Give me your…

Hola… jeje Ya sé que no tiene sentido que ande subiendo fis nuevos si apenas puedo acabar el que tengo en marcha, pero este está dedicado a una personita especial n_n además que es más corto y ameno que el otro, así me distraigo cuando me quede sin inspiración. Ya llevo mucho del cap. 12 de mi otra historia, así que pronto actualizaré. Sin nada más que decir, leed las notas por si hay dudas ;)

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ni a mí ni a nadie más que a su creador~

Rated: T

Notas:

1. Arthur punk y Alfred puritano. Edades entre los 17 y 18. Ah, y Lea es Seychelles.

2. Personajes ligeramente (o muy) OoC, depende de cómo se mire.

3. Fic de varios capítulos (pocos, espero).

4. Lenguaje un poco bruto… como ya sabréis después de leer el Summary.

Mini diccionario:

Továrishch: camarada, compañero (Ruso)

Dobriy den' : buenos días (Ruso)

Are you kidding? : ¿estás de broma? (Inglés)


Capitulo 1: …attention!

Instituto. Nueve letras. I-N-S-T-I-T-U-T-O.
Es curioso como una sola palabra puede implicar tantas cosas tan distintas para un número tan grande de personas.
Para algunos –aquellos que normalmente pasan su etapa escolar encerrados en una taquilla- "instituto" es una etapa que requiere un gran esfuerzo y dedicación, la cual se debe aprovechar al máximo para aprender todo aquello que ha de servirte para la vida en el futuro.
Para otros –la mayoría futuros delincuentes, atracadores de bancos y desempleados- era una tortura rutinaria carente de sentido que los condenaba a una existencia rutinaria de Lunes a Viernes culpable de consumir su adorada adolescencia.
Unos cuantos privilegiados –animadoras, deportistas, populares en general- lo consideraban el sitio perfecto para establecer relaciones de popularidad que habrían de labrarles un insulso futuro de insulsas reuniones sociales y domingos en la iglesia.

Arthur Kirkland era de los que veían el instituto como era realmente: una jungla, en cuya cadena alimenticia –también llamada statu quo- debías ser el eslabón más fuerte para evitar ser devorado. De este modo, con un historial de 3 expulsiones desde primaria hasta la actualidad en distintos centros londinenses y un par de denuncias por "vandalismo callejero" –jodidos snobs exagerados-, Arthur poseía la dosis de respeto y miedo necesarias para sobrevivir sin problema en el Bentley High School de Boston, Massachusetts.
No como el pobre pardillo del club de ajedrez que en ese momento era llevado en volandas por el pasillo por algunos de los gigantes del equipo de hockey, supervisados por un ruso enorme que siempre llevaba una bufanda. Arthur se apoyó despreocupadamente en su taquilla, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones rasgados, mientras contemplaba indolente la escena; el chico se lo había buscado, si ya de por sí tienes pinta de pringado no te metas en un club de mierda para confirmarlo. En cuanto al ruso, su sonrisa falsamente infantil le ponía…

-…enfermo.- Arthur ladeó apenas la cabeza para confirmar lo que ya sabía; que un chico albino, con el que inesperadamente tenía buena relación, estaba parado en la taquilla contigua, observando asqueado la escena- Braginski me pone enfermo. Está jodidamente loco, no sé qué mierda hace en este instituto.

-Esos gorilas necesitan un cabecilla que les diga qué pie levantar primero al andar.-comentó Arthur simplemente, mientras el particular desfile llegaba a su destino y se burlaba un poco más de su víctima antes de terminar.

El albino, Gilbert Weilschmidt, era uno de los pocos que como Arthur se atrevía a mirar directamente la escena sin miedo a ser el siguiente en caer dentro de la papelera. Él, junto a los otros dos componentes del Bad Friends Trio –un español con pinta de idiota con el que había que tener casi tanto cuidado como con el ruso, y un francés promiscuo que se había acostado prácticamente con medio Massachusetts en apenas unos meses- ocupaban los niveles más altos de la pirámide de los que se encontraban al margen de las normas, tanto escolares como civiles. Incluyendo a Arthur, podían hacer lo que les diera la gana simplemente porque tenían los huevos suficientes como para enfrentarse a las consecuencias.

Pero plantarle cara a Braginski… había que estar muy loco para hacer eso.

-Eh, Iván. Vamos, dejadle en el suelo.

…o también podías ser Alfred F. Jones.

Sin borrar la sonrisa helada, Iván Braginski se giró lentamente hacia el americano rubio que acababa de aparecer como por arte de magia a su lado, mientras que sus "secuaces" soltaban a regañadientes al otro chico en el suelo.

-Alfred… que alegría verte tan temprano.-sonrió, y Alfred mezclo una sonrisa torcida con una mueca de desagrado.

Arthur entrecerró los ojos mientras miraba la escena; a cualquier otro se le habría helado la sangre ante eso, pero no a Alfred. No, claro que no. Jones estaba en lo más alto de la pirámide, quarterback del equipo de futbol americano del instituto y novio de la capitana de las animadoras. Perteneciente hasta al puto club de castidad. Seguro que acababa con una beca para alguna universidad que compensara con el deporte su poca valía para los estudios.
Y allí estaba otra vez, el "héroe" del Bentley al rescate de los más desfavorecidos. Tenía suerte de ser quien era, si no Braginski le habría reventado esa cara de niño bonito con una tubería metálica.

-No cambies de tema, Iván. –Jones se cruzó de brazos, frunciendo los labios.- Me dijiste la semana pasada que intentarías dejar de hacer esto.

-Da… y lo he intentado.-contestó el ruso, sin borrar la sonrisa, comenzando a escabullirse del lugar.

-No tiene gracia.-intervino el americano, haciendo que el ruso se detuviera. Algunos de los que en ese momento cruzaban el pasillo se pararon a mirar, los más sensatos apresuraron el paso. Era sabido por todos que una pelea entre ellos dos podía desatar una III Guerra Mundial.- No lo vuelvas a hacer, ni tú ni ninguno de tus muchachos.

Iván se acercó un poco al rubio, intentando resultar intimidante. No lo consiguió, aunque muchos de los presentes contuvieron el aliento, Arthur incluido. Ya casi podía ver la sangre en las paredes del pasillo.

-Ya te dije la ultima vez, továrishch.-entrecerró los ojos mientras sonreía- Lo intentaré.

Sin esperar respuesta, el ruso echó a andar, pasando por el costado derecho de Jones sin volver a mirarle, seguido como si de perros se tratara por sus secuaces. Gilbert se tensó cuando el ojivioleta pasó a su lado y le dedicó una larga mirada.

- Dobriy den', Gilbert- dijo, con esa sonrisa enferma, antes de continuar.

-Braginski…-repuso solamente el aludido, mirando hacia otro lado inmediatamente. Gilbert había sido una de las primeras víctimas de Braginski en el Bentley. Eso fue antes de que Antonio y Francis llegaran -en segundo curso, expulsados como el mismo Arthur- y ayudaran al albino a acabar con aquello. Aun así, un año de acoso por parte del ruso loco no era fácil de olvidar. Así lo demostraba el puñetazo de frustración que descargó el alemán en su taquilla.- Schiebe…

Arthur no dijo nada. Tampoco había nada que decir, y Gilbert agradecería su silencio.
Por el contrario, se dedicó a observar a Jones, que había mirado en su dirección al escuchar el golpe del albino. Meneó la cabeza con desaprobación, sin que Arthur supiera muy bien si era por el ruido y el maltrato a las instalaciones escolares o por el efecto nocivo de Braginski en el instituto. Sea como fuese, sus ojos no se detuvieron en Arthur ni un momento.
El rubio de ojos verdes frunció un poco el ceño; se sentía como parte de la puta pared cada vez que Alfred F. Jones andaba cerca, en los pasillos, en la cafetería, en el patio, en los jodidos lavabos donde no podía fingir que no lo había visto, en todas partes, desde el primer día. Todo el mundo les miraba a ambos; a Alfred por ser una estrella, el "héroe" del maldito instituto; a Arthur por ser el perfecto chico malo, con vestimenta estilo punk y un pasado tan turbio como su actitud. Y Jones…nada, sus ojos resbalaban por él como si fuera el cartel propagandístico de una mala película.

Quizá era por eso mismo que el inglés había comenzado a seguirlo con la mirada cada vez que el otro se encontraba cerca, a girarse disimuladamente cuando se cruzaban por el pasillo, para ver si Alfred lo miraba al menos cuando creía que él no estaba mirando. Y nada. El muy bastardo, el mismo que saludaba a las empleadas de la limpieza haciendo que casi les diera un paro cardiaco, no se dignaba a mirarle. Pero eso iba a cambiar, nadie ignoraba de esa manera a Arthur Kirkland, y mucho menos un niño bonito como era Jones.

Oh, si…las cosas iban a cambiar; Arthur tenía un plan que obligaría al estadounidense a mirarle, a prestarle atención. Solo necesitaba que el objetivo y Jones estuvieran en el pasillo al mismo tiempo y que él hiciera su intervención y…listo. Un plan perfecto ideado por Antonio y él que estaba destinado al éxito.

Gilbert le dio un codazo al ver al objetivo aparecer por el pasillo, un muchacho que, como ellos, estaba en último curso, de nacionalidad holandesa, al que Antonio odiaba a muerte. Tenía fama de tener un humor de mierda, y como estaba en el equipo de hockey del ruso nadie -excepto cierto trió de amigos- se metía con él. Bueno, Arthur pensaba cambiar eso.

Fingiendo despedirse del alemán, el rubio echó a andar por el pasillo en la dirección contraria a la que andaba el holandés. Cuando llegó a su altura, se aseguró de que su hombro chocara estratégicamente con el otro chico, propinándole un fuerte empujón. Como era de esperar, Govert se giró inmediatamente a ver quién había sido el imbécil que se había atrevido a chocarse con él.

-Mira por donde andas, Kirkland.- el holandés le habló con un tono hosco, sin amedrentarse ni un ápice al comprobar que se trataba del inglés. Eso solo le hacía el trabajo más fácil al de ojos verdes.

-Eres tú quien se ha cruzado en mi camino.- espetó Arthur, esbozando una sonrisa altiva- ¿Es que ya estás colocado, tan temprano? Deberías dejarlo, no es una costumbre muy sana. – añadió con tono inocente. Arthur acrecentó su sonrisa al ver como el holandés empezaba a perder la paciencia.

-Tienes ganas de que te machaquen, ¿no, inglés? - el holandés dio unos pasos hasta situarse frente al inglés, mirándole amenazadoramente desde arriba. El más bajo no se inmutó y se dedicó a mirarle con una ceja alzada; ¿de verdad esperaba asustarle así? El británico había puesto en su sitio a tipos mucho más altos y corpulentos que él.

La gente empezaba a reunirse a su alrededor al presentir la pelea. Por el rabillo del ojo, vio como la multitud captaba la atención de Jones, por lo que se apresuró a seguir con su plan.

-Perdona, ¿qué? No te he oído, estaba mirando el tulipán ese que tienes en la cabeza-sonrió con sorna.- Es imnótico...

-Voy a partirte la cara, pedazo de mierda.-gruñó Govert, lazándole un puñetazo que Arthur no se molestó en esquivar, dejando que le impactara en la cara y le partiera el labio superior, el cual empezó a sangrar. Sin embargo, no se dejó derribar y empezó a devolverle los golpes sin dejar que ninguno de los del holandés diera en el blanco; solo necesitaba una herida, después de eso podía machacar al otro tranquilamente.

Los gritos de "¡pelea, pelea!" así como las pullas de los que animaban a uno y a otro atrajeron la atención de los profesores y de Alfred, que no dudó en meterse en plena pelea para separar a ambos contrincantes. Otro hombre –mediana edad, de complexión fuerte y cabello castaño- se metió en la pelea, agarrando al holandés mientras mandaba al americano a que mantuviera quieto a Arthur. A este no se le pasó por alto la expresión alarmada primero, luego resignada, que cruzó por el rostro de Jones antes de agarrar al inglés por la espalda, inmovilizándole los brazos. Arthur pataleó un poco más, mientras respondía a los insultos de Govert con comentarios burlones.

-¿Q-quieres parar?-la voz de Alfred -ronca por el esfuerzo- en su oído le hizo detenerse.
Había sonado tan…jodidamente sugerente. Casi podía imaginarse esa frase, con ese mismo tono de voz, en otro contexto muy diferente y mucho más divertido. Sonriendo de lado, Arthur giró un poco la cabeza para mirar al rubio de ojos azules a la cara, haciendo que sus miradas coincidieran por primera vez. Alfred le soltó como si quemara; bueno, probablemente ahora sí que lo hacía.

Arthur estaba a punto de volverse para decirle algo cuando la voz del otro hombre, que había resultado ser el director del centro, empezó a poner orden con voz potente.

-¡Basta! ¡Hace cinco minutos que ha sonado el timbre, a clase ahora mismo!- el director mantenía a Govert agarrado del brazo mientras esperaba a que el pasillo se vaciara de estudiantes. Alfred se dio la vuelta para irse también, pero el director lo detuvo.- Espera un momento, Alfred. Necesito que te ocupes del señorito Kirkland y lo lleves a la enfermería. Ya decidiré su castigo más tarde. -dijo, mirando al alumno con desaprobación. Arthur sonrió inocentemente.

-¿Yo?- el americano le dedicó una mirada fugaz al inglés, y luego volvió a mirar al más mayor- P-pero señor Vargas… llego tarde a Historia, y el profesor Wang…

-El profesor Wang no te sancionará por cumplir una orden mía.- el director sonrió alegremente, y por la cara de fastidio de Alfred el inglés supo que al final se había salido con la suya.- Además, creo que Yao agradecerá no tener que despertarte en mitad de la clase.

Sin esperar una posible replica por parte del americano, el director se alejó silbando alegremente mientras arrastraba a un molesto holandés del brazo. Alfred se quedó mirando cómo se alejaban con cara de estúpido, sin saber muy bien qué hacer. Arthur se cruzó de brazos, y miró como al rubio más alto le salía humo por las orejas mientras intentaba ponerse al día de la situación. El inglés carraspeó para llamar su atención, consiguiendo que Alfred se girara finalmente hacia él y le mirara, pero solo por un momento; Jones no tardó en darse la vuelta para evadir su mirada, y empezar a andar por el pasillo.

-Vamos…-le dijo, volteándose solo una vez para comprobar que el rubio le seguía.

Arthur sonrió, victorioso. El plan había salido a la perfección, ya solo faltaba que el francés hiciera su parte en el gimnasio y podría acabar con ese asunto de una vez. Guardándose las manos en los bolsillos, echó a andar detrás de su próxima víctima.

xXx

Alfred se consideraba a sí mismo un buen chico; obedecía a sus padres, intentaba atender en clase para aprobar las asignaturas, era un buen quarterback e iba todos los domingos a la iglesia.

-Eh.

También cuidaba mucho de su novia Lea, la respetaba y ni siquiera había pensado en engañarla con otra persona. ¡Hasta se había apuntado al club de castidad por ella!

-Oye, rubito.

Entonces, ¿por qué? ¿Acaso a Dios le dolía el estómago ese día? ¿Le estaba poniendo a prueba? Si no era así…

-¡Yanqui!

…¿por qué tenía que pasar por esto?

-WHAT!-Alfred se giró exasperado a mirar al causante de su dolor de cabeza matutino. El chico punk se había sentado con las piernas cruzadas en una de las camillas de la enfermería, y en ese momento le miraba entre divertido y algo más que no le gustaba un pelo. Si Dios no le odiaba, ¿dónde narices estaba la enfermera? ¿Y por qué no aparecía ya?- Y tengo nombre.

-Ah, ¿sí?-el inglés puso cara de sorpresa, lo que acrecentó el ceño ligeramente fruncido del más joven. Parecía a punto de hacer un puchero- Tampoco es como si me lo hubieras dicho. -se encogió de hombros- Mira, solo quiero que me des algo para limpiarme la sangre y eso. La enfermerita no viene, y yo me quedaría esperándola todo el día, pero verás, tengo cosas que hacer. Y además me estoy manchando la ropa.- añadió, señalándose a su camiseta con un gesto afectado.- Parezco salido de una película gore.

Alfred estuvo a punto de responderle con un comentario grosero, pero eso solo provocaría que el inglés tuviera más motivos para hablarle y eso quería evitarlo a toda costa. Así que se mordió el labio y fue a buscar gasas esterilizadas en los muebles de la enfermería. Sacó un par de la caja y se las tendió a Arthur.

El ojiverde se quedó mirándolas fijamente, sin hacer ningún gesto que indicara que tenía intención de cogerlas. Alfred miró alternativamente a las gasas y al inglés, y luego frunció el ceño. ¿Es que se lo tenía que poner todo tan difícil?

-¿Las vas a coger o no?-preguntó el americano, molesto al ver que el silencio continuaba. Hizo un ademán con la mano indicándole que las cogiera.- Me las has pedido.

-Sí. Bueno, verás, yanqui…

-¡Me llamo Alfred!- el rubio infló los mofletes infantilmente; no sabía si gritarle, pegarle o hacer una pataleta.

-Pues Alfred, la cosa es que aquí no hay espejos ni nada, así que como comprenderás no puedo verme la herida, ni dónde me he manchado, así que ¿podrías hacerlo tú?- Arthur ladeó la cabeza, poniendo ojos de niño pequeño al que se le rompe un juguete.

-Are you kidding? –Alfred lo miró incrédulo. ¡Como si de verdad fuera a jugar a las enfermeras con él!- Hazlo tú mismo.

-Te he dicho que no puedo… -El inglés frunció los labios, para después hacer un pequeño gesto de dolor cuando se le abrió la herida.- ¿Ves? Me duele… ¿No se supone que eres un "héroe"? ¿No vas a ayudarme…?

Arthur dejó la pregunta en el aire, que flotó con tono lastimero hasta que esta impactó en el cerebro del americano, haciendo que de mala gana quitara el plástico que envolvía una de las gasas y, refunfuñando, agarra suavemente la barbilla del inglés para levantar la cabeza hacia él y empezar a limpiar la sangre con pequeños toquecitos sobre la herida. Alfred intentaba mantener en todo momento los ojos fijos en lo que hacía, olvidándose de quién era la persona con la que trataba, mientras que Arthur se dedicaba a mirarlo fijamente a la cara.

Al pensar en otra cosa para ignorar esto último, Alfred se dio cuenta de un detalle.

-Has dicho que yo era un héroe… entonces sí sabias mi nombre.-dijo, separándose un poco para mirar al británico a la cara.

-Puede…-Arthur esbozó una sonrisa ladeada, sin dejar de mirarle de aquella manera que a Alfred le provocaba extraños escalofríos en la espalda.

-Um…deja de mirarme así.-protestó el americano en voz baja, e inmediatamente se arrepintió. Había sonado como una niña vergonzosa.

-¿Así como?-preguntó el inglés, curioso.

-Pues…así.-con la excusa de coger una gasa limpia, Alfred rompió el contacto visual, ligeramente sonrojado. Por desgracia para el americano, el otro rubio lo notó.

-Oh, ¿Qué es eso que tienes en la cara? ¿Te has sonrojado?- se podía apreciar cierto tono atrevido en las palabras del inglés, que volvía a mirarlo con esa cara de…depredador. Alfred quería meterse en un agujero bajo tierra.- ¡Te has sonrojado! –El inglés rió- No me digas que armas todo esto porque te gusto.

Alfred se puso rígido. No, no, no. Eso no podía estar pasando. Alfred se había quedado en blanco. Vamos, ríete y quítale importancia –una parte de su cerebro, la única que parecía reaccionar, le hablaba con voz alarmada- Ríete, Alfred. Búrlate del tema. ¡Haz algo!

Iba a abrir la boca poniendo su mejor cara de "Qué estupideces dices" cuando Arthur se le adelantó; un destello de victoria brillaba en sus ojos verdes.

-Así que era eso.-dijo, casi emocionado por saberlo finalmente- Por eso no querías mirarme y actuabas como si no existiera. ¡No lo quieres reconocer!-lo último lo dijo en tono acusador. Arthur rió un poco ante la cara de horror del estadounidense- Y esa chica linda con la que sales, ¿es una novia tapadera?

Al oír mencionar a Lea, Alfred despertó de su shock, propinándole un pequeño empujón al británico, que lo miró sorprendido.

-No hables así de Lea- espetó el americano, realmente enfadado esta vez- No es nada de eso, la quiero y ella a mí. Así que no te atrevas a decir que es una tapadera.

Hubo un pequeños silencio en el cual ambos se sostuvieron las miradas, retadora la del británico, enfadada la del americano. Arthur lo rompió con una ligera risa, que tintineó por la habitación mientras se acercaba a paso lento hasta el americano.

- Que gracioso…-comentó, cuando se encontró frente a él.- Ha sido muy bonita toda esa palabrería romántica, pero aun así no has desmentido que yo te guste.-Alfred se olvidó de nuevo de cómo hablar. Arthur sonrió de lado -era la única manera de que el labio no le sangrara-, mientras jugaba con sus manos con el cuello de la chaqueta deportiva del más alto- ¿Sabes? Estás de suerte: tú también me gustas.-aprovechándose de su aparente parálisis, Arthur rodeó el cuello de Alfred con los brazos, acercando su cara a la del otro rubio peligrosamente- Podríamos sacarle mucho partido a esa cama de ahí- añadió en un susurro bajo, señalando con la cabeza a una de las camillas- ¿Qué te parece…?

Ocurrió en una fracción de segundo; la puerta de la enfermería se abrió y esto provocó la alarma de Alfred, el cual empujó al británico lejos de él, haciendo que este se cayera de culo al suelo, casi golpeándose la cabeza con la camilla de la enfermería. Cuando la enfermera entró en la habitación, Alfred ya se encontraba en el extremo contrario que Arthur.

-L-lamento el retraso- la enfermera, una ucraniana algo torpe y de gran…eh, personalidad, sonrió nerviosamente- Estaba en el gimnasio atendiendo unos cuantos heridos, se han caído unas colchonetas y luego no podíamos salir y…-reparó en el británico en el suelo- ¡Ah! ¿Qué te ha pasado?- miró a Alfred en busca de respuesta, pero este ya estaba saliendo de la habitación.

Nada más pisar el pasillo, el americano echó a correr hasta estar lo suficientemente lejos de la enfermería. Se dejo caer contra la pared nada más doblar una esquina, con el rostro ardiendo entre vergüenza y enfado. Había estado a punto de caer. ¡Maldita sea, iba a caer tranquilamente en los brazos del británico! ¡Ambos eran hombres, por el amor de Dios! ¡Y él amaba a Lea! ¿En qué carajo estaba pensando? Iba a tirar casi tres meses de esfuerzo directamente a la basura en menos de una hora.
Alfred sacudió la cabeza, y se pasó nerviosamente una mano por el pelo, mientras se reafirmaba la misma determinación que había tomado meses atrás.

No importaba dónde tuviera que esconderse. Pasaría el resto del curso alejado de Arthur Kirkland.


…Bueno, se merece review? Sé que esta desastroso el capítulo, pero prometo que se pondrá mejor…