. Ni la Presidenta Estudiantil contenía esa aura de seguridad y superioridad al caminar.

Aparte de eso, la chica era definitivamente bella, tanto que no se le hacía raro tener que pensar con ese adjetivo sobre ella. Era algo que no se podía negar. Además de que tenía un puesto de importancia dentro de las autoridades estudiantiles por lo que demostraba que la chica era muy inteligente.

La misma plática que durante todo el trayecto habían mantenido probaba eso.

Y es sobre esto que Natsuki notó algo más durante su pequeña conversación con la chica de los ojos raros. Le era mucho más fácil poder charlar con esa chica que con su compañera Mai Tokiha.

La diferencia entre ambas era que Mai era una chica que desde el primer momento había mostrado un interés muy obvio en llegar a conocer a su misteriosa compañera. Al intentar conocer más de ella, intentar acercarse a ella a través de preguntas personales, lo único que había logrado había sido alejar a la maga en entrenamiento. Especialmente porque, debido a su naturaleza mágica, la oji-verde debía de ser cuidadosa en todo lo que hacía y decía para poder evitar que su secreto se conociera.

A diferencia de Mai, Shizuru Viola no había hecho más que entablar una conversación con Natsuki enteramente trivial y entretenida. Hasta ese momento la Representante de Clases no había intentado hacer preguntas personales a la oji-verde y eso le permitía a Natsuki poder estar tranquila en compañía de Shizuru.

Tan absorbida estaba en sus pensamientos, y escuchando con relativo interés a Shizuru hablar sobre su libro favorito, que Natsuki perdió totalmente su enfoque en sus alrededores, una vez más, y no pudo sentir la bicicleta que iba directamente hacia ellas después de salir de la esquina por la que querían doblar.

Su reacción fue totalmente instintiva. Sin pensarlo, y al ver la bicicleta a punto de colisionar con Shizuru, Natsuki se impulsó con un pequeño salto, propulsada mágicamente por aire comprimido bajo sus pies, para pararse enfrente de Shizuru. Rápidamente, en un movimiento aprendido durante años de práctica con su madre, Natsuki extendió sus brazos, palmas hacia afuera y dobló ligeramente sus rodillas, logrando empujar a Shizuru con su espalda mientras recibía el impacto de la bicicleta.

Preparada a como ella estaba, y sabiendo que aún tenía a Shizuru directamente atrás de ella, con un movimiento indescriptible para ojos no entrenados, Natsuki dobló sus brazos, seguido de sus palmas en un movimiento semicircular, y pudo agarrar un lado del manubrio y al chico que estaba sobre la bicicleta y, dejando fluir un poco de magia de la punta de sus dedos mientras murmuraba imperceptiblemente un pequeño encanto, logró empujar al chico con su bicicleta hacía otra dirección sin que éste pudiera perder el equilibrio.

Era casi como si hubiera empujado la bicicleta entera, las llantas arrastrándose de lado y hacia adelante al mismo tiempo, y la hubiera mandado a otro carril sin siquiera desviar el curso de ésta.

El conductor había quedado tan estupefacto que no pudo comprender lo que había pasado ya que había sucedido tan rápido que en un momento había visto a una chica en su camino y en el siguiente ya se encontraba cinco metros alejado de ellas pero aún en la misma dirección. Sin siquiera voltear a ver qué había pasado siguió su camino sin prestar atención a la chica que había pensado arrollaría con su bicicleta.

Natsuki, una vez que pudo registrar su actuación nacida del impulso sintió pánico entrar su cuerpo, casi sintiendo un balde de agua fría cayéndole encima. Se había extralimitado. Hubiera sido mucho más fácil quitar a Shizuru del camino de la bicicleta, aunque eso significara aventarla una pequeña distancia, a haber hecho ese pequeño desplante en plena luz del día.

Si bien, había contenido su magia y nada más había utilizado el empuje proporcionado por ésta, estaba segura de que había llamado la atención de aquellos cercanos al lugar. 'Oh no, espero y los magos de la agencia de exhibición mágica no se enteren de esto…' Natsuki pensó con alarma.

Sus cavilaciones fueron cortadas abruptamente cuando sintió un brazo pasar por su abdomen y jalarla con poca presión en contra de un cuerpo. Antes de que pudiera voltear y gritarle a la chica que estaba irrumpiendo en su burbuja personal, sintió aire caliente en contra de su oreja y la sensación la dejó sin palabras, sin posibilidad de movimiento, y con una sensación extraña en su cara. Otra sonrojada.

"Natsuki está agarrando un rol muy activo en cuanto a mi protección. Me hace creer que le gustó que la llamara mi salvadora." La voz de Shizuru susurró con picardía en su oreja izquierda.

El sonido de la voz, así como las palabras salidas de la boca de la chica que tenía sujetándola la impulsaron a empujar con sus codos a la dueña de esa dulce voz mientras rotaba para poder ver a la chica de los ojos rojos quien se notaba había disfrutado de su reacción, pues se había llevado una mano a su boca y reía de manera refinada y discreta.

"¡Shizuru!" Exclamó Natsuki y hubiera seguido gritándole a la chica si una extraña expresión no hubiera aparecido en la cara de ésta. Sin embargo, tan rápido a como había aparecido, había desaparecido, dejando una sonrisa presente en la cara de la castaña. Antes de poder formular alguna otra oración un grito interrumpió a ambas chicas.

"¡Krüger!" Leonardo caminaba hacia donde Natsuki y Shizuru seguían paradas. Se encontraba lo suficientemente cerca como para que Natsuki pensara que habría podido ser testigo de lo que acababa de ocurrir. Pero su expresión mientras se acercaba a ambas era igual que siempre. Vivaz y juguetona.

"Priego, yo-"

"Nos decidiste alcanzar, ¡Qué bien! Mai definitivamente se va a emocionar." Leonardo fijó sus ojos en Shizuru. "Class Rep. Tenga buenas tardes."

"Buenas tardes, Natsuki quería alcanzar a sus compañeras por lo que le dije que la podía traer en mi automóvil. Venía a este lugar e todos modos."

"Oh sí, de hecho yo estaba con ellas, estamos al final de la calle. ¿Por qué no vamos para allá?" La pregunta estaba dirigida principalmente a Natsuki pero por educación incluyó de igual manera a la Representante de Clases. De antemano sabía cual iba a ser su respuesta, todos en la escuela sabían los únicos temas de conversación a los que se prestaba Shizuru Viola.

"De acuerdo." contestó Natsuki y levantó una ceja en dirección de Shizuru esperando su respuesta.

"Lo siento, agradezco la invitación pero, yo tengo unos asuntos que hablar con unas compañeras que deben de estar por aquí cerca." Shizuru contestó sonriéndoles a ambos estudiantes.

Natsuki se quedó observando a Shizuru, al parecer la chica ya había olvidado el pequeño incidente que acababa de ocurrir sin cuestionar a Natsuki más sobre el caso. Se preguntaba si era por la naturaleza de la castaña, o simplemente por la habilidad de las personas no-mágicas de pasar por alto aquellos fenómenos fuera de lo común que ocurrían en la vida diaria sin que éstos le prestaran la mayor atención. Creía recordar a Dhuran una vez diciéndole que, 'Los mu-algo, gente no-mágica, sólo ven aquello que quieren ver.'

Pero mientras observaba a Shizuru podía ver que, debajo de esa sonrisa falsa que empezaba a distinguir con mayor facilidad en la castaña, sus ojos la estaban estudiando, como intentando encontrar alguna respuesta que tuviera sentido del por qué una chica de trece años, con una complexión tan delgada como la de Natsuki, había podido hacer una hazaña como la que había hecho con tanta facilidad.

"Bueno, nada que se pueda hacer. Aún así, le agradecemos que amablemente haya traído tan amablemente a nuestra pequeña nueva estudiante hasta este lugar." Leonardo agradeció a Shizuru, poniendo énfasis a sus palabras dando palmaditas en la cabeza de Natsuki.

Natsuki aventó la mano de Leonardo lejos de su cabeza y volteó a ver a Shizuru. "Sí, muchas gracias." Dijo con sinceridad.

Luego comenzó a caminar siguiendo a Leonardo sintiendo un pequeño pesar al dejar a la castaña atrás.

"Oye Natsuki, ¿sabes? A pesar de lo que aparentas, eres una chica que reboza de… energía… tal vez deberías intentar controlarla, no vaya a ser que un día se te acabe, o alguien se dé cuenta de que no eres tan apática a como quieres aparentar."

Ante las palabras de Leonardo Natsuki lo volteó a ver olvidando contemplar sus sentimientos. No veía el por qué de ese comentario, y tenía una mínima idea y temor de que el chico pudiera saber más de lo que dejaba entrever.

"Oye, sé que a Mai le va a gustar que pases este día con nosotros, al igual que a mí y a Takumi." Leonardo dijo con sinceridad, el tono provocando que Natsuki lo volteara a ver, y por primera vez lo vio con una expresión sincera y tiernamente amable.

Natsuki sonrió.

Y luego sintió a alguien chocar bruscamente contra su hombro. Miró hacia la persona que tenía enfrente y pudo ver a una pelirroja de ojos verdes, más claros que los suyos.

"Ten más cuidado con tu entorno y quienes te rodean, Krüger." La pelirroja espetó en un tono de malicia y continuó con su camino sin voltear a ver otra vez a Natsuki.

"Vaya Krüger, sí que eres un magneto que atrae a la gente." Leonardo comentó en sorna.

Natsuki puso los ojos en blanco y miró hacia atrás, no viendo a la pelirroja, ni a Shizuru. "Qué ruda fue." Masculló Natsuki, masajeando su hombre, en el lugar donde la pelirroja la había golpeado.

"No le prestes atención, la he visto en la escuela, creo que se llama Zhang, está en el mismo grado que Mai pero siempre está insultando a alguien, incluso a sus mayores… casi como tú."

Natsuki no le prestó atención al último comentario de Leonardo y sacó a la pelirroja de su mente. Enseguida se encontró entrando al negocio donde supuestamente estaban los hermanos Tokiha y la chica Mikaela. Luego de que entraron Natsuki los divisó fácilmente y pudo ver que estaban en compañía de otros dos chicos de la escuela; su compañero Krau-xeku estaba con ellos, al igual que el chico rubio que Mai había tirado en su primer día de clases. De igual manera, sentada con ellos, se encontraba una chica de cabello castaño oscuro que conversaba con Mai y que tenía el uniforme que los empleados de ese establecimiento estaban utilizando.

"Miren a quien me encontré." Llamó el latino, buscando la atención de los sentados en la mesa más lejana a la entrada.

La respuesta fue inmediata. En el momento en que todos la vieron, con excepción del chico rubio que nada más la miró con desinterés, los presentes adornaron sus expresiones con sonrisas de sincera alegría y Natsuki sintió una sensación cálida al darse cuenta que, las personas que tenía enfrente, querían voluntariamente pasar tiempo con ella.

El resto de la tarde lo pasó Natsuki contenta, pudo interactuar más con sus compañeras de habitación y sus compañeros de clase, y le presentaron a la chica que trabajaba en esa cafetería, Aoi Senoh, que estudiaba en la escuela pública de la municipalidad y quien al parecer era el objetivo sentimental de Krau.

Luego se sorprendió cuando los chicos le mostraron unas tartas, las mejores en todo Küsnacht en opinión de Leonardo, que le regalaron como símbolo de bienvenida a Gärderobe. Mai y Mikaela no se quisieron quedar atrás y le mostraron un pastel de quedo que habían comprado en la mejor pastelería de la municipalidad. Cuando Natsuki miró el tipo de pastel, se emocionó al darse cuenta de que era su favorito, cuestionándose cómo Mai había sabido cuál escoger. Sinceramente les agradeció a los cuatro chicos los regalos.

Si bien le era un poco incómodo pasar horas en compañía de un gran número de personas, en especial después de haber pasado toda su vida con sólo la compañía de su familia; por primera vez en su vida Natsuki se sentía a gusto rodeada de diferentes personas que mostraban verdadero interés en ella y que procuraban hacerla sentir a gusto; Mai y Leonardo no habían intentado hacerle más preguntas personales.

Al fin se daba cuenta que las personas de Gärderobe no eran tan irritables como en un principio había considerado, y que, probablemente pasar tiempo con los chicos que tenía enfrente, y Shizuru Viola, sería en realidad algo entretenido.

"Chicos, ¿qué les parece si mañana van a nuestro dormitorio y jugamos con una máquina de karaoke que tengo? ¡Están todos invitados!" Exclamó Mai con candor.

Natsuki gimió por lo bajo. Había hablado muy rápido. Quizá le costaría más trabajo acostumbrarse.


Repito… Fiuuu! Espero les haya gustado este capítulo tanto a como a mí me gustó escribirlo.

A este capítulo le hice ciertas modificaciones sobre la marcha de a como en un principio tenía la intención de que fuera, principalmente porque los últimos capítulos de Mahou Sensei Negina! han abierto un sinfín de posibilidades que podrían cambiar la historia sobre la marcha. En esencia le puse más interacciones con el resto de los chicos porque todos se convertirán en personajes importantes a su debido tiempo, por lo que siento que es necesario conocerlos mejor. Espero no los haya aburrido con esas escenas.

El libro "Ala Alba en el mundo mágico" no existe en realidad, por obvias razones, pero es una referencia al Fanfic "Ala Alba in the World Of Magic" del autor Makuhari-Fan01. Lo que cuenta el fanfic no es lo que tengo pensado para el ejemplar que Natsuki encontró, pero me pareció un muy buen título, y el fanfic es de lo máximo… para quienes conocen de Negima y hablan inglés lo recomiendo.

Gracias por leer hasta ahora. Por favor, si tienen alguna crítica o comentario, serán bien recibidos. Reviews are awesome! Diuuu.